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Teología de la Liberación. Los Profetas.


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59 Respuesta(s) a este Tema

#21 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 28 mayo 2007 - 01:29

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Nuestro Credo. Continuacion...


Preguntas para el grupo:

1. ¿Qué importancia tiene el Credo, para nuestra vida concreta?
2. ¿Qué significa realmente para nosotros creer?

"Me preguntas por mi fe

¿Te respondo llanamente?

Creo en Dios

Creo en el hombre

Creo en el Señor Jesús

Creo en la pobre María y en toda la Iglesia pobre

Creo en la tierra de todos, como la madre primera

Creo en los nuevos lugares,

Con lugar para reír al aire libre
(otra vez naturaleza);

con lugar para sentirse compañía
(otra vez humanidad);

con lugar para vivir la vida eterna
(ya en el tiempo);

con lugar para esperar la gloria eterna"


(Pedro Casaldáliga, Obispo del Brasil).

"La Biblia no existe en primer lugar para dar un caudal de informaciones, verdades y dogmas, ni para asegurar doctrinas. Existe para despertarnos, en nuestro tiempo de hoy, al gran dogma central de la fe, sin el cual los otros dogmas y verdades serían como ramas secas cortadas del árbol, a saber, la certeza de que Dios camina con nosotros, como fuerza poderosa y fiel, capaz de suscitar la vida de la muerte.

Dentro de esta perspectiva, la Biblia puede realmente instruir, corregir, persuadir, consolar, ser motivo de paciencia, esperanza, coraje para vivir y sabiduría que lleva a la salvación (2 Tm 3, 14-17; Rm 15, 4). (Carlos Mesters, Por detrás de las palabras).


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PRIMERA PARTE

CREO EN DIOS PADRE


1.- Creo en Dios Padre Todopoderoso



Todos los pueblos y todas las razas de todas las épocas se han sentido maravillados ante el misterio de la vida, ante la majestad del sol, las estrellas y la luna, ante la belleza de los cerros y de los ríos, ante la variedad de plantas y animales, y ante el latir del corazón humano.

Algunas veces han adorado a estos seres de la naturaleza, cambiando la gloria del Dios inmortal por imágenes de forma mortal (Rm 1, 23). Casi siempre se han sentido atemorizados por la grandeza de este poder sobrecogedor que se esconde en las raíces de todo cuanto existe. Se han sentido a la vez atraídos y alejados por este misterio fascinante y tremendo. A la adoración han añadido sacrificios para congraciarse a este Ser último, poderoso y terrible a la vez.

La experiencia de Israel


En Israel este Ser misterioso y omnipotente es experimentado ante todo como liberador y salvador, benévolo. El Dios autor y Señor de la vida, es un Dios bueno, el que liberó al pueblo de Egipto, como nos narra el Exodo y será recordado por los profetas:

"Cuando Israel era niño le amé,
desde Egipto llamé a mi hijo" (Os 11, 1).

Es el Dios de los pobres, del huérfano, la viuda y el desvalido, cuyo clamor escucha compasivo (Jdt 9, 11; Sal 111, 10; 103, 6; 109, 31; Ex 3, 7). Es un Dios "rico en misericordia" (como el Papa Juan Pablo II ha recordado en una de sus cartas encíclicas), con entrañas de bondad y de compasión para todos los vivientes, en especial para los que sufren. Aunque una madre se olvidase del hijo de sus entrañas, Dios no se olvida nunca de su pueblo (Is 49-4, 14-15). Dios no pone su poder al servicio de su ira, sino al servicio de su amor.

La experiencia de Jesús


Esta vivencia de Israel llegará a su culminación con la venida de Jesús. Jesús nos anuncia que este misterio todopoderoso de vida y de bondad es Padre Nuestro. Jesús llama a Dios "Abba", que significa "Papá" y nos dice que su Padre es también Padre Nuestro. La palabra Abba como invocación a Dios no aparece en todo el Antiguo Testamento, mientras que en el Nuevo Testamento la palabra Padre, aplicada a Dios, aparece más de cuarenta veces en Mateo, más de cien veces en Juan y más de sesenta en Pablo.

El Padre nuestro es la oración de los cristianos (Mt 6, 9s; Lc 11, 1s). Nosotros, movidos por el Espíritu podemos llamar a Dios, Abba, Padre (Gál 4, 6; Rm 8, 15) y no sólo nos podemos llamar hijos suyos, sino que lo somos (1 Jn 3, 1). Sólo Jesús el Hijo, que conoce al Padre (Jn 1, 18) nos podía revelar este misterio (Mt 11, 27). El misterio último de la existencia no es una fuerza impersonal sino un misterio personal de bondad: Dios Padre todopoderoso. Su amor es el de un padre, o de una madre, por nosotros.

Sus entrañas de bondad son las de un padre, o mejor las de una madre, como proclamó Juan Pablo I. La parábola del Hijo pródigo (Lc 15, 11-32) nos presenta magistralmente esta imagen del Padre, siempre dispuesto a acoger, perdonar y volver a la vida.

Pero este misterio de bondad que se nos ha revelado en Cristo tiene dimensiones más profundas todavía. Dios mismo es una comunidad de amor, es como una familia, es un misterioso hogar de vida, en el cual el Padre es el principio y la fuente amorosa de vida, que comunica al Hijo y ambos al Espíritu. A este misterio los cristianos le llamamos Trinidad. Dios mismo en su interior es un misterio de comunión del que libre y amorosamente nos quiere hacer participar. Participamos gratuitamente de su misma vida, formamos parte de su familia.

Pablo exclama con admiración:


"Por eso doblo las rodillas en presencia del Padre, de quien toma su nombre toda familia en los cielos y en la tierra. Que él se digne, según la riqueza de su gloria, fortalecerlos por su Espíritu para que se forme en ustedes el hombre interior. Que Cristo habite en sus corazones por la fe. Que estén enraizados y cimentados en el amor. Que sean capaces de comprender con todos los creyentes la anchura, la longitud y la profundidad, en una palabra que conozcan el amor de Cristo que supera todo conocimiento" (Ef 3, 14-19).

Nuestra vida participa, libre, amorosa y gratuitamente de la vida de Dios. En Cristo hemos sido hechos hijos del Padre, hermanos del Hijo, viviendo de su mismo Espíritu. Esto es lo que profesamos en el Credo al decir Creo en Dios Padre todopoderoso.

¿Qué consecuencias se desprenden de ello para nuestra vida?


• No somos huérfanos, no somos unos pobres náufragos arrojados en el mar de la vida, sin rumbo ni meta. Tenemos un Padre que cuida y se preocupa de nosotros, al que podemos invocar con confianza, diciéndole ¡Padre nuestro!.

• No es correcto para el cristiano considerar a Dios únicamente como Ser Supremo, Primera causa, Primer motor, Ordenador del mundo, Ser necesario... nombres de origen filosófico. Para los creyentes Dios es ante todo Padre, entrañas de misericordia, clemente y compasivo que actúa movido por el amor de su corazón paternal.

• Nuestro Dios no es un Dios solitario, sino una comunidad. La vida que Dios nos comunica tiene desde su origen una impronta y un destino comunitario y debe, por tanto, orientarse a crear comunidad y solidaridad. Siempre que Dios actúa en la historia es para crear comunidad (LG 9).

La comunidad Trinitaria de Dios debe movernos a construir una sociedad solidaria, que sea reflejo de la Trinidad.

• La idea de Padre es colectiva. Dios no es sólo Padre mío, sino nuestro, de todos, de toda la humanidad. Correlativa a la fe en Dios Padre es la afirmación de la fraternidad: todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre. Esta es la gran novedad del cristianismo: por encima de cualquier diferencia sexual, racial, cultural, social e incluso religiosa, todos somos hermanos, todos hijos de Dios.

• El gran pecado de Israel y de nuestro mundo de América Latina es la idolatría, el abandonar al Dios vivo por ídolos muertos (Ex 32) que no sólo son inexistentes (Sal 115, 3-8 ), sino asesinos, como el mismo diablo (Jn 8, 44). Abandonar al Dios Padre de la vida por ídolos de muerte significa en realidad idolatrar a realidades caducas como la riqueza, el poder, la ambición, la violencia, la nación, la raza, los astros... Esto tiene trágicas consecuencias para nosotros y para los demás, pues estos ídolos a la larga se cobran víctimas: los más pobres son las víctimas de estos dioses de la muerte.

• La prohibición de hacer imágenes de Dios, que aparece en la Biblia (Ex 20, 4-5) y que algunos grupos cristianos echan en cara a los católicos para acusarles de idólatras, deben entenderse correctamente y no sacarse de su contexto. Es una prescripción dirigida al pueblo de Israel en un momento determinado de su historia, para evitar que Israel creyera que su Dios era como los ídolos de los pueblos vecinos.

Israel tenía que defender la inmensidad, eternidad y no visibilidad de Yavé, que no podía quedar limitado en ninguna figura o imagen. Pero sobre todo Dios quería que Israel se convenciera que la verdadera imagen de Dios era el hombre (Gn 1, 26) y que no podía olvidar esta imagen de carne y hueso, para dar culto a imágenes fabricadas por mano humana.

Más adelante, Jesús aparecerá como verdadera imagen visible del Padre invisible (Col 1, 15; Jn 14, 6) y la Iglesia ya desde el comienzo de su historia representa a Cristo en imágenes (en forma de buen pastor) y luego hará imágenes de María y de los Santos. El Padre y el Espíritu sólo se representarán de forma simbólica.

Todo ello no es una desviación de la Biblia, sino una forma muy humana de tener presente en medio de nosotros la memoria de Dios y de sus Santos, para invocarlos y venerarlos, siempre procurando evitar las desviaciones posibles sobre las que la Biblia y la Iglesia en su magisterio nos advierte (LG 51).

• Hay cristianos que afirman que Dios es Padre con la boca, pero lo niegan con los Hechos. ¿Cómo se puede creer que Dios es Padre si se oprime a los hermanos?. La mejor predicación de la paternidad de Dios consiste en eliminar todo lo que hace sufrir a los hermanos y construir estructuras de amor y de solidaridad. Sólo desde la fraternidad vivida se puede creer en la paternidad de Dios. ¿Cómo predicar que Dios es Padre si se experimenta en la práctica la soledad, la pobreza y la opresión?.


Preguntas para el grupo:

1. ¿Tenemos clara la idea de Dios como Padre?
2. ¿Cómo vivimos la fraternidad?

"Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.
Amén".


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#22 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 31 mayo 2007 - 07:09

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2. CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA


El Dios Padre todopoderoso es llamado en el Credo "Creador del cielo y de la tierra".

No se puede olvidar que el creador es el Padre. El amor paterno de Dios da a toda la creación una orientación amorosa, que impide reflexionar sobre la creación como algo meramente objeto de curiosidad científica o filosófica.

¿Cómo y cuándo ha sido revelada la idea de la creación?


El pueblo de Israel experimentó ante todo a Dios como liberador: Deuteronomio 26 es uno de los Credos más antiguos de Israel, como hemos visto. Su fiesta principal era la de la Pascua. Israel vive una fe centrada en la Alianza de Dios con el pueblo y sabe que todo se ordena a la salvación, incluso las fuerzas de la naturaleza. Antes de la experiencia del Génesis está la del Exodo.

La fe explícita y clara en la creación nace en tiempo del exilio. El pueblo de Israel desterrado en medio de los grandes imperios paganos de Asiria y Babilonia, se pregunta si Dios se habrá olvidado de ellos y se siente tentado a adorar a los dioses de estos pueblos poderosos.

Los profetas para reavivar la esperanza del pueblo y para evitar su tentación a la idolatría proclaman que Dios es el creador del cielo y de la tierra. Dios puede salvar a Israel del exilio pues él es el creador de todo (Is 40, 22-28; 42, 5-6; 44, 24-26), el creador es el libertador de Egipto y el mismo que conducirá a los exiliados a Sión (Is 51, 9-11) es un Dios, vivo, no como los ídolos que son caos y nada (Is 41, 29), El Dios de Israel es el Creador del universo y Señor de todos los pueblos. Por esto Israel no debe temer.

Idénticas afirmaciones se expresan en el gran poema de Génesis 1, 1; 2, 4 escrito también en el contexto del exilio, por autores de la corriente llamada sacerdotal. No es un video de lo que sucedió en los orígenes, sino una meditación religiosa, ordenada y rítmica de cómo Dios crea con su palabra la tierra, el cielo, las plantas, los animales y el hombre, haciendo pasar del caos, vacío y confusión a la plenitud de la vida y al orden.

Tres siglos antes, Génesis 2, 4-25, de la corriente llamada Yahvista, también hablaba ya de la creación, pero más preocupado por el origen del mal que por el origen del mundo.

Israel llega a la convicción de que Dios ama a todos los seres vivientes:

"Amas a todos los seres
y nada de lo que hiciste aborreces,
pues si algo odiaras
no lo hubieras creado" (Sab 11, 23).

"Tú tienes lástima de todo,
porque todas las cosas son tuyas,
Señor, que amas la vida" (Sab 11, 26).


De todos los seres destaca el hombre, varón y mujer, imagen de Dios, capaz de amar y de dominar la tierra con su inteligencia (Gn 1, 26-29). El pueblo de Israel se siente sorprendido de las maravillas de la creación (Sal 8; 104), alaba al Creador (Sal 148), le da gracias (Sal 136) y se siente confiado en manos del Señor (Sal 33).

Lo que no podía imaginar el hombre del Antiguo Testamento es que esta creación tendría su centro y su culmen en Cristo, mediador (1 Cor 8, 5-6), principio y fin de toda la creación (Col 1, 15-20; Ef 1, 3-14). El prólogo del evangelio de Juan es como un nuevo Génesis, a la luz de Cristo Jesús, la Palabra del Padre:

"Todo se hizo por él
y sin él no existe nada de lo que se ha hecho.
En él había vida,
y la vida es la luz de los hombres" (Jn 1, 3-4).

Esta palabra de Dios hecha carne, que plantó su tienda entre nosotros, es la gran manifestación de la gloria de Dios, de su amor y de su fidelidad (Jn 1, 14).


¿Cómo ha ido evolucionando esta doctrina?


La Iglesia en sus Credos hace alusión a esta soberanía absoluta de Dios sobre todo y lo expresa diciendo que Dios es "Creador del cielo y de la tierra". Frente a los errores de los que ven el mundo como algo divino y sagrado, la fe de la Iglesia defiende que el mundo ha sido creado por Dios, es una criatura de Dios, distinto de Dios, pero obra de su amor.

Frente a los que ante el mal del mundo, afirman que la materia es obra de un Espíritu maligno y que sólo los seres espirituales (alma, ángeles) son obra de Dios, la Iglesia afirma que Dios es el creador del cielo y de la tierra, tanto de lo espiritual como de lo material. Y frente a los errores prácticos que nacen de querer acaparar los bienes de la tierra en manos de unos pocos, la Iglesia recalca que los bienes de la tierra son para todos y que nadie puede apoderarse de ellos de forma exclusiva, dejando a los demás en la pobreza y el hambre.

No han faltado conflictos entre la ciencia y la Iglesia, muchas veces por pretender deducir de la Biblia teorías científicas.

La Biblia no es un libro científico sino religioso.

Hay que dejar a la ciencia que investigue sobre la naturaleza. La Palabra de Dios nos da el sentido del mundo, no explicaciones científicas.

No hubieran sucedido casos como el juicio a Galileo, si esto hubiera tenido siempre presente.



¿Qué significa que Dios es Creador?


• Que el mundo con todo lo que contiene, de estrellas a mares, de plantas a animales, el hombre y la mujer... fue creado por Dios de la nada, recibió gratuitamente de manos de Dios.

• Que al crear el mundo comenzó la historia de salvación.

• Que Dios actuó así libre y generosamente, por amor, para comunicarnos su propia vida, movido por sus entrañas de bondad y misericordia.

• Que el plan de Dios, su gran Utopía, es formar una gran familia de hijos del Padre, hermanos de Jesús, viviendo de la vida del Espíritu, un gran proyecto de comunión y solidaridad.

• Que a este plan se ordena toda la creación material y la misma encarnación de Jesús.

• Que el hombre con su libertad debe colaborar a este gran plan:
"a fin de ir construyendo una comunión y una participación definitivas sobre tres planos: la relación del hombre con el mundo como señor; con las personas como hermano y con Dios como hijo" (Puebla 32
2).

"Dice el rico ¿a quién hago injusticia reteniendo lo mío?. Pero dime ¿qué es lo tuyo? ¿De dónde lo has obtenido e incorporado a tu vida? Es lo mismo que si uno, una vez ocupado un sitio en el teatro, luego se empeñara en alejar de él a todos los demás que entran, considerando como suyo lo que fue hecho para uso común.

Así son los ricos: han tenido buen cuidado de ocupar lo que era común y ahora se empeñan en que el hecho de haberse anticipado les hace propietarios. Si cada uno tomara nada más lo que necesita para satisfacer sus necesidades y dejara el resto a quien lo necesite, no habría ricos ni pobres (San Basilio, Obispo de Cesarea del S. IV).


¿Qué consecuencias se desprenden del dogma de la creación?


Enumeremos algunas:

• El respeto a la tierra, madre que nos alimenta y nos acoge en su seno al morir (Pachamama del mundo andino), y que no puede ser explotada abusivamente ni apropiada por unos pocos. Los abusos ecológicos (contaminación, extenuación de recursos no renovables...) y las graves injusticias del mundo actual, indican que estamos muy lejos de este respeto a la tierra exigido por el Creador. Hay que escoger entre la vida y la muerte, entre el respeto a la tierra propiedad de Dios o el caos (Lev 25, 23; Deut 30, 15-20; Sal 85, 2).

• Respeto a la dignidad de la persona, imagen de Dios, libre, inteligente y capaz de amor, que jamás puede ser pisoteada, herida, ni torturada en su cuerpo o en su espíritu (Puebla 1262). Desgraciadamente vivimos en un mundo que continuamente viola los derechos humanos (GS 27). La gloria de Dios consiste en que el hombre viva (S. Ireneo), sobre todo el pobre (Mons. Romero).

• La igualdad esencial entre el hombre y la mujer (GS 29) desgraciadamente olvidada por un machismo ambiental que reduce a la mujer a una situación de inferioridad humana, sexual, laboral, cultural y religiosa, doblemente oprimida y explotada (Puebla 1134 nota).

• El destino universal de todos los bienes, obra de Dios para todos, no para uso exclusivo y abusivo de unos pocos, de tal forma que la Iglesia llega a defender que el que se encuentra en extrema necesidad, tiene derecho a procurarse lo necesario para vivir, a costa de los bienes de los demás (GS 69).

• La existencia del mal y del pecado en el mundo, no como fruto de algún principio o espíritu maligno enemigo de Dios sino de las limitaciones de la naturaleza y de la libertad humana (Gn 3). El pecado y en concreto la situación de injusticia de América Latina es contraria a los planes de Dios (Puebla 28-30), y al herir a los pobres crucifica a Jesús (Puebla 31, 39).

• El deber del trabajo, para cooperar al desarrollo de la creación según los planes de Dios (Gn 1, 28). Dios no es celoso de la actividad humana, sino que se alegra de que el hombre ejercite su legítima autonomía en la ciencia, trabajo, política, arte (GS 33-39).

• Una visión de esperanza, sabiendo que el mundo, obra de Dios, es bueno (Gn 1-3) y que Dios no lo abandona, sino que lo gobierna y rige amorosamente (Mt 6, 23-24) para nuestro bien, como un Padre que vela por sus hijos. Y esperamos que un día en este mundo triunfarán definitivamente la justicia y el amor y se realizará el plan de Dios. Mientras tanto, nuestro trabajo no se pierde, sino que es semilla de la tierra nueva y el cielo nuevo que esperamos (GS 39).


Preguntas para el grupo:

1. ¿Qué sentimientos brotan de nosotros ante la afirmación de que Dios es nuestro Creador?
2. ¿Qué podemos hacer para que las riquezas de nuestra patria puedan ser compartidas realmente por todo el pueblo?


"Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor,
tan sólo tú eres digno de toda bendición
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

"Loado seas por toda criatura, mi Señor
y en especial loado por el hermano sol
que alumbra y abre el día y es bello en su esplendor
y lleva por los cielos noticia de su autor.

"Y por la hermana luna, de blanca luz menor
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas, como son
y brillan en los cielos. Loado seas mi Señor.

"Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde. Loado mi Señor.

"Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige. Loado mi Señor.

"Y los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación.

"Y por la hermana muerte, loado mi Señor.
Ningún viviente escapa de su persecución:
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios.

"No probarán la muerte de la condenación.
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

(San Francisco de Asís, Cántico a la creación).


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#23 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 05 junio 2007 - 11:14

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Victor Codina... Continuacion de Nuestro Credo...

3.- CREO EN JESUCRISTO, SU ÚNICO HIJO, NUESTRO SEÑOR


Los cristianos somos los seguidores de Jesucristo y profesamos nuestra fe y nuestro amor a él (Hch 11, 26). El es el centro de nuestra vida, y nuestra referencia explícita a él nos distingue de otras religiones (Judíos, Mahometanos, Budistas, Religiones Indígenas de América...).

¿Quién es Jesucristo?


¿Qué significa este nombre?.

La palabra Jesucristo está compuesta de Jesús y de Cristo.

Jesús es un personaje histórico que nació en Palestina hace 2.000 años y su nombre significa salvador (Mt 1, 21). Cristo significa Mesías, Ungido, Consagrado y es un título que los cristianos primitivos dieron a Jesús después de su resurrección, para indicar que Jesús de Nazaret es el Mesías esperado, el enviado de Dios, el Señor, el Hijo del Padre. Así la palabra Jesucristo no es una simple referencia a un personaje del pasado histórico (Jesús de Nazaret), sino una profesión de fe en la divinidad de esta persona; es el Hijo del Padre que ha venido al mundo para liberarnos de todo mal y comunicarnos la vida plena (Jn 10, 10). Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Unico para que el mundo tenga vida eterna. (Jn 3, 16).

El Dios que siempre había acompañado al pueblo de Israel, se vuelve en Jesús el Dios con nosotros (Is 7, 14; Mt 1, 23). Dios Padre ha enviado a su único Hijo al mundo para que entre en nuestra historia y se haga solidario de la humanidad. El Dios de Alianza y de la ley, ahora ha plantado su carpa en medio de nosotros (Jn 1, 14), se ha hecho cercanía y visibilidad. A Dios no le había visto nadie jamás, pero el Hijo al venir a nuestro mundo nos lo ha dado a conocer (Jn 1, 18).


Nuestro Señor

A este Jesucristo le llamamos "Nuestro Señor". La palabra Señor sólo se aplicaba al Dios del Antiguo Testamento. Al llamar a Jesucristo nuestro Señor, se le proclama verdadero Dios, Hijo del Padre. Y es una afirmación polémica frente a tantos falsos dioses y falsos señores que pretenden dominar en nuestro mundo:

"Sin embargo, para nosotros hay un sólo Dios: El Padre. De él vienen todas las cosas y para él existimos nosotros. Y hoy un solo Señor, Cristo Jesús, por quien existen todas las cosas y también nosotros" (1 Cor 8, 6).

Por proclamar la soberanía absoluta de Jesús frente al emperador y a los Dioses del Imperio, murieron los primeros cristianos. Por defender los derechos soberanos de Jesús por encima de los dioses del capital, de la injusticia y de la muerte, continúan muriendo los mártires de hoy en América Latina y en todo el mundo.

Por esto afirmar que Jesús es el Señor, requiere la fuerza y la luz del espíritu (1 Cor 12, 3). Significa que no adoramos a otros dioses, ni servimos a otros señores, pues nadie puede servir a dos señores (Mt 6, 24). Es en la resurrección cuando Jesús aparece como Cristo y Señor, como Pedro proclamará en Pentecostés:

"Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quién ustedes crucificaron" (Hch 2, 36).

Estamos ante un misterio de fe y de bondad: el Dios todopoderoso se ha hecho cercanía en Jesús de Nazaret y camina con nosotros, como aquel misterioso Caminante que se hizo presente a los discípulos que huían tristes hacia Enmares (Lc 24, 13-35).

La encarnación de Jesús fundamenta nuevamente la dignidad de la persona humana. Dios se ha hecho uno de nosotros, en todo igual a nosotros, menos en el pecado. Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos (Heb 2, 11) y nosotros le podemos llamar Hermano nuestro. Desde la encarnación de Jesús, cualquier persona humana lleva impresos los rasgos del Señor, sobre todo aquellos que la sociedad margina y humilla (Puebla 31-39).

Este Jesús, anunciado por los profetas en el Antiguo Testamento, se nos hace presente en el Nuevo Testamento y en concreto en los Evangelios. Los Evangelios fueron escritos por testigos de este Jesús para que también nosotros tengamos la alegría de participar de la vida que se manifestó en Jesucristo. Todo el Nuevo Testamento nos anuncia la vida que Jesús nos comunica:

"La Vida se dio a conocer,
lo hemos visto y somos testigos,
y les anunciamos la Vida eterna.
Estaba con el Padre,
y se nos apareció.
Lo que hemos visto y oído,
se lo damos a conocer,
para que estén en comunión con nosotros,
con el Padre y con su Hijo Jesucristo
y les escribimos esto para que tengan alegría perfecta"

Es necesario que nosotros conozcamos los evangelios, para poder participar así de esta vida plena que Jesús nos comunica. Los evangelios nos anuncian quién fue este misterioso Jesús de Nazaret.

Preguntas para el diálogo:

1. ¿Es para nosotros Jesucristo el centro de nuestra fe?
2. Leemos los evangelios para conocer mejor a Jesús?


"Tú viniste a nuestra tierra
tú compartes nuestra historia
tú vendrás para salvarnos
por eso cantamos: ¡Gloria!

A gente sencilla
tú te has revelado.
Con tu Hijo Jesús
Santo te aclamamos.

Tú sabes cómo sufrimos
hambre, desprecios y llanto
pero pues vamos contigo
ya no lo sentimos tanto
a ti nuestro Dios amigo
se dirige nuestro canto
y en medio del camino
te cantamos ¡Santo, Santo!

(Pedro Trigo, Oraciones para cantar o recitar en la misa. Misa de la crisis)


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#24 Ge. Pe.

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Publicado el 08 junio 2007 - 01:56

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Continuamos....
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Nuestro credo

Víctor Codina


4.- FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO Y NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN



La acción del Espíritu. En toda la Biblia el Espíritu aparece ligado al nacimiento de la vida, desde los orígenes del mundo (Gn 1, 2) hasta la plenitud última (Ap 22, 17). El Espíritu suscita profetas para que anuncien buenas noticias a los humildes y la liberación a los oprimidos (Is 61 1-2). El Espíritu hace surgir libertadores en Israel y devuelve la vida al pueblo disperso y sin esperanza (Ez 37). Ordinariamente el Espíritu actúa a través de medios pobres y humildes, para que aparezca más claramente su fuerza de vida: Personajes débiles y desconocidos como Gedeón (Jue 6-8 ) y Débora (Jue 4-5) salvan al pueblo; mujeres estériles y ancianas conciben hijos que serán libertadores y profetas (Sara, Gn 15, 3; Rebeca, Gn 25, 21; Raquel, Gn 29, 31; la madre de Sansón, Jue 13, 2; Ana, 1 Sam 1, 9; Isabel la madre del Bautista, Lc 1, 5s...).

En el nacimiento de Jesús, el Espíritu actúa de una forma sorprendente y misteriosa todavía: su madre María no es estéril sino virgen y José no tendrá ninguna colaboración en el nacimiento de Jesús. Jesús nace por obra del Espíritu, que desciende sobre María y el poder del Altísimo la cubre con su sombra (Lc 1, 35). Jesús no es un profeta más, ni un simple libertador del pueblo, sino el Hijo de Dios (Lc 1, 36). En el nacimiento virginal de Jesús aparece no sólo el poder del Espíritu, sino la radical novedad de la encarnación: Jesús es hijo de María, pertenece a la raza humana, pero al mismo tiempo el Hijo de Dios, es el Dios con nosotros para siempre (Mt 1, 18-25; 28, 20).

En el mismo nacimiento de Jesús aparece el estilo propio de Dios y del mismo Jesús: desde la pobreza, desde los pobres va a venir la salvación. Es una salvación que se anuncia a los pastores sencillos (Lc 2, 8-20) y que turba a los poderosos, como Herodes (Mt 2).

María, la madre de Jesús era una sencilla aldeana, una mujer pobre de un pueblo desconocido de la región de Galilea, Nazaret. Pero esta mujer esposa de un obrero manual José, comprendía todo lo mejor de la fe y la esperanza en Dios del pueblo de Israel. Ella se fía totalmente de Dios de su misericordia para con los pobres (Lc 1, 38) y proclama la grandeza del Dios que derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes (Lc 1, 50-33). María no sólo engendra a Jesús en condiciones de gran pobreza (Lc 2 ), sino que lo educa con sacrificio y lo acompaña durante los treinta años de su vida oculta, guardando todas las palabras y recuerdos en su corazón (Lc 2, 51). Luego María seguirá a Jesús en su predicación y estará junto a él en los momentos duros de su pasión y de su muerte (Jn 19, 25-27). María estará también presente en Pentecostés, en el nacimiento de la Iglesia de Jesús (Hch 1, 14).

María personifica aquella mujer de la que habla el Apocalipsis que da a luz en medio de dolores de parto (Ap 12, 2), mientras un dragón enorme desea devorar a su niño (Ap 12, 4). María es la nueva Eva, la que engendra la vida frente a todos los asesinos de muerte, y al darnos a Jesús nos asegura la victoria sobre los enemigos.

Por esto el pueblo, a pesar de que la figura de María a veces ha sido manipulada y transformada en un tema al estilo de los poderosos de este mundo, intuye que María continúa siendo la mujer popular, que sufrió la pobreza y la estrechez que tuvo que luchar por llevar su familia adelante, que, por encima de todo, creyó y esperó contra toda esperanza. María encarna la bondad materna de Dios, su misericordia, su amor sin límites hacia el pueblo, sobre todo hacia el pueblo pobre y sufrido. Es como el rostro materno de Dios.

Por otra parte María personifica una fe liberadora y no alienante, modelo para quienes no aceptan pasivamente las circunstancias adversas de la vida personal y social (Puebla 297), sino que proclama que la salvación de Dios tiene que ver con la justicia hacia los pobres (Puebla 1143).

A veces se acusa a los católicos de haber sustituido a Jesús por María. La fe cristiana auténtica no convierte a María en una diosa, sino que la venera como Madre de Jesús, madre del Señor y prolonga la devoción del mismo Jesús hacia su Madre. Tampoco hay que interpretar los textos bíblicos que hablan de las hermanas y hermanos de Jesús (Mc 3, 32) como un ataque a la virginidad de María: "hermanos" eran llamados en la Palestina del tiempo de Jesús, los parientes, primos y demás familiares. Tampoco la virginidad de María significa un desprecio de la sexualidad: es sólo un símbolo real de la fuerza del Espíritu y de su novedad que va más allá de toda carne y que salva desde la impotencia, pues para Dios no hay nada imposible (Gn 18, 14; Lc 1, 37). Todo lo radicalmente nuevo nace de forma virginal y pobre.

La devoción popular a los diversos santuarios marianos (Copacabana, Socavón, Urcupiña, Cotoca, Guadalupe, Luján, Aparecida...) no debe derivar en rivalidades ni pugnas, ni puede hacer olvidar que es una misma Virgen la que se venera en diversos lugares aunque todos los pueblos puedan acudir a María desde su propia tradición y cultura. La piedad mariana será tanto más profunda cuando más se nutra de la Escritura y de la genuina tradición de la Iglesia.

"María nuestra del Magníficat
¡Queremos cantar contigo!
¡María de nuestra liberación!
Contigo proclamamos la grandeza del Señor,
que es el único grande,
y en él nos alegramos contigo, porque a pesar de todo él nos salva.
Contigo cantamos, María, exultantes de gratitud
porque él se fija en los insignificantes;
porque su poder se derrama sobre nosotros en forma de amor,
porque él es siempre fiel,
igual en nuestras adversidades,
único para nuestra comunión,
de siglo en siglo, de cultura, en cultura,
de persona en persona.
Porque su brazo interviene históricamente,
por intermedio de nuestros brazos, inseguros pero libres,
porque un día intervendrá, definitivamente él.
Porque es él quien desbarata los proyectos de las transnacionales
y sostiene la fe de los pequeños
que se organizan para sobrevivir humanamente.
Porque vacía de lucros los cofres de los capitalistas
y abre espacios comunitarios para el plantío, la educación y la fiesta
en favor de los desheredados.

Porque derriba de su trono a todos los dictadores
y sostiene la marcha de los oprimidos
que rompen estructuras en busca de la Liberación"

(Pedro Casaldáliga, Obispo del Brasil
María de Nuestra Liberación)


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#25 Ge. Pe.

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Publicado el 13 junio 2007 - 06:28

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LA VIDA DE JESÚS


La vida de Jesús de Nazaret fue semejante a la nuestra en todo, menos en el pecado (Heb 4.15). Lleno del Espíritu Santo pasó haciendo el bien y liberando de toda opresión: (Hch 10,38)

• Creció y se desarrolló en edad y sabiduría, se fue haciendo hombre hecho y derecho ante Dios y ante los hombres (Lc 2, 40.52).

• Trabajó manualmente, de modo que era llamado el hijo del carpintero (Mt 13, 55) o simplemente el carpintero (Mc 6, 3).

• Sufrió la opresión del pueblo Palestino, convertido en colonia romana, despreciada y dependiente del Imperio Romano.

• Durante años observó los movimientos y corrientes políticas y religiosas de su pueblo; los fariseos observantes fieles de la ley, los saduceos colaboracionistas del poder romano, los esenios que huían al desierto para esperar el juicio de Dios y los zelotas guerrilleros que defendían la insurrección armada contra el poder opresor.

• Después de treinta años de trabajo oculto en Nazaret, se sintió seducido por la predicación de Juan Bautista y fue al río Jordán a ser bautizado por él, experimentando claramente que había llegado el tiempo de su misión (Lc 3, 1-22).

• Jesús comenzó su misión en la línea de los profetas. Como ellos se sintió ungido por el Espíritu Santo para anunciar la buena nueva a los pobres, la liberación a los cautivos y el año de gracia del Señor (Lc 4, 14-22)
.[/b]

Su predicación se centra en el Reino de Dios, el gran proyecto del Padre de liberar de todo cuanto aplasta a la humanidad y de dar respuesta a todas las esperanzas humanas (Mc 1, 15). Este Reino es misterioso y se expresa a través de parábolas (Mt 13) y milagros, que son señales de que el Reino ya está presente (Lc 11, 20).

Este Reino de Dios es un proyecto total que abarca a toda la persona y a todas las personas, al presente y al futuro. Es un Reino que dice relación a lo personal (liberación del pecado personal), a lo histórico (justicia social o liberación del pecado estructural) y a lo último y definitivo (salvación eterna, resurrección de los muertos).

Este Reino de Dios que Jesús anuncia e inaugura no se basa en el dinero, en el prestigio ni en el poder (Lc 4, 1-13), sino en el servicio humilde, la pobreza y la solidaridad. Es el Reino del Padre y se vive en la fraternidad y la filiación.

Este Reino se dirige prioritariamente a los marginados de la historia y a los pobres de su tiempo: enfermos, endemoniados, hambrientos, samaritanos, paganos, publicanos, mujeres públicas, pequeños, viudas... Jesús come con ellos para indicar que ellos son los primeros invitados al banquete del Reino (Lc 15, 1-2), les llama bienaventurados (Lc 6, 20-26), les perdona (Lc 7, 36), se alegra de que el Padre haya revelado a ellos los misterios del Reino (Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-27), y se identifica con ellos (Lc 9, 46-48; Mt 25 31-45).

Esta prioridad de Jesús por los marginados no es más que la revelación de la bondad de Dios que a lo largo de toda la historia se había ido manifestando. Dios escucha siempre el clamor del pobre, se compadece del que sufre, desea el derecho y la justicia para su pueblo, se pone al lado de los débiles y hace que los pobres sean el sujeto transformador de la historia y los protagonistas del Reino.

La encarnación y el nacimiento de Jesús por obra del Espíritu Santo de María Virgen fue sólo el comienzo de una vida guiada por el Espíritu, que estará centrada en instaurar una historia nueva, basada en el amor, la solidaridad y la confianza en el Padre. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz (Is 9, 1). Dios no le abandona, Jesús es el sí del Padre al clamor del pueblo, sobre todo del pueblo pobre y desvalido. Pero no todos quieren aceptar esta gran luz.


Algunas consecuencias


• La vida de Jesús y el anuncio del Reino exigen una respuesta personal y colectiva. En el Evangelio esta respuesta se llama "seguir a Jesús". El Reino de Dios no es ni un Reino sin Dios, ni un Dios sin Reino. Es decir el Reino de Dios que Jesús anuncia no se identifica ni con un humanismo cerrado, ni con un espiritualismo desencarnado.

• El Reino de Dios tiene carácter global. Muchas veces hemos reducido el Reino de Dios exclusivamente a lo personal, a lo interno y a la otra vida, olvidando la dimensión histórica y presente del Reino de Dios.

• El Reino de Dios es inseparable de Jesús. Los cristianos no podemos buscar el Reino al margen de Jesús y de su vida.



Preguntas para el grupo:

1. Nuestra devoción a María ¿es liberadora?
2. ¿Vivimos la dimensión histórica del Reino de Dios?


"En medio de los acontecimientos de la historia de Israel, Dios se inclina siempre de forma incondicional y apasionada hacia el lado de los más miserables, y sólo hacia ese lado; siempre contra los poderosos, siempre a favor de los oprimidos; siempre contra quienes poseen y defienden sus propios derechos, siempre a favor de aquellos que han sido despojados y privados de los suyos"
(Karl Barth, Dogmática).

"En la lectura de la Biblia aparece una constante de la historia de salvación, desde Abraham hasta el fin del Nuevo Testamento. La voz de Dios toma forma, profundidad y sentido siempre en los marginados. En las épocas de crisis y renovación, Dios interpela a su pueblo desde la marginación, y éste comienza a recuperar el sentido y el dinamismo perdido en su marcha"
(Carlos Mesters, Flor sin defensa)
.


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#26 Ge. Pe.

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Publicado el 15 junio 2007 - 11:10

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Leanlo.... cristianismo puro. Genial discurso
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5.- PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO, FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO; DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS


Este artículo del Credo nos quiere mostrar que el Reino de Dios es conflictivo, que la humanidad se cierra al plan de Dios y que Dios nos salva por la cruz.

La sombra de la cruz, la sombra de la muerte de Jesús se cierne sobre todos los evangelios que están llenos de símbolos y de alusiones a la muerte del Señor: la matanza de los inocentes (Mt 2), la espada que Simeón profetiza que atravesará el corazón de María (Lc 2, 34), el cordero de Dios (Jn 1, 29), la serpiente de bronce (Jn 3, 14), el bautismo de muerte (Lc 12, 50), el grano de trigo que muere (Jn 12, 34), la unción en Betania, (Jn 12).

Continuamente aparecen alusiones a que quieren apresar a Jesús (Lc 4, 29; 13, 31; Jn 8, 20.58; 10, 39; 11, 45) y acusaciones contra Jesús: es tenido por loco (Mc 3, 21), endemoniado (Mc 3, 22; Jn 7, 20; Mt 10, 25), samaritano y cismático (Jn 8, 48), bebedor (Mt 11, 19), blasfemo (Jn 10, 33).

A medida que los evangelios avanzan, crecen las tensiones y conflictos con los fariseos (Mc 2-3; Mt 23), saduceos (Lc 6, 24; 16, 19), zelotas (Lc 9, 54), e incluso con sus mismos discípulos (Jn 6, 59).

Lentamente se va tramando una conspiración contra él en la que se alían los sumos sacerdotes, escribas, fariseos, Judas (posiblemente zelota) y más tarde Herodes y Pilato (Lc 22, 1-2; Mc 14, 1-2; Jn 11, 47).


La pasión


Jesús en un clima de tensión y de despedida, celebra la última cena con sus discípulos y mientras recuerda la liberación del Exodo, anticipa su Pascua o salida de este mundo al Padre, para liberar al pueblo de todos sus pecados. El pan y el vino son su propio cuerpo y sangre entregados por la humanidad para la remisión de los pecados (1 Cor 11; Mt 26, 17-29; Mc 14, 12; Lc 22, 7; Jn 13, 1).

Después de la cena, mientras Jesús oraba al Padre en el huerto de Getsemaní, es apresado y comienza su pasión. En ella Jesús sufre un doble proceso, religioso y político.

En el proceso religioso los sumos sacerdotes y el senado le acusan de blasfemo, mientras que en el proceso político se le acusa ante Pilato de revolucionario.

En estos dos procesos aparecen el enfrentamiento entre el Reino de Dios y el sistema religioso judío por una parte y el Imperio Romano, por otra. Jesús critica la hipocresía del mundo religioso de aquel tiempo y se opone al César como Señor absoluto. El Reino de Dios es lo único Absoluto.

Los sufrimientos físicos de Jesús, que recuerdan los padecimientos y torturas policiales de tantos lugares de América Latina, culminan en la crucifixión, muerte dolorosa y humillante para malhechores. En medio de dos malhechores muere Jesús. El mundo se estremece y el centurión proclama que éste hombre es Hijo de Dios (Mc 15, 38-39).


Tanto la pasión como la crucifixión y sepultura de Jesús son hechos históricos, que sucedieron "bajo el poder de Poncio Pilato". No son imaginaciones ni sueños.

El pueblo cristiano celebra con cariño la pasión y muerte de Jesús, y a través de las celebraciones litúrgicas, Vía Crucis, calvarios, procesiones de semana santa, devoción a la Dolorosa... se identifica con el Jesús sufriente. El pueblo que sufre, tantas veces injustamente, ve en Jesús un modelo de aceptación del sufrimiento pero también de esperanza, pues saben que después de la cruz viene la resurrección.


¿Cuál es el sentido de la pasión y muerte de Jesús?


Jesús muere como todo hombre, que es mortal por definición. Jesús al hacerse hombre, asume la mortalidad de la naturaleza humana.

Jesús muere angustiosamente, porque nuestra muerte está marcada por el pecado (Rm 5, 12) y Jesús al hacerse hombre carga con una historia de pecado (Jn 1, 29) y él, que no tenía pecado, se hace pecado por nosotros (2 Cor 5, 21).

Pero, Jesús muere ajusticiado, ejecutado por los responsables religiosos y políticos de su pueblo, que le consideran peligroso y subversivo. La muerte de Jesús es la expresión más grave del pecado del mundo, que no quiere acoger al Dios de la vida y le mata (Hch 3, 15). Pecado es -según Mons. Romero- lo que mató al Hijo de Dios y lo que sigue matando a los hijos de Dios.

Pero Jesús muere por amor a los hombres, entregando su propia vida en sacrificio para la liberación del pecado y para darnos su vida. Es la expresión máxima del amor misericordioso de Dios que nos perdona y salva por la cruz, reconciliando el mundo consigo (2 Cor 5, 19) y no perdonando a su propio Hijo (Rm 8, 32), que carga con nuestros propios pecados.

Jesús muere no desesperado, sino confiando en el Padre, perdonando su victoria definitiva (Lc 23, 32-46). Es para todos nosotros un modelo de cómo enfrentar el sufrimiento: Luchando, resistiendo, aceptando, confiando siempre en el Padre.

Jesús personifica el misterioso personaje llamado Siervo de Yavé (Is 42; 49; 50; 53), que sufriendo con paciencia los padecimientos injustos que caen sobre él, se convierte en salvador y semilla de una nueva vida. También el pueblo es, como el siervo de Yavé, un varón de dolores, sin belleza ni hermosura, pero que redime el pecado del mundo con su sufrimiento.

"No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él,
ni era simpático para que pudiéramos apreciarlo.
Despreciado y temido como la basura de los hombres
hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara,
estaba despreciado y no hemos hecho caso de él.
Sin embargo eran nuestras dolencias las que él llevaba,
eran nuestros dolores los que le pesaban
y nosotros lo creíamos azotado por Dios,
castigado y humillado.
Ha sido tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías
y aplastando por nuestros pecados.
El soportó el castigo que nos trae la paz
y por sus llagas hemos sido sanados.

Todos andábamos como ovejas errantes,
cada cual seguía su propio camino
y Yavé descargó sobre él
la culpa de todos nosotros.
Fue maltratado y él se humilló
y no dijo nada;
fue llevado cual cordero al matadero,
como una oveja que permanece muda cuando la esquilan.
Fue detenido y enjuiciado injustamente,
sin que nadie se preocupara de él.
Fue arrancado del mundo de los vivos
y herido de muerte por los crímenes de su pueblo.
.....................
y él ofreció su vida como sacrificio por el pecado.
Por esto, verá a sus descendientes y tendrá larga vida,
y por él se cumplirá lo que Dios quiere".
(Isaías 53, 2-10).


Descendió a los infiernos


¿Qué significa el descenso de Cristo a los infiernos? ¿Qué son estos infiernos?


Para entender este artículo del Credo hay que recordar que para Israel los muertos descendían a un lugar sombrío y silencioso, que llamaban Hades o Sheol, que imaginaban en el corazón de la tierra, lugar no de tormentos pero sí alejado de Dios y de su templo, y, de alguna manera ciudadela del maligno. Era el Reino de los muertos, un lugar donde se encontraban con sus padres y antepasados. Era un lugar de espera, hasta que el Mesías abriera definitivamente las puertas del Reino de la vida.

Al decir que Jesús desciende a los infiernos lo que se quiere afirmar es que Jesús por su muerte entra en este Reino de los muertos, se hace solidario con la humanidad hasta lo más bajo, desciende hasta el abismo de la soledad y el abandono. Es como el nuevo Jonás que es devorado por el monstruo y sumergido en el mar de la muerte (Jon 2, 1). Es el bautismo total de Jesús.

Los textos bíblicos hablan de este descenso de Jesús a los infiernos (Ef 4, 9; 1 Pe 3, 19-21; Hch 2, 24), aunque siempre, como veremos, en perspectiva de resurrección, de su futura ascensión; el que bajó hasta lo más profundo será exaltado hasta lo más alto del cielo (Filip 2, 6-11).


¿Qué sentido tiene este dogma para nosotros?


Es una invitación a seguir el camino de Jesús, a descender con él también hoy a los infiernos de nuestro mundo, para llevar la buena nueva de la luz y de la vida, para liberar de toda clase de muerte. Porque Jesús no desciende a los infiernos para permanecer allá, sino para resucitar y subir a los cielos:

"Subió a las alturas, llevó cautivos y dio sus dones a los hombres. ¿Qué quiere decir, sino que antes había bajado a las regiones inferiores de la tierra?. El mismo que bajó, subió después por encima de los cielos, para llenarlo todo" (Ef. 4, 18-10).


¿Qué consecuencias sacamos de la cruz de Jesús para nuestra vida?


Hay quienes consideran que el sufrimiento de esta vida es castigo de Dios por alguna acción mala, o por dejar de haber cumplido alguna obligación, por ejemplo con los muertos. A esto hay que decir que esta no es la forma ordinaria de actuar de Dios. Los males de este mundo o son producto de la limitación de la naturaleza (inundaciones, terremotos) y de la fragilidad humana (enfermedades) o, sobre todo, consecuencia de la injusticia humana: hambre, pobreza, incultura, bajos salarios, desnutrición, guerras, dictaduras, falta de libertad. Los mismos males físicos de la naturaleza se podrían evitar en gran parte si la humanidad buscase más el bien universal que el bienestar individual o de unos pocos, si en lugar de gastar en armas, invirtiese en salud y desarrollo.

Por esto no hay que hablar de resignación ante males que se pueden evitar y contra los que hay que luchar; no hemos de resignarnos ante el analfabetismo, desnutrición, viviendas infrahumanas, machismo, violación de derechos humanos, sino que hemos de luchar contra estos males que Dios no quiere. También hemos de luchar contra enfermedades e inundaciones, procurando prevenir con tiempo todos estos problemas. Muchas veces esta lucha lleva sufrimientos y persecuciones y se sufre como Jesús. América Latina está llena de mártires asesinados por haber luchado contra la injusticia. Otros han sido perseguidos, torturados, exiliados: son los que siguen de más cerca el camino de Jesús.

Sólo cuando en la lucha contra el mal se sufren las consecuencias dolorosas del mal, o cuando se encuentra uno ante un mal ya irremediable (enfermedad, muerte), tiene sentido hablar de resignación. Entonces el ejemplo del sufrimiento de Jesús y de su cruz es para los cristianos una gran ayuda y una fuente de esperanza, pues Jesús con su cruz nos salvó y nos abrió la puerta de la vida definitiva.


Preguntas para el grupo:

1. ¿Cuáles son las cruces del pueblo?
2. ¿Cómo podemos luchar contra los males que nos oprimen?


Oh Jesús que vas cargado
con tantos dolores
ten piedad de nuestras penas
y sinsabores
Por ser pueblo solidario
cárcel y palos te dieron
los opresores
Dos son las cruces, Señor
que a las espaldas llevamos:
la que nos carga los ricos
y la de nuestros pecados
Del mal de nuestro corazón
concédenos liberarnos
del opresor no venganza
sino justicia obtengamos

Oh Jesús que vas cargado
con tantos dolores
ten piedad de nuestras penas
y sinsabores
Por ser inocente y libre
y sin rencores
odio y condena te dieron
los pecadores

Dos son las cruces, Señor...

Oh Jesús que vas cargado
con tantos dolores
ten piedad de nuestras penas
y sinsabores
Por hacer obra de paz
y sin temores
en ti pusieron sus manos
torturadores

Dos son las cruces...

(Pedro Trigo, Misa de la crisis).


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#27 Ge. Pe.

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Publicado el 18 junio 2007 - 05:25

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6.- AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS, SUBIÓ A LOS CIELOS, ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DE DIOS PADRE TODOPODEROSO. DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS.


Resucitó de entre los muertos

El descenso de Jesús a los infiernos nos ofrece el marco adecuado para la comprensión de la resurrección de Jesús. Jesús no se queda en los infiernos; la ciudadela de la muerte no logra encerrarlo en sus murallas, sino que Jesús sale victorioso de los infiernos, del reino de los muertos, del mismo modo que Jonás que desciende en el vientre del monstruo marino (Jon 2). Jesús es el nuevo Jonás que desciende al corazón de la tierra y resucita (Mt 12, 40; Lc 11, 30). El Apocalipsis lo expresa bien:

"Estaba muerto, pero vivo y tengo las llaves de la muerte y del reino de los muertos" (Ap 1, 18).

El Padre, por medio de su Espíritu, resucita a Jesús (Rm 8, 11). Dios Padre escucha el clamor de Jesús en la cruz y lo libera de la muerte, lo hace salir de los infiernos.

"Al tercer día" significa en lenguaje bíblico que esto es algo solemne e importante (Os 6, 2).

Pero esta resurrección de Jesús tiene que ver con nosotros. Jesús resucita por nosotros (2 Cor 5, 15), nos abre las puertas de la vida, podemos llamar a Dios nuevamente Padre (Gál 4, 6; Rm 8, 15).

La resurrección de Jesús es la Pascua, la liberación plena, de la que la pascua judía del Exodo era sólo una figura. Jesús es la primicia de la nueva humanidad, es el comienzo de la utopía del Reino, lo definitivo, comienza a ser real, él es el Hombre Nuevo, el Nuevo Adán, la Cabeza de la humanidad nueva (1 Cor 15, 45).

Todos los relatos de las apariciones del Resucitado son formas catequéticas de expresar que Jesús, el mismo que fue crucificado, vive una vida nueva. Se debe anunciar a todos la gran noticia de la liberación definitiva que Jesús con su resurrección nos consiguió. Se llama a los apóstoles a la misión.


Subió a los cielos

Así como para los Judíos los infiernos simbolizan el lugar de la muerte, los cielos significan el lugar de Dios y de la gloria. La ascensión de Jesús a los cielos no es más que otra forma simbólica de expresar la resurrección de Jesús, como su exaltación, su triunfo definitivo del pecado, de la muerte y del mal. El que fue humillado ha sido exaltado (Flp 2, 9-11).


Está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso

Esta es otra forma de expresar en lenguaje simbólico el misterio de la resurrección. El hecho de estar sentado a la derecha del Padre significa que Dios Padre al resucitar a Jesús ha colocado al Hombre Jesús en un lugar no sólo preferente (la derecha) sino de dignidad divina, y que en Jesús el Padre ha glorificado las primicias de toda la humanidad. La humanidad por medio de Jesús ha sido introducida en la esfera de Dios, ha sido liberada de todo mal y comienza a vivir la plenitud de la gloria divina. El ideal de la creación comienza a realizarse en Jesús. María y los santos participan ya de esta gloria de Jesús.


Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos

Este trono de gloria de Jesús, es también el trono del Juez. El Padre ha dado a Jesús el encargo de juzgar a toda la humanidad, de ser el Juez supremo de la historia (Jn 5, 22). Pero este juicio de Jesús será no sólo sobre nuestras acciones sino también sobre nuestras omisiones. El capítulo 25 de Mateo es un relato sobre el juicio de Dios en torno a la falta de vigilancia (parábola de las diez jóvenes, Mt 25, 1-13), sobre la flojera en trabajar con los dones de Dios (parábola de los talentos, Mt 25, 14-30) y sobre la falta de amor al pobre y marginado (Mt 25, 31-45). Sobre todo esta última parábola del juicio final es una clara indicación de que Jesús se identifica con el pobre (el hambriento, el sediento, el sin hogar, sin ropa, el enfermo, el encarcelado). Jesús nos juzgará de nuestra solidaridad para con los marginados. Más aún podemos decir que dejará que los mismos pobres nos juzguen: ellos son la Corte Suprema de Justicia de la historia. No valdrán en aquél momento las buenas intenciones, ni los buenos deseos, ni siquiera los ritos o prácticas de devoción, sino únicamente nuestra acción concreta en solidaridad con los pobres de este mundo.


Algunas consecuencias de la resurrección para nuestra vida

• Dios Padre al resucitar a Jesús le da la razón a él. El camino que Jesús escogió (opción por los marginados, pobreza, servicio humilde por amor) es el auténtico. Podemos decir que la resurrección de Jesús es una revisión de juicio de Caifás y Pilato (Jn 16, 8 ). Estos condenaron a Jesús, el Padre lo salva. Estos lo acusaron de blasfemo y revoltoso, pero el Padre le proclama Señor de la historia, Cristo, Juez universal de toda la humanidad. Es una forma de decir que el camino a la gloria pasa por la cruz, mientras que el camino del poder y gloria mundana lleva a la perdición.

• De aquí se desprende que la resurrección de Jesús es una mala noticia para los Caifás y Pilato de la historia (Mt 26, 62-66), pero una buena noticia para los crucificados de este mundo. Dicho de forma más concreta: el verdugo no tiene la última palabra sino que ésta es de Dios, que se pone al lado de las víctimas de la injusticia, de los perdedores de la historia.

Tal vez para comprender mejor esto hay que recordar que la idea de resurrección en Israel, es tardía y se revela sobre todo en momentos de persecución al pueblo (2 Mac 7; Dan 12, 2) como una promesa de Dios de no dejar en el polvo de la muerte a las víctimas de la injusticia humana: los resucitará. Esto es lo que en Jesús aparece: el Crucificado, el humillado, el pisoteado, ha sido resucitado por el Padre.

• Esto nos ayuda a comprender mejor lo que significa la resurrección de Jesús. No es simplemente una vuelta a la vida de antes (como Lázaro), sino el inicio de una vida nueva y definitiva.

Pero por otra parte, la resurrección de Jesús no es un mensaje individualista ni se limita a afirmar la inmortalidad del espíritu o del alma, sino que es una gran buena noticia colectiva, sobre todo para los que en la historia han tenido que sufrir injustamente la opresión y la humillación: El Señor los levantará del polvo, vivirán para siempre, pues la injusticia humana tiene un límite. Volveremos sobre este tema al hablar de la resurrección de los muertos.

• De aquí se desprende que la resurrección, bien entendida, es fuente de esperanza y de audacia, es una confirmación de que Dios es el Dios de la vida, de los pobres y de la justicia.

Todos aquellos que desean que las cosas no cambien (como los ricos saduceos del tiempo de Jesús), no creen en la resurrección (Mt 23, 29). Para todos los que buscan el cambio y una sociedad más humana y más solidaria, la resurrección de Jesús es un motivo movilizador: la Utopía no es un sueño sino que en Jesús comienza a ser realidad.

Por eso las apariciones del resucitado a los discípulos y a las mujeres, humillados y abatidos por la cruz, producen en ellos alegría, paz y esperanza. De la resurrección nacerá la misión de la Iglesia. Y como veremos enseguida, el gran don de la resurrección es el Espíritu.


Preguntas para el grupo:

1. ¿Qué signos de resurrección y de vida vemos en el pueblo?
2. ¿Es para nosotros la resurrección de Jesús un motivo de verdadera esperanza?

"Jesucristo
nos alegramos de tu triunfo definitivo;
de que la historia no sea más que un devenir
hacia tu triunfo total
Con nuestros cuerpos aún en la brecha,
y con el alma rota,
te gritamos un primer "hurra"
hasta que se desencadene la eternidad.

Tu dolor ya pasó
tus enemigos han fracasado antes de nacer
tú eres el Rey de la sonrisa definitiva.

¡Qué nos importa la espera!
aceptamos con ilusión
la lucha y la muerte;
porque tú, nuestro Amor, no mueres.

Marchamos detrás de ti
por una calzada de eternidad.
Tú estás con nosotros
y eres nuestra inmortalidad.

Señor triunfador de los siglos
quita todo rictus de tristeza
de nuestros rostros
no estamos embarcados en un azar;
la última palabra ya es tuya.

Más allá del crujir de nuestros huesos
ya ha empezado el Aleluya eterno.
Que las mil gargantas de nuestras heridas
se sumen ya a tu salmodia triunfal.

Y enséñanos a vocear tu optimismo
por todo el mundo.
Porque tú enjugarás las lágrimas
de los ojos de todos
y para siempre, y la muerte
desaparecer..."

(Luis Espinal, Oraciones a Quemarropa, Cristo Glorioso).


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#28 Ge. Pe.

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Publicado el 21 junio 2007 - 08:56

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Continuamos...

Nuestro credo

Víctor Codina

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CREO EN EL ESPIRITU SANTO



Espíritu vivificante

La tercera y última parte del Credo se refiere al Espíritu Santo.

El Espíritu aparece en la Biblia desde el comienzo de la creación, como una misteriosa fuerza de vida, como aliento y soplo que todo lo fecunda (Gn 1, 2), que da vida a todas las criaturas, que sin él vuelven al polvo (Sal 103, 30). Pero esta misteriosa fuerza fecundante no se limita a vivificar la creación, sino que alienta también la historia, conduciéndola a la salvación. El Espíritu suscita profetas y libertadores en Israel y les impulsa a que proclamen el derecho y la justicia (Is. 32, 15-17), la liberación (Is 61) y una vida nueva para el pueblo disperso (Ez 37).

Por esto, como hemos visto, la vida de Jesús esta guiada por el Espíritu desde su nacimiento (Lc 1, 35). Jesús es ungido por el Espíritu en el bautismo (Lc 3, 22) e impulsado por él, proclama la buena nueva, hace milagros, vence tentaciones (Lc 4, 1.14...)

Este Espíritu prometido a los discípulos en diversas ocasiones (Jn 14-16) es derramado sobre ellos en la resurrección (Jn 20; Hch 2). Este Espíritu es el que resucita a Jesús de entre los muertos (Rm 8, 11), inaugurando así la vida nueva y definitiva de la Nueva Humanidad.

Podríamos resumir diciendo que lo propio del Espíritu es dar vida, suscitar vida, hacer pasar de la muerte a la vida. Pero esta vida no simplemente la vida biológica sino la vida plena que alcanza su cumbre en la vida divina, la filiación del Padre. Por esto el Espíritu nos permite llamar a Dios, Abba, es decir, Padre (Gál 4, 6; Rm 8, 26).

Este Espíritu nos libera de toda muerte y esclavitud, nos hace libres de verdad (Gál 5, 3)... es fuente de libertad y de liberación.

Este Espíritu no es una fuerza impersonal sino una Persona de la Trinidad, que procede del Padre y del Hijo. Es Señor y vínculo amoroso entre el Padre y el Hijo. Esta vida nace del amor.

Un obispo de la Iglesia primitiva y Padre de la Iglesia, Ireneo de Lyon habla de que el Padre actúa en el mundo a través de sus dos manos, el Hijo y el Espíritu, que tienen misiones diferentes y complementarias.

El Hijo, por la encarnación tiene una misión visible e histórica: Jesús de Nazaret que nace en tiempo del emperador Octavio y muere bajo Tiberio, siendo gobernador Poncio Pilato. Es la palabra encarnada, sus contemporáneos le ven, le escuchan, comen con él le tocan, le siguen o le rechazan.

El Espíritu, por el contrario, como su mismo nombre indica, es soplo, hálito, viento que no se sabe de dónde viene ni a dónde va (Jn 3, 8 ). Es invisible, impalpable, anónimo, se le compara con el perfume que todo lo invade sin verse, con el fuego que todo lo consume, con el vino que embriaga. Actúa a través de las personas y los grupos, para llevar a término el plan del Padre y la obra de Jesús. Se le conoce más por los efectos que por su forma de actuar, siempre invisible y anónimo.


Criterios para discernir el Espíritu

¿Cómo distinguir la presencia del Espíritu de otras manifestaciones o "espíritus" que no proceden de Dios?.

La escritura nos da una serie de criterios de discernimiento (Gál 5). Todo aquello que lleva a la desintegración y a la muerte, a la violencia, a la esclavitud y a la cerrazón egoísta, no es del Espíritu de Jesús. Todo lo que conduce a la vida, a la libertad y a la liberación, al gozo auténtico para todos, a la justicia y a la paz comunitaria, procede del Espíritu. Podríamos decir que el Espíritu que se aleje de estas opciones no puede provenir de Jesús.

Hoy día hay muchos movimientos que se llaman espirituales y que se reúnen para aclamar al Señor y alabarlo. El criterio para saber si proceden del Espíritu Santo es si van produciendo frutos evangélicos en la persona y la comunidad en la línea de Jesús: solidaridad, justicia, liberación, vida plena. En una palabra, si ayudan a pasar a la persona y a la comunidad de la muerte a la vida verdadera, son de Jesús, de lo contrario, no lo son.


La acción del Espíritu

Una de las consecuencias del don del Espíritu es que gracias a él, Jesús puede estar con nosotros hasta el final de los tiempos (Mt 28, 20). El Señor prometió que no nos dejaría huérfanos (Jn 14, 18). Gracias al Espíritu, Dios permanece siempre en medio de nosotros. Esto es para nosotros fuente de esperanza: no estamos solos, Dios está con nosotros y actúa en medio de nosotros. Especialmente en medio de los que viven en las sombras de la muerte.

El Espíritu actúa a través de personas y grupos que buscan el bien y la liberación del pueblo, aunque no sean cristianos. En muchos movimientos sociales y políticos, religiosos y humanista se descubre la presencia anónima del Espíritu. ¿Quién no reconocerá en el movimiento de no violencia de Gandhi o De Luther King, la presencia del Espíritu? ¿Y en tantas personas y grupos de buena voluntad que luchan por la justicia, quién no verá que está presente, aunque a veces mezclado con ambigüedades, el Espíritu de Jesús?.

Pero en el Credo la acción del Espíritu se concreta en una serie de lugares donde los cristianos percibimos de forma clara su presencia: la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna.

Veamos cada uno de estos diferentes artículos del Credo. Cada uno de ellos es una manifestación de la acción del Espíritu en medio de nosotros.


Preguntas para el grupo:

1. ¿Qué experiencias tenemos de Espíritu en nuestra vida personal colectiva?
2. ¿Confiamos en la fuerza del Espíritu de Jesús?


"Sin el Espíritu Santo,
Dios queda lejos
Cristo permanece en el pasado
el evangelio es letra muerta
la Iglesia es pura organización
la autoridad es tiranía
la misión es propaganda
la vida cristiana una moral de esclavos.

Pero en Él.
en una indisociable unidad,
el mundo es liberado
y gime en el alumbramiento del Reino
el hombre está en lucha contra la carne
Dios está aquí
Cristo resucitado está presente
el evangelio es una fuerza vivificadora
la Iglesia significa la comunión trinitaria
la autoridad es servicio liberador
la misión es Pentecostés
la liturgia es memorial y anticipación
la acción humana es divinizada"

(Patriarca Ignacio IV de Antioquía,
en la Asamblea Ecuménica de Upsala, 1968)

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#29 Ge. Pe.

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Nuestro credo

Víctor Codina



LA SANTA IGLESIA CATOLICA



Relación entre el Espíritu y la Iglesia

En el Credo existe un estrecho vínculo entre el Espíritu y la Iglesia: no se dice exactamente "creo en la Iglesia 'sino' creo en el Espíritu Santo (que actúa) en la Iglesia". Desde las más antiguas profesiones de fe bautismales aparece ya esta conexión entre el Espíritu y la Iglesia. ¿Cuál es el sentido de esta trabazón entre el Espíritu y la Iglesia?.

La Iglesia nace por obra del Espíritu.

El Espíritu que había actuado en Israel, que actuó en el nacimiento y vida de Jesús, es el que ahora, después de su resurrección, hace nacer la Iglesia. Jesús puso los fundamentos (predicó el Reino, reunió a los doce apóstoles...) pero la Iglesia no aparece, estrictamente hablando, sino después de la Pascua. Lucas en el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles nos ha transmitido una narración llena de símbolos sobre el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés: viento, lenguas, fuego, pluralidad de pueblos que comprenden el mensaje evangélico...

Y a continuación va mostrando los frutos de esta irrupción de Espíritu de Jesús sobre aquel pequeño núcleo de discípulos: conversiones, bautismos, carismas, milagros, la vocación de Pablo, la predicación a los gentiles, la misión a todos los pueblos y también persecuciones y martirio. De nuevo aparece el Espíritu de Jesús como el que engendra vida y hace pasar de la muerte a la vida. De un puñado de hombres tímidos, cobardes, duros de corazón para entender las escrituras, el Espíritu hace surgir una comunidad misionera, abierta a todas las razas y culturas, capaz de encarnarse en todos los pueblos, es decir católica.

"Los cristianos, efectivamente, no se distinguen de los otros hombres ni por el país, ni por el lenguaje, ni por los vestidos. Porque no habitan en ciudades exclusivamente de ellos, ni hablan ningún dialecto especial, ni llevan una vida aparte.

Repartiéndose en las ciudades griegas o bárbaras, según le toque en suerte a cada uno, y haciéndose a los usos locales en cuestión de vestidos, comida y convivencia, muestran la admirable y, por confesión de todos, paradójica condición de su ciudadanía.

Residen en sus propias patrias, pero como forasteros; cumplen todos los deberes de ciudadanos y soportan todas las cargas como los extranjeros; cualquier tierra extraña es patria para ellos y toda patria tierra extraña. Se casan como todo el mundo y engendran hijos, pero no abandonan a los recién nacidos. Se encuentran dentro de la carne, pero no viven según la carne. Pasan el tiempo sobre la tierra, pero tienen los derechos de la ciudadanía en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, pero con sus vidas superan las leyes.

Aman a todo el mundo y todos les persiguen. Se les desconoce y, sin embargo, se les condena. Se les mata y así se les hace obtener la vida. Son pobres y enriquecen a mucha gente. Les falta todo y abundan en todo"
(Carta a Diogneto. Cap. V Siglo II)


Unidad y Santidad de la Iglesia

En esta comunidad, los doce y a su cabeza Pedro, juegan un papel importante: son los encargados de mantener la cohesión y la unidad de este nuevo, pueblo de Dios, que es el Cuerpo de Cristo. Los sucesores de los Apóstoles, los obispos, y de Pedro -el obispo de Roma, el Papa- continúan velando y gobernando la Iglesia para que siempre siga fiel al camino de Jesús, al Evangelio, al Reino, a sus opciones preferenciales. En esta misión cuentan con la asistencia y especial protección del Espíritu.

Gracias al Espíritu, la Iglesia es santa. El Espíritu Santo es quien santifica a la Iglesia. La Iglesia es una comunidad misteriosa, humana y divina, santa y pecadora al mismo tiempo, si la debilidad y el pecado forman parte de la Iglesia, el Espíritu renueva continuamente en ellas la fidelidad al evangelio. El Espíritu no sólo actúa a través de las Escrituras y de los sacramentos, no sólo asiste a los obispos de la Iglesia y en especial al Papa en su ministerio pastoral, sino que realiza el milagro de la santidad de la Iglesia.

Los que se escandalizan del pecado de la Iglesia, olvidan con frecuencia que nadie está libre de culpa (Jn 8, 1-11). Los que sueñan en una Iglesia de sólo puros y santos, olvidan que Dios ha elegido lo pobre y despreciable del mundo para realizar su obra (1 Cor. 1, 27-29). Los que quisieran expulsar a los pecadores de la Iglesia, deberían releer la parábola de la cizaña (Mt 13) y escuchar estas palabras de San Agustín:

"En este tiempo, la Iglesia, es como una era en la que se hallan a la vez la paja y el trigo. Que nadie tenga la pretensión de eliminar toda la paja antes de que llegue la hora de aventar. Que nadie abandone la era antes que esta hora, aunque sea con el pretexto de evitar el daño que le pueden hacer los pecadores. Si se mira la era desde lejos, uno diría que en ella no hay más que paja. hay que revolverla con la mano y soplar con la boca para echar fuera la pelusa y descubrir el grano"
(San Agustín; Comentario al Salmo 25, 5)

O también convendría leer este texto de un escritor católico moderno:

"Por supuesto, si el mundo fuese la obra maestra de un arquitecto deseoso de simetría o de un profesor de lógica (en una palabra, de un dios deista), la Iglesia ofrecería un espectáculo de perfección y de orden, y la santidad sería el primer privilegio de la jerarquía: cada grado de ésta correspondería a un grado superior de santidad, hasta llegar al más alto de todos. ¿Querríamos nosotros una Iglesia como ésta? ¿Se encontraría en ella como en su casa?. No me hagan reír. En vez de sentirse en casa, se quedaría en el umbral de esta asamblea de super hombres, dando vueltas con las manos a su sombrero, como un mendigo en la puerta de un lujoso hotel... La Iglesia es la casa de una familia y en tales casas, siempre hay desorden; a lo mejor les falta una pata a las sillas, o hay manchas de tinta en las mesas, o los tarros de mermelada se vacían solos en los armarios. Todo eso lo conozco muy bien, tengo experiencia de ello"
(G. Bernanos)


Esta Iglesia, santa y pecadora, al correr de los siglos ha sufrido divisiones internas: primero con el Oriente cristiano (Iglesia ortodoxa), luego en la Iglesia latina Occidental (Iglesia luterana calvinista, anglicana...). Con estas Iglesias, se ha establecido sobre todo desde el Concilio Vaticano II, un serio esfuerzo de diálogo ecuménico en busca de un mutuo acercamiento y unión, pues esta división contradice a la voluntad de Jesús, de que todos los cristianos seamos uno (Jn 17, 11). Más recientemente de estas Iglesias "históricas" se han ido desmembrando grupos pequeños que constituyen las llamadas "sectas", en las cuales es más difícil el diálogo y muchas veces son instrumentalizadas por intereses políticos y económicos conservadores del exterior. Sin embargo, las sectas son un desafío para las Iglesias tradicionales, pues en último término responden a inquietudes religiosas del pueblo. Las Iglesias tradicionales deben preguntarse si no se han convertido en instituciones demasiado organizadas y burocráticas, demasiado frías y teóricas, poco comunitarias, donde los laicos y el pueblo más sencillo se encuentra muchas veces marginado y meramente pasivo.


Una parábola de la Iglesia

El capítulo 21 del Evangelio de Juan sobre la aparición de Jesús en el lago de Tiberíades, comprendía todo lo dicho hasta ahora en una como gran parábola de la Iglesia del futuro:

- Una Iglesia que nace después de la Pascua, congregando a los discípulos temerosos y dispersos, Jn, 21, 2-3.
- Una Iglesia de pobres y débiles hombres: en toda la noche no pescaron nada, Jn 21, 3.
- Una Iglesia centrada en el Señor, que está en la otra orilla, Jn 21, 4.
- Una Iglesia misionera, que fiándose de la palabra de Jesús pesca gran cantidad de pescados, Jn 21, 6.
- Una Iglesia con carismas diferentes: Juan reconoce a Jesús, Pedro se hecha al mar, Jn 21, 7-8.
- Una Iglesia fraternal reunida en torno a la Eucaristía: el Señor les ha preparado una comida, Jn 21, 12-13.
- Una Iglesia donde el misterio está siempre presente: nadie se atreve a preguntar a Jesús ¿Quién eres tú?, Jn 21, 12.
- Una Iglesia siempre necesita de conversión: Pedro recuerda con tristeza sus anteriores negaciones en la pasión, Jn 21, 17.
- Una Iglesia basada en el amor: Jesús pregunta a Simón Pedro si le ama, Jn 21, 15-17.
- Una Iglesia guiada por Pedro: apacienta mis ovejas, Jn 21, 17.
- Una Iglesia de persecución y martirio: se anuncia el martirio de Pedro, Jn 21, 18.
- Una Iglesia del seguimiento de Jesús: Jesús dice a Pedro y a Juan que le sigan: Jn 21, 19-22.
- Una Iglesia que espera que el Señor vuelva: Jn 21, 22.



La Iglesia de América Latina

La Iglesia de América Latina lleva quinientos años de vida desde la primera evangelización. A pesar de las ambigüedades de la Evangelización colonial, ha dado buenos frutos (Puebla 7), se vive la Iglesia como una familia, la familia de Dios (Puebla 238) y desde las reuniones de Medellín (1968) y Puebla (1979) es una Iglesia que ha optado por los pobres (Puebla 1134), ha visto surgir las comunidades de base (Medellín 15, 10; Puebla 643) y ha sufrido persecución y martirio. Es una Iglesia que recibe en estos momentos gran abundancia de carismas del Espíritu que la fecundan y hacen surgir de su seno nuevos estilos de pastoral, nuevas figuras de obispos, de sacerdotes, de laicos, de vida religiosa, catequistas, teólogos, nuevas formas de ser Iglesia. Es una Iglesia que experimenta cada día la fuerza del Espíritu, que le impulsa a ser Iglesia de todos, pero principalmente de los pobres. Es una Iglesia unida a sus obispos, y en estrecha comunión con el obispo de Roma, el Papa, que con sus visitas ha animado la fe del continente.

Ante la Iglesia y sus problemas, sus pecados y tensiones, ambigüedades y desafíos, el Credo nos invita a creer que el Espíritu Santo actúa en ella y que el Señor no la abandonará jamás:

"Yo estaré con ustedes todos los días hasta que se termine el mundo" (Mt 28, 20)

Los restantes artículos del credo nos ayudarán a profundizar más el misterio de la Iglesia.


Preguntas para el grupo:

1. ¿Cuáles son nuestras principales dificultades ante la Iglesia?
2. ¿Creemos realmente que el Espíritu actúa en la Iglesia?


"La única y verdadera Iglesia es la Iglesia de los Apóstoles, la Iglesia de los pobres, la Iglesia de Jesucristo"
(San Agustín, Sobre la Verdadera Fe 13, 83)

"Te damos gracias Señor
porque en tierra americana
tú te has revelado siempre
de manera soberana.

Desde que Antón Montesinos
dio la cara por tu gente
siempre ha habido profetas
en esta tierra sufriente.
Que el amor a Jesucristo
a muchos hizo valientes
para defender al pueblo
fieles a ti hasta la muerte.

María de Nazaret
quiso buscar a Juan Diego
para que ante el buen obispo
hiciera de mensajero.
Entre músicas y flores
te revelas a tu pueblo
y al doctrino nombras ángel
para que enseñe a tu clero

Una rosa delicada
te escogiste por esposa
entre las señoras frívolas
fue una amante generosa
para ella, las espinas
de su jardín interior
para ti todo el aroma
para el pobre, pan y honor.

El bastardo despreciado
en la ciudad orgullosa
que callado en su rincón
reza y barre con su escoba
es el varón elegido
para una obra milagrosa:
dar salud a los enfermos
y al pueblo, misericordia.

Oscar Romero de América
era un pastor muy sencillo
cumplía con su deber
y acariciaba a los niños.
En la guerra lo llamaste
a dar fuerza al abatido
por organizar al pueblo
lo enviaron al martirio.

Te damos gracias, Señor
por las Rosas y profetas
por tantos pastores buenos
por los músicos y poetas
por tu pueblo despreciado
que sin embargo respeta
por tu Iglesia que renace
de los pobres de esta América.

(Pedro Trigo, Misa Agradecida y Contrita de la Evangelización Americana).


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#30 Ge. Pe.

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9 LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS



¿Qué significa la comunión de los santos?

Dentro de la parte del Credo que se refiere al Espíritu Santo y en conexión con la Iglesia, se habla de la comunión de los santos. ¿Qué significa comunión de los santos? ¿Quiere decir únicamente que estamos en relación con los santos del cielo? ¿De qué santos se trata? ¿Qué es comunión?.

Comunión (en griego Koinonia) significa participar, compartir, ser solidario, estar con otro, convivir.

La comunión de los santos significa que en la Iglesia entramos en comunión con Dios y con los hermanos, comunión con las cosas santas de Dios y con los creyentes, que la Biblia llama los "santos". Y el gran signo de esta comunión con Dios y con los hermanos es la eucaristía. En ella se expresa de forma simbólica esta nuestra comunión horizontal y vertical.

Veamos más despacio cada una de estas dimensiones:



Comunión con Dios

En la Iglesia entramos en comunión con Dios, formamos parte de su pueblo gracias al bautismo, somos introducidos en la familia de Dios, somos hijos del Padre, hermanos de Jesús y tenemos su mismo Espíritu. Por esto podemos llamar a Dios ¡Padre! (Gál 4, 6; Rm 8, 26).

Pero si podemos entrar en esta comunión con Dios y participar de su vida es porque Dios mismo así lo ha querido, libre y amorosamente. Dios ha querido comunicarnos su propia vida, nos ha invitado a formar parte de su familia. Dios mismo es una comunidad (el Padre, el Hijo y el Espíritu) y viven una profunda comunión interna. Esta comunión la ha querido extender a todos y ha hecho de la Iglesia un instrumento y un signo de esta comunión entre Dios y los hombres.

Y para realizar esta comunión entre su vida divina y la humana, ha enviado a su Hijo para entrar a formar parte de la familia humana, solidarizarse con ellas y así comunicarnos su propia vida. Jesús es el Dios -con- nosotros, es la solidaridad de Dios encarnada en nuestra historia hasta el final, hasta el descenso a los infiernos. Y el Espíritu ha sido enviado para llevar a cabo la obra iniciada por Jesús: la comunión plena entre Dios y los hombres.

La Escritura nos habla continuamente de esta comunión de Dios con nosotros, de la comunión con el Padre y el Hijo (1 Jn 1, 3), de la comunión del Espíritu Santo (2 Cor 13, 13), de la comunión con la luz de Dios (1 Jn 1, 6), de la comunión con la naturaleza divina (2 Pe 1, 4). Concretamente se dice que hemos sido llamados a la comunión con Cristo (1 Cor 1, 9), a compartir los sufrimientos de Cristo para así participar de su resurrección (Flp 2, 1; 3, 10; 2 Cor 1, 7; 1 Pe 4, 13; 5, 1).

Y esta comunión de Dios con nosotros, es para nosotros la vida plena, la felicidad, la respuesta a las ansias más profundas del corazón humano, la liberación de toda esclavitud y muerte, el comienzo del Reino de Dios. A esta comunión se orienta la creación del mundo y de la historia humana. Y en ella se manifiesta la gloria de Dios: la gloria de Dios es que el hombre viva y la vida de que vive el hombre es la comunión con Dios, dirá Ireneo de Lyon, un obispo de s. II.

Todo esto es un misterio que nos sobrecoge y asombra: poseemos la misma vida de Dios, estamos en comunión con el Padre, por Jesús, en el Espíritu Santo.


Comunión fraterna

Esta comunión con Dios nos lleva a vivir la comunión con los hermanos, con los creyentes en primer lugar y finalmente con todos los hombres, ya que todos hemos sido convocados a esta familia de Dios.

Esta comunión fraterna es comunión en una misma fe (de la que el Credo es el símbolo), es comunión en unos mismos sacramentos, es comunión en la vida comunitaria de la Iglesia local concreta reunida en torno al obispo, es comunión con las demás Iglesias locales, es comunión con el obispo de Roma encargado de mantener la comunión de la Iglesia universal, es comunión de oraciones con los hermanos que ya durmieron en el Señor y en especial con María y los santos que ya gozan de su gloria (Gál 2, 9; 1 Jn 1, 7).

Es un gran dinamismo de fraternidad de unos con otros, pero que no se limita a participar de los mismos bienes del Espíritu, sino que llega a compartir la economía y los bienes de la tierra. La comunión ha de llegar a ser económica.

De esto poseemos abundantes textos bíblicos. La misma palabra comunión (Koinonia), significa la colecta para los pobres de Jerusalén que Pablo pide a las Iglesias más ricas (2 Cor 9, 13; 2 Cor 8, 4; Rm 15, 26; 12, 13) y también el poner los bienes en común de la Iglesia primitiva de Jerusalén (Hch 2, 32.42.44).

El dinamismo de entrar en comunión con Dios lleva a compartir los bienes, a no poseerlos en exclusividad cuando los demás carecen de ellos. Es realizar el plan de Dios de formar una gran familia y que los bienes de la creación, creados para todos, se compartan fraternalmente.

La comunión de los santos debe inspirar una nueva concepción económica y social de los bienes de la tierra. Y esto no sólo para los cristianos, sino para toda la humanidad, ya que toda ella ha sido creada para vivir esta solidaridad.


Comunión eucarística

La Iglesia y en concreto el sacramento de la Eucaristía es el símbolo de este doble movimiento vertical y horizontal de comunión, es como el aglutinante de la comunión de los santos. La eucaristía, a la que llamamos ordinariamente comunión, es el lugar donde se expresa y se fundamenta la verdadera comunión.

En ella celebramos que Dios, para hacernos participar de su propia vida nos haya entregado a su Hijo. Jesús se ha hecho solidario con nosotros hasta la entrega de su vida por amor. Precisamente la Eucaristía de la Iglesia hace memoria continuamente de aquella Ultima Cena de Jesús con sus discípulos en la que nos amó hasta el extremo (Jn 13, 1) y nos entregó, en el pan y en el vino de la Cena Pascual, su Cuerpo y Sangre, para que participáramos así de su propia vida:

"La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso la comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?" (1 Cor 10, 16)

Pero este recibir en la Eucaristía el Cuerpo de Cristo, fundamenta la comunión de todos los que comulgamos del Señor.

"Uno es el pan y por eso formamos todos un solo cuerpo, porque participamos todos del mismo pan" (1 Cor 10, 17)

En la Eucaristía fraternal celebrada en comunión con nuestros pastores y con el obispo de Roma, haciendo memoria de los difuntos y en comunión con los santos -con María, los apóstoles, mártires y los demás santos- expresamos que la Iglesia es ante todo una comunidad, una comunión, comunión de los santos, por la fuerza del Espíritu.

Pero por esto mismo, la Iglesia primitiva al celebrar la fracción del pan (es decir, la Eucaristía), no se limita a la comunión fraterna en la fe y las oraciones sino que la hace llegar a la dimensión económica:

"Perseveraban asiduamente en la enseñanza de los apóstoles, en la puesta en común de los bienes, en la fracción del pan y en las oraciones" (Hch 2, 42)

Hay una estrecha relación entre la Eucaristía y la solidaridad fraterna. Por esto mismo Pablo se indignará con los cristianos de Corinto porque celebran la eucaristía de forma poco solidaria, en medio de profundas divisiones sociales (1 Cor 11, 17-34).

Por esto también a lo largo de la historia de la Iglesia, la eucaristía ha sido el lugar de compartir bienes, en forma de colectas, de liberar esclavos, de denunciar injusticias, de pedir que los soldados no disparen al pueblo (Mons. Romero).

Digamos para acabar, que el artífice de esta comunión con Dios, fraterna y Eucarística es el Espíritu Santo, el mismo que es lazo de la comunión Trinitaria. Por esto la comunión de los santos en el Credo está unida a la profesión de fe en el Espíritu.


Algunas consecuencias

Podemos preguntarnos si los cristianos de hoy vivimos esta dimensión solidaria de la fe y de la Iglesia, o si nos hemos encerrado en un individualismo espiritualista.

Podemos interrogarnos si los cristianos sabemos juntar la dimensión vertical de la comunión con la horizontal de la solidaridad fraterna.

Podemos preguntarnos si la Iglesia es signo de esta comunión en el mundo y si trabaja suficientemente por la solidaridad entre los pueblos.

Podemos preguntarnos si la eucaristía es para el cristiano un lugar donde halla la raíz de la comunión y si nuestras eucaristías nos llevan a la solidaridad con los pobres de la Iglesia y del mundo.

Podemos preguntarnos si muchas veces la eucaristía no se convierte en un rito meramente exterior que pretende encubrir; bajo capa de unidad y de comunidad, las reales diferencias sociales, la violación de los derechos humanos, las opresiones injustas.


Preguntas para el grupo:

1. ¿Qué signos de comunión vivimos en nuestra Iglesia?

2. ¿Ocupa para nosotros la eucaristía un lugar central en nuestra vida cristiana?

"Este sacramento (de la Eucaristía) es un sacramento de paz. No nos consciente codiciar las riquezas. Y no pensemos que basta para nuestra salvación presentar al altar un cáliz de oro y piedras preciosas, después de haber despojado a viudas y huérfanos. Este sacramento no necesita preciosos manteles, sino un alma pura. Los pobres, en cambio, sí requieren muchos cuidados. Aprendamos, pues, a pensar rectamente y a honrar a Cristo, como él quiere ser honrado... ¿Qué le aprovecha al Señor que su mesa esté llena de vasos de oro si él se consume de hambre? Sacien primero su hambre, y luego, de lo que sobra, adornen también su mesa".
(San Juan Crisóstomo, Obispo de Antioquía del S. IV).


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10 EL PERDÓN DE LOS PECADOS



Pecado y misericordia

El misterio de la Iglesia, comunión de los santos, se explicita más en el artículo sobre el perdón de los pecados. La Iglesia, por la fuerza del Espíritu, es la comunidad del perdón.

Pertenece a la revelación bíblica la existencia del pecado que rompe nuestra relación con Dios y con los hermanos. En el Génesis se expresa esta historia de pecado a través del relato poético y simbólico del paraíso: el pecado lleva a la expulsión del paraíso donde Dios se comunicaba con la primera pareja humana (Gn 3, 14-24) y comienza un dinamismo de muerte fratricida (Caín mata a Abel, Gn 4), de destrucción de la naturaleza (diluvio, Gn 6-9 ), y de destrucción y desintegración social (Babel, Gn 11). El pecado es excomunión.

Pero junto a esta revelación del pecado se revela la misericordia de Dios que salva, perdona, reintegra a la comunión. Dios aparece como clemente, misericordioso, lento a la ira, tierno y compasivo. Los profetas anuncian esta misericordia de Dios y prometen que Dios infundirá su Espíritu para crear un corazón nuevo al pueblo de Israel (Ez 36).

Al llegar a la plenitud de los tiempos, Juan Bautista volverá a predicar la conversión y bautizará a orillas del Jordán con un bautismo de penitencia, que anuncia el bautismo del Espíritu que Jesús realizará (Lc 3).

Jesús comenzará su predicación exhortando a la conversión porque el Reino de Dios se hace presente (Mc 1, 15) y con escándalo de los que se sentían puros (fariseos, escribas), come con los pecadores y perdona pecados, simbolizando así el Reino de misericordia que él inaugura (Mc 2; Lc 19). La parábola del Hijo pródigo es una respuesta a los que se escandalizaban de su trato con pecadores: les enseña que Dios es como el Padre del Hijo pródigo, no como el hermano mayor (Lc 15, 1-32).

Pero sobre todo, con su muerte y resurrección Jesús nos perdonó los pecados y nos reconcilió con su Padre (2 Cor 5, 19), liberándonos del pecado (Rm 5) y devolviéndonos la comunión.

Pero esta actuación misericordiosa y perdonadora de Jesús no queda interrumpida por su ausencia visible. La Iglesia, llena del Espíritu de Jesús, continúa manifestando al mundo la misericordia de Dios y perdona los pecados.


El bautismo

El sacramento principal y primero para el perdón de los pecados es el bautismo. Cuando el Credo hace alusión al perdón de los pecados, está pensando primariamente en el bautismo.

En el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles aparece claramente cuál es el sentido del bautismo cristiano:

- En Pentecostés el Espíritu desciende sobre los apóstoles en forma simbólica de lenguas de fuego: nace la Iglesia, la comunidad capaz de crear comunión y de superar la división de Babel (Hch 2, 1-21).

- Pedro, en nombre de toda la Iglesia anuncia que Jesús, el crucificado, ha sido resucitado y ha derramado el Espíritu (Hch 2, 22-36).

- Los israelitas, profundamente conmovidos, le preguntan qué deben hacer y Pedro les exhorta a convertirse y bautizarse para así recibir el Espíritu prometido (Hch 2, 37-39).

- Más de 3.000 personas se bautizan y se agregan a la comunidad de los apóstoles (Hch 2, 40-41).

- La primera comunidad persevera en la enseñanza apostólica, la oración, la fracción del pan y la puesta en común de sus bienes (Hch 2, 42), en alegría y sencillez (Hch 2, 43-47).


El bautismo de adultos, que es el que se daba en la Iglesia primitiva, exige adhesión a la Palabra cambio de vida y un morir y resucitar con Cristo, simbólicamente representado en el rito bautismal del agua (Rm 6). El bautismo no sólo nos perdona los pecados personales, sino que también nos purifica del llamado "pecado original", dándonos fuerza para superar el pecado del mundo que nos rodea, pecado que tiene una larga historia, pues proviene desde los orígenes de la humanidad.

La Iglesia desde sus comienzos bautiza a los que creen en Jesús, siguiendo las enseñanzas del evangelio de Jesús (Mt 28, 16-19). Pronto comenzará también a bautizar a los niños hijos de familias cristianas, exigiendo a éstas que eduquen a sus hijos en la fe de la Iglesia. Para que un día éstos puedan asumir personalmente y de forma adulta la fe recibida en el bautismo.


La Penitencia

Pero la Iglesia posee otros sacramentos para el perdón de los pecados cometidos después del bautismo: el sacramento de la penitencia o de la reconciliación. Fundamento en el Nuevo Testamento (Mt 18; Jn 20, 19-23), este sacramento perdona los pecados de los ya bautizados con la fuerza del Espíritu que Jesús, con su pasión y resurrección, ha dado a su Iglesia.

Este sacramento, que ha tenido diversas formas de celebración a lo largo de la historia de la Iglesia, es celebrado por la comunidad eclesial presidida por su ministro, el sacerdote, quien en nombre de la Iglesia puede reconciliar al pecador con la comunidad eclesial y así reintegrarlo a la comunión eclesial y a la eucaristía, de las que por el pecado el pecador se había excluido.

El perdón de los pecados, tanto por el bautismo como por la penitencia, se orienta hacia la comunión eclesial y por medio de ellas hacia la comunión con Dios. Sólo el Espíritu es capaz de reintegrar a la comunión con Dios y con los hermanos. Por esto el artículo del perdón de los pecados se incluye dentro de nuestra fe en el Espíritu.


Algunas consecuencias

• La Iglesia es santa y pecadora, posee el Espíritu, pero está siempre llamada a la conversión y debe anunciar siempre el perdón de Dios.

• El bautismo no puede ser una práctica meramente de costumbre, sino que exige un vivir la vida del Reino y el seguimiento de Jesús. En el caso del bautismo de los niños, los padres y padrinos deben comprometerse a educar a los niños cristianamente, con sus ejemplos y enseñanzas.

• Frente a los que dicen que prefieren "confesarse directamente con Dios", hay que recordar que el pecado tiene siempre dimensiones comunitarias y eclesiales, y que también la reconciliación debe pasar por la comunidad eclesial presidida por su ministro. El hijo pródigo de la parábola no entró a sentarse directamente al banquete sin antes haberse reconciliado con su padre y haberle dicho que había pecado contra Dios y contra él (Lc 15, 21).

La reconciliación con Dios pasa por la reconciliación con la comunidad eclesial.

• Tanto el bautismo como la penitencia no se acaban con el rito litúrgico. Presuponen continuar luchando contra el pecado del mundo, contra el pecado personal y contra las estructuras de pecado de nuestro mundo lleno de injusticias.


Preguntas para el grupo:

1. ¿Tenemos conciencia de la importancia del bautismo en nuestra vida cristiana y la de nuestros hijos?
2. ¿Frecuentamos el sacramento de la penitencia o reconciliación?

"Oh Dios,
que realizas en tus sacramentos obras admirables
con tu poder invisible
y de diversos modos te has servido de tu criatura,
el agua para santificar la gracia del bautismo.

Oh Dios,
cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo,
se cernía sobre las aguas,
para que desde entonces
concibieran el poder de santificar.

Oh Dios,
que incluso en las aguas torrenciales del diluvio
prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad,
de modo que una misma agua
pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Oh Dios,
que hiciste pasar a pie enjuto por el Mar Rojo
a los hijos de Abraham,
para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón
fuera imagen de la familia de los bautizados.

Oh Dios,
cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán,
fue ungido con el Espíritu Santo;
colgado en la cruz
vertió de su costado agua, junto con sangre;
y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:
"vayan y hagan discípulos de todos los pueblos,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del hijo,
y del Espíritu Santo".

Mira, ahora, a tu Iglesia en oración
y abre para ella la fuente del bautismo.
Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo,
la gracia de tu Unigénito,
para que el hombre, creado a tu imagen
y limpio en el bautismo,
muera al hombre viejo
y renazca como niño, a nueva vida
por el agua y el Espíritu.
Te pedimos, Señor
que el poder del Espíritu Santo,
por tu Hijo,
descienda sobre el agua de esta fuente
para que los sepultados con Cristo en su muerte,
por el bautismo,
resuciten a él a la vida.
Por Jesucristo nuestro Señor
Amén.

(Bendición del Agua en la liturgia del bautismo).


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#32 Ge. Pe.

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Publicado el 15 julio 2007 - 05:12

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Seguimos... ¿cuantos de nosotros sabiamos esto?

NUESTRO CREDO

VÍCTOR CODINA




11 LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VIDA ETERNA


La muerte

La muerte es una realidad universal, angustiosa para todos y llena de incertidumbre. Pero esta realidad es experimentada de forma muy diversa según las condiciones sociales y humanas de cada uno. Mientras que para el rico acaudalado la muerte es temida porque acaba con su situación de bienestar y riqueza, que tiene que abandonar en este mundo, para los sectores populares y pobres la muerte es vivida como realidad habitual, muerte precoz o violenta, que acaba con una vida infrahumana.

Ante esta realidad las posturas pueden ser, además diversas según mentalidades y creencias:

- Para algunos, la muerte acaba con todo, todo el hombre muere y sólo queda la marcha de la historia en la que el hombre pervive anónimamente (postura materialista).

- Para otros, sólo se salva el alma, que va peregrinando por el mundo en busca de purificación (postura animista).


Ninguna de estas dos posturas se puede llamar cristiana. El dogma de la resurrección de los muertos rompe todo materialismo de que la muerte acaba con todo, pero tampoco se identifica con la creencia de la inmortalidad del alma. No es simplemente un retorno a la vida anterior, como sucedió en el caso de Lázaro (Jn 11), ni una simple pervivencia individualista.


¿Cuál es el mensaje de la resurrección de los muertos?

Frente a la angustiosa pregunta sobre la muerte y el más allá, el cristianismo anuncia el dogma de la resurrección de los muertos.

¿Qué incluye este artículo del Credo?

Lo podríamos resumir en las siguientes afirmaciones:

- El Dios Creador, que ha constituido al ser humano, como viviente (Gn) y que ha enviado a su Hijo al mundo para que asumiera la condición humana, no permitirá que la muerte destruya para siempre la persona humana ni la obra de la creación.
- Al final de los tiempos, cuando el Señor venga a juzgar a los vivos y a los muertos, recompensará a cada uno según sus obras:
"los que hicieron el bien saldrán (de los sepulcros) y resucitarán para la vida; pero los que obraron el mal resucitarán para la condenación" (Jn 5, 29).
- Para los que murieron en Cristo, el hombre entero llegará a la plenitud de la perfección, en su doble dimensión corporal y espiritual, a una transfiguración de la condición histórica mortal en una vida plena, a imagen y semejanza de la de Jesús resucitado.
- También el mundo material participará de esta glorificación plena del hombre, y surgirá una nueva creación, nuevos cielos y nueva tierra.
- Toda esta resurrección humana y cósmica será para siempre y tendrá lugar al final de los tiempos, aunque ya después de la muerte, el ser humano, personal y libre, comienza a gozar de la vida de Dios.
- La resurrección y la vida eterna es un don del Espíritu de Dios, del mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos.

En resumen, "el Dios que da la vida a los muertos y llama a lo que aún no existe, como si existiera" (Rm 4, 17), no nos abandona jamás, ni siquiera en la hora de nuestra muerte.


¿Cómo ha surgido la idea de la resurrección?

Como hemos visto ya, el pueblo de Israel durante muchos siglos no tuvo una idea clara sobre la muerte y el más allá. Los muertos iban, según su creencia, al Sheol o Hades, lugar de sombras y lejanía de Dios. En tiempo de la persecución de Antíoco IV, en tiempo de Macabeos, es cuando aparece clara la fe en la resurrección de los muertos. La madre al ver morir a sus siete hijos, les exhorta al martirio con estas palabras:

"Dios, creador del mundo, que formó el género humano y ha creado cuanto existe, él les dará de nuevo el espíritu y la vida por su misericordia" (2 Mac 7, 23).

Semejantes ideas aparecen en Daniel (Dan 12, 2) y ya antes en algunos profetas (Ez 37, 1-14; Is 52,13; 53, 10-11), de forma que en tiempo de Jesús esta idea de resurrección aparece atestiguada en los evangelios (Jn 5, 28-29; 6, 39-40.44-45; 11, 24).. Dios es un Dios de vivos no de muertos (Mc 12, 18-27). Precisamente esta idea de resurrección fue la que permitió comprender la resurrección de Jesús como inicio de los tiempos nuevos. Desde entonces la resurrección de los muertos ha pasado a ocupar un lugar central en la doctrina cristiana.

En Pablo estas ideas forman parte de su predicación (Hch 17, 32; 23, 6-8; 24, 14-15) y de los escritos paulinos (1 Tes 4, 13-17; Col 1, 18; Flp 3, 21) y sobre todo del capítulo 15 de la primera carta a los Corintios. en este gran texto, frente a tendencias espiritualistas y paganas, Pablo afirma claramente la resurrección de los muertos, de la que Cristo resucitado es la primicia.

A través de estos textos aparecen claramente la fe en la resurrección de los muertos: el ser humano, en toda su integridad, participa de la resurrección de Jesús al final de los tiempos; esta misteriosa transformación humana es obra del Espíritu, Espíritu de vida, que da la vida y la recrea hasta que llegue a plenitud (Sal 104, 30; Ez 37, 1-14; Rm 8, 11.23; 2 Cor 5, 5).


Los nuevos cielos y la tierra nueva

El ser humano está en el mundo material y así como el pecador humano tiene consecuencias negativas para el cosmos (Gn 3, 17-18; Gn 6), también la restauración y glorificación humana repercute positivamente en el mundo. Los profetas anuncian una nueva creación, que no es la aniquilación de la ya existente y la aparición de otra nueva, sino la transfiguración del mundo presente:

"Pues yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva y el pasado no se volverá a recordar más, ni vendrá más a la memoria" (Is 67, 17)

Esta afirmación se mantiene también en el Nuevo Testamento (2 Pe 3, 13; Ef 1, 10; Col 1, 20), y sobre todo en Rm 8, 19-23, donde se expresa el gemido de la creación, en dolores de parto, esperando la plena liberación de toda esclavitud.

Toda esta reflexión pasará a la tradición de la Iglesia, al símbolo y a las enseñanzas recientes del magisterio de la Iglesia (LG 48) y sobre todo a la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, del Vaticano II.

"Ignoramos el tiempo en que se llevará a cabo la consumación de la tierra y de la humanidad, ni conocemos el modo cómo se transformará el universo. Pasa, desde luego, la figura de este mundo deformada por el pecado, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia y cuya bienaventuranza será capaz de saciar y hacer rebosar todos los anhelos de paz que brotan del corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo y lo que fue sembrado en enfermedad y corrupción se revestirá de incorruptibilidad, y permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de servidumbre de la vanidad de las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre" (GS 39).


Vida eterna

Este será el "comienzo" de una vida sin fin, eterna, llena de gozo y felicidad para todos los que siguieron en su vida el camino de Jesús. Se le puede llamar "gloria", "cielo", "paraíso", "Jerusalén celeste", "banquete de bodas", formas todas simbólicas e inadecuadas para expresar algo que supera nuestra imaginación y nuestro sentido: la comunión plena de toda la persona humana, de la comunidad humana y del mundo, con el Dios de la vida, con Cristo:

"Y para siempre estaremos con el Señor" (1 Tes 4, 17)

La categoría que tal vez podamos comprender mejor desde América Latina para explicar la vida eterna, es la de la "fiesta"; una fiesta sin fin de toda la humanidad salvada, en los cielos nuevos y la tierra nueva, con el Señor:

"He aquí la morada de Dios con los hombres,
él habitará con ellos
ellos serán su pueblo
y Dios mismo será Dios -con- nosotros
se enjugará toda lágrima de sus ojos
y no habrá más muerte, ni luto
ni clamor, ni pena
porque el primer mundo ha desaparecido" (Ap 21, 1-4).

María participa ya en cuerpo y alma de esta nueva tierra y nuevos cielos, y es para nosotros una señal de esperanza (LG 68 ).


Algunas consecuencias

• El pensamiento de la vida eterna nos debe hacer más responsables: Dios toma en serio nuestras opciones y nuestra libertad. Si optamos por el Dios de la vida, participaremos de la vida de Dios para siempre (cielo), pero si optamos por la muerte, nuestra muerte será eterna (condenación o infierno).

• El Dios de los pobres y de la vida no nos abandonará jamás, ni siquiera en el momento de la muerte, sino que nos resucitará a nosotros y al mundo a una vida nueva.

• Este pensamiento lejos de conducir a la pasividad o a huir de los problemas de la vida y de la política, como sucede en algunas sectas, nos lleva a un compromiso con el mundo y con su transformación:

"no obstante, la esperanza de una tierra nueva no debe amortiguar sino más bien avivar la preocupación por perfeccionar esta tierra, donde se desarrolla el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera ofrecer un destello del nuevo mundo. Por tanto, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana interesa en gran medida, al Reino de Dios" (GS 39).

• Se trata pues de ir preparando la nueva tierra ya aquí, procurando un progreso humano verdadero, el cual sólo será real si no está alienado por estructuras socioeconómicas injustas.

• Hay que evitar realizar aquí el Reino pleno, cayendo en formas de mesianismos más o menos fanáticos, que busquen aquí "la tierra sin mal". Esto no es posible totalmente, sino sólo al final de los tiempos, pero hay que ir trabajando en esta dirección, sabiendo que nunca llegaremos a ello, ni nunca podremos decir que el Reino de Dios ya está definitivamente. Esto exige una actitud difícil, a la vez de compromiso y de sentido crítico.

• La esperanza de la nueva tierra se alimenta de señales concretas, aunque sean tan sencillas, como las que Isaías proclama: "Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos" (Is 65, 21), lo cual, como decía Mons. O. Romero, es ya una señal de esperanza para quienes no tienen casa, ni viña y construyen y trabajan para otros.

• Finalmente en la situación de persecución y martirio que vive hoy América Latina en muchos lugares, la resurrección de los muertos es una señal de esperanza: Dios está de parte de los oprimidos, no de los opresores, y no dejará que permanezcan vencidos para siempre los pobres y débiles de este mundo, sino que los resucitará para la vida eterna y su sangre será semilla del Reino.


Preguntas para el grupo:

1. La esperanza del cielo ¿sirve para comprometernos más en esta vida, o bien nos adormece?
2. ¿Estamos convencidos de que el trabajo que aquí hagamos por el Reino tiene ya un valor permanente para siempre?

"Yo tuve un sueño. Soñé que un día esta nación se levantará y vivirá de acuerdo con el verdadero significado de su Credo, el cual sostiene de forma incontrovertible, que todos los hombres fueron creados iguales.
Yo tuve un sueño. Soñé que un día los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los amos llegarían juntos a la mesa fraternal.
Yo tuve un sueño. Soñé que mis cuatro hijitos vivirían un día en una nación donde no serían juzgados por el color de su piel, sino por las virtudes de su carácter.
Yo tuve un sueño. Soñé que un día pequeños niños negros y pequeñas niñas negras estrecharán sus manos con las de niños y niñas blancas, como hermanos y hermanas.

Y cuando esto suceda, uniremos nuestras manos y cantaremos: iguales al fin, iguales!"
(Luther King, defensor de la igualdad racial y de la no violencia, asesinado violentamente).

"La patria está gestando un hijo
con sangre y con dolor...
Lloran los atardeceres
esperando que el hijo nazca sin odios y con amor
Mi tierra está preñada de vida
en esta noche de dolor,
esperando que despunte el alba
con un hombre nuevo, Señor"


(Enrique Angelelli, Obispo Argentino y mártir, asesinado durante la Junta Militar Argentina).



12 AMÉN



El Credo acaba con la palabra Amén, que significa así es en realidad, en esto confío en todo esto me apoyo y pongo mi esperanza, así sea.

Al acabar el Credo no podemos dudar de que el Padre Creador, Jesús de Nazaret el Señor y el Espíritu vivificador están con nosotros, nos acompañan en nuestra marcha hacia el Reino. Dios es el Dios -con- nosotros y continúa caminando con su pueblo, aunque a veces no lo reconozcamos, como sucedió a los discípulos que iban a Emaus (Lc 24, 15).

Pero esa fe nos lleva al compromiso de seguir caminando con el Señor por nuestra historia, siguiendo sus huellas, para ir construyendo, en la Iglesia, con todos los hombres de buena voluntad, el Reino de Dios.

Sabemos que la empresa es ardua y que la plenitud definitiva del Reino sólo se dará al final de los tiempos, pero confiamos en la fuerza de su Espíritu y en su amor para con su pueblo. La marcha por la vida no quedará interrumpida.

Y al acabar le pedimos como los discípulos de Emaús:

"Señor, quédate con nosotros, porque la tarde cae
y se termina el día" (Lc 24, 29).

Y el Señor volverá a partir el pan para el pueblo, pero ya no desaparecerá más.

"Yo estoy con ustedes todos los días hasta
que se termine este mundo" (Mt 28, 20)
¡Amén!

"Creemos en Dios Padre Todopoderoso que nos
da la vida, que quiere la justicia y la igualdad,
que ama con predilección a los pobres, que reúne
a su pueblo, que quiere el cambio y que camina
con nosotros en la búsqueda de la tierra prometida.

Creemos en Jesús, nuestro hermano, Palabra de Dios
encarnada en el pueblo sencillo y sufriente que lleva
la cruz de la opresión.

Creemos que la última palabra no es la de Pilato
ni la de los opresores sino la del pueblo que camina
y celebra la resurrección: triunfo del Dios de la vida.

Creemos en el Espíritu de Jesús que actúa
en la pobreza, la impotencia, ignorancia,
debilidad, dolor y persecución del pueblo para construir
un mundo de fraternidad, de justicia y amor.

Creemos en el Espíritu que está presente
y guía las Comunidades Eclesiales de Base,
semillas del reino para construir un nuevo
modelo de Iglesia, comunidad de Jesús; profética
misionera, liberadora y comprometida con el pueblo.

Creemos en la fuerza del Espíritu que nos
da la esperanza para destruir el monstruo
de la injusticia y del hambre que domina en
América Latina.

Creemos en las Comunidades Eclesiales de Base
guiadas por María, mujer sencilla
del pueblo y modelo de una nueva relación
entre el hombre y la mujer,
en donde los pobres somos sujetos de nuestra propia liberación.

(Credo del I Congreso Andino de CEBs, Oruro 1986)



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Fin del articulo... invitaciones a la reflexion...
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#33 Ge. Pe.

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Publicado el 22 julio 2007 - 08:01

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Para los cristianos de ayer, de hoy o de mañana. Una concepcion del mundo y un modo de vida. Su lectura es aconsejable para quienes lo son y para quienes no lo son. Tal vez asi, se pueda evitar tanto dolor en el mundo globalizado y capitalista.
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SER CRISTIANO EN AMÉRICA LATINA

VÍCTOR CODINA SJ



Contenido:

INTRODUCCION

PRIMERA PARTE

¿QUE SIGNIFICA SER CRISTIANO HOY EN AMERICA LATINA?

1. AMERICA LATINA CONTINENTE POBRE Y CRISTIANO
2. SER CRISTIANO NO ES SIMPLEMENTE. . .
3. SER CRISTIANO ES SEGUIR A JESUS
4. ALGUNAS CARACTERISTICAS DEL SEGUIMIENTO DE JESUS EN AL HOY

SEGUNDA PARTE

CLAVES DE LECTURA DEL CRISTIANISMO

1. CLAVES O ESQUEMAS MENTALES
2. TRES CATECISMOS
3. EXPOSICION DE LAS TRES CLAVES DE LECTURA DE LA FE
4. TRES VISIONES DEL CRISTIANISMO

1. El misterio de Dios.

2. Jesucristo.

3. Antropología

4. La Iglesia.

5. Sacramentos

6. Espiritualidad.

7. Pastoral.

8. Educación.

9. Otros temas.

5. REFLEXIONES FINALES

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INTRODUCCION


Un compañero mío, con amplia experiencia pastoral, me pidió hace un año que escribiese una especie de iniciación a la vida cristiana, que pudiese servir para enseñar a adultos los puntos básicos del cristianismo.

Acepté, ingenuamente, la invitación, pero al correr de los meses he ido viendo lo arriesgado de la empresa. No se me pedía ni un credo, ni un catecismo, ni un manual de teología dogmática, sino algo más nuclear y elemental: una especie de síntesis de la vida cristiana.

En realidad no soy el primero en intentar acometer esta tarea. Hay una larga lista de ilustres teólogos, sobre todo del mundo alemán, que han intentado responder a la pregunta... ¿Qué es ser cristiano?... R. Guardini, H.U. von Balthasar, W. Kasper, J. Ratzinger, K. Rahner, H. Kung..., por sólo citar algunos de los nombres más conocidos, han escrito densos y a veces gruesos volúmenes de introducción al cristianismo. ¿Pero quién se atreverá a ofrecer a una pareja de campesinos latinoamericanos que se van a casar por la Iglesia, tal vez después de muchos años de vivir ya juntos, las casi ochocientas páginas del Ser Cristiano de H. Kung?. Todas estas obras responden a un ambiente social y a una problemática teórica que no son los de las mayorías populares de América Latina.

Dudo mucho que mis páginas respondan a la expectativa de mi compañero. Seguramente no serán fácilmente comunicables a la pareja de campesinos que van a contraer matrimonio. Pero espero que por lo menos ofrezcan a los agentes pastorales algunas pistas para la reflexión y el diálogo sobre cómo ser cristiano hoy y aquí en América Latina.

Este diálogo no puede reducirse a explicar y a hacer aprender de memoria el Credo, los Mandamientos, los Sacramentos y el Padre Nuestro, que son como los cuatro pilares clásicos del catecismo tradicional. Nuestro pueblo espera de la Iglesia algo más que unas fórmulas para aprende de memoria, por más que no se pueda despreciar el papel de la memoria. El pueblo espera, sobre todo, un camino, un aliento liberador, una orientación que dé sentido evangélico a la lucha de cada día por sobrevivir, el sentirse acompañado por la bendición de Dios en su pobre vida, tan llena de sufrimientos.

La primera parte de este folleto intentará dar una respuesta a esta inquietud.

La segunda parte, que expone diversas claves de lectura del cristianismo pretende justificar el por qué de la definición de cristianismo que se da en la primera parte. Más larga, y tal vez menos sencilla, quiere ser algo así como "el libro del maestro". No siempre se ha presentado igualmente la fe cristiana. ¿Por qué hoy en América Latina se insiste más en unos aspectos que en otros?.

Esta segunda parte puede ser útil para comprender la evolución histórica de las formulaciones cristianas y para ubicarnos mejor en la Iglesia latinoamericana de hoy.

Sin la sugerencia de mi compañero, seguramente no hubieran nacido estas páginas. Tampoco sin el aliento de grupos cristianos y de comunidades populares, que expresaron que estas formulaciones respondían a sus inquietudes. La teología cada día ha de estar más a la escucha del clamor popular.

El Autor


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PRIMERA PARTE

¿QUE SIGNIFICA SER CRISTIANO HOY EN AMERICA LATINA?

1. AMERICA LATINA CONTINENTE POBRE Y CRISTIANO


América Latina es, desde hace cuatro siglos, un continente pobre y cristiano. La inmensa mayoría del continente vive en situaciones de hambre y miseria, que se manifiestan en la mortalidad infantil, muy elevada, falta de vivienda digna, problemas de salud, salarios bajísimos, desempleo y subempleo, inestabililidad laboral, migraciones masivas, analfabetismo, marginación de indígenas y afro-americanos, esclavitud de la mujer, etc. (DP 29-41). A estos problemas económicos se suman los que nacen de los abusos de poder, típicos de los gobiernos de fuerza (DP 42-46).

Pero este pueblo es cristiano, y en su mayoría católico. Esto implica no sólo haber sido bautizado, sino haber asimilado los valores profundos del Evangelio, que se han insertado en sus riquezas humanas, culturales y religiosas ancestrales.

Ahora bien, resulta contradictorio con el ser cristiano, la forma como muchos cristianos de América Latina viven su fe. Por una parte, una minoría rica y poderosa, se llama cristiana y defensora de la tradición occidental y utiliza la fe como instrumento para mantener sus privilegios de grupo social, sometiendo a las mayorías a una situación infrahumana. Por otro lado, grandes masas populares viven su fe cristiana de forma alienante. Para muchos, la fe es sólo una ayuda para resignarse más fácilmente y esperar la compensación del premio en la otra vida. El cristianismo se convierte de hecho en una droga, en anestésico adormecedor.

Puebla reacciona frente a esta situación:

"Vemos a la luz de la fe, como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres. El lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas. Esto es contrario al plan del creador y al honor que le debe. En esta angustia y dolor la Iglesia discierne una situación de pecado social, de gravedad tanto mayor por darse en países que se llaman católicos y que tienen capacidad de cambiar (DP 28).

Frente a esta situación de pobreza y de cristianismo alienante y alienado, surge hoy en toda América Latina una doble toma de conciencia. Por un lado, se comienza a ver esta situación de pobreza como no casual ni natural, sino fruto de estructuras económicas, sociales y políticas injustas (DP 30).

Y también existe en toda América Latina un despertar cristiano, que ayuda a comprender que el Evangelio no puede servir de excusa para oprimir al pueblo, ni de droga para no intentar cambiar la situación.

Es en este contexto, relativamente nuevo, desde donde brota la pregunta, ¿qué es ser cristiano hoy en América Latina? La pregunta por el significado del cristianismo no es nunca abstracta, sino que siempre dice referencia concreta a un lugar y a una época. Por esto, antes de intentar responder a esta cuestión, es preciso reflexionar desde dónde se hace la pregunta. Desde el continente de América Latina, pobre y cristiano, que comienza a tomar conciencia de su doble condición de pobre y de creyente, surge la pregunta sobre el significado de la vida cristiana. Seguramente ser cristiano es diferente de lo que muchos han creído hasta ahora.


2. SER CRISTIANO NO ES SIMPLEMENTE. . .


Antes de responder de forma positiva a la pregunta sobre el ser cristiano, es necesario deshacer los equívocos de falsas o insuficientes definiciones del cristianismo.

1. Ser cristiano no es simplemente hacer el bien y evitar el mal.
Hay muchas personas honestas, que trabajan por construir un mundo mejor e intentan luchar contra la corrupción y la injusticia. Les mueven motivos nobles y una ética humanística. Sin embargo, a pesar de sus aportes positivos y sus valores humanos, no por esto pueden ser llamados propiamente cristianos.

2. Ser cristiano no es simplemente creer en Dios. judíos y mahometanos, budistas e hindúes, y miembros de otras grandes religiones de la humanidad, creen en Dios, origen y fin último de todo, pero no creen en Jesucristo. Por más que sus vidas y esfuerzos estén bajo el amor providente de Dios y la fuerza de su Espíritu, no pueden ser llamados cristianos.

3. Ser cristiano no consiste simplemente en cumplir unos ritos determinados. Toda religión posee ceremonias y ritos simbólicos, pues de lo contrario se convertiría en un mero intelectualismo ético para minorías. Pero no basta haber sido bautizado, haber hecho la primera comunión, asistir a procesiones, peregrinar a santuarios marianos, celebrar festividades para poder ser identificado como cristiano. Los fariseos del tiempo de Jesús eran muy fieles en sus ritos y sin embargo Jesús los denunció cómo hipócritas (Mt 23). El rito es necesario, pero no suficiente para ser cristiano.

4. Ser cristiano no se limita a aceptar unas verdades de fe, en unos dogmas, recitar el Credo o saberse el catecismo de memoria. Muchos que profesan la doctrina cristiana recta, están en la práctica muy lejos del Evangelio. Es necesario aceptar la fe de la Iglesia, conocer sus leyes y preceptos, pero esto no basta para ser cristiano. El cristianismo no es sólo una doctrina.

5. Ser cristiano no se identifica con seguir una tradición, que se mantiene de siglos a través de un ambiente. Toda religión reconoce la importancia del peso de la historia, pero el cristianismo no es simplemente una cultura, un folklore, un arte, una costumbre inmemorial que se transmite a través de los años.

6. Ser cristiano no puede consistir únicamente en prepararse para la otra vida, esperar en el más allá, mientras uno se desinteresa de las cosas del presente o se limita a sufrirlas con resignación. La fe cristiana afirma la existencia de una vida eterna y la consumación de la tierra pero la esperanza de una tierra nueva no debe amortiguar la preocupación por transformar y cambiar esta historia (GS 39). Por esto no se puede llamar cristiano a quien se inhibe de las preocupaciones históricas, con la excusa del cielo futuro.


Ser cristiano no se identifica con ninguna de estas posturas u otras semejantes. Algunas son previas al cristianismo (hacer el bien, creer en Dios), otras admiten elementos necesarios pero no suficientes (practicar ritos, aceptar verdades), otras son mutilaciones del cristianismo (reducirlo a una tradición o a la espera de los bienes eternos).

Seguramente la contradicción del cristianismo de América Latina nace de que muchos cristianos se identifican con algunas de estas formas inadecuadas de cristianismo. El resurgir de la Iglesia latinoamericana está ligado a una visión más auténtica del ser cristiano.



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#34 Ge. Pe.

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Publicado el 29 julio 2007 - 07:18

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SER CRISTIANO EN AMÉRICA LATINA
VÍCTOR CODINA SJ



3. SER CRISTIANO ES SEGUIR A JESUS

No se puede ser cristiano al margen de la figura histórica de Jesús de Nazaret, que murió y resucitó por nosotros y Dios Padre le hizo Señor y Cristo (Hch 2,36). Lo cristiano no es simplemente una doctrina, una ética, un rito o una tradición religiosa, sino que cristiano es todo lo que dice relación con la persona de Jesucristo. Sin él no hay cristianismo. Lo cristiano es El mismo. Los cristianos son seguidores de Jesús, sus discípulos. En Antioquía, por primera vez los discípulos de Jesús fueron llamados cristianos (Hch 11,26).

La vida cristiana es un camino (Hch 9,2), el camino de seguimiento de Jesús. Los Apóstoles, primeros seguidores de Jesús, son el modelo de la vida cristiana. Ser cristiano es imitar a los Apóstoles en el seguimiento de Jesús. De los Apóstoles se dice que siguieron a Jesús. (Lc 5,11) y a este seguimiento es llamado todo bautizado en la Iglesia. Los Apóstoles no fueron únicamente los discípulos fieles del Maestro, que aprendieron sus enseñanzas, como los jóvenes de hoy aprenden de sus profesores. Ser discípulo de Jesús comportaba para los Apóstoles estar con él, entrar en su comunidad, participar de su misión y de su mismo destino (Mc 3,13-14; 10, 38-39 ). Seguir a Jesús hoy no significa imitar mecánicamente sus gestos, sino continuar su camino "pro-seguir su obra, per-seguir su causa, con-seguir su plenitud" (L. Boff). El cristiano es el que ha escuchado, como los discípulos de Jesús, su voz que le dice: "Sígueme" (Jn 1,39-44; 21,22) y se pone en camino para seguirle.

¿Pero qué supone seguir a Jesús?


1. Seguir a Jesús supone reconocerlo como Señor.

Nadie sigue a alguien sin motivos. Los Apóstoles siguieron a Jesús porque reconocieron que El era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1,29-37), el Mesías, el Cristo (Jn l,41), Aquél de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas (Jn 1,45), el Hijo de Dios, el Rey de Israel (Jn 1,49). Ante Jesús, Pedro exclama antes de seguirle: "Señor, apártate de mí, que soy un pecador" (Lc 5,8 ). Los Apóstoles reconocen que Jesús es Aquél que los profetas habían anunciado como Mesías futuro y que Juan Bautista había proclamado como ya cercano (Jn 1,26; Lc 3,16).

Hoy el cristiano reconoce a Jesús como el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6), la Puerta (Jn 10,7), la Luz (Jn 8,12), el Buen Pastor (Jn 10,11, 14), el Pan de Vida (Jn 6), la Resurrección y la Vida (Jn 11,25), la Palabra encarnada (Jn 1,l4), el Cristo, el Hijo del Dios Vivo, (Mt 16,16), el Hijo del Padre (Jn 5,19-23; 26-27; 36-37; 43 ss), el que existe antes que Abraham (Jn 9,58), el Señor Resucitado (Jn 20-21), el Juez de Vivos y Muertos (Mt 35,31-45), el Principio y el Fin, el que es, era y ha de venir, el Señor del Universo (Ap 1,8 ).

El cristiano no sigue, pues a cualquiera, sino al Señor de quien parte la iniciativa para que le sigamos. El es quien siempre llama y nos dice a cada uno de nosotros "Sígueme". El llamado viene de El, a través de la Escritura, de la Iglesia o de los acontecimientos de la historia. Ante esta vocación el cristiano exclama como Pedro: ¿"Señor a quién iríamos"? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo Dios " (Jn 6,68 ).

La fe cristiana no consiste propiamente en aceptar doctrinas, sino en reconocer a Jesús como Señor y seguirle. El Credo es la profesión de fe del que sigue a Cristo. El Credo que se enseñaba a los catecúmenos en el tiempo de preparación al bautismo, no era una simple lección de memoria, sino la contraseña que les identificaba como seguidores de Jesús ante el mundo. Sabían a quien seguían, sabían de quién se habían fiado, y como Pablo, todo lo consideraban basura en comparación de haber conocido y poder seguir a Cristo (Flp 3,7-21).

Seguir a Jesús es convertirse al Señor, cambiar la orientación de la vida. Significa escoger la vida en vez de la muerte (Dt 30,19). Significa renunciar al Maligno y su imperio de muerte (Jn 8,44) y adherirse a Cristo. Los primeros cristianos en el catecumenado realizaban una solemne renuncia a Satanás y sus estructuras antes de adherirse a Cristo por el bautismo. Todavía quedan en nuestra liturgia bautismal los vestigios de esta renuncia. Pero todo ello debe hoy profundizarse. Nadie puede servir a dos señores, a Dios y al dinero (Mt 6,24).

2. Seguir a Jesús significa aceptar su proyecto

Jesús tiene un proyecto, una misión: anunciar y realizar el Reino de Dios (Mc 1,15). Este es el plan que el Padre le ha encomendado, formar una gran familia de hijos y hermanos, un hogar, una humanidad nueva, los nuevos cielos y la nueva tierra que los profetas habían predicho (Is 65, 17-25). Esta es la gran Utopía de Dios, el auténtico paraíso descrito simbólicamente en el Génesis (Gen 1-2), donde la humanidad vivirá reconciliada con la naturaleza, entre sí y con Dios, de modo que el hombre sea señor del mundo, hermano de las personas e hijo de Dios (DP 322). Esta gran Buena Noticia es algo integral, ya que abarca a toda la persona humana (alma y cuerpo), a todo el mundo (personas y comunidades) y aunque consumará en el más allá, debe comenzar ya aquí en nuestra historia. Este Reino de Dios es liberación de todo lo que oprime a la humanidad, del pecado y del Maligno (EN 9). Es en este contexto que tiene sentido explicar y aprender el Padre Nuestro, como se hacía en el antiguo catecumenado. El Padre Nuestro no es sólo una fórmula para orar, sino un compendio del programa de Jesús. El Reino del Padre, el cumplimiento de su voluntad, un mundo donde haya pan y perdón, liberado de todo mal y victorioso de toda tentación. En ello el Padre es glorificado, pues la gloria de Dios consiste en que el Reino de Dios venga a la humanidad y todo el mundo viva como hijo del Padre.

Las parábolas del Reino hablan de esta gran Utopía de Dios como un tesoro y una perla, por cuya adquisición vale la pena venderlo todo (Mt 13,44-46). Los Apóstoles ante el proyecto de Jesús, dejan sus barcas y redes y le siguen (Lc 5,11), mientras que el joven rico se alejó triste de Jesús porque tenía muchas riquezas y no quería aceptar el proyecto de fraternidad universal de Jesús (Mt 19,22). Para seguir a Jesús las riquezas son un gran impedimento (Mt 19,23-21; Lc 6,24-26; 12,13-24), lo cual contrasta con la opinión y la práctica de muchos ricos de América Latina, que se consideran muy cristianos.

3. Seguir a Jesús supone proseguir su estilo evangélico

El programa de Jesús, el Reino de Dios, es inseparable de su persona, en el Reino de Dios se encarna y personifica, con El el Reino se acerca a la humanidad (Lc 11,20). Jesús posee un estilo peculiar de anunciar y realizar el Reino.

Nacido pobre (Lc 2,6-7), hijo de una familia trabajadora sencilla (Lc 1,16; 4,22; Mc 6,3), se siente enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres (Lc 4, 18) y sanar a pecadores, enfermos y marginados (Lc 7,21-23). Jesús a lo largo de su vida va discerniendo lentamente su misión y el camino que el Padre desea. Rechaza las tentaciones de poder y prestigio (Lc 4), reconoce que el Padre revela el misterio de Dios a los sencillos y lo oculta a los sabios y prudentes (Mt 11,25-26), se va solidarizando en todo a los hombres menos en el pecado (Hb 4,15), se compadece del pueblo disperso como ovejas sin pastor (Mc 34), bendice al pueblo pobre (Lc 6,21-23) y maldice a los ricos (Lc 6,24-26) y a los fariseos hipócritas (Mt 23).

Hace de los pobres los jueces de la humanidad y toma como hecho a sí mismo cuanto se haga u omita con los pobres (Mt 25, 31-45; Mc 9, 36-37).

Esta opción de Jesús le produjo conflictos y le llevó a la muerte. Su muerte es un asesinato tramado por todos sus enemigos, pero su resurrección no sólo es el triunfo de Jesús , sino la confirmación por parte del Padre de la validez de su camino. Mientras vivió en este mundo, Jesús fue tenido por loco (Mc 3,21), blasfemo (Mt 26,65), borracho (Lc 7,34), endemoniado (Lc 11,15), pero el Padre resucitándolo muestra que el camino de Jesús es el auténtico camino del Reino y que Jesús tenía razón en haber seguido el estilo evangélico del Siervo de Yavé (Is 42;49;50;53). Lo proclamado misteriosamente en el Bautismo (Mc 1,9-11) y la Transfiguración (Mc 9, 1-8 ), se realiza en la Resurrección: Jesús es realmente el Hijo del Padre y a El hay que escucharle y seguirle. Seguir a Jesús es tomar la cruz y perder la vida, pero para ganar la vida y salvarse (Mc 8,34-35).

Algunos resumen este estilo evangélico en los Mandamientos de la ley de Dios, ofrecidos por Moisés al pueblo de Israel (Ex 20, 1,21; Dt 5). Pero el decálogo deberá entenderse a la luz de la liberación de la esclavitud de Egipto (Ex 20,1; Dt 5, 6 ) y por lo tanto como leyes para vivir en la libertad de los hijos de Dios, como camino de bendición y de vida, para evitar la esclavitud, la maldición y la muerte (Dt 30, 29-31). Pero en todo caso el decálogo debería completarse con las Bienaventuranzas del NT (Mt 5; Lc 6), que marcan el camino del Evangelio y radicalizan y completan el AT. El camino de Jesús no es de los Faraones y poderosos de este mundo, sino el de la libertad, la fraternidad y la solidaridad con el pueblo pobre. Este es el camino de bendición que lleva a la vida, mientras que el otro conduce a la maldición y a la muerte propia y ajena. Jesús bendice al pueblo pobre y maldice a los ricos. Este es el estilo evangélico de Jesús, que a través de la cruz lleva a la Resurrección.

4. Seguir a Jesús es formar parte de su comunidad

Jesús aunque llamó a los discípulos personalmente, uno por uno, a su seguimiento, formó con ellos un grupo, los doce, a los que luego se añadieron hombres y mujeres hasta constituir una comunidad: la comunidad de Jesús (Lc 8,1-3). Este modo de actuar del Señor no es casual, sino que corresponde al plan de Dios de formar un pueblo, a lo largo de la historia, para que fuese semilla y fermento del Reino de Dios (LG 9 ). El pueblo de Israel en el AT, fue elegido y formado lentamente por Yavé, desde Abraham hasta María, era figura y semilla del nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, que Jesús preparó y que nació por obra del Espíritu en Pentecostés (Hch 2). La Iglesia es la comunidad que mantiene la memoria de Jesús a través del tiempo, es su Cuerpo visible en la historia (1 Cor 12), continúa profetizando el proyecto de Jesús a todos, anuncia el Reino a los pobres, denuncia el pecado y va realizando la fraternidad y la filiación de la humanidad, hasta hacer de ella la nueva humanidad, los nuevos cielos y la nueva tierra en la nueva Jerusalén, donde existirá plena comunión entre Dios y la humanidad (Ap 21).

La Iglesia prolonga en la historia el grupo de discípulos de Jesús y es la comunidad que prosigue la misión de Jesús en este mundo. Es sacramento de Jesús, sacramento de salvación liberadora en nuestra historia concreta (LG 1;9; 48). Sus pastores (Papa, Obispos. . .) le guían en esta misión, prolongando la función de Pedro y los Apóstoles (Mt 16,18-19 ). Los sacramentos no son simples ritos para la salvación individual, sino momentos fuertes de la vida de la comunidad eclesial, y su centro es la Eucaristía, el sacramento que alimenta a la Iglesia con el Cuerpo y Sangre de Cristo y la va edificando como Cuerpo de Cristo en la historia (1 Cor 10,17). La catequesis de los sacramentos debe enmarcarse dentro de la comprensión de la Iglesia como comunidad de Jesús.

Querer seguir a Jesús al margen de la Iglesia es un peligroso engaño ya que, como Pablo descubrió en su conversión (Hch 9,5-6), la comunidad de los cristianos es el Cuerpo de Jesús (l Cor 12, 27), es Cristo presente en forma comunitaria. Pero la Iglesia deberá continuamente convertirse al Reino de Dios, objetivo central de su misión, y deberá recordar siempre que Jesús siendo rico se hizo pobre ( 2 Cor 8,9j) y fue enviado para evangelizar a los pobres y salvar lo perdido (Lc 4,l8; 19,10), como el Vaticano II proclama (LG 8 ) y la Iglesia de América Latina ha recogido al hablar de la opción preferencial por los pobres (DP 1134).

5. Seguir a Jesús es vivir bajo la fuerza del Espíritu

Seguir a Jesús, formar parte de su comunidad, continuar su proyecto en la historia de hoy, son realidades que nos superan. Por esto Jesús prometió el Espíritu a sus discípulos (Jn 14, l7) y este Espíritu es la fuerza y el aliento vital que anima, vivifica, guía, santifica, enriquece y lleva a su plenitud la comunidad de los seguidores de Jesús (LG 4). El Espíritu convierte el seguimiento en una vida nueva en Cristo, en una comunión vital con el Resucitado en su Iglesia, nos hace pasar de la ética voluntarista a la mística del permanecer en El y vivir de su savia vital, como el sarmiento en la vid (Jn 15).

Este Espíritu, don de Dios para los tiempos del Mesías (Jl 2) es un Espíritu de justicia y derecho para los pobres y oprimidos (Is 11; 42; 61), el Espíritu que guió toda la vida y la misión de Jesús (Lc 4,18), el cual ungido por el Espíritu pasó por el mundo haciendo el bien y liberando de la opresión del Maligno (Hch 10,38). Este Espíritu es el que nos hace llamar a Dios, Padre (Gal 4,4) y es el que gime en el clamor de la creación y de los pueblos en busca de su liberación (Rm 8,18-27). En el clamor de los pobres de América Latina, el Espíritu clama y pide liberación (DP 87-89 ). Este Espíritu es el que da fortaleza a los perseguidos y mártires del continente (Mc 13,11) y es el que da esperanza y alegría al pueblo de América Latina, haciéndole esperar días mejores: son dolores de parto de algo nuevo que está naciendo(Jn l6,21).

Seguir a Jesús implica aceptar y comenzar a vivir todo esto. Es un camino que requiere discernimiento para ir recreando en cada instante de la historia las actitudes de Jesús y los llamados de su Espíritu. Por todo ello ser cristiano en América Latina exige hoy una postura concreta de seguimiento de Jesús.

4. ALGUNAS CARACTERISTICAS DEL SEGUIMIENTO DE JESUS EN AMERICA LATINA HOY

Este seguimiento de Jesús hoy en América Latina, debe revestir algunas características peculiares, dada la situación de pobreza y miseria de un continente mayoritariamente cristiano.

1. Ser cristiano en América Latina hoy, supone un cambio de actitud, ya que no puede prolongarse por más tiempo la situación de una fe que encubra la injusticia social, sirviendo de instrumento de dominación para unos pocos y de resignación para la mayoría. Este cambio de actitud supone una conversión tanto de corazón como de mentalidad y sobre todo de práctica cristiana. Podríamos resumir esta conversión como el paso de una religiosidad meramente sociológica a una fe personal; de una religiosidad meramente de conceptos y doctrina a una fe vital y existencial; de una religiosidad espiritualista a una fe integral e histórica; de una religiosidad meramente privada a una fe pública; de una religiosidad individualista a una fe comprometida y solidaria con los sectores populares y empobrecidos.

2. Ser cristiano en América Latina hoy significa una clara actitud de rechazo y denuncia de la realidad injusta de América Latina, ya que es pecado y contraria a los planes de Dios (DP 28). Dios no quiere que el continente de América Latina siga marcado por los signos de muerte: muerte precoz, vida inhumana, muerte violenta. Esta situación de muerte nace del pecado personal y social de América Latina y de una auténtica idolatría: el dinero, la riqueza, la plata se absolutiza como el Dios absoluto (Col 3,5), al que se somete todo lo demás. El cristianismo frente a esta situación, debe recordar que nadie puede servir a dos señores, a Dios y a la riqueza (Mt 6.24) y que debe renunciar al dominio de Satanás en su vida personal y social, como los primeros cristianos hacían antes de bautizarse y adherirse a Cristo. Ser cristiano en América Latina supone un corte radical con todo lo que sea injusticia, corrupción, opresión, violación de derechos humanos, mentira.

Para esta conversión necesitamos más que nunca de la oración y de la ayuda del Señor. Sólo El que expulsando demonios demostró la fuerza victoriosa del Reino de Dios y del Espíritu de Dios (Lc 11,20), es capaz de realizar en América Latina este gran exorcismo personal y colectivo que nos libere de la esclavitud demoníaca que nos tiene apresados. Es preciso tomar postura: quien acepta y fomenta la situación de injusticia, no puede estar con Cristo (Lc 11,23).

3. Ser cristiano en América Latina significa comprometerse desde la fe en un cambio de la realidad. Este compromiso, forma concreta del seguimiento de Cristo, abarca todas las esferas de la realidad: dimensiones económicas sociales, políticas , culturales, religiosas, familiares, personales. . . Es todo un continente que necesita ser liberado integralmente y que precisa del apoyo de todos. La fe tiene un gran valor liberador, ya que ataca el mal en su raíz: el pecado personal y estructural. Pero además la fe posee una gran fuerza inspiradora, por cuanto presenta la gran Utopía del Reino de Dios y nos ofrece los grandes valores del Evangelio: el amor, la justicia, el perdón, la esperanza, la libertad, la fraternidad, la cruz y la Resurrección. La fe no nos ofrece recetas sociales y políticas concretas, como si del Evangelio se desprendiese un sistema socio-político concreto, pero sí nos presenta horizontes nuevos, inspiración y sobre todo la fuerza del Espíritu del Resucitado que va madurando la historia hacia unos cielos nuevos y una tierra nueva. En esta tarea tenemos el ejemplo de miles de hermanos nuestros que desde la fe se han ido comprometiendo, en diversos campos, para la transformación de la realidad. Algunos de ellos han dado su vida por esta tarea: Mons. O. Romero, L. Espinal, E. Angelelli. . . y otros han padecido persecuciones, deportaciones y exilio. Otros muchos siguen adelante buscando no simplemente mejoras accidentales sino estructurales. El cristiano no puede inhibirse de esta tarea, cualquiera sea su trabajo y vocación.

4. Ser cristiano en América Latina significa solidarizarse con los sectores populares, en esta lucha. Esto supone para los sectores populares el tomar conciencia que del pueblo consciente y organizado han de venir los cambios radicales y que cuentan para ello con el ejemplo y la bendición de Señor, que los llamó bienaventurados y se identificó con ellos. Para los nacidos en otros sectores, significa que sólo solidarizándose con la causa del pueblo pobre y poniendo sus capacidades a su servicio, se podrá llevar adelante un cambio de situaciones. La opción prioritaria de la Iglesia por los pobres se sitúa en esta perspectiva. El objetivo es que la Iglesia de los pobres sea el rostro auténtico de la Iglesia de Jesús, como lo deseó Juan XXIII para la Iglesia universal y los obispos de América Latina. El potencial transformador de los pobres es inseparable de su potencial evangelizador.

5. Seguir a Jesús hoy en América Latina significa entrar a formar parte de una comunidad eclesial concreta, para vivir y alimentar continuamente todas estas exigencias. Las CEBS ofrecen un lugar óptimo para ello (DM 15, 10-12; DP 641-643). Nuestra fe necesita ser continuamente alimentada por la Palabra, celebrada en los sacramentos, discernida y confrontada con los hermanos en la fe, con la tradición y el magisterio eclesial. El análisis de la realidad que nos circunda y el compromiso, deben estar siempre iluminados por la fe en el Señor y por el deseo del seguimiento. Sin ello nuestra postura se reduciría al nivel puramente humano, social, político, etc. Sólo en un clima de fe y de oración, el seguimiento de Jesús puede realizarse. Este seguimiento no se agota en comportamientos éticos sino que debe comenzar la gratuidad del "estar con el Señor", y el sentido contemplativo. El gozo del seguimiento, la esperanza contra toda esperanza, la alegría en medio de los conflictos, sólo puede mantenerse desde la profunda experiencia personal y comunitaria del Espíritu del Señor. Y todo ello sólo se puede realizar en la comunión eclesial, vivida desde una comunidad concreta, abierta al resto de la Iglesia continental y universal.

6. Finalmente como resumen de todo lo dicho, podríamos afirmar que el seguimiento de Jesús en América Latina hoy significa luchar a favor del Dios de la vida. La postura cristiana no puede ser meramente negativa, la lucha contra los dioses de la muerte se orienta a luchar a favor del Dios de la Vida, del Dios creador de la vida, de Jesús que ha venido para que tengamos vida abundante (Jn 10,10 ), del Espíritu de Vida.

Podríamos resumir todo lo dicho sobre el seguimiento de Jesús en estos diez mandamientos del Dios de la Vida:

1. Creerás que Dios es el Dios de la Vida, que desea la vida en abundancia para todos y no la muerte.

2. No utilizarás el nombre del Dios de la Vida, para atentar contra la vida de nadie.

3. Agradecerás a Dios la vida y la celebrarás como un gran don y una tarea.

4. Defenderás la vida amenazada y honrarás a los que te han dado vida.

5. No matarás de ningún modo la vida, pues la vida es de Dios.

6. Amarás y gozarás la vida sin egoísmos.

7. No te apropiarás de los bienes que han sido creados para que todos vivan.

8. Compartirás la vida con tu pueblo con toda verdad.

9. Trabajarás para que todos tengan lo suficiente para vivir.

10. Pondrás tu vida al servicio de los demás , hasta arriesgar tu vida por la vida de los otros.


Estos diez mandamientos se resumen en dos: Amarás tu vida y la vida de tu pueblo como vida de Dios.

En la medida en que América Latina, pueblo pobre y creyente, camine por este camino, su cristianismo será auténtico y la realidad se acercará a la utopía mesiánica que Isaías describió y Mons. Romero gustaba de repetir a su pueblo:

"Harán sus casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán sus frutos.
Ya no edificarán para que otro vaya a vivir, ni plantarán para alimentar a otro.
Los de mi pueblo tendrán larga vida como los árboles, y mis elegidos vivirán de lo que hayan cultivado con sus manos.
No trabajarán inútilmente, ni tendrán hijos destinados a la muerte, pues ellos y sus descendientes serán una raza bendita de Yavé " (Is 65,21-23).

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#35 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 01 agosto 2007 - 01:44

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Continuamos... proposiciones que pocos cristianos las seguiran y muchos de los que se llaman asi, la condenaran...
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SER CRISTIANO EN AMÉRICA LATINA
VÍCTOR CODINA SJ


SEGUNDA PARTE

CLAVES DE LECTURA DEL CRISTIANISMO


1. CLAVES O ESQUEMAS MENTALES

Hemos definido el ser cristiano en América Latina hoy como un seguimiento de Jesús que prosigue su obra liberadora en un mundo estigmatizado por signos de muerte y anhelante de una vida más plena, y hemos visto que esta definición exige de nosotros un cambio no sólo de actitud sino de mentalidad, una verdadera conversión.

Para muchos este cambio en el modo de enfocar el cristianismo resulta sorprendente e incluso contradictorio con el enfoque de la fe que habían aprendido de pequeños o hace algunos años. De esta constatación surgen una serie de cuestiones: ¿Acaso el Evangelio cambia? ¿No se deberá esta forma de interpretar la fe a ideologías extrañas al cristianismo? ¿Qué garantía tenemos de que dentro de unos años no deberemos cambiar de nuevo nuestras formulaciones cristianas? ¿Por qué se habla del ser cristiano en América Latina? ¿Acaso el cristianismo no es igual en todas partes?.

Estas preguntas exigen mayor reflexión. Por eso a la primera parte más expositiva y afirmativa, hemos añadido esta segunda parte de cara a una ulterior explicación del por qué de la definición del cristianismo como seguimiento de Jesús.

Para comenzar a clarificar todas estas preguntas hemos de partir de una distinción: una cosa es la fe y otra cosa es la reflexión o formulación que hacemos sobre ella. La fe, don del Espíritu, por el cual nos adherimos personal y vitalmente al misterio de Jesús Salvador, penetra más allá de los conceptos, trasciende las formulaciones más correctas y nos hace participar de la misma vida de Dios. En cambio la reflexión que elaboramos sobre la fe revelada, está siempre marcada por la cultura, el lenguaje, la época, la situación personal, la forma de comprender la realidad. La misma Sagrada Escritura no escapa a esta ley profundamente humana. La comprensión y expresión de la revelación de Dios de parte de los autores bíblicos del tiempo de la monarquía Davídica o Salomónica, no es la misma que la de los escritores sacerdotales que escriben después del exilio de Israel. La visión sobre Jesús del Evangelio de Marcos es diversa de la de Lucas, y las dos difieren de la del Evangelio de Juan . Los escritos paulinos poseen unas características propias que los distinguen de los evangelios.

No debe pues extrañar que también después, en la historia de la Iglesia posterior, se hayan dado diversas formas de lectura y comprensión del Evangelio. El magisterio de la Iglesia vela para que estas lecturas no se desvíen de la recta tradición eclesial y se ajusten a la Escritura. Pero el mismo magisterio también está condicionado por la mentalidad de cada época, lo cual no invalida su misión, que cuenta con la asistencia especial del Espíritu.

Esta misteriosa pero real diversidad histórica y cultural en la captación de la verdad de fe, no es un fenómeno exclusivo del cristianismo o de ámbito religioso, sino una ley profundamente humana que, bien entendida, no lleva al escepticismo relativista sino a una búsqueda humilde y constante de la verdad plena. La humanidad ha de ir avanzando hacia una visión cada vez más comprensiva de la realidad. En este caminar de la humanidad existen una historia del pensamiento, de la ciencia, del arte, y también una historia de la teología o de la reflexión cristiana sobre la fe. Estas historias no son independientes unas de otras, pues la Iglesia no está fuera de la historia, está inmersa en ella y el cristiano vive con sus contemporáneos la gran aventura de la humanidad.

Por esto mismo, la historia de la teología no se puede separar de la evolución de los sistemas de pensamiento de la humanidad,. Esto ayuda a establecer el diálogo entre la fe y los humanismos de cada época y permite anunciar el Evangelio a todas las culturas.

Podemos resumir lo dicho hasta ahora afirmando que nuestra visión de la realidad y por lo tanto también de la realidad de la fe, siempre viene mediada por unas claves de lectura o esquemas mentales que ofrecen una visión unitaria y sintética de nuestra comprensión y valoración de la realidad y de toda nuestra acción concreta. Dicha clave de lectura está ligada a la cultura, a la historia a los condicionamientos económicos, a la psicología personal y a otros muchos elementos. Pero a pesar de las diferencias existentes entre individuo e individuo, se puede constatar como una cierta unidad general o matriz que unifica la forma de pensar de un determinado grupo en un momento histórico concreto.

En momentos culturales e históricos homogéneos y sin fuertes cambios ni rupturas, estas diversas formas de pensar y valorar, pueden pasar desapercibidas. Pero en momentos de transformaciones fuertes y rápidas, como el tiempo actual, estas diferencias se manifiestan, a veces de formas muy conflictivas, en todos los campos: social, político, artístico, filosófico, religioso. Los conflictos de la Iglesia del postconcilio son un ejemplo claro de estos choques de diferentes mentalidades o esquemas mentales.

Por todo ello puede ser interesante y clarificador el presentar de forma muy sintética las tres claves de lectura del cristianismo que hoy coexisten en la Iglesia y que están ligadas a diferentes esquemas mentales. Todo intento de tipificación es, por su misma simplificación, un tanto empobrecedor y necesariamente caricaturiza la realidad. Pero tiene la ventaja de ayudarnos a comprender de forma sintética lo que en la realidad de cada día se nos escapa en medio de las mil facetas variables.

Aunque la exposición de los esquemas mentales no puede ser neutra, pues siempre juzgamos desde un esquema concreto y optamos por uno de ellos, sin embargo deberíamos evitar toda forma de descalificación ética de otros esquemas. Cada esquema capta parte de la verdad y está condicionado a un momento histórico sobre el cual es difícil juzgar desde otra situación histórica.

Estas consideraciones previas, un tanto abstractas, se clarificarán con la exposición concreta de las tres claves de lectura que vamos a proponer.

2. TRES CATECISMOS

La comparación de tres conocidos catecismos puede servirnos para ejemplificar tres claves de lectura de la fe. Se trata del Catecismo de Pío X, del Nuevo Catecismo para adultos de Holanda y de Nuestro Catecismo del Brasil.

1. El Catecismo de Pío X, de principios de siglo, responde a la preocupación del Papa por anunciar la fe a los niños y prepararlos de este modo a la Primera Comunión. Se extendió rápidamente por toda la Iglesia Universal. Comienza con la enseñanza de las primeras oraciones y fórmulas que han de saberse de memoria. A continuación se presenta, con el método clásico de preguntas y repuestas, las primeras nociones de la fe cristiana: ¿Quién nos ha creado ? ¿Quién es Dios? ¿Para qué nos ha creado Dios? ¿Cómo se llaman las tres personas de la Santísima Trinidad? ¿Quién es Jesucristo?. . .

Las tres partes del Catecismo corresponden al plan de lo que hay que hacer para vivir conforme a Dios: creer las verdades reveladas por El (Credo), guardar sus mandamientos (Mandamientos de la Ley, Preceptos de la Iglesia, Virtudes principales), con los auxilios de su gracia, la cual se alcanza por medio de los sacramentos (medios que causan la gracia) y la oración (o medio que alcanza la gracia). Acaba el Catecismo con las oraciones del cristiano para el día, para la confesión y comunión, la forma de rezar el rosario y de ayudar a misa.

Lo que llama positivamente la atención de este catecismo es su claridad, concisión y sentido práctico. Pero sorprende el enfoque individualista de la fe, su noción más filosófica que bíblica de Dios ("Un Ser perfectísimo, Creador y Señor de Cielo y Tierra", el poco relieve de Jesucristo en la revelación de Dios y en toda la vida cristiana, y la visión meramente instrumental de los sacramentos, como medios para alcanzar la gracia para así cumplir los mandamientos. El mismo método de preguntas y respuestas, aun dirigido a niños, responde a un tipo de mentalidad y pedagogía religiosa muy clásica. Este Catecismo puede servir de ejemplo a la clave o mentalidad que llamaremos tradicional.

2. El Nuevo Catecismo de Adultos, llamado comúnmente Catecismo holandés, es de l966, es decir poco después del Vaticano II. Fruto de un trabajo colectivo y de una serie de intercambios realizados en la Iglesia holandesa, pretende ofrecer un enfoque nuevo de la fe para los adultos, con el fin de poder elaborar después un catecismo para jóvenes.

Sin preguntas ni respuestas, sin tecnicismos filosóficos o teológicos, es una invitación a la reflexión. No pretende dar respuestas definitivas, sino que ofrece más bien una visión histórica del dogma en el lenguaje existencial del hombre moderno.

Su punto de partida es el misterio del hombre y de la existencia humana: ¿Quién soy yo? ¿Qué es el hombre? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué sentido tiene este mundo?. Aparece claramente cómo el hombre busca a Dios a través de toda la historia y se enumeran las grandes religiones de la humanidad como caminos de búsqueda de Dios. Destaca el camino del pueblo de Israel que culminará en Cristo. El Hijo del Hombre y la Iglesia como camino de Cristo, constituyen las partes básicas de este Catecismo. Finalmente un capítulo sobre el término del camino: la vejez, la escatología, y Dios Trinidad.

No nos interesa aquí evaluar cada una de sus afirmaciones (algunas de ellas fueron objeto de reservas por parte de Roma), sino ver su modo de enfocar la visión de la fe. Llama la atención su sentido antropológico, histórico, comunitario, y bíblico de fe, su apertura al hombre moderno y a los humanismos contemporáneos, y un estilo sencillo y comprensible para el hombre de la calle. Evidentemente su trasfondo cultural, económico y religioso corresponde al de la Europa Central de los años 60, y se respira un cierto optimismo, típico del mundo neocapitalista y liberal de aquellos años, bastante alejado de los problemas del Tercer Mundo. Es un ejemplo representativo de lo que llamaremos la clave moderna de la fe.

3. "Nuestro Catecismo", obra de la Prelatura de San Félix de Araguaia y de su Obispo Pedro Casaldáliga, es de los años 80. Mantiene el esquema clásico del Catecismo de Pío X: primera parte el Credo, segunda parte la Ley, tercera parte la oración. Pero hay notables diferencias entre ambos catecismos. Aquí cada tema se realiza en cuatro momentos: explicación del tema, resumen en letra grande para ser memorizado, preguntas para la reflexión en la comunidad y un momento de oración o alabanza final. El Credo va glosando el símbolo apostólico, con breves anotaciones que lo actualizan para América Latina. Así por ejemplo. "Creemos que Dios quiere la igualdad y felicidad de todos, creemos que Dios acompaña siempre a su pueblo, creemos que la misión de Jesús es hacer presente el Reino de Dios. Creemos en Jesús que ha vencido a la muerte, creemos en el Espíritu Santo la fuerza de Dios en nosotros, creemos que la Iglesia es la continuadora de la misión de Jesús, creemos que Jesús es fuente de agua viva". En este contexto cristológico y eclesial se ubican los siete sacramentos. La segunda parte trata sobre la Ley: los diez mandamientos, la Ley del pueblo liberado por Dios de Egipto y la bienaventuranzas y maldiciones de Jesús. Finalmente la última parte sobre la oración expone el Padre Nuestro y otras oraciones del cristianismo. Acaba el Catecismo con el decálogo del hombre feliz para aprenderlo de memoria y vivirlo en la vida.

Feliz aquel que ama a Dios y vive con fe, atento a lo que Dios quiere.
Feliz aquel que descubrió que el verdadero Dios camina con el pueblo y quiere su liberación.
Feliz aquel que comprende que seguir a Jesús es vivir en comunidad en unión con el Padre y los hermanos.
Feliz aquel que confía en sus compañeros: "el mundo será mejor cuando el pobre que sufre confía en el que es también pobre como él".
Feliz aquel que piensa que la vida y el buen nombre de los compañeros valen más que todo el oro del mundo.
Feliz aquel que ama y respeta a su familia: a la esposa, al esposo, a los hijos y a los padres.
Feliz aquel que sabe que su dignidad personal es sagrada.
Feliz aquel que entiende que la verdadera religión es amar a Dios, como Padre y al prójimo como hermano.

Llama la atención de este Catecismo, junto con su sencillez y pedagogía, su profundo sentido evangélico, comunitario y liberador. Hay una constante preocupación por unir Dios y la vida del pueblo. Es un ejemplo de la clave solidaria de la fe.


Estos tres catecismos, nacidos en momentos históricos y en contextos socioculturales muy diversos, ejemplifican diversas claves de interpretación de la fe, dentro de la tradición eclesial. En realidad no sólo los textos difieren, sino el mismo concepto de catequesis, su papel dentro de la comunidad cristiana, sus agentes y su forma de ser llevado a la práctica. Cada Catecismo revela una mentalidad diferente, una visión peculiar de la fe, un esquema mental un paradigma, una óptica propia.

3. EXPOSICION DE LAS TRES CLAVES DE LECTURA DE LA FE

Mientras en Europa se ha mantenido el interés por definir la esencia del cristianismo, en América Latina ha surgido la preocupación por vincular la fe a la realidad concreta histórica y local, y por descubrir la evolución histórica de la visión de la fe. Una serie de autores de América Latina (G. Gutiérrez, J.B. Libânio, L. Boff. R. Muñoz, P. Trigo, M. Preiswerk, el equipo de teólogos de la CLAR) ha ido mostrando la pluralidad de esquemas mentales existentes y su repercusión en orden a comprender y vivir la fe.

Los tres esquemas básicos podemos llamarlos clave tradicional o clásica, clave moderna o secular y clave solidaria o liberadora. Expliquemos los elementos constitutivos de cada una de estas claves, su origen y sus implicaciones.

1. Clave tradicional. En ella predomina una visión objetiva y esencialista de la realidad, la cosa en sí misma, independientemente del sujeto. Su esquema está más ligado a la naturaleza que a la historia, a lo dogmático y estático que a lo dinámico y evolutivo, a los orígenes más que al fin. Su visión de la realidad es vertical, jerárquica, jurídica, descendente. Todo el universo mental sigue un orden preestablecido y al igual que el orden cósmico, está regido por unas leyes fijas y constantes, monolíticas y uniformes.

Este esquema está muy marcado por la sumisión a la naturaleza ante la cual el hombre se siente impotente y mira con respeto sagrado, procurando obedecer en todo el curso de la ley natural. Esta actitud se traduce también en las relaciones sociales: sumisión a la autoridad, a la tradición, a lo establecido, a las reglas de convivencia, a las costumbres. Así como no se cuestiona el orden cósmico, tampoco el orden social: ambos se consideran sagrados y queridos por Dios y vienen a ser expresiones de su Voluntad divina. El mundo está regido por la Providencia de Dios y la libertad humana se expresa en la aceptación y entrega a esta Voluntad divina, sin concebirse una postura crítica frente a la familia, la sociedad o la religión. El mundo divino y sobrenatural es el que da sentido al mundo natural o profano, el cual carece de autonomía y consistencia propia. Todo debe ser sacralizado para que adquiera sentido.

Hay pues una gran coherencia entre los aspectos culturales, sociales, filosóficos y religiosos de este esquema mental.

Este esquema mental es típico del mundo agrario, feudal y religioso que prevaleció durante la Edad Media y configuró lo que se ha llamado la Cristiandad. Esta cosmovisión se comenzó a resquebrajar de forma clara en el siglo XV, pero a nivel eclesial se prolongó todavía durante siglos. El Catecismo de Pío X refleja esta mentalidad, de la que oficialmente la Iglesia católica se distanció recién en el Concilio Vaticano II.

2. Clave moderna. Desde el Renacimiento se abre paso en forma clara un cambio de mentalidad que hacía siglos había comenzado a despuntar. Una serie de hechos enmarcan esta evolución: el progreso de las ciencias que obliga a desacralizar la naturaleza (Galileo) y a operar un giro "Copernicano" respecto a la visión clásica anterior; la aparición de una ciencia política (Maquiavelo) que intenta independizarse de la tutela eclesial y busca su propia racionalidad;la Reforma con la afirmación de la autonomía de la conciencia personal frente a la Iglesia, etc. Este amplio movimiento irá avanzando con los años: la Ilustración, la Revolución Francesa, la Independencia de Norteamérica y de América Latina y de las antiguas colonias Asiáticas y Africanas, el progreso científico, el capitalismo económico y la Revolución industrial. . ., irán configurando una nueva visión de la realidad: secular, urbana, democrática, liberal, pluralista. . .

De esta clave moderna la persona es el centro. Se ha pasado de una visión objetiva y cosista a otra subjetiva y antropológica. La naturaleza se ha desacralizado y la razón técnica ha transformado el antiguo cosmos mítico en objeto de dominio, de energía y de riqueza. De la mentalidad estática y fixista se ha pasado a una visión dinámica, histórica, evolutiva, en la que la libertad y la racionalidad instrumental dominan la materia y enseñorean la historia. El sujeto toma conciencia de su realidad personal y existencial y rechaza todo dogmatismo, autoritarismo y legalismo. El nuevo sujeto histórico de esta nueva historia es el sector de la burguesía. En este optimismo del progreso de la técnica, florece tanto el individualismo más exacerbado (privacidad, propiedad privada, liberalismo económico), como el deseo de diálogo y de comunidad humana (intersubjetividad, comunidades de relaciones primarias). También en la esfera religiosa, de la clave moderna surge tanto el ateísmo racionalista (por creer que Dios niega la autonomía humana), como una fe más personal y más comunitaria, que lejos de negar la libertad y la conciencia, la hace más cómoda y responsable en la historia y en la misma comunidad cristiana.

Dentro del cristianismo, las iglesias nacidas de la Reforma aceptaron esta mentalidad mucho antes que la Iglesia católica, que durante siglos se resistió frente a ella, por verla ligada a peligros dogmáticos y prácticos. Recién en la primera mitad del siglo XX, una serie de movimientos espirituales, pastorales y teológicos (movimiento bíblico, litúrgico, patrístico, ecuménico, social), fueron madurando el ambiente eclesial, hasta cristalizar en el Concilio Vaticano II. Este Concilio, convocado por Juan XXIII y llevado a término por Pablo VI, representa el paso de la clave tradicional a la moderna en la Iglesia católica. Sus documentos sobre ecumenismo, libertad religiosa, diálogo con el mundo moderno, etc., son significativos de este cambio de mentalidad. El Catecismo holandés expresa bien esta nueva sensibilidad humana y eclesial. La resistencia de muchos sectores eclesiales en aceptar el Vaticano II, es un reflejo de lo profundamente arraigada que estaba, y continúa estando, en muchos católicos la clave tradicional. Por otra parte el retraso de siglos por parte de la Iglesia en aceptar esta nueva clave histórica, ha sido fuente de muchos conflictos y tensión para muchos cristianos, que se sentían dilacerados entre su cosmovisión humana moderna y la visión tradicional de la fe que la Iglesia todavía mantenía.

3. Clave solidaria. Las grandes revoluciones sociales de principio de siglo y de estas últimas décadas, la irrupción de los pobres en la historia, el clamor de la mayor parte de la humanidad por una vida más justa y más humana, han hecho aflorar en la conciencia contemporánea la dimensión de lo social, como momento dialéctico de relación entre sujeto y objeto.

La naturaleza se contempla a la luz de las estructuras sociales, económicas y políticas. También la conciencia subjetiva se ve situada dentro de lo social y lo estructural. Lo económico y lo político cobra fuerza, se descubren el influjo del lugar socio-económico en la mentalidad de los grupos y los intereses de clase. Frente a las injusticias de las estructuras dominantes se busca el proyecto histórico del pueblo, en una línea más participativa y socializante. El pueblo constituye el nuevo sujeto social e histórico del momento presente. La esfera de lo religioso no escapa a esta clave de lectura. Para algunos sectores Dios aparece como adormecedor, para que el pueblo se resigne ante el fatalismo de la pobreza; para otros se redescubre la dimensión social y política de la religión de la fe y del Evangelio.

Concretamente dentro de la Iglesia católica, las conferencias del episcopado latinoamericano reunidas en Medellín (l968) y Puebla (l979) para aplicar el Vaticano II a América Latina, representan una clara toma de conciencia por parte de la Iglesia de América Latina de esta nueva clave de lectura. La fe es vista desde el ángulo de los pobres, desde la realidad e injusticia de América Latina. Desde la fe, esta situación es calificada como pecado personal y social, contraria al plan de Dios. Consiguientemente en esta situación de conflicto, la Iglesia opta prioritariamente por el sector de los pobres, como la forma actual de realizar hoy su tarea evangélica.

Esta clave de lectura halla en el Catecismo del obispo Casaldáliga una expresión concreta. Pero esta visión no se reduce a América Latina, sino que va creciendo sobre todo en el Tercer Mundo y en los sectores más explotados de los países del Norte. Esta clave, por sus implicaciones sociopolíticas, produce amplias sospechas y reticencias en sectores eclesiales y políticos de todo el mundo. La agresividad del Documento de Santa Fe del gobierno de Reagan contra la Teología de la Liberación, es un claro exponente de la conflictividad de esta clave solidaria. La misma Iglesia universal está todavía lejos de haber aceptado teórica y prácticamente esta clave.

Todo ello aparecerá con más claridad cuando veamos cómo las tres claves descritas aquí configuran en la práctica diversas concepciones de la fe en sus capítulos más significativos: Dios, Cristo, Antropología, Eclesiología, Sacramentos, Educación, Praxis social, Pastoral, etc.


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Publicado el 05 agosto 2007 - 01:50

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VÍCTOR CODINA SJ




4. TRES VISIONES DEL CRISTIANISMO


A partir de cada una de estas tres claves se configuran diversas lecturas de la fe. Iremos viendo, sucesivamente, cómo cada clave enfoca los puntos nucleares de la fe cristiana.

1. El misterio de Dios.

Dios es visto por la clave tradicional como Ser perfectísimo, eterno, espiritual, trascendente, providente, omnipotente creador de todo, totalmente Otro y diferente de todo lo creado, impasible, incondicionado, inconmensurable, omnipresente, infinito, Causa primera, Supremo Hacedor y Ordenador del Universo. Sus atributos están más cerca de la filosofía griega y de la Teodicea que de la Escritura y causan la impresión de gran lejanía de la humanidad. A partir de esta imagen de Dios, la religión parece guardiana del orden establecido y todo cambio parece atentar contra la Ley Divina que dirige las cosas a sus fines. Es una imagen de Dios más ligada al curso de los astros que a al historia.

Indudablemente el misterio Trinitario se proclama abiertamente, pero la visión tradicional de la Trinidad es más metafísica que bíblica, acentuando más la esencia de la divinidad que la riqueza de las Personas, y todo el misterio parece más un juego de la lógica que una revelación cálida y nuclear para la vida cristiana. Basta leer himnos y prefacios trinitarios de la liturgia latina para percatarse de que esta verdad parece en la práctica reservarse a la especulación de unos pocos iniciados.

El concepto mismo de revelación se centra en la comunicación por parte de Dios de unas verdades y normas, cuya recopilación se recoge en la Escritura y en la Tradición eclesial. La Iglesia es la depositaria de este "depósito de la fe" que el magisterio eclesial defiende y propone a los fieles para su aceptación. La fe es, lógicamente, la aceptación por parte de los fieles de estas verdades reveladas por Dios y enseñadas por la Iglesia. Hay un predominio de lo intelectual sobre lo vital, de lo autoritario sobre lo comunitario, de lo dogmático inmutable sobre lo histórico, de la doctrina recta sobre la práctica. Llama la atención en esta visión de Dios el papel tan poco relevante de Jesús para nuestra comprensión de Dios. También la Escritura se concibe como escrita por los autores bíblicos gracias a una inspiración en forma de dictado desde arriba. Estamos lejos de las modernas reflexiones sobre tradiciones bíblicas, géneros literarios, historia de las formas, etc.

La clave moderna tiene una visión profundamente bíblica de Dios: es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, revelado por Jesús, el Hijo encarnado. Es Jesús quien ha revelado históricamente el misterio de Dios, al hablar del Padre que le ha enviado y del Espíritu Santo que enviará a los Apóstoles. La Trinidad no es una revelación para satisfacer la curiosidad científica, sino un misterio de amor y de comunión, que se revela a la humanidad en la medida en que le hace participar de su misterio: Dios nos revela que es Padre al hacernos hijos suyos, el Espíritu se revela como don de amor al difundirse el amor de Dios en nuestros corazones. Jesús se revela como Hijo al hacernos sus hermanos. La revelación de Dios aparece como una realidad histórica: existe una historia de salvación, con diferentes momentos y etapas (Antiguo Testamento, Jesús, Nuevo Testamento) y Dios se comunica con palabras y con hechos. La Biblia recoge estos hechos salvíficos y su interpretación, y la Iglesia es la comunidad capaz de interpretar la Escritura, porque en ella reconoce su propia historia de salvación. Dios es el autor de la Escritura en cuanto es el autor de toda la historia de salvación y de la Iglesia, a cuyo bien todo se dirige. Pero Dios continúa actuando en la historia, y aunque no revela misterios nuevos diferentes de la gran revelación en Cristo, sí nos hace comprender cada vez con mayor profundidad la verdad revelada. Los signos de los tiempos nos manifiestan la voluntad y el plan de Dios en la historia, a través de acontecimientos, aspiraciones y deseos de los pueblos (GS 4; 11; 44). La fe no es sólo adhesión a verdades, sino una vida nueva, la participación de la vida de Dios, que en Jesús se nos ha comunicado.

Para la comprensión más adecuada de la revelación, la mentalidad moderna incorpora al estudio de la Biblia y del dogma, los aportes de las ciencias históricas, lingüísticas, sociales, filosóficas, etc., proporcionando así una imagen de la revelación que sin dejar de ser misteriosa es más inteligible y se adapta a la mentalidad del mundo de hoy. Este puede exclamar: ¡Ahora entiendo la Biblia!, repitiendo el título de un conocido libro de introducción a la Escritura.

La visión solidaria se sitúa en continuidad con la visión moderna, pero acentuando una serie de dimensiones poco resaltadas en la anterior clave. Dios es captado en su revelación en la historia de salvación, como el Dios de la vida (Gn), el liberador de pobres y oprimidos cuyo clamor escucha compasivo (Ex), como el Dios que desea se realice el derecho y la justicia (Profetas). Esta imagen de Dios es la que el mismo Jesús nos presenta: un Dios que desea la liberación de los cautivos (Lc 4,l8) y cuyas entrañas se enternecen ante el hijo pródigo (Lc l5). La Trinidad es un misterio de comunión y participación, un misterio de solidaridad. La revelación de Dios se ordena a la realización del plan de Dios, al Reino. Este Reino es como la prolongación hacia afuera del misterio de solidaridad y comunión de Dios: el crear una humanidad fraterna, filial, reconciliada, libre, justa, igualitaria. El Espíritu continúa actuando en nuestra historia, y a través del clamor del pueblo oprimido hace escuchar se gemido y su anhelo de liberación (Rm 8 ).

La Escritura es la historia del pueblo de Dios en su marcha hacia el Reino y debe leerse desde el mismo pueblo. Los pobres son los primeros destinatarios del Evangelio y aquellos a los que han sido revelados los misterios del Reino. Desde la solidaridad con ellos, la Biblia alcanza su sentido, que se oculta a los sabios y prudentes de este mundo. Dios es el Dios de los pobres y estos son los que mejor comprenden su Reino (Mt 11,25). La fe exige vivir conforme el plan de Dios, practicar la justicia: "Ya se te ha dicho, hombre lo que es bueno y lo que el Señor te exige: Tan sólo que practiques la justicia que quieras con ternura y te portes humildemente con tu Dios" (Mq 6,8 ). En el NT esta práctica se concretará en el seguimiento de Jesús. No basta aceptar verdades correctas, hay que vivir siguiendo a Jesús.

2. Jesucristo

En la Cristología tradicional se llamaba el tratado del Verbo Encarnado. Se partía de una noción ya conocida de Dios y se aplicaba a Jesús. Puesto que Dios es todopoderoso y omnisciente, Jesús aparece más como un Dios disfrazado de hombre que como un hombre verdadero igual en todo a nosotros, menos en el pecado. Las tentaciones de Jesús, sus sufrimientos y fracasos resultaban inexplicables: eran únicamente para darnos ejemplo, pues en realidad El se mantenía ajeno a todo este mundo limitado y oscuro que nos rodea. Más que revelarnos quién es Dios a través de su humanidad de su vaciamiento, parecía confirmar nuestra idea de un Dios lejano, poderoso demasiado parecido a los poderosos de este mundo.

En esta Cristología tradicional, los misterios de la vida de Jesús contaban poco: todo lo llenaba el problema de la unión personal del Verbo con la humanidad de Jesús, la relación entre la Persona divina de Jesús y sus dos naturalezas. Era una Cristología centrada más directamente en los Concilios de la Iglesia que en la Escritura, más metafísica que histórica, más apologética que positiva.

Por otra parte la dimensión salvadora de Jesús quedaba prácticamente reducida al sacrificio de su muerte. La cruz, expiación del pecado de Adán, es la satisfacción infinita que se ofrece a Dios para reparar la ofensa infinita del pecado. La muerte de Jesús nos abre las puertas del cielo y así cada persona puede salvarse después de su muerte.

Hay una serie de aspectos que no aparecen claramente en esta Cristología: su vida, su doctrina, su Resurrección. Todo se centra en el sacrificio de su muerte expiatoria, entendida desde una mentalidad que refleja los esquemas feudales de la época: el vasallo que ofende a su señor necesita reparar la ofensa, y en el caso de Dios, sólo una Persona de igual dignidad divina -el Hijo- puede repararlo. No aparece ninguna dimensión liberadora del Evangelio de Jesús que ayude a transformar la historia, sino que todo parece reducirse a una salvación individual para la otra vida.

La Cristología moderna está bien arraigada en la Biblia. Parte de Jesús de Nazaret, de su vida, muerte y resurrección, recupera la humanidad de Jesús con todas las limitaciones anejas a la verdadera humanidad. Es Jesús quién nos revela que Dios es ante todo Padre, y también Jesús es quien nos revela la dignidad humana: el hombre es hijo de Dios y hermano de Cristo. La encarnación de Jesús es el Si de Dios al mundo y de la historia humana. Desde entonces no hay que buscar a Dios al margen de la historia, sino en la vida humana, en el amor fraterno.

La muerte salvadora de Jesús es fruto de haber asumido la naturaleza humana con todas sus consecuencias hasta el final, y su muerte da sentido al misterio oscuro de nuestra muerte. Pero es la Resurrección de Jesús la que clarifica el sentido de nuestra vida y de nuestra muerte, y por esto es fundamento de nuestra esperanza. La Resurrección de Jesús nos ofrece el modelo de la nueva humanidad, ya que Cristo resucitado es el Señor de la historia, alfa y omega del universo (GS 22; 32; 45). Es una Cristología más positiva y cercana a la problemática moderna, pero que puede pecar de un excesivo optimismo.

La Cristología solidaria se sitúa dentro del enfoque moderno, pero resaltando una serie de aspectos que se descubren al leer el Evangelio desde un mundo de pobreza y hambre de América Latina: Jesús fue pobre, miembro de un pueblo oprimido, optó por los marginados de su tiempo y les anunció a ellos preferentemente el plan de Dios, el Reino. Exige conversión para entrar en este Reino de Dios, que es una maravillosa Utopía que subvierte el orden injusto actual y desea construir una humanidad fraterna, filial, libre y reconciliada. Nos revela a su Padre como el Dios de los pobres, los pequeños y sencillos, y promete al Espíritu que llevará a término en la historia del futuro. Su muerte no es casual sino consecuencia de los conflictos que su misión y sus opciones provocan en todos aquellos que no desean que las cosas cambien ni que venga el Reino de Dios. La Resurrección de Jesús es el Sí del Padre al camino de Jesús y una gran buena noticia para los pobres y oprimidos de este mundo: Dios quiere la vida y levanta del polvo al oprimido. Pero es una mala noticia para Pilatos, Herodes, Caifás y todos los poderosos de este mundo. La vida de Jesús, su mensaje, su muerte y resurrección tienen un profundo contenido liberador. La solidaridad de Jesús con los pobres y su identificación con ellos en el juicio final, hace de los pobres el centro del nuevo Reino, del que ellos son los jueces escatológicos en el tribunal supremo de la historia (Mt 25, 3l-45).

Esta clave solidaria, esencialmente bíblica, fundamenta una actitud cristiana de seguimiento de la vida y mensaje de Jesús, a imitación de los apóstoles. Se entendería mal esta clave si se la redujese a una liberación meramente socio-económica, fruto exclusivo del esfuerzo humano, cayendo así en fáciles y engañosos mesianismos terrenos. Esta clave no olvida las dimensiones de trascendencia, de cruz y de gratuidad de la salvación. Jesús no es un simple profeta, ni un revolucionario social, sino el Hijo de Dios que ha venido al mundo para que tengamos vida en abundancia (Jn 10,10) y para hacernos libres de toda esclavitud (Jn 8,36) con su vida, muerte y resurrección.

3. Antropología

La concepción tradicional llamaba a esta parte de la teología el tratado sobre la gracia. Parte de la creación natural y de la elevación de la humanidad al orden sobrenatural, que en el paraíso terrenal se manifiesta esplendorosamente. De este estado paradisíaco Adán y Eva, por su pecado fueron expulsados, perdiendo la gracia sobrenatural y otros dones. Este pecado de los orígenes de la humanidad constituye la raíz del llamado pecado original, que se hereda a través de la procreación del que el bautismo nos limpia por la gracia de Cristo. Pero aún después del bautismo, el cristiano está sometido a la tentación, al pecado y a la muerte. La vida es una dura batalla, el trabajo del varón y el dolor del parto de la mujer continúan siendo castigo del pecado. El recuerdo de las postrimerías del hombre, muerte, juicio, infierno y gloria, son una continua ayuda para no pecar y salvar el alma, viviendo en una perpetua conversión personal y esperando los bienes eternos del cielo.

Esta visión sostiene un profundo dualismo entre el orden natural y el sobrenatural, entre tierra y cielo, entre cuerpo y alma, entre presente y futuro. Su visión de la humanidad se orienta al más allá y posee un sello más individual que comunitario. Todo se mide en relación con la eternidad, y el compromiso con el presente es poco fuerte. Trabajo, sexo, política, cuerpo, materia, parecen conllevar una carga más bien negativa. Hay siempre una nostalgia del paraíso perdido.

La clave moderna posee una visión más positiva e integral de la realidad terrestre y humana. Su visión es más bíblica y existencial. La obra creadora de Dios, que no impide una visión evolucionista del mundo, culmina en la creación del hombre y de la mujer, llamados a dominar el mundo con su trabajo e inteligencia y a vivir el amor interpersonal. El pecado original se contempla sobre todo desde una visión personalista: son nuestros pecados personales los que lo actualizan y lo hacen presente. El paraíso es concebido más bien como la Utopía de futuro para la humanidad. La misión humana en el mundo se concreta por acercarse a este ideal escatológico, los cielos nuevos y la tierra nueva. Mientras tanto, aunque hay desproporción entre nuestro trabajo es semilla de la nueva humanidad. La gracia todo lo penetra, todo es gracia. Hay una experiencia personal de la gracia. No se niega el pecado ni la oscuridad de la muerte, pero la muerte y resurrección de Jesús son fuente de salvación y de esperanza. Se insiste en la dimensión comunitaria del pecado y de la conversión ya que se es consciente que el pecado hiere a la Iglesia, comunidad de salvación en nuestro mundo. La visión moderna es fundamentalmente optimista, evolutiva, mira al futuro con confianza y valora la responsabilidad humana en el progreso de la historia, que camina hacia su transfiguración en Cristo.

La clave solidaria no parte de un ideal abstracto de humanidad, sino de la situación inhumana y de muerte a la que se ve sometida la mayor parte de la humanidad: hambre, analfabetismo, pobreza, insalubridad, vida dura y muerte anticipada prematura e injustamente. Esta realidad, opuesta al plan de Dios se debe llamar pecado. El pecado original y personal cristaliza en estructuras de pecado, en concreto en el pecado de injusticia que es el gran pecado de nuestro mundo. Su visión del mundo no es ilusoriamente optimista. El pecado produce muerte: desde Caín a la crucifixión de Jesús, desde los profetas asesinados a los millones de seres condenados hoy a la muerte. Sin embargo, desde la fe se recupera la esperanza: Dios quiere la vida, el mundo debe ser compartido por todos, Jesús es la Vida verdadera y desea que la poseamos en abundancia. Su resurrección significa la posibilidad de que la vida triunfe sobre la muerte y la víctima sobre el verdugo, Jesús con su vida y su identificación solidaria con los pobres nos marca la ruta: trabajar por la liberación integral de toda esclavitud y de toda muerte, luchar por quitar el pecado del mundo, realizar ya aquí el Reino, anticipar ya en este mundo parcialmente los cielos nuevos y la tierra nueva de la escatología, caminar hacia la comunión y participación plena de todos entre sí y con Dios.

Esta visión es colectiva e histórica: tanto la gracia como el pecado tienen dimensión histórica. La salvación debe hacerse presente en la historia del pueblo de Dios, llegando así a una experiencia no sólo personal sino histórica de la gracia. Es una concepción muy realista de la existencia humana y del peso del pecado en la historia, pero al mismo tiempo vive la esperanza de un futuro mejor, más conforme el plan de Dios, del que el paraíso es el símbolo que debe ser anticipado ya aquí. Desde los pobres de este mundo debe comenzar a surgir la nueva humanidad: el Reino de Dios, prometido a todos los que lloran y sufren.

4. La Iglesia

La clave tradicional concibe la Iglesia en forma de pirámide que se estrecha a medida que se acerca a la cúspide y se ensancha en la base. Es una eclesiología centrada en el poder y la autoridad. Más concretamente, es una Iglesia dividida en dos clases de cristianos: el clero o jerarquía y los seglares o laicos. La jerarquía (Papa, obispos, sacerdotes) está consagrada para las cosas espirituales de Dios, mientras los laicos se ocupan de las cosas terrenas, carnales y profanas. En la cúspide de la jerarquía está el Papa que domina sobre toda la Iglesia y sobre el pueblo cristiano. Esta eclesiología clerical destaca también las dimensiones juridicistas e institucionales de la Iglesia: aparecen en esta visión clásica de la Iglesia más los aspectos visibles e históricos que su dimensión de misterio. Es también una Iglesia triunfalista y gloriosa, en la que las atribuciones del Resucitado han pasado a sus representantes jerárquicos. Esta visión de Iglesia, típica de la Cristiandad medieval, provocó cismas en el cuerpo de la Iglesia: la separación de la Iglesia de Oriente, la Reforma. . . Pero todo ello no sirvió más que para reforzar la eclesiología tradicional, que alcanzará su punto álgido en el Vaticano I y en la época de Pío XII. Los intentos más modernos de elaborar una teología del laicado, no son más que pequeños remedios para superar una situación de alejamiento del mundo, ya imposible de sostener por más tiempo. El laicado, cuya misión es consagrar el mundo y ser como una avanzadilla eclesial en el terreno social y político, continúa en esta clave, subordinado al clero, del que es como su brazo ejecutivo.

La clave moderna recupera la dimensión de Iglesia de comunión, olvidada durante algunos siglos, y se define como sacramento de salvación. Frente a la visión anterior eminentemente clerical, la Iglesia se proclama toda ella Pueblo de Dios, constituido por el bautismo y la eucaristía. Frente al juridicismo anterior, la Iglesia moderna descubre su dimensión de misterio o sacramento. Frente al triunfalismo tradicional, la Iglesia ahora se proclama peregrina hacia el Reino y dialogante con el mundo. Esta visión eclesiológica moderna desemboca en una serie de reformas y medidas que acentuarán las notas del diálogo, la corresponsabilidad, la comunidad: reforma litúrgica, ecumenismo, sínodos, conferencias episcopales, consejos pastorales, etc. Esta eclesiología, iniciada en la primera mitad del siglo XX, culminará en el Vaticano II y en la eclesiología postconciliar.

La clave solidaria completa y desarrolla la eclesiología moderna en algunos puntos. Es una eclesiología liberadora, que quiere ser sacramento histórico de liberación para los sectores populares y pobres. Quiere destacar que el Pueblo de Dios, que nació en el Exodo fue un pueblo liberado de la esclavitud y que sólo buscando la liberación del pueblo pobre, la Iglesia puede llegar a ser auténtico Pueblo de Dios. Es una Iglesia que toda ella se orienta hacia el Reino de Dios, un Reino que en un mundo dividido por la injusticia, debe ser Reino de Justicia, derecho y libertad. Es una Iglesia encarnada y presente en el mundo, pero sobre todo en el mundo de los pobres. Es la Iglesia del Crucificado y de los crucificados de este mundo por el egoísmo del pecado. Quiere ser no sólo Iglesia para los pobres, sino Iglesia de los pobres.

Este tipo de eclesiología, que va creciendo en torno a Medellín y Puebla, se concreta en las comunidades eclesiales de base, nuevos carismas, nuevos ministerios, un nuevo estilo más profético, y también sufre conflictos, persecuciones, y martirio. Desde la solidaridad con los pobres de la tierra, esta eclesiología adquiere una fuerte dimensión evangélica y popular: su opción prioritaria por los pobres es su nota más característica.


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Publicado el 09 agosto 2007 - 02:13

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Con esto terminamos... Fin del documento. Una manera de ser cristiano nueva, dificil y muy discutida por los sectores fundamentalistas y reaccionarios de America Latina y el mundo


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VÍCTOR CODINA SJ



5. Sacramentos

Es importante la visión que se tenga de los sacramentos, pues a través de ellos se ofrece una imagen de cristianismo y de la Iglesia.

Para la clave tradicional los sacramentos son instrumentos de gracia, unos canales a través de los cuales, la gracia que Cristo nos mereció por su pasión, se nos comunica a cada uno de nosotros. De ahí proviene su eficacia infalible, con tal que se pongan las condiciones mínimas necesarias para su recto funcionamiento. El sacerdote es el ministro de estos sacramentos, por ser el mediador entre Dios y los hombres. El administra estas fuentes de gracia de la Iglesia. El bautismo de los niños sería el sacramento prototipo: en él aparece la dimensión objetiva de la salvación que Dios nos comunica a través de estos instrumentos de gracia.

La visión sacramental moderna recupera otros aspectos del sacramento: su dimensión simbólica, el encuentro personal con el Resucitado y sobre todo su eclesialidad. Los sacramentos son celebraciones litúrgicas de la Iglesia, momentos fuertes en los que la comunidad eclesial expresa y celebra el misterio pascual de Cristo y el triunfo definitivo de su gracia sobre el pecado. A través de ellos, no sólo las personas reciben gracia, sino que la misma comunidad eclesial, se va estructurando, como comunidad de Jesús en el mundo. El sacerdote aparece como representante cualificado de la Iglesia. La eucaristía es el sacramento principal, ya que gracias a ella la Iglesia se va constituyendo como Cuerpo de Cristo. El sacramento presupone fe y opción personal de parte del sujeto que se acerca a la Iglesia. En esta clave moderna, el bautismo de niños, o es cuestionado por algunos, o no se considera como el prototipo de los sacramentos, sino más bien como un caso límite muy peculiar. El ideal sacramental sería los sacramentos de los adultos, donde ellos corresponden a la gracia con su fe y disposición personal. Esta clave sacramental entra en diálogo con el mundo moderno secular y liberal.

La clave solidaria redescubre otros aspectos de los sacramentos: su dimensión profética, el ser símbolos de la Utopía del Reino, la exigencia de justicia y solidaridad con los pobres, su conexión con el seguimiento del Jesús histórico. Los sacramentos deben ser símbolos liberadores de una Iglesia que ha optado por los pobres y que desea que haya conexión entre el misterio pascual que celebra toda liturgia y el compromiso cristiano en la vida del pueblo. Tanto la pascua judía, como la pascua de Jesús, son acontecimientos salvíficos profundamente liberadores. En la liturgia debe resonar el clamor del pueblo y hacerlo llegar a Dios. En esta clave la preocupación principal no es por el problema de la edad de los que reciben los sacramentos (niños o adultos), sino por el compromiso que se tiene frente a las estructuras injustas de la sociedad. Esta clave se preocupa por mantener unidos el sacramento del altar y el sacramento del hermano. Evidentemente esta mentalidad se alimenta de la constante experiencia de miseria, de pobreza y de marginación de las mayorías de América Latina y del Tercer Mundo.

6. Espiritualidad

La espiritualidad tradicional parte del dualismo entre materia y espíritu, parece reducir la espiritualidad a la esfera de lo sagrado, a personas especialmente consagradas a Dios (sacerdotes y religiosos), a la vida interior y al cultivo de la belleza del alma. La división entre preceptos y consejos evangélicos separa a los cultivadores de la perfección (clero, y religiosos) de los que se contentan con cumplir los mandamientos (laicos). La espiritualidad es para las élites y grupos selectos, con capacidad intelectual y económica para dedicarse a la contemplación y a la vida espiritual.

La espiritualidad, vista desde la clave moderna, recupera las nociones de bautismo y Pueblo de Dios, se centra en el don de la caridad y en la celebración litúrgica. La vocación universal de toda la Iglesia a la santidad y la doctrina de la pluralidad de carismas en la Iglesia, abren las puertas de la espiritualidad a todo bautizado. La perfección se centra en la caridad y su cumbre es el don del martirio. La espiritualidad se debe vivir en el mundo, en el trabajo y en las realidades temporales cotidianas. Surge la espiritualidad laical y la de la propia profesión.

La espiritualidad solidaria quiere vivir según el Espíritu de Jesús y por esto mismo se inserta en el mundo de los pobres, escucha su clamor, se solidariza con sus sufrimientos y aspiraciones, encuentra al Señor en el pobre y vive la experiencia espiritual de la contemplación en la acción liberadora. El pobre evangeliza, obliga a la conversión, interpela y se convierte en lugar espiritual privilegiado. La misma religiosidad popular adquiere un sentido espiritual: el orar desde los pobres y con ellos, actualiza la inserción de Jesús en medio de su pueblo y su experiencia espiritual del bautismo, de la cruz y de su solidaridad con los pobres.

7. Pastoral

La pastoral tradicional es la liderada exclusivamente por la jerarquía eclesiástica y se centra en la instrucción religiosa y moral del pueblo. Basada en el poder, en la autoridad y en la transmisión dogmática de las verdades de la fe, busca la tutela y la defensa de la fe de los bautizados, más que la evangelización del mundo. Está ligada a un tiempo de sociedad tradicional, más bien agraria y a un mundo homogéneamente cristiano.

La pastoral moderna incluye a los laicos en su tarea misionera. Trabaja con minorías selectas que han de actuar luego, como fermento en el mundo moderno secular y descristianizado. Se orienta al testimonio en la propia profesión y en la vida familiar, pero sin cuestionar demasiado las estructuras económicas del mundo moderno. Fomenta movimientos apostólicos, bien organizados y con buena formación, sobre todo en las capas medias de la sociedad. Su espiritualidad no es la de las ascesis y renuncia, sino la valoración de las realidades terrenas y la presencia anónima del Reino allí donde hay amor y justicia.

La pastoral solidaria, unida al contexto de la pobreza e injusticia de América Latina, une a todos los miembros de la Iglesia comprometidos con la justicia en favor de los pobres, se orienta a la concientización de las situaciones de justicia y a la lucha por la liberación. Se dirige al mundo de los pobres, excluidos normalmente no sólo de la sociedad sino también de una participación activa en la Iglesia. A través de comunidades eclesiales de base, cursillos bíblicos, etc., busca evangelizar a los pobres y ser evangelizados por ellos. Es una pastoral profética y con frecuencia conflictiva, ya que no se limita a fermentar la sociedad, sino a liberarla de todas las esclavitudes.

8. Educación

La educación tradicional es con frecuencia clasista y elitista, marginando a muchos sectores de la sociedad de su influjo. Sus contenidos son objetivos, doctrinales, abstractos, muchas veces trasplantados del exterior. Su metodología es uniforme y pasiva, limitándose a transmitir contenidos muchas veces alejados de los intereses reales del pueblo. Se orienta más a mantener las estructuras vigentes que a cuestionarlas, y busca crear individuos que triunfen en el vida y tengan "más". Fomenta un cristianismo individualista y alejado del compromiso en la vida. Suele limitarse a la pedagogía sistemática y formal, con que consigue innegables buenos resultados de preparación eficaz, laboriosidad y espíritu científico y metódico, pero que se pone al servicio de los sectores más privilegiados de la sociedad.

La educación moderna busca una mayor democratización de la enseñanza, renueva sus contenidos y técnicas pedagógicas, es más pluralista y respetuosa de los valores culturales y locales, procura que el educando sea sujeto de su propia educación y que se oriente a una forma de las estructuras sociales. Pretende que cada persona "sea más" y educa para un cristianismo más consciente para vivir su fe en un mundo secular. Aprovecha todos los recursos de la educación asistemática y procura crear una comunidad educativa (profesores y padres) renovada y activa.

La educación solidaria pretende ser educación popular, dirigiéndose especialmente a los sectores marginados social y culturalmente. Intenta situar los contenidos en el contexto histórico y geográfico del pueblo, orientando al cambio permanente y orgánico de América Latina. Parte de la vida y se orienta a la praxis. Desea que el pueblo sea sujeto histórico de su desarrollo liberador, fomentando su originalidad creativa. La escuela desea anticipar ya en sus mismas estructuras un nuevo tipo de sociedad, que se acerque más a los valores evangélicos del Reino de Dios. Se orienta a un cristianismo liberador, que participe del proyecto liberador de Jesús.

9. Otros temas

Hemos elegido una serie de temas básicos dentro de la fe y vida cristiana. Pero se podrían añadir otros muchos. Así por ejemplo, María en la clave tradicional aparece llena de privilegios y la mariología se utiliza como argumento apologético contra protestantes y racionalistas; en la clave moderna es símbolo de la Iglesia; en la clave solidaria aparece como mujer del pueblo que enaltece a Dios y proclama que la salvación tiene que ver con la justicia hacia los pobres.

La eucaristía en la clave tradicional se centra en las dimensiones sobre todo de presencia real y sacrificio; en la clave moderna recupera las dimensiones de comunidad eclesial y de comunión; en la clave solidaria la eucaristía se ve relacionada con la justicia, la solidaridad y el hambre del mundo.

La moral tradicional se basa en normas y leyes que deben ser cumplidas; la moral moderna en la opción fundamental de la persona ante los valores del Evangelio; la moral solidaria acentúa que la opción fundamental debe pasar por la opción por los pobres, en seguimiento de Jesús.

La vida religiosa tradicional deja el mundo y se consagra a Dios buscando su perfección en el marco de unas reglas e instituciones propias, desde donde hace su apostolado; la vida religiosa moderna busca su presencia testimonial en el mundo urbano y secular, desde una comunidad evangélica y un trabajo profesional, muchas veces secular; la vida religiosa solidaria intenta insertarse en el mundo de los pobres acompañándolos evangélicamente desde su propio carisma religioso profético, en su marcha liberadora hacia el Reino.

La moral tradicional tiende a ser asistencialista frente a los pobres ("dar pan y peces"), la acción moderna busca el desarrollo y la promoción ("dar una caña y enseñar a pescar"), la acción solidaria pretende la liberación de las esclavitudes ("el río es de los pescadores").

Con todas estas aplicaciones concretas se puede comprender mejor la diversidad de claves para la interpretación del cristianismo, y cómo aquellos tres esquemas mentales tienen su repercusión en la visión y praxis de la fe cristiana y configuran tres rostros diferentes de la vida cristiana.

En fin, para volver a los tres ejemplos aducidos al comienzo, y que seguramente ahora se comprenden mejor, el Catecismo de Pío X corresponde a una catequesis tradicional, el Catecismo holandés a la catequesis moderna y del Brasil a la solidaria.



5. REFLEXIONES FINALES


Después de haber expuesto estos tres esquemas mentales y de haber visto su repercusión en las diferentes concepciones del cristianismo, podemos, para acabar, hacer una serie de reflexiones útiles para nuestra mejor comprensión del ser cristiano hoy en América Latina.

1. Ha aparecido con bastante claridad que tanto el surgimiento de cada clave como su desarrollo está estrechamente vinculado al proceso histórico de la humanidad y en concreto de la Iglesia.

La clave tradicional corresponde a un momento histórico definido, rural, pretécnico, sacral y se plasma en la Cristiandad medieval.

La clave moderna surge en torno al Renacimiento.

La clave solidaria nace al irrumpir los pueblos pobres y jóvenes en la historia contemporánea.

Desde el punto de vista eclesial, la clave tradicional es preconciliar, abarca el tiempo anterior al Vaticano II, la clave moderna surge en torno al Vaticano II y la solidaria en el postconcilio, concretamente en torno a Medellín y Puebla. Hay pues un condicionamiento histórico y cronológico en cada una de estas claves.

2. Sin embargo, existe también una simultaneidad sin-crónica de las claves. En el momento presente, en la Iglesia actual, coexisten las diferentes claves, creando tensiones y conflictos a todo nivel.
Ciñéndonos a América Latina existen sectores (por ejemplo: los campesinos) ubicados mayoritariamente en la clave tradicional, sectores urbanos (universitarios, profesionales) en la clave moderna y grupos populares (CEBS) en la clave solidaria. Este fenómeno es típico de los momentos de acelerado cambio histórico como el presente.

3. Más aún, existe una paradoja que merece nuestra atención. A nivel eclesial, la clave tradicional, es menos tradicional de lo que podemos pensar. Muchos elementos del catolicismo tradicional, no son los de la primitiva tradición de la Iglesia, sino que son fruto de una lenta evolución histórica: influjo del judaísmo tardío, paso de una Iglesia de mártires a una Iglesia unida al imperio en el siglo IV, creciente poder de la autoridad eclesial, progresiva pérdida de elementos simbólicos y comunitarios, desmembración del Oriente cristiano.

La clave moderna, en muchos aspectos, es más tradicional que la clave clásica ya que recupera la tradición de la Iglesia primitiva, de la Escritura y de los Padres. Muchas "innovaciones" del Vaticano II son una vuelta a la genuina tradición eclesial.

Lo mismo puede afirmarse de la clave solidaria: en el fondo vuelve a conceptos profundamente bíblicos y tradicionales, al Exodo, a la predicación profética, al Jesús histórico que nos presentan los Evangelios, a la comunidad de Jerusalén, a la preocupación patrística por la justicia, a los movimientos populares y comunitarios de la Edad Media, a las grandes figuras misioneras de la Iglesia de los siglos XVI - XVII (Las Casas, Valdivieso, Montesinos, Domingo de Santo Tomás. . . ), a los movimientos cristianos sociales utópicos del siglo XIX, a la Doctrina Social de la Iglesia. En cada época, junto a la clave oficial, ha permanecido oculta y soterrada una dimensión más profunda, el polo profético de la Iglesia.

4. Todo ello nos obliga a ser honestos al momento de valorar las claves, sobre todo las del pasado.

Seríamos injustos si no reconociéramos valores positivos en la clave que hemos llamado tradicional. En ella descubrimos valores auténticamente cristianos, que han ayudado a santificarse dentro de esta mentalidad, a muchas generaciones de la Iglesia. Descubrimos en esta mentalidad un sentido religioso profundo, sumisión a Dios y obediencia a la jerarquía, sano relativismo ante las cosas humanas, conciencia de pecado, sensibilidad hacia lo trascendente, compasión hacia los pobres. Pero también hay en esta clave elementos que, por lo menos hoy, nos parecen negativos: dualismo más griego que cristiano, poca preocupación por el compromiso histórico, individualismo, clericalismo, paternalismo, etc. Esta mentalidad influye notablemente en sectores conservadores de la sociedad y de la Iglesia, como expresa bien Medellín:
"Los tradicionales o conservadores manifiestan pocas o ninguna conciencia social, tienen mentalidad burguesa y por lo mismo no cuestionan las estructuras sociales. En general se preocupan por mantener sus privilegios que ellos identifican con el "orden establecido", su actuación en la comunidad posee un carácter paternalista y asistencial, sin ninguna preocupación por la modificación de "statu quo". (DM Pastoral de élites, 6)".

Estos sectores en América Latina tienden a defender la "civilización cristiana occidental" y a ver marxismo en todo lo que sea exigencia de justicia. Este tipo de cristianismo es el que ha posibilitado en América Latina la actual situación de injusticia y el que fomente en el pueblo actitudes de resignación pasiva.
La clave moderna posee grandes valores, ya que su inspiración es fundamentalmente bíblica y patrística. Se ha abierto también a valores irrenunciables del mundo moderno: respecto a la persona, progreso científico, diálogo, autonomía de lo secular. Sin embargo no está exenta de ambigüedades: asimilación acrítica de la modernidad, por ejemplo de la supremacía del progreso teórico y económico sobre el social y humano, visión demasiado optimista del desarrollo sin darse cuenta del costo social que ha producido a los países del Tercer Mundo, insensibilidad ante las raíces pecaminosas del capitalismo, lejanía del dolor del pueblo, racionalismo e individualismo burgués, autosuficiencia. De todo ello también advierte oportunamente Medellín (Pastoral de élites, 7).
La clave solidaria tampoco está exenta de riesgos. Tanto Medellín (Pastoral de élites, 8 ), como Puebla (48l-490) y documentos de la Iglesia universal (Instrucción sobre la Teología de la Liberación) aluden a ellos: reduccionismo a lo sociopolítico, utilización poco crítica de las ciencias sociales, rupturas eclesiales, etc. Sin embargo, sus valores positivos son innegables: sensibilidad profética a la justicia, vuelta a los pobres, visión más evangélica del cristianismo y de la Iglesia, preocupación por la instauración del Reino de Dios en la historia, etc.

5. Todo lo dicho hasta aquí podría conducir a un cierto relativismo. Tal vez algunos podrían sacar la conclusión de que no importa mucho qué clave se elija, puesto que cada clave tiene aspectos positivos y negativos. Esta conclusión no sería correcta.

El cristianismo no es una ideología sino una vida, un camino. Y debe vivirse en cada momento histórico, respondiendo a las interpelaciones concretas de la humanidad. El Dios de la revelación continúa manifestando sus designios salvadores en la historia, a través de los anhelos y aspiraciones de los pueblos. Esta es la doctrina de los signos de los tiempos que el Vaticano II expone y aplica (GS 4;11;44). No se puede servir a Dios al margen de la historia y de los signos de los tiempos.

En el mundo de hoy, concretamente en América Latina, el clamor de los pobres en busca de su liberación es uno de los principales signos de nuestro tiempo (Instrucción sobre la Teología de la Liberación, l). Discernirlo, comprenderlo, captarlo, asimilarlo y hacer de él una forma continua de enfocar la realidad y la fe, es una tarea ineludible hoy, y mucho más en América Latina. Esto es lo que la Iglesia de América Latina intentó hacer en Medellín y Puebla, y lo que la teología latinoamericana intenta hacer al hablar de liberación.
Optar por la clave solidaria no es una moda ni una arbitrariedad, sino una exigencia espiritual. Al hacerlo, deben incorporarse a ella los aspectos positivos de claves anteriores, pero situándolos en una óptica nueva. Es realmente un cambio de forma de pensar, valorar y actuar. Es una conversión, un renacer de nuevo. Hemos de imitar al padre de familia de la parábola evangélica, que de sus reservas va sacando cosas nuevas y cosas antiguas (Mt l3,52). Pero este vino nuevo requiere vasijas nuevas (Mc 2,22).

6. Pero ¿cómo renacer a la solidaridad? ¿cómo pasar de una clave a otra? El paso de la clave tradicional a la moderna, es un cambio sobre todo cultural e intelectual. Las rupturas producidas al emerger el mundo moderno, exigen naturalmente un cambio de mentalidad. La humanidad fue pasando lentamente del mundo premoderno al moderno. Cuando la Iglesia en el Vaticano II se adaptó al mundo moderno, muchos cristianos respiraron satisfechos: el ser cristiano ya no entraba en conflicto con su modernidad. Después del Vaticano II, los cursos de "renovación conciliar" pretendían ayudar a este cambio de mentalidad que fundamentalmente consistía en una renovación intelectual, en ver al mundo, también el mundo de la fe, con ojos "modernos", en abrirse a la cultura moderna.

El paso de la modernidad a la solidaridad es más complejo. No implica sólo una mayor ilustración intelectual, sino un cambio de lugar social. Es ver al mundo y leer el Evangelio desde los pobres, escuchando su clamor en solidaridad con las aspiraciones de la mayoría. Es ver el mundo desde abajo, morir a una posición de privilegio, de superioridad y aceptar que a los pobres ha sido revelado el misterio del Reino (Mt 11,25). Es cambiar de interlocutor, de sensibilidad, de óptica. Para muchos puede suponer una profunda ruptura. En todo caso, exige una conversión.

La evolución de Mons. Romero puede resultar ilustrativa. Educado en una mentalidad cristiana tradicional, durante el Vaticano II fue pasando a una concepción más moderna de la fe. Esto le dio una visión más abierta y científica, pero no le hizo cambiar de lugar social. Su elección episcopal para la sede de San Salvador en l977 alegró a la oligarquía, a los militares y a los sectores más tradicionales de la Iglesia. Fue el descubrimiento de la cruel realidad de muerte del pueblo salvadoreño, el asesinato de sus sacerdotes, catequistas y del pueblo sencillo por las fuerzas de seguridad del Estado y por sus poderosos aliados, lo que le hizo abrir los ojos a la realidad del mundo de los pobres, como una realidad injusta, contraria al plan de Dios. Esto provocó su conversión al Evangelio de los pobres, al Dios de la vida. De ahí brotó la maravillosa fuerza profética de sus eucaristías dominicales en la catedral, su preocupación por encarnar la Iglesia en el mundo de los pobres, su valentía ante los opresores del pueblo. De ahí brotaron sus tensiones y conflictos con sectores de la Iglesia y de la sociedad, y con el mismo departamento del Estado de EE.UU. Por esto murió mártir, mezclando su sangre con el cáliz de la eucaristía.

Por otra parte, hay sectores populares que viven en la clave tradicional, que fácilmente pueden acceder a la clave solidaria, casi sin pasar por la clave moderna. El pueblo que ha sufrido una explotación de siglos, puede comprender fácilmente los aspectos alienantes de la clave tradicional y las dimensiones liberadoras de la clave solidaria. No necesita cambiar de lugar social, sino tomar conciencia de su realidad y del secuestro a que ha sido sometido el Evangelio durante mucho tiempo.

7. Comenzábamos preguntándonos ¿Qué significa ser cristiano en América Latina? Hemos visto cómo en un continente pobre y cristiano, ser cristiano no puede ser algo meramente tradicional o ritual, sino que se debe expresar en el seguimiento de Jesús. El seguimiento de Jesús implica proseguir su camino liberador hacia el Reino.


Nos preguntábamos luego el por qué de esta opción. Después de haber explicado las diversas formas de comprender y vivir la fe, podemos ahora ya responder. Seguir a Jesús en su misión es la forma de ser cristiano en América Latina, ya que la situación de injusticia del pueblo nos interpela a vivir el cristianismo desde la clave solidaria. Esto que para el pueblo pobre y sencillo de América Latina aparece algo obvio, para otros sectores de la Iglesia tal vez resulte nuevo o incluso escandaloso. En realidad es algo simplemente evangélico: ser cristiano consiste en imitar a los Apóstoles y discípulos en el seguimiento de Jesús.

Pueden servirnos para cerrar estas reflexiones las palabras del diario del Papa Juan XXIII, escritas pocos días antes de su muerte:

"Hoy más que nunca (ciertamente más que en siglos precedentes), estamos llamados al servicio del hombre como tal, no sólo de los católicos. A defender sobre todo y en todas partes los derechos de la persona humana y no sólo los de la Iglesia católica. Las condiciones actuales, las investigaciones de los últimos 50 años, nos han llevado a realidades nuevas, tal como dije en el discurso de apertura del Concilio. No es que haya cambiado el Evangelio: somos nosotros los que hemos comenzado a comprenderlo mejor. Quien ha tenido la suerte de una vida larga se encontró al comienzo de este siglo frente a nuevas tareas sociales; y quien -como yo- ha estado 20 años en Oriente y 8 en Francia y se ha encontrado en el cruce de diversas culturas y tradiciones, sabe que ha llegado el momento de discernir los signos de los tiempos, de aferrarse a la oportunidad de mirar hacia adelante"
.


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#38 Ge. Pe.

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Publicado el 16 agosto 2007 - 01:30

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Iniciamos otro documento tan interesante como los otros...
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VICTOR CODINA


¿QUE ES LA IGLESIA?



Contenido:

Presentación

El Plan de Dios

1. ¿Cómo surge la Iglesia?

Dios reúne al pueblo de Israel
Jesús convoca al nuevo pueblo de Dios
La Iglesia nace en Pentecostés

2. ¿Cuáles son las características de la Iglesia?

Pueblo reunido en comunidad
Pueblo que construye el Reino de Dios
Pueblo en marcha

3. ¿Nuestra Iglesia?

Conclusión


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Presentación


La Parroquia del Rosario de Oruro cumple 30 años de existencia. Su actual párroco, con muy buen sentido, pensó que la mejor forma de festejar este aniversario era profundizar en el sentido de Iglesia.

Para ello me pidió que elaborase algunos temas, para ser reflexionados, compartidos y vividos por los diferentes grupos parroquiales.

Más tarde, pensando que tal vez otras comunidades podrían aprovecharse de estos guiones sobre la Iglesia, decidí publicarlos.

Este es el origen de estas páginas: una celebración parroquial.

Esto explica también su enfoque, más pastoral que académico.

No basta leer este texto personalmente. Hay que reflexionarlo en grupo, responder a las preguntas señaladas, completarlo con las lecturas bíblicas propuestas, convertirlo en oración y canto comunitario.

La misma estructura de estas páginas quiere iniciar y fortalecer la experiencia de la Iglesia. Porque la Iglesia no es una teoría, sino una comunidad.

Desearíamos que este folleto contribuyese no sólo a conocer mejor y a amar más a la Iglesia, sino sobre todo a fortalecer nuestro sentido de pertenencia eclesial y nuestro compromiso solidario con su marcha liberadora hacia el Reino de Dios.

Victor Codina
V.C.

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Introducción


El Plan de Dios


Nos cuenta el evangelio de Mateo (Mt 16, 13-19 ) que un día Jesús preguntó a sus discípulos quien decía la gente que era él. Los discípulos le dijeron que unos decían que él era Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o algunos de los profetas.

Entonces Jesús les preguntó quién decían ellos, sus discípulos, que era él. Pedro tomando la palabra lo proclamó como el Cristo, el Hijo del Dios de la vida. Jesús como respuesta le dijo que él sería la piedra fundamental de su Iglesia.

También nosotros podemos hacer las mismas preguntas sobre la Iglesia. ¿Qué dice la gente que es la Iglesia? ¿qué dicen ustedes?.

A la primera pregunta - ¿qué dice la gente qué es la Iglesia?- seguramente obtendremos muchas respuestas

- para unos la Iglesia es el templo, el edificio donde los cristianos se reúnen los domingos.
- para otros la iglesia son los obispos, los curas, las madrecitas.
- para otros la Iglesia es una institución poderosa que está al lado de los ricos.
- para algunos la Iglesia es una secta más, de las que hoy día aparecen por todas partes
- para otros la Iglesia es una especie de seguro de salvación para la otra vida
- para algunos la Iglesia es simplemente una tradición, un conjunto de costumbres que hemos recibido de nuestros antepasados.

Pero a nosotros nos corresponde contestar la segunda pregunta. ¿Y ustedes qué dicen qué es la Iglesia?, es decir ¿qué es la Iglesia para nosotros?.


Preguntas para el grupo

1. ¿Qué es la Iglesia para nosotros?.
2. ¿Qué piensan ustedes de las diferentes, opiniones que la gente tiene sobre la Iglesia?.


Las páginas que siguen intentarán aclarar estas preguntas. Primero intentaremos responder a la cuestión de cómo surgió la Iglesia, luego buscaremos cuáles son las principales características de la Iglesia, y finalmente diremos algo sobre nuestra Iglesia.

Así, al final de estas páginas, podremos responder mejor entre todos a la pregunta ¿qué es la Iglesia para nosotros?.

“En todo tiempo y en toda nación son aceptos a Dios los que le temen y practican la justicia. Quiso, sin embargo, Dios santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados entre sí, sino constituirlos en un pueblo que le conocieran en verdad y le sirviera santamente”.
(Constitución dogmática del Vaticano II sobre la Iglesia, n. 9.)

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#39 Ge. Pe.

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Publicado el 18 agosto 2007 - 06:00

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Continuamos...
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VICTOR CODINA
¿QUE ES LA IGLESIA?


El Plan de Dios


Dios tiene un plan maravilloso, un gran proyecto, un misterio que se va revelando en la historia: hacer de la humanidad -hombres y mujeres- como una gran familia, que sean sus hijos, hermanos de Jesús y que vivan de su misma vida, gracias a su Espíritu.

Por esto Dios creó el mundo, el cielo y la tierra, el sol y las estrellas, las plantas y los animales, y finalmente, la primera pareja humana. La narración del Génesis sobre la creación relata de formas poética y simbólica este plan de Dios. Adán y Eva, la primera pareja, viven felices, en armonía con la naturaleza y en comunión con Dios, su Padre (Gen 1-2 ).

Pero este plan pareció quedar arruinando por el pecado. Los capítulos 3 al 11 del Génesis nos explican de forma gráfica esta irrupción del pecado: la muerte entra en el mundo (Caín mata a Abel, Gn 4 ), la naturaleza se vuelve contra la humanidad (el diluvio, Gn 6-9 ), la humanidad se dispersa (la Torre de Babel, Gn 11 ). La humanidad quiere vivir su propio proyecto, no el plan de Dios (pecado de Adán y Eva, Gn 3).



Vocación de Abraham

Pero Dios quiere, a pesar de todo, llevar su plan adelante, y para ello decide llamar a un hombre para que sea el padre de un pueblo, que tendrá la misión de llevar adelante el plan de Dios. El Génesis, después de los tristes capítulos que narran el pecado (Gn 3-11 ), comienza con una nueva esperanza:

“Yavé (Dios) dijo a Abraham: Deja tu país, a los de tu raza, y a la familia de tu padre y anda a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tu serás una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. En ti serán benditas todas las razas del mundo” (Gn 12, 1-3 ).

Abraham creyó, obedeció a Dios, dejó su tierra y caminó hacia un país desconocido. Partió con su esposa Sara sin saber a dónde iba. Abraham es la cabeza de un pueblo nuevo, del pueblo de Israel, y el padre de todos los creyentes. El personifica a todos lo que en nombre de Dios dejan atrás el mundo de muerte, odios y división y caminan hacia una tierra nueva de esperanza. Comienza una historia de bendición. El plan de Dios se va a realizar. Si los 11 primeros capítulos del Génesis representan a la humanidad pecadora, que no se fía de Dios, que mata y se divide, Abraham inicia el comienzo de una era de fe en Dios, de vida y de comunión.

“Abraham
es todo aquel que,
en nombre de su fe en Dios
y por causa de su amor a la vida
se levanta contra toda una situación
de injusticia y de maldición
creada por los hombres,
y que para cambiar esta situación
está dispuesto a abandonarlo todo
a cambiar lo cierto por lo incierto
lo seguro por lo inseguro
lo conocido por lo desconocido
el presente por el futuro”.

(Carlos Mesters, Abraham y Sara).

Preguntas para el grupo

¿Qué lecciones sacamos de esta primera reflexión sobre el plan de Dios y sobre la vocación de Abraham para comprender mejor lo que es la Iglesia?.

¿Nos dejamos conducir confiadamente por Dios como Abraham?

Lecturas bíblicas sobre Abraham.

Vocación y vida de Abraham, Gn 12-23
Fe de Abraham, Heb 11, 1-19
Abraham padre de los creyentes, Rm 4
Somos descendientes de Abraham, Gál 3, 1-18
La fe de Abraham le inspiró buenas obras, Sant. 3, 20-23.




A ¿Como surge la Iglesia?


1.- Dios reúne al pueblo de Israel


Dios reunió un pueblo: el pueblo de Israel, semilla de la Iglesia. Veamos sus principales etapas.

Liberación de Egipto

Los descendientes de Abraham fueron a Egipto. Allí los egipcios y su rey Faraón les esclavizaron y oprimieron duramente, e incluso Faraón condenó a muerte a los niños varones recién nacidos de los Israelitas. Uno de ellos se salvó milagrosamente de las aguas: Moisés.

Moisés un día, sintió que Dios lo llamaba:

“Yavé (Dios) dijo. He visto la humillación de mi pueblo en Egipto y he escuchado sus gritos cuando lo maltratan sus capataces. Yo conozco su sufrimiento… Ve, pues, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Ex. 3, 7.10 )

El Faraón no dejaba salir al pueblo, pues se quedaba sin mano de obra barata. Moisés acaudilló al pueblo, y este salió de Egipto atravesando el Mar Rojo. Dios liberó al pueblo, secando el mar para que el pueblo pasara sin dificultad, pero en cambio atascó las ruedas de los carros egipcios que los perseguían y los arrojó en el mar.

Así Dios liberó al pueblo de Israel. Es la primera Pascua. Una vez el pueblo liberado, Dios estableció con ellos un pacto de Alianza en el monte Sinaí.. el pueblo de Israel sería el pueblo de Dios, y Yavé el Dios de Israel. Y les entregó los diez mandamientos que son leyes para que el pueblo viviese en libertad (Ex 19-20). El pueblo de Dios es un pueblo liberado y libre: por eso no adora a los ídolos de la muerte sino al Dios de la vida, por esto respeta las personas y sus bienes, ama la verdad y protege la vida del pueblo como vida de Dios.

Cántico del pueblo al ser liberado de Egipto:
“Cantaré a Yavé que se hizo famoso,
arrojando al mar al caballo y su jinete,
Yavé, mi fortaleza. A él le cantaré.
El fue mi salvación,
El es mi Dios y lo alabaré,
El Dios de mi padre, lo ensalzaré.
Yavé es un guerrero, Yavé es su nombre.
Precipitó en el mar los carros del Faraón y su ejército,
sus valientes se hundieron en el Mar Rojo.
Guiaste con amor al pueblo que rescataste,
lo llevaste con poder a tu santa morada”
(Ex 15, 1-4. 13)

Preguntas para el grupo:

¿Qué importancia tiene para la iglesia el hecho de que el pueblo de Dios naciese de la liberación de la esclavitud?
¿Se experimenta la presencia de Dios siempre que el pueblo pasa de la esclavitud a la libertad?

¿Continúa Dios escuchando el clamor del pueblo?

Lecturas Bíblicas:
Sufrimientos del pueblo de Israel en Egipto, Ex 1, 8 -22
Nacimiento de Moisés, Ex 2, 1-10
Vocación de Moisés, Ex 3, 1-12
Paso del mar Rojo, Ex 14, 5-31
Dios hace una alianza con su pueblo, Ex 19
Los mandamientos, Ex 20, 1-21




Infidelidad del Pueblo de Dios

El pueblo de Dios no fue fiel a la Alianza, se apartó muchas veces del Dios de la vida y adoró a los ídolos del poder, del dinero y del placer. El pueblo que había sido liberado de la esclavitud volvió a esclavizar a los más pobres de su propio pueblo. Sus jefes no fueron buenos pastores del pueblo y éste se dispersó. Dios envió a los profetas para llamar al pueblo a la conversión y anunciarles una nueva Alianza y un nuevo Exodo. Y prometieron que Dios mismo iba a ser el Pastor de Israel.

“Así dice Yavé.. Yo mismo cuidaré de mis ovejas y las vigilaré como un pastor vigila su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas. Así yo también visitaré las mías y las sacaré de todos los lugares donde se habían dispersado en el día de nubes y tinieblas. Las sacaré de los países donde están y de todas las naciones extranjeras, las reuniré y las llevaré a su propia tierra y las cuidaré por todos los cerros de Israel, por todos los valles y lugares poblados. Las llevaré a pastorear a pastos fértiles, a descansar en un buen corral de los altos cerros de Israel. Yo mismo cuidaré mis ovejas y las haré descansar, dice el Señor Yavé” (Ez 34, 11 - 15).

Preguntas para el grupo

¿Por qué el pueblo fue infiel a Dios y a su misión?
¿Cuál fue el mensaje de los profetas?
¿Fracasará el plan de Dios?.

Lecturas Bíblicas sobre los profetas:
Contra las injusticias y corrupciones de los ricos, Am. 5, 10-12
Anuncio de una nueva Alianza, Jer. 31, 31-34
Contra la religión puramente exterior, Am. 5, 21-25
Dios no se olvida de su pueblo, Is. 49, 14-15
Dios promete una tierra nueva, Is. 65, 17-25.

“El Señor es mi pastor, nada me falta
en verdes prados me hace reposar
y a donde brota agua fresca me conduce”

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#40 Ge. Pe.

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Publicado el 27 agosto 2007 - 02:06

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Seguimos...
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VICTOR CODINA
¿QUE ES LA IGLESIA?





INFIDELIDAD DEL PUEBLO DE DIOS


El pueblo de Dios no fue fiel a la Alianza, se apartó muchas veces del Dios de la vida y adoró a los ídolos del poder, del dinero y del placer. El pueblo que había sido liberado de la esclavitud volvió a esclavizar a los más pobres de su propio pueblo. Sus jefes no fueron buenos pastores del pueblo y éste se dispersó. Dios envió a los profetas para llamar al pueblo a la conversión y anunciarles una nueva Alianza y un nuevo Exodo. Y prometieron que Dios mismo iba a ser el Pastor de Israel.

“Así dice Yavé.. Yo mismo cuidaré de mis ovejas y las vigilaré como un pastor vigila su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas. Así yo también visitaré las mías y las sacaré de todos los lugares donde se habían dispersado en el día de nubes y tinieblas. Las sacaré de los países donde están y de todas las naciones extranjeras, las reuniré y las llevaré a su propia tierra y las cuidaré por todos los cerros de Israel, por todos los valles y lugares poblados. Las llevaré a pastorear a pastos fértiles, a descansar en un buen corral de los altos cerros de Israel. Yo mismo cuidaré mis ovejas y las haré descansar, dice el Señor Yavé” (Ez 34, 11 - 15).

Preguntas para el grupo

¿Por qué el pueblo fue infiel a Dios y a su misión?
¿Cuál fue el mensaje de los profetas?
¿Fracasará el plan de Dios?.

Lecturas Bíblicas sobre los profetas:
Contra las injusticias y corrupciones de los ricos, Am. 5, 10-12
Anuncio de una nueva Alianza, Jer. 31, 31-34
Contra la religión puramente exterior, Am. 5, 21-25
Dios no se olvida de su pueblo, Is. 49, 14-15
Dios promete una tierra nueva, Is. 65, 17-25.

“El Señor es mi pastor, nada me falta
en verdes prados me hace reposar
y a donde brota agua fresca me conduce”




2.- JESÚS CONVOCA AL NUEVO PUEBLO DE DIOS

El plan de Dios va a seguir adelante, a pesar de las infidelidades de Israel. Del pequeño resto fiel de Israel, Dios escoge la semilla del nuevo Pueblo de Dios. Vamos a verlo siguiendo el evangelio de Mateo, donde Jesús aparece como nuevo Moisés que convoca al nuevo Pueblo de Dios, forma la comunidad, reúne discípulos, enseña, libera, sella un nuevo pacto, envía a una nueva misión. Pero Jesús no es un simple caudillo, ni un profeta, sino el Hijo de Dios encarnado, y fundamenta su comunidad en la cruz y la resurrección. Por esto, este nuevo Pueblo, sin negar las características del antiguo pueblo de Israel, las profundizará más. Si el primer Pueblo de Dios nació de la liberación de Egipto (primera Pascua), el nuevo Pueblo de Dios surgirá de la Pascua de Jesús, de su muerte y resurrección.

María, una joven virgen de Israel, es escogida para ser la madre de Jesús, el Salvador, el Dios con nosotros, Mateo, 1, 18-25.

Jesús es el nuevo Moisés, que también será perseguido desde su infancia, Mateo 2.

Jesús anuncia el plan de Dios, el Reino: “desde que Jesús llegó ahí, empezó a decir: “Cambien su vida y su corazón, porque está cerca el Reino de los cielos”. Mateo 4, 17.

Jesús empezó a reunir discípulos para esta misión y así formar una comunidad.

“Caminaba Jesús a orillas del lago de Galilea y vio a dos hermanos: Simón, llamado después Pedro y Andrés, que echaban las redes al agua porque eran pescadores. Jesús les dijo: Síganme y los haré pescadores de hombres. Los dos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron” (Mateo 4, 18-19).

Jesús libera de todas las enfermedades, males y pecados (Mateo 4, 22-24).

Jesús desde un cerro, promulga las nuevas leyes del nuevo Pueblo: las bienaventuranzas, ser sal y luz de la tierra, la rectitud de corazón, el amor fraterno, el perdón de las ofensas, la sinceridad, la confianza en Dios y no en el dinero, la oración al Padre de todos, el dar frutos de buenas obras (Mateo 5-7).

“Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los compasivos, que obtendrán misericordia.
Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los cielos”.
(Mateo 5, 1-10)



Para Jesús los más importantes en este nuevo Pueblo son los pequeños, los sencillos, los niños, los pecadores, los pobres, Mateo 11,21; 18, 1-14.

Para este nuevo Pueblo, Jesús busca responsables: los doce apóstoles y al frente de ellos, Pedro. (Mateo 10, 1-15; 16, 13-20.

Jesús es rechazado por los jefes de Israel y será condenado a muerte. El nuevo Pueblo de Dios será arrebatado a los judíos. (Mateo 21, 33-45).

Jesús dice que seremos juzgados al final de los tiempos por nuestro amor y solidaridad para con los pobres. (Mateo, 25, 31-46).

Jesús hace con esta nueva comunidad una nueva Alianza, sellada con su propia sangre: La Eucaristía es esta alianza que se consumará en la cruz. (Mateo 26, 26-29 ).

Jesús resucitado envía a sus discípulos a una nueva misión universal, la Iglesia no será una secta:

“Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo” (Mateo 28, 19-20).

Preguntas para el grupo

El Reino de Dios que Jesús anuncia ¿Es solo para después de la muerte, o debe comenzar ya aquí?

¿Cuáles son las características más importantes de este nuevo Pueblo que Jesús convoca?

¿Qué lecciones sacamos para nuestra comunidad?

Lecturas Bíblicas

Características del Reino de Dios, Mateo 13
Críticas a los escribas y fariseos. Mateo 23
Responsabilidad de usar bien los talentos y de trabajar por el Reino, Mateo 25.

Las leyes de la nueva comunidad, Mateo 18.

“Señor, Tú has venido a la orilla
no has buscado ni a sabios ni a ricos,
tan solo quieres que yo te siga.
Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca.
junto a Ti, buscaré a otro mar.
Tú sabes bien lo que tengo:
en mi barca no hay oro ni espada;
tan solo redes y mi trabajo”.


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