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Lengua española -


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Publicado el 21 septiembre 2012 - 12:40

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:estudiando




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Lengua española



1
INTRODUCCIÓN

Lengua española, lengua románica, derivada del latín, que pertenece a la subfamilia itálica dentro del conjunto indoeuropeo; es la lengua oficial de España y de las naciones de Sudamérica y Centroamérica —excepto Brasil, las Guayanas y Belice—, y, en el Caribe, de Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana; cuenta con unos cuatrocientos millones de hablantes, entre los que se incluyen los hispanos que viven en Estados Unidos y algunos cientos de miles de filipinos, así como los grupos nacionales saharauis y los habitantes de Guinea Ecuatorial en la costa occidental africana.


2
CASTELLANO O ESPAÑOL


Esta lengua también se llama castellano, por ser el nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación de la lengua; el término español es relativamente reciente y no es admitido por muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán y vasco, lenguas a su vez de consideración oficial dentro del territorio de sus comunidades autónomas respectivas. Son esos hablantes bilingües quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la lengua: castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.

En los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los términos castellano y español. En los primeros documentos tras la fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por acuerdo la denominación de lengua española. Quien mejor ha estudiado esta espinosa cuestión ha sido Amado Alonso en un libro titulado Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres (1943). Volver a llamar a esta lengua castellano representa una vuelta a los orígenes y quién sabe si no sería dar satisfacción a los autores hispanoamericanos que tanto esfuerzo y estudio le dedicaron, como Andrés Bello, Rufino José Cuervo o la argentina Mabel Manacorda de Rossetti.

Renunciar al término español plantearía la dificultad de reconocer el carácter oficial de una lengua que tan abierta ha estado para acoger en su seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición. Por otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños a calificarla como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar algunos ejemplos. Lo cual podría significar el primer paso para la fragmentación de una lengua, que por número de hablantes, ocupa el tercer lugar entre las lenguas del mundo. En España se hablan además el catalán y el gallego, lenguas de tronco románico, y el vasco, de origen
desconocido.



3
ORÍGENES


Como dice Menéndez Pidal, “la base del idioma es el latín vulgar, propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las lenguas ibéricas” y al vasco, caso de no ser una de ellas. De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos autónomos conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca > braga, camisia > camisa, lancea > lanza. Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de entonar y emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el origen de una serie de cambios en las fronteras silábicas y en la evolución peculiar del sistema consonántico.

Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en diferentes momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano, escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del moderno golpear), púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia, Calpe. A partir del renacimiento, cuando se ha necesitado producir términos nuevos en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente creación, o helicóptero.

Entre los siglos III y VI entraron los germanismos, en su mayor parte a través del latín por su contacto, entre los siglos III y V, con pueblos bárbaros muy romanizados. Forman parte de este cuerpo léxico guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba ‘castillo’ y después pasó a ser sinónimo de ‘ciudad’, tan presente en los topónimos europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués y burguesía, términos que entraron en la lengua mucho más tarde. Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira, Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en -a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso sacristán.

Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al vasco, lengua cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al respecto. Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en la conformación del castellano por dos motivos: el condado de Castilla se fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte de León; junto a esta circunstancia, las tierras que los castellanos iban ganando a los árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano. La introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro, cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del sonido ápico-alveolar vibrante múltiple de la /r/.

La otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración, representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina en rumano; en vasco es irin.

La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de España, el español entre ellas, pues los árabes asentaron su dominio en la península durante ocho siglos. Durante tan larga estancia hubo muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los cristianos comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo eran superiores desde el punto de vista militar, sino también en cultura y refinamiento. De su organización social y política se aceptaron la función y la denominación de atalayas, alcaldes, robdas o rondas, alguaciles, almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates, quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones. Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en /x/- como en jabón del latín ‘saponem’. Añadieron el sufijo en la formación de los adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de “Caesara(u)gusta”, o Baza de “Basti”. No podría entenderse correctamente la evolución de la lengua y la cultura de la península sin conceder a la influencia del árabe el lugar que le corresponde.



4
HISTORIA


En la formación del español cabe distinguir tres grandes periodos: el medieval, también denominado del castellano antiguo, fechado entre los siglos X y XV; el español moderno, que evolucionó desde el siglo XVI hasta finales del XVII, y el contemporáneo, desde la fundación de la Real Academia Española hasta nuestros días.



4.1
El castellano medieval


El nombre de la lengua procede de la tierra de castillos que la configuró, Castilla, y antes del siglo X no puede hablarse de ella. Por entonces existían cuatro grandes dominios lingüísticos en la Península que pueden fijarse por el comportamiento de la vocal breve y tónica latina o en sílaba interior de palabra como la o de portam que diptongó en en el castellano, puerta, y vaciló entre ue, uo y ua en el leonés y aragonés (puorta) y mozárabe (puarta). En términos generales, se mantuvo la o del latín (porta) en la lengua del extremo occidental, el galaico-portugués —del que surgirían el gallego y el portugués—, y en el catalán del extremo oriental, que ejercería su influencia posterior por las tierras mediterráneas, fruto de la expansión política.

El castellano fue tan innovador en la evolución del latín como lo fueron los habitantes de Castilla en lo político. A esta época pertenecen las Glosas silenses y las Glosas emilianenses, del siglo X, que son anotaciones en romance a los textos en latín: contienen palabras y construcciones que no se entendían ya. Las primeras se escribieron en el monasterio benedictino de Silos, donde para aclarar el texto de un penitencial puede leerse “quod: por ke”, “ignorante: non sapiendo”; las Glosas emilianenses se escriben en el monasterio de San Millán de la Cogolla o de Suso.

En el sur, bajo dominio árabe, las comunidades cristianas hablaban mozárabe. Heredado de la época anterior a la conquista musulmana, lo mantuvieron sin grandes alteraciones, bien por afirmación cultural que marcara la diferencia con las comunidades judía y árabe, bien por falta de contacto con las evoluciones que se estaban desarrollando en los territorios cristianos. En esta lengua se escriben algunos de los primeros poemas líricos romances: las jarchas, composiciones escritas en alfabeto árabe o hebreo, pero que transcritas corresponden a una lengua arábigo-andaluza. De los cambios fonéticos que se produjeron en esta época en el castellano, el más original consistió en convertir la f- inicial del latín en una aspiración en la lengua hablada, aunque conservada en la escritura.

El primer paso para convertir el castellano en la lengua oficial del reino de Castilla y León lo dio en el siglo XIII Alfonso X, que mandó componer en romance, y no en latín, las grandes obras históricas, astronómicas y legales. El castellano medieval desarrolló una serie de fonemas que hoy han desaparecido. Distinguía entre una s/ sonora intervocálica, que en la escritura se representaba por s, como en casa, y una s sorda, que podía estar en posición inicial de palabra como silla, o en posición interna en el grupo ns, como en pensar o en posición intervocálica, que se escribía ss como en viniesse. Las letras ç y z equivalían a los sonidos africados (equivalente a ts, si era sordo, y a ds, si era sonoro), como en plaça y fazer. La letra x respondía a un sonido palatal fricativo sordo, como la actual ch del francés o la s final del portugués y también existía correspondiente sonoro, que se escribía mediante j o g ante e, i: así dixo, coger, o hijo. Distinguía entre una bilabial oclusiva sonora b, que procedía de la p intervocálica del latín o b de la inicial sonora del latín (y que es la que hoy se conserva), y la fricativa sonora, que procedía de la v del latín, cuyo sonido se mantiene hoy en Levante y algunos países americanos.

Desde el punto de vista gramatical ya habían desaparecido las declinaciones del latín y eran las preposiciones las que señalaban la función de las palabras en la oración. El verbo haber todavía tenía el significado posesivo tener, como en había dos fijos y se empleaba para tener y para formar las perífrasis verbales de obligación que originarían a partir del siglo XIV los tiempos compuestos; por eso, entre la forma del verbo haber y el infinitivo siguiente era posible interponer otro material léxico, hoy impensable, como en “Enrique vuestro hermano habia vos de matar por las sus manos”. Los adjetivos posesivos iban precedidos de artículo; así se decía los sus ojos alza.

El español del siglo XII ya era la lengua de los documentos notariales y de la Biblia que mandó traducir Alfonso X; uno de los manuscritos del siglo XIII se conserva en la biblioteca de El Escorial. Gracias al Camino de Santiago entraron en la lengua los primeros galicismos, escasos en número, y que se propagaron por la acción de los trovadores, de la poesía cortesana y de la provenzal.



4.2
El castellano moderno


La publicación de la primera gramática castellana de Elio Antonio de Nebrija en 1492, fecha del descubrimiento de América y de la toma de Granada por los Reyes Católicos, establece la fecha inicial de la segunda gran etapa de conformación y consolidación del idioma.

A esta época pertenecen el cambio de las consonantes que altera y consolida definitivamente el sistema fonológico del español. Desaparece la aspiración de la h, aspecto que testimonia la versificación. Se funden en un único fonema la s sonora y sorda, prevaleciendo el valor sordo. Las consonantes ç y z pasan a ser el fonema fricativo (con pronunciación equivalente a ts) que se escribirá ç durante el siglo XVI y pasará a tener el valor de la z (con su pronunciación actual) en el siglo siguiente, con lo que de esta manera se resolvió la vacilación ortográfica c, ç, z. Las variaciones fonéticas que representaban x, g, j, se solucionaron también en favor del sonido velar fricativo sordo que en el XVII pasa a tener la pronunciación y grafía actuales de g y de j. Desapareció asimismo la distinción b, v que se neutralizó en b durante el siglo XVI. En la morfología aparecieron los tiempos compuestos de los verbos, y se convierte en auxiliar el verbo haber. En la sintaxis el orden de los elementos de la oración se hace más rígido, y se anteponen los pronombres átonos a infinitivos y gerundios.

Desde el punto de vista del léxico, el español adquirió una gran cantidad de neologismos, pues a estos momentos correspondió la expansión de Castilla y, por lo tanto, el contacto con otras culturas. Consiguió consolidarse como lengua dominante frente a otros dialectos peninsulares al llevarse a cabo la unidad política de Castilla y Aragón y ser el castellano la lengua de los documentos legales, de la política exterior y la que llegó a América de la mano de la gran empresa realizada por la Corona de Castilla, ya fijada en la gramática normativa de Nebrija. A partir de los primeros momentos del siglo XVI se prefirió la denominación de española para la lengua del nuevo imperio, y la preocupación de los intelectuales del momento se refleja en la enorme tarea de sistematizarla, analizarla y divulgarla. Lo demuestran la publicación del gran Diccionario de Alcalá, obra de la Universidad Complutense, creada por Cisneros; la aparición de la Minerva de Francisco Sánchez de las Brozas, conocido por El Brocense, que es una gramática normativa y descriptiva más moderna que la realizada por el grupo francés de Port-Royal, y, a principios del siglo XVII, la publicación del Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias, primer diccionario de la lengua, que contiene cuanta información histórica y sincrónica había disponible en el momento de su publicación.

En Francia, Italia e Inglaterra se editaban gramáticas y diccionarios para aprender español, que fue la lengua diplomática hasta la primera mitad del siglo XVIII. En esta etapa de la lengua se llegó al esplendor literario que representan los autores del siglo de oro. El léxico incorpora palabras originarias de tantas lenguas como contactos políticos tenía el imperio. Del italiano entran en el español desde el siglo XV al XVII los nombres de la métrica y preceptiva literaria, como soneto, asonante, silva y lira, palabras relacionadas con las bellas artes como fachada, escorzo, medalla, piano. De otros campos léxicos son italianismos de la época centinela, alerta, escopeta, aspaviento, charlar, estropear y muchas más. Son galicismos paje, jardín, jaula, sargento, forja o reproche.

Los americanismos, que comienzan a entrar en el siglo XVI, ofrecen una lista referida a las realidades que en Europa no se conocían y que son españolismos tomados por las lenguas europeas, como patata, cóndor, alpaca, vicuña, pampa, puma, papa (denominación afincada en Canarias para patata), que proceden del quechua y el guaraní. Los términos más antiguos, como canoa, ya citado en el diccionario de Nebrija, proceden de los arawak. A este conjunto pertenecen huracán, sabana, maíz, cacique, colibrí, caribe, enagua y caníbal. De la familia de lenguas náhuatl habladas por los nahuas, se incorporan hule, chocolate, tomate, cacao, aguacate y petate.



4.3
El español contemporáneo


En el año 1713 se fundó la Real Academia Española. Su primera tarea fue la de fijar el idioma y sancionar los cambios que habían introducido los hablantes a lo largo de los siglos, siguiendo unos criterios de autoridad. En esta época ya había finalizado el cambio fonético y morfológico y el sistema verbal de tiempos simples y compuestos era el mismo que ha estado vigente hasta la primera mitad del siglo XX.

Los pronombres átonos ya no se combinaban con las formas de participio y, gracias a la variación morfológica, los elementos de la oración se pueden ordenar de formas muy diversas con una gran variedad en los estilos literarios, desde la mayor violación sintáctica que representan el barroco del siglo XVII, los poetas de la generación del 27 y el lenguaje publicitario, hasta la imitación de los cánones clásicos, también violentadores del orden del español, que incorporaron los neoclásicos o los primeros renacentistas.

Coincidiendo con otro momento de esplendor literario, el primer tercio del siglo XX, aparecieron las nuevas modificaciones gramaticales que aún hoy están en proceso de asentamiento. De ellas cabe citar: la reducción del paradigma verbal en sus formas compuestas de indicativo y subjuntivo, la sustitución de los futuros por perífrasis verbales del tipo tengo que ir por iré, la práctica desaparición del subjuntivo, la reduplicación de los pronombres átonos en muchas estructuras oracionales y con verbos de significación pasiva, que están desarrollando una conjugación en voz media como en le debo dinero a María; la posposición casi sistemática de los calificativos, la reducción de los relativos, prácticamente limitados a que y quien en la lengua hablada. Junto a ello, la irrupción continua de neologismos, que nombran innovaciones técnicas y avances científicos, tiene dos momentos: los anteriores a la mitad del siglo pasado, que contienen raíces clásicas como termómetro, televisión, átomo, neurovegetativo, psicoanálisis o morfema, y los neologismos apenas castellanizados, siglas y calcos del inglés, y fruto de la difusión que de ellos hacen las revistas especializadas, la publicidad o la prensa, como filmar, radar, módem, casete, anticongelante, compacto, PC, o spot.



5
DIALECTOS


Hasta la irrupción de la radio y la televisión en la sociedad —en la segunda mitad del siglo XX—, era relativamente fácil diagnosticar por los hábitos fonéticos y la entonación la pertenencia de un determinado hablante a su correspondiente área dialectal. Hoy, aunque también se siguen dando estas diferencias, la imitación de la norma que esos medios han ido creando entre los hablantes, hace que la pertenencia a diferentes comunidades lingüísticas no sea tan clara ni tan rotunda.

Del mapa lingüístico medieval ibérico surgieron variedades lingüísticas, de la cuales, algunas se convirtieron en lenguas, y otras, con el paso del tiempo, se transformaron en dialectos de alguna de ellas. Entre las variedades relacionadas con el español se encuentran: el leonés, que se habló desde Asturias hasta las tierras de Cáceres y que, ya a finales del siglo XV, había dejado su lugar de lengua en pugna con el castellano para ocupar el puesto de mera variedad dialectal; el aragonés, con una situación análoga al leonés, que se habló en el reino de Aragón y cuyas fronteras naturales son los Pirineos por el norte, la cordillera Ibérica por el oeste y los límites de Cataluña y Valencia por el este. A partir del siglo XIV, como consecuencia de la conquista de Andalucía por los castellanos, surgió el andaluz, que integró algunos rasgos del mozárabe, como un auténtico dialecto del castellano. El extremeño, que empezó siendo una variedad fronteriza del leonés y el castellano se ha consolidado como uno de los pocos dialectos hoy todavía identificables por sus aspiraciones implosivas y su peculiar léxico. El riojano, que se habló en La Rioja, y que tan decisivamente influyó en el castellano escrito de los primeros tiempos, era una variedad dialectal del aragonés. Otro dialecto fronterizo aún vigente lo representa el murciano, en el que confluyeron el castellano, el aragonés y el valenciano, variedad catalana. En las islas Canarias existe el canario, cuya entonación, léxico y fonética influyeron en el español americano del istmo y norte de Sudamérica.

En el siglo XVI el castellano sirvió de base para la creación de un sabir o lengua de intercambio en el Mediterráneo. Un siglo después se configura otro sabir en el Caribe, que luego se criolliza para dar paso al papiamento de Curaçao. Los jesuitas que entraron en contacto con los indios guaraníes crearon otra lengua de intercambio conocida como lengua general. Un hecho análogo se dio en Filipinas, del que surgió otra lengua criolla que hoy está prácticamente perdida.

En cuanto al continente americano, no han faltado autores que calificaban de dialectos a cada una de las variedades lingüísticas que se han consolidado en los respectivos países. Pero, en rigor, no se puede hablar del dialecto argentino, sino del dialecto porteño, variedad popular de un barrio de Buenos Aires. Tampoco cabe hablar de grandes zonas dentro del español americano, como el caribeño, andino, rioplatense, ecuato-peruano, mexicano o centroamericano, porque son imprecisas e imposibles de sistematizar. La dialectología del español en América debe hacerse por cada país antes de que la homogeneidad que imponen la radio, el cine y la televisión borren las fronteras dialectales que aún existen. El único rasgo común al español americano consiste en la práctica desaparición del fonema interdental fricativo sordo /z/, rasgo que comparte con el dialecto andaluz, extremeño y canario. Así pues, hablando con propiedad cabría decir lo contrario: en el español peninsular existe un fonema que no comparten la mayoría de los dominios lingüísticos de esta lengua.



6
GRAMÁTICA ESPAÑOLA



Desde el punto de vista de la clasificación de las lenguas, el español es una lengua flexiva, aunque en menor medida de lo que lo fue el latín. Es una lengua de acentuación fundamentalmente grave, es decir, acento en la penúltima sílaba, lo que no significa que no existan palabras agudas, muy numerosas, o esdrújulas, procedentes mayoritariamente de préstamos griegos. Conserva desinencias para el género, pero ha perdido el neutro en los nombres y los adjetivos y lo conserva en los pronombres como eso, lo vuestro, y en el artículo determinado lo, que se emplea como mecanismo nominalizador de adjetivos y de oraciones, a las que confiere una significación de totalidad y abstracción, como en lo que quieras.



6.1
Morfología y sintaxis


El nombre ya había perdido las desinencias de caso en el latín tardío del siglo VI. En su lugar el español, como las demás lenguas románicas mediterráneas, sustituyó por un procedimiento sintáctico lo que fue en principio morfológico, es decir, marcó con preposiciones más nombre las funciones gramaticales de sujeto, objeto directo, indirecto y complementos verbales de otra especie. En el caso de los objetos directos personales o afectivos usa la preposición a, como en el esquema querer a una persona y querer al gato; emplea a, asimismo, en el caso del objeto indirecto, como en, por ejemplo, dar algo a alguien; en el caso del sujeto, son las desinencias verbales las que llevan la marca del sujeto (comíamos, supone siempre un sujeto en primera persona del plural) y, sólo en el caso de necesitar especificarlo, es la posición del sujeto en la oración, antepuesto al verbo, el elemento que determina esta función. Por ejemplo, Los poblamientos humanos destruyen los bosques cambiaría su sentido si se escribiera al revés: Los bosques destruyen los poblamientos humanos; por lo tanto, el orden de los objetos que van pospuestos al verbo también es importante. Los demás complementos observan un orden relativamente libre.

Una ordenación diferente y peculiar del sujeto está presente en las oraciones interrogativas del español que se habla en toda la zona de influencia del Caribe. Mientras que en las demás variedades de la lengua el sujeto de una oración interrogativa va pospuesto al verbo de acuerdo con el esquema: pronombre interrogativo-verbo-sujeto, como ¿qué quieres tú?, en esa variedad el orden de la oración es: pronombre interrogativo-sujeto-verbo, como por ejemplo ¿qué tú quieres? No se trata, como algunos estudios señalaron, de ningún anglicismo sintáctico, sino de una evolución interna de la lengua relacionada con otros hechos, como el cambio en la determinación y la pérdida de algunas desinencias verbales, consecuencia de la relajación de los fonemas finales y su consiguiente neutralización.

El verbo redujo a tres las cuatro conjugaciones del latín; posee desinencias para la persona, el número, el tiempo, el modo y la voz. En el caso de la segunda persona, el español canario, andaluz occidental y americano, salvo algunas zonas colombianas, ha conservado las formas del siglo XVII y ha desarrollado una conjugación para el singular basada en la concordancia originaria con vos, segunda persona del plural; las formas correspondientes a se consideraron vulgares y hasta humillantes, y por esa razón la persona de confianza reconocida como digna de respeto fue tratada de vos; a su vez, las personas de menor confianza reciben el mismo tratamiento que en la península; son usted y concuerdan con la tercera persona. El cambio afecta por igual a la conjugación verbal y al paradigma de los pronombres personales y se denomina voseo al cambio en el empleo de por vos, tanto en el verbo como en los pronombres, así como en los posesivos que también necesitan la concordancia de persona. Hoy se observa una tendencia a aceptar el paradigma peninsular entre las clases urbanas y cultas, sobre todo entre las argentinas.



6.2
La voz verbal


En el caso de la voz, las cosas no son tan claras como aparecen en algunos manuales. La voz activa emplea haber como verbo auxiliar para formar los tiempos compuestos, lo que permite a ciertas escuelas lingüísticas hablar de desinencias discontinuas o morfemas discontinuos en los tiempos compuestos, porque el verbo auxiliar está completamente gramaticalizado y no posee otra función que la de marca de tiempo, persona y modo. En la voz pasiva todos los tiempos se forman con el auxiliar ser, también gramaticalizado, y no existen más desinencias de pasiva que las que comporta el auxiliar.

El verbo carece de desinencia de aspecto, pero existe una serie de perífrasis con claro valor aspectual de acción en desarrollo o reciente finalización, como estar + gerundio o acabar de + infinitivo. En las gramáticas escolares hasta mediado el siglo XX se hablaba de una conjugación perifrástica, activa y pasiva; hoy las gramáticas más completas hablan de perífrasis de obligación del tipo haber de + infinitivo, tener que + infinitivo, o deber (de) + infinitivo. Sea adecuado o no el tratamiento como voz o como meras perífrasis, son procedimientos muy rentables en español para construir la obligación y hasta los matices del futuro; compárense estos matices en la significación de vendrá, debe venir, tiene que venir, ha de venir.

Otro hecho relacionado con el cambiante paradigma de la voz es la conjugación pronominal, que empezó siendo una conjugación reflexiva y que hoy ha adquirido valor de voz media, como nos tomamos unos cafés. Este fenómeno no aparece tan extendido en el español americano.



7
OTROS RASGOS DEL ESPAÑOL


El español también se caracteriza por su constante empleo del pronombre se, y el uso vivo del subjuntivo, que tantos problemas origina a quienes aprenden español como segunda lengua. Entre las características heredadas del latín debe destacarse la sintaxis y los procedimientos sintácticos para matizar, calificar o convertir oraciones completas en nombres, y por tanto en posibles sujetos.

Formular una hipótesis es un hecho complejo en español; así, puede decirse quizá venga sin matización mayor, o bien, es posible que venga, podría venir, puede que venga, o si viniera. Otras lenguas no matizan con posibilidades gramaticales, sino léxicas, y poseen un inventario mayor de adverbios y sintagmas adverbiales que significan hipótesis. No obstante la complejidad gramatical, la matización y la gradación son mayores que si se realizan por medios léxicos, pues ninguna lengua mantiene muchas palabras de significado tan próximo como el que proporcionan las construcciones anteriores, al menos entre las lenguas no aislantes.



8
EL ESPAÑOL EN EL MUNDO


El español es, por número de hablantes, la tercera lengua del mundo. Pese a ser una lengua hablada en zonas tan distantes, existe una cierta unidad en el nivel culto de la lengua que permite a las gentes de uno u otro lado del Atlántico entenderse con relativa facilidad. Las mayores diferencias son de carácter suprasegmental, es decir, la variada entonación, fruto al parecer de los diversos substratos lingüísticos que existen en los países de habla hispánica. La ortografía y la norma lingüística aseguran la unidad de la lengua; de ahí la colaboración entre las diversas Academias de la Lengua para preservar esta unidad, hecho al que coadyuva la difusión de los productos literarios, científicos, pedagógicos, cinematográficos, televisivos, ofimáticos, de comunicación e informáticos.

Desde España se ha elaborado el primer método unitario de enseñanza de la lengua, que difunde por el mundo el Instituto Cervantes. El trabajo coordinado de las Academias ha cristalizado en la “Elaboración de la norma culta de las grandes ciudades”, que presta especial atención a la fonología y al léxico. El español es la segunda lengua hablada en Estados Unidos, que cuenta con varias cadenas de radio y televisión con emisiones totalmente en español; asimismo, y por razones estrictamente económicas, es la lengua que más se estudia como idioma extranjero en los países no hispánicos de América y Europa. Lejanos ya los tiempos en que fue considerada la lengua diplomática, condición en la cual la sustituyó el francés, hoy es lengua oficial de la ONU y sus organismos, de la Unión Europea y de otros organismos internacionales. Ha sido incluida como lengua dentro de las grandes autopistas internacionales de la información como Internet, lo que asegura la constante traducción de las innovaciones informáticas, su difusión e intercomunicación. Donde aparece más incierto el futuro del idioma es en el continente africano, abandonado por razones políticas a la voluntad de sus hablantes; no hay que olvidar que todavía sirve de lengua diplomática junto al francés para el pueblo saharaui. No obstante, todo parece augurar que en este siglo será una de las lenguas de mayor difusión, y quién sabe si en momentos de deseable mestizaje no dé lugar a una lengua intermedia que asegure la comunicación con el continente americano en su conjunto.



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Publicado el 21 septiembre 2012 - 05:42

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abecedario



abecedario.

1. Para designar la serie ordenada de las letras con que se representan los sonidos de una lengua, pueden usarse indistintamente los términos abecedario y alfabeto. Como las demás lenguas románicas, el español se sirvió básicamente de la serie alfabética latina, que fue adaptada y completada a lo largo de los siglos. El abecedario español está hoy formado por las veintinueve letras siguientes: a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z (→ a, b, c, etc.).

2. Esta variante española del alfabeto latino universal ha sido utilizada por la Academia desde 1803 (cuarta edición del Diccionario académico) en la confección de todas sus listas alfabéticas. Desde esa fecha, los dígrafos ch y ll (signos gráficos compuestos de dos letras) pasaron a considerarse convencionalmente letras del abecedario, por representar cada uno de ellos un solo sonido. No obstante, en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, se acordó adoptar el orden alfabético latino universal, en el que la ch y la ll no se consideran letras independientes. En consecuencia, las palabras que comienzan por estas dos letras, o que las contienen, pasan a alfabetizarse en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. Esta reforma afecta únicamente al proceso de ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte.

3. Mientras que los dígrafos ch y ll son las únicas grafías que representan, respectivamente, los sonidos /ch/ y /ll/, el sonido que representa el dígrafo rr es el mismo que el representado por la r en posición inicial de palabra o precedida de las consonantes n, l o s (→ r, 2 y 3). Este solapamiento explica que la rr no se haya considerado nunca una de las letras del alfabeto.

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Publicado el 23 septiembre 2012 - 12:44

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ALBERTO BUSTOS

El autor. "Hola, soy Alberto Bustos, el irresponsable autor de este blog. Mi principal pasión es todo lo que tiene que ver con la palabra. Me interesan las lenguas, sobre todo la que aprendí con mi madre y por eso decidí primero estudiar Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y después doctorarme en Humanidades con una tesis de lingüística hispánica. En 2007 conseguí la habilitación como Profesor Titular de Lengua Española compitiendo con candidatos de toda España en Salamanca."

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Concordancia: "infinidad de...," "multitud de...", "cantidad de...",


De todos es sabido que en español el verbo tiene que concordar en número con el sujeto. Así, decimos Mi alumno no vino el viernes o Mis alumnos no vinieron el viernes. El que el verbo adopte la forma singular (vino) o plural (vinieron) depende de lo que le vaya marcando el sujeto.


Hasta aquí todo bien. Las complicaciones llegan cuando empezamos a fijarnos en ciertos casos particulares de concordancia. Uno de ellos es el que encontramos cuando el sujeto está encabezado por las expresiones infinidad de…, multitud de…, cantidad de…:

(1) Infinidad de estudiantes se agolpaban el jueves a las puertas de la discoteca
(2) Multitud de estudiantes regresaron el viernes de la discoteca
(3) Cantidad de estudiantes consumieron aspirina el viernes

Las tres expresiones indicadas arriba contienen un sustantivo cuantificativo (infinidad, multitud, cantidad). Estos sustantivos se denominan así porque su significado contiene una idea de cantidad. Además, las tres tienen en común la ausencia de determinante. Pues bien, en estos casos, es obligatorio que el verbo concuerde en plural, como lo hace en (1)-(3). En realidad, el sustantivo con el que se está estableciendo la concordancia en las tres oraciones es estudiantes. Es incorrecta la concordancia en singular con infinidad, multitud o cantidad:

(4) Infinidad de estudiantes se agolpaba
(5) Multitud de estudiantes regresó
(6) Cantidad de estudiantes consumió

La cosa cambia, eso sí, en cuanto aparece por medio un determinante. En ese caso, son correctas las dos concordancias:

(7) Una infinidad de estudiantes se agolpaba/agolpaban a las puertas de las discotecas
(8) Una multitud de estudiantes regresó/regresaron de la discoteca
(9) Una gran cantidad de estudiantes consumió/consumieron aspirina

Todo esto forma parte de un fenómeno más amplio que se denomina concordancia ad sensum, es decir, concordancia por el sentido. Nos iremos ocupando de la cuestión en sucesivas entradas, pero, de momento, baste con esta píldora (o aspirina).

Nota: Es completamente normal que mis alumnos no vengan los viernes. Los viernes no tienen clase.



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#4 Ge. Pe.

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Publicado el 23 septiembre 2012 - 01:16

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abreviación. Procedimiento que busca economizar tiempo y espacio en la representación gráfica de una palabra o de una expresión mediante la supresión de letras o sílabas de su escritura completa. Existen distintos tipos de abreviaciones, según sea su método de formación, su ortografía y su modo de lectura (ver → abreviatura, acortamiento, acrónimo, sigla, símbolo).

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#5 Ge. Pe.

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Publicado el 24 septiembre 2012 - 05:06

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Órdenes impersonales en infinitivo


Posted: 23 Sep 2012 09:31 AM PDT


El infinitivo se puede utilizar en ocasiones para dar órdenes que no van dirigidas a ningún interlocutor concreto, sino a todo el mundo en general, a cualquiera que pueda leer u oír la expresión. Digo en primer lugar leer porque este uso del infinitivo —que es perfectamente correcto— lo encontramos típicamente en letreros y carteles. Todos nos hemos topado alguna vez con rótulos como estos:

(1) Apagar la luz antes de salir
(2) No pasar
(3) No tocar: Peligro de muerte

No hay que confundir este tipo de expresiones con el uso, incorrecto, del infinitivo en lugar del imperativo terminado en -d:

(4) ¡Callaros de una vez!

Las órdenes impersonalizadas con infinitivo, como decía, son típicas de la lengua escrita, sobre todo del ámbito de la señalización. En cambio, el uso del infinitivo con valor auténticamente imperativo (4) es propio del habla coloquial o popular. Las primeras no admiten un sujeto, lo que indica su carácter impersonal o general, mientras que las segundas sí. Imaginemos las expresiones (1)-(3) en sendos letreros que estuvieran situados, respectivamente, en el interior de una habitación, en una puerta y en una torre de alta tensión. Si les añadimos el sujeto vosotros, comprobaremos que el significado cambia completamente (1, 2) o resulta francamente extraño (3) y que en ninguno de los casos eso tendría sentido en un rótulo:

(5) Apagar vosotros la luz antes de salir (?)
(6) No pasar vosotros (?)
(7) No tocar vosotros: Peligro de muerte (???)

En cambio, no hay ningún problema en añadirle el pronombre vosotros a la oración (4) que, naturalmente, seguirá siendo normativamente incorrecta:

(8) ¡Callaros vosotros de una vez!

En definitiva, las órdenes impersonalizadas en infinitivo podemos utilizarlas tranquilamente en el contexto adecuado, mientras que el uso del infinitivo en lugar del imperativo tendremos que evitarlo —como mínimo— en el habla esmerada.

Y dicho esto, solo me queda finalizar la entrada con la siguiente advertencia-letrero:

En caso de dudas gramaticales, consultar el Blog de Lengua Española



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#6 Ge. Pe.

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Publicado el 25 septiembre 2012 - 07:09

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Te propongo unos ejercicios para practicar la diferencia entre demás y de más. Publicaré las soluciones mañana, martes 25 de septiembre.

1. Los bancos tendrán que informar a Hacienda sobre todas las transferencias ______ de veinte céntimos.

2. Nunca está ______ estudiar antes de un examen.

3. Solo he necesitado una hora más que los ______ corredores.

4. Eres un egoísta, nunca piensas en los ______.

5. A ver, los ______ altura que se pongan detrás.

6. Me duele cuando me río, pero por lo ______ estoy bien.

7. Si tú eres feliz así, lo ______ no importa.

8. Con un cabrito y tres o cuatro quesos habría bastado, yo creo que has preparado comida ______.

9. Conviene tener cuidado con escritores, profesores universitarios y______ elementos peligrosos.

10. Déjame aquí una o dos cabelleras y llévate tú las ______.





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#7 Ge. Pe.

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Publicado el 27 septiembre 2012 - 05:56

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Estas son las soluciones a los ejercicios que acabas de resolver. Vamos a aplicar en ellas el sistema propuesto en la entrada sobre demás y de más, que consiste básicamente en lo siguiente: si podemos sustituir demás por otro (-a, -os, -as), se escribe junto y, si no, separado. Cuando termines, califícate con una nota de uno a diez.

1. de más [No podemos sustituir la secuencia por otros, por tanto, ha de escribirse en dos palabras].

2. de más [Tampoco puede sustituirse por otros, así que lo correcto es escribirlo separado].

3. demás [Aquí sí que podemos decir los otros corredores. Se escribe en una sola palabra].

4. demás [... nunca piensas en los otros. Se escribe en una palabra].

5. de más [No es posible la sustitución. Hay que escribirlo en dos palabras].

6. demás [Aquí más o menos sería inteligible por lo otro; sin embargo, se trata de un caso especial que hay que aprender de memoria: por lo demás es una frase hecha y el demás que contiene se escribe en una sola palabra].

7. demás [lo otro no importa].

8. de más [No hay sustitución que valga. Se escribe en dos palabras].

9. demás [... y otros elementos peligrosos: junto].

10. demás [... llévate tú las otras: junto].





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#8 Ge. Pe.

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Publicado el 29 septiembre 2012 - 07:22

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Gentileza de RAE - DICCIONARIO PANHISPÁNICO DE DUDAS - Primera edición (octubre 2005)



RAE



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ABREVIATURA



Abreviatura.

1. Es la representación gráfica reducida de una palabra o grupo de palabras, obtenida por eliminación de algunas de las letras o sílabas de su escritura completa y que siempre se cierra con un punto. Para consultar la lista de abreviaturas convencionales de uso general en español, →
apéndice 2.

2. El uso de las abreviaturas convencionales tiene ciertas restricciones, de forma que no pueden aparecer en cualquier lugar del texto: De repente, miré a la dcha. y los vi juntos; las abreviaturas de tratamientos solo deben usarse cuando anteceden al nombre propio (Sr. González, D.ª Juana, etc.); y no debe escribirse una cantidad con letras seguida de la abreviatura del concepto cuantificado: veinte cts. por veinte centavos.

3. Formación. La abreviatura ha de ser eficaz y, por eso, debe suprimir como mínimo dos letras de la palabra abreviada (mejor, tres, si la palabra es suficientemente larga, para poder ahorrar, al menos, dos caracteres, ya que una de las letras suprimidas es reemplazada por el punto de cierre); aun así, hay ejemplos difundidos en que solo se elimina una: vid. por vide (‘véase’). Existen dos procedimientos para formar abreviaturas:

a) Por truncamiento, suprimiendo letras o sílabas finales: cód. por código, art. por artículo. En este caso, la abreviatura nunca debe terminar en vocal: pról., y no pró. ni prólo., como abreviatura de prólogo. En el caso de las abreviaturas que corresponden a fórmulas fijas, se abrevian todas y cada una de las palabras que las integran, incluso artículos, preposiciones o conjunciones, reduciéndolos a la letra inicial: s. e. u o. por salvo error u omisión, q. e. p. d. por que en paz descanse.

b) Por contracción, eliminando letras centrales y dejando solo las más representativas: dpto. o depto. por departamento, admr. por administrador. Entre las abreviaturas formadas por contracción están las que presentan la letra o letras finales voladas: n.o por número, af.mo por afectísimo.

4. Femenino. Si la abreviatura del masculino termina en -o, el femenino se forma sustituyendo esta vocal por una -a: Lcdo., Lcda. (licenciado, licenciada); si el masculino termina en consonante, se le añade una a, volada o no (→ a y b); no obstante, hay abreviaturas que sirven tanto para el masculino como para el femenino: Lic. (licenciado o licenciada), izq. (izquierdo o izquierda). Cuando el masculino termina en consonante, hay que tener en cuenta lo siguiente:

a) Las abreviaturas obtenidas por truncamiento forman el femenino añadiendo una a volada, que puede escribirse subrayada o sin subrayar: Dir. para director y Dir.ª, Dir.a para directora; no obstante, en muchos países de América es frecuente que el femenino de estas abreviaturas se escriba con a no volada: Profa., en lugar de Prof.ª, Prof.a, para profesora. Aunque son válidas ambas formas, se recomiendan las que llevan la a volada.

b) Las abreviaturas obtenidas por contracción admiten las tres posibilidades señaladas para la formación del femenino: Sr. para señor, y Sra., Sr.a o Sr.a para señora.

5. Plural. Depende de su método de formación:

a) Si la abreviatura se obtuvo por truncamiento, se añade -s: págs. por páginas. Se exceptúa el plural de las abreviaturas cent. (centavo, centésimo) y cént. (céntimo), que es cts., y no cents. ni cénts. (no debe confundirse la abreviatura cent. con la palabra cent, cuyo plural sí es cents; → cent). En abreviaturas formadas por una sola letra, el plural se expresa duplicando esta: ss. por siguientes, EE. UU. por Estados Unidos.

b) Si la abreviatura se obtuvo por contracción, se aplican las reglas generales de formación del plural y se añade -s o -es según sea la terminación (→ plural, 1): dptos. o deptos. por departamentos, admones. por administraciones. Como excepción, Ud. (usted) forma el plural en -s: Uds. (ustedes). El plural de las abreviaturas con letras voladas debe representarse con este mismo tipo de letras: n.os por números.

c) Si la abreviatura corresponde a una forma verbal, para el plural se usa la misma forma que para el singular: cp. vale como abreviatura de compárese y de compárense; D. E. P. puede abreviar tanto Descanse en paz como Descansen en paz.

6. Ortografía

a) Las abreviaturas mantienen la tilde en caso de incluir la vocal que la lleva en la palabra desarrollada: pág. por página, íd. por ídem, C.ía por compañía.

b) En general, las abreviaturas se escriben con mayúscula o minúscula según corresponda a la palabra o expresión abreviadas; así, se escriben con inicial mayúscula las abreviaturas de aquellos nombres o expresiones que se escriben de este mismo modo cuando se desarrollan: Bs. As. por Buenos Aires, FF. AA. por Fuerzas Armadas, mientras que las abreviaturas de nombres comunes se escriben normalmente con minúscula (salvo si van después de punto o al principio de un enunciado): pág. por página, c. e. por correo electrónico. No obstante, existen numerosas excepciones, y así, siempre se escriben con inicial mayúscula las abreviaturas de fórmulas de tratamiento, incluso las que se escriben con minúscula cuando se desarrollan: S. S. por Su Santidad, S. A. R. por Su Alteza Real, Excmo. por Excelentísimo, Ud. por usted, Sr. por señor, D. por don; también, por tradición, se escriben con mayúscula las abreviaturas de algunos nombres comunes: P. V. P. por precio de venta al público, D. L. por depósito legal. Existen asimismo usos dobles, como P. O. y p. o. (por orden) o Q. D. G. y q. D. g. (que Dios guarde).

c) Cuando la abreviatura corresponde a una expresión compleja, se separan mediante un espacio las letras que representan cada una de las palabras que la integran: b. l. m. por besa la mano. Cuando las abreviaturas van precedidas de un número, se escriben separadas de este por un espacio: 15 págs., salvo las referidas al vuelto y al recto de un folio, que van pegadas: 15v.º, 15r.º.

d) Se escribe siempre punto detrás de las abreviaturas, salvo en el caso de aquellas en las que el punto se sustituye por una barra: c/ por calle, c/c por cuenta corriente, d/f por días fecha, d/v por días vista (no debe dejarse espacio entre las letras y la barra; si la abreviatura se compone de dos letras, el segundo elemento tampoco lleva punto, salvo que se trate del que marca el final del enunciado). Otra excepción son las abreviaturas que van entre paréntesis, que también se escriben sin punto: (a) por alias. En las abreviaturas que llevan letras voladas, el punto se escribe delante de estas: Sr.a, 3.er. Si una abreviatura coincide con final de oración o de párrafo, el punto de la abreviatura sirve de punto final, de modo que solo se escribirá un punto y no dos. Los otros signos de puntuación (coma, punto y coma, puntos suspensivos, signo de interrogación, etc.) sí deben escribirse tras el punto de la abreviatura; por lo tanto, si tras una abreviatura hay puntos suspensivos, se escriben cuatro puntos: Algunas abreviaturas con tilde son pág., cód., admón.... Las abreviaciones de las unidades de medida (m, km, g, l, etc.) y las de los nombres de los libros de la Biblia (Gn, Ex, Lv, etc.) son símbolos, no abreviaturas; de ahí que se escriban sin punto (→ símbolo).

e) Las abreviaturas nunca deben dividirse mediante guion de final de línea: ad- / món.

f) Cuando la abreviatura se compone de varios elementos, no deben separarse estos en líneas diferentes: p. / ej. Tampoco deben aparecer en renglones diferentes la abreviatura y el término del que esta depende: 15 / págs., Sr. / Pérez.

g) Una abreviatura nunca debe quedar como único componente de una línea de texto; en esos casos, debe escribirse la palabra completa:

En las librerías se venden libros, carpetas, bolígrafos,

etc.


Lo adecuado es:

En las librerías se venden libros, carpetas, bolígrafos,

etcétera.

7. Lectura. La lectura de una abreviatura debe restablecer todas las letras eliminadas en su escritura, esto es, debe leerse la palabra completa que la abreviatura representa.




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#9 Ge. Pe.

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Qué son los sustantivos contables e incontables


Los sustantivos se dividen en dos categorías dependiendo de si se pueden combinar con numerales o no. En el primer caso, se denominan nombres contables y en el segundo, nombres incontables. Así, son perfectamente aceptables oraciones como las siguientes:

(1) Le pusieron un guisante debajo de diez colchones de lana

(2) Pues a mí me pusieron tres sandías y ni me enteré

(3) Me quedan dos euros hasta final de mes

Esto nos indica que los sustantivos guisante, colchón, sandía y euro son contables. En cambio, las siguientes oraciones no son aceptables:

(4) Le pusieron un trigo debajo de diez lanas

(5) Pues a mí me pusieron tres mantequillas

(6) Me quedan dos dineros hasta final de mes

Los sustantivos trigo, lana, mantequilla y dinero son incontables. Cuando quiero cuantificarlos de algún modo, tengo que recurrir a medios léxicos, es decir, tengo que explicar con una o varias palabras a qué porción de esa realidad me estoy refiriendo. Puedo coger un grano de trigo, cortar un vellón de lana, añadirle a un pastel dos cucharadas de mantequilla o gastar grandes sumas de dinero. Estas combinaciones tienden a convertirse en secuencias típicas y estereotipadas (lo que se conoce como colocaciones).

Los sustantivos contables se suelen denominar también discontinuos o discretos.Los incontables, por su parte, también son conocidos como sustantivos de materiao continuos. Esto se explica porque, típicamente, los primeros designan realidades que se perciben como individualidades con unos límites definidos. En cambio, los segundos se suelen asociar con realidades que se conciben como una masa en la que no se aprecian límites precisos. Por eso puedo afirmar tranquilamente que mi colchón es cuadrado, pero que me gustaría cambiarlo por un colchón redondo. Incluso, aunque eso no exista en el mundo, no me cuesta trabajo imaginarme una sandía cuadrada o un euro rectangular. El tener una forma definida y unos límites concretos es típico de los objetos a los que se refieren los sustantivos contables.

En cambio, resulta como mínimo extraño pensar en lana cuadrada, mantequilla redonda, agua rectangular, etc. (a no ser, naturalmente, que estemos pensando en una porción de esa materia y no en la materia misma).

Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por la tentación de confundir cómo está hecha la lengua con cómo está hecho el mundo.

Lo anterior es solamente una relación típica. En última instancia, el que un sustantivo sea contable o incontable no depende de cómo sea la realidad que nombra, sino de cómo se categorice lingüísticamente esa realidad. En este sentido, la lengua no es esclava del mundo, sino que le impone sus propias estructuras. Basta con fijarse en los guisantes y el trigo. En el mundo son realidades comparables. Si yo pongo encima de la mesa un montón de guisantes y, al lado, otro de trigo, me encontraré con que ambos están formados por la agregación de unidades de tamaños no demasiado dispares. Las unas serán verdes y las otras amarillas; las unas, redondeadas y las otras, aplanadas; pero por lo demás… Sin embargo, los guisantes son contables y el trigo, incontable.

Es más, la categorización como contable o incontable presenta una gran variabilidad de una lengua a otra. Por ejemplo, mueble es contable en español (prueba, si no, a contar cuántos muebles tienes en el salón). En cambio, su equivalente inglés furniture es incontable y solo admite la cuantificación con ayuda del sustantivo piece (one piece of furniture), de manera semejante a como nosotros hablamos de una pieza de fruta. Al revés, gente es incontable en nuestra lengua, pero un inglés o un irlandés no tienen inconveniente en hablar de two people o three people.

La diferenciación entre contables e incontables se complica en la práctica porque sustantivos que, en principio, situaríamos en una de estas categorías pueden reconvertirse para funcionar como si pertenecieran a la otra. Así, los sustantivos incontables se convierten fácilmente en contables para denominar objetos formados de la materia que designan. Es lo que ocurre frecuentemente con pan,que admite su uso contable en oraciones como la siguiente:

(7) Acércate a la tahona y tráete dos panes


Otras veces permiten referirse a ciertas cantidades de la sustancia en cuestión, cantidades que, aunque no estén medidas ni tasadas en ningún sitio, forman parte de las expectativas compartidas por los hablantes dentro de una determinada cultura. Por ejemplo, si voy a la cafetería de la facultad y pido un café, no es de esperar que me sirvan un barreño de café con leche y tampoco sería una excusa válida en ese caso el decir: “Es que usted no me especificó”. Sin embargo, estas expectativas se pueden ver defraudadas rápidamente en cuanto salimos de nuestro ámbito cotidiano. El hablante de español que pida un café con leche en Alemania se puede encontrar con que le sirvan un tazón de café más bien flojito, más apto para sumergir en él magdalenas que para espabilarse.

Al revés, también se puede pasar los sustantivos incontables por una trituradora imaginaria que los convierta en sustantivos de materia.

Eso es lo que ha ocurrido en expresiones como las siguientes, donde una serie de sustantivos incontables aparecen asociados a modificadores indefinidos que son típicos de los sustantivos de materia (8, 9) o sin determinación alguna (10) en un contexto en que un sustantivo contable la necesitaría:

(8) Me gusta esa tarta, pero no con demasiado piñón

(9) Un Jaguar es mucho coche para ti

(10) Échale manzana y verás qué rico sale

La diferencia de significado entre Échale manzana y Échale una manzana está en que en el primer caso estamos concibiendo esa fruta como una sustancia (de manera semejante a como podríamos decir Échale whisky). En el segundo, en cambio, se presenta como como una unidad, un todo redondo y acabado.

Estos cambios de categoría acaban por convertir la noción misma de sustantivo contable e incontable en una noción resbaladiza. Por ello se ha propuesto toda una serie de pruebas que nos ayuden a identificarlos, aunque ninguna es definitiva. Por ejemplo, una característica que se utiliza a veces para diferenciar unos y otros es su relación con la noción de ‘mitad’. Cuando los sustantivos son incontables, podemos combinarlos con la idea de ‘mitad’ sin que pierdan su identidad. La mitad del agua sigue siendo agua, la mitad de la gente sigue siendo gente, la mitad del dinero sigue siendo dinero, etc. En cambio, esto mismo no es cierto de los sustantivos contables. La mitad de una mesa ya no es una mesa, la mitad de una cabra deja de ser una cabra, etc. Esta prueba, no obstante, no nos ayuda demasiado con sustantivos que se refieren a realidades abstractas. Resulta complicado pensar en cosas como la mitad de una duda (sustantivo contable) o la mitad de la abnegación (incontable).

En definitiva, la noción de nombre contable e incontable, como tantas veces sucede en lingüística, es intuitivamente clara, pero difícil de acotar con precisión en cuanto descendemos al detalle.




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ACENTO





Acento.

Hay que distinguir entre el acento prosódico, que es el mayor relieve con que se pronuncia una determinada sílaba dentro de una palabra, y el acento gráfico u ortográfico —también llamado tilde—, que es el signo con el cual, en determinados casos, se representa en la escritura el acento prosódico.


1. Acento prosódico. A lo largo de la cadena hablada no todas las sílabas se pronuncian con igual relieve. El realce con que se pronuncia una sílaba con respecto a las demás que la acompañan se denomina acento prosódico, también llamado de intensidad, tónico o fonético. Así, en la palabra gato, el acento prosódico recae sobre la primera sílaba: [gáto]; y en la oración Dame mi libro el acento prosódico recae en la primera sílaba del verbo y del sustantivo: [dáme | milíbro] (el posesivo mi, que carece de acento propio, se une al sustantivo libro, con el que forma un grupo acentual). La sílaba sobre la que recae el acento prosódico se denomina sílaba tónica o acentuada, y la que carece de él, átona o inacentuada.

1.1. Palabras tónicas y átonas. Todas las palabras pronunciadas de manera aislada tienen acento prosódico. Sin embargo, dentro de la cadena hablada, no todas las palabras se pronuncian con acento. Así, dependiendo de si en el discurso se pronuncian normalmente con acento o sin él, se distinguen dos clases de palabras: acentuadas o tónicas e inacentuadas o átonas.

a) Palabras tónicas. En español son tónicas las siguientes clases de palabras: los sustantivos; los adjetivos; los verbos; la gran mayoría de los adverbios; los pronombres personales yo, tú, él, ella, ello, nosotros/as, vosotros/as, nos (en el plural mayestático), vos, ellos/as, usted/es, mí, ti, sí, conmigo, contigo y consigo; los demostrativos; los posesivos, cuando no aparecen antepuestos al sustantivo (mío, tuyo, suyo, nuestro, vuestro, y sus femeninos y plurales); los interrogativos y exclamativos; el relativo cual/es; los indefinidos; los numerales; algunas conjunciones (normalmente las derivadas de adverbios, como la concesiva así o la temporal apenas), y la preposición según. Los adverbios terminados en -mente son las únicas palabras que se pronuncian, de manera natural y no enfática, con dos sílabas tónicas: la que corresponde al adjetivo del que derivan y la del elemento compositivo -mente, cuya primera sílaba es tónica: HÁbilMENte, aLEgreMENte (sobre la acentuación gráfica de estas palabras, → tilde2, 4.2).

b) Palabras inacentuadas o átonas. Algunas palabras carecen de sílaba tónica, por lo que se unen, a efectos de pronunciación, a la palabra tónica que las sigue o a la que las precede, formando con ella un grupo acentual. Estas voces que carecen de independencia fónica se denominan «palabras clíticas» o «clíticos»; si se agrupan con la palabra tónica siguiente, se llaman «proclíticos»: en mi casa [enmikása] (la preposición y el posesivo, que son átonos, son aquí palabras proclíticas); y si lo hacen con la palabra tónica precedente, se llaman «enclíticos»: dímelo [dímelo] (los pronombres personales átonos me y lo son, en este caso, palabras enclíticas; los pronombres enclíticos se escriben siempre unidos al verbo). En español son átonas las siguientes clases de palabras: los artículos el, la, lo, los, las; las conjunciones; los adverbios tan y medio; los pronombres personales me, te, se, lo, la, le, los, las, les, nos, os; las preposiciones, excepto según; los posesivos antepuestos al nombre, sean formas apocopadas o no (mi, tu, su, nuestro, vuestro, y sus femeninos y plurales); los relativos, salvo cual/es, y algunas fórmulas de tratamiento, como don, fray, san, sor. También suele ser átono el primer elemento de los nombres de pila compuestos: José Luis [joseluís], María Luisa [marialuísa]) y el de otras expresiones compuestas: tres mil [tresmíl], veintidós mil [beintidosmíl], boca abajo [bokabájo], cuesta arriba [kuestarríba], etc. Sobre la acentuación gráfica de las expresiones compuestas escritas en varias palabras, → tilde2, 4.5.



1.2. Palabras agudas, llanas o graves, esdrújulas y sobresdrújulas. Según el lugar que ocupa en ellas la sílaba tónica, las palabras se clasifican en agudas, llanas o graves, esdrújulas y sobresdrújulas.

a) Las palabras agudas son aquellas cuya última sílaba es tónica: reLOJ, aVIÓN, iGLÚ.

b) Las palabras llanas o graves son aquellas cuya penúltima sílaba es tónica: LÁpiz, BLANco, carTEra.

c) Las palabras esdrújulas son aquellas cuya antepenúltima sílaba es tónica: PÁjaro, esDRÚjulo, SÁbado.

d) Las palabras sobresdrújulas son aquellas en las que es tónica alguna de las sílabas anteriores a la antepenúltima: CÓmetelo, haBIÉNdosenos, LLÉvesemela. En español solo son sobresdrújulas las palabras compuestas de una forma verbal y dos o tres pronombres enclíticos.



2. Acento gráfico u ortográfico. → tilde2.




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#11 Ge. Pe.

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‘Conque’ junto y ‘con que’ separado




Hay un truco sencillo y rápido que nos permite saber cuándo se escribe conque junto y cuándo con que separado sin necesidad de entrar en conceptos gramaticales:

Truco: Conque se escribe junto cuando se puede sustituir por así que

Hagamos la prueba. Compara (1a) con (1b):

(1a) En esta enfermedad el uso de la voz puede serte funesto. Conque punto en boca [Benito Pérez Galdón: El doctor Centeno]

(1b) En esta enfermedad el uso de la voz puede serte funesto. Así que punto en boca

¿Funciona? Pues ya está.

Lo mismo nos da que conque aparezca en secuencias interrogativas o exclamativas. Seguirá admitiendo la misma sustitución, como en (2a) frente a (2b) y (3a) frente a (3b):

(2a) ¿Conque tú eres el amante de esa mujer? [Federico García Lorca: Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita]

(2b) ¿Así que tú eres el amante de esa mujer?

(3a) ¡Ajá, conque eso era! [Fernando Vallejo: La Virgen de los sicarios]

(3b) ¡Ajá, así que eso era!

Puedes hacer la prueba con todos los ejemplos que se te ocurran, verás cómo nunca falla.


En todos los demás casos se escribe separado:

(4) A Galván empieza a darle miedo la seguridad con que el librero dice todo aquello [Fernando Fernán Gómez: El viaje a ninguna parte]

(5) Cuando regresó al cuarto se encontró con que la situación había cambiado por completo [Gabriel García Márquez: Noticia de un secuestro]

(6) Cómo la acarició. Con qué ternura la protegió y la condujo cerca de la chimenea [Carlos Fuentes: Cambio de piel]



Es fácil comprobar que el cambio por así que no funciona en los ejemplos (4)-(6). Estas secuencias presentan grandes diferencias gramaticales entre sí y además admiten diferentes sustituciones y pruebas, pero entrar a detallarlas solo nos sirve para complicarnos la vida, conque (= así que) mantengamos simple lo que no hay necesidad de hacer complicado.

El qué del último ejemplo lleva tilde, pero esa es otra cuestión. La tienes resuelta en la entrada que explica cuándo se escribe qué con tilde. Y de momento ya tenemos localizada una falta de ortografía que no hay necesidad de cometer.



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#12 Ge. Pe.

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Publicado el 02 octubre 2012 - 06:29

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Ejercicios de uso de la diéresis




¿Sabes emplear correctamente la diéresis? Resuelve estos ejercicios para comprobarlo. Publicaré las soluciones el miércoles 3 de octubre.


1. Explica si es correcta o incorrecta la presencia o ausencia de diéresis en las siguientes palabras:

a) lengüeta
b) guateque
c) paragüitas
d) augürio
e) agüero

2. Coloque diéresis donde sean necesarias:

a) averiguo
b) averigue
c) trilingue
d) pingue
e) pinguino
f) pringue
g) contiguidad
h) aguado
i) antigualla
j) antiguedad




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#13 Ge. Pe.

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Publicado el 03 octubre 2012 - 10:58

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Uso de la diéresis: soluciones a los ejercicios

Aquí tienes las soluciones a los ejercicios de uso de la diéresis que acabas de resolver. La puntuación para cada una de las palabras del ejercicio 1. es de un punto. En el ejercicio 2., a cada palabra le corresponde medio punto. La nota máxima que puedes obtener es un diez. Las explicaciones que ofrezco en 1. son amplias. Puedes considerar que tu respuesta es correcta si has proporcionado una explicación es acertada, aunque no entre en todos los detalles o no coincida exactamente con lo que viene a continuación. Te conviene, en cualquier caso, releer la entrada dedicada a la diéresis. Si alguna de las palabras te resulta desconocida, debes buscarla en el diccionario.


1.


a) La diéresis de lengüeta es perfectamente correcta. La misión de este signo es indicar que la u de las secuencias gue, gui se pronuncia (pues normalmente es muda). Lengüeta viene de lengua. No hay más que fijarse en la pronunciación de esta última palabra para darse cuenta de que se pronuncia la u. Esa pronunciación se ha de mantener en el derivado lengüeta. Si no escribiéramos la diéresis, la pronunciación resultante rimaría con segueta, lo que, obviamente, no es correcto. La confusión a que se presta la grafía de esta palabra viene de la alternancia en la escritura entre lengua (sin diéresis) y lengüeta (con diéresis).

b) En ningún caso podría llevar diéresis guateque porque en español este signo solo se escribe sobre la u de las secuencias gue, gui. Esa misma vocal en la secuencia gua se pronuncia siempre, por lo que no hay necesidad de marcar su pronunciación de manera especial en la escritura.

c) Paragüitas se escribe con diéresis. Nos encontramos ante una secuencia guien la que la u se pronuncia y, por tanto, este en uno de los casos en los que se ha de emplear este signo diacrítico. La dificulta que presenta paragüitas es análoga a la señalada en a) arriba: paragüitas viene de paraguas y, en última instancia, de agua. Estas dos últimas palabras se escriben sin diéresis y, por eso, se puede plantear la duda de si una palabra que se deriva de ellas puede necesitar la diéresis.

d) Nunca puede llevar diéresis augurio. Para que aparezca la diéresis tiene que haber una sucesión de tres grafemas que puede ser o güe o güi. En augurio falta el tercero del trío. Esa u se pronuncia siempre y aquí no hay nada que señalar.
e) Agüero, en cambio, sí que necesita la diéresis, pues de lo contrario tendríamos que entender que su pronunciación rima con braguero.


2.


a) averiguo
b) averigüe
c) trilingüe
d) pingüe
e) pingüino
f) pringue
g) contigüidad
h) aguado
i) antigualla
j) antigüedad



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#14 Ge. Pe.

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Publicado el 10 octubre 2012 - 03:48

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Acerca, a cerca: ejercicios


Comprueba si sabes diferenciar en la escritura las secuencias acerca y a cerca. Publicaré las soluciones el jueves 11 de octubre.

1. Descubre todo lo que siempre quisiste saber ______ de la lengua española.

2. ¿Me ______ usted la sal? Gracias.

3. ______ de mí.

4. Las deudas de los últimos años ascienden ______ de un billón de euros.

5. El presidente ha emitido un comunicado ______ de los últimos comunicados emitidos por la oposición.

6. Nuestra organización ayuda ______ de 15 000 niños en nueve países diferentes.

7. Este libro contiene una profunda reflexión ______ de la vida de los protozoos.

8. Las medidas anunciadas por la dirección afectan ______ de la mitad de la plantilla de la empresa.

9. El fuego obliga a desalojar ______ de un centenar de personas en Alicante.

10. ¿Alguien tiene alguna duda ______ del examen?


Categorías:
ejercicios, ortografía


Si pulsan en "billón" se los explicará todo muy bien y será de mucha ayuda para comparar cantidades muy usadas en la prensa. Muy interesante !!!






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#15 Ge. Pe.

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Publicado el 11 octubre 2012 - 04:11

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Acerca, a cerca: soluciones



Estas son las soluciones a los ejercicios de uso de acerca y a cerca. Ponte una nota de cero a diez. Te puede interesar también consultar el artículo sobre el uso de acerca y a cerca.

1. acerca [= sobre].

2. acerca [Se trata de una forma del verbo acercar. Normalmente no plantea problemas, pero tampoco está de más asegurarse de que se está empleando correctamente].

3. Acerca [= sobre].

4. a cerca [= casi].

5. acerca [= sobre].

6. a cerca [= casi].

7. acerca [= sobre].

8. a cerca [= casi].

9. a cerca [= casi].

10. acerca [= sobre].




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#16 Ge. Pe.

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Publicado el 12 octubre 2012 - 06:16

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¡¡¡¡¡ Se aprende mucho !!!


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'Sino' y 'si no': ejercicios


Con este ejercicio puedes repasar la diferencia entre sino (junto) y si no (separado). Rellena los huecos con la secuencia correcta. Cuando los termines, consulta las soluciones.

1. La reducción de plantilla no se hará atendiendo a la producción, ____ a los niveles de incompetencia.

2. Lo de la isla de bolsas de plástico del Atlántico tiene que ser una leyenda urbana; ____, ya estarían organizando cruceros y excursiones.

3. Debemos continuar avanzando, pues ____ nos quedaremos parados.

4. La cuestión no es si va a haber una huelga general, ____ cuándo la va a haber.

5. ____ sabes, ¿para qué te metes?

6. La bollería industrial no solo nos proporciona grasas trans, ____ también azúcares refinados.

7. No hay necesidad de bomberos ____ hay incendios.

8. Tráeme su cabeza en una bandeja y ____, no aparezcas más por aquí.

9. Por ese dinero no le puedo ofrecer un deportivo, ____, como mucho, un patinete.

10. Ni listo ni tonto, ____ todo lo contrario.



‘Sino’ y ‘si no’: soluciones a los ejercicios

Estas son las soluciones a los ejercicios de uso de sino y si no. Corrígelos y califícate de uno a diez para que tengas una idea de dónde estás ortográficamente. Si necesitas más información, tienes una entrada en la que se explica cómo decidir si se debe escribir sino o si no.

1. sino (junto)

2. si no (separado)

3. si no (separado)

4. sino (junto)

5. Si no (separado)

6. sino (junto)

7. si no (separado)

8. si no (separado)

9. sino (junto)

10. sino (junto)



Dentro de las dudas ortográficas hay una serie completa que podemos llamar junto o separado.


La diferencia entre sino y si no ocupa aquí un puesto de (dudoso) honor.


La diferencia gramatical es bastante clara. Sino es una conjunción adversativa y constituye una unidad que se escribe en una sola palabra (1). En cambio, si no es la agregación de una conjunción condicional (si) y una negación (no), como vemos en (2):

(1) ITER debería demostrar no solo que la fusión existe, sino que la tecnología está preparada [Instituto de la Ingeniería de España, acceso: 7-5-2009]

(2) Si no fuera por los sindicatos, aún estaríamos trabajando jornadas de entre 10 y 16 horas, como en el siglo XIX [La Barbarie, acceso: 7-5-2009]



La única pega es que si tuvieras tan claros estos conceptos gramaticales, probablemente no estarías leyendo esta entrada.

Si no andamos muy fuertes en gramática, nuestra tabla de salvación puede ser el oído. Prueba a leer en voz alta lo que vas a escribir. Sino es átono, por lo que se apoya en la palabra siguiente para su pronunciación:

Mariano no es bombero sino trapecista

“mariáno nó és bombéro sino_trapecísta”

En cambio, en la secuencia si no la primera palabra es átona y la segunda es tónica:

Si no lo veo, no lo creo

“si_nó lo_véo, nó lo_créo”

Para asegurarte, lo mejor es que hagas unos ejercicios.

Muchas personas dudan también sobre la escritura de asimismo, así mismo y a sí mismo. Te puede interesar pinchar en el enlace para leer esa entrada.




Hay tres expresiones que se escriben de manera parecida, pero que no debemos confundir: asimismo, así mismo y a sí mismo.

Voy a tratar de ofrecer una explicación práctica, que permita escribirlas correctamente sin entrar en análisis gramaticales.

Asimismo (en una sola palabra) equivale a también o además:

(1) La FAO subrayó asimismo que el alza de los precios del petróleo estimuló los precios de los cultivos agrícolas (‘La FAO subrayó además…’) [El Comercio (Ecuador), 7-11-2007]

Nótese que asimismo no lleva tilde cuando se escribe en una sola palabra.

¿Podríamos escribirlo en dos palabras con este mismo significado? Podemos, pero más bien es indicio de escasa pericia en la redacción. Como regla general, cuando tenemos la opción entre escribir junto o separado, es preferible escribir junto.

Así mismo (en dos palabras) podemos parafrasearlo por de esa misma manera:

(2) Vente así mismo, que tengo la solución (‘Vente de esa misma manera’) [Nicolás Soto: Gris de tiempo gris, acceso 19-11-2011]

Además se puede eliminar mismo sin que cambie el sentido:

(3) Vente así, que tengo la solución

A sí mismo (en tres palabras) tiene significado reflexivo, es decir, indica una acción que el sujeto realiza sobre sí mismo (en lugar de sobre otra persona o cosa):

(4) Comenzó a decirse a sí mismo que esto era una cosa muy seria [Salvador de Madariaga: El corazón de piedra verde]

En lenguaje coloquial se puede sustituir por a él mismo (pero solo en el lenguaje coloquial).

En este tercer caso, mismo puede cambiar de género para referirse, por ejemplo, a una mujer (a sí misma), lo que no es posible con las dos expresiones anteriores:

(5) Ella comenzó a decirse a sí misma que esto era una cosa muy seria

Espero que la explicación haya sido útil, pero eso ya se lo tiene que preguntar cada cual a sí mismo.

Por cierto, si estás leyendo esto, puede que te interesen también estas otras entradas que tratan sobre cuándo hay que escribir junto y cuándo separado: entorno y en torno; sobre todo y sobretodo; alrededor y al rededor; enseguida y en seguida; aparte y a parte; enfrente y en frente; adonde, a donde, adónde, a dónde; deprisa y de prisa; etc. Que lo disfrutes.


(Les damos el enlace donde pueden abrir las expresiones en cursiva)

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#17 Ge. Pe.

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Publicado el 13 octubre 2012 - 07:46

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El género



El género es una categoría gramatical propia del sustantivo y también de los pronombres, adjetivos y determinantes. Todo sustantivo que aparezca en un enunciado en español se podrá adscribir a uno de dos géneros posibles, a saber: masculino o femenino. Así, en el ejemplo (1) es femenino el sustantivo plantas; y masculinos, troncos y árboles.


(1) Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles [Gustavo Adolfo Bécquer: "El rayo de luna", Leyendas]


El sustantivo impone su género a los determinantes y adjetivos de los que se rodea y también a ciertos pronombres. Este es un fenómeno que se conoce como concordancia. En (1) podemos observarlo en el género femenino del determinante las y del adjetivo trepadoras que acompañan a plantas, así como en el artículo los que determina a troncos y árboles y en el adjetivo añosos, que especifica una propiedad de troncos.

La oposición central de género en español es la que contrapone el masculino al femenino. Esta es la única que encontramos en los sustantivos. Adicionalmente, podemos identificar un género neutro que ocupa una posición periférica en el sistema y que se manifiesta, por ejemplo, en los pronombres (2, 3) y en ciertas sustantivaciones con el determinante lo (4):


(2) Esto tiene que ver con el atropello del dichoso perro [Luis Mateo Díez: Las horas completas]

(3) Tenía razón, pero ello no me impidió insultarla de nuevo antes de ponerme los zapatos [Jorge Volpi: El fin de la locura]

(4) —¿Cómo?— pregunté, ya sin tratar de ocultar lo evidente [Javier Cercas: La velocidad de la luz]


Los sustantivos del español se pueden clasificar en dos grandes grupos atendiendo no ya a su género, sino a la relación que mantienen con la categoría de género en sí. Por un lado, tenemos los sustantivos con moción de género, que adoptan el género masculino o el femenino en función del sexo del ser al que se refieren. Lógicamente, los únicos referentes posibles para estos sustantivos son seres humanos y animales sexuados. Ejemplos clásicos son niño -a, gato -a, amigo -a. Por otro lado, encontramos los sustantivos de género inherente, que, o bien son masculinos (libro, árbol), o bien son femeninos (mesa, bondad), y no tienen posibilidad de modificar su género.

Lo más habitual en los sustantivos con moción de género es que el género podamos ubicarlo en su terminación. Por eso cambia el significado de niño cuando sustituyo la -o final por una -a (niña) o el de jef-e cuando lo convierto en jef-a. En los de género inherente, en cambio, no es posible adscribir ese valor semántico a una porción concreta del sustantivo, por lo que hemos de entender que es todo él en conjunto el portador de esta categoría gramatical. Por este motivo, solo podemos hablar propiamente de morfemas o terminaciones de género en los primeros. En los segundos podemos constatar ciertas tendencias, pero que no pasan de ser eso, tendencias. Sin ir más lejos, los que terminan en -o suelen ser masculinos, como libro, suelo o río; pero esto no impide que sean femeninos mano o foto. También tienden a ser femeninos los terminados en -a, como mesa, línea o medicina, pero es fácil encontrar otros que son masculinos (problema, mapa).

Por si esto fuera poco, pueden adoptar cualquiera de los dos géneros un número considerable de los terminados en -o (el testigo, la testigo; el modelo, la modelo) y de los terminados en -a (el atleta, la atleta; el pianista, la pianista). Los sustantivos que, como estos, tienen la facultad de modificar su género sin que ello se manifieste en una alteración de su forma constituyen un grupo particular. Se los denomina sustantivos comunes en cuanto al género.

Otro grupo particular es el de los sustantivos ambiguos en cuanto al género, que pueden presentarse con cualquiera de los dos géneros sin que el cambio de género vaya asociado a un cambio en la referencia del sustantivo. Yo puedo decir el mar o la mar, pero, en cualquier caso, me estaré refiriendo a la misma realidad. No hay que confundir estos con los casos de cambio de género asociado a un cambio de significado y de referencia. No es lo mismo el frente que la frente.

Existen incluso casos de oposición de género por heteronimia. Esto es lo que ocurre con pares como hombre y mujer, toro y vaca, en los que cada género se expresa con una palabra diferente.

Es importante, asimismo, no confundir el género como categoría gramatical con el género como noción sociocultural (qué es lo que significa ser hombre o mujer en una determinada sociedad) y, mucho menos, con el sexo como categoría biológica. Es cierto que se da una relación aproximada en algunos casos. Como hemos visto, los sustantivos que se refieren a seres vivos sexuados suelen modificar su género dependiendo del sexo de su referente. Así, yo utilizo el masculino vecino si me estoy refiriendo a un hombre, y el femenino vecina si me estoy refiriendo a una mujer; león se emplea para nombrar a un macho y leona para una hembra. Sin embargo, esto no siempre se cumple. El femenino víctima se puede referir tanto a hombres como a mujeres, y el masculino ornitorrinco se emplea tanto para machos como para hembras. Los sustantivos que presentan esta particularidad se denominan epicenos.

Los sustantivos epicenos nos dan una primera muestra de que la correlación entre el género gramatical y el sexo es aproximada y limitada. Si esto es así cuando estamos hablando de seres vivos con sexo, en cuanto nos fijemos en los sustantivos que designan realidades asexuadas, comprenderemos que su asignación a uno u otro género es perfectamente convencional. No hay nada en el objeto silla que justifique el género femenino del sustantivo silla, de la misma forma que los cuadernos, en el mundo, no presentan ninguna característica que empuje al sustantivo cuaderno a ser de género masculino. La adscripción de género de sustantivos como silla y cuaderno nos dice algo sobre cómo está hecha la lengua y no sobre cómo está hecho el mundo.
La convencionalidad del género queda también de manifiesto cuando comparamos lenguas diferentes. Por ejemplo, miel es de género femenino en español y, sin embargo, este mismo sustantivo es masculino en francés (le miel). Es más, una misma palabra ha podido tener géneros diferentes en diferentes momentos históricos. Puente fue femenino hasta el siglo XVIII (de lo que han quedado rastros en los múltiples topónimos que contienen la secuencia La Puente y en el apellido homónimo). Hoy, en cambio, es masculino. El sol y la luna son, respectivamente, masculino y femenino en español. Sin embargo, en alemán sus géneros se invierten: die Sonne frente a der Mond, donde los artículos die y der nos indican que el primero es un femenino y el segundo, un masculino.

La conformación misma de los sistemas de género puede presentar diferencias incluso entre lenguas que están estrechamente emparentadas. Los sustantivos del español pueden tener dos géneros: masculino o femenino. Se parecen en esto a los del francés, el italiano o el portugués. Se diferencian, en cambio, de los del latín, griego, alemán y ruso, que tienen tres posibilidades: masculino, femenino y neutro.

En definitiva, si la categoría de género del español pudo tener en sus orígenes remotos una motivación en la categoría extralingüística de sexo, hoy es una noción gramatical altamente abstracta y solo tendremos alguna posibilidad de entenderla si la inspeccionamos a la luz de criterios lingüísticos y procurando sobre todo no confundir, a la manera del pensamiento mágico, lengua y mundo.



Categorías: adjetivo, determinante, gramática, pronombre, sustantivo





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#18 Ge. Pe.

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Publicado el 14 octubre 2012 - 04:59

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Singularia tántum

Se denomina singularia tántum a los sustantivos que solamente aparecen en singular, como, por ejemplo, trigo, leña, perejil, importancia, gravedad, constitucionalidad, vigor, etc. No debemos dejarnos impresionar por la denominación latina. Esta significa, lisa y llanamente, que se trata de sustantivos solamente singulares (en latín tantum significa ‘solamente’, singularia es un neutro plural: ‘singulares’).



Muchos de ellos son sustantivos incontables, como los ejemplos mencionados arriba. En otros casos, más que ser incontables propiamente, lo que ocurre es que se refieren a una realidad que es única en el mundo. Esto se puede ver fácilmente con los nombres de los puntos cardinales. Solamente hay un norte, un sur, un este o un oeste y eso explica que normalmente nos refiramos a ellos en singular.


Como suele ocurrir en lingüística, el uso en singular de estos sustantivos no ha de entenderse como algo absoluto. Lo normal será que se presenten en singular, pero ocasionalmente los podremos encontrar también en plural (a algunos con más facilidad que a otros). La pluralización dará lugar a diversos efectos. A veces son de tipo estilístico. No producen el mismo efecto en el lector las oraciones (1) y (2):

(1) El viento agitaba los trigos de Castilla

(2) El viento agitaba el trigo de Castilla

Ese plural introduce un elemento heterogeneizador y multiplicador en lo que normalmente concebiríamos como una masa única y uniforme.

A veces puede tener un efecto enfático:

(3) Déjate de constitucionalidades, que no tengo hoy humor para andar discutiendo
Puede utilizarse también para referirnos a tipos o variedades diferentes de una misma materia o realidad:

(4) Los aceites españoles ya están tan cotizados como los italianos

Un concepto hermano del de singularia tántum es el de pluralia tántum o sustantivos que solo se utilizan en plural. Nos ocuparemos próximamente de ellos.



Categorías: morfología, sustantivo



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#19 Ge. Pe.

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Publicado el 15 octubre 2012 - 01:30

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Sustantivos comunes en cuanto al género, ambiguos en cuanto al género y epicenos: ejercicios


A continuación vas a encontrar una serie de sustantivos en negrita. Indica a cuál de los siguientes grupos pertenecen en razón de su relación con la categoría de género gramatical: comunes en cuanto al género, ambiguos en cuanto al género o epicenos. Publicaré las soluciones el lunes 15 de octubre.


1. Desde luego, con personas así da gusto.

2. Échale azuquítar.

3. Mamá, quiero ser artista.

4. Me han regalado una iguana muy cariñosa.

5. Me estoy haciendo una tortilla de huevos de avestruz.

6. Todo el país está en manos de terratenientes.

7. Ya me he bañado en seis de los siete mares.

8. ¡A sus órdenes, mi sargento!

9. Pase por aquí, excelencia.

10. ¡Estás hecho un atleta!


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#20 Ge. Pe.

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Publicado el 15 octubre 2012 - 12:08

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Soluciones: sustantivos comunes en cuanto al género, ambiguos en cuanto al género y epicenos

Estas son las soluciones al ejercicio sobre sustantivos comunes en cuanto al género, ambiguos en cuanto al género y epicenos. Yo daré algunas explicaciones para mayor claridad, pero es bastante con que indiques correctamente el grupo al que pertenece el sustantivo en cuestión.

Puntúate de uno a diez.

1. Persona es un sustantivo epiceno. Es siempre de género femenino, pero se puede referir tanto a hombres como a mujeres.


2. Azúcar es ambiguo en cuanto al género (azúcar blanco, azúcar blanca). El que aquí aparezca en diminutivo es indiferente.
Azúcar es un caso especial: normalmente aparece con el determinante el incluso cuando es femenino. Esto es así a pesar de que escapa las reglas que rigen el uso de determinante masculino ante sustantivo femenino (casos como el de el águila o el hacha).

3. Artista es común en cuanto al género. Decimos el artista y la artista.

4. Iguana es un sustantivo epiceno. En el mundo las iguanas son machos y hembras, pero el sustantivo iguana únicamente dispone de género femenino para nombrar a unas y otras.

5. Avestruz es otro caso de sustantivo epiceno. Se dice siempre el avestruz, en masculino, independientemente del sexo del animalito en cuestión. Algunos hablantes, incorrectamente, le asignan género femenino (probablemente por un cruce con ave).

6. Es nombre común en cuanto al género. Se dice el terrateniente y la terrateniente.

7. Mar es un ejemplo clásico de nombre ambiguo en cuanto al género. Podemos decir el mar o la mar y nos estaremos refiriendo siempre a lo mismo.

8. Común en cuanto al género: el sargento y la sargento. Todas las denominaciones de grados militares se emplean como comunes en cuanto al género: el/la coronel, el/la capitán, etc.

9. Tratamientos como excelencia, alteza, señoría, etc. son epicenos. Su género gramatical es femenino, pero se pueden referir tanto a hombres como a mujeres.

10. El atleta, la atleta: común en cuanto al género.


NOTA.



Nombres epicenos




Los nombres epicenos se refieren a seres vivos sexuados.

Son sustantivos que presentan un único género gramatical, ya sea masculino o femenino. Esto supone que no pueden cambiar de género para indicar una diferencia de sexo en los seres a que se refieren.

Muchos sustantivos epicenos son nombres de animales, por ejemplo:
El avestruz, el águila, la avutarda, el besugo, la merluza, la serpiente, el cocodrilo, el hámster, la jirafa, el hipopótamo


Algunos se refieren a personas:
La víctima, la persona, el personaje, el genio, la criatura, el miembro, el vástago, el retoño


Un sustantivo como jirafa es femenino y no puede tener otro género. No podemos formar un masculino cambiando la terminación (jirafo) o sustituyendo el artículo femenino por el masculino (el jirafa). Dado que no disponemos de medios morfológicos, si queremos especificar el sexo del referente, tendremos que recurrir a medios léxicos. Esto es lo que se hace en el siguiente ejemplo, en el que palabras adicionales (macho, hembra) son las encargadas de expresar la diferencia de sexo:


Una pantera macho jugueteaba con una pantera hembra


En este otro ejemplo, para especificar el sexo de la persona de la que se habla se recurre a medios parafrásticos, o sea, se explica:


La víctima era un hombre de 57 años de edad que falleció al salirse de la vía el coche en el que circulaba [...] [Sur Digital (España), 20-10-2007]



Los nombres epicenos no han de confundirse con los ambiguos y comunes en cuanto al género.



Categorías: morfología, sustantivo


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