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Capítulos de Evolución - Apuntes -


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#181 Ge. Pe.

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Publicado el 02 octubre 2009 - 09:12







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CIENCIA KANIJA


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Escrito por Kanijo en Biología







Con 4,4 millones de años, el fósil etíope clarifica las relaciones entre humanos y chimpancés.

En una reordenación de largo alcance de la evolución humana, los investigadores informan hoy del descubrimiento del esqueleto homínido más antiguo, una hembra de 4,4 millones de años casi completa procedente de Etiopía1.

El descubrimiento demuestra que los humanos no evolucionaron a partir de los cimpancés que caminaban apoyando los nudillos, como se ha pensado desde hace mucho. Los informes, de Science, iluminan cómo las primeras fases de los humanos evolucionaron a lo largo de un linaje separado del último ancestro común compartido por los primeros homínidos y los extintos simios.

El nuevo fósil de Ardipithecus ramidus — conocido como ‘Ardi’ — ofrece la primera visión sustancial de la biología de una especie cercana en el tiempo al último ancestro común, que se estima que vivió hace unos 6 millones de años. Como los humanos modernos, Ardi podía andar erguida y no usaba sus brazos para caminar, como hacen los chimpancés. Aún así, mantiene un pulgar primitivo con el que podía agarrarse a un árbol como un simio.

“Este espectacular nuevo especimen, demuestra por qué los fósiles son realmente importantes”, dice Andrew Hill, jefe de antropología en la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut.

Antiguos avances


Anteriormente, el esqueleto casi completo de un ancestro humano, era el de 3,2 millones de años del Australopithecus afarensis conocido como Lucy, también de Etiopía. Debido a que Lucy tenía muchos rasgos en común con los humanos modernos, no proporcionaba mucho más de una descripción de un antiguo linaje entre simios y humanos, dice Alan Walker, antropólogo biológico en la Universidad Estatal de Pennsylvania en University Park. El nuevo A. ramidus sí lo hace.

“Este espécimen es mucho más importante – y extraño”, dice Walker, añadiendo que esto generará “un considerable replanteamiento no sólo de nuestro pasado evolutivo, sino también de nuestros parientes vivos, los grandes simios”.

En un gran esfuerzo de publicación, 11 artículo científicos en Science incluyen descripciones de los restos y la geología y paleoentorno del lugar del descubrimiento, en el desierto de Afar a 230 kilómetros al noreste de Addis Abeba. Los artículos son la culminación de 17 años de estudio por parte de 70 investigadores que colaboraban en el Proyecto Middle Awash. Cuarenta y siete de ellos son autores.

“Lo importante de este fósil es que ilumina un hueco en la evolución de hace 4,5 millones de años”, dice Tim White, paleoantropólogo de la Universidad de California en Berkeley, y co-director del proyecto.

El Ardipithecus más antiguo conocido — A. ramidus kadabba — vivió hace alrededor de 5,8 millones de años en Etiopía2. Los otros homínidos más antiguos conocidos son el Orrorin tugenensis, de hace aproximadamente 6 millones de años en Kenia3, y el Sahelanthropus tchadensis, de al menos 6 millones de años en Chad4.

Culminación


En 1992, el miembro del equipo Middle Awash Gen Suwa encontró el primer espécimen de A. ramidus cerca de la villa etíope de Aramis. “Te arrastras sobre una cresta de huesos buscando fósiles”, dice Suwa, de la Universidad de Tokio. “Vi la raíz de un diente sobresaliendo de un cúmulo de matriz. Pero no tenía idea de su importancia – no creíamos que fuese un área rica”.

En dos años, se habían encontrado suficientes fósiles para generar el primer artículo que nombró y describió a grandes rasgos al animal, a partir de un total de 17 fósiles5. Lo que siguió fue una de las investigaciones antropológicas más intensivas jamás llevadas a cabo. Se han catalogado aproximadamente 6000 especímenes de vertebrados en la excavación por parte del Museo Etíope Nacional en Addis Abeba.

El trabajo se realizó bajo un intenso secreto, llevndo a algunos a conocerlo como el “Proyecto Manhattan de la antropología”. Algunos investigadores en competición se han quejado del tiempo que ha llevado publicar el trabajo sobre los fósiles.

“No estábamos interesados en cuántos artículos podíamos publicar”, dice Berhane Asfaw, co-director del Proyecto Middle Awash en el Servicio de Investigación del Valle del Rift en Addis Abeba. “Nuestro interés estaba en la cadena completa de información; eso produce la potencia del trabajo”.

A partir de más de 135 000 huesos o piezas dentales de vertebrados, el equipo identificó 110 especímenes de A. ramidus, lo que representa un mínimo de 36 individuos. El esqueleto de Ardi cosnta de 125 piezas.

Tal cantidad de especímenes anatómicos es algo inaudito para estos periodos. O. tugenesis está basado en dos fémures, algunos dientes y unos pocos huesos rotos; S. tchadensis toma su nombre a partir de un cráneo, dos mandíbulas y algunos dientes. El esqueleto de Lucy carece de algunos huesos clave para su diagnóstico en manos y pies.

Los fósiles proceden de una capa de sedimentos emparedada entre dos capas de roca volcánica conocida como toba volcánica — cada una datada en 4,4 millones de años, cerrando por tanto la fecha de los especímenes, dice un equipo liderado por Giday WoldeGabriel, del Laboratorio Nacional de Los Álamos en Nuevo México. Los fósiles en los sedimentos incluyen plantas, polen, invertebrados y pájaros, que ayudaron a fijar el entorno boscoso donde vivió Ardi.

Reconstrucción


Años de trabajo de campo descubrieron el cráneo, dientes, brazos, pelvis, piernas y pies de Ardi — todo lo cual ha sido laboriosamente preparado. El cráneo de Ardi se recuperó destrozado en más de 60 trozos dispersos por el lugar. El hueso estaba mal fosilizado – tan blando que cada trozo tenía que ser moldeado en una goma de silicona y luego digitalizado mediante barridos de tomografía computerizada. “Es una tecnología apasionante”, dice Hill. “No había forma de describir este cráneo hace 15 años”.

Sus manos y muñecas no muestran muchas características distintivas de los chimpancés, como algunos huesos largos y sistema “de absorción de impactos” en los tendones para soportar el peso corporal, dice el miembro del equipo Owen Lovejoy de la Universidad Estatal de Kent en Ohio. El pie, con su gran pulgar sobresaliendo hacia los lados, habría permitido que Ardi escalase a los árboles, andando sobre sus extremidades en sus palmas. Y su dentadura no muestra caninos superiores similares a colmillos, que la mayoría de simios usan como armas o para mostrar durante un conflicto. “Esta es una característica principal que muestra que Ardi no está en el linaje de los chimpancés modernos”, dice Suwa.

Una gran cuestión que queda es cuándo vivió nuestro último verdadero ancestro común con los simios. “Creo que fue hace entre 8 y 10 millones de años”, dice Lovejoy.

Todo lo que dijo White fue: “Encontrad los fósiles”.






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Añadido de Ciencia Kanija: A pesar de lo que ustedes puedan haber leído aquí, aquí, aquí y un largo etc… no, Ardi no es el ancestro más antiguo conocido del hombre. Como habrá visto a lo largo del artículo, o en la segunda imagen, tanto el Sahelanthropus como el Orrorin son homínidos más antiguos que Ardi. La clave en Ardi está en que su esqueleto casi completo permite un análisis morfológico imposible en estos dos ancestros de los que, como se ha comentado, apenas se dispone de un puñado de huesos. Por lo que sí, es el esqueleto homínido más antiguo y no, no es el ancestro más antiguo descubierto.

Referencias:

1. White, T. D. et al. Science 326, 75-86 (2009).
2. Haile-Selassie, Y. Nature 412, 178-181 (2001).
3. Senut, B. et al. C. R. Acad. Sci. Paris Ser. IIa 332, 137-144 (2001).
4. Brunet, M. et al. Nature 418, 145-151 (2002).
5. White, T. D. , Suwa, G. , Asfaw, B. Nature 371, 306-312 (1994).

Autor: Rex Dalton
Fecha Original: 1 de octubre de 2009
Enlace Original Nature News


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N.B:

Abran también acá, es un blog muy interesante y muy buenas fotos, no lo subo porque no he pedido autorización aún a su autor:


El mundo da la bienvenida a Ardi, nuestro antepasado más antiguo


De Jose Manuel Nieves



el 01/10/2009 a las 16:30:44, en Ciencia, 1463 Visitas.


http://www.abc.es/blogs/nieves/


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#182 Ge. Pe.

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Publicado el 14 octubre 2009 - 12:08








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Escrito por Kanijo en Biología

2009. 14 de Octubre



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Descubren un nuevo tipo de reptil volador






Un grupo internacional de investigadores ha identificado un nuevo tipo de reptil volador, el Darwinopterus (alas de Darwin), que aporta la primera evidencia clara de un tipo de evolución inusual y controvertida. El hallazgo, que se publica hoy en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, encaja con un vacío evolutivo de los pterosaurios (reptiles voladores) hace unos 220 millones de años.

Bautizado Darwinopterus (alas de Darwin) con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin y del 150 aniversario de la publicación del libro El origen de las especies, el nuevo pterosaurio completa el registro fósil de los reptiles voladores que dominaron el cielo en la edad de los dinosaurios (hace entre 220 y 65 millones de años).

Hasta ahora, los científicos habían reconocido dos grupos de pterosaurios diferentes: los más primitivos y de largas colas; y sus descendientes, pterosaurios más avanzados con colas de menor longitud, algunos alcanzaron tamaños gigantescos. Sin embargo, entre ambos grupos existía un vacío evolutivo, ya identificado en tiempos de Darwin.

Investigadores de la Universidad de Leicester (Reino Unido) y el Instituto Geológico de Pekín (China) publican hoy en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences el descubrimiento en China de Darwinopterus, que llena ese vacío.

“El Darwinopterus supuso una gran conmoción para nosotros, ya que siempre habíamos pensado que el vacío evolutivo se llenaría con una criatura típicamente intermedia, con una cola moderadamente alargada, ni larga ni corta. Pero lo extraño del Darwinopterus es que tiene una cabeza y cuello exactamente igual que los pterosaurios más avanzados, mientras que el resto del esqueleto, incluida la larga cola, es idéntico al de los más primitivos”, declara David Unwin, miembro del equipo de investigación en la escuela de estudios del Museo de la Universidad de Leicester.


Completar el registro fósil



Los investigadores habían hallado ya en el noroeste de China más de 20 esqueletos fósiles de Darwinopterus, algunos de ellos completos que estaban en rocas que databan de hace unos 160 millones de años. Estas fechas corresponden con el límite de los períodos Jurásico Medio y Jurásico Superior, al menos 10 millones de años antes a la aparición del ave más antigua, Archaeopteryx.

Grandes mandíbulas, filas de dientes puntiagudos y cuellos notablemente flexibles sugieren que estos pterosaurios del tamaño de un cuervo podrían haberse alimentado, al igual que un halcón, cazando otras criaturas, como otros pterosaurios, pequeños mamíferos y dinosaurios carnívoros, del tamaño de una paloma. Cazaban con sus patas delanteras cubiertas de plumas y de sus patas traseras, con las que comenzaban a impulsarse hacia el vuelo, lo que más tarde les llevaría a evolucionar hasta las aves.

“La era geológica del Darwinopterus y la extraña combinación de los rasgos primitivos y avanzados ponen de manifiesto un gran dilema sobre la evolución de los pterosaurios desde los antecesores más primitivos hasta los más avanzados”, añade Unwin. Para los investigadores, este proceso fue rápido, con un gran número de cambios relevantes todos ellos concentrados en un corto periodo de tiempo.

Además, la totalidad de los conjuntos de rasgos (denominados módulos por los científicos) que conforman importantes estructuras como la del cráneo, el cuello o la cola, parecen haber evolucionado conjuntamente. “Sin embargo, el Darwinopterus nos ha mostrado que no todos esos cambios ocurrieron a la vez. En primer lugar evolucionaron la cabeza y cuello, seguidos del cuerpo, cola, alas y patas. Parece que la selección natural fue actuando y cambiando módulos enteros y no, como podríamos esperar, algunos rasgos, como la forma del hocico o de los dientes. Esto apoya la idea controvertida de una forma de evolución “modular” relativamente rápida”, apunta el científico.

Si los investigadores logran probar la idea de la evolución modular se podría explicar, no sólo cómo los pterosaurios primitivos evolucionaron a formas más avanzadas, sino también, la rápida y escalada evolución de otros animales y plantas como la de los mamíferos tras la extinción de los dinosaurios.


Autor: Mark Witton / Universidad de Portsmouth

Fecha Original: 14 de octubre de 2009
Enlace Original: SINC


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#183 Ge. Pe.

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Publicado el 08 junio 2010 - 11:37

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Apuntes clásicos...



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Charles Darwin desarrolla, en el fragmento que se reproduce a continuación, el significado del concepto, acuñado por él, de Selección natural o supervivencia de los más aptos. La teoría evolutiva de los seres vivos es considerada unos de los logros principales de la ciencia del siglo XIX y supone que las variaciones útiles que se producen en las especies se conservan mientras que las perjudiciales se destruyen. La variabilidad es la materia prima sobre la que actúa la selección natural.



  

Fragmento de El origen de las especies.



De Charles Darwin.

Capítulo IV.

La selección natural; o la supervivencia de los más aptos.

  

 

Si, bajo condiciones variables de vida, los seres orgánicos presentan diferencias individuales en casi todas las partes de su estructura, cosa que no puede discutirse; si hay una lucha rigurosa por la existencia, debido a la proporción geométrica de aumento en alguna época, estación o año, y esto tampoco puede discutirse; considerando la infinita complejidad en las relaciones de todos los seres orgánicos entre sí y con sus condiciones de vida, origen de infinita diversidad de estructura, constitución y hábitos que han de ser ventajosos, sería un hecho muy extraordinario el que nunca se hubiesen producido variaciones útiles para el propio bienestar de cada ser, de la misma manera que se han producido tantas variaciones útiles para el ser humano.   



Mas si alguna vez se producen variaciones útiles para cualquier ser orgánico, seguramente los individuos así caracterizados tendrán la mayor probabilidad de ser conservados en la lucha por la vida; y debido al fuerte principio de la herencia, tenderán a producir descendencia caracterizada de un modo parecido. A este principio de conservación, o supervivencia de los más aptos, yo le he dado el nombre de Selección Natural. Conduce a la mejora de toda criatura en relación con sus condiciones orgánicas e inorgánicas de vida; y por consiguiente, en la mayoría de los casos, a lo que debe considerarse como un progreso en la organización. Sin embargo, las formas bajas y simples durarán mucho tiempo si están bien adaptadas para sus condiciones de vida también simples.



La selección natural, basada en el principio de que las cualidades se heredan en las edades correspondientes, puede modificar el huevo, la semilla o la cría, tan fácilmente como al adulto. Entre muchos animales, la selección sexual habrá prestado su ayuda a la selección ordinaria, asegurando a los machos más vigorosos y mejor adaptados el mayor número de descendientes. La selección sexual dará también caracteres útiles a los machos solos, en sus luchas o rivalidad con otros machos; y estos caracteres serán transmitidos a un solo sexo o a ambos sexos, según la forma de herencia que predomine.



Si la selección natural ha actuado realmente de este modo adaptando las diversas formas de vida a sus diversas condiciones y estaciones, debe juzgarse por el tenor general y el número de las pruebas en pro y en contra que presentamos en los capítulos siguientes. Pero ya hemos visto que ello acarrea la extinción, y hasta qué punto la extinción ha actuado en la historia del mundo, la geología nos lo indica claramente. Asimismo, la selección natural conduce a la divergencia de carácter; porque cuanto más diverjan los seres orgánicos en estructura, hábitos y constitución, tanto más puede sostenerse un número grande de individuos en la misma región, de lo cual tenemos una prueba con sólo mirar a los habitantes de cualquier lugar pequeño y a las producciones naturalizadas en tierras extranjeras. Por lo tanto, durante la modificación de los descendientes de cualquier especie, y durante la lucha incesante de todas las especies por aumentar en número, cuanto más diversificados lleguen a ser los descendientes, mayores serán sus probabilidades de éxito en la lucha por la vida. Así, las pequeñas diferencias que distinguen a las variedades de la misma especie tienden constantemente a aumentar, hasta que igualan las mayores diferencias entre las especies del mismo género, o incluso de géneros distintos.  



Ya hemos visto que la especie que más varía es la especie común, muy difundida y muy distribuida, perteneciente a los géneros más numerosos dentro de cada clase; y estas especies tienden a transmitir a sus modificados descendientes aquella superioridad que ahora las hace ser dominantes en sus propios países. La selección natural, como acaba de observarse, conduce a la divergencia de carácter y a una gran extinción de las formas de vida menos perfeccionadas e intermedias. A base de estos principios puede explicarse la naturaleza de las afinidades y las distinciones generalmente bien definidas entre los innumerables seres orgánicos dentro de cada clase en el mundo entero. Es un hecho realmente maravilloso (pero tendemos a no considerarlo maravilloso, porque estamos familiarizados con el mismo) el de que todos los animales y todas las plantas a través de todo el tiempo y de todo el espacio se relacionen unos con otros formando grupos, subordinados a grupos, tal como observamos en todas partes, a saber, variedades de la misma especie estrechamente relacionadas, formando secciones y subgéneros, especies de distintos géneros mucho menos estrechamente relacionados, y géneros relacionados en diferentes grados, formando subfamilias, familias, órdenes, subclases y clases. Los varios grupos subordinados dentro de cualquier clase no pueden clasificarse en una sola fila, sino que parecen estar arracimados alrededor de puntos, y éstos alrededor de otros puntos, y así sucesivamente en ciclos casi interminables. Si las especies hubiesen sido creadas independientemente, no habría sido posible explicar esta clase de clasificación pero se explica por la herencia y la acción compleja de la selección natural, que provoca la extinción y la divergencia de carácter, según hemos visto ilustrado en el diagrama.



Las afinidades de todos los seres de la misma clase se han representado a veces mediante un gran árbol. Creo que este símil dice en gran parte la verdad. Las ramas verdes y florecientes pueden representar las especies existentes; y las producidas durante años anteriores pueden representar la larga sucesión de especies extinguidas. En cada período de crecimiento, todas las ramas, al crecer, han tratado de extenderse en todos los sentidos y de superar y matar a las ramitas y ramas que las rodeaban, de la misma manera que las especies y los grupos de especies han vencido en todo tiempo a otras especies en la gran lucha por la vida. Los troncos divididos en grandes ramas y éstas en ramas más y más pequeñas, fueron también en otro tiempo, cuando el árbol era joven, retoños florecientes; y esta conexión de los brotes antiguos y actuales en los ramificados brazos puede representar a las mil maravillas la clasificación de todas las especies extinguidas y vivientes en grupos subordinados a otros grupos. De los muchos retoños que florecieron cuando el árbol no era más que un arbusto, sólo dos o tres, convertidos en grandes ramas, sobreviven todavía y sostienen las otras ramas; lo mismo ocurre con las especies que vivieron durante los remotos períodos geológicos, las cuales muy pocas han dejado en pos de sí descendientes vivientes y modificados. Desde el primer crecimiento del árbol, más de una rama de todos los tamaños se ha deteriorado y caído; y estas ramas caídas de diversos tamaños pueden representar aquellos órdenes, familias y géneros enteros que ahora no tienen representantes vivientes y que sólo nos son conocidos en su estado fósil. De la misma manera que aquí y allá vemos una ramita solitaria que sale de la parte baja del tronco de un árbol, que por alguna circunstancia fortuita ha sido favorecida y todavía está viva en su parte superior, así vemos ocasionalmente un animal como el ornitorrinco o el lepidosiren, que en grado exiguo enlaza por sus afinidades a dos grandes ramas de la vida y que, al parecer, se ha salvado de la fatal competencia por haber habitado en un paraje resguardado. Del mismo modo que los retoños dan origen, al crecer, a otros retoños, y éstos, cuando son vigorosos, se ramifican y dominan por todos lados a muchas ramas más débiles, así creo que ha sucedido, por medio de la generación, con el gran Árbol de la Vida, que llena la corteza de la Tierra con sus ramas muertas y rotas, y cubre la superficie con sus incesantes y hermosas ramificaciones.    





Fuente: Darwin, Charles. El origen de las especies. Traducción de Juan Godo. Barcelona: Ediciones Zeus, 1970.



En: Microsoft ® Encarta ® 2009. 


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#184 Ge. Pe.

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Publicado el 10 noviembre 2010 - 11:09

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

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Prensa Científica



RETAZOS DE CIENCIA    EVOLUCIÓN



Uso preferente de la diestra

02/11/2010

Imagen enviada

Un chimpancé de la Fundación Mona intenta extraer comida de un tubo.

Foto: Miquel Llorente/ Mona

Hasta hace relativamente poco, se le habían atribuido al Homo sapiens ciertos rasgos diferenciadores de otros primates, como el lenguaje o la elaboración de herramientas, mas algunos estudios han puesto en duda algunas de las supuestas especificidades. Tal es el caso de una reciente investigación que demuestra que el uso preferente de la mano derecha no es una singularidad humana, sino un rasgo compartido con los chimpancés.   

Un equipo científico y multidisciplinar integrado por miembros de la Fundación Mona, del Área de Prehistoria de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES) y de la Facultad de Psicología de la Universitat de Barcelona, ha llevado a cabo el estudio basado en la observación del comportamiento de un total de 114 chimpancés residentes en las instalaciones de los Centros de Recuperación de Primates de la Fundación Mona, en Riudellots de la Selva (Girona), y de Chimfunshi, en Zambia. En el estudio se evaluó con qué mano extraían el alimento de un tubo. Los chimpancés tenían que coger el tubo (un trozo de manguera) con una mano y extraer con la otra mano (que sería la dominante) el alimento que había en el interior. Es decir, el experimento se centraba en tareas que requieren una coordinación bimanual. Los chimpancés participantes se manifestaron preferentemente diestros.   

Hasta ahora, esta característica se consideraba básicamente humana. Se atribuía a las asimetrías existentes en el cerebro humano relacionadas con la realización de actividades complejas que necesitan del uso y la coordinación de las dos manos. La nueva investigación constata que los chimpancés presentan una pauta de preferencia manual similar a los Homo sapiens. Además, como también sucede en los humanos, las hembras de chimpancés son más diestras que los machos, cosa que sugiere, que, igual que en nuestra especie, existen factores biológicos compartidos (genéticos y hormonales) que modulan el funcionamiento de nuestro cerebro.   

Para el equipo responsable de la investigación, el hallazgo indica que los humanos y los chimpancés tenemos un funcionamiento cerebral parecido.

Así, pues, nuestra especie no ha hecho más que aprovechar estructuras neuroanatómicas que ya poseían nuestros ancestros.                                                                                                                                                                                                                                            

Fuente: IPHES                                                                                                                                                                                                                                            

Más información en  American Journal of Primatology

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#185 Ge. Pe.

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Publicado el 03 diciembre 2010 - 03:20



Revista Investigación y Ciencia 411 -DICIEMBRE 2010

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Los dinosaurios también nadaban

Ezquerra Miguel, R.; Costeur, Loïc y Pérez Lorente, F.

Los rastros fósiles hallados en La Rioja revelan la forma de natación de ciertos dinosaurios terópodos no avianos y arrojan luz sobre una de las cuestiones etológicas más apasionantes de los dinosaurios.



Artículo en PDF liberado. Se los dejo en el   enlace.



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#186 Ge. Pe.

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Publicado el 10 febrero 2011 - 02:54





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Primer Carnaval de Biología:

Una lata de gusanos

Escrito por Kanijo en Biología, tags: acelomorfos, evolución, gusanos

10 de febrero 2011

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Un oscuro grupo de diminutas criaturas toma una posición central en la batalla para descubrir el árbol de la vida.

Desde finales del siglo XX, los zoólogos salen hacia estaciones costeras al amanecer para cribar gusanos del tamaño de granos de pimienta del barro en el fondo marino. Estas criaturas, llamadas acelomorfos, a menudo tienen el aspecto de salpicaduras de pintura poco notables cuando se ven a través de un microscopio. Pero representan una etapa clave en la evolución animal – la transición hace unos 560 millones de años de simples organismos similares a las anémonas al zoológico de criaturas complejas que pueblan nuestro mundo actualmente.

Hay unas 370 especies de acelomorfos, que reciben su nombre de la carencia de celoma – la cavidad corporal rellena de fluido que mantiene los órganos internos en animales más complejos. Los acelomorfos tienen también sólo un orificio tanto para comer como para excretar, de forma similar a los cnidarios — un grupo de animales más viejos evolutivamente que contiene a las medusas y anémonas. Pero al contrario que los más simples cnidarios, que tienen sólo una capa de tejido interno y externo, los acelomorfos tienen una tercera capa intermedia. Ésta es la configuración encontrada en todos los animales, desde escorpiones a calamares o focas, lo que sugiere que los acelomorfos representan una forma intermedia.

Esta hipótesis ha logrado un considerable apoyo en los últimos años, pero un informe publicado esta semana en Nature1 está provocando que los científicos vuelvan a repasar la historia. El estudio, realizado por un equipo internacional de investigadores que usaron nuevos datos y técnicas analíticas, elimina a los gusanos acelomorfos de su posición cerca del tronco de la evolución animal, y en lugar de eso, los coloca más cerca de los vertebrados.

Esta re-ordenación ha disparado protestas entre los biólogos evolutivos, que están alarmados de que puedan haber perdido su ejemplo clave de una etapa intermedia crucial en la fase de evolución animal. Algunos investigadores se quejan de que las pruebas no son lo bastante sólidas para garantizar una re-ordenación tan drástica del árbol evolutivo, y afirman que el informe deja fuera datos clave. En cualquier caso, la vehemencia del debate demuestra cómo de importantes se han hecho estos gusanos en la biología evolutiva.

"Diré, diplomáticamente, que es el artículo más tenso políticamente de los que jamás he escrito", dice Max Telford, zoólogo del University College de Londres y último autor del artículo.

El debate se centra sobre dónde encajan los acelomorofos dentro del árbol familiar de los bilaterios, animales de tres capas con simetría bilateral. Los biólogos dividen estos animales en dos ramas. El grupo mayor, conocido como protostomas, contiene a los invertebrados como gusanos de tierra, calamares, caracoles e insectos. El grupo menor, conocido como deuterostomas, incluye a los vertebrados e invertebrados, como los erizos de mar, humanos y peces.

Los zoólogos normalmente colocan a los acelomorfos en las primeras ramas de los bilaterios — antes de la división entre protostomas y deuterostomas – debido a que los gusanos carecen de muchas características clave, tales como una boca y ano separadas, un sistema nervioso central y órganos para filtrar los residuos. Aunque la posición de los acelomorfos se ha movido un poco a lo largo de las décadas, un estudio del ADN en 19992 y varias veces desde entonces los ha colocado de nuevo en su punto original. En particular, un estudio genético de 94 organismos en 2009 zanjó el debate concluyendo que el acelomorfos pertenecían a la misma base de los bilaterios3. Este estudio, liderado por Andreas Hejnol, biólogo del desarrollo en el Centro Internacional Sars para Biología Molecular Marina en Bergen, Noruega, confirmó que los acelomorfos y su tipo ocupaban un punto intermedio ente los cnidarios y los bilaterios más complejos.

"Súbitamente tuve el sentimiento de que todo había quedado en su lugar", dice el biólogo evolutivo Claus Nielsen, del Museo de Historia Natural de Dinamarca, que ha estudiado los acelomorfos durante 40 años conforme vagaban por el árbol de la vida.

Sacudiendo el árbol

Pero el estudio de Telford y sus colegas1 ha sacudido el árbol de nuevo, y ha colocado a los acelomorfos dentro de la rama deuterostoma, cerca de los equinodernos (que incluye a los erizos de mar) y los enteropneustos. Sus análisis genéticos sugieren que los acelomorfos – y un gusano marino conocido como Xenoturbella — descienden de un ancestro más complejo y que perdió muchas de las características que se ven en otros deuterostomas.

Los investigadores usaron varias aproximaciones y examinaron tres conjuntos de datos independientes para llegar a sus conclusiones. Primero, re-analizaron los datos del estudio de 2009 de Hejnol3, usando 66 especies en lugar de 94. Hervé Philippe, bioinformático de la Universidad de Montreal en Quebec, Canadá, y primer autor del artículo de Nature1, dice que el equipo eliminó las especies que tenían datos genéticos incompletos o que eran de "evolución rápida" – lo que significa que habían acumulado muchos cambios, cuando se comparaba con genes procedentes de grupos animales que surgían alrededor de la misma época. Los programas de ordenador filogenéticos tienen un problema conocido con este tipo de especies, y tienden a agruparlas incluso aunque no estén relacionadas.

Philippe y sus colaboradores usaron un modelo matemático más sofisticado para analizar la secuencia de evolución, lo que ayudó a minimizar este problema. Sin este modelo y una cuidadosa selección de especies, dice Philippe, los acelomorfos pueden caer a la base del árbol animal.

Tras analizar las secuencias del ADN nuclear, el grupo hizo un árbol evolutivo distinto, basado en genes de mitocondrias. También estudiaron microARNs, que regulan la expresión genética pero no codifican proteínas. De acuerdo con el co-autor Kevin Peterson, paleontólogo del Dartmouth College en Hanover, New Hampshire, los microARNs son particularmente útiles para el estudio de las relaciones evolutivas profundas. El equipo encontró que los acelomorfos tienen un tipo de microARN conocido por ser específico de los deuterostomas, lo que sugiere que están relacionados.

Los autores reconocen que ningún conjunto de datos aislado puede cerrar el caso de colocar a los acelomorfos dentro de los deuterostomas. Pero tomados en conjunto, dice Telford, "el hecho de que nuestras pruebas apunten en la misma dirección me hace pensar que es lo correcto".

Si los acelomorfos encajan dentro de los deuterostomas, los gusanos deben haber evolucionado de un ancestro con un sistema nervioso central, una cavidad corporal y unos intestinos que conecten ano y boca — características vistas en deuterostomas existentes. Por lo que los investigadores tendrían que explicar cómo los acelomorfos y Xenoturbella perdieron ésas y otras características. También tendrían que buscar otras formas de linaje de aspecto primitivo que represente el paso evolutivo de los animales similares a las medusas a los bilaterios. (Si es que existe alguno. Peterson dice que muchas características complejas pueden haber emergido a la vez).

Algunos investigadores no están listos para abandonar las viejas ideas sobre dónde encajan los acelomorfos. "Estoy triste por el artículo, pero no disgustado", dice Hejnol. "Estaría disgustado si su análisis fuese excelente e indicase que hemos perdido un animal representativo que hace de puente en una importante transición en el árbol de la vida".

Hejnol y sus colegas tienen dudas sobre la fiabilidad del árbol que Telford y su equipo han construido a partir de genes nucleares, que es su principal prueba. Los críticos dicen que las ramas clave del árbol no son tan estadísticamente sólidas como deberían ser.

Debido a esto, Brian O'Meara, filogenetista de la Universidad de Tennessee en Knoxville, dice que el nuevo árbol es "sugerente, pero no definitivo".

El estudio también ha quedado bajo el fuego por dejar fuera datos que otros científicos dicen que habrían debilitado las conclusiones de los investigadores. Un autor del artículo había analizado anteriormente una especie de gusano relacionada estrechamente con los acelomorfos, conocida como Meara stichopi, y no encontró microARN de deuterostoma. Pero los autores defienden su posición de mantener fuera a M. stichopi debido a que el análisis de su microARN deja dudas sobre la calidad de los datos.

Además, no todo el mundo está convencido de la potencia del análisis de microARN, el cual se ha adoptado sólo recientemente para estudios evolutivos. Este informe remarca que la aparición de mejor rendimiento del método es como herramienta para resolver relaciones. Debido a que los microARNs pueden perderse durante la evolución, es posible que el microARN del deuterostoma en los acelomorfos se originase en el ancestro de todos los animales bilaterios, pero se perdiese luego en la línea protostoma.

Con tanto por debatir, los investigadores están deseando resolver el tema. La Fundación Nacional de Ciencia de los Estados Unidos ha solicitado propuestas específicamente para abordar profundas divergencias en la historia evolutiva, como parte de una iniciativa llamada Assembling the Tree of Life (Ensamblando el Árbol de la Vida), dice Tim Collins, director del programa en la fundación. "Hemos hecho un buen trabajo dentro de los grupos, pero hemos tenido dificultades para reconstruir las ramas más profundas del árbol de la vida", comenta. "Estos son eventos que tuvieron lugar en un periodo de tiempo relativamente corto en comparación con el tiempo que ha pasado desde entonces, lo que dificulta las cosas".

El pasado verano en Kristineberg, Suecia, Hejnol y Telford compartieron una sala mientras daban clase juntos. Debatieron sobre sus diferencias y discutieron un proyecto conjunto en curso que podría zanjar el tema: secuenciar el genoma completo de un acelomorfo, una especie de Xenoturbella y la controvertida M. stichopi. Con ese influjo de nueva información genética, los investigadores confían en que puedan alcanzar un acuerdo sobre dónde colocar a los acelomorfos en la historia evolutiva.

"Estamos hablando de un resultado muy justo con un impacto descomunal", dice Hejnol, sobre el nuevo árbol propuesto. "Lo bueno es, que ahora sabemos cómo resolver el problema".






Podéis segur el resto de entrada del Primer Carnaval de Biología en Micro Gaia





Referencias

1. Philippe, H. et al. Nature 470, 255-258 (2011).

2. Ruiz-Trillo, I. , Riutort, M. , Littlewood, D. T. , Herniou, E. A. & Baguña, J. Science 283, 1919-1923 (1999).

3. Hejnol, A. et al. Proc. R. Soc. B 276, 4261-4270 (2009).






Autor: Amy Maxmen


Fecha Original: 9 de febrero de 2011

Enlace Original




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Evolución Concertada





1.- INTRODUCCIÓN

Evolución concertada o Coevolución, conjunto de cambios evolutivos que se producen en dos o más especies que interaccionan entre ellas, de manera que el cambio de una influye en la evolución de las otras.



El medio ambiente de una especie no está formado sólo por las condiciones abióticas, como el clima o el hábitat, sino también por las otras especies con las que mantiene relación. La evolución concertada puede imaginarse como un caso especial de evolución en que el propio medio de las especies evoluciona junto con éstas. No pertenece a esta categoría la adaptación de una especie al clima, por ejemplo, porque éste no va a cambiar como resultado de tal adaptación. Pero sí podría serlo la adaptación de una presa, como la cebra, con el fin de escapar de un depredador, como el león, porque es probable que el león evolucione a su vez para adaptarse al cambio de la cebra. La evolución concertada se puede dividir en antagonista y cooperativa, aunque la diferencia no siempre está clara.







2.- EVOLUCIÓN CONCERTADA ANTAGONISTA



Depredadores y presas y parásitos y hospedantes tienden a seguir una evolución concertada antagonista. Así, por ejemplo, se han medido los tamaños relativos del cerebro de carnívoros (depredadores) y ungulados o mamíferos con pezuñas (presas) fósiles desde hace unos 60 millones de años hasta el presente. Ambos tipos han ido aumentando el volumen del cerebro, y este fenómeno se ha explicado como un caso de evolución concertada, pues tanto depredadores como presas utilizan la inteligencia para cazar o para evitar ser capturados; a medida que los carnívoros se hacían más inteligentes, la selección natural favorecía a los ungulados también más inteligentes, y viceversa. Un estudio similar basado en los huesos de las patas de los fósiles sugiere que los ungulados, y posiblemente también los carnívoros, se han ido haciendo cada vez más rápidos. No obstante, se trata de investigaciones controvertidas, debido a las incertidumbres que envuelven la determinación del volumen cerebral o la velocidad de la carrera a partir de fragmentos fósiles.



La evolución de la virulencia del mixomavirus que causa la mixomatosis ilustra un caso de evolución concertada del parásito (el virus) y su hospedante (el conejo). La virulencia de un parásito puede definirse como la probabilidad que tiene de causar la muerte al hospedante en un periodo de tiempo determinado. El conejo europeo se introdujo accidentalmente en Australia, donde proliferó hasta convertirse en una plaga para la agricultura. En 1950 se introdujo el mixomavirus con conejos de América del Sur. Al principio mostraba una enorme virulencia y mataba a todos los hospedantes infectados; pero la virulencia fue decreciendo a lo largo de las décadas de 1950, 1960 y 1970. Se ha demostrado que esta menor virulencia aparente fue resultado tanto de la mayor resistencia adquirida por los conejos como de la pérdida intrínseca de virulencia por parte de los parásitos. Se tomaron muestras de virus en la naturaleza en años sucesivos y se inyectaron a cepas normalizadas de conejos de laboratorio; se observó así que los virus más recientes causaban la muerte a menos conejos. También se tomaron muestras de conejos a lo largo del tiempo y se infectaron en el laboratorio con virus de cepas normalizadas: a medida que pasaban los años, el número de conejos muestreados destruidos por el virus iba disminuyendo. Esto significa que tanto el parásito como el hospedante habían evolucionado. No tiene nada de raro que el hospedante evolucione en el sentido de aumentar su resistencia. Pero, ¿por qué evoluciona el virus hacia una virulencia menor? Una posible interpretación es que la virulencia inicial señalaba una adaptación imperfecta por parte del parásito, pues destruía a los conejos antes de que éstos tuviesen oportunidad de contagiar el virus a otros individuos. Por tanto, la selección natural favorecía la perpetuación de cepas menos virulentas.





3.- EVOLUCIÓN COORDINADA COOPERATIVA





Los componentes de asociaciones simbióticas pueden seguir una evolución coordinada caracterizada por adaptaciones que benefician a ambos. Así, las hormigas protegen a las orugas de muchas especies de mariposas azules frente a los parásitos. Las hormigas han desarrollado adaptaciones del comportamiento que les llevan a cuidar de las orugas y a ahuyentar a las avispas parásitas; a su vez, las orugas han respondido a estas adaptaciones desarrollando evolutivamente una glándula especial por la que segregan un líquido que sirve de alimento a las hormigas.





Otro amplio grupo de adaptaciones interpretables como evolución coordinada cooperativa es el de las relaciones entre plantas e insectos, aves y mamíferos polinizadores (véase Polinización) o que dispersan sus semillas. Las plantas han desarrollado a lo largo de la evolución señales de olor, color y formas florales para atraer a los polinizadores, y mecanismos para asegurarse de que cuando éstos las visitan no sólo obtienen el premio del néctar, sino que además recogen o entregan polen. Las semillas han desarrollado dispositivos como espinas o ganchos para sujetarse al pelo de los animales o, como en el caso del muérdago, están encerradas en bayas pegajosas que se adhieren a otros árboles hospedantes cuando los pájaros frotan el pico contra ellos. Algunos frutos contienen compuestos laxantes que determinan el tiempo que tardan las semillas en atravesar el tubo digestivo del animal que debe dispersarlas, con el fin de garantizar que se depositan a una distancia adecuada de la planta que las ha producido.





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Evolución convergente



1.- INTRODUCCIÓN





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Evolución convergente, evolución independiente de un mismo carácter o de caracteres similares en dos o más especies que pertenecen a líneas evolutivas independientes (por carácter no se entiende en este caso la personalidad, sino cualquier atributo físico o de conducta de un organismo).

Estas líneas evolutivas independientes parten de formas ancestrales distintas del carácter estudiado que, poco a poco, convergen en una forma única.

Casi todos los ejemplos de convergencia se pueden interpretar en términos de adaptación a condiciones similares, sea el medio ambiente de los organismos o su forma de vida, como ocurre con las adaptaciones al movimiento. Las exigencias físicas del vuelo limitan drásticamente las formas posibles del órgano encargado de mantenerlo. La capacidad de volar se ha desarrollado de manera independiente en murciélagos, aves e insectos, además de en grupos ahora extinguidos y conocidos por sus fósiles, como los reptiles llamados pterosaurios. Todos estos animales han desarrollado alas por evolución convergente. Asimismo, todos los animales que se deben mover en el agua afrontan similares limitaciones físicas impuestas por el medio, y tanto los mamíferos acuáticos, como los delfines, y los peces han desarrollado cuerpos con la misma y eficaz forma hidrodinámica.



La evolución convergente se aprecia también en adaptaciones a la alimentación. Varios grupos distintos de mamíferos han evolucionado de manera independiente para alimentarse de hormigas: los osos hormigueros de América del Sur, el oricteropo o cerdo hormiguero de África oriental y meridional, el pangolín de África y Asia y el marsupial hormiguero y el equidna de Australia. Todos ellos han desarrollado mediante evolución convergente garras poderosas para abrir hormigueros y termiteros y una cabeza provista de un hocico tubular alargado con una lengua muy larga para capturar los insectos dentro de sus nidos. Se observa también convergencia en la fisiología y anatomía de la digestión. Como se sabe, las vacas digieren el material vegetal rumiándolo (véase Rumiante); esta capacidad de fermentación del material vegetal en el estómago también la han adquirido por convergencia un grupo de monos llamados colobinos que se alimentan de hojas. La convergencia llega hasta detalles de las enzimas utilizadas en la digestión. Los colobinos y los rumiantes segregan en el estómago (a diferencia de otros mamíferos) la enzima lisozima, que digiere las bacterias encargadas de fermentar los productos vegetales. La secuencia de aminoácidos de las lisozimas de colobinos y rumiantes presentan similitudes únicas que son ejemplos de evolución convergente a nivel molecular; esta convergencia molecular refleja probablemente la función común que desempeña la enzima en ambos grupos de mamíferos.





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2.- CARACTERES HOMÓLOGOS Y ANÁLOGOS



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Cuando dos especies comparten un carácter, como los ojos en el ser humano y el chimpancé, o las alas en aves y murciélagos, puede ser por una de dos razones: o el carácter estaba presente en el antepasado común de las dos especies y éstas lo comparten simplemente porque lo han heredado (en este caso se habla de homología de caracteres; los ojos del hombre y el chimpancé son homólogos); o el carácter no se encontraba en el antepasado común, sino que se ha adquirido por evolución convergente (en este caso se habla de caracteres análogos).

Es importante saber distinguir entre caracteres homólogos y análogos al reconstruir la filogenia o diversificación evolutiva de los organismos (véase Cladística). Se supone que dos especies tienen un parentesco próximo si se parecen mucho; pero esta hipótesis sólo es válida si el parecido responde a homología, no a analogía o convergencia. A veces es posible detectar la convergencia examinando los caracteres con detalle. Las alas de aves, murciélagos e insectos son superficialmente parecidas, pero sus estructuras internas son muy distintas: en los insectos, las alas tienen unas estructuras de sostén llamadas nervios, mientras que en aves y murciélagos la estructura de las alas es ósea; además, las alas están sujetas por huesos diferentes en aves y murciélagos; en efecto, los huesos de las alas de las aves corresponden por homología a los del segundo dedo de otros vertebrados; en el caso del murciélago, corresponden a los dedos dos a cinco.





3.- EVOLUCIÓN PARALELA





A veces la evolución convergente puede diferenciarse de la paralela. En ambos casos, un mismo carácter evoluciona de manera independiente a lo largo de dos linajes. En la evolución paralela, el estado ancestral de las dos especies era el mismo; en la convergente era distinto (véase la ilustración). En la evolución paralela, las dos especies pueden evolucionar de forma independiente hasta llegar a un nuevo estado común. Raramente se puede diferenciar la evolución paralela de la convergente en casos reales, porque la diferencia se refiere a estados ancestrales de los caracteres, que por lo general son desconocidos. No obstante, el mimetismo de las mariposas sudamericanas de la flor de la pasión es probablemente consecuencia de una evolución paralela; se trata de dos especies de mariposas que exhiben la misma disposición de colores; ambas son venenosas para los pájaros y comparten la coloración, de tal modo que la una se parece a la otra. La disposición de los colores varía según las regiones, pero en cada una, las dos especies parecen iguales. La ventaja del mimetismo obliga a las dos especies a seguir en cada sitio una evolución paralela.



Como citar este artículo.

Microsoft Encarta 2008. "Evolución convergente".



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El Diccionario de la evolución, de Richard Milner, es un compendio sobre el evolucionismo desde sus orígenes hasta la actualidad. En este libro, los conceptos no son breves explicaciones, sino que están ampliados, actualizados y relacionados con otras ciencias, además de las biológicas. En este fragmento el autor explica el término evolución, como mención al título de esta obra.







Concepto de evolución



Fragmento de Diccionario de la evolución.



De Richard Milner.





Al hablar de «evolución» los biólogos quieren decir que, con el paso del tiempo, el cambio en las frecuencias génicas de las poblaciones produce nuevas especies a lo largo de generaciones. Charles Darwin denominó este fenómeno descendencia con modificación, un proceso lento que suele obrar a lo largo de cientos, miles y hasta millones de años.





La palabra evolución tiene cuatro significados que suelen confundirse y deberían mantenerse separados y distintos:

1) el proceso general del cambio en poblaciones y especies, considerado un hecho científico establecido;

2) el «progreso» inevitable desde formas de vida inferiores a otras superiores, un concepto que ha quedado desacreditado;

3) la historia concreta del «arbusto ramificado» de la vida y el origen de grupos diversos o filogenias, interpretado a partir del registro fósil y los estudios bioquímicos, y

4) el mecanismo, o «motor», de la evolución, para el que Darwin y Wallace propusieron la «selección natural», pero que en la actualidad está siendo estudiado y modificado por la investigación.



Veamos ahora algunos de los principales argumentos y objeciones que quienes se oponen a la evolución jamás se cansan de aducir... y algunas respuestas desde la perspectiva de la biología evolucionista:







1. ¿Un hecho o una teoría? La evolución quedó establecida como un hecho, no por haber triunfado en los debates entre filósofos o lógicos de gabinete, sino porque unificó miles de observaciones dispares realizadas por anatomistas comparativos, naturalistas de campo, geólogos, paleontólogos, botánicos y (posteriormente) genetistas y bioquímicos. Sin el concepto englobante de un mundo en cambio a lo largo de inmensidades de tiempo, no existiría lo que consideramos la ciencia moderna.



La idea de que las especies están relacionadas por una ascendencia común cuenta con el apoyo no sólo de argumentos o encadenamientos racionales, sino de muchos campos de investigación interconectados, cada uno de los cuales nutre a los demás y los apoya. La evolución está tan bien confirmada como la gravitación. Parafraseando a un destacado paleontólogo, las manzanas no dejarán de caer mientras los científicos discuten si la ley de la gravitación de Newton ha sido superada por las teorías de Einstein. Y las especies seguirán cambiando a lo largo del tiempo mientras nosotros seguimos investigando el cómo y por qué de la evolución.



Si alguien insiste en que la evolución es una mera interpretación de la naturaleza, ¿cuál sería la alternativa? ¿Que miles de dinosaurios y de especies anteriores y posteriores a ellos no guardaban relación entre sí, que aparecieron plenamente desarrollados y que no tienen nexos comunes? Un modelo de esas características, tanto si se denomina religión como «ciencia de la creación», no puede generar una indagación fructífera. Es una respuesta que impide plantear más preguntas.





2. Evolución «general» frente a especialización. Algunos críticos aceptan la creación de especies nuevas (de moscas del vinagre, por ejemplo) en laboratorio, pero afirman que la evolución general nunca ha sido demostrada experimentalmente. Con ello, aluden a la procreación de una serie de especies progresivamente superiores o más complejas. Sin embargo, no existe una teoría de la evolución general que mantenga tal cosa; las ideas victorianas de progreso inevitable no están de moda en biología.





3. Formas transicionales. La afirmación, repetida a menudo, de que no existen formas transicionales es probadamente falsa. La región del Karroo, en Suráfrica es, por ejemplo, un vasto cementerio de restos de reptiles mamiferoides, todo un tropel de especies cuya anatomía fue intermedia entre los reptiles y los mamíferos. El famoso Archaeopteryx, con sus plumas, dientes, garras y esqueleto reptiloide, es una transición entre reptiles y aves. Y los fósiles de homínidos africanos representan seres con fórmulas dentarias antropoideas, cerebros pequeños, brazos más largos que los de los humanos, pero más cortos que los de los simios actuales, y pelvis, pies y piernas dispuestos para la marcha erecta.



Los fósiles transicionales son notablemente raros porque, según las teorías actuales, la mayoría de las especies se mantuvieron estables durante largos períodos. Cuando se produce el cambio, ocurre con bastante rapidez (en términos geológicos) y suele darse entre poblaciones pequeñas y aisladas. El registro fósil ha sido comparado con la congelación en el tiempo de un aparcamiento de varios pisos. La mayoría de los coches se encontrarían en las distintas plantas y sólo muy pocos en las rampas. La cantidad de tiempo que cada coche pasa en la rampa es breve por comparación con la duración del aparcamiento inmóvil, a pesar de que todos han circulado por ella.



Otra prueba de la transición se encuentra en la distribución geográfica de las especies vivas. En las cadenas de islas del Pacífico, por ejemplo, los biólogos han seguido la pista de especies poblacionales a lo largo de miles de kilómetros y han descubierto formas intermedias de un extremo al otro del rosario de islas.



El mismo Darwin se sintió tan impresionado por un conjunto de variaciones geográficas de ese tipo entre las mariposas del Amazonas a lo largo de una extensa área de bosque tropical, que se vio impulsado a observar lo siguiente: «Nos parece ser testigos, en la medida en que podemos esperar llegar a serlo, de la creación de nuevas especies en la Tierra». Entre las criaturas vivas hay una serie de especies graduales e intermedias entre los lagartos y las serpientes, los tordos y los chochines, los tiburones y las rayas.





4. Prueba y «demostración». Existe el equívoco generalizado de que Darwin pensaba haber «demostrado» por lógica la evolución de las especies. En realidad, era un pensador y filósofo de la ciencia mucho más sutil. «El cambio de especies no se puede demostrar de manera directa -escribía a un amigo- y... la doctrina se hundirá o saldrá a flote en función de su capacidad para agrupar y explicar fenómenos [dispares]. Es realmente curioso observar el escaso número de personas que la juzgan de esta manera, que es claramente la correcta.» (Unos pocos años después escribía que se sentía «cansado de intentar explicar» este punto, pues la mayoría era incapaz de captarlo.)





5. «Agujeros» y cuestiones. Es innegable la existencia de «agujeros» y cuestiones en la teoría evolucionista (como los hay en la física de partículas), lo cual es normal en una ciencia que goce de buena salud. Thomas Henry Huxley pidió en cierta ocasión a sus estudiantes que se imaginaran perdidos en el campo en una noche ciega, sin pistas para reconocer el camino. Si alguien les ofreciera una linterna semiapagada y vacilante, ¿la rechazarían basándose en que su luz era imperfecta? «Creo que no -dijo Huxley-, creo que no.»







6. Tautología de la «supervivencia de los más aptos». La vieja canción de que la teoría evolucionista se basa en un razonamiento circular según el cual «los sobrevivientes sobreviven» fue olvidada hace ya tiempo. Los críticos mantienen que, sin una definición unívoca de la aptitud, la afirmación de que «sólo los más aptos sobreviven» es una proposición incomprobable y, por tanto, carente de sentido en cuanto explicación. Así es, desde luego; y, además, es cierto que algunos científicos de pensamiento brumoso han ideado explicaciones ad hoc sobre los orígenes de determinadas adaptaciones.



Pero, sea cual fuere el destino de arcaicas frases capciosas como «selección natural» y «supervivencia de los más aptos», la teoría de Darwin-Wallace sigue teniendo un núcleo sano: la superproducción de descendientes en la naturaleza, la variabilidad genética y un proceso selectivo cuyos resultados son una estabilidad a largo plazo y una divergencia circunstancial entre poblaciones. Las nuevas investigaciones se centran cada vez más en comprender con mayor profundidad estos mecanismos de la variación genética y la selección diferencial a medida que se producen en los diversos niveles de un mismo organismo.





7. Explicación ad hoc y no ciencia. Algunas personas dan por supuesto que la investigación y el estudio de las cosas vivas ha de llevar a la formulación de «leyes» fijas como las de la química o la física. La disección de estructuras anatómicas de seres extintos, la formulación de su distribución en el espacio y el tiempo y la reconstrucción de climas y ecologías del pasado pueden ser «una explicación ad hoc» para un físico o un químico, como en los relatos de la serie titulada «Precisamente así», de Rudyard Kipling, pero para la mayoría de los biólogos son, sin duda, ciencia.



El tipo de analfabetismo científico que rechaza la evolución por considerarla una creencia religiosa humanista puede tener como consecuencia serios errores en la comprensión de la vida humana y llegar incluso a provocar su pérdida. Veamos un ejemplo: en 1984 el doctor Leonard L. Bailey, de la facultad universitaria de medicina de Loma Linda (adventistas del séptimo día) intentó salvar la vida de Baby Fae, una niña nacida con graves malformaciones cardíacas. Bailey le implantó quirúrgicamente el corazón de un papión, pero el órgano fue rechazado de inmediato y la criatura murió.



Poco después se preguntó al médico por qué no había utilizado un corazón de chimpancé, en vez del de un papión, pues habría supuesto posibilidades de éxito mucho mejores, debido a la mayor proximidad evolutiva y adecuación genética del chimpancé. El doctor Bailey respondió que «no creía en la evolución» y, en cualquier caso, no comprendía qué tenía que ver con la práctica de la medicina.



La palabra evolución significaba en el siglo XVII el «despliegue» o «desarrollo» de un plan ya presente, como en la teoría de la preformación. También significa, de manera similar, el desarrollo embrionario de un individuo.



Cuando Darwin comenzó a dirigir su atención a «ese misterio de misterios: el origen de las especies», la idea de que las especies cambian con el paso del tiempo se denominaba transmutación o hipótesis del desarrollo.



En los artículos de Darwin-Wallace leídos ante la Linnean Society en 1858, que anunciaban el principio de la selección natural, ninguno de los autores empleó la palabra evolución, que tampoco apareció en la primera edición de El origen de las especies (1859). (Se lee por primera vez en la edición de 1869.) En cuanto a la expresión supervivencia de los más aptos, el primero en utilizar el término evolución en este contexto fue Herbert Spencer. Wallace y Darwin lo adoptaron más tarde, pero entre el público, en general, ambas frases se han identificado totalmente con las teorías de Charles Darwin.







Fuente: Milner, Richard. Diccionario de la evolución. Barcelona: Biblograf, 1995.



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CIENCIA

EVOLUCION Y CREACIONISMO

Un pdf. muy interesante....

Fichero Adjunto  CIENCIAEVOLUCIONYCREACIONISMO.pdf   1,65MB   32 Número de descargas

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Sadava et. al., Life. The Science of Biology 9. Ed.

Páginas liberadas impagables.... multimedias sorprendentes

Se agradece...

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Selección Natural

Adaptación

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VELAR POR EL FUTURO

 

 

En vez de enfrentar el hoy con el mañana, concentrémonos en el capital público que legaremos al futuro.

 Jeffrey D. Sachs (Jeffrey D. Sachs es director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia.) En: INVESTIGACION Y CIENCIA, enero, 2009

 

DESARROLLO SOSTENIBLE

 

Muchos de los problemas más acuciantes del planeta golpearán con más severidad en los próximos cincuenta o cien años. El cambio climático, que ya causa estragos locales en forma de sequías y oleadas de calor, en pocas décadas podría provocar catástrofes globales. Las altas temperaturas y los cambios en las pautas de las precipitaciones podrían recortar drásticamente la producción de alimentos y desencadenar hambrunas masivas en las zonas más necesitadas del mundo; cabe la posibilidad de que las grandes capas de hielo de Groenlandia y la Antártida se derrumben parcialmente, con lo que subiría varios metros el nivel del mar y se inundarían las costas. En general, la prevención de estos desastres se ve como un enfrentamiento entre las generaciones actuales y las futuras: para asegurar el bienestar de las generaciones venideras, se nos aconseja que reduzcamos ahora el consumo, el uso de energía y otras actividades que agotan los recursos. Así, el conflicto se formula en términos éticos: ¿Qué le debe el presente al futuro? ¿Cuánto deberían apretarse el cinturón las generaciones actuales para favorecer a las venideras? Estas cuestiones son importantes, pero pasan por alto un aspecto crucial del problema. Supongamos que aceptamos como un hecho los niveles de consumo existentes, establecidos por políticos cortos de miras que responden a un electorado alicorto. Aun así, nuestras decisiones sobre la inversión pública, que tienen consecuencias a largo plazo, pueden afectar al bienestar de futuras generaciones. Imaginemos que pudiésemos prevenir el futuro cambio climático por medio de un sistema energético más caro que costara un 1 por ciento adicional de los ingresos nacionales. El plan podría incluir, por ejemplo, el gasto en investigación, desarrollo y despliegue de técnicas de captación y almacenamiento de carbono en plantas de energía de combustión de carbón o los costes de una red eléctrica de energía solar a gran escala. Las generaciones actuales no tienen por qué correr con estos gastos extra. En vez de eso, se pueden financiar con bonos del estado a largo plazo que saldarían las generaciones venideras. Sin cambiar nuestros niveles de consumo podemos elegir lo que legar al futuro: una red de energía baja en carbono y un clima estable, que costearán las generaciones futuras pagando una deuda pública algo más alta; o, por el contrario, una red eléctrica sucia, un cambio climático galopante y una menor deuda pública. En vez de preguntarnos si deberíamos sacrificarnos en aras del porvenir, podemos reflexionar sobre cómo legar una cantidad determinada de capital público al futuro. Naturalmente, las generaciones venideras preferirían que pagáramos nosotros por la preservación del medio apretándonos hoy el cinturón. Pero si no pudiera ser así, presumiblemente elegirían tener un clima más saludable y un sistema energético sostenible, aunque heredaran una deuda pública algo más alta. Claro está, el problema de asignar el capital público de manera eficiente para el futuro no sólo ha de tener en cuenta el cambio climático. Podemos legar al futuro una mayor o menor biodiversidad (en vez de unas mejores infraestructuras de ejecución humana) o una más o menos numerosa población mundial (dependiendo de la inversión pública encaminada a apoyar las reducciones voluntarias de la natalidad por medio de la planificación familiar). Estas opciones no enfrentan el presente con el futuro; representan diferentes tipos de capital público dejado al futuro. Nuestros sistemas políticos están diseñados principalmente para decidir sobre inversiones colectivas que afectan al presente. Está mal preparado para lidiar con problemas a largo plazo, incluso cuando se elaboran con miras a que una futura generación cargue con los costes de su propio bienestar. Ni los políticos de hoy ni la sociedad en general se encuentran preparados para tomar decisiones con cierta claridad. Es necesario experimentar con nuevas formas de representar el futuro políticamente. Existen herramientas analíticas poderosas, como las “cuentas generacionales” desarrolladas por Laurence J. Kotlikoff , economista de la Universidad de Boston, para examinar el balance de capital público, natural y privado, que se transfiere a generaciones venideras; con estas herramientas es posible dilucidar las distintas formas en que podemos influir en su bienestar. Podemos proponer que políticos o expertos en ética actúen como “defensores del pueblo” en representación de las futuras generaciones en la mesa de negociaciones. Este tipo de ideas puede sonar descabellado, pero más lo sería un futuro acuciado por la desolación ambiental, al no haber pensado con claridad sobre las consecuencias de las decisiones que tomamos.

 

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Publicado el 04 enero 2017 - 06:56

 

  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2017Nº 484
¿De quién son estas herramientas?

Algunos monos son capaces de obtener lascas de piedra sorprendentemente similares a los útiles líticos de nuestros antepasados humanos.

  • Wong, Kate                     

 

 

 

 

 

Un mono toma una piedra del tamaño de una patata con sus diminutas manos, la levanta por encima de su cabeza y la baja con todas sus fuerzas para machacarla contra otra clavada en el suelo. Mientras el entusiasmado animal sigue y sigue, del canto que empuña salen varias esquirlas volando. Son lo bastante afiladas para cortar carne o plantas, pero el simio no les presta mucha atención, salvo para poner una de ellas sobre la piedra clavada en el suelo e intentar machacarla también. Sin quererlo, ha producido lascas que cualquiera confundiría con las herramientas de un yacimiento humano.

 

El mono es un capuchino salvaje del Parque Nacional de Serra da Capivara, en el noreste de Brasil. Hace tiempo que se sabe que estos simios usan piedras para todo tipo de actividades, desde cascar frutos secos y escarbar en busca de raíces hasta atraer la atención de posibles parejas. Otros primates no humanos, como los chimpancés de África occidental, también emplean piedras a modo de herramienta, si bien los capuchinos de Capivara son los únicos a los que se les ha visto percutir unas contra otras para romperlas, una actividad que hasta ahora se consideraba exclusiva de nuestro linaje. Nuestros antepasados lo hacían para fabricar útiles afilados que les permitiesen cortar. A los capuchinos, en cambio, nadie les ha visto usar las lascas que obtienen; como mucho, lamen la piedra clavada en el suelo, tal vez para buscar polvo mineral.

 

Un trabajo reciente sobre las esquirlas que producen estos animales ha encontrado que esas pequeñas creaciones de piedra satisfacen todos los criterios diagnósticos que se suelen emplear para distinguir las herramientas humanas de las piedras rotas por causas naturales. El hallazgo, publicado en otoño de 2016 en Nature, podría avivar el debate sobre la verdadera naturaleza de algunos yacimientos controvertidos. También suscita dudas sobre qué nos diferencia de otros primates y sobre cómo empezaron nuestros ancestros a fabricar herramientas líticas.

 

Tomos Proffitt, de la Universidad de Oxford, y sus colaboradores observaron que los capuchinos elegían ciertas piedras para usarlas como martillo y golpearlas contra otras. Después, recogieron los fragmentos que hallaron al efectuar excavaciones en la zona —tal y como habrían hecho si se tratase de un yacimiento humano— y, tras juntar 111 de estos objetos, analizaron su forma, tamaño y el tipo de marcas que habían dejado los golpes.

 

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Evolución. La saga humana Nov 2014 Nº 458

 

 

Una historia familiar de 7 millones de añosLa andadura del linaje humano comenzó hace siete millones de años. Hasta hace poco, los investigadores creían conocer bien este proceso. Sin embargo, los avances de los últimos años en paleoantropología, genética, climatología y psicología han trazado un panorama de la evolución humana mucho más rico de lo que se pensaba. Este número monográfico ha reunido a expertos de varios campos para repasar el pasado, presente y futuro de una especie y una disciplina que siguen evolucionando.

 

Más información

 

Para su sorpresa, hallaron que las piezas obtenidas por los capuchinos presentaban una forma típica de cuchara, o «concoidea», así como unos bordes cortantes muy afilados; también vieron que los simios extraían a menudo múltiples esquirlas de una sola piedra: todos ellos constituyen rasgos típicos de las herramientas de factura humana. (Los autores explican que los fragmentos producidos por los chimpancés cuando rompen cáscaras de nuez no cumplen la mayoría de los criterios diagnósticos, como tampoco lo hacen las esquirlas creadas por bonobos en cautividad a quienes se les ha enseñado a hacer lascas.)

 

En el pasado, los expertos han asociado tales características a la aparición de unas manos y una coordinación similares a las humanas, así como a ciertos cambios cognitivos [véase «¿Cómo nos cambió la fabricación de herramientas?», por Dietrich Stout; Investigación y Ciencia, junio de 2016]. Sin embargo, el hecho de que los monos fabriquen piezas con las mismas propiedades exige una explicación evolutiva diferente. Y, dado que pueden hacerlo los monos modernos, cabe preguntarse si, en el pasado, otros simios hoy extintos pudieron haber dejado sus propios yacimientos. Proffitt y sus colaboradores sostienen que, a partir de ahora, los expertos tendrán que refinar sus criterios de evaluación a la hora de identificar los utensilios de piedra fabricados intencionadamente por nuestros ancestros humanos.

«Muchos se van a sentir incómodos con el hecho de que también los capuchinos sean capaces de crear estas herramientas», opina Sonia Harmand, arqueóloga de Stony Brook que no participó en la investigación. Según ella, las piezas obtenidas por los monos no parecerían fuera de lugar en los yacimientos de África oriental donde se han encontrado restos de una de las primeras industrias líticas humanas: la olduvayense, cuyos ejemplares más antiguos, hallados en el yacimiento de Gona, en Etiopía, se remontan a hace 2,6 millones de años. Las lascas de los capuchinos solo se asemejan a los útiles olduvayenses más simples; otros, explica Harmand, exhiben bastante más depuración y planificación. Las creaciones de estos monos también se diferencian de las herramientas de piedra más antiguas que se conocen: los útiles de 3,3 millones de años que Harmand y su equipo extrajeron del yacimiento de Lomekwi, en Kenia. Estas son mucho mayores y se encuentran hechas de basalto y fonolita, rocas más densas que el cuarzo y las cuarcitas que usan los capuchinos.

Algunos expertos se preguntan si las esquirlas de estos animales no acabarán arrojando dudas sobre si verdaderamente fueron nuestros antepasados quienes fabricaron los útiles líticos más antiguos que se conocen. Aunque se han atribuido al linaje humano, los yacimientos correspondientes carecen de fósiles que permitan establecer esa conexión. «No tenemos ni idea», opina Wil Roebroeks, arqueólogo de la Universidad de Leiden, sobre la autoría del material hallado en Lomekwi y Gona.

Hélène Roche, de la Universidad de París Oeste Nanterre La Défense, discrepa de ese juicio: en un comentario que acompaña al artículo de Nature, la experta afirma que los resultados no deberían suscitar dudas sobre quién fabricó las herramientas líticas más antiguas de África. Argumenta que se han estudiado cientos de esos yacimientos y que en muchos de ellos se han encontrado indicios contextuales: huesos con marcas de corte que indican la manera en que se usaban las herramientas, así como fósiles que revelan que fueron fabricados por antepasados humanos.

Harmand añade que, por más que el estudio sobre los capuchinos haya demostrado que algunas especies no humanas pueden producir accidentalmente fragmentos de piedra similares a las herramientas cortantes de nuestros ancestros, eso no significa que estas últimas no sean especiales. Aun cuando nuestros antepasados también hubiesen comenzado a producirlas de manera involuntaria, antes o después algo les hizo percatarse de que podían darles un uso y fabricar otros útiles adaptados a sus propósitos. Además, la técnica humana evolucionó desde las herramientas simples halladas en Lomekwi y en los yacimientos olduvayenses hasta las bifaces de bordes cuidadosamente tallados de un millón de años después, para, por último, convertirse en nuestra compleja maquinaria actual. ¿Por qué no ocurrió lo mismo con los chimpancés o los capuchinos?, se pregunta Harmand. ¿Por qué solo los seres humanos hemos llegado tan lejos?

Ahora Proffitt espera averiguar cuánto tiempo llevan los capuchinos usando rocas de esa forma. Otros indicios apuntan a que estos simios han estado empleando guijarros para romper cáscaras de frutos secos desde hace al menos 600 años. Por su parte, las piedras utilizadas por los chimpancés de Costa de Marfil se remontan a hace 4300 años. Harmand observa que, más allá de eso, no existen pruebas sobre qué hacían los monos o los grandes simios en el pasado... algo que sin duda deja un amplio margen para sorpresas en el futuro.

 

 

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Publicado el 22 septiembre 2017 - 05:53

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:estudiando

 

 

 

(Editando imágenes)

 

La adaptación biológica

 

 

 

por Stephen J. Gould y Richard Lewontin*

 

 

 

“Nada tiene sentido en biología sino es a la luz de la evolución», decía Theodosius Dobzhansky, uno de los fundadores de la teoría neodarwinista de la evolución que afirma que las especies animales y vegetales deben su existencia a la selección natural. Compren­der un organismo viviente a la luz de la evolución consiste, pues, de acuerdo con este espíritu, en comprender cómo su anatomía, su fisiología, su comportamiento, son configura­dos por la selección natural, es decir, de qué manera están adaptados sus caracteres para conferirle las mayores posibilidades de supervivencia.

Sin embargo, Stephen J. Gould y Richard C. Lewontin muestran aquí algunos defectos de este punto de vista: no todos los caracteres de un organismo son adaptativos. La búsqueda de un sentido de este signo para todas las partes de un organismo es con frecuencia inade­cuada, errónea, incluso perjudicial, ya que conduce a explicaciones exageradas, dudosas o carentes de fundamento. Los autores proponen puntos de vista distintos al neodarwinista.

 

 

El gran domo de la catedral de San Marcos en Venecia está decorado por un mosaico que ilustra de forma detalla­da los grandes temas de la fe cristiana. Tres series de personajes dispuestos en círculos irradian de la imagen de Cristo central: los ángeles, los discípulos y las virtudes. Cada círculo está dividido en cuadrantes, en cada uno de los cuales se encuentra  uno de  los cuatro tímpanos, situados entre los arcos, bajo el domo. Los tímpanos, espacios triangulares agudos formados por la inter­sección de un par de arcos, son subpro­ductos necesarios en la arquitectura de una cúpula construida sobre arcos. Ca­da tímpano ha recibido una ornamenta­ción extremadamente bien adaptada a su geometría en punta (figura 1A). Un evangelista está ubicado en la parte al­ta, flanqueado a su vez por ciudadelas celestiales. Debajo, un hombre que representa uno de los cuatro cursos flu­viales bíblicos (el Tigris, el Éufrates, el Indo y el Nilo) vierte el agua de una vasi­ja en el espacio que va estrechándose a sus pies.

Este mosaico de la gran cúpula central de la catedral de San Marcos es tan refinado, tan armonioso, tan bien logrado que uno podría estar tentado a considerarlo como la razón de ser del edificio arquitectónico; lo cual sería, sin embargo, y de forma evidente invertir el orden de las cosas. Es, al contrario, una necesidad arquitectónica la que da ori­gen a esa particular estructura del mo­saico: los cuatro tímpanos y su forma triangular afilada provienen necesa­riamente de la arquitectura que requiere una cúpula sobre cuatro arcos, los cuales han determinado la estructura cuatripartita de la decoración en círculos de la misma proporcionando un espacio disponible que los artistas han podido decorar.

Es fácil encontrar ejemplos de esta naturaleza donde los motivos arquitec­tónicos determinan una serie de conse­cuencias y, en general, nos resulta fácil comprenderlos ya que nuestro pensa­miento no está torcido, como sucede en biología. Por ejemplo, un techo

 

 

 

 

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Fiqura 1. En el marco de las artes decorativas la palabra "adaptación” no se presta a contusión, como sucede en biología. Por ejemplo, el conjunto pictórico que decora los tímpanos de la gran cúpula de la catedral de San Marcos, en Venecia (A) está bien adaptado a la geometría de estos espa­cios arquitectónicos: un Evangelista está situado en lo alto del triángulo, mientras que un personaje que representa uno de los cuatro ríos bíblicos vierte agua en el vértice.

Otro ejemplo de adaptación en arte decorativo es el de los espacios rómbicos a lo largo de la línea medía de la bóve-da de la capilla del King's College de Cambridge (B). Estos espacios están decorados alternativamente por la rosa y la rastra de los Tudor (propietarios de la capilla). Tanto en el caso de los Evangelistas como en el caso del emblema de los Tudor, la adaptación denota la utilización ingeniosa y oportuna de una realidad arquitectónica. Sería erróneo, con toda certeza, decir que los tímpanos han sido construidos para albergar a los Evangelistas o que los espacios rómbicos lo han sido para ubicar a los emblemas de los Tudor. La palabra "adaptación" se presta con frecuencia -en biología- a este tIpo de explicaciones invertidas. (Foto Bordas.)

 

 

abovedado constituido por abanicos de arcos debe comprender necesariamente una serie de espacios vacíos de forma róm­bica a lo largo de su línea media, donde confluyen los bordes de dichos abani­cos (figura 1B). Desde el momento en que tales espacios existen necesa­riamente se constituyen con frecuencia en soporte de ingeniosas ornamenta­ciones. En la capilla del King's College de Cambridge, por ejemplo, espacios semejantes muestran protuberancias decoradas, alternativamente, por la ro­sa y la rastra de los Tudor. De alguna manera, puede decirse que esta disposi­ción de la decoración está "bien adapta­da", pero es evidente que el motivo ar­quitectónico es la causa primera de es­ta "adaptación”. Los espacios rómbicos son, necesariamente, los subproductos de una arquitectura abovedada por aba­nicos de arcos. La utilización ornamen­tal que de ella se haga es secundaria. Quienquiera que intentara explicar la estructura de la ornamentación de la bóveda de aquella capilla diciendo que la disposición alternante de la rosa y de la rastra era el fin perseguido, ya que se trataba de una capilla de los Tudor, podría ser objeto del mismo tipo de chanza con que Voltaire se burlaba del doctor Pangloss: "Las cosas no pueden ser de otra forma: todo tiene una finali­dad y todo está hecho necesariamente para el mejor fin. Nótese atentamente que las narices han sido hechas para llevar gafas y por ello tenemos gafas. Los pies han sido instituidos visible­mente para ir calzados y por este motivo tenemos zapatos".

Tales inversiones en el mecanismo explicativo son frecuentes en biología y especialmente en biología evolutiva ya que la adaptación de los organismos a su medio es una cuestión que -ac­tualmente- polariza exageradamente el interés de los biólogos.

 

Razonamientos panglossianos

 

Por ejemplo, las hienas hembras tienen órganos genitales externos que mimetizan exactamente los órganos ge­nitales masculinos;(1) el clítoris es tan grande como un pene, y los labios ma­yores están soldados y rellenos de una sustancia grasa, de modo que el con­junto tiene el aspecto de bolsa. La mayoría de los biólogos explican ac­tualmente esta extravagante morfolo­gía diciendo que se trata de una adapta­ción a la vida social. Cuando las hienas -que viven muy dispersas- se en­cuentran, proceden a una ceremonia de saludo con inspección mutua de los ge­nitales externos. Esta ceremonia es ne­cesaria, dicen los biólogos "adapta-cionistas", para evitar conflictos entre individuos que durante un momento se desplazan juntos. Así, los órganos geni­tales de las hembras habrían tomado la morfología masculina para servir de sig­no de reconocimiento social en el trans­curso de la ceremonia de salutación. En su explicación de la masculinización de la vulva en la hiena los biólogos "adap­tacionistas" parten, pues, de la función (supuesta) del órgano tal como aparece (aparentemente) en la biología animal, y después  dicen,  como el  doctor Pangloss, que el órgano ha sido mode­lado para cumplir tal función: la vulva se habría masculinizado con el fin de posi­bilitar el comportamiento de salutación social.

Sin embargo, nadie ha propuesto que la masculinización de la vulva en la hiena pudiera ser consecuencia de otro dato de la biología de la especie, que en su origen no tiene nada que ver con la ceremonia social del saludo. Pues la hiena hembra también se caracteriza, a pesar de su sexo, por presentar una gran cantidad de hormona masculina circulante en la sangre. Hormona mas­culina que administrada prontamente en la vida de cualquier feto masculiniza siempre el aspecto de sus órganos se­xuales. ¿Por qué hay tal cantidad de hormona masculina en la hembra? Una explicación verosímil es que las hienas hembras son más grandes que los machos y socialmente dominantes fren­te a éstos; diríase que están dotadas de ciertas características fisiológicas y etológicas normalmente propias de los machos en las demás especies. Cual­quiera que sea el motivo exacto, es pre­ciso admitir que la masculinización de la vulva no es un hecho primero sino una consecuencia "anexa” y que, por consiguiente, el razonamiento "adapta­tivo" sobre su función en el origen del comportamiento de salutación social es inadecuado. (Nosotros hemos propues­to el término "exaptación" para desig­nar esta especie de fenómeno que no es directamente adaptativo.)(1) Los razona­mientos "adaptativos" panglossianos son frecuentes en biología e incluso han ganado acceso, durante estos últi­mos años, a la antropología y a la etno­logía.

Así, el etnólogo norteamericano Michael Harner ha sugerido en 1978(2) que, entre los aztecas, el sacrificio hu­mano habría aparecido como solución frente a una penuria crónica de alimen­tos; las piernas de las victimas eran efectivamente consumidas (solamente por los personajes de alto rango). Edward O. Wilson el autor de So­ciobioIogy: fhe new synthesis ha reto­mado la idea, considerando la explica­ción como ejemplo fundamental de una predisposición hereditaria y adaptativa al régimen carnívoro en los humanos.(3) Harner y Wilson nos pedirían, pues, que contempláramos el refinado sistema social de los aztecas y su compleja ideología basada en mitos, símbolos y tradiciones como simples epifenóme­nos. Todo ello no sería sino una raciona­lización inconsciente que ocultaría la razón real: la necesidad de proteínas. Por el contrario, el antropólogo norte­americano Marshall Sahlins ha de­mostrado que aquellos sacrificios hu­manos representaban tan sólo una par­te del elaborado sistema cultural azte­ca, que en su totalidad no solamente materializaba su cosmología sino que también cumplía funciones claramente prácticas, como el mantenimiento de los rangos sociales y los sistemas triba­les entre los citados.

Tenemos toda la razón para pensar que el canibalismo de los aztecas era una adaptación muy semejante a la de los Evangelistas y los ríos en los tímpanos de San Marcos o a la de los re­lieves ornamentados en los espacios rómbicos de la bóveda de la capilla del King's College: un fenómeno secunda­rio representativo de la utilización opor­tuna de ciertas circunstancias, pero no un hecho primordial. Para decirlo más claramente, en el caso de los aztecas, un sistema cultural particular, de­sarrollado por ciertas razones, ha con­ducido a la acumulación de un gran nú­mero de cadáveres; entonces podría efectuarse una utilización derivada de los mismos: el canibalismo. ¿Por qué darle la vuelta a todo el sistema, como hacen Harner y Wilson, y considerar to­da una cultura como el epifenómeno de un modo (inhabitual) de procurarse car­ne? Los tímpanos de San Marcos no han sido concebidos con la finalidad de albergar a los Evangelistas.

Los razonamientos que toman como punto de partida la utilidad adaptativa de una parte o de una estructura dada del organismo conducen con mucha fre­cuencia a concepciones erróneas. Así había sido ya reconocido a finales del siglo XIX. Veamos cómo se manifestaba el biólogo británico Francis Galton a propósito de la explicación que de las huellas digitales formulara Herbert Spencer, el célebre filósofo y biólogo británico de la época;(4) "¿cuál es la ra­zón de ser de estos curiosos jeroglíficos papilares? ¿Por qué en tal hombre y en tal dedo forman espirales y en tal otro bucles? Herbert Spencer me pidió un día que le mostrara mí laboratorio y que le tomara las huellas digitales, lo que hi­ce. Yo me puse a hablar entonces del fracaso de toda explicación que permi­tiera comprender el origen de estos mo­tivos y le expliqué cómo se habían dise­cado los dedos del feto para estudiar sus estadios precoces, etc. Spencer me hizo observar entonces que este méto­do partía por mal camino; lo que había que hacer era preguntarse de entrada cuál era la finalidad de tales surcos y entonces remontarse al origen a partir de la misma. Así, decía, resulta evidente que los delicados orificios de las glán­dulas sudoríparas requieren una protec­ción, que les aseguran precisamente las crestas a una parte y a otra de los sur­cos; a partir de aquí, elaboró una hipóte­sis ingeniosa y plausible hasta en sus menores detalles. Yo le respondí que sus argumentos me parecían bellos y que deberían ser ciertos, pero que la rea­lidad es que los orificios de las glándu­las sudoríparas no se encuentran en el fondo de los surcos sino sobre las cres­tas a ambos lados de tales surcos".

Nosotros quisiéramos cuestionar el hábito mental que, en la actualidad, ha invadido toda la biología (y más) y que damos en llamar “programa panglos­siano" o programa adaptacionista; criti­cable por numerosas razones, algunas de las cuales ya hemos visto. Vamos ahora a reconsiderarías y a detallarlas para proponer a continuación alternati­vas, algunas de las cuales se inspiran en la noción de motivo arquitectónico que ya hemos utilizado.

 

¿Es omnipotente la selección natural?

 

En biología evolutiva el programa adaptacionista ha sido formulado prin­cipalmente por Alfred R. Wallace y por August Weismann, a finales del siglo pasado. Wallace fue un naturalista bri­tánico que inventó, juntamente con Dar­win, la teoría de la evolución por selec­ción natural (véase Mundo Científico, no 12, p. 272, 1982). A. Weismann fue un biólogo alemán que criticó la teoría la­marckiana de la herencia de los carac­teres adquiridos convirtiéndose en jefe de fila del neodarwinismo. ¿Qué signifi­ca programa adaptacionista?

La teoría de la evolución por selec­ción natural estipula que las nuevas es­pecies nacen a partir de especies an­cestrales de la siguiente manera: algu­nos individuos, en el seno de una población determinada, heredan en el mo­mento de su nacimiento caracteres morfológicos y fisiológicos que les con­fieren alguna ventaja frente a sus com­petidores en la lucha por la super-viven­cia. Estos individuos más aptos dejarán por término medio más descendientes que sus competidores. Sus caracteres ventajosos serán, pues, más y más fre­cuentes en las pobla-ciones hasta ha­cerse mayoritarios. Por ejemplo, según esta teoría, caracteres anatómicos particulares que confiriesen aptitud para la carrera rápida en la estepa habrían pre­sidido el nacimiento de la especie ca­ballo, expandiéndose en poblaciones ancestrales de animales que no esta­ban adaptadas a la carrera en las este­pas. Así, cuando un biólogo estudia una especie dada debe averiguar cuáles son los caracteres que le han conferido una aptitud particular; por ejemplo, las "cuatro manos" de los monos represen­tarían una adaptación que ha permitido a estas especies sobrevivir y perpetuarse en un medio arborícola. De la misma manera, cada uno de nosotros ha apren­dido en la escuela que los afilados inci­sivos del gato, los cojinetes de sus pa­tas, la rapidez de sus reflejos y la agu­deza de sus sentidos representan adap­taciones a la caza y al  régimen carnívoro. De igual modo, las grandes orejas móviles de la liebre y sus podero­sas patas traseras representan adapta­ciones que permiten a este animal po­ner tierra de por medio al menor ruido sospechoso. En general, pues, numero­sos caracteres de un animal concurren en su adaptación a un modo particular de vida. Darwin mismo lo había subraya­do claramente. Pero, Wallace y Weis­mann fueron más lejos: consideraron que casi todos los caracteres de un ani­mal respondían a una adaptación parti­cular. En el cuadro del programa adap­tacionista la selección natural es vista, por tanto, como omnipotente, en el sen­tido de que informa todos los caracte­res de los seres vivos. A partir de ahí, si­guiendo este programa, la mayoría de los biólogos de nuestros días cuando estudian un organismo lo "atomizan", lo reducen a partes elementales e intentan comprender la utilidad adaptativa de cada una de las partes tomada aislada­mente.

Con mucha frecuencia, la utilidad adaptativa de cada parte de un organis­mo es afirmada a priori, en razón de la adhesión de los biólogos al “programa adaptacionista" más que deducida ra­zonablemente de las observaciones sobre la biología del organismo en cuestión. En consecuencia, las explica­ciones de las utilidades adaptativas varían de un biólogo a otro o de una época a otra: así, la línea de cierre de la concha de algunos organismos con exoesqueleto bivalvo (como los braquiópodos y los lamelibranquios) no es recta sino en zigzag (figura 2). Durante mucho tiempo se ha considerado este carácter como un medio de reforzar el cierre del caparazón; después ha sido considerado más bien como un medio de controlar el tamaño de las partículas que penetran en el interior.(5) En los cier­vos y en los gamos, las astas y corna­mentas fueron consideradas en princi­pio como sistemas defensivos frente a los depredadores; más tarde, como se­ñales de advertencia para los adversa­rios en la competición entre los machos de una misma especie.(6) En antropo­logía física, la configuración particular­mente rechoncha del rostro de los es­quimales había sido considerada como una adaptación al frío,(7) mientras que posteriormente ha sido interpretada co­mo una adaptación para reforzar la masticación.(8) No es que tratemos de atacar cada una de estas nuevas expli­caciones, puede que sean ciertas; lo que nosotros queremos decir es ¿aca­so es preciso remplazar explica-ciones adaptativas insatisfactorias por otras explicaciones que quizá se revelen igualmente insatisfactorias? ¿No sería mejor, en todo caso, buscar explica­ciones alternativas que no repitan la fór­mula: tal carácter no pudo ser modela­do más que en el sentido de aumentar las posibilidades de supervivencia?

 

 

 

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Figura 2. La línea de cierre de las valvas de distintas pechinas no es recta sino que forma un zig­zag (en la ilustración la ostra Ostrea cristagalli). Este carácter ha sido considerado en el pasado como una adaptación que permitía reforzar el cierre de la concha. Más recientemente ha sido in­terpretado como un medio de controlar el tamaño de las partículas que entran en el interior (cuando el animal entreabre las valvas el agua puede pasar, así como las partículas de tamaño pequeño, pero no aquéllas que son algo mayores.(4) (Foto J.L.Charmet.)

 

 

 

Ello nos parecería más indicado que el "programa adaptacionista" que en muchos casos conduce a los biólogos a callejones sin salida. Así R. Costa y P.M. Bisol intentaron verificar que la va­riabilidad de las constituciones genéti­cas (= polimorfismo) debía ser menor en los animales que habitan el mar pro­fundo, donde el ambiente es uniforme, y mayor en los animales terrestres ex­puestos a ambientes diversificados.(9) Sin embargo, en sus estudios no en­contraron este resultado, y concluye­ron: "Los polimorfismos observados parecerían indicar que no se hallan en correlación con los factores ambienta­les característicos de cada una de las zonas estudiadas. Estos resultados su­gieren que las estrategias adaptativas no son idénticas en los diferentes am­bientes".(9) Es una actitud frecuente entre los biólogos: se constata la impo­sibilidad de encontrar una buena expli­cación adaptativa, pero se invoca la ne­cesidad de encontrar una, lamentando entonces la insuficiencia de los conoci­mientos de la biología de la especie es­tudiada y la necesidad de llevar a cabo nuevas investigaciones para encontrar finalmente esa explicación.

 

El defecto de las concepciones utilitaristas y reduccionistas

 

También es criticable en el programa adaptacionista el que no se ponga el acento más que en el aspecto de la utili­dad de las partes del organismo, excluyendo cualquier otro. Dicho de otra ma­nera, cada parte del organismo es con­siderada en su existencia única y exclu­sivamente en función de su utilidad adaptativa inmediata. Por ejemplo, las explicaciones que acompañan a la re­construcción en tamaño natural, en fibra de vidrio, del gran reptil carnívoro Tyrannosaurus, del periodo secundario, en el Museo de la Ciencia de Boston, y que están redactadas en estos térmi­nos: "Las patas anteriores de este ani­mal son un enigma; cómo utilizaba Tyrannosaurus sus minúsculas patas anteriores (figura 3) permanece, científicamente, sin explicar: eran de­masiado pequeñas para alcanzar la bo­ca. Quizá fueran utilizadas por el animal como una ayuda para incorporarse". No dudamos que Tyrannosaurus utilizaba sus pequeñas patas anteriores de algu­na forma, pero ¿hay necesidad alguna de intentar encontrar alguna explica-ción adaptativa a su pequeño tamaño? ¿No podría deberse, simplemente, a un crecimiento diferencial de las distintas partes del cuerpo? Efectivamente, es posible imaginar que ello se habría pro­ducido durante la ontogénesis; es decir, que durante la ontogénesis de Tyranno-saurus se hubiera producido un agran­damiento de la cabeza y de las patas posteriores y una disminución correlati­va del tamaño de las anteriores con re­lación al plan de organización ordinario de estos reptiles.

 

 

 

 

 

Figura 3. El Tyrannosaurus (reconstruido aquí en fibra de vidrio, en el parque de Saint-Vrain) fue el mayor reptil carnívoro del periodo secundario: medía cuatro metros de altura y debía pesar unas doce toneladas. Su morfología es muy particular: la cabeza y las patas posteriores son muy grandes, mientras que las anteriores son, por el contrario, muy pequeñas. En el marco del “programa adaptacionista” que considera que todos los caracteres de un organismo son adaptativos, numerosas explicaciones (insatisfactorias) han sido propuestas para encontrar una utilidad a estas pequeñas patas. Podría ser, sin embargo, que tal pequeñez no fuera más que el resultado de una ley de desarrollo diferencial: es la exageración del tamaño de las patas posteriores la que habría acarreado la reducción del tamaño de las anteriores. (Foto J.P. Livet.)

 

 

 

Es posible, además, que el aumento del tamaño de la cabeza y de las patas posteriores hubiera tenido, a su vez, un verdadero valor adaptativo para un régi­men carnívoro. Simple-mente, lo que queremos decir es que la reducción de la talla de las patas anteriores podría no ser una adaptación directa sino una consecuencia de la modificación de otras partes del cuerpo. Esta hipótesis no adaptativa para explicar la pequeña talla de las patas anteriores tiene la ventaja de poder ser contrastada por métodos llamados alométricos, que nos llevaría demasiado el detallar aquí.(10) Por tanto, nos parece más interesante y potencialmente más fructífera que las especulaciones inverificables acerca de la mejor utilidad posible de cada parte del organismo.

Otro defecto nada despreciable del "programa adaptacionista" consiste en que al estudiar las partes de los orga­nismos tomadas separadamente se pierde de vista el hecho de que los orga­nismos constituyen entidades integra­das; considera, por contra, que los se­res vivos son una colección de partes in­dependientes, concepción que puede conducir a graves errores. Si, por ejemplo, en la especie humana se consi­dera al mentón como una parte indepen­diente, uno se ve abocado a una expli­cación sobre su origen que es exacta­mente contraria a la que se considera más verosímil.(11) En el primer caso, en efecto, se explica la génesis del mentón en la evolución de los primates por la aparición de una etapa suplementaria en el desarrollo de la mandíbula. Por el contrarío, en el segundo caso, la géne­sis del mentón se explica atendiendo al remodelado de la mandíbula, remodela­do que es consecuencia de la reducción de una etapa del desarrollo óseo de la misma (figura 4).

Por otra parte, la atomización del or­ganismo en partes independientes en el cuadro del programa adaptacionista conduce a buscar una utilidad óptima (para la supervivencia) de cada una de las partes. En la práctica, cuando se in­tenta hallar este óptimo a menudo no se le encuentra. No obstante, lo que hacen entonces los biólogos en lugar de salir del marco adaptacionista es invocar la necesidad de un compromiso con otra parte. Un ejemplo de ello nos lo propor­ciona el estudio de Gordon Orians, de la universidad de Washington, sobre el comportamiento alimentario de aquellos pájaros que abandonan el nido para capturar presas, pero que vuelven a él para consumirías (en biología evolu­tiva, los comportamientos son clásica­mente considerados como constituyen­tes de la estructura del organismo, de igual modo que cualquier rasgo anató­mico).  Podría esperarse una cierta estrategia en el comportamiento de esos pájaros; el tamaño de las presas capturadas podría ser óptimo: suficien­temente grande para que el aporte de energía también lo sea, pero no dema­siado para que la energía gastada en su transporte siga siendo reducida. Sin embargo, O. Orians constata que el ta­maño de las presas escogidas por estos pájaros no es óptimo sino, solamente, subóptimo. Deduce, entonces, que es así porque sin duda el comportamiento alimentario debe establecer un compro­miso con otro comportamiento: la pro­tección de los jóvenes que permanecen en el nido.

Este ejemplo revela que cuando los biólogos se ven obligados a invocar la interacción entre distintas partes del or­ganismo y a considerar a éste como un todo no lo hacen sino encuadrándose totalmente dentro del marco del progra­ma adaptacionista. La noción de que la suboptimización podría representar al­go distinto al resultado inmediato de la selección natural no es tomada en cuenta. Como decía el doctor Pangloss cuando explicaba a Cándido por qué sufría una enfermedad venérea: "Se tra­ta de una cosa indispensable en el me­jor de los mundos, un ingrediente nece­sario: ya que sí Cristóbal Colón no hu­biese cogido en una isla americana esta enfermedad que envenena la fuente de la generación y que con frecuencia, incluso, impide la misma generación y que es evidentemente lo opuesto del gran propósito de la naturaleza, -sí no fuera por ello- no tendríamos ni el cho­colate ni la cochinilla". El programa adaptacionista es exactamente panglossiano. El mundo debido a la om­nipotente selección natural quizá no es perfecto, pero es el mejor de los mun­dos posibles. Cada parte tiene su fun­ción y debe ser tal como es "Ya que -decía- todo esto es lo mejor posible. Sí hay un volcán en Lisboa, no es po­sible que estuviera en otra parte; fuera imposible que las cosas estuviesen en lugar distinto a aquel en que se en­cuentran, ya que todo está bien". (¡El doctor Pangloss comentaba así el gran terremoto de 1775 en Lisboa que costó la vida a más de cincuenta mil perso­nas!). No criticaríamos de forma tan en­carnizada el programa adaptacionista sí su invocación en cada caso particular pudiera -por principio- conducir a su abandono cuando fallasen las hipotéti­cas pruebas en su favor.

 

 

 

 

 

 

 

Figura 4. El programa adaptacionista atomiza los or-ganismos vi­vientes en una diversidad de caracteres elementales, los cuales son considerados como enti-dades independientes. Pero en realidad no es posible considerar de forma arbitraria cada carácter de un orga­nismo como una entidad independiente. Por ejemplo, la barbilla, en la especie humana no es un “órgano” independiente; es el resultado de un tipo de desarrollo de los huesos de la mandíbula, distinto del que prevalece en el chimpancé, especie próxima a la humana pero desprovista de mentón. El programa de desarrollo del cráneo del chimpancé (A) es muy pare-cido al humano (B): los puntos de partida son muy próximos, pero el hombre parece detener su desa-rrollo an­tes que el chimpancé. El cráneo humano pre-senta caracteres juveni­les del chimpancé (neotenia). Por lo que hace a la mandíbula, la zona ósea que so-porta los dientes se desarrolla muy poco en el hombre, en razón del escaso desarrollo de la denta-dura, mientras que la sub­yacente no experimenta semejante reducción del desarrollo. El men­tón es pre-cisamente el resultado de este crecimiento diferencial. En el chimpancé la zona ósea que soporta la den-tadura se desarrolla notablemente y el mentón no aparece. (Según Starch y Kummer, 1962.)

 

 

El arte de narrar cuentos

 

Desgraciadamente, la adhesión de los biólogos al programa adaptacionis­ta hace que éste nunca sea rechazado de tal forma, y ello por dos motivos.

En primer lugar, sí una explicación adaptativa se revela falsa en el trans­curso de una prueba se la sustituye por otra. Dicho de otra forma, el programa adaptacionista conduce constantemen­te a los biólogos a inventar historias adaptativas. El campo de estas narra­ciones o historias adaptativas es tan vasto como fértil  nuestro espíritu. Siempre pueden formularse nuevas fa­bulaciones y, sí no se dispone al punto de una narración adecuada, siempre es posible lamentar la ignorancia temporal y esperar.

En segundo lugar, los criterios que sirven para determinar la aceptabilidad de una de tales historias son tan vagos, que muchos los superan sin haber sido realmente confirmadas. Es frecuente que los evolucionistas se sirvan de la compatibilidad con la selección natural como único criterio, y que consideran que su trabajo está acabado cuando han formulado una historia plausible. Sin embargo, historias plausibles siempre pueden ser narradas, y los biólogos se muestran en este terreno mucho menos exigentes que los histo­riadores. (En investigación histórica el rasgo esencial consiste, en efecto, en poner a punto criterios de aceptabilidad de las explicaciones que describen una evolución determinada.)

Es por este motivo que hemos crítica­do(12) el trabajo del sociobiólogo norte­americano D.P. Barash(13) (véase La Recherche n0 124, p. 880, julio de 1981). Este investigador realizó las siguientes observaciones en el petirrojo azul de las montañas: el experimento consistía en colocar cerca del nido construido por una pareja un macho disecado, y ello en un momento en que el macho propieta­rio del nido se hubiera ausentado mo­mentáneamente. A su regreso, el macho se encontraba así con un pseudo­contrincante al que empezaba a agredir, al igual que a la hembra. En un caso, por lo menos, el macho llegaba incluso a buscarse una nueva compañera. Barash repitió el experimento en tres momen­tos distintos: uno antes de la puesta de los huevos, los otros dos después, y ob­servó que mientras en el primer caso el macho agredía vivamente al contrincan­te simulado y a la hembra, en los otros casos el macho agredía mucho menos al falso contrincante y casi nada a la hembra. Barash extraería la conclusión de que el comportamiento de agresión era un comportamiento anti-adulterio y tenía un sentido adaptativo. Según la teoría neodarwiniana sostenida por los sociobiólogos los genes, efectivamen­te, "intentan" extenderse al máximo en las poblaciones. Un animal, dice esta teoría, no es más que un vehículo de los genes, y sus comportamientos son programados por éstos de manera que favorezcan su propia propagación en las generaciones venideras. Así, según D.P. Barash, la primera vez que el pe­tirrojo azul macho ocupante del nido en­contraba el modelo disecado era antes de la puesta. En aquel momento, el contrincante se encontraba con posibi­lidades reales de intentar la fecunda­ción de la hembra y propagar así sus propios genes en detrimento de los del "macho legítimo". ¡De ahí, que éste le combata violentamente y "reprenda" a su compañera! Sin embargo, la segun­da y la tercera vez, el comportamiento de agresión tiende a cero. Porque, expli­ca Barash, la fecundación ya ha sido rea­lizada y los huevos puestos; el "macho legítimo" está seguro, pues, de que sus genes han contribuido a la generación siguiente. ¡No hay ya razón, por tanto, para combatir al contrincante ni para “reprender” a la compañera!

Después de este relato, D.P. Barash concluye: "Estos resultados son com­patibles con las predicciones de la teoría de la evolución. Así, la agresión a un macho intruso (en este caso el mode­lo disecado) parece claramente ventajo­sa, principalmente al principio de la es­tación del celo cuando los territorios y los nidos son normalmente defendidos... La respuesta agresiva inicial tras el en­cuentro con la hembra compañera es también adaptativa, ya que habiéndose producido una situación que sugiere una alta probabilidad de adulterio (es decir la presencia del modelo en las pro­ximidades de la hembra) y siendo así que hay hembras disponibles para sus­tituirla, el hecho de obtener una nueva compañera puede aumentar la adapta­ción genética del macho... La regresión de la agresividad del macho en contra de la hembra durante la incubación y du­rante los cuidados de la cría puede ser atribuida al hecho de que es imposible ser “engañado” tras la puesta... estos resultados son compatibles, pues, con una interpretación fundada en la teoría neodarwinista de la evolución".

Efectivamente son compatibles, pero ¿no hay otra interpretación evidente, desechada por Barash sin haberla comprobado? ¿No podría ser, simple­mente, que el macho que vuelve en la segunda y tercera presentaciones se acerca al modelo artificial lo provoca un poco, y reconociéndolo como el mismo "falso" que ya ha visto, no hace de él motivo de agravio a su hembra? ¿Por qué no haber realizado, al menos una vez, una prueba control que permitiera discernir entre esta interpretación y la tradicional fábula adaptativa? Esta prueba control debería haber consistido en presentar por primera vez a una pare­ja el macho artificial disecado, después de la puesta de los huevos. Sí la historia adaptativa es falsa, el modelo habría si­do atacado; si no lo hubiera sido se confirmaría la veracidad de la interpre­tación.

Después de que nosotros hubiéramos criticado los experimentos de Barash, otros investigadores norteamericanos (Morton, Geitgey, y MacGrawth)(14) han repetido el experi-mento en una especie muy próxima, Sialia sialis, del Este de los Estados Unidos, introduciendo en él algunas variantes (especialmente la presentación de una hembra artificial o disecada)(15) (figura 5). “Esperábamos confirmar -han escrito- los resulta­dos de Barash y generalizar así una ob­servación con significado evolutivo, por lo menos dentro del género Sialia. Desgraciadamente, no hemos podido obtener esta confirmación." No en­contraron el comporta-miento anti­adulterio del macho que "reprende" a su hembra; los machos nunca agredieron a sus hembras después de haber provoca­do al modelo artificial, fuera cual fuese la fase de la nidificación que se obser­vara. Por el contrario, las hembras ata­caban con frecuencia el modelo artifi­cial masculino y siempre a los modelos artificiales femeninos, aun cuando los machos no atacasen a sus homólogos disecados. Sin embargo, en lugar de cuestionarse la explicación adaptatíva de Barash, Morton y sus colegas pu­sieron a punto otra de su cosecha para intentar explicar el conjunto de sus re­sultados en el estilo adaptacionísta. Quizá -conjeturan- las hembras son abundantes en la especie de petirrojo azul estudiada por Barash. Los machos, que pueden con facilidad remplazar una compañera sospechosa de infidelidad, pueden mostrarse violentos e "intransi­gentes” frente a sus hembras. Por con­tra, en la especie por ellos estudiada las hembras son raras y los machos po­nen más cuidado en "atenderlas" que en violentarías. Y, concluían: "A pesar de que no hemos podido verificar la hipóte­sis de Barash de que los petirrojos azu­les macho hacen gala de una adaptación anti-adulterio, sugerimos que ambos es­tudios tienen, con todo, resultados com­patibles con las predicciones de la teoría evolutiva, como pensamos que revelará cualquier estudio cuidadoso”. En suma, estos autores consideran que sean cuáles fueren los resultados, todos los rasgos biológicos de los organismos vi­vos responden necesariamente a adapta­ciones. En su opinión, el programa adap­tacionista es, por principio, irrefutable (lo que es contrarío, por supuesto, al correc­to hacer científico). Además, es preciso admitir que los razonamientos de los so­ciobiólogos acerca del comportamiento anti-aduiterio del petirrojo azul se basan en una analogía entre el compor-tamiento animal y el comportamiento humano. To­dos sabemos que los razonamientos analó-gicos son de una gran fragilidad.

 

Otras explicaciones distintas a la adaptación

 

Como ya hemos dicho y contra­riamente a lo manifestado por Wallace y Weismann, Darwin no creía que todos los caracteres de los organismos vivien­tes fueran resultado de adaptaciones o, dicho en otras palabras, que la selec­ción natural sea omnipotente. Darwin no

 

 

 

Figura 5. El petirrojo azul Sialia Sialis es un pájaro muy frecuente en América del Norte. El dorso y las partes superiores de este animal son de color azul intenso; mide alrededor de dieciséis centímetros, se alimenta básicamente de insectos, y habita en los campos calveros o en los bosques poco tupidos. Construye sus nidos en los huecos de los árboles, y en la construcción de los mismos participan ambos sexos. El período de incubación es de doce días y los polluelos, una vez nacidos, permanecen alrededor de dos semanas en el nido. Recientemente, el petirrojo azul ha ocupado un primer plano en biología evolutiva porque algunos biólogos creían haber descubierto en esta especie un comportamiento adaptativo “anti-adulterio”, merced al cual el macho se aseguraría de que sus genes participaran en la generación siguiente (!). Sin embargo, experimentos posteriores no han confirmado la existencia de tal tipo de comportamiento. (Foto Pitch.)

 

 

 

era “pan-seleccionista” como quienes sostienen el programa adapta­cionista, y pensaba que junto con aquellas explicaciones que invocan a la selección natural intervendrían otras. Darwin era pues, y de forma clara, fran­camente pluralista en sus explica­ciones (véase Mundo Científico no 12, p. 272,1982), rasgo que ha abandonado el programa adaptacionista. Nos parece necesario, por tanto, volver a este plura­lismo y tomar en consideración otros ti­pos de explicaciones distintos al razo­namiento sobre la adaptación, si quere­mos comprender las formas, las fun­ciones o los comportamientos de los or­ganismos vivientes.

De entrada, algunos caracteres de una especie pueden haber sido fruto del azar. Su existencia se debe, entonces, no a la selección natural sino a la deriva genética. Se trata de la ganancia o pér­dida aleatorias de caracteres genéticos, por el mero hecho de que algunos indivi­duos mueren o viven por azar o de que ciertas células sexuales portadores de esos u otros caracteres no participan en la fecundación, cuando no  -por contra- lo hacen mayori-tariamente, con el azar como único motivo. Estos fe­nómenos de deriva genética son parti­cularmente importantes en  las pe­queñas poblaciones de efectivos redu­cidos, de forma que los evolucionistas admiten actualmente que el nacimiento de las especies se efectúa a partir de esas pequeñas poblaciones, llamadas "poblaciones fundadoras» (véase Mun­do Científico, no 12, p. 288, 1982).

Además, algunas partes de los orga­nismos pueden ser modificadas, no por acción directa de la selección natural sino como consecuencia de reordena­ciones debidas a la modificación adap­tativa de otras partes del organismo. Se trata en este caso de fenómenos alométricos que pueden explicar, sin duda, por qué los tiranosaurios tenían unas patas anteriores tan pequeñas como he­mos señalado. En este orden de cosas hay también modificaciones adaptati­vas que afectan a la expansión tempo­ral (no espacial) del desarrollo. Por ejemplo, en los ácaros, moscas y esca­rabeidos hay especies que tienen su ciclo vital notablemente acelerado en razón de la naturaleza efímera de sus re­cursos alimentarios;(11) en algunos ca­sos, hasta el extremo de manifestarse la madurez sexual ya en la larva (figura 6). En estas especies es evidente que los rasgos morfológicos son juveniles solamente como conse-cuencia de esta aceleración del ciclo vital y no porque sean en si adaptativos. Por otra parte, el buen ajuste de un organismo a su am­biente no tiene forzosamente, en todos los casos, una base genética y, por tan­to, no siempre es el resultado de la se­lección natural. Por ejemplo, la forma de las esponjas y de los corales está, con frecuencia, bien ajustada a las di­recciones de las corrientes que estos animales marinos y sedentarios sopor­tan. Estas formas no son hereditarias y son inducidas directamente por el me­dio. Otro ejemplo es el de la variación geográfica del tamaño en algunos in­sectos en función de la temperatura am­bíente.(15)

 

 

 

 

 

 

Figura 6. En algunos ácaros (animales del tipo del arador de la sarna o las garrapatas) la ma­durez sexual puede estar enormemente acele­rada. Es el caso del ácaro Siteroptes grami­num representado en el dibujo. Este animal vive sobre las setas, las cuales crecen muy rápi­damente, pero también desaparecen con gran celeridad. Es, pues, una adaptación el que la madurez sexual de este ácaro esté avanzada, tanto que tiene lugar en la larva. ¡Además, las larvas se desarrollan en el interior del cuerpo de la madre! En los ácaros, las larvas se dife­rencian de los adultos por tener solamente tres pares de patas (en lugar de los cuatro pares característicos). Este rasgo juvenil, pre­sente en el momento de la reproducción, no tiene por si mismo ninguna utilidad adaptativa; es simplemente consecuencia de la acele­ración del ciclo biológico.

 

 

 

Es preciso señalar todavía que la adaptación debida a la selección natu­ral no tiene el carácter de única solu­ción mejor aportada siempre por el programa adaptacionista. Especies pró­ximas pueden haber desarrollado adap­taciones distintas para hacer frente a un mismo problema ambiental: el rinoceronte índico sólo tiene un cuerno, el africano dos. Se trata en ambos casos de medios defensivos. Sin embargo, es difícil decir que cada una de estas espe­cies de rinocerontes tiene un problema defensivo particular al cual correspon­de una solución adecuada, un cuerno para la especie índica, dos para la afri­cana.

Por último, puede que algunas adap­taciones no sean más que utilizaciones secundarias de hechos biológicos cuya razón de ser tiene motivos arquitectóni­cos globales al organismo. Es preciso contemplar, pues, esas adaptaciones como las de los mosaicos de San Mar­cos en Venecia.

  La función de los condicionamientos arquitecturales y del desarrollo

 

El paleontólogo alemán A. Seilacher ha puesto de manifiesto estos últimos años la existencia de tales motivos ar­quitectónicos en moluscos y braquiópo­dos.(16) Existe en estos animales un mo­do arquitectónico denominado "modo divaricado" (figura 7). Se trata de una estructura en líneas divergentes o en cabríos bien en las líneas de ornamen­tación de las conchas (costillas) bien en los motivos coloreados, en la minerali­zación de las estructuras internas o, en fin, en la forma de las ranuras. Seilacher estima que en la mayoría de los casos no hay razones adaptativas para que las costillas, coloraciones, etc. tengan una estructura divergente o en cabríos. Por ejemplo, los modos de coloración en cabríos no pueden tener utilidad adap­tativa (como, por ejemplo, dispositivo de camuflaje visual frente a los preda­dores> ya que las pechinas que lo pre­sentan viven enterradas en la arena, donde además están recubiertas por el perióstracum que enmascara la colora­ción de la concha. A. Seilacher le parece que las estructuras divergentes o en cabrios son expresión de un modo ar­quitectónico divaricado, el cual podría proceder de ciertas inhomogeneidades en el manto de crecimiento, probable­mente en función de la producción de fi­guras de interferencia alrededor de los centros dispuestos regularmente (algu­nas simulaciones simples por ordena­dor pueden generar estas formas de es­te modo).

En un pequeño número de casos el modo arquitectónico divaricado puede resultar funcional y adaptativo. Así, en algunas pechinas las costillas divergen­tes pueden comportarse como un dispo­sitivo excavador útil a su portador para esconderse en la arena (las costillas di­varicadas no están para cumplir real­mente esta función en la mayoría de pechinas). En Pteria zebria, que vive sobre un hidrozoo, animal colonial que imita la morfología arbustiva, el modo de coloración en cabrios tiene probable­mente un sentido mimético. Las ramas divergentes de coloración imitan la di­vergencia de las ramas de la colonia.

Finalmente, los cabrios de minerali­zación no tienen sentido adaptativo más que en una pechina verdaderamen­te notable: Corculum cardissa (en las otras especies no aparecen más que en algunos especímenes aberrantes o so­lamente después de la muerte del ani­mal y como consecuencia de la erosión de la concha). Corculum cardissa es una pechina aplanada en sentido ante­roposterior que vive horizontalmente sobre el fondo con la cara posterior ha­cia arriba. Es precisamente sobre esta cara expuesta a la luz sobre la que se encuentran los cabrios de mineraliza­ción formando triángulos traslúcidos, mientras que el resto de la concha es opaca. Bajo estas ventanas habitan en el interior de la concha algas que viven en simbiosis con el molusco y que ¡pueden realizar la fotosíntesis gracias a la luz que pasa a través de tales ven­tanas!

Todas las investigaciones realizadas en el pasado acerca de las estructuras divaricadas se habían concentrado sobre su significado adaptativo (y, en general, no les encontraron ninguno). Seilacher probablemente tiene razón cuando considera este caso idéntico al de los tímpanos, los espacios rómbicos y los sacrificios humanos de los que he­mos hablado al inicio de este artículo. El modo divaricado representa un con­dicionamiento arquitectónico funda­mental. Ocasionalmente y ya que está ahí puede ser utilizado como medio adaptativo.  Pero -fundamentalmen­te- es erróneo interpretar el modo ar­quitectónico divaricado tomando las adaptaciones que tolera como si fueran su razón de ser.

Además de motivos arquitectónicos también los hay de desarrollo, los cuales intervienen en la evolución de las especies limitando las posibles vías de cambio de las estructuras y de los planes de organización. Esto implica, una vez más, que algunos caracteres de los organismos y particularmente los caracteres globales, como los planes de organización, no deben encontrar su explicación en la sola acción de la se­lección natural. Por ejemplo, en los or­ganismos complejos, los primeros esta­dios del desarrollo del embrión se han conservado

 

 

 

Figura 7. El paleontólogo alemán A. Seilacher ha puesto de manifiesto cómo numerosos organismos con caparazón bivalvo presentan rasgos morfológicos que no se explican por una utilidad adaptativa sino que son producto de un modo particular de construcción: el modo arquitectónico di­varicado. En algunos casos -en ciertas especies- sin embargo, estos caracteres morfológicos pueden adquirir secundariamente una utilidad adaptativa. Los modos arquitectónicos divaricados se observan en los caparazones, tanto en la morfologia de las costillas como en los motivos de coloración, estructura de mineralización o morfología de los orificios. A la izquierda, ejemplos no adaptativos (sin utilidad adaptativa); a la derecha, ejemplos de utilización adaptativa de tales modos.

De A a D, las costillas más o menos onduladas, y sobre ambas valvas o sobre una sola, tienen una función adaptativa: ayudan al organismo a apo­yarse sobre la arena o sobre el cieno para la huida. Las costillas onduladas de los bivalvos A, B, C y D parecen a primera vista muy distintas de las costillas en cabrio del caso E, más frecuente. Sin embargo, son resul-tado de un modo de construcción divaricado, como revelan ciertas anomalías del desarrollo. El organismo representado en E pertenece a la especie Petricola lapicida que vive en Florida.

En F está representada la especie Lioconcha castrensis que vive en el Pacifico. Las bandas de color no tienen utilidad adaptativa ya que se trata de un organismo que vive enterrado en el sedimento. Por el contrario, la especie japonesa G Pteria zebra presenta bandas de color que le permiten camuflarse en una colonia “arborescente” de hidrozoos.

Las especies H (Petricola carditoides) de California y K (Corculum cardissa) del Pacifico presentan estructuras de mineralización divaricadas en triángulo. Las de Corcurum cardissa (K) parecen tener un sentido adaptativo ya que son traslúcidas y permiten el paso de luz a través de estas zo­nas del caparazón: una alga simbiótica que vive en el interior puede, de este modo, realizar la fotosíntesis. En L, un pectínido de la costa este de América. En M y en N, moluscos bivalvos del género Arca que presentan ranuras divaricadas que solamente parecen tener una utilidad adaptativa preci-samente en este género. En M y en N permiten al ligamento que asegura el cierre de la concha anclarse fuertemente en la misma; por contra, en el pectínido estas ranuras no tienen ninguna relación con el ligamento. (Según A. Seilacher. 1972.)

 

 

 

 

notablemente a través de una amplia gama de especies pertene­cientes a niveles taxonómicos a veces bien alejados. La diferenciación de los órganos y su integración en el seno de un sistema funcional global del cuerpo es un proceso tan delicado que no puede tolerarse el más mínimo error. Es­to quiere decir que el desarrollo se pro­duce por "bloques” integrados que no pueden ser desmontados pieza a pieza en el transcurso de la evolución, de don­de se sigue que el programa adapta­cionista no puede explicar la alteración que los programas de desarrollo que sostiene casi todos los cambios de pla­nes de organización cuando se pasa de unos phyla a otros.

Nos parece que hay mucho que ganar en el abandono del marco exclusivo del programa adaptacionista. Lo que propo­nemos no es una vía de renuncia como nos han reprochado algunos adapta­cionistas, ya que afirmar que un fenó­meno no es adaptativo no es afirmar que sea incomprensible. Nosotros queremos efectuar un llamamiento a los biólogos para que abandonen el marco esterilizante del programa adap­tacionista único y reencuentren la ri­queza del enfoque pluralista (tan grato a Darwin). Bajo la influencia del progra­ma adaptacionista, grandes temas de la biología, como el desarrollo de la morfología y de los planes de organiza­ción, han sido efectivamente abandona­dos en el pasado, ya que si la selección puede alterar no importa qué correla­ción y optimizar las partes separada­mente, entonces la integración propia de un organismo cuenta bien poco. Con demasiada frecuencia nos ha conduci­do el programa adaptacionista a una biología evolutiva basada en las partes de los organismos y en sus genes, pero que no tiene en cuenta a los organis­mos en sí mismos. Este programa su­bestima la importancia del desarrollo y de la arquitectura. Un enfoque pluralis­ta podría resituar en el seno de la teoría evolutiva a los organismos enteros con toda su complejidad desconcertante, pero aun así inteligible.

 

 

 

Para más información:

 

S.J. Gould, R.C. Lewontin “The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm”. A critic of the adaptationist program. Proc. Roy. Soc. Lond., B205, 581-598,1979. (Versión ori­ginal in extenso del artículo aquí publi­cado.)

S.J. Gould “Sociobiology: The art of Story telling”. New Scientist 80, 530-533, 1978.

R.C. Lewontin, “Sociobiology as adaptationist programm”. Behav. Sci, 1979.

S.J. Gould, Ontogeny and phylogeny. Belknap Press of the Harvard University Press, 1977.

R.C. Lewontin, The genetic bases of evolutionnary change, Columbia Univer­sity Press, 1974.

 

 

 

 

 

 

 

 

Este artículo se ha digitalizado y reformateado a partir del original publicado en MUNDO CIENTIFICO, Volumen 3, No 22, 1983 .

 


* Stephen J. Gould es profesor de geología en la Universidad de Harvard.

  Richard C. Lewontin es profesor de zoología en la Universidad de Harvard.

 

(1) S.J. Gould, E.S. Vrba, PaIeobioIogy, 8, 4, 1982.

(2) M. Harner, Am. ethnologist 4, 117,1977.

(3) E.O. Wilson, On human nature. Harvard University Press, 1978.

(4) F. Galton, Memories of my life. Methuen, 1909.

 

(5) M.J.S. Rudwick, Paleontology 7, 135, 1964

(6) L.S. Davitashvilli, Teoriya pologovo otbora (Teoría de la selección natural), en ruso, Akademii Nauk, 1964

(7) C.S. Con, S.M. Garn, J.M. Birdsell, Races. G. Thomas, 1950

(8) B.T. Shea. Am. J. Phys. Anthrop. 47, 289, 1977

(9) R. Costa, P.M. Bisol, Biol. Bull. 155, 125, 1978

(10) S.J. Gould en Approaches to primate paleobiology: Contrib. Primatol., 5, 224,1974; R. Lande, Evolution, 32,

      73,1978.

(11) S.J. Gould, Ontogeny and Phylogeny, Belknap Press, 1977.

 

(12) S.J. Gould, New Scientist, 80, 530,1978.

(13) D.P. Barash, Am. Nat. 110, 1097,1976.

 

(14) E.S. Morton, M.G. Geitgey, Mc Grawth, Am. Nat, 112, 968,1978.

(15) B.W. Sweeney, R.L. Vannote, Science 200, 444,1978.

 

(16) A. Seilacher, Lethaia 3, 393, 1970, Lethaia 5, 325, 1972



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Apuntes

 

 

 

En: La especie que conquistó el planeta. Investigación y Ciencia. Octubre 2015 No.469. Por Curtis W. Marean, profesor en la facultad de evolución humana y cambio social de la Universidad estatal de Arizona y director asociado del Instituto de los Orígenes Humanos, en la misma universidad.

"Hace menos de 70000 años que nuestra especie, Homo sapiens, salió de África y empezó a propagarse por todo el planeta. En Europa y Asia ya se habían establecido otras especies humanas, pero solo nuestros antepasados lograron colonizar todos los continentes y alcanzar islas remotas.La dispersión se realizó de un modo inusual. En todos los lugares donde llegó H. sapiens se produjeron grandes cambios ecológicos. Todas las especies arcaicas con las que se encontró acabaron extinguiéndose, como también numerosas especies de animales. Sin duda, ha sido la migración que más consecuencias ha tenido en la historia de la Tierra." (...)

 

 

 

 

 

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Apuntes...

 

 

LA EVOLUCIÓN Y LA BIOLOGÍA EVOLUTIVA. Por Manuel Soler
 
(DEPARTAMENTO DE BIOLOGÍA ANIMAL Y ECOLOGÍA, FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD DE GRANADA
18071-Granada. E-mail: [email protected])
 
La teoría de la evolución es, seguramente, la idea más importante e influyente desarrollada por la mente humana.
 
La evolución biológica se puede definir como el cambio en las características de las poblaciones de organismos a
través del curso de sucesivas generaciones. Dicho cambio es la consecuencia de la actuación de la selección natural
favoreciendo a los individuos portadores de ciertas características determinadas genéticamente (heredables) que
mejoran su éxito reproductor. Las ciencias biológicas, antes de Darwin, eran eminentemente descriptivas, el gran
mérito de la teoría evolutiva fue que suministró la herramienta adecuada, con una enorme capacidad predictiva, que
fue lo que convirtió a la biología en una ciencia experimental, es decir, en una verdadera ciencia. La importancia de
los estudios evolutivos es enorme ya que todos los organismos y sus características son productos de la evolución y,
la aplicación de la teoría evolutiva puede iluminar cualquier campo de las ciencias biológicas. Además, tiene un
enorme interés aplicado en temas como la conservación de la biodiversidad, la medicina, la agricultura, la ganadería,
etc. La biología evolutiva se ocupa de entender los senderos históricos y los procesos que han dado lugar a las
características actuales de los organismos, y de explicar por qué las características de esos organismos son las que
son y no otras diferentes. Por tanto, se trata de deducir hechos históricos y procesos tales como los mecanismos de
selección natural que produjeron la evolución de una cierta característica. La biología evolutiva es una ciencia
extraordinariamente compleja que ha creado relaciones entre gran parte de las ciencias biológicas.





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