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LA MUJER EN LA BIBLIA:OPRESION Y LIBERACION (Desde la Pag. 4)


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73 Respuesta(s) a este Tema

#21 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 29 abril 2007 - 07:28

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Se procede de la madre, pero no se puede volver a su seno mientras se vive. En Job 1, 21; Salmo 138, 13; Eclesiastés 40, 1 e Isaías 26, 19 se encuentra la misma idea.

La vida del hombre se desarrolla entre el seno de la madre y el seno de la tierra, que es madre de todos.

3, 20: "El hombre llamo a su mujer "Eva", por ser la madre de todos los que viven".

El redactor juega con el nombre de Eva. En Hebreo se dice "hawah"=ser viviente. Esa misma palabra significa en sumerio "madre". Eva resulta, pues, ser la madre de todos los seres humanos vivientes.

3, 12: "El Señor Dios hizo vestidos de piel para el hombre y su mujer y se los vistió".

Dios no abandona al hombre y cuida de él aun cuando haya pecado.

3, 22-23: "Y el Señor Dios dijo: miren, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre. Y el Señor Dios expulsó del jardín de Edén, para que labrara el suelo de donde lo habían sacado".

Maravillosa ironía de Dios o, por lo menos, del redactor: el hombre ha llegado a ser como Dios; żen qué se nota? El hombre, según el redactor, ha pretendido arrebatarle a Dios uno de sus atributos, debe impedírsele que pretenda arrebatarle el otro: la inmortalidad.

El "mito" de Adán y Eva arrojados del paraíso por desobedecer a Dios era una excelente manera de decir al pueblo de Israel: ˇcuidado!, Dios te ha colocado en esta tierra que mana leche y miel (un paraíso), pero si lo desobedeces, si rompes la alianza, serás arrojado de ella, serás desterrado.

En la subconsciencia del hombre está ver el vientre de la madre como un paraíso al que se desea volver. El paraíso nunca está "atrás", en el pasado.

El hombre sólo empieza a ser verdaderamente él cuando sale del paraíso; la historia del hombre empieza con su expulsión de ese lugar. Lo mismo pasa con el hombre (de todo hombre)y el seno materno.

Podemos leer en paralelo la historia de la vocación de Abraham (Génesis 12, 1).

3, 24: "Echó al hombre y al oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida".

Los querubines ("Karabu", en sumerio) eran unos seres mitológicos con cuerpo de toro, patas de león, alas de águila, y cabeza de hombre, y que se colocaban en Babilonia a la puerta de los templos y como brazos de los tronos de los reyes, para vigilar y proteger. Al hacer excavaciones arqueológicas en Asiriobabilonia se los ha desenterrado y están ahora en muchos museos.

La espada llameante que se agita no es otra cosa que un relámpago de bronce o de piedra que se colocaba (también en Babilonia) sobre las puertas de un templo.

Lo que el autor quiere decir es que Dios mismo ha velado para que el hombre no pueda regresar al Edén. El hombre no puede volver al seno materno. En el Evangelio de Juan (3, 1- 8 ) se nos dice que es necesario nacer de nuevo y que eso se hace en forma símbolo-sacramental por medio del bautismo. También esta forma de volver al seno de la madre exige la muerte; hay que morir a la vida pasada y configurarse con Cristo muerto(ver Romanos 6, 3-4) y re-generarse.

NOTA A LOS PRIMEROS CAPITULOS DEL GENESIS

Probablemente el redactor final partió de la experiencia diaria. ¿Qué encuentro en la vida diaria? Un mundo en el que el hombre aplasta y oprime a su propia mujer; un mundo en el que la mujer pare hijos con dolor; un mundo en el que el hombre trabaja la tierra duramente y a veces ésta se niega a dar su fruto; un mundo en el que el hombre y los animales están no en colaboración, sino en guerra perpetua; un mundo en que a veces un hermano mata a otro hermano.

El redactor final se pregunta: ¿pudo Dios, que es bueno, crear un mundo así? Dice: No. Dios lo hizo todo bueno; y entonces pone el relato de la creación recién salida de las manos de Dios.

Se pregunta de nuevo: ¿Y qué fue lo que sucedió entre la creación del mundo tal como salió de las manos de Dios y como la encontramos ahora? ¿Cómo el mundo, que salió bueno de las manos de Dios, ha llegado a ser como lo encontramos ahora? ¿De quién es la culpa? ¿De algún dios del mal? No; el culpable es el hombre, y entonces redacta el capítulo tercero en el que explica cuál es el origen del mal en el mundo.

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#22 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 01 mayo 2007 - 06:35

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Mitos, malas interpretaciones, falsas conclusiones que han guiado tan mal a tanta gente, van quedando al descubierto bajo la luz de una nueva perspectiva, mas humana, mas real, mas generosa, y sacan de la espalda del ser humano, esa sensacion de culpa eterna y de infiernos eternos....
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CONCLUSIONES SOBRE ESTE CAPITULO TERCERO DEL GENESIS


1) Por el pecado se han viciado todas las relaciones que tuvo el hombre:

- con Dios
- entre los hombres
- con los animales
- con la materia
.

Se ha roto el equilibrio y eso se nota en todos los detalles.

2) Consecuencia para la conversión.

La vocación del hombre es dominar la tierra por medio del trabajo, por medio del amor a su prójimo y amor a Dios. Dios está perpetuamente convocando al hombre a realizar su vocación. Lo intentó con un hombre: Abraham; luego con un pueblo: Israel; por fin lo logró en Jesucristo.

Si la vocación del hombre es dominar la tierra, dispone de la capacidad para hacerlo. Creer en esta posibilidad de un nuevo futuro y ponerse a trabajar para realizarlo, recreando la esperanza, es la actitud del convertido.

Lo mismo pasa con las relaciones con los demás. Ante el pecado la reacción del pecador es el odio, el rencor, etc. La reacción del convertido es la seguridad de que todo puede superarse, como persona y como miembro de una comunidad humana.

APENDICE: EL PECADO ORIGINAL


En todo el Antiguo Testamento no aparece ni una sola vez la concepción que actualmente tenemos de una falta cometida por Adán y cuya culpa hubiera manchado a todos los seres humanos, pasando a nosotros por herencia.

El pecado original de Adán es el pecado que da origen a todo pecado: negarse a ser el rey de la creación y dejar que un animal le dicte la conducta. Adán acaba de ser colocado por Dios como rey de la creación (un don que es tarea, como todo don de Dios). Y apenas entronizado, deja que un animal (la serpiente) le dicte la conducta.

La historia de Adán se convierte en "mito" para todos los hombres de todas las edades. "Ha Adán", el hombre, cada hombre, es colocado cada día como rey de la creación y deja que el animal que hay en él (los instintos) le dicte la conducta. Abdica de sus posibilidades, se niega a realizar la inmensa riqueza de capacidades que Dios ha puesto en él.

Cristo es, para nosotros, el nuevo Adán, una nueva humanidad empieza en él. Como Adán, somos tentados cada día. O somos tentados en Adán, o somos tentados en Cristo. O bien es Adán el tentado en nosotros, y entonces caemos, o el tentado en nosotros es Cristo, y entonces es el mal quien habrá de caer. Cristo ha vencido la tentación y nosotros somos miembros de su cuerpo; es Cristo quien es tentado en nosotros.

Y es él quien en nosotros vence el mal. De paso: cuando la Sagrada Escritura llama a Jesucristo “el nuevo Adán” es porque quiere honrarlo y eso implica que el concepto que esos primeros cristianos (judíos todos ellos) tenían de Adán es un concepto muy honroso; su idea era: ¿cómo podía ser el hombre que había salido directamente de las manos y del corazón de Dios, sino perfecto? En Jesucristo, para ellos, había un nuevo Adán, superior a Adán, y con quien comenzaba una nueva creación, superior a la antigua creación.

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#23 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 05 mayo 2007 - 03:10

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EL PECADO AVANZA


El hombre había intentado arrebatarle a Dios uno de sus dos grandes atributos: el discernimiento entre lo que es bueno y lo que es malo(el derecho a hacer leyes).

El hombre había sido castigado por su intento, pero no escarmienta e intenta arrebatarle a Dios su otro gran atributo: ser el dueño de la vida.

El hombre intenta hacerse dueño de la vida y, como no puede hacerlo de otra manera, la quita. Dando la muerte, el hombre intenta apoderarse de otro atributo divino: ser el Señor de la vida.

1) Caín y Abel (Génesis 4, 1-16)

Leamos el texto. Notemos que nunca se dice en el relato que la ofrenda de Caín fuera menos buena que la de Abel. Se dice solamente que Dios acepta la de Abel y no la de Caín...(Leer Éxodo 33, 19). En el fondo, el redactor está diciendo al lector: Dios acepta los sacrificios del culto judío(corderos), pero no acepta los sacrificios del culto cananeo(frutos de la tierra), no participes en cultos que Dios no acepta.

La señal que Dios pone a Caín no es una señal infamante, sino protectora.

Caín no es un maldito según la mentalidad hebrea:

x Su nombre, se usa en Israel y, además, significa "vida".

x Tiene larga descendencia, lo cual es signo de bendición puesto que en Israel la fecundidad lo era.

x Aparece como el padre de toda civilización; las artes, las industrias, etc.

x Dios mismo interviene para que nadie le haga daño y se compromete a vengarlo personalmente(asumiendo así lo que en la mentalidad popular se llamaba la “venganza de sangre”, que era obligación de los parientes más cercanos).

En Caín y Abel aparece representado el conflicto entre dos civilizaciones. La de los pastores seminómadas en Abel, la de los agricultores sedentarios en Caín. Cuando esas dos civilizaciones se encuentran, una de las dos elimina a la otra: la sedentaria elimina a la nómada.

Los cananeos eran sedentarios, los judíos eran seminómadas. El sacrificio de los judíos es aceptado por Dios, aunque sean absorbidos y destrozados por la civilización cananea.

ˇAtención!: La tierra se niega a dar fruto (Génesis 4, 10-12) cuando ha recibido sobre ella la sangre de nuestro hermano, derramada por nuestra mano.

Sigue apareciendo la solidaridad total entre el hombre y la tierra. Lo que el hombre haga, la afecta irremisiblemente.

La sangre de Abel (Génesis 4, 10-11) no pide venganza, sino misericordia; así lo enseñaban los rabinos de la época de San Pablo ( ver Hebreos 12, 24).

Caín era considerado entre los hebreos el padre de los Quenitas, que equivalían a los gitanos entre nosotros, a eso se debe que pongan a Caín como un hombre errante y que asesina hermanos(la mala fama con la que han cargado, desde siempre, como puede verse).

2) La guerra, la violencia institucionalizada (Génesis 6, 1-5)

Es uno de los pedazos de la Biblia más difíciles para los expertos. Quizás se trate de un trozo excesivamente corrompido en la conservación de su texto original. ¿Qué quiere decir eso de "los hijos de Dios" y "las hijas de los hombres"? ¿Se trata de una relación marital entre mujeres y ángeles? Sea como sea, lo importante es saber ¿para qué introduce este trozo la Biblia?

¿Y si no fuera sino una forma de explicarse la aparición de hombres armados, dedicados exclusivamente a hacer la guerra? Y si no fuera sino una forma de decir: no son hombres normales, se trata de bichos raros, verdaderos “gigantes”, producto de una relación extraña y pecaminosa entre mujeres y ángeles? ¿Qué otra manera tenía un pueblo primitivo, como el pueblo hebreo, de explicarse la experiencia de gente tan bestial, sanguinaria y descomunal (recordar las máquinas de guerra) como los asirios, o los filisteos?

Es sintomático que en la Biblia una de las señales de la llegada de los tiempos mesiánicos es la desaparición de todo belicismo y militarismo. Unamuno, el gran escritor y filósofo español, dice que los militares son necrófilos: seres enfermos amantes de la muerte. El belicismo es el pecado de Caín elevado a niveles industriales.

El castigo. Génesis 6, 5 - 9, 29. El diluvio.


Todo pueblo, en la antigüedad, había sufrido, en alguna época de su historia, un diluvio: inundación que acaba con todo lo anterior, pero que deja fecundada la tierra para los que vengan después. Y eso porque la inmensa mayoría de los pueblos en la región mediterránea se había edificado junto a ríos, lagos o mares.

El agua es experimentada por todos los antiguos como ambigua. Es tumba porque da muerte a aquellos que baña con su inundación. Es seno materno que da vida a todo aquello que baña con sus lluvias o inundaciones (el Nilo, el Tigris y el Eufrates). La misma agua que da muerte a la mayoría en el diluvio, es la que mantiene a flote el arca y salva la vida a Noé y sus descendientes.

Desde siempre, en la Iglesia se vio el diluvio así, como símbolo del bautismo (agua que mata la vida anterior y fecunda y regenera para una vida nueva) y el arca como símbolo de la Iglesia (Fuera de la Iglesia no hay salvación, como fuera del arca tampoco).

Es esencial a la intención del autor la idea de que Dios y la injusticia no pueden convivir. Dios no soporta el pecado, no soporta la violencia institucionalizada o constante. Pero aunque Dios se llene de ira ante el pecado, no olvida jamás su misericordia (Habacuc 3, 2).

El hombre y la creación entera son plenamente solidarios. Lo que el hombre haga, afecta a toda la creación, por eso perecen los animales fuera del arca. San Pablo dirá, después, que el hombre, utilizando bien las criaturas, las ayuda a conseguir su fin, su plenitud.

Noé y su familia sobreviven a pesar de un diluvio, el autor quiso también decir que al hombre no lo vencen las fuerzas incontroladas de la naturaleza; él lucha frente a ellas y logra sobrevivir, ayudado por Dios.

- Génesis 8, 21-22.

x Se peca porque se es pecador (Jeremías 13, 23).

x Después de esta declaración de Dios queda disociada definitivamente la justicia del hombre y la fidelidad de Dios. Puede haber un pecador dichoso y un justo desdichado.

x Los ciclos repetidos de las estaciones son revelación de la fidelidad de Dios.

Nota: El mito de Gilgamesh ya traía la historia del diluvio con su Noé (Utanapishtin) correspondiente y, en algunos detalles, la coincidencia de las dos narraciones es demasiado perfecta para ser simple coincidencia.

- Génesis 9, 1.

De nuevo, la fecundidad no es un mandato, sino una bendición. Es Dios quien da la vida; toda manifestación de vida en una familia, según un hebreo, es manifestación de que Dios está con ella. La esterilidad es vista, por eso, por los judíos bíblicos, como una maldición.

- Génesis 9, 5-6.

Dios aparece utilizando la ley del talión. El se hace "vengador de sangre" del hombre. Es el hombre concreto, con su carne y su sangre, el que es imagen de Dios, no sólo por su espíritu.

- Génesis 9, 8-16.

Dios hace un pacto incondicional, y con todos los hombres de la tierra, puesto que Noé es padre de todos los pueblos. Un pagano cualquiera entra en este pacto si se abstiene de beber sangre, de comer un animal con su sangre. Recordar que ésta es también una condición puesta por los apóstoles en Jerusalén para la aceptación de los paganos en el cristianismo, sin obligarlos a cumplir el resto de la Ley.

El pacto se hace también con los animales (Génesis 9, 16) a través de la aceptación del hombre.
Nota: Por el diluvio Dios aparece reivindicando de nuevo para sí el derecho de dar (mantener) la vida o quitarla.

Después del diluvio el pecado vuelve a aparecer.

1) El pecado de Cam (Génesis 9, 18-27)

Cam aprovechó la borrachera de su padre para acostarse con una de sus mujeres. El hijo que nazca de esa unión será maldecido (destinado a ser esclavo de sus hermanos).

En Levítico 20, 11 dice: "El hombre que se acueste con la mujer de su padre, ha descubierto la desnudez de su padre; los dos morirán, su sangre caerá sobre ellos". Puede leerse también: Levítico 18, 7.8.14.16;20.20.21.

Canaán es el hijo que ha nacido de la unión incestuosa entre Cam y la mujer de su padre Noé. Los israelitas pueden, pues, según ellos, matarlos o reducirlos a la esclavitud (como dice en Génesis 9, 25-27).

2) La torre de Babel (Génesis 11, 1-9).

La torre de Babel (Babilonia, Bab-ilu: la puerta del dios), un ziggurat, no es una manifestación de la autosuficiencia y orgullo humanos. No es una especie de puño cerrado que se levanta hacia el cielo, sino todo lo contrario: una mano abierta alzada hacia el cielo; una súplica de ayuda.

Pero Babel (Babilonia) era para Israel el símbolo permanente del paganismo y de la opresión. Evidentemente, decían los hebreos, el orgullo humano no tiene medida; la vanidad del hombre no tiene límites; si pudiera, el hombre arrebataría el lugar de Dios.

Babel (la torre) era como una catedral de la antigüedad pagana; el ziggurat era una especie de escalera erecta, una escalera que señalaba el camino del cielo. Un anticipo conmovedor del grito de Isaías (64, 1) = "Oh, si rasgaras los cielos y bajaras:".

Las enseñanzas que se pueden sacar del relato son claras:

A) La elección de Dios respecto de Israel no viene motivada o exigida por el poder, por la preparación cultural y humana, sino por lo débil, por la nada que era este pueblo. Dios quiso habitar en el seno de este pueblo y ningún pueblo tenía tan cercanos a sus dioses a pesar de tener, incomparablemente, más poder o cultura.

B) El hombre no puede elevarse y hacerse merecedor de la gracia. La gracia es, esencialmente, don gratuito de Dios.

Nota: El autor juega con el nombre de Babel.

x Babel en acadio significa: puerta del dios, lugar de acceso a Dios.

x Babel en hebreo significa "confusión".

x Babel, dice el redactor, no sirve como lugar de acceso a Dios, Babel es, únicamente, un lugar de confusión; un lugar donde se hablan todas las lenguas de la tierra, pero nadie se entiende.

Pentecostés, y su milagro de las lenguas, no es sino una Babel al revés, una Babel superada. En pentecostés todos hablan distintas lenguas y proceden de distintas regiones, pero logran entenderse porque los ha juntado el Espíritu Santo, porque hablan el lenguaje que el Espíritu Santo les inspira, el lenguaje del amor.


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#24 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 09 mayo 2007 - 09:20

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Un nuevo capitulo, mas sorpresas, mas libertad para el ser religioso, mas ser humano...

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INTRODUCCION AL APOCALIPSIS
Alejandro von Rechnitz



Toda introducción al libro del Apocalipsis de Juan debe abordar antes el fenómeno de la profecía en Israel. La apocalíptica, como género literario generalizado, sólo apareció en Israel después de la profecía y sólo cuando la profecía alcanzó a caer en desprestigio casi total.


Si definimos la profecía como el acto de hablar en nombre de Dios y denunciar, en nombre de Dios, las injusticias, y anunciar, en nombre de Dios, lo que, dentro del proceso de la salvación, vendría a ocurrir al pueblo entero, nos daremos fácilmente cuenta de la permanente relación que el profetismo y la apocalíptica tenían como fenómenos religiosos y literarios.

Tres clases de profetas en Israel.

Como sabemos muy bien, hubo por lo menos tres clases de profetismo en Israel.

La primera clase es la que podemos llamar “profetas derviches”, Éstos se caracterizaban por el frenesí extático, contagioso y creciente (ver, por ejemplo: 2 Re 9,11; Jer 29,26; Os 9,7). Tienen visiones y sueños ( ver Núm. 12,6 y 8 ). Se sienten poseídos por “fuerzas o espíritus”, no por la palabra de Dios. Tienen una preparación física inmediata antes de recibir cada revelación (danzan, oyen música, gritan, se hieren, etc.). Su mensaje se dirige a una persona determinada, no al pueblo en general.

La segunda es la que podríamos llamar “discípulos de profeta” o “hijos de profeta”. Se caracterizan por vivir en comunidades, dirigidos por un “maestro” o “padre” (por ejemplo Eliseo. Ver 2 Re 4,38; 6,1.2.12.21;2,12). Residen junto a un santuario (ver 1 Sam.19,8 y ss.). Se señalan a sí mismos por medio de tatuajes (ver 1 Re 20,38 y 41; Zac.13,6; 1 Re 18,28). Viven según una especie de regla. Normalmente tenían vivienda y alimentación pobrísimas (2 Re 4,1-7). Tenían una fe intransigente en YavÉ e independencia absoluta frente a la sociedad y economía.

La tercera la formaban los que conocemos como “profetas clásicos” o “de libro”. Se caracterizaban porque en ellos su vida, o sea lo narrativo o anecdótico, pasaba a un segundo plano. Se expresaban por escrito en forma de poesía hebrea y con el género literario conocido como “mensaje”. Se sienten a sí mismos proclamadores de la palabra, no como “poseídos” por espíritus o fuerzas. Se inspiran repentinamente, sin preparación técnica física inmediata ninguna. No transmiten un comunicado accidental o personal, sino un mensaje para todo el pueblo y permanente.

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#25 little_lady

little_lady

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Publicado el 11 mayo 2007 - 01:04

No.creo.en.la.Biblia
una.mera.novela.para.personas.ilusas..=)




juega...rie...crece

#26 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 13 mayo 2007 - 12:28

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Para quienes les interese...
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Verdaderos y falsos profetas.

Había profetas por montones, había profetas israelitas y fuera de Israel, había falsos profetas y verdaderos profetas. ¿Cuáles eran los criterios utilizables de discernimiento? La vida del profeta no era prueba. Si los que eran denunciados como falsos hubieran sido claramente viciosos, ilusos o mentirosos, no hubiera sido nada difícil desenmascararlos. Es más, los profetas verdaderos no facilitaban el discernimiento porque ante la mentalidad del pueblo ellos no eran ningún modelo de santidad popular.

Pongámoslo más difícil todavía. El profeta no es falso por decir algo objetivamente errado o que no se cumpliera; recordemos el caso de Jonás, o el de Jeremías y la invasión escita que nunca se produjo, o el de Isaías y su profecía de muerte al rey Ezequías. Ahora nosotros, a posteriori, sabemos muy bien quiÉn era, de todos los profetas mencionados en la Biblia, verdadero o falso profeta. Pero, ¿sabía Jeremías que Él era verdadero y que Jananías era falso? ¿Sabía Jananías que Él era falso profeta? (ver Jeremías 28). ¿Sabía el pueblo cuál de los dos era el verdadero y cuál el falso?

Criterios de discernimiento.

El profeta verdadero denuncia siempre la manipulación de Dios, manipulación que pretende domesticar al Absoluto, al inmanipulable, en el lenguaje que habla de El.

El profeta verdadero siempre denuncia la vaciedad en la que hayan caído los símbolos sagrados cuando dejan de ser puente o sólo medio de comunicación con el Dios verdadero.

El profeta verdadero denuncia siempre la confianza supersticiosa puesta en las instituciones: rey, Estado, templo, culto, Ley, riqueza, etc.

El profeta verdadero, y Éste podría ser el criterio más importante de discernimiento, está permanentemente des-instándose y des-instalando al pueblo, porque el verdadero profeta habla siempre en nombre del Dios de Abraham y MoisÉs, un Dios nómada. El profeta, si es un verdadero profeta, está incapacitado para instalarse aun en su conciencia de profeta

Los profetas clásicos o de libro tuvieron siempre un enorme interÉs en que jamás se les confundiera con los “profetas derviches” y,en un momento determinado, con que ni siquiera fueran llamados “profetas”.

Ser profeta en Israel.

Si solamente se trataba se trataba de conocer quÉ es lo que Dios quería anunciar a su pueblo como tal, no era nada difícil ser profeta en Israel. Bastaba con conocer el dinamismo interno de la historia de la salvación; es decir, bastaba con conocer el proceso normal de evolución de la historia de la salvación, proceso que repetía sistemáticamente cada uno de sus pasos. ¿Cuáles eran los pasos de ese proceso?

a. Dios elige su pueblo y hace alianza con Él.

b. El pueblo peca, siguiendo(dando culto)a otros dioses.

c. El Señor abandona a su pueblo.

d. El pueblo es castigado por mano de otros pueblos.

e. El pueblo se arrepiente de su pecado y clama Dios .

f. Dios redime, libera, a su pueblo.

g. El pueblo renueva su alianza con Dios.


Bastaba, pues, saber en quÉ paso del proceso normal se encontraba en ese momento el pueblo para poder anunciar, en nombre de Dios, el siguiente paso y así profetizar el futuro. Cuando algún profeta se salía de este procedimiento y hacía una profecía puntual, normalmente se equivocaba (recordar el caso del gran Isaías y el rey Ezequías, en 2 Re 20,1-11.

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#27 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 16 mayo 2007 - 12:41

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Profetismo y política.

¿De dónde hemos sacado nosotros que los profetas ni se metían ni deben meterse en política? Es verdad que los profetas no fundaban partidos políticos, pero todos ellos, casi sin excepción, se metieron en política continuamente. Más de una dinastía del reino del norte fue derribada por profetas verdaderos, por ejemplo.

Si lo que Samuel hizo con Saúl, al consagrar como sustituto del trono a David, no es meterse en política, ya no hay nada que lo sea. Si lo que Jeremías hizo al aconsejar abiertamente al pueblo que no se opusiera a la invasión babilonia no era meterse en política, ¿qué es lo que llamamos política?

Ni por gusto, ni por casualidad, los profetas vieron siempre, como signo de la llegada de los tiempos mesiánicos, la destrucción de las armas o su transformación en instrumentos de carácter agrícola (ver, por ejemplo, Is 9,4; 2,4; Mi 4,3), ¿a cuántos gobiernos o dueños de las industrias productoras de armas no les parecería política una profecía así actualmente?

El pueblo-pueblo y los profetas.

Si estudiamos a los profetas bíblicos nos daremos cuenta de que, por lo menos en cuanto a ellos, nada de “vox populi vox Dei”. Casi indefectiblemente el pueblo se fue siempre detrás de los falsos profetas. El pueblo-pueblo real, no el pueblo de los discursos demagógicos, está siempre muy dispuesto a seguir a quienes le dicen lo que el pueblo quiere oír, a respaldar a quien le halaga los oídos con promesas mentirosas, pero gratas. El profeta verdadero dice la verdad, caiga quien caiga, aunque el que caiga sea Él mismo.

El desprestigio de la profecía.

Cuatrocientos años antes de Cristo la profecía se desprestigió casi totalmente. ¿Por qué?, porque cualquier desequilibrado se presentaba diciendo “a mí el Señor me dijo tal cosa”. Porque cualquiera, con buena voluntad desde luego, confundía los fenómenos de su psiquismo profundo con manifestaciones de Dios.

De hecho, desde cuatrocientos años antes de Cristo, ser profeta pasó a ser sinónimo, entre el pueblo, de “loco”, y se hablaba, con toda naturalidad, de “babear” para decir que alguien profetizaba (ver, por ejemplo 2 Re 9,6-11; Jer 29,26, Os 9,7). Como burla, pues todo el mundo sabía que el rey Saúl había tenido raptos de locura, se llegó a decir, entre el pueblo, que ser profeta era tan fácil que “hasta Saúl profetizaba” (ver 1 Sam 10,11-12).

Ser “profeta” llegó a estar tan desprestigiado que ni los verdaderos profetas querían ser tenidos por tales (ver, por ejemplo, Amós 7,14). Los profetas verdaderos, los que de verdad eran llamados por Dios mismo a hablar autorizadamente en su nombre, rechazaban, en primera instancia, ese oficio (ver, por ejemplo, Ex 3ó4,17; Jer.20,7-18; 1,4-10) y sólo lo ejercen como forzados por Dios y contra su propia voluntad (el caso más claro es el de Jeremías, toda su vida).

El desprestigio había llegado a tal extremo que, en el Evangelio, Juan Bautista rechaza ser tenido por profeta cuando ya el pueblo entero lo tenía por tal (ver Juan 1,19-27). Y Jesús mismo dice que en su tierra nadie es respetado por ser profeta (ver Mt 13,57 y Jn 7,52 lo consigna así) y que, más bien, quien se presentaba como profeta no era otra cosa que lobo rapaz (Mt 7,15).

Con el desprestigio casi completo de los profetas hace su aparición el género apocalíptico. La apocalíptica vino a llenar el hueco que dejó en la espiritualidad judía la desaparición de los profetas; ese vacío de autoridad lo llenaron los rabinos y los libros apocalípticos que, por cierto, jamás fueron aceptados por Éstos. Se convirtió la apocalíptica en un género literario más, como la poesía, los himnos, las cartas, la legislación codificada, el mensaje profético, o la crónica histórica.


Los apocalipsis.


Los hubo de toda clase. Hubo apocalipsis judíos, tales como el libro de Enoch, o la asunción de Moisés, o el apocalipsis de Baruch, o los testamentos de los doce patriarcas, o algunas partes del libro de Ezequiel, y gran parte de Daniel; los manuscritos del Mar Muerto tienen varios libros o partes de género claramente apocalíptico.

Entre los cristianos aparecieron varios apocalipsis durante los primeros siglos de cristianismo. Por ejemplo: un apocalipsis de Pedro, otro de Santiago, otro de Juan (el único que ha sido recibido entre los libros canónicos de la Sagrada Escritura del Nuevo Testamento), un apocalipsis llamado “Odas de Salomón” y, desde luego, algunos trozos de los cuatro Evangelios canónicos (como Mt 24; Mc 13; Lc 21,5-33).

Nosotros aquí vamos a hablar solamente del Apocalipsis de Juan, tal como lo tenemos como libro último de nuestra Sagradas Escrituras

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#28 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 18 mayo 2007 - 11:13

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¿En qué consiste el Apocalipsis de Juan?


1. En el año 96 o un poco antes, en plena persecución de Domiciano, se escribe un libro como si hubiera sido escrito alrededor del año 68 (bajo la persecución de Nerón) y

2. Se presenta todo lo ocurrido entre el año 68 y el año 96 como profecías hechas en el año 68,

3. Si todo lo profetizado desde el año 68 ha ocurrido, se dice, también ocurrirá lo que falta por cumplir: que Cristo acabará triunfando,

4. Es para dar esperanzas y fuerzas a los cristianos y comunidades perseguidas; no deben flaquear porque Cristo triunfará y el perseguidor desaparecerá.

5. Todo eso se dice en forma tal que sólo puedan entender el escrito los iniciados (por eso todos los símbolos usados y las imágenes empleadas para describir los hechos).


Como fue escrito en Época y lenguaje apocalípticos se atribuye el escrito a un autor antiguo y prestigioso (no se trata, recordemos el desprestigio de la profecía, de una profecía moderna, dice el autor).

Como fue escrito en plena persecución, los datos que se dan son para despistar a quien lo tome entre sus manos y no haya sido iniciado en el sentido verdadero. Por eso se dice que es de Juan, para despistar; no es de Juan el evangelista. Se dice en Él que fue escrito en Patmos; no fue escrito en Patmos.

Se dice que fue escrito entre el año 68 y el año 70 por un tal “Juan el anciano”, pero se da esa fecha para despistar a los perseguidores (¿para qué iban ellos a buscar, en el año 96, a un autor que ya era un anciano en el año 68 y que, por lo tanto, ya estaría muerto en el momento de la persecución?).

¿Para cuándo son las revelaciones del Apocalipsis?


Todo lo que se dice en el Apocalipsis es para “pronto” respecto al momento en que fue escrito el libro (ver Ap 1,1-3; 22,6.7.10.12.20). En el Apocalipsis no hay ni una sola palabra acerca del año 2000, ni sobre el presidente de los Estados Unidos, ni sobre las computadoras, o tarjetas de crédito, ni sobre Rusia. En todo el libro del Apocalipsis hay una sola profecía acerca del futuro: Cristo triunfará y nosotros con El.

Para el libro del Apocalipsis el fin de los tiempos no está delante, de forma que haya que intentar predecirlo o preverlo. Para el libro del Apocalipsis el fin de los tiempos (o sea: el tiempo último por definitivo, y definitivo por ser el tiempo último)ha llegado ya con el acontecimiento decisivo de la muerte-resurrección de Jesús. Para el libro del Apocalipsis Dios está ya aquí con nosotros, y la presencia de Dios entre nosotros la asegura Jesús y no el templo, el sacerdocio, o el sacrificio.

Tema del libro del Apocalipsis.


El Apocalipsis se escribió para hablar de Jesús, no de la Bestia o del Anticristo. Todo el libro del Apocalipsis es para hablar del triunfo definitivo y total del Cordero (la forma simbólica de referirse a Jesús en el Apocalipsis).El centro y esencia del libro es Cristo, no la Bestia. El centro y esencia del libro es la gracia, no el pecado. El centro y esencia del libro es la resurrección, no la muerte (ni la de Cristo ni la de nadie). El centro y esencia del libro es Cristo, no el diablo. El centro y esencia del libro es el Reino de Dios (en Cristo),no el infierno o la destrucción. Y lo más llamativo del Apocalipsis (en todo el Nuevo Testamento) es precisamente que es Cristo Jesús quien en el Apocalipsis nos habla de Jesús el Cristo (justamente para darle autoridad o fuerza al mensaje del libro, que sólo aparece unos 50 años después de la muerte y resurrección de Cristo).

En el Apocalipsis todo parte de la resurrección de Jesucristo. Si Jesús no hubiera resucitado, nos dice el Apocalipsis, nuestra fe sería una mentira y nosotros unos estúpidos (ver 1 Cor.15),pero Jesús ha resucitado. Todo, en el Apocalipsis, se proyecta y se anima en la esperanza de su “vuelta” gloriosa. El no es solamente “el que era” y “el que es”, sino que también, y sobre todo, es “el que vendrá” (Ap 4,8;1,4); El es el “Omega” (Ap 22,13); El es “el último” (Ap 22,13);El es el fin de todo (Ap 22,13);El es aquel cuya “venida” imploran el Espíritu y la Esposa (Ap 22,17;1,7-8 ). Toda esta acumulación de títulos para decirnos, lo más claramente posible, que el futuro, el verdadero futuro, el futuro definitivo, es de Jesucristo y sólo de El.

Contra lo que ocurre en los Evangelios, en el libro del Apocalipsis toda la atención del escritor está consagrada al acontecimiento decisivo de la vida de Jesús: su muerte y resurrección (lo que el Evangelio según San Juan llama “la hora”). Pero, ¿creemos nosotros en la resurrección de Jesucristo? ¿Creemos de verdad en que El “vendrá” como Señor? ,es decir: que la última palabra en la vida de los seres humanos y el universo todo la tiene Dios, no el dinero, o el poder, o la violencia, o la injusticia, o la muerte, o la ideología, o un partido político.

Esquema general del Apocalipsis.


El libro está dividido en dos grandes partes:

-Del capítulo 4 al 11 se revela “el Cordero”. Sólo el Cordero (Jesús mismo) puede abrir el libro sellado (ver Apoc.5). Nada, pues, de revelaciones sobre el futuro traídas por nadie más; sólo Cristo puede revelarnos el futuro porque sólo El es dueño de ese futuro. Sólo Cristo, sólo el Cordero, puede iluminar todo el sentido del Antiguo testamento. Y se emplea la figura de un cordero para simbolizar que Cristo no viene a hacer daño a nadie, que El solamente puede dar vida, no tomarla o destruirla.

-Del capítulo 12 al 22 se revela el “hijo del hombre”, al hombre de Dios, al hombre en el que
Dios reina plenamente, al hombre en quien se nos revela lo que es el Reino de Dios.


El Apocalipsis es puro Evangelio, pura buena nueva.

El Apocalipsis pretende ser pura buena noticia, puro Eu-anguelion.

El Apocalipsis es un gran libro de esperanza, ya que celebra la victoria definitiva del Cordero sobre la Bestia, la victoria definitiva de la vida sobre la muerte, la victoria definitiva del amor sobre el odio, sobre la violencia y la persecución (ver Apoc.5,12).

El Apocalipsis tiene, como objetivo esencial, alentar a los creyentes en medio de sus pruebas e invitarles al ánimo, a perder el miedo, a mantenerse perseverantes. El Apocalipsis es, esencialmente, buena noticia esmaltada de bienaventuranzas y aleluyas (ver las 7 bienaventuranzas del Apocalipsis:Apoc.1,3;14,13;16,15;19,9;20,6;22,7; 22,14).

Para el Apocalipsis, porque es pura buena nueva, el fin, lo definitivo, está en las manos de Dios, no en las de los romanos, o en las del imperio, o en las del dinero, o de la violencia, o de la muerte, o del poder atómico, o de la injusticia, ¿no nos parece esto buena noticia? Y, además, lo que Dios quiere es la salvación de la humanidad.

El mundo, el universo, va a ser transformado radicalmente hasta convertirse en un mundo nuevo, en un mundo renovado según las ideas de Dios. Y, así, en donde abundó el pecado va a sobreabundar la gracia (ver Apoc 7,9-17; Rom.5,20). El Edén o Paraíso, según el Apocalipsis, no se encuentra atrás, en el pasado, sino en el futuro; el Reino efectivo de Dios está delante, no atrás, o fuera, o paralelo (ver Apoc.22,2-5; GÉn.1-4).

El Apocalipsis es un libro litúrgico.


En Él una comunidad alaba a Dios, el santo y omnipotente, y asocia a Cristo a esa alabanza. El pueblo, la comunidad que alaba a Dios por Cristo, es una comunidad de sacerdotes (ver Ap 1, 6; 5,10; 20,6). Igual que hay en Él siete bienaventuranzas, hay siete alabanzas: Ap 1,4-7; 5,9-10; 5,12; 5,13; 7,10; 11,15; 19,6-7.

En la misma línea que la Carta a los Hebreos y la 1 Pedro (2,9), el Apocalipsis dice que Cristo es el único sacerdote y que, formando parte de su cuerpo, todos los miembros de la comunidad, cuerpo de Cristo, todos son ahora sacerdotes (ver Ap 5,10). Por ser el Apocalipsis un libro litúrgico, todo en Él ocurre en un solo día, que es, precisamente, un domingo, día de la resurrección de Cristo (ver Ap 1,10).


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#29 Ge. Pe.

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Publicado el 20 mayo 2007 - 01:46

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Detalles importantes que aclarar.



1. Como ya aclaramos antes, todo lo que se dice en el Apocalipsis es para “pronto” respecto al tiempo en el que el libro se escribió (o sea: para finales del siglo I después de Cristo). Para que no nos quepa la menor duda, el autor repite dos veces esto ya en los tres primeros versículos del libro y lo dice cinco veces en el capítulo final (ver Ap 22,6; 22,7; 22,10; 22,12; 22,20).

Prueba, además, de esto mismo es que todos los apocalipsis judíos decían cosas que tenían que cumplirse en el momento en que se estaba publicando el libro y nunca hacían afirmaciones para futuros remotos en el tiempo; el Apocalipsis de Juan no es ninguna excepción en esto.

2. El que las iglesias a las que se dirigen las siete cartas al comienzo del libro sean sólo siete implica, precisamente por usar el número siete (siempre simbólico en la mentalidad judía), que la necesidad de crítica recaiga sobre todas las comunidades cristianas, y que todas esas críticas puedan dirigirse a cada una de las iglesias del mundo. Las expresiones usadas en esas cartas vienen a significar lo siguiente: sólo la Iglesia que pase bien por esos siete coladores es una Iglesia perfecta, es una Iglesia como Cristo la quiere.

El relato sigue un esquema bien claro: Las iglesias pares en esa numeración de siete (la segunda, la cuarta y la sexta) son alabadas; las iglesias impares, y en orden creciente (la primera, la tercera, la quinta y la séptima) son calificadas como negativas. En este esquema, la Iglesia de Tiatira, de muy pequeño tamaño y de muy poca importancia en la historia de la Iglesia, es colocada en una posición de gran valor y en el lugar central de la evaluación hecha por el autor del Apocalipsis. No se llama a la Iglesia de Tiatira a la conversión y, más bien, se alaba su amor, su entereza, su fe, su entrega al servicio, su perseverancia y otras buenas obras.

Es en la carta a la Iglesia de Tiatira en donde se da a Cristo el título más elevado para hablar de su divinidad (el título de “Hijo de Dios”, ver Ap 2,18), título que sólo vuelve a aparecer, aunque sea sólo implícitamente, al final de la carta (ver Ap 2,28).

3. Los números, como siempre en la Sagrada Escritura, son utilizados en el Apocalipsis con todo su sentido simbólico. Recordemos que, en la mentalidad judía, los números tienen valor de letras, como todas las letras tienen valor numérico. Por eso, se puede encontrar el valor numérico (la cifra) de cualquier nombre y, también, un número cualquiera puede ser expresado en letras y, por lo tanto, con un nombre.

En la mentalidad judía bíblica el siete es el número de Dios y, por eso, de lo que es perfecto. Lo que se hace siete veces está perfectamente hecho (la plata más pura, en Salmo 12,6, o las siete peticiones en el Padrenuestro que, de hecho, es la repetición septenaria de lo único que hay que pedir: que venga tu Reino)

El número doce significa, siempre, al pueblo entero (las doce tribus). Decir que se ha llamado a doce implica que se ha llamado al pueblo entero.

El número mil representaba, en Israel, lo incontable; como cuando decimos “eso te lo he dicho mil veces”.

El número tres, cuando se trata de tres y medio (la mitad de siete), es, desde el libro de Daniel, lo que duran los tiempos de cualquier tipo de persecución (por ejemplo en Lc 4,25, o en Sant5,17). Esos tres tiempos y medio aparecen como tres meses y medio, como tres años y medio, como 42 meses, como 1260 días, etc.

Aluden siempre a hechos históricos que ellos, los redactores, hubieran experimentado. Por ejemplo: Nerón desapareció de Roma por tres meses y medio y, luego, reapareció para hacer matar a quienes se habían alegrado de su desaparición.

El número seis (no consigue nunca ser siete) es empleado siempre que se quiere aludir a alguien que pretendía ser considerado como Dios, sin serlo.

El número cuatro es usado siempre que se quiere aludir a lo que tiene que ver con el universo entero, por lo que tiene que ver con las cuatro direcciones del cosmos.

El número diez se usa para todo lo que puede ser contado, pero se acaba y debe ser aprendido de memoria (desde luego, tiene que ver con lo que puede enumerarse con los dedos de las manos).

Más adelante hablaremos de dos números bien importantes: el 666 y el número de los 144.000 salvados.

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#30 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 22 mayo 2007 - 06:28

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4. El Apocalipsis, como todos los libros escritos con género literario apocalíptico, es un libro escrito durante una persecución contra gente de mentalidad judía, por eso está lleno de símbolos.

Esos símbolos eran claramente comprensibles sólo para el judío iniciado en los “misterios” cristianos. ¿Qué podía revelar a un soldado romano la expresión “el cordero triunfará sobre la bestia”? Pero un cristiano, que hubiera participado en la reuniones clandestinas de la comunidad, entendía perfectamente que lo que se quería decir era que Cristo acabaría triunfando sobre el imperio romano y su representante oficial, el emperador.
Precisamente porque el Apocalipsis tenía un sentido político bien fuerte hablaba con expresiones simbólicas continuas. Y así lo habían hecho siempre todos los libros apocalípticos judíos.

En el Apocalipsis se trata de describir lo indescriptible y, para eso, se usan imágenes ya utilizadas por el pueblo judío y otras imágenes conocidas usadas por paganos, pero con un sentido nuevo, con un sentido cristiano. Las imágenes del Apocalipsis eran perfectamente comprensibles para judíos que habían leído los libros de Jeremías, Ezequiel, Daniel, Joel, o Isaías. Para describir lo indescriptible se usan hasta símbolos de la astrología o de la mitología pagana.

5. Todas las apariciones que se relatan en el Apocalipsis tienen exactamente el mismo sentido que tiene toda aparición en el Nuevo Testamento: justificar y autorizar una misión o apostolado de alguien.

La aparición bíblica nunca tiene sentido en sí misma sino que, siempre, funcional. Por eso, en todas esas apariciones el relator no le da importancia al cómo, sino al para qué de la aparición (contra todo nuestro sensacionalismo y milagrerismo actual)

6. Observemos que, en el Apocalipsis, siempre se dice que Cristo viene, no que nosotros tengamos que irnos a ningún lado. No se dice que nosotros vayamos al cielo, sino que el cielo (o sea “Dios”)tiene que venir aquí.

Es este mundo, dice el Apocalipsis, el que tiene que convertirse plenamente en el Reino de Dios , en un mundo como Dios lo quiere, en un mundo en el que reine visiblemente el amor ( Dios), no el dinero, o el poder, o la muerte, o la injusticia, o la enfermedad, o el dolor. “El viene” significa lo mismo que “venga a nosotros tu Reino” o la jaculatoria continua de los lectores de Apocalipsis: “Maranatha”: ven, Señor.

7. Observemos, también, la repetición de la expresión “no temas” al comienzo de las revelaciones (en Ap 1,17). Toda manifestación-revelación de Dios (o sea: toda “teofanía”) empieza por quitar el temor. Y así sucede en el Evangelio cada vez que hay una revelación- manifestación de Dios (ver Mt 1,20; 14,27; 17,7; 28,5; Mc.4,40; 6,50; 16,6; Lc.1,13; 1,30; 2,10; Jn.6,20).

Si algo revela en Nuevo Testamento es la cercanía de Dios a nosotros por la encarnación, y que esa cercanía es salvadora; si Dios se acerca al hombre es para salvarlo, es por amor. Si Dios es amor, y el amor expulsa el temor (ver 1 Jn 4,18), toda manifestación de Dios da la paz y quita el temor.

8. Marcar con un sello o tatuar sobre la piel el nombre de un dueño era cosa bien común en la Época en que se escribió el Apocalipsis.

Entre los cristianos se llamaba “marcar con el sello” al hecho de hacer la señal de la cruz sobre la frente del catecúmeno el día de su bautismo-confiamación. También se llamaba “el sello” al Espíritu Santo que venía sobre el cristiano y lo poseía para siempre en el momento de su bautismo-confirmación.

Como contraposición se dice, en el Apocalipsis, que hay gente que, en vez de llevar la señal o sello de Cristo, lleva el sello de la Bestia, pues pertenecen a ella y a ella sirven; en vez de pertenecer al Reino de Dios, se enorgullecen de pertenecer al reino de la Bestia, al imperio romano, y sirven precisamente a quien persigue a Cristo y a sus servidores (ver Ap 7,2-17; 9,4; 13,16-18).

9. Para quien está al tanto de lo que significan las imágenes y símbolos del Apocalipsis, el número de 144.000 salvados (ver Ap 14,1-5; 7,2-17) no puede ser más claro.

Se trata de doce por doce por mil, es decir: el pueblo entero, de todos los pueblos de la tierra, hasta hacerse una multitud incontable.

Y eso es, exactamente, lo que se dice en el mismo lugar en el que se menciona a esos 144.000 (ver Ap 7,4-9; 19,1 y 6;20,4;13,7 y 16).

No se trata, pues, de un número matemático exacto, no es 143.999 +1, sino, en números-símbolos, típicos de este libro, de una multitud incontable de todo pueblo, raza, nación, de toda edad y de toda condición social.


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#31 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 25 mayo 2007 - 01:00

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Detalles importantes que aclarar. Continuacion...
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10. El Apocalipsis es, desde luego, un libro político.

A eso precisamente se debe que en Él se usen tantos símbolos e imágenes. Para que sólo entendiera su sentido claro el cristiano iniciado y no cualquier soldado romano que echara mano al libro. Los romanos eran absolutamente intransigentes con quien cuestionara de alguna manera el poder del emperador o el poder del imperio romano. Eso, exactamente eso, es lo que se hace en el Apocalipsis. Quien alaba al Cordero que reina para siempre no es amigo del César (ver Jn 19,12-15).

El Apocalipsis afirma que todo quedará transformado, que nada en el universo se sustrae o puede sustraerse al poder de Cristo. Hasta las estructuras más físicas del universo quedarán trastocadas por el reinado efectivo de Cristo. Si para alguien es claro que no se puede servir a dos señores es para el autor del Apocalipsis (ver Mt 6,24; Lc 16,13). Según el libro del Apocalipsis, Roma, y con ella el imperio romano entero, debe caer y caerá (ver Apoc.caps.17 y 18). Para que no nos quepa la menor duda de lo que pensaba el autor sobre Roma, capital del imperio, le llama (sesenta años después de la muerte y resurrección de Cristo, y treinta años después de la muerte de Pedro y Pablo en ella) la gran prostituta, la que ha hecho multiplicarse por toda la Tierra las abominaciones, la Babilonia que debe ser destruida. ¡Claro que el Apocalipsis es un libro con sentido político!

En el nombre del libro del Apocalipsis no se puede, legítimamente, pedir a un cristiano que se mantenga ajeno a la política, porque el Apocalipsis no sólo tenía sentido político cuando se escribió, sino que sigue teniéndolo en el presente.

11. La Bestia aparece muchas veces en el libro del Apocalipsis (ver Ap 11,7; todo el cap.13; 14,9-11;16, 2.10.13; 17,3; 19,19-20).

La imagen de la Bestia está tomada del libro de Daniel,7. Lo que en el libro de Daniel se dice sobre las cuatro bestias se ha resumido en el Apocalipsis en una sola Bestia, que es Roma, el imperio romano, y su representante oficial el emperador de ese imperio. Todo el Apocalipsis trata, de hecho, de una lucha entre la Bestia y Cristo y cómo la Bestia queda totalmente vencida por Cristo. Una vez más, es Cristo quien ahora tiene todo el poder en el universo (Mt 28,18; Filip.2, 9-11) y es Cristo quien terminará venciendo a quien se le oponga.

Por fuerte que parezca el imperio o el emperador, dice el autor del Apocalipsis, por débil que parezcan Cristo (un Cordero)o los cristianos, Cristo acabará triunfando y los cristianos con El. Justamente, por el contenido político de una afirmación así, los cristianos de los primeros siglos tenían que usar símbolos para decirla, símbolos sólo comprensibles para el cristiano iniciado de ese tiempo.

12. La mujer vestida de sol (Ap 11,15-19)es, en el campo del bien, lo que la mujer vestida de rojo escarlata en el campo del mal.

La mujer vestida de escarlata es la ciudad de Roma, con todo lo que ella representaba en el imperio romano. Así, la mujer vestida de sol representa a la Iglesia, pueblo de Dios, de hecho el grupo fiel de judíos que, en la Época de Domiciano y su persecución, se había hecho cristiano y se mantenía fiel a Cristo.

Esa mujer vestida de sol (aunque haya servido de símbolo de María en la fiesta litúrgica de la asunción, no es, en el Apocalipsis, la santísima Virgen María, porque esta mujer vestida de sol, como Eva por su pecado, da a luz con dolor (ver Ap 12,2).

13. En la mentalidad judía se había hecho tradición igualar la idolatría con una prostitución (ver Oseas 1,2; Ez.16;20,30; 23) y la fidelidad absoluta a YavÉ con virginidad (ver Ap 19,9;21,2; 2 Cor.11,2); de allí esos vírgenes vestidos de blanco (Apoc.14,4).

La virginidad de la que se habla en el Apocalipsis no tiene nada que ver con virginidad física alguna, sino que es solamente una imagen (¡una imagen más!) para hablar de la virginidad teológica: la fidelidad absoluta al Cordero (Cristo).

14. ¡De una vez para siempre!:el Apocalipsis no menciona ni una sola vez a nadie con el nombre de “anticristo”.

En donde encontraremos el nombre de “anticristo” es en las cartas de san Juan (1 Jn 2,18.22; 4,3; 2 Jn 7). Y, por cierto, para Juan, anticristo es todo aquel que se opone a la doctrina de Cristo Jesús.

No hay, según Juan, un anticristo, sino muchos, todo aquel que, en cualquier Época, se oponga a Cristo.

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#32 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 26 mayo 2007 - 07:39

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Detalles importantes que aclarar. Continuacion...
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15. Hablemos del número de la Bestia (el 666 o el 616).


Recordemos que en hebreo toda letra tiene valor numérico, y todo número tiene valor de letra. En numerosas versiones originales del Apocalipsis aparece, en vez del número 666, el número 616. En hebreo, la expresión “Nerón- César” suma 666 puntos.

En letras griegas, la expresión “César-Dios” suma 616 puntos. Una vez más, en el momento en que se escribió el Apocalipsis, se trató de representar, esta vez por los signos de los números, algo político-teológico en relación con Cristo, el emperador de Roma , y los cristianos de esa Época.

16. La expresión “nuevos cielos” y “nueva Tierra” (Ap 21,1) no significó nunca que la Tierra o el universo fueran a ser destruidos, sino renovados.

El Apocalipsis no hace sino utilizar una imagen de Isaías (51,16; 65,17; 66,22) para explicar la renovación que conllevará el reinado del Mesías.

Y así lo usa San Pablo (Rom.8,18-19).El Nuevo Adán no es un hombre distinto que haya aparecido por destrucción del hombre antiguo, sino el hombre, el mismo hombre, pero totalmente renovado, gracias a Cristo.

Nota final:

El Apocalipsis es un libro escrito para animar, para dar esperanza, para fortalecer al cristiano.

Nada en Él ha sido escrito para asustar, para amenazar, o para revelar algo sobre la historia como ciencia.


En Él no hay ni una sola palabra que hubiera sido escrita para hablar del año dos mil del nacimiento de Jesús (que, por cierto, ya pasó hace ratos).

Para el Apocalipsis, como para todo el Evangelio, el Reino de Dios ya está aquí, entre nosotros, y aquí debe producir su fruto; lo sembrado por Dios debe llegar aquí a cosecha plena.


Los cristianos somos los únicos que sabemos, por fe, que el universo no acabará en una hecatombe de ninguna clase, sino en el triunfo definitivo, total, absoluto, y evidente, de Cristo, en lo que llamamos, y el Evangelio llama, el “Reino de Dios”.


Alejandro von Rechnitz


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#33 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 28 mayo 2007 - 01:14

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Seguimos publicando documentos de largo aliento que requieren de los interesados una disposicion a la lectura atenta y a su meditacion. Sabemos que seran pocos los que lo leeran, pero tenemos esperanzas que cada dia seran mas, para todos ellos nuestros mejores deseos de desarrollo espiritual y cultural.
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Pablo Richard


El Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la Iglesia


Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles


INDICE

Presentación

Capítulo Primero: Introducción a los Hechos de los Apóstoles

1.1 Algunas claves de interpretación
1.2 Estructura literaria de Hechos de los Apóstoles

Capítulo Segundo: Hch 1,1-11

2.1 Retomando el pasado: Hch 1,1-5
2.1.1 Resumen del Evangelio: Hch 1,1-2
2.1.2 Los días de la resurrección: Hch 1,3-5
2.2 Introducción: Hch 1,6-11
2.2.1 La estrategia de Jesús resucitado: 1,6-8
2.2.2 La exaltación del resucitado (la ascensión)... 1,9-11

Capítulo Tercero: La Iglesia de Jerusalén: Hch 1,12-5,42

3.1 Constitución de la comunidad: 1,12-2,47
3.1.1 Sumario: 1,12-14: la comunidad antes de Pentecostés
3.1.2 Constitución de los 12 Apóstoles: 1,15-26
3.1.3 Pentecostés: 2,1-41
Los hechos de Pentecostés (vv. 1-13)
El discurso de Pedro (vv. 14-36)
Reacciones ante el discurso de Pedro (vv. 37-41)
3.1.4 Sumario: 2,47: la comunidad después de Pentecostés
Eran perseverantes en la enseñanza de los apóstoles (2,42)
Eran perseverantes en la comunión (2,42)
Eran perseverantes en la fracción del pan y en las oraciones (2,42)
Los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales (2,43)

3.2 Manifestación de la comunidad en Jerusalén: 3,1-4,31
Curación de un tullido: 3,1-10
Discurso de Pedro: 3,11-26
Represión de las autoridades del Templo y Testimonio de Pedro: 4,1-22:
Reunión de la comunidad: 4,23-31

3.3 Consolidación de la comunidad: 4,32-5,16
3.3.1 El sumario inicial: 4,32-35.
3.3.2 El relato sobre Bernabé... 4,36-37.
3.3.3 Ananías y Safira: 5,1-11

3.4 Reconocimiento de la Comunidad: 5,17-41
Prisión y liberación (5,17-21a)
Convocación del Sanedrín y testimonio de los apóstoles (5,21b-33)
Intervención de Gamaliel (5,34-39)
Represión de los apóstoles y liberación (5,40-41)
3.5 Sumario conclusivo: 5,42

Capítulo Cuarto De Jerusalén a Antioquía: 6,1-15,35
La comunidad de los Helenistas y el inicio de la misión fuera de Jerusalén


4.1 Los Hechos de los Helenistas
4.1.1 Constitución del grupo de los 7 Helenistas
4.1.2 Los Hechos de Esteban: 6,8-7,60
4.1.3 Dispersión del grupo de los Helenistas: 8,1-4
4.1.4 Hechos de Felipe: 8,5-40

Primer relato intercalado: Los Hechos de Saulo: 9,1-31

Pablo persigue a la Iglesia: vv. 1-2
Encuentro de Saulo con Jesús camino a Damasco: vv. 3-9
Encuentro de Pablo con Ananías y conversión: vv. 10-19a
Actividad misionera de Pablo y persecución: vv. 19b-30
Segundo relato intercalado: Los Hechos de Pedro: 9,32-11,18
Visita de Pedro a las comunidades judeocristianas: 9,32-43
Presentación de Cornelio: vv. 1-8
Visión de Pedro: vv. 6-16
Encuentro de Pedro con los enviados de Cornelio: vv. 17-23
Pedro en casa de Cornelio: vv. 24-48
Pedro justifica su conducta en Jerusalén: 11,1-18

4.3.2. Los Hechos de los Helenistas: 11,19-30
Fundación de la comunidad de Antioquía
Relato intercalado sobre los Hechos de Pedro: 12,1-25
Muerte de Santiago: vv. 1-2
Prisión y Liberación de Pedro: vv. 3-17
La muerte de Herodes: vv. 18-23

4.3.3. Los Hechos de los Helenistas: 13,1-14,28
Misión de la Iglesia de Antioquía fundada por los Helenistas
La Iglesia de Antioquía: 13,1-3 y 14,26-28
Misión en Chipre: 13,4-12
Misión en Antioquía de Pisidia: 13,13-52
Misión en Iconio, Listra, Derbé y retorno: 14,1-25

4.3.4 Los Hechos de los Helenistas:15,1-35
Asamblea de Jerusalén confirma a la Comunidad de Antioquía
Antecedentes de la Asamblea de Jerusalén: vv. 1-5
Asamblea donde habla Pedro: vv. 5-12
Asamblea donde habla Santiago: vv. 13-21

Capítulo Quinto: De Antioquía a Roma: 15,36-28,31 (años 48-60 d. C.)

5.1 Los viajes misioneros de Pablo: 15,36-19,20 (años 48-55 dC)

5.1.1 Pablo entre la ley y el Espíritu: 15,36-16,10
Ruptura entre Pablo y Bernabé (15,36-40)
Pablo elige a Timoteo y lo circuncida (16,1-3)
Pablo en su recorrido consolida las Iglesias (15,41 y 16,4-5)
Las intenciones del Espíritu (16,6-10)

5.1.2 Misión en la ciudad de Filipos: 16,11-40
Conversión de Lidia y toda su casa (vv.13-15)
Liberación de una muchacha esclava (vv.16-18 )
Conflicto de Pablo con las autoridades (vv. 19-24)
Liberación de Pablo y de Silas (vv. 25-28)
Conversión del carcelero y los de su casa (vv. 29-34)
Pablo y Silas abandonan Filipos (vv. 35-40)

5.1.3 Misión en la ciudad de Tesalónica: 17,1-9
Trabajo misionero (vv. 1-4)
Conflicto con las autoridades (vv. 5-8 )

5.1.4 Misión de Pablo y Silas en Berea: 17,10-15

5.1.5 Pablo en Atenas: 17,16-34

Discurso de Pablo en el Aerópago (vv. 22-31)...
Reacción del auditorio ante el discurso de Pablo (v.32-34)

5.1.6 Misión en la ciudad de Corinto: 18,1-18

Pablo llega a Corintio-eucuentro con Aquila y Priscila (vv. 1-4)
Misión de Pablo, Silas y Timoteo en Corintio (vv 5-11)
Pablo ante el procónsul Galión (vv. 12-18a)

5.1.7 Misión de Pablo en Éfeso: 18,18b-19,20

Pablo se embarca rumbo a Siria (vv. 18b-23a)
Pablo recorre las regiones de Galacia y Frigia (18,23)
Apolo en Éfeso y Acaya (18,24-28)
Misión de Pablo en Éfeso: 19,1-20
Pablo llega a Éfeso (v.1)
Pablo y los 12 discípulos en Éfeso (vv. 1-7)
Ministerio de Pablo en Éfeso (vv. 8-10)
Pablo hace milagros y derrota a los magos (19,11-19)

5.2 Subida a Jerusalén y viaje a Roma: 19,21-28,31 (juicio, pasión, muerte y resurrección de Pablo)

5.2.1 Subida de Pablo a Jerusalén: 19,21-21,15
Pablo toma la decisión de ir a Jerusalén y Roma: 19,21-22
Revuelta de los orfebres en Éfeso: 19,23-40
Las 7 etapas del viaje de Pablo de Éfeso a Jerusalén (20,1-21,15)
De Éfeso a Tróade (20,1-6)
En Tróade (20,7-12)
De Tróade a Mileto (20,13-16)
En Mileto: discurso a los Presbíteros de Éfeso (20,17-38)
De Mileto a Jerusalén (21,1-15)

5.2.2 Juicio y pasión de Pablo en Jerusalén y Cesarea (21,16-26,32)
Pablo en Jerusalén (21,16-23,35)
Encuentro de Pablo con la Iglesia de Jerusalén (21,16-26)
Los hechos de Jerusalén (21,27-23,35)
Pablo en Cesarea: 24,1-26,32

5.2.3 Muerte y resurrección de Pablo camino a Roma: 27,1-28,31
Pablo camino a Roma: 27,1-28,10 (año 58)
Pablo en Roma: 28,11-31 (años 58-60)
Triunfo de Pablo en su camino hacia Roma (vv. 11-15)
En una casa en Roma: diálogo con los principales judíos (vv. 16-24)
Finalmente: conversión de Pablo (vv. 25-28)...
Epílogo a toda la obra de Lucas (28,30-31)


Bibliografía


Presentación


Se me ha pedido hacer la presentación del libro “El movimiento de Jesús después de su resurrección y antes de la Iglesia”.

Es el título que su autor Pablo Richard, da a su estudio hecho en sentido liberal e histórico del texto de los Hechos de los Apóstoles.

En este año 1988, dedicado al Espíritu Santo, dentro del milenio preparatorio para celebrar el Jubileo 2000. Pablo Richard quiere brindarnos ese valioso y serio trabajo, fruto de su reflexión y práctica pastoral en cursos dados a diversas Iglesias Particulares de América Latina.

De manera sencilla, el autor no sólo nos hace conocer el texto y contexto de los Hechos de los Apóstoles, sino también, y aquí está su valor para nosotros en los tiempos actuales, a través de la reflexión pastoral que añade a los diversos capítulos, sintetiza, actualiza y cuestiona el universo eclesial tratando de combinar una exégesis científica con una visión pastoral liberadora.

Quienes conocemos a Pablo Richard de hoy sabemos bien de su amor y fidelidad a la Iglesia Comunidad e Institución.

Desde esta conclusión entendemos y agradecemos sus aportes, orientaciones y cuestionamientos.

Da la perspectiva de la nueva evangelización que nos invita Juan Pablo II y ante los desafíos del nuevo milenio este libro puede ser un eficaz aporte a nuestro afán pastoral de reforma y actualizar las estructuras pastorales e institucionales de nuestras Iglesias Particulares.

“En la tarea de reforma de la Iglesia es importante resaltar las 3 dimensiones fundamentales del movimiento de Jesús, tal como nos presenta Lucas en los Hechos.

• La dimensión del Espíritu Santo.
• La dimensión misionera y
• La dimensión de las pequeñas comunidades”, dice el autor de este libro.

Hago votos a Dios para que el interés del autor al poner este libro en nuestras manos consiga su objetivo, cual es, ayudar a quienes trabajamos por el Reino de Dios como Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo nos renovemos en nuestro ser y hacer Iglesia, porque el Espíritu Santo, la misión y las pequeñas comunidades tal como nos narra Lucas, son realidades que nos da vida, fuerza y esperanza, como en tiempo de los Hechos de los Apóstoles.

+ Víctor Corral Mantilla
OBISPO DE RIOBAMBA.
Riobamba, 27 de abril de 1998



INTRODUCCION


El libro que aquí presentamos intenta una interpretación global de los Hechos de los Apóstoles, tratando de combinar una exégesis científica con una visión pastoral liberadora.

La idea fundamental que guía nuestra interpretación es que los Hechos de los Apóstoles de Lucas reflexiona sobre el período de los orígenes del Cristianismo que va del año 30 al 60 dC, es decir, el período después de la Resurrección de Jesús y antes de la institucionalización de la Iglesia, que es posterior a los años 70 dC.

El “movimiento de Jesús” en este período, tal como aparece en Hechos, tiene tres características: es un movimiento del Espíritu, un movimiento misionero, que se va estructurando en pequeñas comunidades domésticas. Lucas busca desafiar la Iglesia de su tiempo (años 80-90) desde esta perspectiva misionera del Espíritu y desde estas primeras comunidades domésticas.

El libro que presentamos también busca desafiar las Iglesias de hoy desde esta misma perspectiva.



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#34 Ge. Pe.

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Publicado el 31 mayo 2007 - 07:04

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Capítulo Primero:

INTRODUCCIÓN A LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES



1.1 Algunas claves de interpretación

El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch) fue escrito entre los años 80 y 90 dC, posiblemente en Éfeso. La tradición reconoce como autor del tercer Evangelio y de Hch a Lucas . El contenido del libro cubre casi completamente el período llamado apostólico (30-70 dC).. comienza con la resurrección de Jesús (año 30 dC) y termina con la actividad durante dos años de Pablo en Roma (años 58-60 dC).

El período en el cual Lucas escribe Hch es llamado período sub-apostólico (70-135 dC). En este período se institucionalizan los diferentes modelos de Iglesia ; es el período de la organización de la Iglesia. Lucas busca con su libro de Hch reconstruir ese período que va desde la resurrección de Jesús hasta la organización de las Iglesias. Es un período normalmente olvidado en la tradición, pues en el imaginario colectivo de los cristianos, la organización e institucionalización de la Iglesia aparece directamente ligada al Jesús histórico. Jesús y la institución de la Iglesia aparecen unidos históricamente.

Rescatar el libro de Hch es justamente rescatar ese período histórico de 30 años entre la Resurrección de Jesús y la organización de las Iglesias, es reconstruir el Movimiento de Jesús después de la Resurrección y antes de la Iglesia .

El Evangelio de Lc y los Hch tienen un mismo autor y constituyen una sola obra. Es posible que en su primera composición formara un solo libro. En ese caso el Evangelio terminaría en 24,49 y Hch comenzaría en 1,6. Separadas las dos obras se habría agregado al final del Evangelio los vv. 50-53 y al comienzo de Hch los vv. 1-5. El prólogo que tenemos en Lc 1,1-4 es para toda la obra Evangelio-Hechos.

La obra comienza en el Templo de Jerusalén con el anuncio del nacimiento de Juan Bautista y termina en Roma en una casa con la predicación del Reino de Dios realizada por Pablo con toda valentía y sin estorbo alguno. Toda la obra es un Evangelio y tiene una profunda coherencia teológica, si bien hay un progreso histórico y teológico desde el comienzo hasta el final. Aquí veremos solamente la segunda parte de este gran Evangelio que fue llamado desde antiguo “Hechos de los Apóstoles”.

El libro de Hch, como ya dijimos, reconstruye el Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la institucionalización de las Iglesias (realizada después del 70 dC). Este movimiento tiene según Hch tres características fundamentales: es un movimiento animado por el Espíritu Santo, es un movimiento misionero, cuya estructura básica son las pequeñas comunidades domésticas.

El tiempo después de la Resurrección de Jesús es así el tiempo privilegiado del Espíritu y es justamente esto lo que rescata Hch. Por eso muchos lo llaman el “Evangelio del Espíritu Santo”. El movimiento de Jesús es también en Hch, un movimiento esencialmente misionero. En 1,8 tenemos resumidas estas dos características fundamentales: “recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra”. El movimiento de Jesús, por lo tanto, antes de institucionalizarse como Iglesia, fue un movimiento del Espíritu y un movimiento misionero. La experiencia del Espíritu y de la Misión son históricamente anteriores a la Iglesia. Primero es el Espíritu y la Misión, luego viene la institucionalización de las Iglesias.

Este movimiento de Jesús después de su Resurrección tiene además como estructura fundamental las pequeñas comunidades domésticas. Los momentos decisivos de Hch se realizan en estas pequeñas comunidades que se reúnen en las casas: la primera comunidad apostólica se reúne en una casa (1,12-14) y es en esa casa que se vive Pentecostés (2,1-4); la comunidad ideal después de Pentecostés tiene su centro en las casas, donde se celebra la Eucaristía (2,42-47); es la pequeña comunidad la que permite resistir la persecución (4,23-31); la diakonía se organiza en las casas (6,1-6); la persecución del movimiento de Jesús es por las casas (8,3); la primera comunidad gentil convertida es la casa de Cornelio (10,1-48); existe una comunidad que se reúne en la casa de María, la madre de Juan Marcos (12,12-17);

Pablo funda pequeñas comunidades en las casas: en Filipo (16,11-40), en Tesalónica (17,1-9) y en Corintio (18,1-11); en una casa en Tróade la comunidad vive la experiencia de la Palabra, de la Eucaristía y de la Resurrección (20,7-12); en Cesarea encontramos una comunidad de mujeres profetas (21,8-14); Pablo llega en Jerusalén a la casa-comunidad de Nasón (21,17-20) y la última comunidad de Pablo en Roma es en una casa (28,30-31).

Lucas escribe Hch en los años 80-90 cuando se institucionalizaban los diferentes modelos de Iglesia. El aporte de Lucas a dicho proceso es justamente la reconstrucción del movimiento de Jesús después de la resurrección, como un movimiento del Espíritu, un movimiento misionero, organizado en pequeñas comunidades.

El libro de Hch construye así a partir de la tradición una perspectiva específica, una metodología, un espíritu, un modelo o paradigma, para institucionalizar la Iglesia de su tiempo. Nosotros proponemos interpretar los Hch con esta perspectiva propia de Lucas, con la intención, espíritu y metodología con la cual Lucas mismo escribió Hch, que serán para nosotros las claves hermenéuticas para interpretar el libro:

(1) Desde la perspectiva del Espíritu Santo.

Todo el libro lo interpretaremos como el “Evangelio del Espíritu Santo”, buscando descubrir la presencia y la acción de Espíritu en toda la narrativa del libro. Trataremos, siguiendo la perspectiva del mismo Lucas, reconstruir el movimiento de Jesús después de su resurrección, como un movimiento del Espíritu. La referencia al Espíritu Santo será la clave hermenéutica fundamental para la nuestra interpretación del libro de Hch Daremos además a nuestra interpretación la misma intencionalidad que da Lucas a su libro: reconstruir el movimiento de Jesús, como movimiento del Espíritu Santo, como una perspectiva concreta y específica para la construcción posterior de la Iglesia.

(2) Desde la perspectiva de la misión.

Todo el libro de Hch es un movimiento misionero, desde Jerusalén hasta los confines de la tierra, cuyo contenido fundamental es la Palabra de Dios. El crecimiento del movimiento de Jesús se identifica con el crecimiento de la Palabra (6,7; 12,24 y 19,20) y es la Palabra de Dios la que tiene el poder para construir la Iglesia (20,32). Trataremos, siguiendo esta perspectiva de Lucas, reconstruir el movimiento de Jesús como un movimiento misionero.

La referencia a la misión será la segunda clave hermenéutica fundamental para nuestra interpretación del libro de Hch El rescate de esta dimensión misionera sigue la misma intencionalidad de Lucas: reconstruir el movimiento de Jesús como movimiento misionero, como una perspectiva concreta y específica para la construcción posterior de la Iglesia.

(3) Desde la perspectiva de las pequeñas comunidades domésticas.

El movimiento de Jesús, después de su Resurrección y antes de la institucionalización de la Iglesia, se estructura en pequeñas comunidades domésticas. Todo el libro tiene una dinámica que parte del Templo y llega a la casa. La formación de pequeñas comunidades es lo que permite que la Palabra se haga presente en las ciudades y en las culturas. La pequeña comunidad es el lugar donde se mantiene viva la enseñanza de los apóstoles (la memoria de Jesús) y donde se vive la koinonía (tenían todo en común), la diakonía (no había pobres entre ellos) y la Eucaristía (Hch 2,42-47).

Esta reconstrucción del movimiento de Jesús como construcción de comunidades domésticas, será la tercera clave hermenéutica fundamental para interpretar el libro de Hch y lo hacemos también con la misma intencionalidad de Lucas: crear una perspectiva o metodología fundamental para la posterior institucionalización de la Iglesia.

(4) Otras claves para nuestra interpretación de Hch (solo las enumeremos, pues las explicaremos en la práctica misma de nuestra interpretación de Hch)...

- La participación de la mujer en el movimiento de Jesús
- La dimensión de las culturas y de la inculturación del Evangelio
- La pluralidad de ministerios, carismas y funciones en la misión
- La dimensión política: el movimiento de Jesús y el Imperio romano


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#35 Ge. Pe.

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Publicado el 02 junio 2007 - 12:51

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Aun para quienes les interese, no o es una lectura facil en absoluto... pero si increiblemente interesante
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1. 2 Estructura literaria de Hechos de los Apóstoles


Lo importante ahora es comenzar apropiándonos del texto de Hch y para ello proponemos una estructura literaria que nos permita hacer esta primera lectura organizada del texto:

Introducción: 1,1-11

A: Retomando el pasado: 1,1-5
(agregado cuando se separaron los dos libros)
(1) Resumen del Evangelio: vv. 1-2
(2) Los días de la resurrección: vv. 3-5

B: Introducción a los Hch 1,6-11 (continúa el discurso de Lc 24,49)
(1) Estrategia de Jesús resucitado: vv. 6-8
(2) Exaltación de Jesús resucitado: vv. 9-11

I: El movimiento de Jesús en Jerusalén:
1,12-5,42 (años 30-32)
La comunidad de los creyentes hebreos dirigidos por los 12 apóstoles

A: Constitución de la comunidad: 1,12-2,47
a) sumario: 1,12-14: la comunidad antes de Pentecostés
b) narración: 1,15-26: constitución de los 12
b) narración: 2,1-41: Pentecostés
a) sumario: 2,42-47: la comunidad después de Pentecostés

B: Manifestación de la comunidad en Jerusalén: 3,1-4,31
narración en cuatro actos:
(1) curación de un tullido: 3,1-10
(2) anuncio de la resurrección: 3,11-26
(3) represión: 4,1-22
(4) Reunión de la comunidad: 4,23-31

A': Consolidación de la comunidad: 4,32-5,16
a) sumario: 4,32-35
b) narración: 4,36-37: Bernabé
b) narración: 5,1-11: Ananías y Safira
a) sumario: 5,12-16

B': Reconocimiento de la comunidad: 5,17-41
narración en cuatro actos:
(1) prisión de los apóstoles y liberación: 5,17-21a
(2) convocación del Sanedrín y testimonio de los apóstoles: 5,21b-33
(3) Intervención de Gamaliel y acuerdo con el Sanedrín: 5,34-39
(4) represión de los apóstoles y liberación: 5,40-41

Sumario conclusivo: 5,42: los apóstoles enseñan y anuncian la Buena Nueva de Cristo Jesús cada día en el Templo y por las casas.

II: De Jerusalén a Antioquía: 6,1-15,35 (años 32-48 dC)
La comunidad de los helenistas y el inicio de la misión fuera de Jerusalén

A: Los Hechos de los Helenistas: 6,1-8,40
a) Asamblea en Jerusalén: elección de los 7 helenistas: 6,1-7
b) Hechos de Esteban: 6,8-7,60
a) Dispersión del grupo de los Helenistas: 8,1-4
b) Hechos de Felipe: 8,5-40

B: Los Hechos de Saulo: 9,1-31

C: Los Hechos de Pedro: 9,32-11,18
(1) En Lida y Jope: 9,32-43
(2) Conversión de la casa de Cornelio: 10,1-48
(3) Defensa de Pedro ante “los de la circuncisión”: 11,1-18

A: Los Hechos de los Helenistas: 11,19-30
a) Misión de los dispersados-conversión de griegos en Antioquía: vv. 19-21
b) Misión de Bernabé desde Jerusalén a Antioquía: vv. 22-24
a') La comunidad de los cristianos en Antioquía: vv 25-26
[ Misión desde Antioquía a Jerusalén: vv. 27-30]

C: Los Hechos de Pedro: 12,1-25
a) Muerte de Santiago apóstol, hermano Juan: vv. 1-2
b) Prisión y Liberación de Pedro: vv. 3-17
a') Muerte de Herodes: vv. 18-23
b') Sumario: La Palabra de Dios crecía y se multiplicaba: v. 24

[Bernabé y Saulo, junto con Juan Marcos, regresan a Antioquía: v.25]

A: Los Hechos de los Helenistas: 13,1-14,28
(Misión de la Comunidad de Antioquía)
a) Asamblea de la comunidad de Antioquía y envío: vv. 1-3
b) Misión de la Iglesia de Antioquía: 13,4-14,25
a') Llegada y asamblea de la comunidad de Antioquía: 14,26-28

A: Los Hechos de los Helenistas: 15,1-35
(Asamblea de Jerusalén confirma a la Comunidad de Antioquía)
a) Antecedentes de la Asamblea: vv. 1-5
en Antioquía: vv. 1-2
camino a Jerusalén: v. 3
en Jerusalén: vv. 4-5
b) Asamblea donde habla Pedro: vv. 6-12
reunión de los apóstoles y presbíteros: v.6
discurso de Pedro: vv. 7-11
intervención de Bernabé y Pablo: v. 12
b') Asamblea donde habla Santiago: vv. 13-21
Santiago toma la palabra: v.13
discurso de Santiago: vv. 14-18
Juicio de Santiago: vv. 19-21
a') Acuerdos y reacciones: vv. 22-35
En Jerusalén: elección de los delegados para ir a Antioquía: v. 22
Carta a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia: vv. 23-29
En Antioquía: recepción de la carta de Jerusalén: 30-35

III: De Antioquía a Roma: 15,36-28,31 (años 48-60 d. C.)

A: Los viajes misioneros de Pablo: 15,36-19,20 (años 48-55 dC)

1: Pablo entre la ley y el Espíritu: 15,36-16,10
a) Las intenciones de Pablo: 15,36-16,5
Pablo rompe con Bernabé y elige a Silas: 15,36-40
Pablo recorre Siria y Cilicia consolidando a las Iglesias: 15,41
Pablo elige a Timoteo y lo circuncida: 16,1-3
Pablo entrega los decretos del concilio de Jerusalén
las Iglesias así se afianzaban en la fe y crecían en número: 16,4-5
b) El Espíritu Santo logra imponer a Pablo su estrategia misionera: 16,6-10

2: Misión en la ciudad de Filipos: 16,11-40
a) Pablo llega a Filipos. Conversión de Lidia y las/los de su casa: 16,11-15
b) Pablo y la muchacha esclava. Conflicto con las autoridades: 16,16-24

Centro: Liberación milagrosa de Pablo y Silas de la cárcel
Conversión del carcelero y las/los de su casa: 16,25-34

b) Inocencia y libertad de Pablo: 16,35-39 (continúa el relato de 16,16-24)

a) Pablo y Silas animan a la comunidad y abandonan Filipos: 16,40

3: Misión en la ciudad de Tesalónica: 17,1-9

4: Misión de Pablo y Silas en Berea: 17,10-15

5: Pablo en la ciudad de Atenas: 17,16-34
a) Actividad de Pablo en la ciudad: 17,16-21
b) Discurso de Pablo en el Areópago: 17,22-31
c) Reacción al discurso de Pablo: 17,32-34

6: Misión en la ciudad de Corintio: 18,1-18a
(un año y 6 meses: dic 50 - jun 52)

7: Misión en la ciudad de Éfeso: 18,18b-19,20
a) Preparación de la misión: 18,18b-28
(1) Viaje de Pablo rumbo a Siria (Éfeso, Cesarea, Jerusalén, Antioquía)...
vv. 18b-23a
(2) Pablo recorre Galacia y Frigia para fortalecer a los discípulos: v. 23b
(3) Actividad de Apolo en Éfeso y Corintio: vv. 24-28
b) Misión en Éfeso: 19,1-19
(1) Pablo y los 12 discípulos en Éfeso: vv. 1-7
(2) Pablo predica en la sinagoga (3 meses)... v. 8
(3) Pablo rompe con la sinagoga y predica en la escuela de Tirano (dos años).. todos los habitantes de Asia oyen la Palabra del Señor: vv. 9-10
(4) Pablo hace milagros y derrota a los magos: vv. 11-19

Sumario final: la Palabra del Señor crecía y se robustecía: v. 20

B: Subida de Pablo a Jerusalén y viaje a Roma: 19,21-28,31
(Juicio, pasión, muerte y resurrección de Pablo)

1: Subida de Pablo a Jerusalén: 19,21-21,15
a) Pablo toma la decisión de ir a Jerusalén y Roma: 19,21-22
Pablo tomó la decisión de ir a Jerusalén, pasando por Macedonia y Acaya (Ab. 55).
Y decía: “Después de estar ahí he de visitar también Roma”
Pablo envía a Macedonia a Timoteo y Erasto y se queda en Asia algún tiempo.

b) Revuelta de los orfebres en Éfeso: 19,23-40

c) De Éfeso a Jerusalén: 20,1-21,15

(1) Pablo se despide de los discípulos de Éfeso y recorre Macedonia
(jun 55)... 20,1-2a
(2) Pablo en Corintio
(tres meses: dic 55 - feb 56 Escribe a los Romanos) 20,2b-3a
(3) De Corintio a Tróade: 20,3b-6
(una conjuración obliga a Pablo a ir a Filipos y Tróade).
(4) En Tróade: Eucaristía y Resurrección de Eutico: 20,7-12
(5) De Tróade a Mileto: 20,13-16
(6) En Mileto: discurso de despedida
a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: 20,17-38
(7) De Mileto a Jerusalén: Mileto - Cos - Rodas - Pátara - Tiro (7 días) -
Tolemaida - Cesarea - Jerusalén: 21,1-15

2: Juicio y pasión de Pablo en Jerusalén y Cesarea: 21,16-26,32

a) Pablo en Jerusalén: 21,16-23,35 (año 56)

(1) Encuentro con la Iglesia de Jerusalén: 21,16-26
(2) Pablo tomado preso en el Templo: 21,27-40
(3) Discurso a los judíos en Jerusalén: 22,1-21
(4) Pablo se libra de ser linchado y azotado: 22,22-29
(5) Pablo ante el Sanedrín: 22,30-23,10
(6) Jesús resucitado se aparece para animar y orientar a Pablo: 23,11
(7) Conjuración contra Pablo y traslado a Cesarea: 23,12-35

b) Pablo en Cesarea: 24,1-26,32 (años 56-57)

(1) Proceso ante el procurador Félix: 24,1-9
(2) Discurso de Pablo ante el procurador: 24,10-21
(3) Pablo dos años preso en Cesarea: 24,22-27
(4) Festo procurador;
los judíos quieren matar a Pablo, éste apela al Cesar: 25,1-12
(5) Pablo ante el rey Agripa: 25,13-27
(6) Discurso de Pablo ante el rey Agripa: 26,1-23
(7) Reacciones al discurso: 26,24-32

3: Muerte y resurrección de Pablo: 27,1-28,31

a) Pablo camino a Roma: 27,1-28,10 (año 58)

b) Pablo en Roma: 28,11-31 (años 58-60)
(1) Triunfo de Pablo en su llegada a Roma: 28,11-15
(2) Actividad de Pablo en Roma en una casa: 28,16-28
Se le permite a Pablo permanecer en una casa: v.16
Resumen del proceso judicial ante los principales judíos: vv. 17-22
Testimonio de Pablo a los judíos: vv. 23-24
Finalmente: conversión de Pablo: vv. 25-28
(3) Pablo permanece dos años en una casa:
predica el Reino de Dios y enseña lo referente al Señor Jesús,
con toda valentía y sin obstáculo alguno: 28,30-31

1.3 Reflexión pastoral


1) El libro de los Hechos nos ofrece una perspectiva para renovar en la actualidad la Iglesia. La perspectiva que nos ofrece Lucas en el libro de Hch es el movimiento de Jesús después de la Resurrección y antes de la Iglesia. Desde esa perspectiva tenemos nosotros hoy que repensar una y otra vez nuestra Iglesia actual. Si Lucas escribió Hch para tener una perspectiva, una metodología o espíritu para, en su época, institucionalizar el movimiento de Jesús, nosotros también hoy podemos con la misma intencionalidad confrontar nuestra Iglesia actual con el movimiento de Jesús tal, como lo reconstruye Lucas. El libro de Hch es así un instrumento privilegiado para desencadenar hoy un movimiento de reforma de la Iglesia, a condición que lo interpretemos con el espíritu con el cual Lucas lo escribió.

2) En esta tarea de reforma de la Iglesia es importante resaltar las tres dimensiones fundamentales del movimiento de Jesús, tal como las presenta Lucas en Hch:

la dimensión del Espíritu, la dimensión misionera y la dimensión de las pequeñas comunidades
.

Éstas son las tres dimensiones que debemos descubrir en los Hch para ser fieles a la perspectiva fundamental de Lucas.

Estas tres dimensiones ya están en marcha en la Iglesia de América Latina, pero hay mucho que corregir o reconstruir. Es necesario volver otra vez a repensar la dimensión del Espíritu y la dimensión misionera de la Palabra de Dios hoy en América Latina, igualmente volver otra vez a refundar la Iglesia desde las Comunidades Eclesiales de Base. ¿Cómo hacer todo esto a la luz de Hch?


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#36 Ge. Pe.

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Publicado el 04 junio 2007 - 07:53

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Continuamos los Hechos de los Apostoles
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Capítulo Segundo: Hch 1,1-11


2.1 Retomando el pasado: Hch 1,1-5

Estos 5 versículos fueron agregados posteriormente, cuando la obra de Lucas fue dividida en dos. Era necesario resumir el evangelio (vv. 1-2) y volver a introducir el segundo volumen que posteriormente se llamaría Hechos de los Apóstoles (vv. 3-5). El prólogo en el Evangelio (Lc 1,1-4) era primitivamente el prólogo a toda la obra de Lucas (Evangelio y Hechos). En estos 5 primeros versículos de los Hch tenemos la conexión con el Evangelio de Lucas y también claves importantes para interpretar los Hechos.

2.1.1 Resumen del Evangelio: Hch 1,1-2

Lucas retoma aquí la referencia a Teófilo que puso al comienzo de su Evangelio (“ilustre Teófilo” Lc 1,3). Este Teófilo pudo haber sido una persona concreta (era costumbre dedicar una obra a personajes ilustres) o es un nombre simbólico para designar a sus interlocutores. Teófilo significa “amigo de Dios” y podría referirse a los futuros catequistas y evangelistas para quienes Lucas escribe este tratado de enseñanza superior. El hecho de agregarlo aquí, después de separarse la obra lucana en dos, refuerza la idea que Teófilo es una designación simbólica general. Todos los que estudiamos este libro somos Teófilos. Para nosotros se escribió Hch.

El contenido del Evangelio, que Lucas resume aquí, es “todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar … hasta el día que fue llevado al cielo” . Se deja entender que Jesús continúa su acción y enseñanza después de ser arrebatado al cielo; Jesús resucitado sigue actuando y enseñando en la comunidad después de su ascensión.

El Evangelio es solo el comienzo, nosotros vivimos la continuación iniciada por el relato de los Hch. El texto destaca que antes de ser llevado al cielo dio “instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido”. Los apóstoles aseguran la continuidad entre el tiempo del Evangelio y el comienzo del tiempo de la Iglesia.

La referencia al Espíritu Santo puede tener dos traducciones: Jesús da instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que eligió o Jesús da instrucciones a los apóstoles que por medio del Espíritu Santo eligió. La acción del Espíritu Santo puede referirse por lo tanto a la instrucción o a la elección de los apóstoles (o quizás a las dos acciones al mismo tiempo). En todo caso se acentúa aquí la acción del Espíritu Santo, sea en la enseñanza o en la acción de Jesús.

2.1.2 Los días de la resurrección: Hch 1,3-5

Los vv. 3-5 retoman el final del Evangelio de Lucas (cap. 24,50-53), pero ahora con un sentido diferente: en el Evangelio la resurrección es el fin de la vida de Jesús; aquí en Hch es el comienzo de la misión. En el Evangelio el tiempo después de la resurrección es un solo día; aquí en Hch son 40 días. Lucas separa la resurrección de la exaltación (ascensión) de Jesús y crea ahora este tiempo intermedio de 40 días. El texto destaca dos cosas: que Jesús está vivo corporalmente y que en este tiempo de 40 días les habla del Reino de Dios. J

esús en el Evangelio, antes de comenzar su ministerio, es conducido por el Espíritu al desierto y es tentado por el diablo durante 40 días (4,1-2); igualmente los apóstoles, antes de comenzar su testimonio, tienen también este mismo tiempo de 40 días con Jesús vivo en medio de ellos. Los 40 días recuerdan los 40 años que el Pueblo de Israel anduvo en el desierto antes de entrar a la tierra prometida. Sin duda se trata de una cifra simbólica, para designar un tiempo largo de preparación, de discernimiento, de crisis y tentación.

Lucas pone aquí estos 40 días al comienzo de los Hch para sugerir que también la comunidad de los apóstoles vivió un tiempo de tentación y discernimiento antes de comenzar este tiempo nuevo de la misión. Posiblemente la crisis giró en torno al Reino de Dios como realidad posterior a la resurrección de Jesús. La pregunta en el v. 6 refleja esa crisis, también la actitud de los dos discípulos de Emaús antes de su encuentro con Jesús (Lc 24,13-24).

No sabemos si esos 40 días sucedieron realmente o simplemente es un dato simbólico en el relato de Lucas. La respuesta a esta pregunta depende de cómo entendamos los símbolos. En la tradición de la exégesis liberal lo simbólico-mítico es opuesto a lo histórico. Creemos que esta perspectiva es falsa, pues para nosotros los símbolos y los mitos son siempre históricos, representan situaciones históricas.

Estos 40 días de los apóstoles con Jesús, después de su pasión y antes de su ascensión, quedan en la memoria de la Iglesia como el paradigma de todo comienzo importante en la historia de la salvación. Toda obra importante debe tener esta experiencia de los 40 días.

En el v. 3 se dice que Jesús se presentó vivo a los apóstoles, ahora en el v. 4 Jesús da una orden a los apóstoles: no ausentarse de Jerusalén y esperar la Promesa del Padre.

Esta orden la reciben “mientras comía con ellos”. En el Evangelio (Lc 24,41-43) Jesús también come con ellos, como prueba de su corporeidad, de su pertenencia como Resucitado a nuestra historia. Ahora la comida anuncia aquí la comensalidad como signo de la comunidad cristiana. Es en torno a una mesa para comer, que la comunidad hace la experiencias de Jesús resucitado, en la “fracción del pan”. Al final del Evangelio el comer expresa la corporeidad del Resucitado, ahora expresa la presencia del Resucitado en la comunidad. La relación entre comida en común y Reino de Dios es frecuente en la tradición sinóptica.

La orden que Jesús da a los apóstoles en el v. 4 exige pasividad total: no ausentarse de la ciudad y aguardar; en Lc 24,49 es semejante: permanecer en la ciudad (con la connotación de esperar sin hacer nada). La permanencia y espera pasiva debe durar “hasta que sean bautizados en el Espíritu Santo” (Hch 1,5) o “hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Lc 24,49). Lucas se está aquí refiriendo claramente a Pentecostés. Esto es importante para entender el sentido de la ascensión (1,9-11) y de la elección de Matías (1,15-26), que veremos más adelante.

El “bautismo en el Espíritu Santo” está al comienzo de la misión de los apóstoles, así como el bautismo de Jesús en el Jordán está al comienzo del ministerio de Jesús. Ya Juan Bautista anunció este bautismo en el Espíritu Santo, que sería obra del mismo Jesús (Lc 3,16).

Pentecostés es este bautismo en el Espíritu Santo, realizado por Jesús resucitado y exaltado. El bautismo aquí no es el rito cristiano del bautismo, sino la inauguración del tiempo del Espíritu, del cual todo el libro de Hch dará testimonio
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#37 Ge. Pe.

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Publicado el 06 junio 2007 - 07:05

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Seguimos... da trabajo pero su lectura es muy interesante, vale la pena...
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Pablo Richard
El Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la Iglesia
Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles


2.2 Introducción: Hch 1,6-11

Si aceptamos la hipótesis que el Evangelio y Hechos formaban una sola obra, el relato que se inicia en Hch 1,6 continúa el relato del Evangelio que terminó en Lc 24,49. El texto seguido sería así..

“Miren, yo voy a enviar sobre ustedes la promesa de mi Padre.
ustedes permanezcan en la ciudad
hasta que sean revestidos del poder de lo alto (Lc 24,49).
Los que estaban reunidos le preguntaron:
Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel? (Hch 1,6).

Esta sección tiene dos partes: una sobre la estrategia de Jesús resucitado (vv. 6-8 ) y otra sobre la ascensión (vv. 9-11).

2.2.1 La estrategia de Jesús resucitado: 1,6-8

El texto comienza con la referencia a “los que estaban reunidos”. ¿Quienes son? En Lc 24 se dice explícitamente que las mujeres anuncian el hecho del sepulcro vacío “a los 11 y a todos los demás” (24,9) y que los discípulos de Emaús vuelven a Jerusalén y encuentran reunidos “a los 11 y a los que estaban con ellos”. El texto explícita claramente quienes son éstos que están con los 11...

(1) “María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas” (Lc 24,10. Retoma el tema de las discípulas de Jesús, que lo acompañan desde Galilea: Lc 8,2-3 y 23,49.55).
(2) Los dos discípulos que parten del grupo camino a Emaús (Lc 24,13) y que retornan al grupo (Lc 24,33).
(3) Más adelante (1,14) se dice que con los 11, que son nombrados por su nombre, estaban “algunas mujeres, María la madre de Jesús y sus hermanos”.
(4) Todos son llamados “Galileos” (Hch 1,11).

El grupo reunido el día de la Resurrección es por lo tanto un grupo galileo, compuesto por los 11, por un grupo de mujeres (donde se destaca María Magdalena y María la madre de Jesús), los hermanos de Jesús (entre los cuales destaca Santiago a partir del capítulo 12 de Hch) y los dos discípulos de Emaús.

Este es el grupo a quien las mujeres anuncian el hecho del sepulcro vacío, a quien se aparece Jesús resucitado; a todo este grupo Jesús abre sus inteligencias para comprender las Escrituras y son todos ellos a quienes Jesús promete ser revestidos del poder de lo alto (Lc 24); es a este mismo grupo que Jesús dice: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo … y serán mis testigos …” (Hch 1,8 ); es ante ellos que Jesús es levantado al cielo y es a ellos que los dos hombres vestidos de blanco anuncian el retorno de Jesús (Hch 1,9-11); y, adelantándonos un poco, también descubrimos que es el mismo grupo, con Pedro a la cabeza, el que elige en una asamblea a Matías como sustituto de Judas, donde se especifica además que el grupo era de 120 personas (Hch 1,15-26); y es finalmente el mismo grupo el que esta reunido en un casa el día de Pentecostés y es el mismo grupo el que recibe el Espíritu Santo y habla en otras lenguas (Hch 2,1-13).

Esta constatación es importante para romper el imaginario impuesto desde fuera al texto, que es solamente el grupo de los 11 apóstoles el grupo ante cual se aparece Jesús resucitado y el grupo que es enviado y que recibe el Espíritu en Pentecostés.

Este imaginario dominante es ajeno al texto y excluye fundamentalmente a las mujeres. El texto de Hch, por el contrario, las incluye desde el primer momento en el relato. El texto restrictivo es Hch 1,1-5 que ya hemos examinado. Ahí son solo los apóstoles los que reciben las últimas instrucciones de Jesús resucitado y a quienes se promete el bautismo en el Espíritu Santo. Como vimos, este texto de Hch 1,1-5 es agregado posteriormente cuando la obra lucana es separada en dos. El agregado testimonia un desarrollo teológico posterior, restrictivo frente al texto global original de Lc 24 y Hch 1,6ss.

En Hch 1,6 los que están reunidos preguntan:
“¿es ahora que vas a restaurar el Reino a Israel?
En Lc 24,21 los discípulos de Emaús habían expresado algo semejante:
“Nosotros esperábamos que sería él quien iba a liberar a Israel”.

No olvidemos que Hch 1,6 continúa el relato de Lc 24,1-49 y es en el contexto de ese relato que surge la pregunta de Hch 1,6. Es todo el grupo reunido el que hace la pregunta a Jesús. Es una pregunta de toda la comunidad. Entre los que preguntan en Hch 1,6 están los dos discípulos de Emaús, que ya estarían claros con la larga explicación que les hizo Jesús de las Escrituras; además, a todos los reunidos Jesús les había ya abierto la inteligencia para comprender las Escrituras (Lc 24,45). En 1,3 se dice que Jesús resucitado durante 40 días les estuvo hablando sobre el Reino de Dios. ¿Cómo se explica que el grupo todavía mantenga la pregunta por la liberación de Israel o, lo que es lo mismo, la pregunta por la restauración del Reino de Israel? Jesús predicó el Reino de Dios y lo identificó claramente con la vida del pueblo, especialmente con la vida del pueblo pobre y oprimido (Lc 4,16-21; 7,18-23).

Jesús tomó radical distancia del proyecto teocrático y político que identificaba el Reino de Dios con el Reino de Israel (Reino davídico opuesto al dominio romano); también se confrontó con el proyecto sacerdotal que identificaba el Reino de Dios con el Templo. Por eso es extraño que la comunidad siga pensando políticamente en la restauración del Reino de Israel. Jesús responde a la pregunta en cada una de sus tres partes.

En primer lugar, que no deben preocuparse por el cuándo, si ahora o después, que eso solo es competencia del Padre.

En segundo lugar, que no es Jesús el sujeto de la nueva estrategia, sino el Espíritu Santo.

En tercer lugar, que no se trata de restaurar el Reino Israel, sino de dar testimonio en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta el confín de la tierra.

La estrategia que propone Jesús es radicalmente contraria a la estrategia implícita en la pregunta que hace la comunidad reunida. Jesús propone ahora a sus discípulos y discípulas una estrategia nueva, que se realiza por la fuerza del Espíritu y del testimonio, y que tiene como itinerario estratégico Jerusalén (autoridades de Israel), Judea (todo el pueblo), Samaria y toda la tierra.

El proyecto de Jesús en el Evangelio ha sido transformado ahora, por su muerte y resurrección, en un proyecto del Espíritu que actúa por los misioneros-testigos desde Jerusalén hasta los límites de toda la tierra (o como dice en Lc 24,48: “a todas las naciones, empezando desde Jerusalén”). La culminación del proyecto de Jesús en el Evangelio (Lc 24), es ahora el comienzo de un proyecto del Espíritu y de los testigos de Jesús, ahora con una dimensión universal (Hch 1,8 ).

2. 2. 2 La exaltación del resucitado (la ascensión)... 1,9-11

La ascensión (Hch 1,9-11) es el otro evento de esta sección inaugural (1,6-11). Es importante recalcar que el relato de la ascensión en Hch 1,9-11 era el relato único cuando el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles configuraban una sola obra. Las otras dos referencias a la ascensión en Lc 24,50-53 y en Hch 1,1-2 fueron agregados posteriormente, cuando las dos obras se separaron.

Lucas es el único autor del NT que habla de la exaltación de Jesús en la forma de una ascensión, y que separa la ascensión de Jesús de su resurrección. La tradición originaria común presenta la resurrección de Jesús directamente como exaltación (cf. por ejemplo Rom 1,4: “constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de Santidad, por su resurrección de entre los muertos”; cf. igualmente Fil 2,6-11 y toda la tradición del cuarto evangelio que habla de la resurrección en términos de glorificación).

Lucas separa ambos eventos (resurrección y ascensión), para subrayar el carácter histórico que cada uno de ellos tiene. Jesús resucitado, antes de su ascensión-exaltación-glorificación, convive con sus discípulos: come con ellos y los instruye. En 1,3 incluso se agrega que estuvo 40 días con ellos, para acentuar esta convivencia histórica del resucitado con sus discípulos. Lucas insiste más que otros en la corporeidad del Resucitado: no es un fantasma, tiene carne y huesos, puede comer y lo pueden tocar (Lc 24,39-43). Hay continuidad entre el Jesús antes de su muerte y el Jesús resucitado: Jesús conserva su identidad y su corporeidad.

La resurrección tiene así un carácter histórico: Jesús resucita en nuestra historia (eso significa justamente tener un cuerpo). Pero también hay un cambio, una discontinuidad en Jesús resucitado. Ese cambio Lucas lo expresa con la ascensión. El relato de la ascensión tiene claramente un lenguaje mítico: Jesús es levantado de la tierra al cielo, lo oculta una nube y aparecen dos hombres vestidos de blanco. La teología liberal interpreta falsamente el mito como una realidad no-histórica. Los mitos son siempre históricos. Se expresa con un lenguaje cósmico o simbólico una realidad histórica. En la ascensión el lenguaje mítico expresa la realidad histórica de la exaltación o glorificación de Jesús.

Esto también lo acentúa Lucas cuando dice que Jesús fue levantado mientras conversaba con sus discípulos, y que Jesús vendrá de la misma manera como ha sido llevado. Por eso a los discípulos se les pide que no estén mirando al cielo. Deben mirar a la tierra. La ascensión siempre ha sido interpretada erróneamente como una salida de este mundo, como una ausencia de Jesús, como un Jesús que se va para volver al fin de los tiempos. En esta interpretación la ascensión pierde todo el carácter histórico que ha querido darle Lucas. En la ascensión Jesús no se va, sino que es exaltado, glorificado.

La parusía no es el retorno de un Jesús ausente, sino la manifestación gloriosa de un Jesús que siempre ha estado presente en la comunidad. Esto aparece claramente en las últimas palabras de Jesús en Mt 28,19: “he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de este mundo”. La ascensión expresa el cambio en Jesús resucitado, una nueva manera de ser, gloriosa, glorificada, pero siempre histórica, pues Jesús glorificado sigue viviendo en la comunidad.

El carácter histórico de la resurrección y ascensión de Jesús nos permite afirmar también el carácter trascendente y escatológico de la Iglesia. Si Jesús resucitado y glorificado vive en su Iglesia, ésta tiene una dimensión trascendente y escatológica.

Si negamos el carácter histórico de la resurrección y ascensión, negamos al mismo tiempo el carácter trascendente y escatológico de la Iglesia de Jesús. La Iglesia no nace porque Jesús se va o porque no retorna, sino que nace justamente porque el resucitado no se va. Es la presencia y no la ausencia de Jesús resucitado lo que hace posible la Iglesia. La teología liberal ha presentado el surgimiento de la Iglesia, especialmente en los Hch, como una necesidad para suplir la no-realización de la segunda venida de Jesús, que se pensaba era inminente.

Para responder a la frustración de la no venida de Cristo, la segunda generación cristiana, y en ella especialmente Lucas, plantea la necesidad de la construcción de la Iglesia para esta época entre la resurrección de Jesús y su venida al final de los tiempos. Yo pienso que esta visión es falsa, pues des-historiza la resurrección y ascensión de Jesús, y des-escatologiza a la Iglesia. La Iglesia no nace de una parusía frustrada, sino de una presencia gozosa de Jesús vivida históricamente. La presencia de Jesús es histórica, no como presencia visible y empírica, sino como presencia trascendente vivida en la historia.

La experiencia escatológica fundamental de la Iglesia es esta experiencia histórica de la resurrección de Jesús en el mundo y en la comunidad. La Iglesia en los Hechos de los Apóstoles es una Iglesia escatológica, no porque espera para pronto la segunda venida de Jesús, sino porque vive desde ya históricamente la experiencia de Cristo resucitado y glorificado en el mundo y en la comunidad. Esta dimensión escatológica de la Iglesia se expresa en los Hch en las apariciones de Jesús resucitado en los momentos difíciles de la Iglesia (a Esteban, a Pedro, a Pablo), pero sobre todo la vive en la experiencia permanente del Espíritu Santo. La Eclesiología de Lucas es histórica, justamente porque es definitivamente una Eclesiología escatológica y pneumática .

2.3 Reflexión pastoral

1) Lucas se comunica con su comunidad, representada aquí por Teófilo, a través de todo el relato de Hch Un relato es un texto global y completo. No se puede leer solo una parte. También hoy Lucas se comunica con nosotros a través del relato de Hch Nosotros somos los Teófilos a los cuales Lucas habla hoy, y a través de Lucas, el mismo Espíritu Santo se comunica con nosotros. Esto nos obliga a tomar en serio el relato de Hch como una totalidad. Teófilo es aquel que en el relato de Hch escucha directamente a Lucas y al mismo Espíritu Santo. ¿Somos hoy en día una Iglesia que realmente escucha en el relato completo de Hch la Palabra de Dios revelada por el Espíritu Santo? ¿Somos como Iglesia ese Teófilo a quien Lucas se dirige?

2) La Iglesia hoy también vive esos 40 días con Cristo resucitado y es instruida sobre todo lo referente al Reino de Dios. Como el Pueblo de Dios en el desierto y como Jesús al comenzar su misión, también la Iglesia se hace Iglesia en una experiencia profunda con Jesús resucitado durante “40 días”. Es un tiempo de tentación y de encuentro con Jesús resucitado, que nos prepara para ser bautizados en el Espíritu Santo. ¿Como vive la Iglesia hoy este paradigma de fundación de la Iglesia, tal como aparece en Hch 1,1-5?

3) El día de su ascensión Jesús vivió un des-encuentro de sus discípulos y discípulas. A pesar de haber abierto sus inteligencias para que comprendieran las Sagradas Escrituras (Lc 24,45), ellos siguen pensando que Jesús va a restaurar ahora el Reino de Israel. ¿Existe también hoy un des-encuentro entre Jesús resucitado y su Iglesia? ¿Entiende la Iglesia el proyecto del Reino tal como lo predicó Jesús o sigue soñando en proyectos humanos de poder religioso?

4) ¿Es hoy en día la Iglesia una comunidad trascendente y escatológica, que vive en medio de la historia la presencia de Cristo resucitado?


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#38 Ge. Pe.

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Publicado el 08 junio 2007 - 02:05

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Continuamos... y de sorpresa en sorpesa...
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Pablo Richard
El Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la Iglesia
Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles



Capítulo Tercero:

El movimiento de Jesús en Jerusalén: Hch 1,12-5,42


3.1 Constitución de la comunidad: 1,12-2,47

Estructura:

sumario: 1,12-14: la comunidad antes de Pentecostés
narración: 1,15-26: constitución de los 12
narración: 2,1-41: Pentecostés
sumario: 2,42-47: la comunidad después de Pentecostés


3.1.1 Sumario: 1,12-14: la comunidad antes de Pentecostés

El texto comienza ubicando el lugar donde está el grupo de los “galileos”: “volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos … y cuando llegaron subieron a la estancia superior donde vivían” (vv. 12-13a). Es la primera noticia que tenemos en los Hch que el grupo estaba fuera de Jerusalén y que la ascensión se dio fuera de la ciudad, en el monte de los Olivos. El único dato anterior lo tenemos al final del Evangelio de Lucas (24,50-53), que es un agregado posterior, cuando el Evangelio se separó de Hch. Allí se dice que la ascensión fue cerca de Betania. Este pueblo está un poco más de tres kilómetros al este de Jerusalén. El monte de los Olivos está a menos de un kilómetro (“un camino sabático”). Hch 1,12 y Lc 24,52 dicen que volvieron a Jerusalén y se usa el término sacro “Ierousalem” y no la designación neutra de “Ierosólima”.

El nombre sacro refiere a Jerusalén como ciudad santa, lugar del Templo y de la institucionalidad judía; la designación neutra “Ierosólima” es puramente geográfica. En Lc 24,50 Jesús “los sacó” fuera de Jerusalem (nombre sacro), dando a entender que los liberó de la institucionalidad judía, pero ahora vuelven a ella. Por eso Hch 1,12 dice que estaban lejos un camino sabático, es decir, que el regreso no supuso romper la ley del sábado. El grupo sigue dentro todavía de la institucionalidad judía. Según Lc 24,53 el grupo regresa a Jerusalén; en Hch 1,13 solo se dice “la estancia superior, donde vivían”. Se trata de una casa (Hch 2,2), posiblemente en la cercanía del Templo. Si leemos 1,12-13a en el contexto del final de Lc 24,50-53 tenemos la impresión que el grupo de los galileos regresa al Templo, a la Ley y a la institucionalidad judía. En este contexto es una impresión negativa. Pero es ahí el primer lugar donde tienen que dar testimonio (“serán mis testigos en Jerousalem”: 1,8 ).

¿Quienes están reunidos? Ya habíamos dicho que en Lc 24 y Hch 1-2 se trata de un grupo grande: “los 11 y todos los demás” (Lc 24,9.33), lo que incluye al grupo de las mujeres, los dos discípulos de Emaús y otros. Solo el texto de Hch 1,1-5 es restrictivo, donde aparecen solo los apóstoles. Ahora es el grupo grande, “unos 120” (1,15), los mismos de 1,6 que son llamados “galileos” en 1,11. En esta comunidad de 120 galileos Lucas destaca a los 11 apóstoles (enumerados por su nombre), que aparecen “en compañía de algunas mujeres, María, la madre de Jesús, y de su hermanos”. Estos tres grupos (los apóstoles, las mujeres y los hermanos de Jesús) “perseveraban en la oración con un mismo espíritu”.

Los apóstoles y el grupo de mujeres, incluida la madre de Jesús, son dos grupos ya conocidos y definidos. La sorpresa aquí es la presencia de los hermanos de Jesús. Estos aparecen en Lc 8,19-20, donde Lucas conscientemente corrige el texto de Marcos, que hace una presentación negativa de estos hermanos, como no-discípulos, los que están fuera, los que lo consideran loco (Mc 3,20-21. 31-35); en la misma línea negativa está Jn 7,1-10 (“ni siquiera sus hermanos creían en él…”). En Hch no aparecen más estos hermanos de Jesús, mencionados aquí como grupo, pero sí aparece uno de ellos, Santiago, que jugará un rol importante en la Iglesia de Jerusalén después de Pedro (cf. Hch 12,17; 15,13; 21,18 ).

Según Mc 6,3 los hermanos de Jesús se llamaban Santiago (que aparece en Hch), José, Judas y Simón y dos hermanas, de las cuales no se da el nombre. Históricamente es posible que estos tres grupos, que ahora están reunidos, tuvieran teologías y estrategias diferentes, pero por el momento Lucas insiste que “perseveraban en la oración con un mismo espíritu”, término redaccional de Lucas, que nos hace sospechar una realidad histórica diferente.

Otra clave de interpretación está en la comparación entre la lista de los apóstoles aquí en Hch 1,12-14 y la misma lista en Lc 6,14-16. Lucas ha hecho cambios que son significativos. En el Evangelio aparecen primero los hermanos Simón y Andrés y luego los hermanos Santiago y Juan. En Hch el primer par es Pedro y Juan y luego Santiago y Andrés; Juan desplazó a Andrés en el orden de Hechos. La razón es que en Hch Pedro y Juan aparecen juntos en un rol de primacía jerárquica (Hch 3,1.3.11; 4,13.19 y 8,14); en el Evangelio Jesús elige a Simón (nombre propio), el llamado Pedro (que designa función); en Hch solo se dice Pedro. En síntesis Lucas en Hch sustituye el orden natural de los hermanos por el orden funcional de liderazgo.

3.1.2 Constitución de los 12 apóstoles: 1,15-26

El relato comienza con una composición de lugar: tiempo y actores (v.15). Tiempo: “uno de aquellos días”, es decir, después de la ascensión/exaltación de Jesús y antes de la venida del Espíritu en Pentecostés. Pedro se levanta en medio de una asamblea constituida por 120 miembros, reunida allí “con un mismo propósito” (epi to autó). El número legal para elegir un consejo o sanedrín que representara a Israel era justamente 120 . Todos los discursos en Hch son normalmente compuestos por Lucas mismo, pero usa tradiciones con las cuales reconstruye el discurso tal como debió haber sido.

El argumento de Pedro es el cumplimiento de dos citas bíblicas, que Lucas reconstruye para interpretar la realidad de la elección de un sucesor de Judas. La primera cita está tomada del Salmo 69,26 donde una maldición contra los enemigos del justo pide que la habitación de ellos quede desierta y que en sus tiendas no haya quien habite. Lucas cambia el plural en singular, para referirlo a Judas. El sentido del texto exige más bien que el puesto de Judas, que abandonó por traición (no por muerte), quede desierto, lo que estaría en contra de la elección de un sustituto. Por eso Lucas cita otro texto, el Salmo 109,8 donde la maldición contra el impío consiste en que sus días sean pocos y otro ocupe su cargo (“cargo” traduce el griego “episcopé”, quizás aludiendo a la realidad posterior de los epíscopos=obispos).

Los textos que cita Pedro (Lucas) no hacen alusión a la traición y muerte de Judas, sino a la necesidad de elegir a alguien que lo sustituya. La información que transmite Pedro sobre la muerte de Judas difiere de la de Mateo (27,3-10). Aquí Judas no muere ahorcado, sino cayendo de cabeza (como la caída del impío: Sab 4,19: “… el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza”). Judas compra un campo con el precio de su iniquidad y se estrella contra él; es ahí donde revienta cuando cae de cabeza, y por eso se llama “campo de sangre”.

En la segunda parte del discurso (vv. 21-22) Pedro pone las condiciones que debe tener el candidato para sustituir a Judas. Pedro llama al puesto que debe ser ocupado: “porción en este ministerio” (kleros tes diakonías tautes: v. 17) o “lugar en este ministerio y apostolado” (topos tes diakonías tautes kaì apostolés: v. 25). El ser apóstol es por lo tanto tomar parte en un servicio (una diakonía), un ministerio, un apostolado. Las condiciones que pone Pedro son dos:

(1) Debe ser un varón. Pedro dice literalmente: “uno de los varones que anduvieron con nosotros (usa “aner” y no “antropos” que podría ser inclusivo). Pedro así excluye a las mujeres, que estaban presentes en la asamblea.

(2) Debe ser uno de los discípulos que estuvieron con Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión. Con esto Pedro también excluye, hacia atrás, a los hermanos de Jesús (y entre ellos a Santiago), que también estaban presente en la asamblea. Éstos no fueron discípulos de la primera hora, todo lo contrario, al comienzo no creyeron en él. Pero también excluye, hacia adelante, a todos los que después tendrán una experiencia de Jesús resucitado (como Esteban, Pablo y tantos otros).

Solo el que cumpla estas dos condiciones puede ser agregado al número de los 12 apóstoles y ser constituido “testigo con nosotros de su resurrección”. La asamblea presentó a dos que cumplían con las condiciones estipuladas: José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo y Matías. El modo de elección fue la oración en común y mecánicamente “echando suertes”, la cual recayó sobre Matías.

Hagamos ahora una lectura crítica de Hch 1,15-26. En primer lugar llama la atención el momento que Pedro eligió para completar el número de los 12 apóstoles ¿Por qué no esperó la venida del Espíritu? La orden de Jesús antes de su ascensión fue “permanezcan quietos (literalmente: sentados) hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Lc 24,49; semejante en Hch 1,4).

Pedro actúa aquí al margen de la agenda marcada por Jesús de no hacer otra cosa que esperar y aguardar. ¿Por qué el apuro de Pedro de elegir al sustituto de Judas ya antes de Pentecostés? Los autores normalmente explican esta elección, argumentando que son 12 los que representan legítimamente a Israel y que son ellos los que, como nuevo Israel, recibirán el Espíritu Santo. Era necesario completar el grupo de 12 ya antes de Pentecostés.

Pero ¿por qué no lo hizo Jesús directamente después de su resurrección o por lo menos ordenó dicha elección? Como ya dijimos, y volveremos sobre el punto, los que reciben el Espíritu Santo no son solo los 12, sino todos los reunidos en la casa (los 120 hermanos: María, las mujeres, los hermanos de Jesús y otros). Algunos piensan que la elección fue para reconstruir la autoridad de los apóstoles, dañada seriamente por la traición de uno de ellos (Judas). Es motivo de crítica la definición excluyente que se hace del apóstol en 1,21-22. Especialmente llamativo es la exclusión de las discípulas de Jesús, que estuvieron con él desde Galilea y fueron las primeras testigos de la resurrección, como también la exclusión de los discípulos futuros y también testigos de la resurrección como Pablo de Tarso. Lucas no considera a Pablo como apóstol, lo que Pablo en sus cartas defiende con insistencia y fuerza.

Además, Pablo incluye explícitamente a una mujer en el rango de apóstol: “Saluden a Andrónico y Junia (nombre de mujer) … ilustres entre los apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo” (Rom 16,7). La definición restrictiva de apóstol hecha por Pedro (y quizás por Lucas) mira fundamentalmente el pasado y restringe el apostolado a un tiempo determinado: la vida de Jesús y el primer momento de testimonio en Jerusalén.

Los 12 apóstoles aseguran la continuidad con Israel y el proyecto de Jesús de restaurar Israel, así como la continuidad con la primera comunidad de Jerusalén. En los Hch los 12 cumplen un rol solo en la comunidad de Jerusalén de los primeros tiempos. Otra cosa que llama la atención es la forma como fue elegido Matías: no hay un discernimiento de la asamblea, como será en Hch 6,1-6 o en 15,22. Tampoco es un elección guiada directamente por el Espíritu, como en 13,1-3. La elección es simplemente echando suertes, forma arcaica de discernimiento de la voluntad de Dios (cf. Ex 33,7; 1 Sm 14,41; Lc 1,9 ).


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#39 Ge. Pe.

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Publicado el 13 junio 2007 - 06:50


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(Es sorprendente la calidad del autor, una leccion de conocimiento y preparacion)
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Pablo Richard
El Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la Iglesia
Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles



3.1.3 Pentecostés: 2,1-41

Estructura:

La irrupción del Espíritu: vv. 1-13

Discurso de Pedro: vv. 14-36

Consecuencias del discurso: vv. 37-41


La irrupción del Espíritu en Pentecostés es la consecuencia directa, histórica y visible en la tierra de la resurrección y exaltación de Jesús: “exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que ustedes ven y oyen” (v.33).

Es el Espíritu el que constituye realmente el movimiento de Jesús: su primera comunidad en Jerusalén y la misión a todos los pueblos. Lo que Lucas narró anteriormente en 1,12-26 está más bien orientado al pasado: regreso a Jerusalén y al Templo y constitución de los 12 apóstoles (restauración del nuevo pueblo de Israel); ahora Lucas retoma el inicio de su relato en 1,6-11 (esp. 1,8 ) y proyecta el movimiento de Jesús hacia el futuro y la misión a todos los pueblos de la tierra.

El relato de Pentecostés está admirablemente construido y tiene una fuerza fundante y transformadora, que ha sido eficaz a lo largo de toda la historia del cristianismo.

Toda reforma de la Iglesia comienza siempre con Pentecostés. Una mirada crítica del relato descubre la actividad redaccional y creadora de Lucas. Es Lucas quien ha construido este paradigma de Pentecostés, pero lo hace a partir de muchos hechos y tradiciones históricas. Todo lo que narra Lucas es histórico, pero al autor construye un relato único a partir de hechos que posiblemente sucedieron varias veces, en diferentes lugares, tiempos y circunstancias.

El discurso de Pedro posiblemente lo compuso Lucas, pero lo construye a partir de tradiciones, escritas u orales. El discurso que compone Lucas corresponde históricamente a lo que en ese entonces en Jerusalén pensaba y decía la primera comunidad apostólica. Lucas recoge los hechos históricos y las tradiciones, pero también a Lucas le interesa el efecto creador y fundante de estos hechos y tradiciones en la historia de la Iglesia de su tiempo y de la Iglesia de todos los tiempos.

Los hechos de Pentecostés (vv. 1-13)...

En la narrativa de Pentecostés podemos distinguir dos relatos: uno más primitivo y tradicional en los vv. 1-4 y 12-13. Y otro más evolucionado y redaccional en los vv. 5-11.

El relato antiguo tiene un carácter carismático y apocalíptico: hay viento impetuoso y lenguas como de fuego; los presentes hablan en lenguas (vv. 1-4) y por eso aparecen ante los demás como borrachos; los hechos suceden en una casa (v. 2). El segundo relato es profético y misionero: ya no se trata de hablar en lenguas (glosolalia), sino de un don profético: los presentes hablan en galileo (arameo) y cada cual los entiende en su propia lengua nativa.

El milagro no está en el hablar (como en la glosolalia), sino en el escuchar (sobre esto se insiste en tres lugares: vv. 6.8 y 11). Los que están reunidos para escuchar son un grupo grande. Si el evento primitivo se da en una casa, ahora, en el segundo relato, tenemos la impresión de estar más bien en el Templo. Posiblemente Lucas unió aquí, en un solo relato, dos tradiciones históricas, cada cual con un sentido diferente. Este recurso literario lo descubriremos en varios lugares en los Hch.

En 2,1 se nos dice que “estaban todos reunidos”. No se trata solo de los 12 apóstoles, sino de la asamblea de los 120 (1,15), entre los cuales está María, la madre de Jesús, el grupo de las mujeres y el grupo de los hermanos de Jesús, entre los cuales con certeza también Santiago, el hermano del Señor (1,14).

El don del Espíritu se da a esta primera comunidad, si bien es Pedro, junto con los once, el que va a pronunciar el discurso (vv. 14-36). Se añade también que están reunidos “con un mismo propósito” (“epi to autó”, lo que a veces también se traduce “en un mismo lugar”). Este mismo propósito es posiblemente la estrategia restauracionista implícita en la elección de Matías en 1,15-26. La irrupción del Espíritu viene a romper este propósito de restauración, que mira más al pasado que al futuro.

El Espíritu viene de repente, con ruido como de viento impetuoso y en lenguas como de fuego: estos símbolos (huracán u fuego) muestran la “violencia” necesaria del Espíritu para transformar al grupo presente y reorientar la primera comunidad, desde una posición restauracionista hacia una posición profética y misionera. Esta tensión entre restauración (pasado) y misión (futuro), es la que vimos en 1,6-11. Pentecostés es el bautismo en el Espíritu Santo anunciado en 1,5.

El bautismo de Juan Bautista era de agua, un símbolo judío de conversión personal; ahora se trata del bautismo en el Espíritu, que es el símbolo característico del movimiento profético de Jesús, no ya solo de conversión personal, sino de transformación de la comunidad de los discípulos en auténtica comunidad profética, para dar testimonio de Jesús hasta los confines de la tierra.

Los que se reúnen, atraídos por los sucesos de Pentecostés, son “hombres piadosos, que habitaban en Jerusalén, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo”. Tenemos aquí una ficción literaria de Lucas, pues es un hecho extraordinario que estén reunidos en Jerusalén gente piadosa de todas las naciones del mundo.

El hecho es tan extraordinario, que manuscritos posteriores (tradición occidental) agregan la palabra “judíos”: los reunidos serían “judíos de todas las naciones, que habitan en Jerusalén”. Lucas con su ficción literaria tiene una clara intención teológica: reúne simbólicamente en Jerusalén a gente piadosa de todas las naciones del mundo, que en Pentecostés van a recibir el testimonio profético de la primera comunidad apostólica. El Espíritu es derramado en función de todos los pueblos y culturas del mundo. Eso ya se da para Lucas en el hecho fundante de Pentecostés.

En los vv. 9-11 tenemos la lista de la naciones. Lucas enumera 12 pueblos y tres regiones. El primer grupo lo constituyen los nativos partos, medos y elamitas. El segundo grupo son los habitantes (hoi katoikountes) de Judea, Capadocia, Ponto, Frigia, Panfilia y Egipto. Aquí también se enumeran tres regiones (que aparecen con artículo)= la Mesopotamia, el Asia y la Libia, que confina con Cirene. El tercer grupo son los forasteros (hoi epidemountes) = romanos (habitantes de Roma, sean estos judíos o prosélitos), cretenses y árabes. ¿Cuál es la lógica de esta enumeración?

En primer lugar Lucas distingue nativos, habitantes y forasteros. Los nativos son pueblos del oriente, civilizaciones del pasado. Los habitantes están repartidos en tres regiones: la Mesopotamia (al este), el Asia (al norte) y la Libia (al sur) y en 6 pueblos: Judea (al centro), Capadocia, Ponto, Frigia y Panfilia (al norte) y Egipto (al sur). Por último los forasteros romanos (código étnico, no se refiere a las fuerzas del Imperio Romano), que vienen de visita a Jerusalén; entre estos se distinguen romanos judíos y romanos prosélitos (no-judíos que se han convertido y han aceptado la circuncisión); los cretenses, son un pueblo marítimo, en expansión hacia occidente y los árabes sería una designación global para referirse a los pueblos del desierto, en expansión hacia oriente. La lógica geográfica es la que domina al grupo de los habitantes (oriente, norte y sur, con Judea al centro).

Los visitantes (romanos, cretenses y árabes) no siguen una lógica geográfica, sino más bien la lógica de visitantes esporádicos (grupos amplios y ambiguos), que regresan a su patria. En síntesis, los representantes de los pueblos vienen de todas las regiones de la tierra, de las culturas antiguas de oriente, de los pueblos establecidos en torno a Judea (oriente, norte y sur) y de las poblaciones que se desplazan hacia oriente y occidente, cuyo centro es Roma. Lucas combina criterios culturales, geográficos y sociales y construye así históricamente el paradigma misionero del Espíritu.

Lo curioso es que no se menciona Siria, Macedonia y Grecia, que es el territorio de las Iglesias paulinas. Quizás no aparecen estos pueblos, pues es ahí donde Lucas escribe su obra y son ya en su tiempo Iglesias independientes de Jerusalén.

Lucas insiste tres veces (vv. 6.8 y 11) en que los presentes, que vienen de todos los pueblos, entienden el discurso de Pedro, cada uno en su propia lengua. Pedro y los Once son galileos (v. 7) y hablan por lo tanto en arameo, que era una lengua bastante conocida en Siria y oriente. El milagro de Pentecostés es que cada uno entiende a los apóstoles en su propia lengua nativa. No se trata de la glosolalia, pues cada pueblo escucha el Evangelio en su propia lengua, y podríamos agregar, en su propia cultura. Por eso consideramos hoy en día a Pentecostés como la fiesta cristiana de la inculturación del Evangelio.

Muchos comentarios oponen erróneamente Pentecostés a la confusión de lenguas en Babel (Gn 11,1-9 ). En Babel, la unidad original de lenguas fue lo que permitió la construcción de la ciudad con una torre militar, que es el proyecto de dominación (Gn 11,2-4); la recuperación de las lenguas nativas hizo posible detener la construcción de la ciudad, lo que se identifica con el proyecto liberador de Yavé (Gn 11,5-8 ). Una lectura del relato del Génesis, desde la perspectiva dominante y colonial, siempre vio la pluralidad de lenguas y culturas como una maldición y un castigo.

En Pentecostés se habría recuperado la unidad perdida en Babel (así interpreta, por ejemplo, la nota de la Biblia de Jerusalén en Hch 2,6). Desde la perspectiva liberadora de la inculturación del Evangelio, la diversidad de lenguas es el hecho liberador que permitió la huida de los trabajadores y la paralización de la construcción de la ciudad. En Pentecostés cada pueblo conserva su lengua y cultura.

Lo nuevo en Pentecostés es la unidad en la comprensión del Evangelio, manteniendo la diversidad de lenguas y culturas. La unicidad de lenguas no es el proyecto original de Dios, ni tampoco su recuperación en Pentecostés, sino una forma de dominación cultural. El proyecto original de Dios, recuperado en Pentecostés, es una humanidad plurilingüe y multicultural.

El discurso de Pedro (vv. 14-36)... El discurso tiene dos partes: vv. 14-21 y vv. 22-36. En la primera parte Pedro se dirige a “los judíos y a todos los habitantes de Jerusalén”, donde se incluye implícitamente sobre todo a los visitantes piadosos de todos los pueblos presentes en Jerusalén.

Pedro en esta parte responde directamente a los hechos extraordinarios de Pentecostés (narrados en los vv. 1-13), especialmente al relato antiguo (vv. 1-4), donde se da el fenómeno de glosolalia, que causa la impresión de que todos los que reciben el Espíritu están borrachos (vv. 12-13). En la segunda parte de su discurso (vv. 22-36), Pedro se dirige exclusivamente a los “Israelitas” y se refiere explícitamente a los judíos de Galilea y Judea, que vivieron de cerca y en vivo todos los hechos de Jesús hasta su muerte; ahora el hecho de Pentecostés queda integrado en un discurso global eminentemente kerigmático y cristológico.

Pedro utiliza tres textos bíblicos en su discurso: Joel 3,1-5; Sal 16,8-11 y Sal 110,1. El discurso ha sido compuesto por Lucas, pero ciertamente recoge la tradición histórica de la primera generación cristiana, especialmente la forma cómo se interpretaba la Biblia Hebrea.

Ninguno de los textos bíblicos citados se refiere a lo que la comunidad está viviendo: la resurrección y exaltación de Jesús y los hechos de Pentecostés. Sin embargo la comunidad interpreta los hechos a la luz de las escrituras, con lo cual tanto la realidad que viven, como los textos que citan, adquieren un nuevo sentido. Los hechos interpretan las Escrituras y éstas explican los hechos. En esta hermenéutica apostólica los textos son leídos e interpretados, y a veces incluso re-construidos, con bastante libertad.

En la primera parte de su discurso Pedro cita Joel 3,1-5, pero cambia el comienzo del texto de Joel: en vez de “sucederá después de esto”, Pedro dice como palabra de Joel: “sucederá en los últimos días”. Es un texto claramente apocalíptico: “los últimos días” (v. 17) y “el día grande del Señor” (v. 20), no es el día del juicio final, sino el día inaugurado por la resurrección de Jesús y que se prolonga por su exaltación (ascensión) y la efusión del Espíritu a lo largo de la historia. Las transformaciones cósmicas de los vv. 19-20 -prodigios en el cielo y señales en la tierra; sol en tinieblas y luna en sangre- es el lenguaje típico de la apocalíptica cristiana para interpretar transformaciones históricas del tiempo presente (cf. con el mismo sentido Ap 6,12-18).

Los signos cósmicos son utilizados teológicamente para interpretar la importancia transcendental de hechos que suceden en el tiempo histórico presente. Pentecostés es la manifestación fundamental de este tiempo escatológico y apocalíptico inaugurado por la resurrección de Jesús. Lo fundamental de este tiempo apocalíptico del Espíritu, es que el Espíritu es derramado “sobre toda carne”: hijos e hijas, jóvenes y ancianos, esclavos y esclavas. En este tiempo del Espíritu todos y todas son profetas. El versículo final de la profecía de Joel subraya este universalismo: “todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”. En el texto griego del AT el título “Señor” traduce el nombre de Dios (Yhwh), que la comunidad cristiana primitiva aplicó directamente a Jesús. Este versículo le sirve a Lucas como transición para la segunda parte del discurso.

La segunda parte del discurso de Pedro es cristológica (vv. 22-36) y se dirige explícitamente a los “israelitas” (v. 22) y a “toda la casa de Israel” (v. 36). La estructura y contenido de esta sección es así =

(1) vv. 22: vida pública de Jesús antes de su muerte: hombre acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales.

(2) v. 23: muerte de Jesús: Pedro acusa directamente al pueblo judío: “Ustedes lo mataron clavándolo en la cruz por mano de los impíos”. Aquí Pedro acusa al pueblo, pero claramente la acusación es contra los jefes, ancianos, escribas y Sumo Sacerdotes (cf. 4,5.10 y 5,28).

(3) vv. 24-32: resurrección de Jesús. A este Jesús Dios le resucitó (esta frase se repite al comienzo y al final de este párrafo). Aquí Pedro utiliza el Salmo 16,8-11. Este texto bíblico no habla del Mesías ni de su resurrección, sino del hombre perseguido que pone toda su confianza en Dios. Pedro, sin embargo, lo aplica a Jesús, con lo cual reconstruye el sentido del salmo y simultáneamente interpreta la muerte y resurrección de Jesús a la luz de las Escrituras. Como ya dijimos: la comunidad entiende las Escrituras, cuando a la luz de ellas entiende la realidad actual. Pedro da testimonio de la resurrección de Jesús. El anuncio va acompañado del testimonio: Pedro compromete públicamente su vida en lo que afirma solemnemente. No basta interpretar las escrituras, es además necesario el testimonio personal de los discípulos.

(4) vv. 33-35: Jesús es exaltado, recibe el Espíritu y lo derrama a todos, que es lo que todos están viendo y oyendo. Nueva interpretación bíblica, esta vez el salmo 110,1. Pedro termina refiriéndose a los hechos de Pentecostés, que es lo que motivó el discurso.

(5) v. 36: conclusión: “Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús a quien ustedes han crucificado”. Jesús ha sido constituido Señor y Mesías con poder, a partir de su resurrección y exaltación, delante de todo el pueblo de Israel. La efusión del Espíritu es la prueba sensible de ello y su raíz es Jesús glorificado.


Reacciones ante el discurso de Pedro (vv. 37-41) = La multitud que escucha a Pedro interrumpe el discurso e interviene con una pregunta clave: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” El pueblo ya no se dirige a los jefes y ancianos de Israel, sino a Pedro y a los demás apóstoles. Pedro ha dado testimonio con plena autoridad, como el nuevo jefe de Israel. Es él ahora quien debe orientar al pueblo de Israel. La respuesta de Pedro responde a un esquema tradicional: conversión y bautismo en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados, y así poder recibir el don del Espíritu Santo. El bautismo fue una práctica común en los profetas y Mesías populares, como fue el caso de Juan Bautista. Aquí se trata del bautismo específicamente cristiano.

Posiblemente Lucas refleja aquí una costumbre de la Iglesia de su tiempo, cuando el bautismo significaba explícitamente pertenencia a la Iglesia, como una identidad diferente de la sinagoga y de toda institución judía. No sabemos cuándo se impuso la tradición del bautismo cristiano. En los profetas populares el bautismo junto al río era un rito alternativo al Templo y marcaba un movimiento de ruptura con la institucionalidad sacerdotal del Templo. El bautismo cristiano debió nacer poco a poco dentro de esta tradición profética y mesiánica popular.

El bautismo como rito implicaba arrepentimiento y perdón de pecados. Juan Bautista proclamaba “un bautismo de conversión para perdón de los pecados” (Lc 3,3). Lo nuevo ahora, después de la resurrección y exaltación de Jesús, es que los bautizados reciben el don del Espíritu Santo. Este don es para todos: para los judíos y para los gentiles (“los que están lejos”: v. 39, citando a Is 57,19). Así lo recibirán los samaritanos (8,15-17) y el centurión romano Cornelio (10,44-48).

En el v. 40 tenemos un recurso literario, un resumen o sumario, para dar a entender que Pedro no solo dijo el sermón ya presentado, sino mucho más. Lucas recuerda una sola frase en la instrucción adicional de Pedro = “Sálvense de esta generación perversa”. La “generación perversa” fue aquella que en el desierto se rebeló contra Dios (Dt 32,5); o la que rechazó a Jesús (Lc 9,41); ahora sería la que rechaza el testimonio de Pedro. En el contexto, se refiere a las autoridades de Israel.

El pueblo de Israel, guiado ahora por los apóstoles, debe seguir a Jesús, recibir su Espíritu y salvarse de la generación perversa de los jefes, ancianos y Sumo Sacerdotes del Templo.


#40 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 15 junio 2007 - 11:00

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Si hubiese leido esto, digamos, justo cuando, con la mayoria que se inicio en el cristianismo, hoy seria, quiza, otra la concepcion del mundo...
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Continuamos

Pablo Richard
El Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la Iglesia
Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles


3.1.4 Sumario: 2,47: la comunidad después de Pentecostés


(se incluye también los sumarios 4,32-35 y 5,12-16)

Tenemos aquí un recurso literario típico de Lucas: el uso de sumarios. Éstos son utilizados para generalizar hechos concretos y representar una situación global y permanente. Lucas no puede con los pocos hechos que conoce reconstruir la vida total, cotidiana y permanente de la comunidad de Jerusalén de los primeros años. Para reconstruirla debe usar otro género literario; no el relato de hechos particulares, sino un sumario de hechos repetidos y constitutivos. Un sumario es un resumen generalizador de hechos concretos. En la primera parte de Hechos (cap. 1 al 5) tenemos tres sumarios sobre la vida de las primeras comunidades: 2,42-47; 4,32-35 y 5,12-16. Los otros dos sumarios (1,12-14) tiene una función introductoria (la comunidad antes de Pentecostés), y 5,42 que es un sumario conclusivo de toda la sección.

Los tres sumarios sobre la vida de la comunidad tienen como texto básico la frase de 2,42-43 (que algunos autores piensan que es una fuente utilizada por Lucas)...

“Eran perseverantes en:
la enseñanza de los apóstoles,
la comunión, la fracción del pan y las oraciones.
El temor se apoderaba de todos,
pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales.”



Todo el desarrollo de los tres sumarios es ampliación de esta frase básica. Por eso veremos aquí los tres sumarios juntos (véase sin embargo la ubicación estratégica de los sumarios en la estructura de los 5 primeros capítulos de Hch). Lo que se nos narra en estos sumarios son las actividades constitutivas de la comunidad después de Pentecostés; no son hechos aislados, sino acciones permanentes y fundantes. Veamos cada una de ellas:

(1) Eran perseverantes en la enseñanza de los apóstoles (2,42). La enseñanza (en griego “didajé”) de los apóstoles, se refiere al Evangelio: “a todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio…” (1,1). Los apóstoles se definen como los hombres que anduvieron con el Señor Jesús mientras él convivió con ellos y que son testigos de la resurrección de Jesús (cf. 1,21-22). La comunidad está fundada sobre esta enseñanza, que es el testimonio directo de los discípulos de Jesús y que se llama la tradición apostólica. Es la “memoria histórica” de Jesús de Nazaret. Esto es lo primero que funda y da identidad a la comunidad.

(2) Eran perseverantes en la comunión (2,42). La comunión (en griego “koinonía”) es una manera de vivir en comunidad, que Lucas va a desarrollar en sus tres sumarios. En forma esquemática podemos decir que tiene dos dimensiones: una subjetiva y otra objetiva. La dimensión subjetiva se expresa con la fórmula: “tenían un solo corazón y una sola alma” (4,32), es decir, constituían un solo cuerpo, con un solo corazón y alma. La dimensión objetiva es más compleja y la podríamos resumir esquemáticamente en tres realidades fundamentales:

Primero: Tenían todo en común, pues vendían sus posesiones y sus bienes (2,44-45); nadie llamaba suyos a sus bienes, pues todo era en común entre ellos (4,32); todos los que tenían campos o casas los vendían y ponían el importe a los pies de los apóstoles (4,34.35). En la comunidad había creyentes que tenían “posesiones, bienes, campos y casas”, pero todo lo tenían en común, porque nadie consideraba como algo propio lo que tenían o porque todo lo vendían. Había por lo tanto comunidad de bienes: propiedades que no se vendían, pero que eran de todos o el dinero de las propiedades que se vendían y que se entregaba a los apóstoles.

Segundo: Se repartía a cada uno según su necesidad (2,45 y 4,35).
La consecuencia de los dos hechos anteriores era obvia:

Tercero: No había ningún necesitado entre ellos (4,34).

Mucho se ha escrito sobre esta práctica de la koinonía de las primeras comunidades. Creo que es imposible reconstruir la organización económica y administrativa de esta vida en común, sobre todo si se considera el número de la comunidad: 3.000 (2,41), después 5.000 (4,4) y finalmente “una multitud de hombres y mujeres” (5,14). Creo que lo más importante no es conocer la organización concreta de la koinonía, sino el espíritu de dicha organización, que está claro en el texto y que podríamos resumir con sus propias palabras así...

cada cual daba según su posibilidad,
cada cual recibía según su necesidad,
no había ningún necesitado entre ellos.


Lo más importante es lo último: la ausencia de necesitados o pobres entre ellos. Ese era finalmente el objetivo y el espíritu de toda la práctica de la koinonía, aunque no sepamos el detalle de la organización concreta de ésta: se compartía todo, para que nadie tuviera necesidad. Este espíritu de la primera comunidad es normativo para todos los tiempos, aunque la forma económica y administrativa concreta no la conozcamos, ni sepamos sobre su éxito o fracaso posterior.

(3) Eran perseverantes en la fracción del pan y en las oraciones (2,42).
La fracción del pan es aquí ciertamente la Eucaristía. El texto agrega: “partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón”. La Eucaristía, en las primeras comunidades, se celebraba en la casa, en el contexto de un comida (Lc 22,14-20; 24,28-31; 1 Cor 10,16-17; 1 Cor 11,17-32). Era una comida con Jesús resucitado, donde se participaba en la comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo y se celebraba la llegada del Reino. El espacio de la casa era el espacio de la comunidad cristiana, diferente al espacio del Templo. La Eucaristía la presidía normalmente el jefe del hogar, cabeza de la comunidad eclesial que se reunía en su casa.

La didajé, la koinonía y la eucaristía son las tres actividades fundantes de la comunidad después de Pentecostés, en la cual perseveraban todos los discípulos de Jesús; son tres actividades que tienen como contexto fundamental la casa, donde se vive la pequeña comunidad y donde nace la Iglesia doméstica.

En los tres sumarios se destaca además la actividad pública de los apóstoles, cuyo espacio fundamental es el Templo de Jerusalén:

(4) Los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales (2,43).
Este tema se desarrolla en el segundo sumario: “Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús” (4,33) y en el tercer sumario (4,12a.15-16). La comunidad acompaña a los apóstoles (2,46a y 5,12b-14) y el contexto es el Templo, donde se reúne todo el pueblo de Israel. Los apóstoles continúan, en Jerusalén y después de la resurrección, la práctica poderosa de Jesús. Dios está con ellos, así como estaba con Jesús. Es una práctica liberadora, en función de la construcción del Reino de Dios. Lo importante aquí no es el carácter milagrero de la práctica de los apóstoles, sino el poder de Cristo resucitado y del Espíritu que se revela en la práctica de los apóstoles. También este aspecto es fundante en la primera comunidad y normativo para la Iglesia de todos los tiempos. Si Cristo ha resucitado, la práctica de las comunidades cristianas debe ser una práctica poderosa y liberadora, con signos y prodigios, en la construcción del Reino de Dios aquí en la tierra.


3.1.5 Reflexión pastoral

1) En el texto de Hch aparece la tensión entre la tendencia institucionalizadora (la reconstitución de los 12 apóstoles para dar identidad y continuidad al movimiento de Jesús) y la “violencia” del Espíritu (huracán y fuego) que empuja al movimiento de Jesús como movimiento misionero hacia todas las naciones. ¿Cómo vivimos esta tensión en la actualidad? La institucionalización normalmente es restrictiva (véase las condiciones de Pedro para ser apóstol), el Espíritu es universal (todas las naciones, toda carne: hijos/hijas, jóvenes/ancianos, siervos/siervas y v.39: para ustedes y para los que están lejos). ¿Cómo vivimos hoy el universalismo del Espíritu?

2) La dimensión profética de Pentecostés consistió en que todas las naciones de la tierra escucharan el Evangelio en su propia lengua. Hoy hablamos de inculturación del Evangelio o Evangelización desde las culturas. ¿Como vivimos hoy en la Iglesia la dimensión profética de Pentecostés en la inculturación del Evangelio?

3) Pedro explica lo que ha sucedido en Pentecostés y en la Resurrección de Jesús utilizando tres textos bíblicos. La citación es una relectura y reconstrucción de los textos, que permite entender la realidad a la luz de la Biblia y entender la Biblia a la luz de la realidad. ¿Cómo vivimos nosotros hoy esta hermenéutica apostólica?

4) Hagamos una reflexión sistemática sobre las cuatro dimensiones constitutivas de las primeras comunidades después Pentecostés: la didajé (memoria histórica de Jesús), la koinonía, la Eucaristía y oraciones por las casas y la práctica poderosa de los apóstoles.¿Como vivimos todas estas dimensiones hoy en las CEBs y en el Iglesia global?


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