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Metabolismo - Nutrición humana - Apuntes -


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#1 Ge. Pe.

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Publicado el 04 mayo 2011 - 10:07








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Creemos que es bueno presentar el metabolismo como tema aparte, a pesar de estar incluído dentro de otros rubros del subforo. Pensamos que facilita la búsqueda del concepto.

Lo iniciamos con el material de MSN Encarta (ya publicado) y que ya no se edita.










METABOLISMO



1 INTRODUCCIÓN



Metabolismo, conjunto de reacciones químicas que tienen lugar dentro de las células de los organismos vivos, las cuales transforman energía, conservan su identidad y se reproducen. Todas las formas de vida, desde las algas unicelulares hasta los mamíferos, dependen de la realización simultánea de centenares de reacciones metabólicas reguladas con absoluta precisión, desde el nacimiento y la maduración hasta la muerte. Las células tienen una serie de enzimas o catalizadores específicos que se encargan de activar, controlar y terminar todas estas reacciones, cada una de las cuales está a su vez coordinada con muchas otras que se producen en todo el organismo.





2 ANABOLISMO Y CATABOLISMO



Hay dos grandes procesos metabólicos: anabolismo o fase biosintética y catabolismo o fase degradativa. Se llama anabolismo, o metabolismo constructivo, al conjunto de las reacciones de síntesis necesarias para el crecimiento de nuevas células y el mantenimiento de todos los tejidos. Las reacciones anabólicas incluyen la biosíntesis enzimática de los ácidos nucleicos, los lípidos, los polisacáridos y las proteínas; todos estos procesos necesitan la energía química suministrada por el ATP. El catabolismo es un proceso continuo centrado en la producción de la energía necesaria para la realización de todas las actividades físicas externas e internas. El catabolismo engloba también el mantenimiento de la temperatura corporal e implica la degradación de las moléculas químicas complejas (glúcidos, lípidos y proteínas) en sustancias más sencillas (ácido acético, amoníaco, ácido láctico, dióxido de carbono o urea), que constituyen los productos de desecho expulsados del cuerpo a través de los riñones, el intestino, los pulmones y la piel. En dicha degradación se libera energía química que es almacenada en forma de ATP hasta que es requerida por los diferentes procesos anabólicos.



Las reacciones anabólicas y catabólicas siguen lo que se llaman rutas metabólicas; ambos tipos de rutas se combinan unas con otras para producir compuestos finales específicos y esenciales para la vida. La bioquímica ha determinado la forma en que se entretejen algunas de estas rutas, pero muchos de los aspectos más complejos y ocultos se conocen sólo en parte. En esencia, las rutas anabólicas parten de compuestos químicos relativamente simples y difusos llamados intermediarios. Estas vías utilizan la energía que se obtiene en las reacciones catalizadas por enzimas y se orientan hacia la producción de compuestos finales específicos, en especial macromoléculas en forma de hidratos de carbono, proteínas y grasas. Valiéndose de otras secuencias enzimáticas y moviéndose en sentido contrario, las rutas catabólicas disgregan las macromoléculas complejas en compuestos químicos menores que se utilizan como bloques estructurales relativamente simples.

Cuando el anabolismo supera en actividad al catabolismo, el organismo crece o gana peso; si es el catabolismo el que supera al anabolismo, como ocurre en periodos de ayuno o enfermedad, el organismo pierde peso. Cuando ambos procesos están equilibrados, se dice que el organismo se encuentra en equilibrio dinámico.



3 FUENTES DE ENERGÍA METABÓLICA



Para no incumplir las dos primeras leyes de la termodinámica, el organismo vivo no puede ni crear ni destruir energía, sólo transformarla de unas formas en otras. Así, la clorofila vegetal, que se encuentra en la base de la red trófica, captura la energía de la luz solar y la utiliza para alimentar la síntesis de células vegetales vivas a partir de sustancias inorgánicas como dióxido de carbono, agua y amoníaco. Esta energía, en forma de productos de alto contenido energético (hidratos de carbono, grasas y proteínas) es ingerida por los animales herbívoros y por los carnívoros secundarios, para los que constituye la única fuente energética y de compuestos químicos para la construcción de células.



Por tanto, en última instancia, todos los organismos vivos obtienen la energía del Sol. Cuando se reproduce, cada uno —sea una planta verde, un herbívoro o un carnívoro— transmite ciertas instrucciones genéticas sobre la forma de interceptar, transformar y liberar la energía al medio ambiente durante su ciclo vital. Desde el punto de vista termodinámico, el metabolismo abarca los procesos por medio de los cuales las células interceptan químicamente y distribuyen la energía que de forma constante pasa por su organismo. Las células devuelven la energía libre al entrono fundamentalmente en forma de calor.



4 ALIMENTACIÓN Y ENERGÍA



Todos los organismos dependen de la energía contenida en los alimentos para vivir. Las plantas sintetizan hidratos de carbono, grasas y proteínas durante los periodos en que reciben luz solar, y almacenan estos compuestos para utilizarlos cuando el crecimiento les obliga a consumir grandes cantidades de energía.



La energía que contienen los alimentos se expresa en calorías o julios; en el metabolismo energético, la unidad utilizada suele ser la kilocaloría, que es la cantidad de energía necesaria para elevar en 1 ºC la temperatura de 1 kg de agua. Los hidratos de carbono tienen un contenido medio de 4,1 kilocalorías (17 kilojulios) por gramo; las proteínas de 4,2 kilocalorías (17,5 kilojulios), y las grasas de 9,3 kilocalorías (39 kilojulios). Los organismos recurren a unos u otros tipos de alimentos para satisfacer necesidades especiales. El zorro ártico, por ejemplo, depende casi exclusivamente de las grasas, ligeras y de elevado rendimiento energético. Las semillas, que deben pesar poco y, al mismo tiempo, almacenar grandes cantidades de energía, contienen casi siempre un elevado porcentaje de grasas y aceites. Por el contrario, los árboles cuentan con abundante espacio de almacenamiento en las raíces, y utilizan casi exclusivamente hidratos de carbono en forma de sacarosa.

Cuando los alimentos, en especial hidratos de carbono y grasas, se queman en el organismo animal, rinden la misma cantidad de calorías por gramo que cuando arden rápidamente en un calorímetro de laboratorio. Los aparatos mecánicos desarrollan la misma cantidad de calorías por gramo de combustible que los organismos vivientes. Tanto los sistemas mecánicos como los orgánicos desprenden también grandes cantidades de energía calorífica y proporciones pequeñas de energía útil. El músculo animal rinde casi una caloría útil por cada cuatro desprendidas en forma de calor. Pero, en los organismos animales el calor no se desperdicia por completo, pues es muy necesario —sobre todo en los animales de sangre caliente— para conservar la temperatura del cuerpo y para inducir las reacciones metabólicas, que a temperaturas más bajas serían demasiado lentas y no podrían sostener las funciones orgánicas.

Aunque las células vivas se ajustan a las mismas leyes de transformación de la energía que las máquinas, son mucho más versátiles. Una característica exclusiva de los organismos vivos es la capacidad para consumir los propios tejidos una vez agotadas todas las demás fuentes de energía; otra es que, en lugar de liberar la energía de manera radical utilizando compuestos de combustión rápida, como ocurre en un motor de automóvil, la liberan paso a paso a lo largo de cadenas de reacciones químicas. La energía que desprende una reacción sirve para iniciar otra, de modo que se libera poco a poco a costa de una fatiga celular mínima.



5 USO Y TRANSFERENCIA DE ENERGÍA



Las reacciones químicas que tienen lugar en los tejidos, sujetos tanto a degradación catabólica como a nueva síntesis anabólica, son exergónicas o endergónicas. Las primeras, propias del catabolismo, liberan energía a partir del sistema de sustancias en reacción; las endergónicas, que ocurren durante el anabolismo, necesitan tomar energía del exterior. Cuando las sustancias que intervienen en una reacción endergónica han absorbido energía, pueden iniciar una reacción exergónica. Las reacciones oxidativas desencadenan reacciones endergónicas dentro de las células. Cuando una reacción química activa otra, se dice que ambas están acopladas. El metabolismo es un conjunto de innumerables reacciones que desprenden o absorben energía, conectadas unas a otras en una compleja red intracelular de interrelaciones.



La energía química se intercambia en todas las células vivas por medio de trifosfato de adenosina o ATP, un compuesto que tiene enlaces fosfato ricos en energía. Las plantas utilizan ATP para transferir energía química desde las fuentes fotosintéticas. Al transferir energía a otras moléculas, el ATP pierde uno o dos de sus grupos fosfato, y se transforma en difosfato de adenosina (ADP) o monofosfato de adenosina (AMP). Las plantas transforman estos dos compuestos de nuevo en ATP a expensas de la energía química generada en las células fotosintéticas a partir de energía solar, mientras que los animales utilizan la energía química producida en las células heterotróficas.



6 REGULACIÓN DEL METABOLISMO



El hecho de que células y tejidos mantengan el equilibrio dinámico durante la vida del organismo demuestra con claridad que los procesos metabólicos están sujetos a un control exacto. Células y tejidos mueren continuamente, pero el metabolismo aporta, en un equilibrio casi perfecto, todos los ingredientes químicos necesarios para reponer y crear células y productos celulares nuevos.



Aunque todavía queda mucho por averiguar sobre los procesos metabólicos, los investigadores están de acuerdo en que las enzimas reguladoras o limitadoras de velocidad son elementos primordiales de estas reacciones. Cada una de estas moléculas enzimáticas, que influyen sobre las rutas metabólicas desde sus primeras etapas, tiene un punto específico o activo que encaja en el sustrato o compuesto sobre el cual actúa la enzima y se forma un producto. La precisión con que las enzimas limitadoras de la velocidad y los sustratos se acoplan para iniciar reacciones específicas impide que las reacciones se produzcan de forma indiscriminada dentro de las células, donde hay un continuo fluir de compuestos químicos muy diversos. Cantidades mínimas de una enzima de este tipo pueden inducir cambios profundos en el metabolismo celular.

Otra forma de controlar las rutas metabólicas es la retroalimentación negativa (véase Bio-feed-back). Así, cuando una célula ha sintetizado una cantidad equilibrada de un compuesto, como ATP, la acumulación de dicho producto inhibe a las enzimas que activan su producción.

El metabolismo, sobre todo en los animales superiores, está también regulado por el sistema nervioso, el páncreas, la glándula pituitaria y las glándulas suprarrenales (véase Sistema endocrino). Las hormonas que se vierten en el torrente sanguíneo, alcanzan los tejidos diana y en muchos casos modifican la permeabilidad de las membranas celulares; alteran de ese modo las cantidades de sustancias que entran en las células y salen de ellas. Las hormonas, que también afectan al metabolismo vegetal, cambian las rutas metabólicas, para ello modifican los puntos catalíticos de las enzimas limitantes de la velocidad.



7 METABOLISMO DE LOS ALIMENTOS



Aunque los tres tipos principales de alimentos —proteínas, hidratos de carbono y grasas— tienen distintas composiciones químicas y siguen rutas bioquímicas independientes, en cierta fase de las reacciones metabólicas todos ellos forman compuestos de carbono. Estos compuestos siguen la misma pauta de reacciones oxidativas que terminan por rendir dióxido de carbono y agua, que se excretan del organismo. Cada etapa está formada por varias reacciones bioquímicas muy complejas y convergentes.





7.1 Proteínas



Las proteínas poseen una gran variedad de funciones: pueden actuar como vehículos de transporte, como catalizadores, como elementos estructurales, en los sistemas contráctiles y como elementos nutritivos de reserva. Las proteínas complejas, compuestas por una o varias cadenas polipeptídicas, se absorben en el aparato digestivo y se descomponen por hidrólisis en veinte aminoácidos esenciales, necesarios para el anabolismo celular. Los aminoácidos pueden experimentar nuevas alteraciones químicas que los transforman en compuestos de secreción interna, como hormonas, enzimas digestivas y elementos de protección (anticuerpos). Los aminoácidos que no hacen falta para reponer las células y fluidos orgánicos se catabolizan en dos pasos. El primero es la desaminación oxidativa, que consiste en la separación de la porción de la molécula que contiene nitrógeno, que a continuación se combina con carbono y oxígeno para formar urea, amoníaco y ácido úrico, que son los productos nitrogenados del metabolismo proteico. Después de la desaminación, los aminoácidos experimentan nuevas degradaciones químicas y forman nuevos compuestos que a su vez son catabolizados con frecuencia en rutas bioquímicas comunes a las que se unen compuestos similares derivados del catabolismo de hidratos de carbono y grasas. Los productos finales de estas porciones proteicas son dióxido de carbono y agua.





7.2 Hidratos de carbono



Los hidratos de carbono se absorben en el aparato digestivo en forma de azúcares simples, en especial glucosa, el principal combustible de la mayoría de los organismos vivos. Ésta se mantiene en la sangre a concentración aproximadamente constante y se cataboliza con facilidad para satisfacer las necesidades energéticas del organismo. En este proceso, la molécula de glucosa se descompone en compuestos de carbono que se oxidan a dióxido de carbono y agua, y a continuación se excretan. La glucosa que no se utiliza inmediatamente para la producción de energía se almacena en forma de glucógeno (véase Almidón) en el hígado y los músculos. Cuando estas reservas se colman, la glucosa se convierte en grasa y se deposita en el tejido adiposo. Las plantas también son capaces de almacenar glucosa pero en forma de polímeros, almidón y celulosa. Véase también Metabolismo de glúcidos.





7.3 Grasas



En la digestión, las grasas se hidrolizan o descomponen en glicerina y ácidos grasos. A continuación, éstos se transforman mediante síntesis en triglicéridos, compuestos de colesterol y fosfolípidos, que son grasas combinadas con fósforo que circulan en la sangre. Las grasas pueden sintetizarse en las estructuras del organismo o almacenarse en el tejido adiposo en grandes células especializadas en el almacenamiento de grasa (adipocitos), de las que se toman cuando es necesario. En las fibras del músculo cardiaco se encuentran también pequeñas gotas de grasa que son utilizadas como fuente energética al transformarse en ácidos grasos. Como la glucosa, su catabolismo da lugar a compuestos carbonados que se descomponen en dióxido de carbono y agua.





7.4 Vitaminas



Las vitaminas son compuestos orgánicos esenciales para estimular el metabolismo de aminoácidos, hidratos de carbono y grasas en los organismos vivientes. Algunos de tales organismos, en particular las plantas verdes, sintetizan vitaminas, a menudo en cantidades superiores a las que necesitan. Salvo algunas excepciones, los animales no pueden sintetizar estas sustancias, y deben ingerirlas con los alimentos. Se clasifican en hidrosolubles y liposolubles. Véase Nutrición humana.





8 ERRORES METABÓLICOS CONGÉNITOS



Si una enzima falta del organismo a consecuencia de algún defecto hereditario, queda bloqueada la transformación química que debería regular. En consecuencia, hay productos celulares que dejan de sintetizarse o catabolizarse, de modo que se acumula una cantidad excesiva de otro producto metabólico que lesiona los tejidos, o impide que ciertos materiales intracelulares atraviesen la membrana celular.



Aunque el efecto de ciertos errores metabólicos se manifiesta en la primera infancia, otros sólo se observan en la madurez. Algunos de estos errores pueden ser mortales, otros no parecen ejercer ningún efecto nocivo y otros son persistentes. La enfermedad llamada fenilcetonuria se debe a un error en el metabolismo de los aminoácidos; afecta a los lactantes y determina el bloqueo del metabolismo del aminoácido fenilalanina; los productos metabólicos acumulados (fenilpiruvato) pueden causar un retraso en el desarrollo cerebral normal. La galactosemia es un error del metabolismo de los hidratos de carbono que consiste en la ausencia de la enzima necesaria para que la galactosa se transforme en glucosa; la consiguiente incapacidad para metabolizar los azúcares de la leche determina la acumulación de galactosa en la sangre, lo que puede lesionar el cerebro y el hígado, y favorecer la formación de cataratas y el retraso mental. Véase también Anomalías congénitas; Anomalías genéticas.



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Publicado el 17 mayo 2011 - 12:40






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METABOLISMO Y NUTRICION



Los alimentos pueden definirse como las substancias llevadas al interior del organismo, utilizadas para proporcionar energía, formación y reparación de los tejidos, y regulación de los procesos orgánicos.

En esta clasificación general van comprendidos los hidratos de carbono, proteínas, grasas, agua, sales minerales y vitaminas Los tres primeros son fuentes de energía; los tres restantes, aunque no tienen este carácter, son también esenciales para la vida.

Después de haber ingresado en el cuerpo, las moléculas de los alimentos participan en varias reacciones químicas, las cuales, junto con las restantes actividades químicas de la economía reciben el nombre de metabolismo. La ocurrencia de procesos metabólicos, como se sabe, es una de las características más notables de los seres vivos. Una vez absorbidos los alimentos en el intestino son incorporados a los tejidos u oxidados para proporcionar energía. Parte de esta energía se utiliza en la síntesis de nuevos componentes tisulares, y parte en el funcionamiento celular (transmisión de impulsos nerviosos,contracción de los músculos, secreción de enzimas y así sucesivamente), en tanto otra parte es liberada como calor.

Hay muchas maneras de subdividir el campo general del metabolismo. Podemos estudiar el de un tejido en particular (como, por ejemplo, el metabolismo del hígado) o podemos dedicarnos a las reacciones químicas sufridas por una clase especial de alimentos.

El metabolismo de los hidratos de carbono, pongamos por caso, incluye todas las reacciones químicas que los almidones y azúcares sufren desde el momento en que son ingeridos, hasta que son almacenados después de su digestión y absorción, convertidos en otros constituyentes celulares, u oxidados para proporcionar energía y abandonar finalmente el organismo en forma de bióxido de carbono y agua.

El hombre, al contrario de muchos otros animales, puede adaptarse a muchos regímenes alimenticios. Un organismo humano se acomoda cabalmente a un régimen casi exclusivo de proteínas con una pequeña cantidad de grasas e hidratos de carbono, o a uno casi exclusivo en éstos con escasa cantidad de los otros dos. Incluso los esquimales viven de un régimen prácticamente sin más que grasas.

Las células pueden obtener energía biológicamente útil de cualquiera de los tres tipos de combustibles; la oxidación de un gramo de hidratos de carbono o de proteínas rinde alrededor de cuatro calorías, y la oxidación de un gramo de grasa proporciona unas nueve calorías. Ciertos alimentos como crema batida, mayonesa y mantequilla tienen más calorías por unidad de peso y son más apropiados para engordar, por su gran cantidad de grasa, que las frutas, la carne o el pan. En el régimen alimenticio promedio de las ciudades norteamericanas, una mitad de la energía empleada diariamente se origina en los hidratos de carbono, un tercio en las grasas y un sexto en las proteínas.



METABOLISMO BASAL



De una persona a otro varía mucho el consumo diario de energía según su actividad, peso, sexo, edad y proporciones del cuerpo. Para la comparación de los resultados y la observación de anomalías, es preciso unificar las condiciones del examen. Si un sujeto está acostado y en descanso completo, unas 12 horas después de su última comida, la energía desplegada servirá en parte para mantener la pulsación cardiaca y los movimientos respiratorios, pero sobre todo para conservar la temperatura corporal. La cantidad de energía empleada por el organismo únicamente para mantenerse vivo (sin gasto adicional por la digestión nl por movimientos musculares) se llama metabolismo basal. El metaboiismo basal de un adulto joven es de unas 1 600 calorías diarias, con unvalor de
5 por 100 inferior en la mujer. Dicho de otro modo, si un adulto joven permaneciese en la cama durante 24 horas sin comer ni moverse, gastaría 1 600 calorías sólo para mantenerse viva. Después de haber calculado el metabolismo basal en miles de personas de diferente edad, sexo y superficie cutánea, se han compuesto cuadros donde se expresa para cada circunstancia su metabolismo basal normal; este metabolismo es proporcional a la superficie cutánea, calculándose según la tallo y el peso. Una persona normal gasta 40 calorías cada hora por metro cuadrado de superficie.

Como las reacciones químicas se aceleran al aumentar la temperatura, el metabolismo basal aumenta en 5 por 100, aproximadamente, por cada grado de elevación de la temperatura corporal. Por eso se pierde peso durante las enfermedades febriles.

El metabolismo puede medirse por la cantidad de calor desprendido. El sujeto se instalo en una cámara aislada, rodeada de agua, de manera que se puedan registrar los aumentos de temperatura del aire del recinto y de las paredes de agua. Un procedimiento más sencillo mide el consumo de oxígeno durante un lapso breve; como la producción de energía y la producción de calor dependen de la oxidación de la glucosa y otros alimentos, la cantidad de calor producido podrá ser calculada por la cantidad de oxígeno consumido.

Necesidades energéticas. Si un individuo permanece acostado durante 24 horas y en ese tiempo come, gastará unas 1 800 calorías, las 200 de más son necesarias para los movimientos de los músculos del aparato digestivo y la secreción de jugos. Las personas que llevan existencia sedentaria expenden unas 2500 calorías diarias, pues las 700 adicionales han de proporcionar energía para las contracciones de los músculosy el trabajo del corazón. Con trabajos físicos Intensos el gasto diario de energía puede llegar a las 6 000 calorías.

Si la cantidad de calorías ingresadas como alimento equilibra las necesidades energéticas, el peso del organismo no varía. Muchas personas logran ese equilibrio, de modo que su peso persiste invariable durante años. Por otra parte, en los adüjtos mayores hay tendencia a ganar peso ya que la actividad física, pero no el apetito, disminuye con la edad; un exceso de 10 calorías diarias da lugar a ganar hasta un kilo de peso al año.

Si el ingreso calórico es inferior a las necesidades energéticas, el organismo recurre a sus reservas. Las primeras utilizadas son los hidratos de carbono, almacenados como glucógeno en el hígado y músculos.

Después se retiran grasas de los depósitos, las cuales se metabolizan para obtener energía. El varón adulto tiene en reserva unos
9 Kg de grasa, en tanto la mujer llega a unos 11 Kg (aproximada y respectivamente, el 15 y el 21 por 100 del peso total). Las calorías de las grasas almacenadas podrían dar energía para cinco a siete semanas de vida. Finalmente las células metabolizan sus propias enzimas y proteínas estructurales, primero de los músculos estriados, y después del corazón, órganos internos, y encéfalo, hasta que sobreviene la muerte.



ALIMENTOS ENERGETICOS



Hidratos de carbono. Los azúcares y almidones son las principales fuentes de energía del régimen alimenticio humano; sin embargo, no son esenciales, pues el organismo puede obtener energía de una mezcla de proteínas y grasas. Los hidratos de carbono son los alimentos más baratos considerados económicamente, lo que explica su gran participación en la mayoría de los regímenes. El ácido cítrico de las frutas cítricas, y el málico de las manzanas y tomates pueden servir como fuente de energía.

Grasas. Las grasas sólidas y aceites son los alimentos más concentrados, pues no sólo proporcionan más del doble de calorías por gramo que las proteínas e hidratosde carbono, sino que contienen menos agua que esas substancias. Se digieren yabsorben más lentamente que otros alimentos, lo que explica que no se sienta apetito tan pronto después de comer grasas como después de comidas en que predominan las proteínas y los hidratos de carbono. Las grasas son hidrolizadas para producir glicerol y ácidos grasos. El organismo puede sintetizar la mayoría de éstos; los que no pueden sintetizarse forzosamente tienen que ingerirse, por lo que se llaman 'esenciales". la cantidad de ácidos grasos esenciales es pequeña, proporcionada casi conseguridad en cada tipo de régimen alimenticio. Su calidad de esenciales se descubrió al criar animales con piensos muy purificados, de los cuales se habían eliminado químicamente algunos elementos. Las grasas y aceites tienen también importancia como fuentes de vitaminas liposolubles.

Proteínas. Desde el punto de vista económico, las proteínas son los alimentos más caros, de modo que en muchos casos se regula su ingestión por las posibilidades financieras de la persona. Sin embargo, debe haber un constante suministro de proteínas en los alimentos para substituir las que se metabolizan cada día, incluso en los adultos cuyo crecimiento se ha completado. En lós niños en crecimiento, en los mujeres gestantes, en las personas que salieron de una enfermedad consuntiva (o sea en todos los individuos cuyas células llevan a cabo una síntesis neta de proteínas), el ingreso de éstas debe exceder al gasto. Es difícil precisar qué cantidad de proteínas es necesaria al día para conservar la salud, pues depende de la calidad de las ingeridas y del resto de los alimentos consumidos en el régimen.

Las proteínas difieren notablemente por la clase de aminoácidos que contienen. Al sintetizar las células un tipo especial de proteína, deberán tener a su disposición todos los aminoácidos que a componen, pues con uno solo que falte no pueden obtener la proteína. Las células animales pueden elaborar ciertos aminoácidos, pero no todos, y estos últimos, llamados también "esenciales", deben ser proporcionados con los alimentos. Hay 10 aminoácidos necesarios al organismo humano; las proteínas que los contienen todos se llaman "proteínas bases". La leche, la carne y los huevos contienen proteínas biológicamente adecuadas, pero a la proteína del maíz le faltan dos aminoácidos esenciales, de modo que un animal en que el maíz es la única fuente de proteínas, pierde peso y acaba por sucumbir. Si los dos aminoácidos que faltan, el triptófano y la lisina, se añaden a la ración, el crecimiento normal se reemprende. A la gelatina le hacen falta tres de los aminoácidos esenciales. Si se ingiere uno mezcla de diferentes proteínas se evito proporcionalmente el riesgo de sufrir la carencia de alguno de los aminoácidos esenciales. Cada régimen alimenticio debe contener la cantidad conveniente de todos los aminoácidos esenciales, de modo que lo necesaria de proteínas para mantener la salud es la que provee de todos ellos, incluso las que se requieren en menor cantidad. Es posible para un adulto conservar el estado saludable con sólo 25 g de proteínas al día, pero son preferibles cantidades superiores, entre 70 y 100g. Si se ingiere una cantidad de proteínas en exceso, se convierte en grasas o hidratos de carbono, para ser almacenados como reserva de energía.

Debido a que el nitrógeno es un componente de las proteínas, pero no de los hidratos de carbono o de las grasas neutras, se podrá medir la cantidad de nitrógeno en la orina y los materias fecales, a la vez que el de los alimentos ingeridos, de lo que se deducirá si el organismo conservosu equilibrio nitrogenada, y por lo tonto proteínico. Si el ingreso diario denitrógeno es inferior al eliminado por la arma y los materias fecales, se diceque el "balance nitrogenado" es negativo.

Poco después de ingerir las proteínas, aumentatemporalmente el metabolismo hasta un 30 por 100 sobre su límite basal, por loque se supone ser la energía necesaria paro transformar alguno de losaminoácidos en hidratos de carbono o grasas. Este fenómeno se llamo la accióndinámica específica de las proteínas. Depende de cierto acción del hígado sobre los aminoácidos, pues si se administran proteínas o un animal privado experimentalmente de hígado, el metabolismo no aumenta. Un animal puede sobrevivir más de 48 horas después de la extirpación de su hígado si se le administra glucosa por vía intravenosa, pero acaba por morir debido al acúmulo de amoniaco. En el animal normal, las enzimas de células hepáticas transforman el amoniaco en urea.


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Publicado el 29 junio 2011 - 04:24







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El metabolismo

Nuestros cuerpos obtienen la energía que necesitan de los alimentos a través del metabolismo, un conjunto de reacciones químicas que tienen lugar en las células del cuerpo que permite transformar la energía que contienen los alimentos en el combustible que necesitamos para todo lo que hacemos, desde movernos hasta pensar y crecer.

Aspectos fundamentales




En nuestros cuerpos hay unas proteínas específicas que controlan las reacciones químicas del metabolismo, y todas esas reacciones químicas están coordinadas con otras funciones corporales. De hecho, en nuestro interior tienen lugar miles de reacciones metabólicas simultáneamente - todas ellas reguladas por nuestro organismo- que hacen posible que nuestras células estén sanas y funcionen correctamente. El metabolismo es un proceso constante que empieza en el momento de la concepción y termina con la muerte. Es un proceso vital para todas las formas de vida, no solo para los seres humanos. Si se detiene el metabolismo en un ser vivo, a este le sobreviene la muerte. He aquí un ejemplo de cómo funciona el proceso del metabolismo en los seres humanos -y empieza con las plantas. En primer lugar, las plantas verdes obtienen energía a partir de la luz solar. Las plantas utilizan esa energía y una molécula denominada clorofila (que les proporciona su color verde característico) para fabricar azúcares a partir de agua y dióxido de carbono, un proceso denominado fotosíntesis.

Cuando las personas y los animales ingieren plantas (o, si son carnívoros, ingieren carne de animales que han comido plantas), incorporan esa energía (en forma de azúcar), junto con otras sustancias químicas fundamentales para fabricar células. El siguiente paso consiste en descomponer el azúcar a fin de que la energía producida en el proceso pueda llegar a todas las células del cuerpo, que la utilizarán como combustible. Cuando ingerimos un alimento, unas moléculas presentes en el sistema digestivo denominadas enzimas descomponen las proteínas en aminoácidos, las grasas en ácidos grasos y los hidratos de carbono en azúcares simples (como la glucosa). Aparte del azúcar, el cuerpo puede utilizar tanto los aminoácidos como los ácidos grasos como fuentes de energía cuando los necesita. Estos compuestos son absorbidos por la sangre, que es la encargada de transportarlos a las células corporales. Una vez en el interior de las células, intervienen otras enzimas para acelerar o regular las reacciones químicas necesarias para "metabolizar" esos compuestos. Durante estos procesos, la energía procedente de los compuestos se puede liberar para que pueda utilizarla el cuerpo o bien almacenar en los tejidos corporales, sobre todo en el hígado, los músculos y la grasa corporal. De este modo, en el fondo el metabolismo es una especie de malabarismo en el que intervienen simultáneamente dos tipos de actividades: la fabricación de tejidos corporales y la creación de reservas de energía, por un lado, y la descomposición de tejidos corporales y de reservas de energía para obtener el combustible necesario para las funciones corporales, por el otro:

El anabolismo, o metabolismo constructivo, consiste en fabricar y almacenar: es la base del crecimiento de nuevas células, el mantenimiento de los tejidos corporales y la creación de reservas de energía para poderlas utilizar en el futuro. Durante el anabolismo, moléculas simples y de tamaño reducido se modifican para construir moléculas de hidratos de carbono, proteínas y grasas más complejas y de mayor tamaño.



El catabolismo, o metabolismo destructivo, es el proceso mediante el cual se produce la energía necesaria para todas las actividades celulares. En este proceso las células descomponen moléculas de gran tamaño (mayoritariamente de hidratos de carbono y grasas) para obtener energía.

La energía producida, aparte de ser el combustible necesario para los procesos anabólicos, permite calentar el cuerpo, moverlo y contraer los músculos. Cuando se descomponen compuestos químicos en sustancias más simples, los productos de desecho secretados en el proceso se expulsan fuera del cuerpo a través de la piel, los riñones, los pulmones y los intestinos.




Varias hormonas fabricadas por el sistema endocrino se encargan de controlar la velocidad y el sentido del metabolismo, es decir, si este es anabólico o catabólico. La tiroxina, una hormona producida y segregada por la glándula tiroidea, desempeña un papel fundamental en la determinación de la velocidad a la que se producen las reacciones químicas del metabolismo en el cuerpo de una persona. Otra glándula, el páncreas, segrega hormonas que ayudan a determinar si la principal actividad metabólica del cuerpo en un momento dado será anabólica o catabólica. Por ejemplo, después de una comida copiosa predomina el anabolismo sobre el catabolismo porque el hecho de comer aumenta la concentración de glucosa -el principal combustible del cuerpo- en sangre. El páncreas capta la mayor concentración de glucosa y segrega la hormona insulina, que indica a las células que aumenten sus actividades anabólicas.



El metabolismo es un proceso químico complejo, por lo que no es de extrañar que mucha gente tienda a simplificarlo, concibiéndolo simplemente como algo que influye en lo fácilmente que nuestros cuerpos ganan o pierden peso. Es ahí donde entran en juego las calorías. Una caloría es una unidad que mide cuánta energía proporciona al cuerpo determinado alimento. Una barrita de chocolate contiene más calorías que una manzana, lo que significa que aporta al cuerpo más energía -y a veces más de la que este necesita.

Del mismo modo que un coche almacena la gasolina en el depósito hasta que la necesita para alimentar al motor, el cuerpo almacena calorías -principalmente en forma de grasa. Si se llena excesivamente el depósito de gasolina de un coche, este se desbordará y la gasolina se derramará sobre la calzada. Del mismo modo, si una persona ingiere demasiadas calorías, estas "se desbordarán" en forma de exceso de grasa corporal. La cantidad de calorías que quema una persona en un día está influida por la cantidad de ejercicio físico que hace, la cantidad de grasa y músculo que contiene su cuerpo y su metabolismo basal. El metabolismo basal es una medida de la velocidad a la que una persona "quema" energía, en forma de calorías, en estado de reposo. El metabolismo basal puede desempeñar un papel en la tendencia de una persona a ganar peso. Por ejemplo, una persona con un metabolismo basal lento (es decir, que quema pocas caloría mientras descansa o duerme) tenderá a ganar más peso que una persona de la misma talla con un metabolismo basal promedio que coma la misma cantidad de alimento y haga la misma cantidad de ejercicio.




¿Qué factores influyen sobre el metabolismo basal de una persona? Hasta cierto punto, el metabolismo basal se hereda. A veces los problemas de salud pueden repercutir sobre el metabolismo basal. Pero, de hecho, una persona puede modificar hasta cierto punto su metabolismo basal. Por ejemplo, si una persona empieza a hacer más ejercicio, no solo quemará más calorías directamente a través de la actividad física sino que el hecho de estar más en forma también acelerará su metabolismo basal. El metabolismo basal también está influido por la composición corporal -las personas que tienen más músculo y menos grasa suelen tener un metabolismo basal más rápido. Problemas que pueden afectar al metabolismo En sentido amplio, un trastorno metabólico es cualquier afección provocada por una reacción química anómala en las células del cuerpo. La mayoría de trastornos metabólicos obedecen bien a la existencia de concentraciones anómalas de enzimas u hormonas en sangre o bien a problemas en el funcionamiento de esas enzimas u hormonas. Cuando determinadas sustancias químicas no se pueden metabolizar o se metabolizan inadecuadamente, esto puede provocar una acumulación de sustancias tóxicas en el cuerpo o una deficiencia de sustancias necesarias para el funcionamiento normal del cuerpo; ambas situaciones pueden provocar síntomas graves. Algunas enfermedades metabólicas se heredan. Estas enfermedades se conocen como errores congénitos del metabolismo. Los recién nacidos se someten sistemáticamente a pruebas de cribado con el fin de detectarles cuanto antes muchas de estas enfermedades metabólicas. Muchos de estos errores congénitos del metabolismo pueden provocar graves complicaciones o incluso la muerte si no se controlan a través de la dieta o con medicación desde muy pronto.



Ejemplos de este tipo de trastornos incluyen:



Deficiencia de G6PD. La G6PD (Glucosa -6- fosfato deshidrogenada; las siglas proceden del inglés) es una de las muchas enzimas que regulan el metabolismo celular. La G6PD, fabricada en los glóbulos rojos, ayuda al cuerpo a metabolizar los hidratos de carbono. Cuando no hay una cantidad suficiente de G6PD en sangre, los glóbulos rojos no se pueden proteger de los efectos destructivos de ciertas sustancias químicas, lo que determina que se deterioren o destruyan, un trastorno conocido como anemia hemolítica. En un proceso denominado "hemólisis", los glóbulos rojos se destruyen prematuramente, y la médula ósea (la parte blanda y esponjosa del tejido óseo donde se fabrican glóbulos rojos) no puede fabricar nuevos glóbulos rojos a un ritmo lo bastante rápido para compensar las pérdidas. Los niños con deficiencia de G6PD pueden estar pálidos y/o cansados y tener la frecuencia cardiaca y respiratoria aceleradas. También pueden tener el bazo engrosado y/o ictericia -amarillamiento de la piel y el blanco de los ojos. La deficiencia de G6PD se suele tratar interrumpiendo la administración de los medicamentos que la provocaron en primer lugar o tratando la enfermedad o infección que está provocando la destrucción de glóbulos rojos.




Galactosemia. Los bebés que nacen con este problema no tienen suficiente cantidad de la enzima encargada de descomponer el azúcar de la leche, denominado galactosa. Esta enzima se fabrica en el hígado. Si el hígado no fabrica suficiente cantidad de esta enzima, la galactosa se acumula en la sangre, pudiendo provocar graves problemas de salud. Los síntomas suelen aparecer durante los primeros días de vida e incluyen vómitos, inflamación del hígado e ictericia. Si no se diagnostica y trata a tiempo, la galactosemia puede provocar lesiones hepáticas, renales y cerebrales.




Hipertiroidismo. El hipertiroidismo se debe a una glándula tiroidea excesivamente reactiva. Esta glándula segrega una cantidad excesiva de tiroxina, lo que acelera el metabolismo basal. Provoca síntomas como pérdida de peso, aceleración de la frecuencia cardiaca, hipertensión arterial, ojos saltones y una inflamación en el cuello consecuente al engrosamiento de la glándula tiroidea (bocio). Esta enfermedad se puede controlar mediante mediación, cirugía o radioterapia.




Hipotiroidismo. El hipotiroidismo se debe a una glándula tiroidea inexistente o poco reactiva y suele ser consecuencia de un problema evolutivo o de una enfermedad que destruye la glándula tiroidea. Esta glándula segrega una cantidad insuficiente de tiroxina, lo que ralentiza el metabolismo basal. En los lactantes y niños que no reciben el tratamiento adecuado, el hipotiroidismo puede provocar retraso mental y del crecimiento. El hipotiroidismo ralentiza los procesos corporales y provoca fatiga, descenso de la frecuencia cardiaca, excesiva ganancia de peso y estreñimiento. Los niños y jóvenes a quienes les diagnostican este trastorno se pueden tratar con hormona tiroidea administrada por vía oral a fin de normalizarles la concentración de hormona tiroidea en sangre.




Fenilcetonuria. Este trastorno está provocado por un defecto en la enzima encargada de descomponer el aminoácido fenilalanina. Este aminoácido es necesario para el crecimiento normal en los lactantes y niños y para la fabricación de proteínas pero, cuando se acumula en exceso, puede afectar al tejido cerebral, provocando retraso mental. El diagnóstico precoz y las restricciones dietéticas para impedir que se acumule la fenilalanina en el cuerpo permiten evitar o atenuar la gravedad de estas complicaciones.




Diabetes tipo 1. La diabetes tipo 1 ocurre cuando el páncreas no produce o secreta suficiente insulina. Los síntomas de esta enfermedad incluyen orinar en exceso, tener mucha sed y mucha hambre y perder peso. A la larga, esta enfermedad puede provocar problemas renales, dolor provocado por lesiones neuronales, ceguera y enfermedad cardiovascular. Los niños y jóvenes que padecen diabetes tipo 1 necesitan inyectarse insulina regularmente y controlarse la concentración de azúcar en sangre a fin de reducir el riesgo de desarrollar problemas de salud derivados de la diabetes.




Diabetes tipo 2. La diabetes tipo 2 ocurre cuando el cuerpo no responde a la insulina con normalidad. Los síntomas de este trastorno son parecidos a los de la diabetes tipo 1. Muchos niños que desarrollan este tipo de diabetes tienen sobrepeso, por lo que se cree que este factor desempeña un papel importante en su menor reactividad a la insulina. Algunas personas responden bien a los cambios dietéticos, combinados con ejercicio y medicación por vía oral, pero hay casos en que son necesarias las inyecciones de insulina. Controlar la concentración de azúcar en sangre reduce el riesgo de desarrollar los mismos problemas de salud a largo plazo derivados de la diabetes tipo 1.





Revisado por: Steven Dowshen, MD Fecha de la revisión: mayo de 2009









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Recordemos:



El metabolismo se refiere a todos los procesos físicos y químicos del cuerpo que convierten o usan energía, tales como:



Respiración



Circulación sanguínea



Regulación de la temperatura corporal



Contracción muscular



Digestión de alimentos y nutrientes



Eliminación de los desechos a través de la orina y de las heces



Funcionamiento del cerebro y los nervios




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Publicado el 08 julio 2011 - 03:09

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Apuntes...

Un formato en ISO que hay que bajar y grabar.

Un multimedia de metabolismo muy bueno.

Enlace ACÁ

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#5 Ge. Pe.

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Publicado el 27 enero 2012 - 02:56

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Imágenes de la red...

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Regulación de la temperatura en los mamíferos

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Opción abierta:



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Publicado el 28 mayo 2012 - 05:15

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Avitaminosis



Avitaminosis, enfermedad producida por déficit de vitaminas.


Se clasifican según la vitamina deficitaria, aunque algunas tienen nombres propios: xeroftalmia (‘ojos secos’), por causa de la vitamina A; beriberi (denominación del temblor característico), por la B1; pelagra (enrojecimiento y descamación cutáneas), por la B3; anemia perniciosa (resistente al tratamiento con hierro), por la B12; escorbuto, por la C; raquitismo infantil (talla y desarrollo óseo deficitarios) y osteomalacia del adulto (‘huesos blandos’), ambas por la D.

El déficit vitamínico puede deberse a falta de ingesta, malabsorción intestinal, mala utilización metabólica o aumento de demandas. La falta de ingesta se origina por carencia de recursos (hambrunas del Tercer Mundo, poca ingesta proteica por pobreza), dietas inadecuadas (adelgazamiento incontrolado, vegetarianismo, caprichos y errores alimentarios psicológicos o psiquiátricos, anorexia nerviosa) o falta de alimentos frescos (escorbuto de los navegantes). La malabsorción puede ser localizada (como ocurre en los casos en los que hay un déficit selectivo en el íleon terminal) o generalizada (como en la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn, el alcoholismo, la malabsorción de los ancianos, la gastritis crónica y las neoplasias intestinales). La mala utilización metabólica suele deberse a efectos secundarios de fármacos (antineoplásicos antifólicos). El aumento de la demanda es típico de la gestación, la lactancia o la pubertad con su crecimiento rápido.


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Publicado el 08 junio 2012 - 11:34

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Nutrición humana



1 INTRODUCCIÓN

Nutrición humana, conjunto de procesos mediante los cuales el cuerpo humano transforma y utiliza los nutrientes para obtener energía, así como para mantener y reparar los tejidos.

El organismo necesita adquirir un aporte externo de materia, imprescindible para conseguir las sustancias que regulan los procesos metabólicos, la energía necesaria para realizar las numerosas reacciones químicas que constituyen el metabolismo, y la materia necesaria para construir y reparar los tejidos (función reguladora, energética y plástica).
La nutrición es un proceso involuntario que comprende la absorción y las transformaciones que experimentan los nutrientes para convertirse en sustancias químicas sencillas. Sin embargo, la alimentación es un proceso voluntario y consciente mediante el cual el ser humano lleva a cabo la ingestión de alimentos ricos en materia orgánica e inorgánica.

2 LOS NUTRIENTES

Los nutrientes son sustancias químicas que componen los alimentos. Se consideran nutrientes las proteínas, los hidratos de carbono (glúcidos o carbohidratos), los lípidos, las vitaminas, los minerales y el agua.
Se pueden clasificar en macronutrientes y micronutrientes. Los primeros incluyen las proteínas, los lípidos y los hidratos de carbono, que se encuentran en grandes cantidades en los alimentos. Nuestro organismo requiere un aporte importante de macronutrientes y, por lo general, necesita descomponerlos en moléculas más pequeñas para que puedan ser absorbidas y utilizadas. Los micronutrientes comprenden las vitaminas y los minerales, que se encuentran en menor proporción en los alimentos y que, a pesar de ser imprescindibles, las cantidades que nuestro organismo requiere son muy pequeñas.
Los alimentos también contienen agua. Este es el nutriente que nuestro organismo requiere en mayor cantidad (unos dos litros diarios), ya que el agua es la sustancia más abundante del cuerpo humano (65%) y el medio en el que se realizan casi todas las reacciones químicas que tienen lugar en el organismo.
Reciben el nombre de nutrientes esenciales aquellos que el organismo no puede sintetizar o no es capaz de hacerlo en las cantidades que el cuerpo necesita y, por tanto, deben incorporarse necesariamente a través de la dieta. Dentro de los nutrientes esenciales se encuentran algunos aminoácidos, ácidos grasos, vitaminas y minerales.

3 ENERGÍA

Los macronutrientes, es decir, los hidratos de carbono, los lípidos y las proteínas, aportan la energía necesaria para llevar a cabo las reacciones metabólicas. Nuestro organismo utiliza esa energía para realizar las actividades vitales y para mantener una temperatura constante. Mediante el empleo del calorímetro, los científicos han podido determinar las cantidades de energía de los combustibles del cuerpo. Un gramo de hidrato de carbono puro o de proteína pura producen 4 calorías y un gramo de grasa pura produce unas 9 calorías. Para expresar la cantidad de energía que aporta un alimento se utilizan las kilocalorías. En nutrición, la kilocaloría (kcal) se define como la energía calorífica necesaria para elevar la temperatura de 1 kilo de agua de 14,5 a 15,5 ºC. Los hidratos de carbono son los nutrientes más abundantes, mientras que las grasas constituyen el combustible más concentrado y más fácil de almacenar. Si el cuerpo agota sus reservas de grasas e hidratos de carbono, puede utilizar directamente las proteínas de la dieta o descomponer su propio tejido proteico para generar combustible.
En las personas sanas el gasto energético diario es la suma del gasto energético en reposo (basal), es decir, las calorías necesarias para mantener las funciones vitales (1.100 a 1.600 kcal en adultos); el gasto debido a la actividad diaria (entre 500 y 1.500 kcal); el gasto producido por el crecimiento (entre 100 y 300 kcal) y el gasto energético adaptativo que es cuantitativamente poco importante.

4 FUNCIONES DE LOS NUTRIENTES
Las funciones de las diversas categorías de nutrientes se describen a continuación.

4.1 Proteínas

Nuestro cuerpo contiene entre un 12% y un 18% de proteínas. Estos nutrientes desempeñan funciones estructurales, de defensa, regulación y transporte. Así, la función principal de muchas proteínas es asegurar el crecimiento y permitir la reparación de los tejidos dañados, ya que forman parte de la estructura de las células. Las enzimas, otras proteínas, participan en determinadas actividades fisiológicas acelerando las reacciones bioquímicas, y los anticuerpos defienden nuestro organismo frente a microorganismos invasores. Ciertas proteínas, como la hemoglobina, realizan una función de transporte.
Las proteínas están formadas por unidades estructurales básicas, llamadas aminoácidos, que se unen entre sí mediante enlaces peptídicos formando largas cadenas. Los aminoácidos están compuestos por carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y azufre. La gran diversidad de proteínas que existe se debe a la enorme variedad en el número o secuencia de aminoácidos.
Las proteínas animales y vegetales no se utilizan en la misma forma en que son ingeridas, sino que las enzimas digestivas (proteasas) deben descomponerlas en aminoácidos. Las proteasas rompen los enlaces de péptidos que ligan los aminoácidos para que estos puedan ser absorbidos por el intestino. De los 20 aminoácidos que componen las proteínas, ocho se consideran esenciales y, como el organismo no puede sintetizarlos, deben obtenerse a través de los alimentos. Por lo tanto, para mantener la salud y el crecimiento es muy importante seguir una dieta que contenga los aminoácidos esenciales.
Las proteínas son nutrientes que no se almacenan en el organismo, por lo que es necesario incluirlas en la dieta diaria. La cantidad de proteínas que se debe ingerir cada día depende de muchos factores, como la edad o el estado de salud. Por lo general, las necesidades proteicas de un adulto sano son aproximadamente 0,8-1 g/kg de peso y día. Cuando se ingieren proteínas en exceso, lo cual es frecuente en países con dietas ricas en carne, las proteínas sobrantes se descomponen en compuestos productores de energía, sin embargo, su combustión es más compleja que la de otros nutrientes y los residuos metabólicos que se producen son más tóxicos.
La calidad nutricional de una proteína viene determinada por la cantidad de aminoácidos esenciales que la forman. Las proteínas que proceden de los alimentos de origen animal contienen, por lo general, más aminoácidos esenciales y por lo tanto mayor calidad nutricional que las proteínas de origen vegetal; sin embargo, las proteínas de origen animal son más difíciles de digerir, ya que sus moléculas son más grandes y complejas y suelen ir acompañadas de grasas saturadas de origen animal. Si las proteínas de origen vegetal se combinan adecuadamente pueden proporcionar un aporte completo y equilibrado de aminoácidos esenciales; así, por ejemplo, las proteínas del arroz contienen todos los aminoácidos esenciales excepto la lisina por lo que sería necesario combinarlo con legumbres, como lentejas o garbanzos, ricas en este aminoácido. Se recomienda combinar en la dieta diaria proteínas de origen animal con proteínas vegetales en una proporción que oscila entre la tercera parte y el cincuenta por ciento del aporte de proteínas de origen animal, las cuales son más ricas en aminoácidos esenciales. Dentro de las proteínas de origen animal son preferibles las que proceden de los huevos y los lácteos frente a las de los pescados, las aves y las carnes rojas o de cerdo, en este orden de preferencia.

4.2 Hidratos de carbono (glúcidos o carbohidratos)

Los hidratos de carbono son compuestos orgánicos que constituyen solo de un 2 a un 3% de masa corporal. Nuestro organismo los utiliza como fuente principal de energía rápida, energía que obtiene de su combustión en el metabolismo. Los seres humanos también obtienen energía, aunque de manera más compleja, de las grasas y las proteínas de la dieta, así como del alcohol. Frente a otras fuentes de energía (proteínas o grasas que originan amoniaco o cuerpos cetónicos) los hidratos de carbono son la que producen menos residuos tóxicos. La glucosa es el combustible celular más importante y, de hecho, es el único que emplea el tejido nervioso. Además, otros hidratos de carbono se emplean como reservorios de energía (como el glucógeno que se almacena en el hígado y en el músculo esquelético) o constituyen unidades estructurales (como la desoxirribosa que formar parte del ácido desoxirribonucleico).
Los hidratos de carbono más simples o monosacáridos son la glucosa, la fructosa y la galactosa y se absorben en el intestino sin necesidad de digestión previa. El más abundante es la glucosa, que no se encuentra libre en los alimentos excepto en la miel.
La unión de dos monosacáridos forma disacáridos, como la maltosa (glucosa-glucosa), la sacarosa (glucosa-fructosa) y la lactosa (glucosa-galactosa). Estos hidratos de carbono tienen sabor dulce y su absorción intestinal es rápida.
Cuando se unen más de diez moléculas de glucosa se forman polisacáridos como la celulosa, el almidón y el glucógeno. Los polisacáridos carecen de sabor dulce y su absorción intestinal es más lenta. La celulosa es el material de sostén de las plantas y está formada por moléculas de glucosa fuertemente unidas. Si bien nuestro organismo no es capaz de digerir la celulosa, este polisacárido es fundamental en nuestra dieta, ya que a pesar de carecer de valor nutricional o energético, la celulosa es el principal componente de la fibra dietética que va a facilitar el tránsito intestinal de los alimentos, mejorar la absorción de los nutrientes y aumentar el volumen de las heces. La fibra está formada por los componentes no digeribles de los alimentos vegetales. Está presente en la piel y la carne de las frutas, la cáscara de los granos y la materia fibrosa de los vegetales. Se recomienda que una parte de la fibra de la dieta proceda de vegetales crudos.
Durante la digestión, la mayoría de los hidratos de carbono se convierte en glucosa por la acción de enzimas específicas. Tras su absorción en el intestino delgado, la glucosa se procesa y una parte se almacena como glucógeno, polisacárido de reserva que se convierte en glucosa a medida que lo requieren los distintos tejidos. El exceso de glucosa se puede transformar en el hígado en glicerol y ácidos grasos, que después se emplean para formar triglicéridos, compuestos grasos que se descomponen con facilidad en cetonas combustibles. La glucosa y los triglicéridos son transportados por la corriente sanguínea hasta los músculos y órganos para su oxidación, y las cantidades sobrantes se almacenan como grasa en el tejido adiposo y otros tejidos, para ser recuperadas y quemadas en situaciones de bajo consumo de hidratos de carbono.
Se recomienda que un adulto sano ingiera una cantidad aproximada de 3 a 5 g/kg de peso y día de hidratos de carbono, dependiendo del estado de salud, edad, sexo y actividad física. Se considera que los carbohidratos deben suponer entre un 50% y un 55% de las calorías totales de la dieta. Los carbohidratos no refinados como el pan y las pastas integrales tienen un valor nutricional mayor que los refinados, ya que no son sometidos a procesos en los que pierden nutrientes como vitaminas, minerales y fibra. Los alimentos elaborados con azúcar refinado, como los productos de confitería y las bebidas no alcohólicas tienen un alto contenido en calorías pero muy bajo en nutrientes y aportan grandes cantidades de lo que los especialistas en nutrición llaman ‘calorías vacías’. La ingestión de un alimento rico en hidratos de carbono eleva los niveles de glucosa en sangre dependiendo de la velocidad a la que se asimilen los almidones y azúcares que contiene.
Los alimentos ricos en hidratos de carbono son generalmente más abundantes que los alimentos de alto contenido en proteínas o grasa. Los monosacáridos y disacáridos están presentes en alimentos como las frutas (fructosa), la caña de azúcar y la remolacha (sacarosa), la leche (lactosa) y la miel (glucosa y fructosa). Los almidones (féculas) están presentes en alimentos como las legumbres, las patatas y los cereales.

4.3 Lípidos

Los lípidos constituyen entre un 18% y un 25% de la masa corporal y son un grupo heterogéneo de moléculas orgánicas que se caracterizan por ser insolubles en agua. Al igual que los carbohidratos, contienen carbono, oxígeno e hidrógeno pero en distinta proporción. Aunque son imprescindibles como moléculas estructurales para la formación de las membranas celulares o para la absorción de vitaminas, su función principal es constituir las reservas energéticas del organismo y se almacenan para ser utilizados en caso de que se reduzca el aporte de hidratos de carbono. Los lípidos producen más del doble de energía que los hidratos de carbono. Un gramo de grasa proporciona 9 kilocalorías.
Los ácidos grasos son lípidos que forman parte de otros compuestos lipídicos y se pueden clasificar en ácidos grasos saturados e insaturados. Mientras que los ácidos grasos saturados solo tienen enlaces simples entre los átomos de carbono y contienen el mayor número posible de átomos de hidrógeno en la cadena de carbono, los ácidos grasos insaturados tienen enlaces dobles o triples en su cadena hidrocarbonada y son aquellos que han perdido algunos átomos de hidrógeno. A este grupo pertenecen los ácidos grasos monoinsaturados, que han perdido solo un par de átomos de hidrógeno y los ácidos grasos poliinsaturados, a los que les falta más de un par de átomos de hidrógeno. Los lípidos están presentes en los alimentos de origen animal y vegetal y, según los ácidos grasos que predominan en ellos, se dividen en alimentos que contienen grasas saturadas o insaturadas (monoinsaturadas o poliinsaturadas).
Las grasas saturadas suelen ser sólidas a temperatura ambiente y están presentes principalmente en alimentos de origen animal (mantequilla, manteca, tocino, grasa de la carne, embutidos, etc.) y en algunos vegetales (aceite de palma y coco). Se ha observado que las grasas saturadas elevan el nivel de colesterol en la sangre. Las grasas insaturadas son líquidas, siendo abundantes las monoinsaturadas en el aceite de oliva y los frutos secos y las poliinsaturadas en el aceite de girasol y los pescados azules.
Los lípidos de la dieta sufren la acción de las enzimas digestivas y se absorben en el intestino. Como resultado de la digestión, los triglicéridos se separan en monoglicéridos y ácidos grasos. La mayoría de los ácidos grasos de los alimentos son de cadena larga y requieren la bilis para su absorción, mientras que los ácidos grasos de cadena corta se absorben por difusión sencilla en el intestino.

4.4 Minerales

Los minerales son elementos inorgánicos naturales cuya presencia es necesaria para la actividad celular. Constituyen cerca del 4% del peso corporal y se concentran sobre todo en el esqueleto. Los minerales son nutrientes esenciales porque el organismo no es capaz de sintetizarlos y deben ser aportados por la dieta.
La mayoría de los minerales se encuentran distribuidos en cantidades suficientes en los distintos alimentos; sin embargo, como ningún alimento contiene todos los minerales que nuestro organismo necesita, la dieta debe ser muy variada. Hay que advertir también que los excesos de minerales originan alteraciones en el organismo.
Los minerales se pueden dividir en tres grupos según las unidades en que se midan; macroelementos, cuando se miden en gramos; microelementos, si se miden en miligramos; y elementos traza u oligoelementos, si se miden en microgramos. Otras clasificaciones se refieren a las cantidades que nuestro organismo necesita; se denominan macrominerales a aquellos que el organismo necesita en grandes cantidades, como el calcio, el fósforo, el sodio y el potasio; y microminerales (oligoelementos o elementos traza) cuando son necesarios en cantidades muy pequeñas, como el hierro, el yodo, el flúor y el cinc.
Los minerales intervienen en funciones reguladoras, plásticas y de transporte. Algunos, como el calcio, el hierro, el manganeso y el magnesio forman parte de determinadas coenzimas y regulan algunas reacciones enzimáticas; otros participan en procesos como la contracción muscular, la actividad nerviosa y la coagulación de la sangre.
El calcio se presenta combinado con fosfatos y es necesario para desarrollar los huesos y conservar su rigidez. También participa en la formación del citoesqueleto y las membranas celulares, así como en la coagulación de la sangre, la regulación de la excitabilidad nerviosa y la contracción muscular. Un 90% del calcio se almacena en los huesos, donde puede ser reabsorbido por la sangre y los tejidos. La absorción de calcio solo tiene lugar en presencia de vitamina D. Las principales fuentes de este mineral son la leche y sus derivados, aunque también está presente en otros alimentos como la yema de huevo, los mariscos, las legumbres, los frutos secos y los vegetales de hoja verde.
El fósforo se combina con el calcio y alrededor del 80% se encuentra en los huesos y los dientes. Participa en la formación de estas estructuras, desempeña un papel importante en la contracción muscular y la actividad nerviosa, forma parte de muchas enzimas e interviene en la transferencia de energía (ATP). Las fuentes de fósforo son los productos lácteos, pescados, carnes, huevos, legumbres y frutos secos.
El magnesio es esencial para el metabolismo y muy importante para mantener el potencial eléctrico de las células nerviosas y musculares. Se encuentra principalmente en vegetales verdes, frutos secos, pescados, plátanos, cereales integrales y marisco.
El sodio es el catión más abundante en el líquido extracelular y desempeña un papel regulador, influyendo principalmente en la distribución del agua en el organismo. El exceso de sodio produce edema, una acumulación anómala de líquido extracelular. El sodio interviene en los impulsos nerviosos y en la contracción muscular. El sodio está presente en pequeñas cantidades en la mayoría de los productos naturales y abunda en las comidas preparadas y en los alimentos salados.
El potasio es necesario para la generación de impulsos nerviosos, la contracción muscular y la regulación de líquido extracelular. Se encuentra en los cereales integrales, legumbres, carnes, vegetales y frutas como el plátano y la naranja.
El cobre está presente en muchas enzimas y en proteínas. Una parte se almacena en el hígado y el bazo. El cobre es necesario para la síntesis de hemoglobina, proteína conjugada responsable del transporte de oxígeno en la sangre, e interviene en numerosas reacciones metabólicas. Está presente en alimentos como hígado, mariscos, legumbres, cereales integrales, carnes y frutos secos.
El hierro es un componente de la hemoglobina, proteína en la que se localiza alrededor del 66% del hierro del organismo. El hierro se encuentra en alimentos como carnes, hígado, yema de huevo, legumbres, mariscos, cereales, espinacas y frutos secos. Este mineral no es absorbido con facilidad por el sistema digestivo.
El yodo es imprescindible para la síntesis de las hormonas de la glándula tiroides que regulan el índice metabólico. Las fuentes de yodo son la sal yodada, los vegetales que proceden de suelos ricos en yodo, las algas, los pescados de mar y los mariscos.
El cinc forma parte de un gran número de enzimas. Es necesario para el crecimiento y para la cicatrización de las heridas. Se encuentra en alimentos como pescados, carnes, mariscos, huevos, lácteos, frutos secos y cereales integrales.
El flúor es un componente de los huesos y los dientes. Los fluoruros, una clase de compuestos de flúor, son importantes para evitar la desmineralización de los huesos. El alimento que contiene más fluoruro es el pescado. Por otra parte, la fluorización del agua ha demostrado ser una medida efectiva para evitar el deterioro de la dentadura.

4.5 Vitaminas

Las vitaminas son sustancias orgánicas que, aunque se requieren en pequeñas cantidades, son imprescindibles para mantener el crecimiento y el metabolismo. La mayoría actúa como coenzimas. Las vitaminas son nutrientes que, con excepción de la vitamina D y de pequeñas cantidades de algunas vitaminas del grupo B, el organismo humano no puede sintetizar por lo que es necesario obtenerlas a partir de los alimentos. Una alimentación variada y rica en frutas y verduras asegura un aporte suficiente de vitaminas. Es importante tener en cuenta que las vitaminas se alteran con facilidad y son sensibles a las variaciones de temperatura, de luz y a la oxidación. Por ejemplo, la cocción disminuye el contenido vitamínico de un alimento y la exposición a la luz y a la temperatura ambiente son la causa de que un zumo de naranja natural pierda parte de su contenido en vitaminas.
Las vitaminas liposolubles se absorben en el intestino delgado pero, para que su absorción sea adecuada, requieren sales biliares y algunos lípidos. El organismo es capaz de almacenar el exceso de estas vitaminas principalmente en el hígado.
La vitamina A o retinol es esencial para las células epiteliales y el crecimiento, y desempeña un papel muy importante en la visión. Aunque la vitamina A se puede obtener directamente de alimentos de origen animal, como la leche, los huevos, el queso y el hígado, casi toda la vitamina A procede de la provitamina betacaroteno que se transforma en vitamina A en el organismo y que se encuentra en verduras verdes y amarillas como la zanahoria, la calabaza, el calabacín, el brócoli y las espinacas, y en frutas como el melón, los albaricoques, los caquis o los melocotones.
La vitamina D regula la absorción de calcio y fósforo en el tubo gastrointestinal y mantiene la homeostasis del calcio, junto con la parathormona u hormona paratiroidea. Esta vitamina se obtiene de alimentos como la leche y sus derivados, los aceites de hígado de pescado y la yema de huevo, así como de la exposición de la piel a la luz del Sol. En la piel, la luz del Sol convierte el 17-dehidrocolesterol en colecalciferol (D3) que, mediante la acción de una enzima hepática y después de una renal, se transforma en la forma activa de la vitamina D.
La vitamina E actúa como antioxidante, protegiendo las células del deterioro causado por los radicales libres, promueve la cicatrización de las heridas y la función normal del sistema nervioso. La vitamina E se encuentra en los aceites de girasol y de oliva, frutos secos, germen de trigo, leche y sus derivados, y verduras de hoja verde.
La vitamina K es una coenzima necesaria para la síntesis de varios factores de la coagulación, como la protrombina, indispensable en la producción de fibrina para la coagulación sanguínea. Esta vitamina es producida por bacterias intestinales y se almacena en el hígado y en el bazo. En los alimentos se encuentra en los vegetales de hoja verde, como las espinacas y las coles, los tomates, los guisantes y los huevos.
Las vitaminas hidrosolubles (vitamina C y complejo vitamínico B) son solubles en agua y, a diferencia de las vitaminas liposolubles, no se pueden almacenar y su exceso se excreta en la orina. Por esta razón, para suplir las necesidades del organismo es necesario su consumo diario.
La vitamina C, o ácido ascórbico, promueve muchas reacciones metabólicas, actúa como antioxidante y favorece la cicatrización de las heridas. El calor destruye esta vitamina con rapidez. Las fuentes de vitamina C son los tomates, los vegetales verdes y las frutas, como las naranjas, limones, pomelos, mandarinas, fresas y kiwis.
Las vitaminas del complejo vitamínico B son componentes de ciertas coenzimas o actúan como coenzimas que participan en una amplia gama de reacciones metabólicas importantes. La vitamina B 1 (tiamina) se halla en carnes, lácteos, huevos, cereales sin refinar, frutos secos y legumbres; la vitamina B 2 (riboflavina) se encuentra en la leche y sus derivados, carnes, pescados, huevos, hígado, espárragos, espinacas y frutos secos; la vitamina B 3 (niacina) está presente en carnes, hígado, legumbres y cereales integrales; la vitamina B 6 (piridoxina) está en carnes, hígado de pescado, lácteos, huevos, espinacas y frutos secos; y la vitamina B 12 (cianocobalamina) se halla en hígado, pescados, huevos y lácteos.

5 TIPOS DE ALIMENTOS

Los alimentos se diferencian por el tipo y cantidad de nutrientes que contienen, y se pueden clasificar en siete grupos:

• Grupo 1: leche y derivados.
• Grupo 2: carne, huevos y pescado.
• Grupo 3: patatas, legumbres y frutos secos.
• Grupo 4: verduras y hortalizas.
• Grupo 5: frutas.
• Grupo 6: panes y cereales.
• Grupo 7: grasas, aceite y mantequilla.


Los alimentos del grupo 1, formado por la leche y sus derivados, contienen principalmente proteínas (80% de caseína y 20% de lactoalbúmina), grasas (ácidos grasos saturados y un contenido de colesterol de 14 mg/100g) e hidratos de carbono (lactosa). La leche y sus derivados son la principal fuente de calcio de la dieta y una fuente importante de fósforo, pero carecen de hierro. Este grupo proporciona vitaminas liposolubles (A y D).
El grupo 2 está formado por las carnes, los pescados y los huevos. Estos alimentos aportan todos los aminoácidos esenciales que el cuerpo necesita para ensamblar sus propias proteínas. Las carnes contienen un 20% de proteínas, son ricas en hierro y fósforo y aportan vitaminas, principalmente del grupo B (B12 y niacina) Su contenido en grasas varía del 4% al 25%, principalmente ácidos grasos saturados. Las vísceras, en especial el hígado, son una fuente importante de vitaminas A, D y vitaminas del grupo B, así como de hierro y cinc. Los pescados tienen un contenido proteico del 18% al 20% y son ricos en minerales como el fósforo, el calcio y el yodo, así como de vitaminas del grupo B, como B1 y B2. Además, son ricos en ácidos grasos poliinsaturados y según su contenido en grasas se clasifican en azules (mayor de un 10%), blancos (menor del 5%) e intermedios (5%). Los huevos tienen un alto contenido en proteínas. La clara está compuesta principalmente por albúmina. La yema contiene otras proteínas, vitaminas, hierro, azufre y grasas.
El grupo 3 está formado por los tubérculos, las legumbres y los frutos secos. Las legumbres o leguminosas, como las judías blancas o las rojas, las lentejas, los garbanzos o los guisantes tienen un contenido alto en proteínas (del 17% al 25%) y fibra. Sus aminoácidos a menudo complementan los del arroz, el maíz y el trigo, que constituyen los alimentos básicos de muchos países. Además, contienen minerales (calcio, hierro y magnesio), vitaminas del grupo B y muchos hidratos de carbono (55%). Los tubérculos y los rizomas incluyen varios tipos de papa o patata, la mandioca y el taro. Son ricos en almidón y relativamente bajos en proteínas, pero aportan gran variedad de vitaminas y minerales. Los frutos secos son ricos en proteínas (10% al 30%) y grasas (30% al 60%), principalmente ácidos grasos poliinsaturados. Por lo general, contienen pocos hidratos de carbono, algunas vitaminas y son una buena fuente de minerales como potasio, calcio, hierro, fósforo y magnesio.
El grupo 4 está formado por las verduras y las hortalizas. Estas tienen un elevado contenido en agua y fibra, y son una fuente muy importante de vitaminas (vitamina C, carotenos y vitaminas del grupo B) y minerales (calcio, potasio, magnesio, hierro, cinc, manganeso, cromo, yodo, cobalto, sodio, selenio y cobre) que se distribuyen entre los diferentes tipos de verduras y hortalizas. Muchas de las vitaminas hidrosolubles se encuentran en los alimentos de este grupo, pero se destruyen con facilidad con el exceso de cocción.
El grupo 5 está formado por las frutas. Al igual que el grupo 4, estos alimentos tienen un elevado contenido en agua (entre un 80% y un 90%). Las frutas son una fuente importante de fibra, minerales y vitaminas, en especial de vitamina A y C.
El grupo 6 está compuesto por los panes y cereales, que incluyen el trigo, el arroz, el maíz y el mijo. Son ricos en hidratos de carbono (entre un 65% y un 75%) y constituyen una fuente fácil y rápida de suministro de calorías. Su contenido en proteínas (entre un 6% y un 12%) y grasas (entre un 1% y un 5%) es bajo. Contienen vitaminas del grupo B, E (arroz integral) y A y son ricos en minerales como el hierro, el potasio y el fósforo. Los panes elaborados con cereales integrales tienen un contenido más elevado de vitaminas y fibra.
El grupo 7 está formado por las grasas y aceites e incluye las grasas animales de la carne y pescado, la mantequilla, la margarina y los aceites vegetales como el aceite de oliva, el de girasol, de maíz, de soja y de palma. Las grasas animales de la carne son ricas en ácidos grasos saturados, mientras que las del pescado lo son en poliinsaturados.
Según su función principal nos referimos a alimentos cuya función es predominantemente plástica (grupos 1 y 2), energética (grupos 3, 6 y 7) y reguladora (grupos 4 y 5).

6 UNA DIETA SANA Y EQUILIBRADA

La dieta es el conjunto de sustancias que consumimos a diario como alimentos y debe estar formada por una alimentación variada que aporte todos los nutrientes que nuestro organismo precisa. No existe ningún alimento capaz de proporcionar todos los nutrientes, incluso dentro de un mismo grupo la proporción y tipo de nutrientes varía.
En general, se recomienda comer alimentos variados; mantener el peso ideal; evitar el exceso de grasas y aceites, grasas saturadas y colesterol; tomar alimentos con suficiente almidón y fibra; y evitar el exceso de azúcar y sodio.
La dieta se considera equilibrada cuando permite mantener un estado de salud adecuado y aporta la energía, las vitaminas y los minerales necesarios. En una dieta saludable las calorías totales deben proceder de los siguientes porcentajes de macronutrientes:

• Entre un 50% y un 55% de los hidratos de carbono.
• Entre un 30% y un 35% de las grasas (15%-20% monoinsaturadas).
• Entre un 10% y un 15% de las proteínas.


Los aportes dietéticos recomendados o RDA se establecen como “los niveles de ingesta de nutrientes esenciales considerados adecuados para satisfacer las necesidades nutricionales de la totalidad de las personas sanas, con actividad física moderada, a la luz de los conocimientos científicos del momento” y vienen establecidos por las autoridades competentes nacionales y algunas internacionales. Dichas autoridades los revisan periódicamente para indicar las cantidades máximas de nutrientes necesarias para llevar a cabo una dieta sana y equilibrada. Sin embargo, estas cantidades varían de una persona a otra y dependen de factores como la edad, el sexo, la actividad física o el estado de salud.
En líneas generales, los expertos aconsejan realizar cinco comidas diarias que incorporen una gran variedad de alimentos. En este sentido, es importante planificar qué tipo de alimentos y en qué cantidades son necesarios y, para ello, es útil seguir las pautas de la pirámide de la alimentación. En la pirámide de los alimentos se representan, de forma gráfica, las raciones que se recomiendan de los diferentes grupos de alimentos que forman parte de nuestra dieta.
En la base de la pirámide se ilustran los alimentos que deben formar parte de la dieta diaria, como el grupo de los cereales, la leche y sus derivados, las patatas, las verduras, las hortalizas, las frutas y el aceite de oliva. El resto de la pirámide, incluye las raciones semanales que se recomiendan de otros alimentos, así como de aquellos cuyo consumo debe ser solo ocasional. También establece los requerimientos de agua y la necesidad de realizar ejercicio físico moderado todos los días.
Según los distintos estudios se aconseja que la distribución de las calorías en el transcurso del día se realice de la siguiente manera: 25% en el desayuno, entre un 30% y un 40% en la comida, entre un 10% y un 15% en la merienda y entre un 20% y un 30% en la cena.

7 ALIMENTACIÓN Y ENFERMEDAD

Aunque a lo largo de la historia se han establecido relaciones entre la alimentación y la salud, no fue hasta el siglo XIX y durante el siglo XX cuando se demostró la influencia de la dieta en la salud y su relación causa-efecto en enfermedades debidas a la ingesta inadecuada de nutrientes esenciales, vitaminas o minerales.
Los conocimientos adquiridos en nutrición han permitido determinar la importancia de la alimentación en la prevención de muchas enfermedades. Además, se ha demostrado que una alimentación completa y equilibrada, que aporte todos los nutrientes necesarios, es fundamental en la etapa de crecimiento, estableciéndose las diferentes necesidades nutricionales dependientes de cada una de estas etapas.
La lista de enfermedades en las que la dieta es la causa principal o un factor que influye en su aparición es muy extensa. Así por ejemplo, la dieta con un aporte calórico y de nutrientes insuficientes es responsable de la malnutrición; la ingesta de calcio y fósforo y el aporte de vitamina D se ha relacionado con la osteoporosis; el déficit de vitamina C es la causa del escorbuto, una enfermedad carencial; las dietas ricas en grasas saturadas, grasas totales y colesterol son factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, una de las principales causas de muerte; las dietas ricas en frutas y verduras podrían tener un efecto protector en enfermedades intestinales y en algunos tipos de cáncer; la obesidad relacionada con una ingesta calórica excesiva eleva el riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2, así como hipertensión arterial, cardiopatía isquémica (infarto de miocardio), enfermedad cerebrovascular, gota o artrosis; el aporte de ácido fólico durante el embarazo se ha relacionado con una disminución de la incidencia de defectos del tubo neural y el consumo frecuente de azúcares predispone a la caries dental.
Además, existe hoy en los países desarrollados una preocupación creciente debida al aumento de los trastornos de la conducta alimentaria, como la bulimia y la anorexia, que suponen un importante problema sanitario.


Fuente: Microsoft ® Encarta ® 2009




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