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Cristianismo. Historia y Fundamentos Básicos


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#1 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 09 septiembre 2007 - 09:24

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Gentileza de MSN Encarta
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CRISTIANISMO



1. Introducción


Cristianismo, religión monoteísta basada en las enseñanzas de Jesucristo según se recogen en los Evangelios, que ha marcado profundamente la cultura occidental y es actualmente la más extendida del mundo. Está ampliamente presente en todos los continentes del globo y la profesan más de 1.700 millones de personas.

El cristianismo, en muchos sentidos y como cualquier otro sistema de creencias y de valores, se comprende sólo desde “el interior” entre aquellos que comparten la creencia y se esfuerzan por vivir de acuerdo con esos valores. Cualquier descripción de la religión que ignorara estas concepciones internas, no sería fiel en el orden histórico. Sin embargo, un aspecto que los que profesan esta fe no reconocen por regla general es que semejante sistema de creencias y de valores también puede ser descrito de una forma que tenga sentido para un observador interesado, aunque no comparta, o no pueda compartir, su punto de vista.

2. Doctrina y práctica


Una comunidad, un modo de vida, un sistema de creencias, una observancia litúrgica, una tradición; el cristianismo es todo eso y más. Cada uno de estos aspectos del cristianismo tiene afinidades con otras creencias, aunque cada una de éstas también muestra señas particulares, consecuencia de su origen y evolución. Teniendo en cuenta esto, es una ayuda, y de hecho se hace inevitable, estudiar las ideas e instituciones del cristianismo de forma comparativa, relacionándolas con las afinidades que tienen con otras religiones. Sin embargo, resulta asimismo importante el estudio de los rasgos distintivos que son exclusivos del cristianismo.

1. Principales enseñanzas

Un fenómeno tan complejo y vital como el cristianismo resulta más fácil describirlo desde una perspectiva histórica que definirlo de una forma lógica, aunque esta descripción histórica incluya concepciones interiorizadas por los creyentes y que son también características esenciales de la religión. Uno de los elementos esenciales lo constituye el protagonismo de la figura de Jesucristo. Ese protagonismo es, de uno u otro modo, el rasgo distintivo de todas las variantes históricas de la creencia y práctica del cristianismo. Los cristianos no han logrado llegar a un acuerdo sobre la comprensión ni sobre la definición de qué es lo que hace que Cristo sea tan característico y único. Desde luego, todos coinciden en que su vida y su ejemplo deberían ser seguidos y que sus enseñanzas referentes al amor y a la fraternidad deberían sentar las bases de todas las relaciones humanas. Gran parte de sus enseñanzas encuentran su equivalencia en la predicación de los rabinos, después de todo Jesús era uno de ellos, o en las enseñanzas de Sócrates y de Confucio. En las enseñanzas del cristianismo, Jesús no puede ser menos que el supremo predicador y ejemplo de vida moral, pero, para la mayoría de los cristianos, eso, por sí mismo, no hace justicia al significado de su vida y obra.

Todas las referencias históricas que se tienen de Jesús se encuentran en los Evangelios, parte del Nuevo Testamento englobada en la Biblia. Otros libros del Nuevo Testamento resumen las creencias de la Iglesia cristiana primitiva. Tanto san Pablo como otros autores de las Sagradas Escrituras creían que Jesús fue el revelador no sólo de la vida humana en su máxima perfección, sino también de la realidad divina en sí misma. Véase también Cristología.

El misterio fundamental del Universo, llamado de muchas formas en las distintas religiones, en palabras de Jesús se llamaba “Padre”, y por eso los cristianos llaman a Jesús, “Hijo de Dios”. En todo caso, tanto en su lenguaje como en su vida, existía una profunda intimidad con Dios y un anhelo por acceder a Él, así como la promesa de que, a través de todo lo que Jesús fue e hizo, sus seguidores podrían participar en la vida del Padre en el cielo y podrían hacerse hijos de Dios. La crucifixión y resurrección de Jesucristo, a la que los primeros cristianos se refieren cuando hablan de Él como de aquel que reconcilió a la humanidad con Dios, hicieron de la cruz el principal centro de atención de la fe y devoción cristianas, y el símbolo más importante del amor salvador de Dios Padre.

En el Nuevo Testamento, y por lo tanto en la doctrina cristiana, este amor es el atributo más importante de Dios. Los cristianos enseñan que Dios es omnipotente en su dominio sobre todo lo que está en la tierra y en el cielo, recto a la hora de juzgar lo bueno y lo malo, se encuentra más allá del tiempo, del espacio y del cambio, pero sobre todo enseñan que “Dios es amor”. La creación del mundo a partir de la nada así como de la especie humana fueron expresiones de ese amor, como también lo fue la venida de Jesús a la Tierra. La manifestación clásica de esta confianza en el amor de Dios viene dada por las palabras de Jesús en el llamado Sermón de la Montaña: “Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?” (Mat. 6,26). Los primeros cristianos descubrían en estas palabras una demostración de la privilegiada posición que tienen los hombres y las mujeres por ser hijos de un padre celestial como Él, y del lugar aún más especial que ocupa Cristo. Esa posición de excepción llevó a que las primeras generaciones de creyentes le otorgaran la misma categoría que al Padre, y a que más tarde utilizaran la expresión “el Espíritu Santo, a quien el Padre envió en el nombre de Cristo”, como parte de la fórmula que se utiliza en la administración del bautismo y en los diversos credos de los primeros siglos. Después de numerosas controversias y reflexiones, aquella expresión se transformó en la doctrina de Dios como Santísima Trinidad. Véase también Espíritu Santo.

Desde un principio, el camino para iniciarse en el cristianismo ha sido el bautismo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” o a veces, más simplemente, “en el nombre de Cristo”. En un comienzo, parece ser que el bautismo le era administrado sobre todo a los adultos, después de haber hecho manifiesta su fe y de haber prometido corregir sus vidas. La práctica del bautismo se generalizó más al extenderse también a los niños. Otro rito que es aceptado por todos los cristianos es el de la eucaristía o cena del Señor, en la que se comparten pan y vino, expresando y reconociendo así la realidad de la presencia de Cristo, tal como se conmemora en la comunión de unos con otros en la misa. La forma que fue adquiriendo la eucaristía a medida que evolucionó fue la de una cuidada ceremonia de consagración y de adoración, a partir de textos eucarísticos escritos sobre todo en los primeros siglos del cristianismo. La eucaristía también se ha transformado en uno de los principales motivos de conflicto entre las distintas iglesias cristianas, pues no todas están de acuerdo con la presencia de Cristo en el pan y en el vino consagrados y con el efecto que produce esta presencia en los que lo reciben. Véase también Liturgia; Misa; Partes musicales de la misa.

La comunidad cristiana misma, es decir, la Iglesia, es otro componente fundamental dentro de la fe y las prácticas del cristianismo. Algunos estudiosos cuestionan el hecho de que se pretenda asumir que Jesús intentó fundar una iglesia (la palabra iglesia se menciona sólo dos veces en los Evangelios), pero sus seguidores siempre estuvieron convencidos de que su promesa de estar con ellos “siempre, hasta el fin de los días” se hizo realidad mediante su “cuerpo místico en la tierra”, es decir, la santa Iglesia católica (universal). La relación que mantiene esta santa Iglesia universal con las distintas organizaciones eclesiásticas que existen por toda la cristiandad es la causa de las principales divisiones entre ellas. El catolicismo ha tendido a equiparar su propia estructura institucional con la Iglesia universal, mientras que algunos grupos protestantes extremistas han estado prontos a reclamar que ellos, y sólo ellos, representan la verdadera Iglesia visible. Sin embargo, cada vez un mayor número de cristianos de todos los sectores han comenzado a reconocer que no existe un único grupo que tenga el derecho de apropiarse el concepto de Iglesia, y han empezado más bien a trabajar para lograr la unión de todos los cristianos. Ver Movimiento ecuménico; Protestantismo; Iglesia católica apostólica romana.

2. Culto

Cualquiera que sea su organización institucional, la comunidad de fe dentro de la Iglesia es la primera condición para proceder al culto cristiano. Todos los cristianos de las distintas tradiciones han subrayado el papel trascendente de la devoción y de la oración individual, tal y como lo indicó Jesús. Pero él también instituyó una oración universal, el Padrenuestro, cuyas primeras palabras subrayan la naturaleza y el sentido de comunidad que tiene el culto: “Padre Nuestro que estás en el cielo”. A partir del Nuevo Testamento, se estableció que el día que toda la comunidad cristiana destinaría a la adoración sería “el primer día de la semana”, el domingo, en conmemoración de la resurrección de Cristo. Lo mismo que el shabat judío, el domingo se destina al descanso. También es el día en que los creyentes se reúnen para oír la lectura y la predicación de la palabra de Dios recogida en la Biblia, para participar en los sacramentos y para rezar, alabar al Señor y darle gracias. Las necesidades del culto en comunidad han motivado la creación de miles de himnos, coros y cantos, así como de música instrumental, en especial para órgano. Desde el siglo IV, las comunidades cristianas han edificado construcciones especiales destinadas al culto, un hecho decisivo en la historia de la arquitectura y del arte en general. Ver Basílica; Iglesia (arquitectura); Arte y arquitectura paleocristianas; Himno; Oración.

3. Vida cristiana


El mandato y la exhortación de la predicación y las enseñanzas cristianas abarcan todos los temas referentes a la doctrina y a la moral. Los dos mandamientos más importantes del mensaje ético de Jesús (Mt. 22,34-40) son el amor a Dios y el amor al prójimo. La aplicación de estos mandamientos a situaciones concretas de la vida, ya sea en el orden personal o en el social, no genera uniformidad en el comportamiento moral ni en el social. Por ejemplo, hay cristianos que consideran pecaminosas las bebidas alcohólicas, pero los hay que no opinan igual. Existen cristianos que adoptan diferentes posturas sobre temas de actualidad, ya sea desde puntos de vista de extrema derecha, de extrema izquierda o de centro. A pesar de ello, es posible hablar de un modo de vida cristiano, aquel que participa de la llamada al servicio y a convertirse en discípulo de Cristo. El valor inherente a cada persona creada a la imagen de Dios, la santidad de la vida humana, así como el matrimonio y la familia, el esfuerzo por alcanzar la justicia, aunque sea en un mundo caído en la desgracia, son compromisos morales dinámicos que los cristianos deberían aceptar; sin embargo, sus conductas pueden no conseguir las metas que imponen estas normas. Ya desde las páginas del Nuevo Testamento se hace patente que siempre ha sido difícil la tarea de desarrollar las implicaciones o el alcance que puede tener una ética del amor, bajo las condiciones de la existencia cotidiana, y que en realidad nunca ha existido una ‘época dorada’ en la que haya sucedido lo contrario.

4. Escatología


Sin embargo, dentro de la doctrina cristiana late la idea de esta época de oro, representada en la esperanza cristiana de una vida eterna. Jesús se refirió a esta esperanza con tanta insistencia que muchos de sus seguidores estaban a la espera del fin del mundo de un modo declarado y abierto, pues con ese fin sus vidas alcanzarían el reino de la eternidad. Desde el siglo I, esta expectación creó una actitud de flujo y reflujo, alcanzando a veces niveles de gran intensidad, y otras veces de una aparente aceptación del mundo en sus formas más crueles. Los credos de la Iglesia se refieren a esta esperanza usando el lenguaje de la resurrección, de una nueva vida, participando de la gloria de Cristo resucitado. Teniendo estos símbolos en cuenta, el cristianismo debería considerarse como una religión espiritual, y en ocasiones se ha limitado exclusivamente a cumplir este papel. Pero, a través de la historia de la Iglesia, la esperanza cristiana también ha servido para motivar el desarrollo de una vida terrenal más conforme a los deseos de Dios según fue revelado por Cristo. Véase también Catecismo; Escatología; Segunda venida.

3. Historia


Casi toda la información de la que se dispone sobre la vida de Jesús y los orígenes del cristianismo, proviene de aquellos que proclamaban ser sus discípulos. Considerando que escribieron más para convencer a los creyentes que para satisfacer la curiosidad histórica, esta información consta por lo común de más preguntas que respuestas, y nunca se ha podido armonizar dentro de un coherente y satisfactorio orden cronológico. Dada la naturaleza de las fuentes, es imposible, excepto de un modo especulativo, distinguir entre las enseñanzas originales de Jesús y el desarrollo que tuvo este magisterio dentro de las primeras comunidades cristianas.

Lo que sí se sabe es que tanto la persona como el mensaje de Jesús de Nazaret, desde épocas muy tempranas, logró tener seguidores que creían en él como en un nuevo profeta. Sus palabras y hechos se interpretan a la luz del milagro de su resurrección. Los primeros cristianos concluyeron que lo que Él había demostrado ser, a través de su resurrección, ya lo debía haber sido antes, cuando caminaba entre los habitantes de Palestina e incluso antes de haber nacido del vientre de María de acuerdo con su condición divina y, por tanto, eterna. Se inspiraron en el lenguaje de las Sagradas Escrituras (la Biblia hebrea, que los cristianos llamaron Antiguo Testamento) para componer un relato de la realidad “siempre antigua, siempre nueva”, que habían aprendido a conocer como apóstoles de Jesucristo. Creyendo que era deseo y mandato de Jesús el que se unieran y formaran una nueva comunidad de lo que aún quedaba rescatable del pueblo de Israel, estos judíos cristianos formaron la primera Iglesia en Jerusalén. Consideraban que ése era el lugar más apropiado para recibir lo prometido: el don del Espíritu Santo y de una innovación espiritual.

1. Los comienzos de la Iglesia

Jerusalén era el núcleo del movimiento cristiano; al menos lo fue hasta su destrucción a manos de los ejércitos de Roma en el 70 d.C. Desde este centro, el cristianismo se desplazó a otras ciudades y pueblos de Palestina, e incluso más lejos. En un principio, la mayoría de las personas que se unían a la nueva fe eran seguidores del judaísmo, para quienes sus doctrinas representaban algo nuevo, no en el sentido de algo novedoso por completo y distinto, sino en el sentido de ser la continuación y realización de lo que Dios había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. Por lo tanto, ya en un principio, el cristianismo manifestó una relación dual con la fe judía: una relación de continuidad y al mismo tiempo de realización, de antítesis, y también de afirmación. La conversión forzada de los judíos durante la edad media y la historia del antisemitismo (a pesar de que los dirigentes de la Iglesia condenaban ambas actitudes) constituyen una prueba de que la antítesis podía ensombrecer con facilidad a la afirmación. Sin embargo, la ruptura con el judaísmo nunca ha sido total, sobre todo porque la Biblia cristiana incluye muchos elementos del judaísmo. Esto ha logrado que los cristianos no olviden que aquel al que adoran como Señor era judío y que el Nuevo Testamento no surgió de la nada, sino que es una continuación del Antiguo Testamento.

Una importante causa del alejamiento del cristianismo de sus raíces judías fue el cambio en la composición de la Iglesia, que tuvo lugar más o menos a fines del siglo II (es difícil precisar cómo se produjo y en qué periodo de una forma concreta). En un momento dado, los cristianos con un pasado no judío comenzaron a superar en número a los judíos cristianos. En este sentido, el trabajo del apóstol Pablo tuvo una poderosa influencia. Pablo era judío de nacimiento y estuvo relacionado de una forma muy profunda con el destino del judaísmo, pero, a causa de su conversión, se sintió el “instrumento elegido” para difundir la palabra de Cristo a los gentiles, es decir, a todos aquellos que no tenían un pasado judío. Fue él quien, en sus epístolas a varias de las primeras congregaciones cristianas, formuló muchas de las ideas y creó la terminología que más tarde constituirían el eje de la fe cristiana; merece el título de primer teólogo cristiano. Muchos teólogos posteriores basaron sus conceptos y sistemas en sus cartas, que ahora están recopiladas y codificadas en el Nuevo Testamento. Véase también San Pablo.

De las epístolas ya consideradas y de otras fuentes que provienen de los dos primeros siglos de nuestra era, es posible obtener información sobre la organización de las primeras congregaciones. Las epístolas que Pablo habría enviado a Timoteo y a Tito (a pesar de que muchos estudiosos actuales no se arriesgan a afirmar que el autor de esas cartas haya sido Pablo), muestran los comienzos de una organización basada en el traspaso metódico del mando de la primera generación de apóstoles, entre los que se incluye a Pablo, a sus continuadores, los obispos. Dado el frecuente uso de términos tales como obispo, presbítero y diácono en los documentos, se hace imposible la identificación de una política única y uniforme. Hacia el siglo III se hizo general el acuerdo respecto a la autoridad de los obispos como continuadores de la labor de los apóstoles. Sin embargo, este acuerdo era generalizado sólo en los casos en que sus vidas y comportamientos asumían las enseñanzas de los apóstoles, tal como estaba estipulado en el Nuevo Testamento y en los principios doctrinales que fundamentaban las diferentes comunidades cristianas.

2. Concilios y credos

Se hizo necesario aclarar las cuestiones doctrinales cuando surgieron interpretaciones del mensaje de Cristo que vendrían a considerarse erróneas. Las desviaciones más importantes o herejías tenían que ver con la persona de Cristo. Algunos teólogos buscaban proteger su santidad, negando su naturaleza humana, mientras otros buscaban proteger la fe monoteísta, haciendo de Cristo una figura divina de rango inferior a Dios, el Padre.

En respuesta a estas dos tendencias, en los credos comenzó, en época muy temprana, un proceso para especificar la condición divina de Cristo, en relación con la divinidad del Padre. Las formulaciones definitivas de estas relaciones se establecieron durante los siglos IV y V, en una serie de concilios oficiales de la Iglesia; dos de los más destacados fueron el de Nicea en el 325, y el de Calcedonia en el 451, en los que se acuñaron las doctrinas de la Santísima Trinidad y de la doble naturaleza de Cristo, en la forma aún aceptada por la mayoría de los cristianos (véase Concilio de Calcedonia; Credo de Nicea). Para que pudieran exponerse estos principios, el cristianismo tuvo que refinar su pensamiento y su lenguaje, proceso en el que se fue creando una teología filosófica, tanto en latín como en griego. Durante más de mil años, éste fue el sistema de pensamiento con más influencia en Europa. El principal artífice de la teología en Occidente fue san Agustín de Hipona, cuya producción de textos literarios, dentro de los que se incluyen los textos clásicos Confesiones y La ciudad de Dios, hizo más que cualquier otro grupo de escritos, exceptuando los autores de la Biblia, para dar forma a este sistema.

3. Persecución

Sin embargo, el cristianismo tuvo primero que asentar su relación con el orden político. Dentro del Imperio romano, y como secta judía, la Iglesia cristiana primitiva compartió la misma categoría que tenía el judaísmo, pero antes de la muerte del emperador Nerón en el 68 ya se le consideraba rival de la religión imperial romana. Las causas de esta hostilidad hacia los cristianos no eran siempre las mismas y, por lo general, la oposición y las persecuciones tenían causas muy concretas. Sin embargo, la lealtad que los cristianos mostraban hacia su Señor Jesús, era irreconciliable con la veneración que existía hacia el emperador como deidad, y los emperadores como Trajano y Marco Aurelio, que estaban comprometidos de manera más profunda con mantener la unidad ideológica del Imperio, veían en los cristianos una amenaza para sus propósitos; fueron ellos quienes decidieron poner fin a la amenaza. Al igual que en la historia de otras religiones, en especial la del islam, la oposición a la nueva religión creaba el efecto inverso al que se pretendía y, como señaló el epigrama de Tertuliano, miembro de la Iglesia del norte de África, “la sangre de los mártires se transformará en la semilla de cristianos”. A comienzos del siglo IV el mundo cristiano había crecido tanto en número y en fuerza, que para Roma era preciso tomar una decisión: erradicarlo o aceptarlo. El emperador Diocleciano trató de eliminar el cristianismo, pero fracasó; el emperador Constantino I el Grande optó por contemporizar, y acabó creando un imperio cristiano.

4. La aceptación oficial


La conversión del emperador Constantino situó al cristianismo en una posición privilegiada dentro del Imperio; se hizo más fácil ser cristiano que no serlo. Como resultado, los cristianos comenzaron a sentir que se estaba rebajando el grado de exigencia y sinceridad de la conducta cristiana y que el único modo de cumplir con los imperativos morales de Cristo era huir del mundo (y de la Iglesia que estaba en el mundo), y ejercer una profesión de disciplina cristiana como monje. Desde sus comienzos en el desierto egipcio, con el eremitorio de san Antonio, el monaquismo cristiano se propagó durante los siglos IV y V por muchas zonas del Imperio romano. Los monjes cristianos se entregaron al rezo y a la observación de una vida ascética, pero no sólo en la parte griega o latina del Imperio romano, sino incluso más allá de sus fronteras orientales, en el interior de Asia. Durante el inicio de la edad media, estos monjes se transformaron en la fuerza más poderosa del proceso de cristianización de los no creyentes, de la renovación del culto y de la oración y, a pesar del antiintelectualismo que en reiteradas ocasiones trató de hacer valer sus derechos entre ellos, del campo de la teología y la erudición. Véase también Órdenes y comunidades religiosas.

5. El cristianismo en Oriente


Uno de los actos del emperador Constantino que tuvo más repercusión dentro del mundo cristiano, fue su decisión, en el año 330, de trasladar la capital del Imperio desde Roma hasta una “Nueva Roma”, la ciudad de Bizancio, en el punto más oriental del mar Mediterráneo. La nueva capital, Constantinopla (actual Estambul), así llamada en honor del emperador, se transformó también en el centro intelectual y religioso del mundo cristiano de Oriente. Mientras que el mundo cristiano de Occidente se fue centralizando de forma progresiva: una pirámide cuya cima la constituía el papa de Roma (véase Papado), los principales centros del mundo oriental, Constantinopla, Jerusalén, Antioquía y Alejandría, se desarrollaron de forma autónoma. El emperador de Constantinopla tenía una posición muy destacada en la vida de la Iglesia. Por ejemplo, él era quien convocaba y presidía los concilios generales de la Iglesia, órganos supremos de la legislación eclesiástica con respecto a la fe y a los códigos morales. Esta relación especial que surgió entre la Iglesia y el Estado se denominó, con una simplificación excesiva, cesaropapismo. Fomentó una cultura cristiana (como lo atestigua la gran basílica de Santa Sofía en Constantinopla, erigida por el emperador Justiniano I), que unió y sintetizó elementos cristianos y de la antigüedad clásica.

El problema radicaba en que esta simbiosis podía significar que la Iglesia se subordinara a la autoridad del Estado. La crisis del siglo VIII respecto a la legitimidad del uso de imágenes en las iglesias cristianas significó también un choque entre la Iglesia y el poder imperial. El emperador León III el Isaurio las prohibió, precipitando así un conflicto en el que los monjes de Oriente se convirtieron en los principales defensores de los iconos. Más adelante, se restauró el culto a los iconos, lo que supuso una medida de independencia para la Iglesia respecto al Estado (véase Iconoclasia). Durante los siglos VII y VIII, tres de los cuatro centros orientales cayeron bajo la influencia expansiva del islam; el único núcleo que quedó sin conquistar fue Constantinopla, que fue sitiada en repetidas ocasiones, hasta que cayó en manos de los turcos en 1453. Sin embargo, la lucha con los musulmanes no era tan sólo de carácter militar. Tanto los cristianos de Oriente como los seguidores del profeta Mahoma trataban de aumentar su mutua influencia en aspectos de índole intelectual, filosófica, científica e incluso teológica.

El conflicto con respecto a la adoración de las imágenes resultó ser tan grave porque amenazaba un rasgo fundamental de la Iglesia de Oriente: su liturgia. El cristianismo de Oriente era, y sigue siendo, una forma de culto a partir del cual surge una forma de vivir y de pensar. La palabra griega ortodoxia (junto con su sinónimo, en esloveno, pravoslavie) se refiere a la manera correcta de alabar a Dios, lo cual resulta indisociable del modo correcto de proclamar la verdadera doctrina de Dios y de vivir de acuerdo con su voluntad. Este énfasis aportó a la liturgia y a la teología de Oriente una categoría que los observadores occidentales, incluso durante la edad media, caracterizarían como mística, categoría que se intensificó por la fuerte influencia que ejercía el neoplatonismo sobre la filosofía bizantina. A pesar de que el monaquismo de Oriente, por lo general, se mostraba hostil ante estas corrientes filosóficas de pensamiento, se llevaba a la práctica una vida de devoción bajo la influencia de los escritos de los padres de la Iglesia y de teólogos, como san Basilio, que habían asumido un cristianismo helenístico del que partían muchas de esas ideas filosóficas.

Todos los rasgos distintivos del cristianismo de Oriente, como la ausencia de una autoridad eclesiástica central, la estrecha relación con el Imperio, la tradición litúrgica y mística, el uso continuado de la lengua y de otros elementos de la cultura griega, así como su aislamiento a causa de la expansión musulmana, contribuyeron a su alejamiento de Occidente, lo que por último desembocó en el cisma entre las iglesias occidental y oriental. De modo general, los historiadores fechan el Gran Cisma a partir de 1054, cuando Roma y Constantinopla se excomulgaron mutuamente, aunque también se puede decir que la fecha fue 1204, cuando ejércitos procedentes de Occidente, de camino para arrebatar la Tierra Santa del dominio otomano (véase Cruzadas), atacaron y arrasaron la ciudad cristiana de Constantinopla. Cualquiera que sea la fecha, la ruptura entre el cristianismo oriental y el occidental se ha mantenido hasta hoy, a pesar de los repetidos esfuerzos por lograr la reconciliación.

Uno de los puntos de conflicto entre Constantinopla y Roma, a comienzos del siglo IX, fue el relativo a la evangelización de los eslavos. Pese a que muchas tribus eslavas, como los polacos, moravos, checos, eslovacos, croatas y eslovenos terminaron envueltas en la órbita de la Iglesia de Occidente, la gran mayoría de la población eslava se convirtió al cristianismo de acuerdo a las normativas de la Iglesia oriental (bizantina). Desde su temprana fundación en Kíev, la ortodoxia eslava impregnó Rusia, donde los rasgos distintivos del cristianismo de Oriente, ya descritos, enraizaron con mucha fuerza. La autoridad autocrática del zar moscovita imitó algunas de las atribuciones del cesaropapismo bizantino; el monaquismo ruso se dejó influir por el ascetismo y la devoción cultivada en los monasterios griegos del monte Athos. El énfasis en la autonomía cultural y étnica hizo evidente, desde muy temprano, que el cristianismo eslavo tenía su propio lenguaje litúrgico (conocido aún como antigua Iglesia eslava). Por otra parte, esta Iglesia fue incorporando los estilos artísticos y arquitectónicos importados de los centros ortodoxos de las zonas de habla griega. En la Iglesia de Oriente también había algunos grupos eslavos de los Balcanes (serbios, montenegrinos, bosnios, macedonios y búlgaros), albaneses, descendientes de los antiguos ilirios, y rumanos, un pueblo de lengua romance. A lo largo de los siglos de dominio turco en los Balcanes, algunas de las poblaciones cristianas locales fueron forzadas a convertirse al islam, como en el caso de algunos bosnios, búlgaros y albaneses.

Véase también Imperio bizantino; Iglesia de Oriente; Iglesias de rito oriental; Iglesia ortodoxa.

6. El cristianismo en Occidente


A pesar de que el cristianismo de Oriente era en muchos sentidos el heredero directo de la Iglesia primitiva, una parte del desarrollo más dinámico se dio en la zona occidental del Imperio romano. De las muchas razones que hubo para ese desarrollo, merecen mención especial dos causas relacionadas de una forma directa: el crecimiento del poder del Papado y la migración de los pueblos germanos. Cuando se trasladó la capital del Imperio a Constantinopla, la fuerza más poderosa que quedó en Roma fue la de los obispos. La antigua ciudad, capital de la Iglesia de Occidente, desde la que se podía seguir la huella de la fe cristiana a partir de la obra de los apóstoles Pablo y Pedro, en reiteradas ocasiones actuó como árbitro de la ortodoxia mientras otros centros, incluida Constantinopla, caían en la herejía o en los cismas. Roma sostenía esta posición cuando las sucesivas oleadas de tribus, en lo que fue llamado el periodo de las invasiones bárbaras, asolaron Europa. La conversión de los invasores al cristianismo, como en el caso del rey de los francos, Clodoveo I, significó al mismo tiempo su incorporación a una institución presidida por el obispo de Roma. A medida que fue decayendo el poder de Constantinopla sobre las provincias del oeste, se fueron creando reinos germánicos autónomos, hasta que en el 800 nació un nuevo imperio soberano en Occidente, cuando el papa León III coronó emperador a Carlomagno. Ver Sacro Imperio Romano Germánico.

Por lo tanto, el cristianismo occidental durante la edad media, al contrario de su réplica oriental, era una entidad única, o por lo menos eso trataba de ser. Cuando alguno de los pueblos se convertía al cristianismo adoptaba como lengua oficial el latín, proceso en el que, por lo común (como fue el caso de los francos y los visigodos en la península Ibérica), perdían incluso su propia lengua. Así fue como el lenguaje de la antigua Roma se transformó en la lengua litúrgica, literaria y cultural de Europa occidental. Si bien los arzobispos, los obispos y los abades ejercían gran poder sobre sus regiones, estaban subordinados a la autoridad del papa, a pesar de que con bastante frecuencia éste era incapaz de satisfacer sus peticiones. Durante los primeros siglos de la edad media, en Europa occidental hubo largas controversias teológicas, aunque nunca llegaron a las enormes proporciones que alcanzaron en Europa oriental. La teología occidental no pudo, al menos hasta después del siglo XI, alcanzar los extremos de complejidad filosófica de Oriente. La sombra de san Agustín continuó dominando durante mucho tiempo la teología latina, y había dificultades para acceder a los textos de las meditaciones doctrinales de los antiguos pensadores cristianos.

La imagen de cooperación que existía entre Iglesia y Estado, simbolizada por la coronación de Carlomagno por el Papa, no debe interpretarse como que no hubo problemas entre ellos durante la edad media. Muy al contrario, con frecuencia surgían conflictos con respecto a sus respectivas esferas de autoridad. El desacuerdo más común era el referente al derecho del soberano a nombrar obispos en sus dominios (investidura laica), problema que llevó al papa Gregorio VII y al emperador Enrique IV a un callejón sin salida en 1075. El Papa excomulgó al Emperador y éste se negó a reconocer la autoridad papal. Estuvieron un tiempo reconciliados cuando el mismo Enrique se sometió en Canosa a la penitencia que le impuso el pontífice en 1077, pero la tensión continuó. Poco tiempo después, se estaba discutiendo un asunto muy parecido con respecto a la excomunión del rey Juan Sin Tierra, de Inglaterra, dictada por el papa Inocencio III en 1209, controversia que terminó cuatro años más tarde, cuando el Rey aceptó los dictámenes del Papa. La causa de estas disputas estaba en la compleja implicación de la Iglesia en la sociedad feudal. Los obispos y abades administraban grandes extensiones de terrenos y otros bienes, constituyendo así una gran fuerza económica y política, sobre la que el rey tenía que ejercer un cierto control si quería hacer valer su autoridad sobre la nobleza secular que estaba bajo su potestad. Por otro lado, el Papado no podía permitir que la Iglesia del país se transformara en el títere de un régimen político. Ver Querella de las Investiduras.

A pesar de lo referido, sí existió cooperación entre la Iglesia y el Estado cuando, durante las Cruzadas, cerraron filas contra el enemigo común. La conquista musulmana de Jerusalén significó que los Santos Lugares vinculados a la vida de Jesús quedaron bajo el control de un poder no cristiano, aunque se debe reconocer que las noticias que llegaban referentes a las molestias que sufrían los peregrinos a manos de los musulmanes eran sumamente exageradas. El hecho es que en el exaltado ambiente medieval del cristianismo fue intensificándose la certeza de que era deseo de Dios organizar un ejército cristiano para liberar Tierra Santa. Al emprender la primera Cruzada en 1095, las tropas cristianas lograron formar un reino latino y un patriarcado en Jerusalén, aunque un siglo más tarde la ciudad volvió a caer bajo dominio musulmán; en el plazo de 200 años ya había sucumbido hasta el último reducto cristiano. En este sentido, las Cruzadas fueron un fracaso, o incluso, como ocurrió en el curso de la cuarta Cruzada (1202-1204), un verdadero desastre. No sirvieron para restaurar el cristianismo de forma permanente en Tierra Santa, ni tampoco para unificar Occidente, ni en el plano eclesiástico ni en el orden político. Al contrario, aumentaron los rencores entre los cristianos orientales y occidentales, ahondando más en sus diferencias.

No obstante, la Iglesia medieval sí logró un triunfo muy importante durante este periodo, que fue el desarrollo de la filosofía y la teología escolásticas. Partiendo siempre del sustrato doctrinal de las enseñanzas expuestas por san Agustín, los teólogos latinos volcaron su interés en la relación entre el conocimiento de Dios alcanzable por la razón humana por sí misma, y el conocimiento que se adquiere a través de la revelación. Se adoptó el lema de san Anselmo: “Creo en aquello que puedo entender”, y se buscó una prueba concluyente para demostrar la existencia de Dios basada en la estructura misma del pensamiento humano (el argumento ontológico). En esa época, Pedro Abelardo estudió las contradicciones que existían entre las distintas tendencias de la tradición doctrinal de la Iglesia, con la idea de desarrollar métodos para lograr armonizarlas. Esos dos cometidos dominaron el pensamiento de los siglos XII y XIII, hasta que la recuperación de las obras perdidas de Aristóteles hizo posible el acceso a un conjunto de definiciones y de matices que pudieron ser aplicados en ambos casos. La teología filosófica de san Agustín buscó hacer justicia al conocimiento natural de Dios, a la vez que exaltaba las enseñanzas reveladas en los Evangelios, y entrelazó las partes dispersas de la tradición formando una sola unidad. San Agustín, junto con sus contemporáneos, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino, representaba el ideal intelectual del cristianismo medieval. Véase también Escolasticismo.

Sin embargo, coincidiendo con la muerte de santo Tomás de Aquino, aparecieron nubes que amenazaron tormenta en la Iglesia de Occidente. En 1309, el Papado se trasladó de Roma a Aviñón, donde se mantuvo hasta 1377 en la denominada cautividad de Babilonia de la Iglesia. A estos acontecimientos siguió el Gran Cisma de Occidente, durante el cual hubo dos, y a veces hasta tres, aspirantes al solio pontificio. Este litigio no se resolvió hasta 1417, cuando se volvió a unir el Papado, aunque jamás logró recuperar el férreo control ni la autoridad anteriores.

7. La Reforma y la Contrarreforma


Hubo reformadores de distintas tendencias, como por ejemplo John Wycliffe, Jan Hus y Girolamo Savonarola, que denunciaron públicamente el relajamiento moral y la corrupción económica que existían dentro de la Iglesia “en sus miembros y en sus mentes”; buscaban provocar un giro radical de la situación. Al mismo tiempo, se estaban produciendo profundos cambios de tipo social y político, producto del despertar de la conciencia nacional y de la fuerza e importancia cada vez mayores que iban adquiriendo las ciudades, en las que surgió con gran poder una nueva clase social sostenida por el comercio. La Reforma protestante podría ser considerada producto de la convergencia de dichas fuerzas: un movimiento para introducir cambios dentro de la Iglesia, el ascenso del nacionalismo y el avance del “espíritu del capitalismo”.

El reformador Martín Lutero fue la figura catalizadora que aceleró el nuevo movimiento. Su lucha personal por buscar la certeza religiosa lo condujo, en contra de sus deseos, a cuestionar el sistema medieval de salvación, e incluso la propia autoridad de la Iglesia; su excomunión por el papa León X fue un paso adelante hacia la irreversible división del mundo cristiano en Occidente. El proceso tampoco se limitó a la Alemania de Lutero. Hubo movimientos reformistas en Suiza, que pronto encontraron el apoyo y liderato de Ulrico Zuinglio y en especial de Juan Calvino, cuya obra Institutio christianae religionis se transformó en el más influyente compendio de la nueva teología. La Reforma inglesa, desencadenada por los problemas personales del rey Enrique VIII, evidenció la fuerte influencia que tenían los reformadores en Inglaterra. La Reforma en Inglaterra tomó su propia vía, manteniendo algunos elementos procedentes de la religión católica, como el episcopado histórico, con otros rasgos protestantes, como el reconocimiento de la exclusiva autoridad de la Biblia. El pensamiento de Calvino ayudó en Francia al avance de los hugonotes, grupo que era rechazado con violencia tanto por la Iglesia como por el Estado, aunque al final logró ser reconocido por el Edicto de Nantes en 1598 (revocado en 1685). Los grupos reformadores más radicales, entre los que destacaban los anabaptistas, se pusieron en contra tanto de otros grupos protestantes como de Roma, rechazando prácticas tan antiguas como el bautismo infantil e incluso dogmas como el de la Santísima Trinidad; también estaban en contra de la alianza entre Iglesia y Estado. Véase también Calvinismo; Luteranismo; Presbiterianismo.

La confluencia de la Reforma religiosa con el creciente nacionalismo ayudó a determinar su éxito allí donde logró contar con el respaldo de los nuevos estados nacionales. Como consecuencia de estos lazos, la Reforma ayudó a fomentar las lenguas vernáculas, en especial a través de traducciones de la Biblia, que contribuyeron a modelar el lenguaje y el espíritu nacional de los pueblos. También otorgó un nuevo impulso a las predicaciones bíblicas y al culto en lengua vernácula, en la que se compusieron himnos nuevos. Dada la importancia que se concedió a que todos los creyentes participaran en el culto y en las oraciones, la Reforma desarrolló sistemas para enseñar y difundir la doctrina y la ética, presentados en forma de catecismos.

La Reforma protestante no fue suficiente para agotar el espíritu renovador que existía dentro de la Iglesia católica. Como respuesta al desafío protestante, y en función de sus propias necesidades, la Iglesia convocó el Concilio de Trento, que se prolongó desde 1545 hasta 1563, año en que se logró dar una formulación definitiva a las doctrinas que se debatían, y asimismo instituir reformas legislativas prácticas respecto a la liturgia, la administración de la Iglesia y la enseñanza de la fe. La responsabilidad de llevar a cabo las decisiones tomadas en el Concilio recayó sobre todo en la Compañía de Jesús, fundada por san Ignacio de Loyola. Considerando que estos cambios religiosos coincidieron con el descubrimiento del Nuevo Mundo, el hecho fue contemplado como una oportunidad providencial para evangelizar a quienes jamás habían oído el anuncio evangélico. El hecho de que el Concilio de Trento no tomara en consideración ninguna de las propuestas de los reformistas y reafirmara las de la Iglesia católica tuvo el efecto de hacer de la división de la Iglesia algo permanente.

Nuevas divisiones continuaron surgiendo en las iglesias. En un plano histórico, es probable que las más destacadas fueran las de la Iglesia de Inglaterra. Los puritanos se oponían a los “remanentes del papismo” que existían aún en la vida litúrgica e institucional del anglicanismo, y presionaron para lograr su eliminación total. Dada la unión anglicana entre la Corona y la Iglesia, este problema adquirió, a medida que se fue desarrollando, consecuencias políticas violentas, que culminaron con el estallido de la Guerra Civil inglesa y la ejecución del rey Carlos I en 1649. El puritanismo encontró su más completa expresión en Estados Unidos, tanto en el aspecto político como en el teológico. Los pietistas de las Iglesias calvinistas y luteranas de Europa permanecían como un grupo dentro de la organización, en vez de formar una Iglesia independiente. Pero en Estados Unidos el pietismo representó los puntos de vista y las perspectivas de futuro de muchos de los grupos llegados de Europa. El pietismo europeo también tuvo eco en Inglaterra, gracias a las doctrinas de John Wesley, fundador del movimiento metodista.

Véase también Contrarreforma.

8. El periodo moderno


Ya durante el siglo XVI, cuando se produjo la Reforma, e incluso de forma más marcada durante los siglos XVII y XVIII, se hizo notorio que el cristianismo estaba obligado a definirse ante el auge de la ciencia y la filosofía modernas. Este problema se hizo presente en todas las Iglesias, aunque de distinto modo. El hecho de que Galileo hubiera sido condenado por la Inquisición, acusado de herejía, encontró más tarde su equivalente en las controversias protestantes acerca de las consecuencias de la teoría de la evolución en el relato bíblico de la creación. El cristianismo, por lo general, también actuaba a la defensiva frente a otros movimientos modernos. El método crítico histórico que se empleaba para estudiar la Biblia, y que había comenzado a utilizarse en el siglo XVII, parecía estar amenazando la autoridad de las Escrituras, por lo que se condenó el racionalismo del Siglo de las Luces por considerarse una fuente de indiferencia religiosa y de anticlericalismo (véase Ciencia bíblica). Considerando la importancia que se concedía a la capacidad del hombre para determinar el destino de la humanidad, incluso la democracia podía ser condenada por la Iglesia. El incremento de la secularización de la sociedad hizo que la Iglesia perdiera el control de muchos aspectos de la vida cotidiana, como por ejemplo la enseñanza.

A resultas de esta situación, el cristianismo tuvo que redefinir su relación con el orden civil. La tolerancia religiosa para con los grupos religiosos minoritarios, y luego la gradual separación entre la Iglesia y el Estado, representaron una ruptura con el sistema que, entre multitud de altibajos, había prevalecido desde la conversión de Constantino, y constituyó, según la opinión de los estudiosos, el cambio de mayor alcance en la historia moderna del cristianismo. Llevada a una conclusión lógica, a muchos les pareció que implicaba tanto la reconsideración de cómo los distintos grupos y sus tradiciones que se hacían llamar cristianos estaban interrelacionados, como una revisión de la forma en que, tomados en conjunto, se hallaban vinculados a otras tradiciones religiosas. El estudio de la trascendencia de estos dos conflictos ha desempeñado un papel muy importante durante los siglos XIX y XX. Ver Iglesia y Estado.

El movimiento ecuménico ha sido la organización que con más empeño ha intentado unir, o al menos llevar a un acuerdo más estrecho, a grupos cristianos que han estado distanciados durante largos periodos. En el Concilio Vaticano II, la Iglesia católica dio importantes pasos en favor de lograr una reconciliación tanto con la Iglesia de Oriente como con los protestantes. Asimismo, durante este concilio se reconoció por primera vez en un foro oficial lo positivo que era el genuino poder espiritual presente en otras religiones del mundo. El vínculo existente entre el cristianismo y el judaísmo representa un caso especial. Después de muchos siglos de hostilidad e incluso de persecuciones, ambas confesiones han hecho un esfuerzo por llegar a un entendimiento común, acercamiento que no se producía desde el siglo I. Ver Concilio Vaticano II.

La reacción que han tenido las iglesias ante su incorporación a un mundo más moderno y cambiante, también ha producido el hecho sin precedentes que supone el incremento en el interés por los asuntos teológicos. Los teólogos protestantes Jonathan Edwards y Friedrich Schleiermacher y los pensadores católicos Blaise Pascal y John Henry Newman tomaron en sus manos la misión de reorientar las tradicionales apologías de la fe, basándose en experiencias religiosas propias, como una forma de hacer válida la realidad de Dios. En el siglo XIX fue cuando se realizaron más investigaciones históricas acerca del desarrollo de las ideas e instituciones cristianas. Este estudio subrayó que no había una modalidad en particular de doctrina o estructura eclesiástica que pudiera afirmar ser absoluta y última. Estos estudios también sirvieron a otros teólogos para reinterpretar el mensaje de Cristo. A pesar de que la investigación literaria de los textos bíblicos era contemplada con mucho recelo por los más conservadores, sirvió para obtener nuevos datos sobre cómo se habían compuesto y reunido las distintas partes de la Biblia. El estudio de la liturgia, junto con el reconocimiento de que las formas antiguas no siempre tenían sentido en la era moderna, estimuló la reforma del culto.

La relación ambivalente que existe entre la fe cristiana y la cultura moderna, que se hace notoria en todas estas tendencias, se reconoce también en el papel que ha representado el cristianismo en la historia social y política. Encontramos a los cristianos divididos en las discusiones que tuvieron lugar a lo largo del siglo XIX a raíz del tema de la esclavitud, y las distintas tendencias utilizaron argumentos procedentes de la Biblia. El surgimiento de ideologías que propiciaron diversas revoluciones políticas y sociales en los siglos XIX y XX tuvo su repercusión entre los grupos cristianos, generalmente tachados de reaccionarios, en especial bajo los regímenes de inspiración marxista del siglo XX. No obstante, también surgieron tendencias que buscaban conciliar el cristianismo con los cambios sociales, y en algunos casos la fe revolucionaria ha surgido de fuentes cristianas. Mohandas Karamchand Gandhi sostenía que actuaba en el espíritu de Jesucristo, y Martin Luther King fundamentó sus enseñanzas y su programa político en el Sermón de la Montaña. Igualmente, han sido personalidades cristianas las encargadas de denunciar las enormes desigualdades existentes en determinadas zonas del Tercer Mundo, costándoles la vida en varias ocasiones, como fue el caso de monseñor Romero en El Salvador.

Durante los últimos 25 años del siglo XX, los movimientos misioneros de la Iglesia llevaron la fe cristiana por todo el mundo. La adaptación de las costumbres nativas plantea problemas teológicos y de tradición, como, por ejemplo, conseguir que las tribus africanas polígamas adopten una vida familiar cristiana.


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La mayoría de los cristianos conoce la oración del Padrenuestro que Cristo enseñó en el sermón de la Montaña. El Evangelio según san Mateo (Mt. 6; 9-13) recoge la versión más amplia (siete peticiones), y el de san Lucas (Lc. 11; 2-4) una más abreviada de cinco. La estructura de la oración consta de una invocación y de siete peticiones, las tres primeras relacionadas con la glorificación de Dios y las cuatro últimas con asuntos del hombre. Esta oración es un epítome de la fe cristiana, que realza la importancia de Dios sobre la humanidad.

THE BETTMANN ARCHIVE

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En este fresco, que se encuentra en el palacio Farnesio de Caprarola, fue representada una escena que reflejaba los debates de las sesiones del Concilio de Trento (1545-1563).

Archivo Iconográfico, S.A./Corbis
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Durante los siglos IV y V el cristianismo fue la religión dominante en el mundo europeo y mediterráneo. Desde Irlanda, en el oeste, hasta Etiopía, en el sureste, la gente se había convertido a la nueva fe cristiana. Sólo un siglo después, la importancia del cristianismo cambiaría de manera drástica debido a la propagación de una nueva religión, el islam.

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Los antiguos patriarcados de la Iglesia ortodoxa fueron a menudo el lugar de grandes encuentros religiosos y la organización administrativa del patriarca. Aun no siendo la cabeza de la Iglesia, como el papa en la Iglesia católica apostólica romana, los patriarcas realizan funciones administrativas que incluyen la organización de concilios para sus comunidades. Los cuatro grandes patriarcados antiguos (además de Roma) fueron Constantinopla, Alejandría, Damasco y Jerusalén.

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Desarrollo del protestantismo

Europa vivió una profunda revolución religiosa en el siglo XVI, que provocó una fuerte desintegración del poder casi absoluto ejercido por la Iglesia católica apostólica romana en Europa. La expansión del islam en el siglo VII y las fracasadas relaciones entre las iglesias católicas de Oriente y Occidente, que llevaron al cisma de 1054, habían dado un fuerte golpe a la universalidad del cristianismo. Jan Hus, Pierre Valdo y John Wycliffe, activistas de la prerreforma, sentaron las bases para los movimientos más generalizados de los reformadores del siglo XVI como Martín Lutero y Juan Calvino. Ernst Troeltsch, un historiador de la Iglesia alemana, llamó a este tiempo la edad de la confesión, en parte porque cada grupo nuevo evaluaba y, por lo tanto, forzaba las confesiones de aquellos que les habían precedido. El cuadro cronológico aquí expuesto muestra muchas de las formaciones de grupos religiosos que se desarrollaron a partir de que Martin Lutero fijara sus Noventa y Cinco Tesis en la puerta del castillo iglesia de Wittenberg, Alemania.

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Publicado el 11 febrero 2008 - 02:35


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JESUCRISTO


1. - Introducción



Jesucristo (entre el 8 y el 4 a.C. y el 29 d.C.), figura principal del cristianismo, que nació en Belén, Judea.

Desde el siglo VI se considera que la era cristiana comienza el año de su nacimiento, pero en la actualidad se cifra un error de cuatro a ocho años. Para los cristianos, Jesús fue el Hijo de Dios encarnado y concebido por María, la mujer de José, un carpintero de Nazaret. El nombre de Jesús se deriva de la palabra hebrea Joshua, que completa es Yehoshuah (‘Yahvé es salvación’); y el título de Cristo, de la palabra griega christos, a su vez una traducción del hebreo mashiaj (‘el ungido’), o Mesías. Los primeros cristianos emplearon Cristo por considerarle el libertador prometido de Israel; más adelante, la Iglesia lo incorporó a su nombre para designarle como redentor de toda la humanidad.

Las principales fuentes de información sobre su vida se encuentran en los Evangelios, escritos en la segunda mitad del siglo I para facilitar la difusión del cristianismo por todo el mundo antiguo. Las epístolas de san Pablo y el libro de los Hechos de los Apóstoles también aportan datos interesantes. La escasez de material adicional de otras fuentes y la naturaleza teológica de los relatos bíblicos provocaron que algunos exegetas bíblicos del siglo XIX dudaran de su existencia histórica. Otros, interpretando de diferente manera las fuentes disponibles, escribieron biografías naturalistas de Jesús. En la actualidad, los eruditos consideran auténtica su existencia, para lo que se basan en la obra de los escritores cristianos y en la de varios historiadores romanos y judíos.


2.- Nacimiento e infancia



Los evangelios de san Mateo y san Lucas recogen datos sobre el nacimiento e infancia de Jesús, e incluyen su genealogía, que se remonta hasta Abraham y David (Mt. 1,1-17; Lc. 3,23-38). Se supone que la descripción de su genealogía se hizo para probar el mesianismo de Jesús. Según Mateo (1,18-25) y Lucas (1,1-2,20), Jesús fue concebido por su madre, que “aunque desposada con José, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo” (Mt. 1, 18). Nació en Belén, donde José y María habían acudido para cumplir con el edicto romano que obligaba a inscribirse en el censo. Mateo es el único que describe (2,13-23) el viaje a Egipto, cuando José y María se llevaron al niño lejos del alcance del rey Herodes el Grande. Sólo Lucas relata el cumplimiento de José y María con la ley judía que requiere la circuncisión y presentación en el templo de todos los recién nacidos de Jerusalén (2,21-24); el mismo evangelista también describe su siguiente viaje (2,41-51) con el joven Jesús al templo para la fiesta de la Pascua. Los Evangelios omiten la vida de Jesús desde que tuvo 12 años hasta que empezó su ministerio público, unos 18 años después.


3.- Comienzos de su vida pública



Todos los Evangelios sinópticos (los tres primeros, llamados así porque, en general, presentan una visión similar de la vida de Cristo) relatan que el ministerio público de Jesús comienza tras el encarcelamiento de Juan Bautista y se prolonga casi un año. El Evangelio según san Juan describe su labor, que comienza con la elección de sus primeros discípulos (1,40-51) y se prolonga quizá unos tres años.

El relato del ministerio público y los acontecimientos que le precedieron es similar en los Evangelios sinópticos. Los tres describen el bautismo de Jesús en el río Jordán por Juan Bautista y su retiro durante 40 días de ayuno y meditación al borde del desierto, que algunos exegetas consideran como un tiempo de preparación ritual, donde el demonio (o Satán) trató de tentarle. Mateo (4,3-9) y Lucas (4,3-12) añaden la descripción de las tentaciones.

Después del bautismo y el retiro en el desierto, Jesús volvió a Galilea y visitó su hogar en Nazaret (Lc. 4,16-30). Se trasladó a Cafarnaum y comenzó a predicar. Según los sinópticos, fue entonces cuando nombró a sus primeros discípulos, “Simón, que se llama Pedro, y su hermano Andrés” (Mt. 4,21) y “Santiago el de Zebedeo y Juan, su hermano” (Mt. 4,21). Más adelante, cuando el número de sus seguidores creció, escogió a doce discípulos para que le ayudaran.


4. - Aumento de los seguidores de Jesús



En compañía de sus discípulos, Jesús estableció su base en Cafarnaum y viajó a los pueblos y aldeas cercanas para proclamar la llegada del Reino de Dios, como hicieron muchos profetas hebreos antes que él. Cuando los enfermos de cuerpo o espíritu se acercaron a él en busca de ayuda, los curó con la fuerza de la fe. Insistió en el amor infinito de Dios por los más débiles y desvalidos, y prometió el perdón y la vida eterna en el cielo a los pecadores siempre que su arrepentimiento fuera sincero. La esencia de estas enseñanzas se encuentra en el sermón de la montaña (Mt. 5,1-7), que contiene las bienaventuranzas (5,3-12) y la oración del Padrenuestro (6,9-13). El énfasis de Jesús en la sinceridad moral más que en la observancia estricta del ritual judío provocó la enemistad de los fariseos, que temían que sus enseñanzas pudieran incitar a los judíos a rechazar la autoridad de la Ley, o Torá. Otros judíos se mostraron recelosos ante las actividades de Jesús y sus seguidores porque podrían predisponer a las autoridades romanas contra una eventual restauración de la monarquía.

A pesar de esta creciente oposición, la fama de Jesús se extendió sobre todo entre los marginados y los oprimidos, y el entusiasmo de sus seguidores les llevó a tratar de “arrebatarle y hacerle rey” (Jn. 6,15), pero Jesús lo impidió cuando escapó con sus discípulos por el mar de Galilea (lago Tiberíades) a Cafarnaum (Jn. 6,15-21), donde pronunció un sermón en el que se proclamó “pan de la vida” (Jn. 6,35). Este sermón, que hace hincapié en la comunión espiritual con Dios, desconcertó a muchos de los que le escucharon, pensando que se trataba de “duras palabras” (Jn. 6,60), y desde entonces “muchos se retiraban y ya no le seguían” (Jn. 6,66).

Posteriormente, Jesús repartió su tiempo entre viajar a las ciudades dentro y fuera de la provincia de Galilea, enseñar a sus discípulos y retirarse en Betania (Mc. 11,11-12) y Efrem (Jn. 11,54), dos ciudades próximas a Jerusalén. Según los Evangelios sinópticos pasó la mayor parte del tiempo en Galilea, pero Juan centra el ministerio público de Jesús en la provincia de Judea y relata sus numerosas visitas a Jerusalén. Los sermones que pronunció y los milagros que realizó en esta época, en particular la resurrección de Lázaro en Betania (Jn. 11,1-44), hicieron que muchos creyeran en él (Jn. 11,45); pero el momento más importante de su vida pública ocurre en Cesarea de Filipo cuando Simón (después Pedro) comprobó que Jesús era Cristo (Mt. 16,16; Mc. 8,29; Lc. 9,20), a pesar de que Jesús nunca se lo había revelado (según los Evangelios sinópticos), ni a él ni a los demás discípulos. Esta revelación, además de la posterior predicción de su muerte y su resurrección, las condiciones que debían cumplir sus discípulos en su misión, y su transfiguración (momento en que se oyó una voz del cielo proclamándole hijo de Dios y confirmando así la revelación) constituyen la base principal de la misión histórica de la Iglesia cristiana (autorización explícita de Jesús recogida en Mt. 16,17-19).


5.- Últimos días



Cerca de la Pascua, Jesús viajó a Jerusalén por última vez (Juan menciona numerosos viajes a Jerusalén y más de una Pascua, mientras que los sinópticos dividen el ministerio público en las provincias de Galilea y Judea, y mencionan sólo una Pascua después de que Jesús abandonara Galilea para ir a Judea y Jerusalén) y el domingo de víspera entró triunfante en la ciudad donde le recibió una gran muchedumbre que le aclamó. Allí (el lunes y el martes, según los sinópticos), expulsó del templo a los mercaderes y cambistas que, según una vieja costumbre estaban autorizados a realizar sus transacciones en el patio exterior (Mc. 11,15-19) y discutió con los sacerdotes, los escribas, los fariseos y los saduceos, que le hicieron preguntas sobre su autoridad, tributos del César, y la resurrección. El martes, Jesús reveló a sus discípulos los signos que acompañarían a la parusía, o su segunda venida.

El miércoles Jesús fue ungido en Betania por María, que anticipaba la unción de la sepultura (Mt. 26,6-13; Mc. 14,3-9). Mientras tanto, en Jerusalén, los sacerdotes y los escribas, preocupados porque las actividades de Jesús iban a poner a los romanos en su contra (Jn. 11,48), conspiraron con uno de sus discípulos, Judas Iscariote, para arrestar a Jesús de manera furtiva, “porque temían al pueblo” (Lc. 22,2). Juan 11,47-53 sitúa la conspiración antes de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. El jueves, Jesús celebró la cena de Pascua con sus discípulos y les habló de su inminente traición y muerte como sacrificio por los pecados de la humanidad. Durante la cena bendijo el pan ácimo y el vino, llamó al pan su cuerpo y al vino su “sangre de la alianza, que será derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt. 26,27), y pidió que lo repartieran entre todos. Desde entonces, los cristianos recuerdan este ritual, la eucaristía, en oficios de culto que constituyen el principal sacramento de la Iglesia.

Después de la Última Cena, Jesús y sus discípulos fueron al monte de los Olivos, donde según Mateo (26,30-32) y Marcos (14,26-28), les aseguró que resucitaría (de la muerte). Al presentir que la hora de su muerte estaba cerca, se retiró al huerto de Getsemaní, donde, “lleno de angustia” (Lc. 22,44), meditó y oró. Una muchedumbre enviada por los sacerdotes y los ancianos judíos, conducida por Judas Iscariote, le arrestó en Getsemaní.


6.- Juicio y crucifixión



Según Juan (18,13-24), primero le condujeron ante Anás, suegro del máximo sacerdote Caifás, para un interrogatorio preliminar. Los sinópticos no mencionan este incidente, sólo relatan que Jesús fue conducido al consejo supremo de los judíos, el Sanedrín, donde Caifás pidió a Jesús que declarase si era “el Mesías, el hijo de Dios” (Mt. 26,63). Por esta afirmación (Mc. 14,62), el consejo le condenó a muerte por blasfemia, pero como sólo el procurador romano tenía poder para imponer la pena capital, el viernes por la mañana condujeron a Jesús ante Poncio Pilatos para sentenciarle. Antes del juicio, Pilatos le preguntó si era el rey de los judíos, Jesús contestó.. “Tú lo has dicho” (Mc. 15,2). Pilatos intentó varios recursos para salvarle antes de dejar la decisión final en manos de la muchedumbre. Cuando el populacho insistió en su muerte, Pilatos (Mt. 27,24) ordenó su ejecución. El papel real de Pilatos ha sido muy debatido por los historiadores. La Iglesia antigua tendió a culpar más a los judíos y a juzgar con menos severidad al gobernador romano.

Jesús fue llevado al Gólgota y crucificado, que era la pena romana para los criminales y los delincuentes políticos. Dos ladrones fueron también crucificados con él, uno a cada lado. En la cruz, sobre la cabeza de Jesús escribieron su acusación: “este es Jesús, el rey de los judíos” (Mt. 27,37). Al caer el día, su cuerpo fue descendido, y como estaba cerca el shabat (día festivo de los judíos), tiempo durante el cual no estaba permitido el enterramiento, fue rápidamente depositado en una tumba cercana por José de Arimatea (Jn. 19,39-42 relata que Nicodemo ayudó a José).


7. - La resurrección


El domingo siguiente, al amanecer, “María Magdalena, y María la madre de Santiago” (Mac. 16,1) fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús antes de enterrarlo, y lo encontraron vacío. En Mt. 28,2 se recoge que después de un terremoto apareció un ángel y apartó la piedra de la entrada. En el interior de la tumba, “un joven” (Mc. 16,5) vestido de blanco les anunció que Jesús había resucitado (esta noticia es anunciada por el ángel en Mateo 28,5-6 y por dos hombres “con vestiduras deslumbrantes” en Lucas 24,4. Según Juan 21, 11-18, María Magdalena vio dos ángeles y después a Cristo resucitado). Más tarde, el mismo día (según Lucas, Juan y Marcos) Jesús se apareció a las mujeres y a otros discípulos en varios lugares en Jerusalén y sus proximidades. La mayoría de los discípulos no dudaron en que habían visto y escuchado de nuevo al maestro que conocían y habían seguido durante el tiempo de su predicación en Galilea y Judea. Pero hubo discípulos que dudaron en un primer momento (Mt. 28,17), como Tomás, que no presenció las primeras apariciones (Jn. 20,24-29). Según recoge el Nuevo Testamento, la resurrección de Jesús se convirtió en una de las doctrinas esenciales de la cristiandad, pues al resucitar de la muerte dio esperanzas a la humanidad de una vida después de la muerte en el reino de los cielos.

Todos los Evangelios señalan que después de su resurrección Jesús siguió enseñando a sus discípulos sobre asuntos relativos al Reino de Dios. También les encomendó una misión: “Id, pues... haced discípulos de todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28,19). Lucas (24,50-51) también relata que, en Betania, Jesús fue visto ascender a los cielos por sus discípulos. Los Hechos de los Apóstoles 1, 212 recogen que la ascensión ocurrió cuarenta días después de la resurrección. Todas las doctrinas de su ministerio fueron desarrolladas en los principios fundamentales de la teología cristiana.




8. Teología





La vida y enseñanzas de Jesús fueron muchas veces objeto de disputa y de interpretaciones diferentes en la historia del cristianismo. En las primeras épocas de la Iglesia, por ejemplo, fue necesario regularizar las creencias sobre Jesucristo y su papel, para facilitar la conversión y responder a los cristianos que adoptaron opiniones inaceptables para los dirigentes de la Iglesia cristiana. Definir la naturaleza de Jesús se convirtió en el objeto de una disciplina llamada cristología.




Jesucristo




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La última cena (Museo del Prado, Madrid), obra de Juan de Juanes representa el pasaje del Nuevo Testamento en que Jesús instituyó la eucaristía. En el centro pintó a Cristo rodeado por sus discípulos, cuyos nombres aparecen escritos en los nimbos. Dando la espalda al espectador se encuentra Judas.

Scala/Art Resource, NY



El bautismo de Cristo




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Los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) relatan el bautismo de Jesús, que para algunos eruditos bíblicos significa su aceptación del plan divino por el que deberá morir para redimir a la humanidad de sus pecados y señala el comienzo de su vida pública. Piero della Francesca pintó El bautismo de Cristo hacia 1445.

Bridgeman Art Library, London/New York



Institución de la Iglesia




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Este fresco, Cristo entregando las llaves a San Pedro, obra de Perugino que se encuentra en la Capilla Sixtina del Vaticano, muestra a Jesús entregando a san Pedro las llaves del Reino de Dios. La doctrina católica afirma que Jesús designó a san Pedro como heredero de los apóstoles y primer papa, creando un lazo denominado sucesión apostólica.

Vatican Museums and Galleries, Vatican City, Italy/Bridgeman Art Library, London/New York



Predicación de Jesús




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Tras recibir el bautismo a orillas del río Jordán, Jesús inició sus tres años de predicación, tiempo durante el cual viajó por las provincias de Judea y Galilea, zonas que hoy pertenecen a Israel. Después viajó a Jerusalén, donde fue crucificado.



Cristo en la cruz




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Dejando que la muchedumbre tomara la decisión de si Jesús debía o no morir en la cruz, Poncio Pilatos le condenó a muerte, obligándole a cargar la cruz hasta el Gólgota donde fue crucificado. Rubens pintó Cristo en la cruz en 1620, situándole entre dos ladrones.

The New York Public Library



Giotto: Ascensión




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En el grandioso ciclo de frescos de la capilla Scrovegni, en Padua, realizado por Giotto a principios del siglo XIV, una de las escenas representa la Ascensión. El tema se inspira probablemente en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde se relata cómo Cristo se elevó y una nube lo ocultó de las miradas de sus discípulos.

Archivi Alinari




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Como citar este artículo:
"Jesucristo," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2007
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Publicado el 24 enero 2011 - 03:45

UN BELLO HIMNO DE NOTKER BALBULUS
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
Notker Balbulus vive de 840 a 912. De él se conserva este himno:
"Nació antes de los siglos, el Hijo de Dios invisible e infinito, por El Cual está hecha la máquina del cielo y de la tierra, del mar y de los seres que allí viven. Por El Cual los días y las horas caen y de nuevo resurgen, del Dios que los ángeles de las cimas del cielo saludan con canto eterno.
Él tomó un cuerpo frágil, purificado de la mancha del crimen (1), hecho de la carne de la Virgen María, y por el cual Dios quería lavar la falta del primer padre y la lascivia de Eva.
Este primer día de arrepentimiento, este muy luminoso día lo dice, y el crecimiento mismo de su duración lo repite: el verdadero Sol por la radiación de su luz ha puesto en fuga las viejas sombras del nacimiento del mundo y la noche fue gratificada por el resplandor de una estrella nueva que asombró a los ojos creyentes de los Magos, y fueron gratificados de luces los pastores y deslumbrados por la claridad de los soldados de Dios.
Alégrate de nuevo, Madre de Dios, que estás rodeada por los ángeles que cantan tu gloria. Cristo, Hijo Único del Padre, Tú que por amor a nosotros has revestido la forma humana, confirma a tus fieles, y de todos ellos de quienes te has dignado acordarte, dígnate aceptar las plegarias con el fin de que si Tú te dignas, !Oh Dios!, ellos puedan participar en tu Divinidad, !Oh Tú, Hijo de Dios Único!"
Notker Balbulus supone un ejemplo de la himnología cristiana de la Edad Media Occidental que en el sentir de Remy de Gourmont aprovecha los siguientes elementos de la himnología pagana:
- Música
- Elemento rítmico
- Vocabulario literario
Estos tres elementos son objeto de una exquisita elaboración teológica dentro de la himnología cristiana que elimina los conceptos internos paganos pero no los elementos externos
NOTAS -
(1) Alusión de Notker Balbulus al Pecado Original

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Publicado el 25 enero 2011 - 02:42

UN BELLO HIMNO DE NOTKER BALBULUS
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
Notker Balbulus vive de 840 a 912. De él se conserva este himno:
"Nació antes de los siglos, el Hijo de Dios invisible e infinito, por El Cual está hecha la máquina del cielo y de la tierra, del mar y de los seres que allí viven. Por El Cual los días y las horas caen y de nuevo resurgen, del Dios que los ángeles de las cimas del cielo saludan con canto eterno.
Él tomó un cuerpo frágil, purificado de la mancha del crimen (1), hecho de la carne de la Virgen María, y por el cual Dios quería lavar la falta del primer padre y la lascivia de Eva.
Este primer día de arrepentimiento, este muy luminoso día lo dice, y el crecimiento mismo de su duración lo repite: el verdadero Sol por la radiación de su luz ha puesto en fuga las viejas sombras del nacimiento del mundo y la noche fue gratificada por el resplandor de una estrella nueva que asombró a los ojos creyentes de los Magos, y fueron gratificados de luces los pastores y deslumbrados por la claridad de los soldados de Dios.
Alégrate de nuevo, Madre de Dios, que estás rodeada por los ángeles que cantan tu gloria. Cristo, Hijo Único del Padre, Tú que por amor a nosotros has revestido la forma humana, confirma a tus fieles, y de todos ellos de quienes te has dignado acordarte, dígnate aceptar las plegarias con el fin de que si Tú te dignas, !Oh Dios!, ellos puedan participar en tu Divinidad, !Oh Tú, Hijo de Dios Único!"
Notker Balbulus supone un ejemplo de la himnología cristiana de la Edad Media Occidental que en el sentir de Remy de Gourmont aprovecha los siguientes elementos de la himnología pagana:
- Música
- Elemento rítmico
- Vocabulario literario
Estos tres elementos son objeto de una exquisita elaboración teológica dentro de la himnología cristiana que elimina los conceptos internos paganos pero no los elementos externos
NOTAS -
(1) Alusión de Notker Balbulus al Pecado Original








Estimado Sr. GONZALO FERNÁNDEZ, Universidad de Valencia.



Agradecemos todos los aportes que ha hecho a nuestra Ayuda Tareas, son muy valiosos y contribuyen enormemente a los objetivos que nos hemos fijado.



No habíamos querido interrumpir el flujo de sus escritos, pero ahora se nos presenta la oportunidad ya que hemos repuestos, en estos temas, imágenes que habíamos perdido y otras que no habíamos subido.



Agradeciéndole nuevamente sus artículos y esperando que su cooperación continúe, se despiden de Ud. atenta y cordialmente,



El Staff

y


Ge. Pe.

Adm.




__________________________________



#5 Invitado_gonzafer_*

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Publicado el 26 enero 2011 - 07:58

Muchas gracias, queridos amigos.
Es un honor escribir en sus magníficos foros.
Un abrazo y siempre a su disposición.

#6 Invitado_gonzafer_*

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Publicado el 26 enero 2011 - 08:08

EL MANIQUEISMO
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
El maniqueismo es una herejía del cristianismo que llega hasta el Asia Central, China y la India. Manes nace en 216 en una aldea cercana a Colofón en Mesopotamia. Dedica su vida al misticismo, la lectura y los viajes. En su calidad de viajeros recorre la India, el Asia Central y China donde recibe las enseñanzas de los Yu-Kia.
Manes crea un sincretismo que intenta sea asumido por el Imperio Persa de los Sasánidas como religión oficial. Manes cuenta con el apoyo de Sapor I pero acaba siendo perseguido por Bahram I. Para Manes existen dos principios:
- Principio de la luz dominado por un dios único que es el espíritu purísimo supremo gobernante del mundo a quien Manes conoce por el Padre Eterno
- Principio de las tinieblas presididos por Satán. Las tinieblas asaltan el mundo. Son derrotadas pero absorben muchas esencias luminosas que habrán de rescatarse
El Padre Eterno engendra al Hombre Primordial quien sucumbe ante el principio de las tinieblas creándose así el dualismo maniqueo. Adán y Eva representan los principios del pecado. Eva tiene dos maridajes. Hace uno de ellos con Adán. De este primer maridaje nace Set. Eva efectúa su segundo maridaje con Satán. De este segundo maridaje nacen Caín y Abel
De este modo las almas humanas quedan manchadas por el pecado. El Padre Eterno se compadece empero de la humanidad y envía a sus apóstoles quienes son mensajeros de la luz. Éstos son persas (Zoroastro), orientales (Buda) y bíblicos (Noé, Abraham y Jesús). Dos nuevas notas del maniqueismo son:
- Cierta antipatía hacia el judaísmo
- Importancia concedida al Paráclito Quien llega a jugar un papel esencial dentro de las creencias maniqueas

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Publicado el 26 enero 2011 - 09:28

ORÍGENES DE LA GNOSIS CRISTIANA
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
El fundador del gnosticismo cristiano es Valentín quien llega a Roma desde Alejandría en 135. Valentín había recibido influencias de las distintas corrientes filosóficas que existen en Alejandría. Valentín cree que la causa primera es la eterna y permanente unidad cuya esencia misteriosa no es accesible a la mente humana pero sí es puede comprenderse a través de la fe. Los gnósticos llaman el Perfecto Eón a la causa primera. La teología gnóstica juega con dos conceptos básicos:
- Pléroma o divinidad insondable. El Eón se funda con el Pléroma y de esta unión surgen unos seres sobre cuya naturaleza se dividen los autores gnósticos en tres tendencias pues unos estiman que tales seres son sólo masculinos, otros que únicamente son femeninos y unos terceros que son masculinos y femeninos al tiempo
- Neuma o espíritu El mundo responde a una tipología con dos clases de hombres:
- Hombres hílicos en quienes predominan la materia y el aspecto sensible de la existencia
- Hombres a quienes la terminología gnóstica llama de manera indiferente gnósticos, psíquicos, espirituales o pneumáticos
Valentín preconiza que el Absoluto emana del Abismo (Bythos). Por tanto:
- El Abismo es la causa de todo lo existente
- Existe un elemento abismático sin el cual la existencia no puede producirse
En opinión de Valentín la Sabiduría (Sophia), que es un eón, quiso conocer la naturaleza insondable del Padre. Para ello la Sabiduría engendra un nuevo eón (Ahimot). Ahimot engendra al Demiurgo. El Demiurgo es la potencia supremo para los gnósticos. El Demiurgo engendra otros Demiurgos subordinados. Valentín añade el Hombre Redentor (Jesús) a las anteriores categorías gnósticas de hombres hílicos y hombres psíquicos, espirituales y pneumáticos.
Dios, los Demiurgos y los ángeles luchan por la salvación del hombre. Valentín considera a Jesús el fundador de la gnosis. Jesús tiene una naturaleza comparable a los ángeles y viene al mundo para salvar a los hombres.
Los gnósticos dan mucha importancia a la fe y al sacrificio. Consideran la fe superior a las reglas morales pues las reglas morales contemplan su origen en la mente mientras que la salvación de la fe. Para los gnósticos los hombres espirituales son los únicos que se salvan. Sólo los hombres espirituales llegan a la gloria. El hombre malo es condenado al no ser.
De la soteriología gnóstica se conservan otros principios básicos perceptibles en dos sentencias :
- Sólo los seres espirituales, entre los que se encuentran los gnósticos mismos, serán devueltos a la abundancia del mundo del espíritu
- Existe una redención del mundo imperfectamente hundina en la condenación y en el pecado mediante su nueva elevación a la originaria pareja divina
Otro gnóstico cristiano es Bardesanes. Su vida se extiende de 154 a 222. Bardesanes explica la existencia a partir de la evolución de un universo total. A su parecer existe un camino de perfección dividido en diversas gradaciones desde el ser más insignificante hasta el hombre. Bardesanes da una importancia enorme a la libertad humana que permite al hombre salvarse o condenarse. El tema del libre albedrío es mucho más importante en Bardesanes que en los escritores cristianos coetáneos que son ortodoxos dentro de los cuales el tema del libre albedrío no alcanza demasiada importancia hasta la controversia pelagiana con San Agustín de Hipona.
La gnosis cristiana se desarrolla desde el siglo II al VII. Sus diversos movimientos ofrecen la defensa de estas hipótesis comunes:
- Teoría del conocimiento según la cual el conocimiento de uno mismo se identifica con el conocimiento de Dios y lleva a la salvación
- Dualismo radical que conduce a la depreciación del cosmos
- Mito del salvador salvado
- Idea de la ascensión del alma

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Publicado el 26 enero 2011 - 10:16

MOVIMIENTOS NEOMANIQUEOS
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
A fines de la Edad Antigua y durante la Edad Media se desarrollan unos movimientos neomaniqueos que se caracterizan por su rechazo al culto de la Virgen y su acusado dualismo bien versus mal. Los principales son los paulicianos, los bogomilos y los cátaros.
Constantino de Mananaris funda los paulicianos. Constantino de Mananaris es ejecutado por la justicia bizantina en 667 tras un largo proceso que empieza en 652. Los paulicianos sólo admiten la inspiración divina en las Cartas de San Pablo. Se explican por la rendida (y equivocada) admiración que Constantino de Mananaris tiene por el Apóstol de los Gentiles. Desde 652 los paulicianos se instalan en Tracia y Bulgaria. Los paulicianos perduran en ambas zonas hasta el siglo XIII.
A fines del siglo XI y comienzos del XII aparece en Constantinopla la secta de los bogomilos. Ellos se consideran a sí mismos los amados de Dios. Los bogomilos llegan hasta el Asia Central. Los bogomilos efectúan una síntesis entre maniqueísmo, cristianismo, religiones anteriores y creencias primitivas reelaboradas.
Los bogomilos piensan que Lucifer es hijo de Dios. En la vida de Lucifer existe un primer momento en cuyo trascurso Lucifer colabora con Dios al crear Lucifer los cuerpos y Dios las almas. Sin embargo Lucifer cae por orgullo. El inicio de su caída se da por seducir Lucifer a Eva. Lucifer engendra de Eva a Caín. Con ello Lucifer introduce el mal en el mundo al ser Caín el primero que emplea la violencia. Otro seguidor de Lucifer es Moisés quien eclipsa a los demás profetas.
Lucifer tiene un segundo hijo: el Logos. El Logos fracasa en su misión pese a aparecer como el falso Jesús. El Logos/falso Jesús es sustituido por el auténtico Jesús Quien es el Hijo de María y termina ascendiendo al Cielo donde se reúne con el Espíritu Santo.
Los bogomilos rechazan el culto a la Virgen, a las imágenes y a los santos. Reputan los milagros engaño diabólico. El principal bogomilo es Basilio quien sufre la pena capital en 1119. Los bogomilos influyen en los cátaros condenados por la Iglesia en 1169.
Éstos últimos recalcan el antagonismo luz versus tinieblas. Consideran el mundo más vinculado a Satanás que a Dios. Piensan que gran parte de la humanidad se encuentra formada por espíritus que siguieron a Satanás en su caída. Esta doctrina muestra gran dramatismo y se opone a la idea cristiana de la redención.
Los cátaros piensan que los réprobos se reencarnan en vegetales y animales y que sólo ellos se salvan al ser los únicos seguidores de Cristo. El bautismo recibe entre los cátaros el nombre de consolamentum. Sólo puede aplicarse una vez en la vida. El consolamentum se efectúa por medio de la imposición de manos precedida de unas oraciones.
Los cátaros celebran tres cuaresmas durante las cuales han de ayunar tres días a la semana a base de pan y agua. Los sacerdotes son elegidos entre los cátaros más devotos conocidos como los perfectos. Los cátaros reciben la Eucaristia en pie de amnos de un perfecto. Los perfectos consiguen su status por medio de:
- Práctica del ascetismo
- Castidad absoluta
- Régimen alimenticio durísimo con prohibición absoluta de la ingesta de carne por la idea de la metempsícosis o trasmigración de las almas

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Publicado el 27 enero 2011 - 10:14

LA CORRIENTE ASCÉTICA DE LA FLAGELACIÓN
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
La flagelación se da en muchas religiones. Consiste en un método de ascesis voluntario por el que el flagelante purifica su propio cuerpo a fin de reafirmar la virtud y combatir el vicio. Esta flagelación no es morbosa. Se trata de un acto de fe y sacrificio que se ofrece a la Divinidad y se halla alejado de toda perversión erótico-sexual.
La flagelación ascética se da en:
1) Esparta donde los jóvenes educandos en la paideia eran flagelados ofreciéndose su sangre a Artemisa que es la diosa representativa de la pureza, la virtud y el sacrificio
2) Roma donde la flagelación se concibe como rito iniciático de las religiones mistéricas dado que la humillación física y moral de recibir latigazos representa una ofrenda aceptable a la divinidad. Sobre este particular afirma Willman-Grabovska En las religiones de misterio se practicaba la flagelación con objeto de que el neófito fuera capaz de apreciar más vívida y fielmente los padecimientos del dios que había padecido, muerto y resucitado de entre los muertos. Algunos frescos pompeyanos presentan a la dueña de la casa en el momento de iniciarse en los misterios, arrodillada con las espaldas desnudas, recibiendo los golpes
3) Budismo
4) Cristianismo. Los primeros flagelantes cristianos se documentan en el siglo IV. San Pedro Damián la lleva a los monasterios donde se practica con una asiduidad y dureza que llega a preocupar a San Antonio de Padua. Hacia 1310 Raniero de Perugia habla de la frecuencia en la Cristiandad Occidental de la flagelación que llega a su paroxismo en los siglos XIV y XV impulsada por los terribles estragos y el horroroso recuerdo de la Peste Negra. En el Cristianismo la flagelación se une a otros excesos como:
- Eklestoi quienes se retiran en parajes agrestes a fin de llevar una vida de total entrega mística
- Akoimetas que se entregaban en oración sin descansar hasta caer rendidos por el sueño
- Giróvagos, iguales a los derviches del sufismo. Los giróvagos basan su ascetismo en dar vueltas sobre el eje de su propio cuerpo convirtiéndose en verdaderas peonzas o trombos vivientes.
Brewer afirma en torno al ascetismo cristiano Había ascetas que jamás se sentaban o acostaban, que pasaban años en lo alto de una columna (y así será San Simón Estilita, uno de los santos de mayor devoción en la Europa de la Edad Media, teniendo que vivir estos estilitas de la caridad, habiendo escrito Thomas Mann una excelente novela sobre ellos, titulada Allá abajo), que nunca se lavaban, que no se quitaban las ropas hasta que no se les caían a pedazos, que vivían en profundos pozos ubicados entre tumbas, que sólo se alimentaban de hierbas, que se arrastraban por el suelo como animales vestidos únicamente con su propio cabello, de tal manera que durante veinte años se entendió que solamente podían ser hombres de Dios quienes llevasen una vida austera y ejercitasen sobre sí mismos una tortura atroz. Al final, se organizó una vida monástica, y el trabajo y la oración vinieron a ser las características de los ascetas más celosos. A pesar de esto, las prácticas ascéticas han sido consideradas a través de todos los siglos como particularmente gratas a Dios.
En general los obispos y abades procuran mitigar los excesos del ascetismo cristiano. Se puede afirmar como conclusión:
- El ascetismo cristiano no es el único. Existe ascetismo en el Islam, budismo, hinduísmo y judaísmo. En el Islam es célebre el misticismo sufí. En la India algunos devotos hinduístas duermen encima de una tabla de clavos. Dentro del judaísmo los principales ascetas son esenios tanto en Palestina (comunidad de Qumrán) como en Egipto (terapeutas)
- No es necesario establecer comparaciones entre unos y otros credos ascéticos
- El ascetismo representa uno de los problemas más interesantes para el estudioso de las religiones

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Publicado el 27 enero 2011 - 11:16

LUDOWICK MUNGLETON
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
Ludowick Mungleton (1609 - 1698) es un maniqueo de la Edad Moderna. En 1652 funda la Confesión de los Mungletonianos. Mungleton se considera uno de los profetas citados por San Juan en el Apocalipsis (11, 3 - 7) cuando lo lee a instancias de su pariente el teólogo John Reeve. Ese pasaje dice Pero haré que mis dos testigos profeticen vestidos de sayal mil doscientos sesenta días. Ellos son los dos olivos y los dos candelabros que están en la presencia del Señor de la tierra. Si alguno quiere hacerles daño, saldrá de su boca fuego que devorará a sus enemigos; así el que intente hacerlo, morirá sin remedio. Tienen poder para cerrar el cielo y que no llueva mientras dure su profecía; tienen también poder para trasformar el agua en sangre y herir la tierra a voluntad con plagas de toda especie.
Las ideas claves de Mungleton son:
1) Encarnación del diablo en Eva con lo que Eva es el genuino diablo
2) Existencia de dos razas humanas de las que una se condenará por toda la eternidad y otra se salvará eternamente
3) Posesión de un cuerpo real por Dios Quien desciende a la tierra para morir por los hombres (concesión de Mungleton al cristianismo)
4) Cese del tiempo y la historia durante los últimos tiempos. Esta escatología influye en el visionario sueco Swedenborg tras su conversión a la teosofía en 1743 - 1744 de suerte que Swedenborg tiene importancia primero en las ciencias al anticipar las teorías de Kant y Laplace y luego en la teología

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Publicado el 28 enero 2011 - 08:23

JAN HUS Y LOS HUSITAS
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
Jan Hus vive de 1379 a 1415, Es un importante maestro científico y teológico en la Universidad de Praga que era una de las principales de Europa Central. Hus se ve influido por el inglés John Wyclef (1324 - 1384) quien había fustigado los abusos del clero.
El Papa Gregorio XII excomulga a Hus y lanza el entredicho sobre la Universidad de Praga mientras que allí enseñara Hus. En 1414 Hus comparece ante el Concilio de Constanza. Hus asiste a la reunión sinodal provisto de un salvoconducto del emperador Segismundo. En virtud de la doctrina de las dos espadas el emperador puede intervenir en las asambleas conciliares sin desempeñar papel teológico alguno.
Jan Hus se niega a retractarse ante el Concilio. Pese al salvoconducto imperial los conciliares de Constanza ordenan que Hus sea excomulgado y quemado vivo. El suplicio de Hus origina que sus ideas sean aceptadas por buena parte del clero de Bohemia y que nazca allí el movimiento husita que luego se divide en varias tendencias diferenciables por su mayor o menor rigorismo. No obstante todas las tendencias husitas tienen tres puntos en común:
- Imposición de explicar el Evangelio en checo
- Intento de secularizar la teología
- Uso del utraquismo o derecho de los laicos a comulgar bajo las dos especies
Una de las tendencias husitas más radicales es la de los taboritas cuyo líder es Jan Ziska. Los principios del taborismo son:
1) Negación de la existencia del Purgatoria
2) Condena del culto a los santos. Los taboritas preconizan sobre los santos que:
- No necesitan culto al estar ya en el Cielo
- Sólo es necesario imitar sus virtudes
- Su culto encierra un politeísmo
3) Rechazo del culto a las imágenes por considerarlo un inicio de politeísmo
4) Defensa del derecho de los seglares o laicos a predicar el Evangelio. Los reformadores protestantes del siglo XVI se inspiran en este punto de los taboritas cuando defienden el libre examen de las Escrituras
5) Condena de otras prácticas piadosas como:
- Procesiones
- Culto a las reliquias pensando los taboritas que las reliquias son susceptibles de gran veneración pero no de un culto especial
- Confesión auricular sus tituida por la penitencia que el pecador se imponga a sí mismo

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Publicado el 28 enero 2011 - 09:11

LOS HERMANOS DEL LIBRE ESPÍRITU
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
Se les llama también amalricianos por ser Amalrico (o Amaury) de Bena su fundador. En 1204 la Universidad de París expulsa Amalrico de Bena quien muere en 1209. En el siglo XIV el amalricianismo es defendido por:
- La beguina Margarita de Hainault decapitada en 1310
- El obispo Nicolás de Basilea quemado vivo en 1387 junto a dos discípulos suyos
Los Hermanos del Libre Espíritu defienden que:
- La vida religiosa ha de vivirse en plena libertad y depende de la absoluta entrega a Dios
- El punto más perfecto de la vida religiosa se logra por el amor y no a través de los sacramentos
- El erotismo llega a ser el preludio de la entrega completa a Dios

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Publicado el 29 enero 2011 - 01:16

LOS CUÁQUEROS
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
George Fox funda el movimiento de los cuáqueros. A los 18 años George Fox cae en la cuenta de su enorme vocación religiosa. En 1651 George fox funda en el Condado de Leicester en Inglaterra la Sociedad de Amigos denominada vulgarmente cuáqueros. El nombre de cuáqueros surge del verbo inglés to cuake (temblar). Se explica por la respuesta que los primeros cuáqueros dan al juez Bennet que les perseguía de que temblara ante la Palabra de Dios- No obstante George Fox les da la denominación oficial de Sociedad de Amigos basada en la frase de Cristo Ya no os llamo siervos: sois mis amigos. Otra de sus bases escriturísticas se halla en el Prólogo al Evangelio de San Juan y más concretamente en la sentencia La Palabra era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.
Algunos cuáqueros originarios son anglicanos mientras que otros proceden del calvinismo. Los cuaquéros se llaman entre sí amigos aunque en ocasiones también se denominan hermanos. Con ello intentan eliminar los respetos humanos y las diferencias sociales en el interior del cuaquerismo. La Sociedad de Amigos tiene tres rasgos que les distinguen de otras tendencias protestantes:
- No consideran necesario que sus miembros se vinculen a la Sociedad de Amigos por un juramento sacral necesitando sólo una promesa basada en su propio honor
- Constituyen una democracia sacral
- Se niegan a prestar el servicio militar en base al mandamiento bíblico No matarás. El cuáquero rechaza toda violencia y cualquier actividad relacionada con la guerra pese a ser un hombre valiente que sirve bien a la sociedad
El cuáquero se gana el aprecio de sus conciudadanos pese a que su actitud pacifista colisione con algunas normas habituales en las sociedades donde viven. Durante los siglos XVII y XVIII el cuaquerismo adopta dos comportamientos esenciales que perduran hasta la actualidad:
- Búsqueda de la paz social de modo que los cuáqueros nunca luchan contra otros grupos sociales
- Negativa absoluta a la guerra. El cuáquero cree que incurre en pecado si va a la guerra. En su sentir es preferible ser muerto por sus propios conciudadanos que matar ellos a otro ser humano aunque sea enemigo. Ello explica los problemas que han tenido los cuáqueros en Estados Unidos e Inglaterra durante las dos Guerras Mundiales
Los cuáqueros forman una democracia interna y asisten a dos tipos de asambleas:
- Juntas en caso de tratar asuntos alusivos a la organización de su Iglesia. En las juntas las decisiones para ser válidas han de ser tomadas por unanimidad (no basta la mayoría simple) y una vez aprobadas por unanimidad se recogen en acta
- Meetings si es para escuchar una arenga o un sermón
Los cuáqueros tienen dos clases jerárquicas:
- Ancianos quienes por su edad y sabiduría orientan y dirigen la vida religiosa
- Vigilantes, electos por votación que ejercen una vigilancia pastoral y administran la comunidad
George Fox empieza sus predicaciones en 1648 bien que la Sociedad de Amigos no nazca hasta 1651. En principio Fox empieza su predicación en calles y plazas. Una vez constituida la Sociedad de Amigos empieza a predicar en las casas de sus adeptos y en los templos. George Fox toma como modelo a los profetas. En principio su predicación se hace de modo espontáneo como un profetismo que se da en plena calle. Con el tiempo los sermones cuáqueros se hacen más eleborados. Los cuáqueros nunca renuncian a su aprecio por el género profético: es normal que un predicador cuáquero sea capaz de recitar de memoria los Libros completos de Isaías y Ezequiel.
Una de las discípulas de Fox visita Constantinopla donde intenta convertir al cuaquerismo al Sultán Otomano quien se limitó a escucharla con benevolencia no exenta de ironía. El cuaquerismo llega a América en 1656 con la instalación en Boston de la cuáquera Mary Fischer. Mary Fischer y su correligionario Ann Austin fundan en 1656 la primera congregación cuáquera en la Colonia de Massachussets que se disuelve por la persecución de los puritanos.
Los cuáqueros sólo consiguen tranquilidad en el Norte de América cuando William Penn funda la Colonia Cuáquera de Pennsilvania contando con la benevolencia de Carlos II de Inglaterra por su antipatía a los puritanos de Massachussetts quienes eran correligionarios de los asesinos de su padre. El propio topónimo Pennsilvania indica los anhelos de William Penn por crear un país de bienandanza en el Nuevo Mundo. Penn se convierte en:
- Prototipo de los filántropos americanos
- Antecesor del movimiento esclavista al prohibir la tenencia de esclavos en Pennsilvania
En 1826 Elias Hicks crea una disidencia en el seno del cuaquerismo. Hicks defiende que Cristo no es Dios. En su opinión Cristo es el más perfecto de los hombres por hallarse asistido de una luz divina que emana del Padre Eterna. Elias Hicks sostiene que los méritos de Cristo se explican por la antedicha luz.
Una vez superada la crisis de 1826 los cuáqueros adoptan varias actitudes complementarias:
- Se preocupan por infundir sus principios pacifistas a la política internacional. En la Guerra Civil Española los cuáqueros efectúan envíos generosos a las dos Españas enfrentadas que valen a una organización cuáquera (American Friends Services Commite) la recepción del Premio Nobel de la Paz en 1947
- Distensión de la antigua animosidad de los cuáqueros hacia los católicos de forma que los cuáqueros copian las escuelas dominicales y las escuelas para adultos de los católicos
- Expansión desde su primitivo hogar anglosajón. A mediados del siglo XIX existen unos 150.000 cuáqueros en Inglaterra y Estados Unidos existiendo otros grupos minoritarios en Francia, Alemania, Holanda, Suecia y Noruega.
- Labor de captación entre los universitarios más preparados que se inicia a fines del siglo XIX

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Publicado el 30 enero 2011 - 07:43

LA IGLESIA DE LOS BAUTISTAS
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
La inicia en 1606 en la localidad inglesa de Gainsborough John Smith quien fallece en 1612. John Smith denomina a la Iglesia de los Bautistas iglesia separatista pues pretenda diferenciarla del Catolicismo, Anglicanismo y Luteranismo.
Esta iglesia se caracteriza por obligar a sus neófitos a bautizarse mediante una inmersión completa y al juramento de permanecer siempre fieles a la confesión bautista. La Iglesia de los Bautistas sufre persecución en Inglaterra. En 1608 algunos de sus fieles se ven obligados a exiliarse en Holanda. Otros quedan en Inglaterra. Una segunda oleada persecutoria en Inglaterra lleva a algunos bautistas a refugiarse en Rhode Island en 1639. El jefe de los bautistas que emigran a Rhode Island en 1639 es Roger Williams. En Inglaterra la Iglesia Bautista no logra la paz hasta 1689. En ese año surge empero un cisma entre:
- Bautistas generales, abiertos o del libre albedrío. Defienden que Cristo, en virtud de su sacrificio en la Cruz, salva a todos los hombres incluso a quienes mueran en pecado. Los bautistas generales, abiertos o del libre albedrío se oponen a la predestinación postulada por los calvinistas. Por último piensan que el Banquete Eucarística se halla abierto a todos los bautizados desde la infancia más tierna
- Bautistas particulares. Mantienen que Cristo sólo vino a salvar a los elegidos. De aquí que insistan en la necesidad del inmediato bautismo de los niños al no salvarse los no bautizados
Bautistas generales y particulares tienen dos puntos en común:
- Primacía de Cristo. No rechazan al Padre ni al Espíritu Santo pero insisten en la absoluta supremacía del Hijo
- Autoridad divina y total de la Biblia de suerte que todos los hombres han de ser adiestrados en su manejo y ha de prestarse especial atención al problema de su exégesis

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Publicado el 04 febrero 2011 - 09:38

EL CONGREGACIONALISMO
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
El congregacionalismo supone una de las direcciones más importantes del protestantismo inglés. Las designaciones congragacionalismo y congregacionalistas empiezan a usarse a partir de 1642, en plena Guerra Civil. Sus seguidores dan enorme importancia a las congregaciones. Cada congregación forma un cuerpo místico que depende directamente de Cristo y que sólo a Él habrá de rendir cuenta. Las congregaciones:
- Han de formarse por su propia voluntad
- Tienen que administrarse por sí mismas
- Crean sus instituciones privativas en materias de dogmática y praxis
Durante mucho tiempo el congregacionalismo fue también conocida por Iglesia Independiente. En materias eclesiásticas los congregacionalistas afirman la personalidad mística y sacral de cada comunidad independiente. Los congregacionalistas defienden el vínculo místico de sus congregaciones con el Nuevo Testamento. Al tiempo rechazan cualquier idea de superioridad de su Iglesia respecto a las otras confesiones reformadas.
En 1647 el congregacionalismo ya se halla plenamente implantado en Inglaterra. De aquí se expande hacia Escocia y Gales. Cada iglesia se halla dirigida por un ministro que se encarga de la vigilancia pastoral, se le designa con la palabra moderador y ejerce un poder teológico que da cohesión a sus fieles en un proceso muy similar al que ocurre entre los presbiterianos.
A partir de 1919 existen congregacionalistas que se unen con grupos de bautistas, presbiterianos y Discípulos de Cristo. En el siglo XVII el fundador del congregacionalismo es Robert Browne cuya vida se extiende de 1550 a 1633. Sus discípulos son designados brownsianos. Sólo en 1642 empiezan a llamarse congregacionalistas. Las tres doctrinas principales de Robert Browne son:
- La Iglesia es el conjunto de los fieles
- La Iglesia es una democracia y no una dictadura con lo que cualquier innovación teológica ha de ser aprobada en un concilio
- Sus seguidores han de agruparse en un cuerpo místico doquiera se hallen
La gran figura del congregacionalismo es el poeta John Milton (1608 - 1674). El Teatrise of Christian Doctrine de Milton aparece en 1670 y es el faro que ilumina a los congregacionalistas. A las tres doctrinas de Browne Milton añade estas dos teorías nuevas:
- El alma humana es indistinta del cuerpo. En su sentir el alma y el cuerpo constituyen un solo ser aunque se encuentren separados desde el punto de vista analítico bien que el cuerpo dependa y sea vivificado por el alma
- La inmortalidad del alma se manifiesta en una perduración tras la muerte individual a modo de un sueño, con sus facultades afectivas y cognoscitivas suspensas, hasta el Juicio Final cuando ese cuerpo único alma/cuerpo recupere su personalidad
Son muy interesantes las ideas religiosas que en el Paraíso perdido Milton atribuye a Adán y que prueban su sentimiento conflictivo y trágico de la religión Después de todas estas reflexiones, me veo obligado a volver al Señor. Todos mis vanos subterfugios, todos mis razonamientos, me conducen a través de sus laberintos a su propia convicción. En primer y último lugar sobre mí, sobre mí solo, autor de toda corrupción, debe caer todo vituperio. !Así cayera también la cólera! Deseo insensato, ¿Te será acaso posible soportar esa carga fatal, mucho más pesada que la Tierra, mucho más aún que el Universo, aunque esté repartida entre tí y esta infame mujer (1)? Pero lo que deseas y lo que temes, destruye igualmente toda esperanza de refugio y te declara mucho más que todo ejemplo pasado y futuro, semejante sólo a Satanás en crimen y castigo. !Oh conciencia, en qué abismo de temores y dudas me han precipitado. No encuentro ningún camino para salir de él porque al intentar salir de un abismo caigo en otro más profundo
NOTA
(1) Milton se refiere a Eva recogiendo una corriente antifeminista de atribuir a Eva el papel protagonista en la caída de nuestros primeros padres

#16 Invitado_gonzafer_*

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Publicado el 05 febrero 2011 - 10:37

EL EJÉRCITO DE LA IGLESIA Y EL EJÉRCITO DE SALVACIÓN
POR
GONZALO FERNÁNDEZ,
Universidad de Valencia.
El Reverendo Wilson Carlyle funda en 1882 el Ejército de la Iglesia que empieza a actuar en los barrios bajos de Londres. Sus componentes se dedican a redimir a aquellas personas que pudiesen considerarse a sí mismas envilecidas. El Ejército de la Iglesia actúa en las zonas deprimidas de otras ciudades inglesas y norteamericanas.
El mismo Wilson Carlyle pone las bases ideológicas del futuro Ejército de Salvación. El Ejército de Salvación es obra de William Booth (1829 - 1912). Este personaje tiene una infancia y adolescencia tempestuosas. A los 16 años se convierte. A partir de ese momento dos son los puntales de su fe:
- Lectura de la Biblia
- Asistencia a los oficios de la Iglesia Metodista
En 1855 se casa con la también metodista Catherine Numford. Ambos cónyuges se dedican a la predicación de las doctrinas metodistas. Booth funda en Nottingham el Ejército de Salvación en el seno del metodismo y del que su mujer será una continua fuente de inspiración.
El Ejército de Salvación intenta:
- Llevar el Evangelio a la calle a través del diálogo misional en la vía pública
- La recuperación de los marginados
El Ejército de Salvación se ve muy favorecido por el rey Eduardo VII. Catherine Booth (nacida Numford) establece unos grados. En principio había pensado en designarlos con apelativos místicos pero luego los cambia asumiendo vocabularios de naturaleza militar (tenientes, capitanes, mayores, coroneles y brigadieres). Así recalca la combatividad por Cristo y la entrega total de los miembros del Ejército de Salvación a la lucha contra el mal. En la actualidad el Ejército de Salvación cuenta con 97.000 oficiales jerárquicos y muchos fieles extendidos por el mundo.




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