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Judaismo. Historia y Fundamentos Básicos


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#1 Ge. Pe.

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Publicado el 09 septiembre 2007 - 03:53





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JUDAÍSMO



1.   Introducción


Judaísmo, cultura religiosa de los judíos (conocidos también como el pueblo de Israel). Es una de las religiones más antiguas de la historia.

Los términos judaísmo y religión no existían en el hebreo premoderno. Los judíos hablaban de la Torá.. leyes que Dios reveló a Israel, y en las que se ofrecía una visión del mundo y una manera de vivir (la Halajá), la senda que se debía seguir por el mundo: las leyes, costumbres y prácticas judías. Todas las formas históricas del judaísmo premoderno constituían (y aún hoy el judaísmo tradicional lo constituye), un sistema de cultura integral, que abarca la totalidad de la existencia individual y comunitaria de las personas. Es un sistema de santificación en el que todo está sometido a la voluntad expresa de Dios, de acuerdo con modelos divinos revelados sobre el orden cósmico y la legalidad. Judaísmo, cristianismo e islam, las tres grandes religiones monoteístas, tienen mucho en común. El cristianismo surgió en Palestina dentro de la comunidad judía durante el siglo I d.C.; en un principio, el islam extrajo parte de su ideología del judaísmo. Teniendo en cuenta que desde el siglo VII la mayor parte de los judíos han vivido en un ambiente cultural muy cercano al cristianismo y al islam, estas dos religiones ejercieron una fuerte influencia en la historia del judaísmo.

El judaísmo tuvo su origen en Oriente Próximo. Pero, casi desde sus inicios, las comunidades judías, en muchas ocasiones como resultado de migraciones voluntarias y de exilios o expulsiones forzadas (diáspora), han vivido en casi todos los rincones del mundo. Según el American Jewish Yearbook, en el año 2000 la población total de judíos en el mundo ascendía a 13,2 millones, de los cuales 5,7 millones vivían en Estados Unidos, 4,8 en Israel y más de medio millón en la Unión Soviética; estos son los tres emplazamientos judíos más importantes del mundo. Aproximadamente 1,5 millones de judíos vivían repartidos por Europa, la mayoría de ellos en Francia y Gran Bretaña. Más o menos 300.000 vivían repartidos por el resto de Norteamérica y 600.000 por el resto de Asia. Cerca de 1,1 millones de judíos vivían en América Central y del Sur (200.000 solo en Argentina), y 350.000 en África.

2.   Doctrinas básicas y fuentes


Considerando su rica y compleja tradición religiosa, el judaísmo nunca ha sido una organización monolítica, aunque sus distintas formas históricas han compartido ciertos rasgos distintivos. La principal característica común es la del monoteísmo radical, es decir, la creencia de que un solo Dios trascendente creó el Universo y que, afortunadamente, continúa gobernándolo. Profundizando en este monoteísmo, se da la convicción teológica de que el mundo es inteligible porque existe una inteligencia divina y fruto de una causalidad intencional que lo sostiene. Nada es en la humanidad fruto de la casualidad; en sentido último, todo tiene un significado. La inteligencia divina se manifiesta a los judíos tanto en su orden natural, a través de la creación, como en su orden histórico-social, a través de la revelación. El mismo Dios que creó el mundo se reveló a los israelitas en el monte Sinaí. El contenido de esta revelación es lo que constituye la Torá (es decir, la ‘ley’), la voluntad de Dios para la humanidad expresada por medio de mandamientos (mitsvot) por los que las personas deberían regir sus vidas en mutua interacción entre ellos y Dios. La humanidad puede transformarse en parte armoniosa del cosmos si vive de acuerdo con las leyes de Dios, y sometiéndose a la voluntad divina.

1.   Alianza

El segundo gran concepto del judaísmo es el de la alianza (berit) o pacto entre Dios y los judíos. De acuerdo con la tradición, el Dios de la creación estableció una relación muy especial con el pueblo judío en el Sinaí. Ellos reconocerían en Dios a su único y último rey y legislador, comprometiéndose a obedecer sus leyes. Como recompensa, Dios reconocería a Israel como su pueblo, y estaría especialmente atento a su bienestar. Los autores bíblicos, y más tarde la tradición judía, consideraron esta alianza en un contexto universal. Pero, después de sucesivos fracasos para lograr establecer una alianza con la rebelde humanidad, Dios se centró en un segmento particular de esta. Israel está llamado a ser ‘el reino de los sacerdotes’, y el orden social ideal, que se establecería de acuerdo con las leyes divinas, sería un modelo para la humanidad. Así pues, Israel se encuentra entre Dios y la humanidad, como mediador entre ambos.

La idea de la alianza también determina la manera como se ha considerado tradicionalmente la naturaleza y la historia en el judaísmo. El bienestar económico de Israel se basa en la obediencia que el pueblo debe prestar a los mandamientos de Dios. Tanto los acontecimientos históricos como los naturales que afectan a Israel, son interpretados como algo que procede de Dios, fruto del comportamiento religioso del pueblo de Israel. De esta forma, existiría una conexión causal directa entre el comportamiento humano y su destino. Esta visión acentúa el problema de la teodicea (justicia de Dios) en el judaísmo, porque la experiencia histórica, tanto de los judíos tomados individualmente, como de su pueblo en general, con bastante frecuencia ha sido de sufrimiento. A partir del libro de Job, una buena parte del pensamiento religioso judío se ha preocupado del problema de la aseveración (afirmación) de lo que es la justicia y su significado frente a la injusticia. A medida que fue pasando el tiempo, el problema fue perdiendo importancia. Comenzaron a creer que, durante el juicio final después de la muerte, la virtud y la obediencia serían recompensadas y el pecado castigado, compensando así las injusticias de este mundo. El sufrimiento y la humillación de la dominación extranjera y el exilio forzado de la tierra de Israel que tuvieron que sufrir los judíos, al final de los tiempos también encontraría su recompensa cuando Dios envíe al Mesías (mashiaj, el ungido con aceite de rey), un vástago de la casa real de David, que vendría a redimir a los judíos y a devolverles la soberanía sobre sus tierras. Desde épocas muy tempranas, el mesianismo ha constituido una base significativa en el pensamiento judío. El anhelo por la llegada del Mesías se intensificaba notablemente durante periodos de problemas y calamidades. A la larga, se estableció una conexión entre el mesianismo y el concepto de Torá.. cada judío, individualmente, a través del estudio constante y de la observancia de los mandamientos de Dios, podría acelerar la llegada del Mesías. Por eso, todo acto individual tenía resonancias cósmicas.

2.   La tradición de los rabinos

A pesar de que las distintas formas del judaísmo están enraizadas en la Biblia hebrea (a la que los judíos llaman Tanak, acrónimo de sus tres partes: Torá, el Pentateuco; Neviím, los Profetas; Ketuvim, los Hagiógrafos), sería un error considerar el judaísmo simplemente como la religión del Antiguo Testamento. En el fondo, el judaísmo contemporáneo deriva del movimiento de los rabinos de los primeros siglos de la era cristiana en Palestina y Babilonia, y por eso se le llama judaísmo rabínico. En arameo y en hebreo, Rabí significa ‘mi maestro’. Los rabinos, sabios judíos que se dedicaban al estudio de las Escrituras y de sus propias tradiciones, sostenían que Dios, en el monte Sinaí, había revelado a Moisés una doble Torá. Además de la Torá escrita (las Escrituras), Dios le habría revelado una Torá oral, fielmente transmitida por medio de palabras, de maestro a discípulo, por una cadena irrompible y que aún hoy existe entre los rabinos. Para ellos, la Torá oral se resumía en la Mishná (aquello que se aprende o memoriza), el documento más antiguo de la literatura rabínica; fue editada en Palestina a finales del siglo III. A raíz de esto, el estudio rabínico de la Mishná en Palestina y en Babilonia generó dos versiones del Talmud (‘lo que se estudia’; en arameo se utilizó el término Guemará, que significa lo mismo), que estudiaban en profundidad los contenidos de la Mishná. El Talmud babilónico, editado aproximadamente en el siglo VI, se transformó en el documento fundacional del judaísmo rabínico.

Los primeros escritos rabínicos incluían comentarios exegéticos y homilías acerca de pasajes de las Escrituras (Midrashim; véase Midras), así como varias traducciones al arameo del Pentateuco, y de otros libros del Antiguo Testamento (los targumim; véase Targum). Los escritos rabínicos medievales incluían codificaciones de la ley talmúdica, de los cuales, la que goza de máxima autoridad es el Shulján Aruj (‘La mesa dispuesta’) del siglo XVI, escrita por José ben Efraín Caro. En el judaísmo, el estudio de la Torá hace referencia al estudio de toda su literatura, no simplemente del Pentateuco (Torá, en un sentido estricto).

3.   Adoración y prácticas


Para los judíos, toda la vida es un continuo acto de adoración divina. “Tener a Dios siempre delante de mí” (Sal. 16,8 ). Este verso que está inscrito en el frontis de muchas sinagogas, muestra muy bien la piedad judía.

1.   Rezos y servicios religiosos

Por tradición, los judíos rezan tres veces al día: por la mañana (shaharit), por la tarde (minjá) y al anochecer (maariv). Se cree que estos tres momentos de oración corresponden a los tiempos en que los sacrificios se ofrecían en el templo de Jerusalén. Tanto así, como de otras maneras, el judaísmo rabínico aún conserva la estructura del ya abandonado culto en el templo. Las congregaciones mínimas (minyán) para rezar están formadas por grupos de diez hombres.

El único elemento que se requiere para todos los servicios religiosos judíos es el de una serie de bendiciones llamadas Tefillá (rezo); también recibe el nombre de Amidá, o rezo de pie, porque se recita en esa posición, y el Shemoné Esré, que recibe este nombre porque originalmente estaba compuesto por dieciocho bendiciones. Hoy en día, los rezos que se realizan durante los días de semana se componen de diecinueve bendiciones, dentro de las que se incluyen trece peticiones por el bienestar y por la restauración mesiánica. Durante cada shabat y en las distintas festividades, estas peticiones se reemplazan por rezos especiales que corresponden a esas fiestas. La segunda oración en importancia es el Shemá que se reza por la mañana y al atardecer. Todos los servicios religiosos concluyen con dos rezos mesiánicos: el primero se llama Alenu; el segundo es una doxología aramea llamada Kadish. Como señal de devoción a Dios, durante los rezos matinales de los días ordinarios de la semana, los judíos adultos observantes llevan un chal de oración con flecos llamado talit (los flecos se llaman tsitsit) y unas filacterias (cajas de oración llamadas tefilín). Ambas costumbres provienen de ciertos pasajes de las escrituras que se recitan y que corresponden a la Shemá. Como tercera costumbre, ponen una mezuzá (caja de rezo) en la entrada de la casa, como una manera de recordar que Dios está en todas partes. Como señal de respeto hacia Dios, se cubren la cabeza para rezar, ya sea con un sombrero o con un casquete (kipá; en yidis, yarmulke). Los judíos más piadosos siempre llevan la cabeza cubierta, aceptando así la constante presencia de Dios.

2.   Torá

Para el judaísmo rabínico, el estudio de la Torá, que es la voluntad revelada de Dios, también es considerado como un acto de adoración. Todos los días durante los servicios religiosos de las mañanas, se recitan pasajes de las Escrituras, la Mishná y el Talmud. Los lunes y los jueves por la mañana, se saca de un arca, que está en la parte frontal de la sinagoga, un rollo que contiene la Torá, escrito a mano. Luego se procede a su lectura cantada frente a la congregación de los fieles. La lectura litúrgica de la Torá más importante es la que se realiza durante el shabat y en las mañanas de otras festividades. A lo largo del año, durante los sábados, se terminará leyendo toda la Torá. El ciclo anual comienza nuevamente cada otoño, con una celebración llamada Simjat Torá (‘regocijaos con la ley’), que concluye al final de la fiesta del Sukot. La lectura que se realiza de la Torá durante las fiestas versa sobre distintos temas y observancias, dependiendo del día que se realice. La lectura de la Torá durante los sábados y las fiestas es acompañada de la lectura de escritos de los profetas relacionados con los mismos temas (Haftará, que significa conclusión). Por eso, la lectura en público de las Escrituras es una parte fundamental del culto religioso en la sinagoga. De hecho, en un principio, esta parece haber sido la función más importante de la sinagoga como institución religiosa.

3.   Bendiciones

Además de las oraciones a lo largo del día, los judíos recitan numerosas bendiciones, siempre antes de algunos actos importantes y antes de disfrutar de las bondades de la naturaleza. Para los judíos, la tierra pertenece a Dios. Los seres humanos simplemente son agricultores o jardineros arrendatarios de esta tierra. Por lo tanto, los arrendatarios no deben olvidar que parte de los frutos le corresponden al dueño.

4.   Leyes sobre la alimentación

Las leyes relacionadas con la alimentación de los judíos están también vinculadas al culto del Templo. Hacen una analogía entre la mesa de la casa de cada persona y la mesa del Señor. Los judíos no comen la carne de ciertos animales considerados impuros (Dt. 14,3-21). Dentro de esta categoría están los cerdos y los peces que no tienen aletas o escamas. Los animales comestibles, aquellos con pezuñas hendidas y rumiantes, deben ser sacrificados de forma apropiada (kasher), y se les debe sacar toda la sangre antes de ser ingeridos. No se puede tomar simultáneamente carne y leche.

5.   El shabat

El calendario litúrgico judío sigue manteniendo la misma división del tiempo que se hace en la Torá, y que se observaba en el culto del templo. Cada siete días se celebra el shabat, día en el que no se realiza ningún trabajo. Este es un acto simbólico de abstención, por el que los judíos devuelven el mundo a su dueño, es decir, a Dios, reconociendo que todo lo que el hombre consigue con su trabajo es solo producto de la bondad divina. Durante el shabat, lo único que se hace es rezar, estudiar, descansar y estar en compañía de la familia. Durante ese día y durante las fiestas, se recita en las sinagogas un servicio religioso adicional, el musaf, que se corresponde con el sacrificio que se ofrecía en el Templo en dichas ocasiones.

6.   Las fiestas

Dentro del año judío existen cinco grandes fiestas y dos de menor importancia. En un principio, tres de las mayores tenían su origen en la agricultura y se relacionaban directamente con las estaciones del año en Israel. La fiesta de la primavera o Pésaj (Pascua), marcaba el inicio de la cosecha de la cebada, y cincuenta días más tarde, el Shavuot (‘semanas’ o Pentecostés) marcaba su término. Durante el Sukot (‘tabernáculo’) se celebra la cosecha de otoño, fiesta que va precedida por un periodo de diez días de purificación de toda la comunidad. Desde épocas muy antiguas, se han asociado estas fiestas con acontecimientos importantes de la historia de Israel. La Pascua conmemora el éxodo desde Egipto. Shavuot se relaciona con el momento en que Dios, en el monte Sinaí, entregó la Torá al pueblo de Israel. Esta fiesta está marcada por la solemne lectura de los Diez Mandamientos en la sinagoga. Sukot aún es observado como una fiesta de la cosecha; se instalan cabañas en los campos (o en las casas) y los judíos comen en ellas durante los siete días que dura la fiesta; esta práctica simboliza las tiendas en las que los israelitas moraron durante su viaje a la Tierra Prometida. El periodo de los diez días de penitencia que preceden a Sukot se inicia con la celebración del año nuevo, el Rosh Ha-shaná, y termina con el Yom Kipur, el Día de la Expiación. De acuerdo con la tradición, el mundo es juzgado cada año nuevo y el fallo se da por cerrado el Día de la Expiación. El día de año nuevo se hace sonar un cuerno de carnero (shofar) para invitar a la gente al arrepentimiento. El Día de la Expiación es el día más sagrado dentro del calendario judío, y transcurre en medio de ayunos, rezos y confesión de las culpas. Su liturgia comienza con la entonación del Kol Nidré, incluyendo, además, un recuerdo a los ritos que se realizaban en el Templo (avodá).

El origen de las dos fiestas menores, Januká y Purim, es más tardío que el de las cinco fiestas del Pentateuco antes mencionadas. La Januká (‘consagración’) conmemora el triunfo de los Macabeos sobre el rey sirio Antíoco IV Epífanes en el 165 a.C. y la consiguiente construcción del segundo templo. La fiesta de Purim (‘porciones’, ‘suertes’) recuerda la historia de la salvación de los judíos persas por Ester y por Mardoqueo (véase Ester). Se celebra un mes antes de Pascua y se caracteriza porque en la sinagoga se lee el festivo rollo de Ester (meguilá). El año litúrgico termina con cuatro días de ayuno en memoria del asedio y la posterior destrucción de los dos templos, en los años 586 a.C. y 70 d.C. De estos, el más importante es el de Tishá be Av (noveno día del mes Av), día en el que los dos templos fueron destruidos.

7.   Ocasiones especiales

La comunidad judía también mantiene la observancia de los acontecimientos más significativos dentro del ciclo de la vida. A los ocho días de haber nacido, los niños varones son iniciados públicamente en la asamblea de Abraham por medio de la circuncisión (berit milá). Los niños llegan a la madurez legal a los 13 años de edad, cuando asumen la responsabilidad de mantener la observancia de los mandamientos (Bar Mitsvá) y son llamados por primera vez para que lean la Torá en la sinagoga. Las niñas alcanzan la madurez a los 12 años y, en las sinagogas modernas liberales, también leen la Torá (Bat Mitsvá). Durante el siglo XIX, el movimiento modernista reformado instituyó la práctica de la confirmación para los jóvenes, hombres y mujeres. La ceremonia se realiza durante Shavuot, e implica la aceptación de la fe revelada en el Sinaí. El siguiente hito de importancia en la vida de los judíos es el matrimonio (kidushín, ‘santificación’). Incluso en los momentos de mayor alegría en sus vidas, los judíos recuerdan los sufrimientos de su pueblo. Por eso, dentro de las siete bendiciones del matrimonio se incluyen rezos de peticiones por la reconstrucción de Jerusalén y por el regreso de los judíos a Sión. Durante los entierros judíos, la petición por la resurrección del muerto está incluida dentro de un rezo en el que se pide por la redención de todo el pueblo judío. Los hombres judíos más piadosos son enterrados con su talit.

4.   Historia


La literatura bíblica y la investigación arqueológica ofrecen la primera información respecto a la historia del judaísmo (véase Biblia). En un principio, Israel no era monoteísta, sino más bien henoteísta: a pesar de que ellos adoraban a un solo Dios, no negaban la existencia de otros dioses en el caso de otras naciones.

El pueblo de Israel, antes del exilio, fue primero una confederación de tribus, y más tarde un reino. Celebraban, como una de sus primeras experiencias históricas, el fin de la esclavitud a la que los habían sometido los egipcios, y muy especialmente la conquista y asentamiento en las tierras de Canaán (tierra de Israel). Su máxima deidad era Yahvé, el dios de los patriarcas que había sacado a los israelitas de Egipto, guiándolos hasta la Tierra Prometida. La religión israelita estaba íntimamente relacionada y enfocada hacia su dependencia agrícola. Se creía que Yahvé era el dueño de la lluvia que podía garantizar una cosecha fructífera o hambrunas, sequías y pestilencia si la comunidad se mostraba poco creyente y obstinada. A pesar de esto, el pueblo de Israel, en su vida normal, se veía a sí mismo como dependiente de Dios y se obligaban a responderle con sacrificios u ofrendas propiciatorias. A medida que fue pasando el tiempo, el culto se centró en el santuario real de Jerusalén, que más tarde rivalizaría con los santuarios de Betel y Dan en el norte. La oposición al culto sincretista que se practicaba, tanto en los santuarios del norte (reino de Israel) como en los del sur (reino de Judá), y a las injusticias sociales que existieron durante el periodo de la monarquía, fue proclamada por los profetas, ‘hombres carismáticos de Dios’. No rechazaban los sacrificios del culto en sí mismos. Rechazaban solamente aquellos que veían que eran exclusivamente un pago personal, y que por lo tanto ignoraban egoístamente la dimensión moral de la sociedad israelí. Estas advertencias fueron justificadas cuando, primero el reino del norte y luego el del sur, fueron destruidos por conquistadores extranjeros.

1.   El exilio de Babilonia

El exilio del pueblo de Judá a Babilonia en el 586 a.C., fue un hito histórico para la religión de Israel. A partir de entonces, la historia de Israel fue reinterpretada a la luz de los acontecimientos del año 586; desde ese momento se fijó el Pentateuco y los cánones de los libros proféticos e históricos del Antiguo Testamento. Los profetas Ezequiel e Isaías creían que Yahvé se había servido de Babilonia para castigar a los israelitas por sus pecados y que, por lo tanto, Él tenía el poder de liberarlos del cautiverio, si es que se arrepentían. Se desarrolló una verdadera religión monoteísta, en la que el Dios de Israel era visto como el Dios que dirigía la historia universal y el destino de todas las naciones. La esperanza mesiánica que surgió a partir del exilio de Babilonia, para lograr restaurar el reino de Judá bajo el liderazgo de un vástago de la estirpe de David, parece justificarse plenamente cuando Ciro II el Grande, después de conquistar Babilonia en el 539 a.C., autorizó la repatriación del pueblo subyugado y la restauración del Templo. Sin embargo, el restaurado Estado de Judá no logró alcanzar totalmente esta esperanza, porque los persas no permitieron el restablecimiento de la monarquía de Judá, sino únicamente el establecimiento de un estado administrado por un sumo sacerdote.

2.   Los Macabeos y el periodo romano

La llegada de la cultura griega a Oriente Próximo, que comenzó con la conquista de Alejandro Magno en el 331 a.C., hizo que la cultura originaria de la zona se pusiera a la defensiva. La revuelta de los Macabeos (165-142 a.C.), que comenzó como una guerra civil entre judíos helenizados y no helenizados, concluyó en una guerra que logró la independencia política para el pueblo de Judá de los sirios; este desorden cultural y político tuvo un fuerte impacto en la religión. Durante este periodo se compusieron los primeros escritos apocalípticos; este género de revelaciones crípticas interpretaban la guerra de aquel entonces como parte del conflicto cósmico entre las fuerzas del bien y las del mal, que acabarían con la victoria de las legiones de Dios. A todos los judíos que habían llevado una vida honorable y que habían muerto en combate, les estaba prometida la resurrección del cuerpo el día que Dios celebrara el Juicio Final. En el judaísmo primitivo, la inmortalidad consistía únicamente en la supervivencia de algunos niños y personas en particular, en una oscura vida posterior en el bajo mundo, localizada físicamente debajo del actual, el sheol.

A pesar de que con las victorias de los Macabeos se inauguraron los 80 años de independencia política del pueblo de Judá, siguió habiendo desórdenes religiosos. Los miembros de la familia sacerdotal de los Asmoneos, quienes habían liderado la revuelta, se autoproclamaron reyes hereditarios y sumos sacerdotes, a pesar de no pertenecer al alto linaje de los antiguos sumos sacerdotes. Esto, unido a la vida ostentosa que llevaban, propia de la monarquía helenística, provocó una furiosa oposición de grupos como el de la comunidad de Qumran, que nos han llegado gracias a los Manuscritos del Mar Muerto. Liderados por sacerdotes disidentes, esta secta estaba convencida de que el templo de Jerusalén había sido profanado por los Asmoneos, y se vieron a sí mismos como un templo purificado y aislado en el desierto.

El grupo de Qumran probablemente pueda ser identificado con los esenios, que ya aparecen descritos por el historiador judío Flavio Josefo y por otros escritores de la época. Josefo también describió otros dos grupos, los saduceos y los fariseos, ampliamente mencionados en el Nuevo Testamento, si bien no se ha encontrado información de primera mano acerca de ellos. Los fariseos (perushim, ‘separatistas’), al igual que el grupo de Qumran, impusieron sus propias tradiciones sobre las leyes bíblicas, en constante litigio con los saduceos, grupo aristocrático de la clase sacerdotal. Después del 70 d.C., los fariseos fueron los precursores del movimiento rabínico. Todas las facciones religiosas de aquel periodo, particularmente aquellas que se oponían a la administración del Templo, hacían especial hincapié en reconocer la autoridad de las Escrituras, a la que, por supuesto, cada grupo dio su propia interpretación.

El fervor mesiánico y apocalíptico aumentó al acabar la independencia política del pueblo de Judá. Este hecho político fue consecuencia de la invasión de las legiones romanas a mediados del siglo I a.C. El fervor llegó a su punto más alto con el estallido de una fallida revuelta en contra de los romanos entre los años 66 y 70 d.C.

3.   El desarrollo del judaísmo rabínico

La destrucción del segundo Templo a manos de los romanos en el 70 d.C. y la represión de una segunda revuelta mesiánica entre el 132 y el 135, liderada por Barcokebas, supusieron unas verdaderas catástrofes para el judaísmo, de no menor magnitud que la de la destrucción del primer Templo en el 586 a.C. El liderazgo de los sacerdotes recibió un duro golpe. En este contexto histórico-social surgió el movimiento rabínico. Dado que el pueblo judío había perdido el control de su destino político, los rabinos pusieron un especial énfasis en el estilo de vida como grupo espiritual. Predicaban que si diariamente se actuaba conforme a la Torá, tal como lo indicaban las tradiciones rabínicas, por medio del estudio, la oración y la observancia, los judíos podrían lograr la salvación, mientras esperaban que Dios trajera la redención mesiánica para todo Israel. Algunos rabinos sostenían que si todos los judíos actuaban conforme a la Torá, el Mesías se vería obligado a venir. Institucionalmente, la sinagoga (que ha existido desde antes del 70 a.C.) y la casa de estudio rabínicos reemplazaron el templo destruido.

4.   El judaísmo medieval

La hegemonía de los rabinos de todas las juderías, incluyendo todas aquellas que estaban surgiendo en el Mediterráneo y en otras zonas de Europa como consecuencia de la diáspora, fue un proceso gradual que tuvo que sobreponerse a los duros desafíos que significaron los caraítas, además de otros movimientos antirrabínicos. La conquista del Oriente Próximo por las tropas musulmanas en el siglo VII facilitó la divulgación de un judaísmo rabínico más uniforme. Cerca de la sede de los califas Abasíes, en Bagdad, las principales academias rabínicas de Babilonia (dirigidas por los geonim; plural de gaón, ‘excelencia’) hicieron grandes esfuerzos para unificar las leyes, costumbres y liturgias judías de acuerdo con sus propias prácticas, que luego debían exponer y explicar en sus respuestas (responsa) ante las numerosísimas preguntas a que eran sometidos por las comunidades en la diáspora. Por eso, la hegemonía de las juderías pasó de Palestina a Babilonia, y el Talmud babilónico se convirtió en el documento rabínico de mayor autoridad.

Dentro del ámbito cultural del islam, el judaísmo rabínico mantuvo íntimos contactos con la filosofía griega, que fue recuperada e interpretada por comentaristas y estudiosos islámicos. Los sabios rabínicos comenzaron a cultivar la filosofía y a defender al judaísmo contra las polémicas creadas por los teólogos islámicos, demostrando así a los otros judíos la racionalidad de su fe y de sus leyes reveladas. La filosofía medieval judía estuvo enfocada principalmente a tratar temas relacionados con los atributos de Dios, milagros, profecías (revelación) y la racionalidad de los mandamientos. Las más notables interpretaciones filosóficas del judaísmo fueron realizadas durante el siglo IX por el gaón Saadia ben Josef, y durante el siglo XII por Judá Ha-Levi, y especialmente por Maimónides (Guía de perplejos, c. 1190). El hecho de haber estado en contacto con una lógica sistemática afectó también a los estudios legales dentro del mundo musulmán. Esto se demuestra en las numerosas codificaciones postalmúdicas de las leyes judías, la más notable de las cuales fue la Mishné Torá de Maimónides.

El judaísmo medieval se desarrolló a partir de dos culturas de gran notoriedad: la sefardí (centrada en la península Ibérica) y la asquenazí (en los territorios del Sacro Imperio Romano). Las actividades de los sefardíes se enfocaron principalmente a la filosofía y al sistema de codificación legal sin olvidar las ciencias o la poesía. Opuestamente a esto, los asquenazíes se dedicaron al intenso estudio del Talmud babilónico. La gran escuela para el estudio del Talmud, en estos territorios, comenzó sus actividades en el siglo XI, bajo la dirección del estudioso Salomón ben Isaac (Rashí) de Troyes, y continuó dirigido por sus nietos y estudiantes, conocidos como tosafistas, quienes crearon la literatura de tosafot (‘adiciones’ a los comentarios que Rashí hizo del Talmud).

A través de todo el periodo medieval, el judaísmo se vio constantemente revitalizado por movimientos místicos, éticos y piadosos. Dentro de estos grupos, el más importante fue el de los hasidim alemanes del siglo XII y el de los españoles del siglo XIII, creadores de la Cábala, cuya obra de mayor importancia fue el Sefer ha-zohar (Libro del Esplendor), escrito por Moisés de León.

La Cábala es una teosofía esotérica que contiene elementos del gnosticismo y del neoplatonismo; describe la naturaleza dinámica de la divinidad y ofrece una valiosa interpretación simbólica de la Torá y de los mandamientos. Comenzó en círculos reducidos y muy exclusivos de estudiosos, pero adquirió gran popularidad después de la expulsión de los judíos de España por parte de los Reyes Católicos en 1492. La divulgación de la Cábala se vio facilitada por la interpretación mítico-mesiánica que de ella hizo Isaac ben Solomon Luria. La Cábala luriana (o luriánica) explicaba a los judíos exiliados el significado cósmico de su sufrimiento y les otorgaba un importante papel en el drama cósmico de la redención. Las ideas de Luria prepararon el camino para una fuerte sacudida mesiánica, que se centró alrededor de la figura de Shabtai Tzví, quien influyó notablemente en todas las juderías del siglo XVII. También influyeron sobre el hasidismo, popular movimiento revitalizador polaco del siglo XVIII.

Iniciado por Baal Shem Tov, el hasidismo proclamaba que, a través de una entusiasta y ferviente devoción, los judíos pobres e incultos podían servir a Dios mejor incluso que los talmudistas. La fuerte oposición que los rabinos dirigieron en contra de los seguidores del hasidismo quedó mitigada más tarde, ya que ambos grupos tuvieron que enfrentarse a un desafío mucho mayor: la aparición en Europa occidental de la Ilustración, y los diversos movimientos de modernización que se generaron dentro del judaísmo.

5.   Tendencias actuales

La emancipación civil de los judíos europeos, proceso que se vio complicado por un prolongado sentimiento antijudío que fue surgiendo en Europa, evocaba diferentes reformulaciones del judaísmo, tanto en Europa occidental como oriental. En el oeste, especialmente en Alemania, el judaísmo fue reformulado como una confesión religiosa, como un protestantismo moderno. El movimiento reformista alemán perdió las esperanzas de una vuelta a Sión (la tierra, el hogar de los judíos) y acortaron y embellecieron los servicios religiosos de adoración, adoptando en los sermones un lenguaje más corriente y rechazando muchas de las leyes y costumbres judías arcaicas. Los rabinos reformados asumieron muchos de los papeles de los ministros protestantes. Los primeros reformistas teológicos, tales como Abraham Geiger y Samuel Holdheim, influidos por filósofos alemanes como Immanuel Kant y Georg Wilhelm Friedrich Hegel, ponían mucho énfasis en los temas relacionados con la ética y en la creencia del progreso humano. La facción más conservadora dentro de los reformadores, liderada por Zacarías Frankel, estaba a favor de mantener la lengua hebrea y de seguir practicando las costumbres más tradicionales. En oposición a la actitud de los reformadores, la ortodoxia moderna, cuyo guía fue Samson R. Hirsch, buscó armonizar el judaísmo tradicional con las nuevas enseñanzas.

En Europa del Este, los judíos formaron un grupo social numeroso y con características muy diferenciadoras. Aquí, la modernización del judaísmo tomó la forma de un nacionalismo étnico y cultural. Lo mismo que otros movimientos nacionalistas que estaban surgiendo en el este europeo, el movimiento judío puso un especial énfasis en la revitalización del lenguaje nacional (hebreo; luego también el yidis) y en la creación de una literatura y cultura modernas. El sionismo fue un movimiento creado para formar una sociedad judía moderna en las tierras bíblicas. Este movimiento se asentó firmemente en Europa del Este, después de haber sido formulado por los estudiosos Leo Pinsker, de Rusia, y por el austriaco Theodor Herzl. El sionismo fue una ideología secular, pero estaba enraizada y evocaba fuertemente el tradicional judaísmo mesiánico, hecho que al final culminaría con la creación del Estado de Israel en 1948.

5.   El judaísmo en Latinoamérica


Aunque no muy numerosas, las comunidades judías de Latinoamérica proceden de distintas oleadas de emigrantes sefardíes y, más tarde, asquenazíes, que han ido llegando en los últimos 150 años. La mayoría de estas comunidades han mantenido una línea liberal.

6.   El judaísmo en Estados Unidos


La comunidad judía en Estados Unidos desciende de los judíos de Europa central (que emigraron a mediados del siglo XIX), de los judíos del este europeo (que llegaron entre 1881 y 1924) y de los refugiados y supervivientes del Holocausto. Las distintas formas que tiene el judaísmo en este país (reformado, conservador, ortodoxo) son producto de la adaptación de estos grupos de judíos inmigrantes a la vida en Estados Unidos y a su interacción entre sí. Institucionalmente, el judaísmo ha adoptado la misma fuerte estructura congregacional que tiene el cristianismo. A pesar de estar relacionados con movimientos nacionales, la mayoría de las congregaciones mantienen una considerable autonomía.

1.   El judaísmo reformista

El judaísmo reformista, que se inició en Alemania, fue el primer movimiento judío a la hora de autodefinirse. En Estados Unidos recibió la influencia del protestantismo liberal, y en especial de un movimiento llamado Evangelio Social. A partir de la década de 1940, y dada la existencia del baluarte del racionalismo religioso, el judaísmo reformista ha puesto un mayor énfasis en la identidad judía y en su cultura religiosa tradicional. Su orientación se ha mantenido liberal y con una autoridad única.

2.   El judaísmo conservador

El judaísmo conservador encarna el sentido de comunidad y de piedad popular de los judíos del este europeo más actuales. Respeta las leyes y prácticas judías tradicionales, a la vez que propone un acercamiento con una mayor flexibilidad y comprensión a la Halajá. El judaísmo reconstruccionista es partidario del naturalismo religioso, a la vez que enfatiza la identidad y cultura judía.

3.   El judaísmo ortodoxo

Más que un movimiento, el judaísmo ortodoxo es una amplia gama de grupos tradicionalistas que van desde la ortodoxia moderna, que trata de integrar las prácticas tradicionales con la vida moderna, hasta algunas sectas hasídicas que rechazan todo lo relacionado con el mundo moderno. La gran fuerza de la ortodoxia judía en Estados Unidos se debe a la migración masiva de judíos tradicionalistas y hasídicos, supervivientes del Holocausto.

4.   La trascendencia de Israel

El judaísmo se ha visto seriamente afectado por la matanza de los judíos europeos a manos de los nazis y por la fundación del moderno Estado de Israel. Hoy en día, y para la mayoría de los judíos, Israel y el Holocausto están fuertemente unidos, y constituyen un símbolo de la muerte colectiva y del renacer, en un sentido profundamente religioso. Israel tiene una dimensión religiosa que encarna la dignidad de los judíos y la promesa de la realización mesiánica. Durante las ultimas décadas, todos los distintos movimientos del judaísmo, exceptuando a los fanáticos ultraortodoxos, se han orientado más hacia esa idea de Israel. Tanto el movimiento reformista como el conservador han hecho esfuerzos para conseguir ser reconocidos legalmente, y para alcanzar el mismo nivel de importancia que tiene la ortodoxia en el Estado de Israel, donde el matrimonio, el divorcio y la conversión están controladas por rabinos ortodoxos, quienes dentro del gobierno reciben el respaldo de los partidos religiosos ortodoxos.

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Estrella de David


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La estrella de David tiene seis puntas y está formada por dos triángulos. Este símbolo del judaísmo es conocido como Magen David en hebreo.

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Muro Occidental


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Los arqueólogos bíblicos creen que el Muro Occidental de Jerusalén, también conocido como Muro de las Lamentaciones, es todo lo que queda del Segundo Templo, arrasado en el año 70 d.C. La destrucción del Templo llevó a la formación del movimiento rabínico en Jerusalén. El movimiento enseñó a los judíos que tenían que centrar sus vidas religiosas en el estudio de la Torá y en la comunidad. Hoy, el Muro de las Lamentaciones sigue siendo un lugar sagrado para los judíos, y son muchos los que acuden en peregrinación para rezar y celebrar ceremonias religiosas.

Tony Souter/Hutchison Library
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Maimónides

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Maimónides está considerado el filósofo judío más importante de la edad media. Autor de la más notable codificación de la ley judaica postalmúdica (Mishné Torá, 1170-1180), en su Guía de perplejos (c. 1190) pretendió, en un intento similar al de los escolásticos cristianos, armonizar fe y razón conciliando los dogmas religiosos (en su caso, los del judaísmo rabínico) con el racionalismo de la filosofía aristotélica.

Bettmann/Corbis
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Sukot

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La fiesta de los Tabernáculos, también conocida como la fiesta de la Cabaña o de la Recolección, debido a su naturaleza agrícola, marca el final de la cosecha en Palestina, como indica el Antiguo Testamento. Tercera fiesta de peregrinación en el calendario judaico, se celebra durante ocho días a partir del decimoquinto día del Tishri, mes judío del otoño. Las familias celebran este día construyendo un sukkah, que es un tabernáculo provisional o cabaña, donde ponen juntos cuatro variedades de ramas de árboles en expresión de su alegría.

Yoav Levy/Phototake NYC
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Las mujeres en el judaísmo

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Aunque el judaísmo ortodoxo fija límites al papel religioso y social de las mujeres en la comunidad judía, el judaísmo reformista permite a las mujeres participar, en idénticas condiciones, en las sinagogas y en muchos casos alcanzar altas funciones dentro de la comunidad. Por ejemplo, desde 1969 hasta 1974 la primera ministra Golda Meir tuvo el cargo público más alto en Israel, y, en septiembre de 1972, Sally J. Preisand se convirtió en la primera mujer rabino de la historia del judaísmo. La rabino Pauline Bebe, en la imagen, sostiene una Torá desplegada.

L. Van Der Stockt/Liaison Agency




Mosaico judío

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Este mosaico judío medieval procedente de una sinagoga desvela los emblemas y símbolos de la religión judía: la menorah (un candelabro con siete brazos) se representa al lado del arca de la sinagoga, cuyo parokhet (cortina bordada) acoge los rollos de la Torá. El hecho de que no se respeten las proporciones deja entender que la menorah, emblemática de la conciencia judía, es tan importante como la Torá, símbolo de la fe.

Mosaico del siglo VI. Museo de Israel, Jerusalén.

Agenzia LUISA RICCIARINI—MILANO







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Como citar este artículo:
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#2 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 13 febrero 2008 - 07:53






:estudiando



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MOISÉS  





1. -         Introducción




  

Moisés, profeta, legislador y guía religioso hebreo, fundador de Israel.  También el islam, que le llama Musa, le venera.

La historia de su vida se relata sobre todo en los libros Éxodo y Deuteronomio del Antiguo Testamento. Al parecer, nació en Gosén, región del antiguo Egipto. A la sazón, los judíos residentes en Egipto se hallaban esclavizados por el faraón. Poco antes del nacimiento de Moisés, el faraón había ordenado dar muerte a todos los varones hebreos recién nacidos. Para salvar a su hijo, su madre lo colocó en una cesta de papiro que lanzó al Nilo, episodio que fue observado por su hermana Miriam (Éx. 2,4; Núm. 26,59). Fue rescatado de las aguas por la hija del faraón, que le crió como si fuera su hijo. Ya adulto, Moisés mató a un egipcio que a su vez había azotado a un esclavo judío, por lo que hubo de huir de Egipto. En el exilio, fue pastor toda su vida. A los 80 años, Yahvé, el dios de los hebreos, se le apareció en una zarza ardiente y le ordenó volver a Egipto para salvar a su pueblo de la esclavitud. Una vez allí, debía guiarlos hacia la tierra de Canaán, más tarde denominada Palestina, donde debían instalarse de forma permanente. Para ayudarle en el proyecto, Yahvé otorgó a Moisés el poder de realizar milagros.  





2. -        El éxodo

  

Moisés se presentó ante el faraón junto con su hermano Aarón pero, a pesar de la intervención divina que convirtió en sangre las aguas del Nilo y azotó a los egipcios con diez plagas, el faraón se negó a liberar a los hebreos. Al final, aceptó que Moisés condujera a su pueblo fuera de Egipto, camino de Canaán. Al aproximarse al mar Rojo, un ejército egipcio enviado por el faraón se les aproximó. Moisés extendió su brazo, dividiendo el mar y formando murallas de agua a derecha e izquierda. Los hebreos cruzaron el tramo, pero cuando los egipcios intentaron seguirles, las murallas de agua cayeron sobre ellos y los ahogaron. Al llegar al pie del monte Sinaí, en la península homónima, Moisés subió a la cima para hablar con Yahvé. Allí permaneció durante 40 días y 40 noches, y recibió dos tablas de piedra en las que estaban escritos los Diez Mandamientos, que a partir de entonces constituyeron las leyes fundamentales de los hebreos. Tras 40 años de travesía por el desierto bajo la dirección de Moisés, periodo en el que tuvieron que sufrir terremotos, plagas, incendios, sequías y guerras con los pueblos nativos de Palestina, los hebreos llegaron al fin a Canaán. Yahvé permitió a Moisés divisar la Tierra Prometida, desde la cima del monte Nebo (en la actual Jordania), y después de esta visión murió. Sin embargo, ya había entregado el liderazgo del pueblo a Josué. Aunque es difícil precisar las fechas de nacimiento y muerte de Moisés, numerosos especialistas contemporáneos aseguran que el éxodo tuvo lugar en el siglo XIII a.C.  





3.-         El Pentateuco

  


Además de ser uno de los líderes nacionales y legisladores más famosos de la historia, Moisés fue quizá el autor de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, denominados en su conjunto Pentateuco, así como de otras partes del Antiguo Testamento, incluyendo quizá el Libro de Job. Sin embargo, la opinión casi unánime de los especialistas es que estos libros son la obra combinada de varios autores. 




4.-          En el cristianismo

  

Moisés es una figura bien conocida en el cristianismo y se le menciona con frecuencia en el Nuevo Testamento. En la transfiguración de Cristo, Moisés representa a la Ley (Mt. 17,3). El papel que desempeñó en el Antiguo Testamento es reseñado en la Epístola a los Hebreos, comparándolo con el de Cristo (Heb. 3,1-6). También se le menciona en el Evangelio según san Juan, de nuevo para destacar el papel de Cristo (Jn. 1,17) como refrendo de lo anunciado en las Escrituras.  




Moisés



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Según el Antiguo Testamento, Moisés recibió los Diez Mandamientos (que representan las leyes morales fundamentales en el judaísmo y en el cristianismo) directamente de Dios en el monte Sinaí. Cuando bajaba la montaña, descubrió que los israelitas estaban adorando a un becerro de oro y, encolerizado, rompió las tablas. Ése fue el momento recreado por Rembrandt en su obra Moisés rompiendo las tablas de la Ley (1659).

Dahlem Staatliche Gemaldegalerie, Berlin/Bridgeman Art Library, London/SuperStock



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#3 little_lady

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Publicado el 14 febrero 2008 - 03:08

muy.interesante.la.información.que.expuso...
un.poco.de.cultura.religiosa... no.le.viene.mal.a.nadie
=)


gracias! icon_wink.gif


juega...rie...crece

#4 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 26 junio 2008 - 07:15






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El corazón del judaísmo



Lo que caracteriza al judaísmo es un conjunto de creencias y de ritos, un patrimonio religioso, cultural y social que da sentido a toda la existencia. Inseparablemente ligado a la historia de un pueblo, el Judaísmo ha sido modelado tanto por la palabra de Dios, transmitida incansablemente por sus profetas y guías espirituales, como por el choque de los acontecimientos que han hecho esa historia. Así es como la Torah entregada por Dios a Moisés es junto con la Tradición oral la roca en la que se asentó el judaísmo a lo largo de los siglos. En torno a estas dos fuentes convergentes se fue articulando la vida cotidiana de Israel en sus diferentes componentes familiares, sociales y religiosos; Jerusalén y su Templo hasta el año 70 de nuestra era constituyeron su centro y permanecieron como la figura de los tiempos mesiánicos y del mundo futuro.



Amor y obediencia


Un texto del Deuteronomio resume al parecer la originalidad del ideal judío: ¿Qué te pide Yavé tu Dios? Simplemente temer a Yavé tu Dios, caminar por todos sus caminos, amarlo y servirlo con todo tu corazón y con toda tu alma. (Dt 10,11-13).

El amor del hombre por su Dios se verifica por la fidelidad a las observancias de la Ley. Pero, con el tiempo, los Maestros de la Ley no cesaron de agregar y de volver a agregar nuevas prescripciones de tal modo que, a comienzos de la era cristiana, se llegaba a una lista de 613 prescripciones a las que los judíos religiosos se atenían con una fidelidad digna de elogio.




Circuncisión e instrucción


Practicada en el recién nacido a partir del octavo día, la circuncisión era el signo de la pertenencia al pueblo judío, lo que se entendía tanto en su dimensión geográfica como en su arraigo histórico, ya que el texto sagrado relaciona su origen con Abraham (Gén 17, 9-14).

Cuando el niño ya había crecido, su padre lo instruía, conformándose en eso con una de las principales prescripciones del Deuteronomio (Dt 6,7). Esta enseñanza versaba sobre la historia de las maravillas que Dios había realizado a favor de su pueblo y sobre la manera como Israel del había de recordar esas hazañas de Dios y dar gracias por ello. Más tarde, en una fecha que es difícil determinar, el rito de la Bar-Mitzva vendrá a sancionar y consagrar esa enseñanza de la Ley.

Esa obligación que tenía el padre de instruir a sus hijos iba a tener muy rápidamente como consecuencia para cualquier muchacho judío, fuese cual fuere su condición social, el aprendizaje de la lectura. El padre no era el único responsable de velar porque esta obligación se cumpliera sino que también la comunidad se interesaba en ella; fue así como a partir de la segunda mitad del primer siglo de nuestra era, un rabino, Yeshua ben Gamla, hizo que se abrieran escuelas en todas las ciudades del imperio en donde se habían establecido las comunidades judías.

Por su parte, la madre se encargaba de la educación de las hijas.


De ese modo la familia judía estaba profundamente inmersa en la creencia y las prácticas de un pueblo al que Dios había llamado y puesto aparte entre todos los demás pueblos de la tierra. Esta elección divina y este sentido de la pertenencia a un pueblo son los constituyentes de la conciencia judía. Es por eso que será constantemente reafirmado el arraigamiento a una tribu, un clan, una familia; para convencerse de ello basta con ver el lugar que ocupan la genealogías en los relatos bíblicos y la solidaridad que se ejerce entre los miembros de una misma familia en las pruebas tanto cotidianas como más trágicas.




La familia


Sin ser una regla absoluta, la monogamia se impuso en Israel a lo largo del período real y se convirtió en la norma: es muy probable que la revelación del amor divino transmitida por los profetas haya estado en el origen de este paso de la poligamia, que era corriente durante la época nómada, a la monogamia. Siempre será el ejemplo de la fidelidad sin fallas de Dios lo que justificará en Israel la fidelidad conyugal exigida tanto al hombre como a la mujer y la severidad de los castigos infligidos a los infractores de ambos sexos.

El hombre y la mujer tienen cada cual su lugar, tanto en la vida familiar como en la vida pública. Si la mujer debe ser al servicio de su marido discreta, eficaz y afectuosa, y velar por el buen orden de su casa (Pro 31,27), el marido por su parte debe reservarle sus alabanzas (Pro 31,28).

La familia es el primer lugar en donde se vive la adhesión de Israel a su Dios y es en este marco familiar donde tienen lugar los primeros ritos encargados de expresarla: la liturgia del sábado.

Cuando el sol se esconde en el horizonte el viernes por la tarde, la mujer prepara la mesa y pone sobre un mantel bordado los dos panes rituales, luego enciende dos velas y las lámparas de la casa, pero será al marido a quien corresponderá bendecir la copa de vino y el pan. Hombres y mujeres se dirigen a la sinagoga, pero sólo los hombres son admitidos a hacer la lectura o a dirigir la oración. El sábado es para la familia judía como las arras del mundo futuro y la realización de la palabra del salmo: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo iré pues a presentarme delante de Dios?” (Sal 42,3).




La oración


Según el caso alabanza, súplica o acción de gracias, la oración enmarca toda la vida del judío, desde que se levanta hasta que se acuesta. Está prescrita tres veces al día y el tratado de las bendiciones precisa en qué momentos: por la mañana, al mediodía, y “cuando se cierran las puertas de la noche”. El “Shema Israel” (recuerda Israel) es la pieza maestra de esta oración: proclama la fe de Israel en el Dios Único, el amor sin reservas de ese Dios como fundamento de la religión, y la fidelidad a sus mandamientos como respuesta a su amor. Esta oración quedará definitivamente establecida después de la primera rebelión judía; comprende dos fragmentos del Deuteronomio (Dt 6,4-9 y 11, 13-21) y una exhortación final sacada de los Números (Núm 15,37-41).

Pero el judío, cuya conciencia de pertenencia a un pueblo es tan fuerte, no puede contentarse con una oración personal o incluso familiar, deja pues un gran lugar a la oración comunitaria de la sinagoga.




La sinagoga


Si bien no se sabe nada exacto sobre los orígenes de la sinagoga, se puede suponer que fue dentro del contexto de la cautividad en Babilonia cuando se adquirió la costumbre de reunirse para la oración y el estudio de la Ley. El movimiento comenzó a desarrollarse primero en las comunidades dispersas de la Diáspora y continuó más tarde en Palestina a la vuelta del cautiverio: lo cierto es que en la época de Cristo la institución estaba perfectamente ajustada y que se hacía remontar sus orígenes a los tiempos antiguos (He 15,21).

La sinagoga era en general de plano rectangular con tres naves. Un nicho al fondo del edificio, la Teva, estaba cubierto con un paño de terciopelo azul bordado en oro; allí se guardaban los rollos de la Torah. Delante de este nicho ardía una lámpara. En el centro de la sala de oración había un estrado, cuyo nombre recuerda los estrados oficiales del imperio romano, el Bima, en el centro del estrado había una mesa en la que se depositaba el rollo sagrado cuando se hacía la liturgia sinagogal. Formaban parte de los objetos rituales de la sinagoga el candelabro de siete brazos, los diversos vasos, el Shofar (trompeta de cuerno de carnero que se utilizaba para el día del Año celebrado el primero y el segundo mes de Tishri y para el día de Kippur, el día del perdón).

La liturgia sinagogal ha continuado siendo fundamentalmente la misma desde el período antes de Cristo. Se divide en dos: un tiempo para la oración y un tiempo para la enseñanza. Después de la oración “ Shema Israel ” que estaba rodeada de oraciones de bendición, seguían los “ Shemoné esré ” (las “dieciocho” bendiciones) que eran recitadas por el que presidía, y a las que los participantes respondían con un Amén. Mientras las tres primeras y las tres últimas son de alabanza, las doce bendiciones centrales son oraciones de perdón o de súplica. Antes de la última alabanza se pone la bendición extraída del Libro de los Números (Núm 6,24-27).

Concluida esta primera parte de la liturgia, se escucha un pasaje de la Ley escogido según un orden predeterminado de tal manera que se reparta su lectura a lo largo del año. El día del Sábado se agrega la lectura de un texto profético. Es así como son leídos cincuenta y dos pasajes de los profetas según un orden anual inmutable; luego podían ser objeto de un comentario homilético (Cf Lc 4,16-30).




El calendario


La fecha de la creación (7 de octubre de 3760 A.C.) marca el comienzo de la era judía. Al igual que todos los calendarios antiguos se procuraba, para respetar el ciclo de las estaciones, hacer concordar el período lunar con la revolución de la tierra alrededor del sol. En este caso, se agregaba siete veces durante diecinueve años un mes lunar suplementario a los doce meses habituales del año. No hay pues, por este hecho, una correspondencia estable entre las fiestas judías y el calendario gregoriano que se usa actualmente.

Por otra parte, el calendario tenía dos puntos de partida: el año civil comenzaba en otoño junto con el reinicio de las actividades agrícolas, mientras que el año religioso comenzaba en primavera: así era como el ciclo de las fiestas de la Creación y del Juicio comenzaba con el Día del Año que se celebraba el primer día del primer mes del otoño, y las fiestas de la Salvación comenzaban con la Pascua (o Ázimos) que se celebraba el primer mes de primavera. El calendario le recordaba a cada israelita que era hijo de la tierra (ese es el sentido de la palabra Adán ) y salvado para Dios.

Entre las fiestas que incluía el calendario de Israel, algunas revestían una importancia mayor y se celebraban tanto en la casa como en la sinagoga mediante ritos específicos, ya fuera en Palestina ya fuera en la diáspora.


Rosh Hashannah


Es el día del año, primer día del mes de Tishri, que en la Torah lleva el nombre de fiesta de las Aclamaciones con motivo de las prescripciones del Levítico que le conciernen (Lev 23,24). El sonido del Shofar (cuerno de carnero) evoca los sonidos de trompeta del Sinaí, porque el hombre creado por Dios no puede olvidar el día del Juicio que viene. El Rosh Hashannah es un día de advertencias solemnes que abre los Yamin Noarim (las fiestas terribles) y prepara la fiesta siguiente del 10 de Tishri.


Yom Kippur


El diez del mes de Tishri es el Día del Perdón (Lev 23,26). Ese día de penitencia estaba marcado por un ayuno absoluto y por la abstinencia de cualquier trabajo o actividad. Durante todo el día, subía de cada sinagoga a Dios una ardiente súplica; la mayoría de los hombres, vestidos de blanco como el rabino, repetían la gran oración Avinu, Malkénu (Nuestro Padre, Nuestro Rey) y leían a Jonás y algunos textos de Isaías.

Pero cuando llegaba la tarde, cada cual retornaba a su casa, confiando en el perdón, fruto de la infinita misericordia de Dios y se podía entonces hacer estallar su alegría en una cena festiva.


Sukkot


El día quince de ese mes de Tishri, al comienzo del otoño, antes de la llegada de las primeras lluvias, se celebra la fiesta de las Tiendas (Sukot en hebreo). Esta fiesta que fue agrícola en sus comienzos había integrado el recuerdo de la estada en el desierto, por eso se pasaba toda la semana en chozas o en cabañas de ramas, que se construían en el jardín o en la terraza, y cuyo primer palo se había instalado la tarde del Yom Kippur. Ese día se cantaba el Gran Hallel (Sal 113 a 118) agitando con la mano derecha, en las cuatro direcciones, un ramo de palmas, de mirto, y de ramas de sauce amarradas entre sí, que se llamaba lulav, y con la mano izquierda, el Ethrog fruto del Cédrat (una especie de limón verde). Fiesta del agua y de la luz, la fiesta de las Tiendas traía consigo la esperanza mesiánica de Israel y entonces se aclamaba el famoso “¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor!”


Pessah (La Pascua)


Esta fiesta conmemoraba la salida de Egipto, pero a partir de la reforma de Josías pasó a ser sólo una con la fiesta de los Ázimos, que había nacido del paso de la vida nómada a la vida agrícola una vez que se instalaron en Canaán.

Para todos los que vivían en la Diáspora o incluso en Palestina pero fuera de la Ciudad santa, el Sede , cena que se celebraba la primera tarde de la semana pascual, era el rito principal de esta fiesta. Durante la cena se leía el texto referente a la salida de Egipto: el padre de familia les enseñaba a sus hijos el sentido de los panes ácimos, del hueso asado, de las hierbas amargas, del pastel de manzanas, de la nuez mezclada con vino y canela, del huevo duro, que son otros tantos alimentos simbólicos que recuerdan las diferentes facetas del acontecimiento pascual. Luego venían las oraciones y bendiciones. Como los corderos no podían ser inmolados más que en el Templo, sólo en Jerusalén la cena pascual incluía cordero asado.


Shavuoth (Pentecostés)


Siete semanas a partir del día en que se había comenzado a segar el trigo (de hecho se había determinado arbitrariamente ese día en la fecha de la Pascua) se celebraba la fiesta de Pentecostés (Dt 16,9). Esa fiesta, que en su origen fue agrícola, se extendía toda la semana; también se había transformado en la fiesta del Don de la Ley en el Sinaí. Por eso era destacada en la Sinagoga con la lectura de las Diez Palabras (el Decálogo) y con una noche de estudio de la Torah.


Hanukka


Esa fiesta, que fue instituida a mediados del siglo segundo antes de Cristo, fue establecida el 25 Kislev (Noviembre-Diciembre). Recuerda la purificación del templo llevada a cabo por Judas Macabeo en Diciembre de 164 a.C. después de que fue profanado por Antíoco IV Epífanes. Durante los ocho días, tanto en casa como en la sinagoga, se encendían una a una las ocho velas del candelabro de Hanukka el que, a diferencia de la Menorah, tenía nueve brazos: de estos ocho son iguales y uno es diferente, más alto, más bajo, poco importa, pero distinto a los demás. Una alegre leyenda cuenta en efecto que la candela del santuario fue milagrosamente encontrada encendida en el templo profanado, y que con ella se habían prendido las velas durante los ocho días de la dedicación.



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El Horeb

Vista del Djebel Musa, uno de las dos cumbres del macizo del Sinaí





Josué

Jericó. Vestigios de la muralla del tercer milenio antes de Cristo.





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#5 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 17 mayo 2010 - 02:36




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#6 gonzafer

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Publicado el 04 enero 2011 - 09:01

OPINIONES DE AGUS SOBRE EL JUDAÍSMO DE LA DIÁSPORA Y EL APÓSTOL PABLO (J.B. AGUS, L'évolution du monde juive, Ed. Payot, París, 1961, págs. 142 - 143)
Los judíos de la Diáspora helenística no poseían la enseñanza auténtica de las escuelas fariseas, en forma autoritaria. Poseían la Biblia en una traducción griega, pero ninguna de las compilaciones de la Ley oral (que existían entonces bajo la forma de tradiciones orales fijadas por la memoria) no era utilizable para una traducción. Los judíos grecoparlantes dependían enteramente de las visitas ocasionales de los sabios de Jerusalén, que venían a solicitar su ayuda para casos particulares. Relacionadas por estos hilos tenues, las comunidades judías en la Diáspora helénica eran un blanco fácil para una obra misionera determinada que les hablaba del cumplimiento de la ley y de los profetas y les mostraba la vía por la cual podía ser anulada la barrera irritante entre los judíos y los gentiles, los griegos y los bárbaros...
Fue gracias a la actividad y a la filosofía de Pablo como el cristianismo se apartó completamente de la fe del judaísmo y de las observanzas que prevalecían entre el pueblo judío. Al mismo tiempo, su éxito innegable creando iglesias cristianas para los gentiles operó una situación de facto, en la cual los partidarios de la nueva fe, la mayoría de los salvados no eran judíos. Por otra parte, esta situación no podía más que engendrar una serie de nuevos desarrollos por los cuales los modos paganos de pensar y de obrar penetraban cada vez más profundamente en la atmósfera espiritual de la nueva fe. Paulo fue el principal instrumento histórico por el cual el mensaje monoteísta del Judaísmo fue separado del pueblo judío e incorporado en la vida de una Iglesia para los Gentiles.
Pablo comenzó su vida como un judío y los elementos con los cuales él construyó la teología de la Iglesia cristiana son todos judíos, hasta el último. Pero la fuerza de su razonamiento, el dogmatismo apasionado de su predicación y el movimiento de las fuerzas que él desencadenó, fueron tales que trasportaron su influencia fuera de los límites del judaísmo y se extendieron al mundo pagano... La pequeña secta nazarena de los que creían en la persona de Jesús, había podido funcionar como una parte integrante del contexto abigarrado del judaísmo.




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