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Fuera de tu cabeza: Dejando el cuerpo atrás (Ciencia y Naturaleza)


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#1 Ge. Pe.

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Publicado el 30 septiembre 2007 - 03:22








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FILOSOFÍA DE LA CIENCIA




1. INTRODUCCIÓN




Filosofía de la ciencia, investigación sobre la naturaleza general de la práctica científica.

La filosofía de la ciencia se ocupa de saber cómo se desarrollan, evalúan y cambian las teorías científicas, y si la ciencia es capaz de revelar la verdad de las entidades ocultas y los procesos de la naturaleza.

Su objeto es tan antiguo y se halla tan extendido como la ciencia misma. Algunos científicos han mostrado un vivo interés por la filosofía de la ciencia y unos pocos, como Galileo, Isaac Newton y Albert Einstein, han hecho importantes contribuciones. Numerosos científicos, sin embargo, se han dado por satisfechos dejando la filosofía de la ciencia a los filósofos, y han preferido seguir 'haciendo ciencia' en vez de dedicar más tiempo a considerar en términos generales cómo 'se hace la ciencia'. Entre los filósofos, la filosofía de la ciencia ha sido siempre un problema central; dentro de la tradición occidental, entre las figuras más importantes anteriores al siglo XX destacan Aristóteles, René Descartes, John Locke, David Hume, Immanuel Kant y John Stuart Mill. Gran parte de la filosofía de la ciencia es indisociable de la epistemología, la teoría del conocimiento, un tema que ha sido considerado por casi todos los filósofos.


2. EL PROBLEMA DE LA INDUCCIÓN



Los resultados de la observación y experimentación suministran la evidencia para una teoría científica, pero no pueden demostrar que la teoría es correcta. Hasta la generalización empírica más modesta, por ejemplo que toda agua hierve a la misma temperatura, va más allá de lo que puede ser deducido de la evidencia en sentido estricto. Si las teorías científicas no expresaran más que la evidencia que suele sustentarlas, tendrían poca utilidad. No podrían ser utilizadas para predecir el curso de la naturaleza, y carecerían de poder explicativo.

El vínculo no demostrativo o inductivo entre la evidencia y la teoría plantea uno de los problemas fundamentales de la teoría del conocimiento, el problema de la inducción, dada su formulación clásica por David Hume, el filósofo escocés del siglo XVIII. Hume consideró simples predicciones basadas en observaciones pasadas, por ejemplo, un vaticinio como: el sol saldrá mañana, teniendo en cuenta que se ha observado que siempre salía en el pasado. La vida sería imposible sin anticipar el futuro, pero Hume construyó una argumentación excelente para mostrar que estas inferencias son indefendibles desde presupuestos racionales. Esta conclusión puede parecer increíble, pero la argumentación de Hume tiene todavía que ser contestada de un modo concluyente. Admitía que las deducciones inductivas han sido por lo menos razonablemente fiables hasta ahora, o no estaríamos vivos para considerar el problema, pero afirmaba que sólo podemos tener una razón para continuar confiando en la inducción si tenemos algún motivo para creer que la inducción seguirá siendo fiable en el futuro. Hume demostró entonces que tal razón no es posible. El nudo del problema es que pretender que la inducción será una garantía en el futuro es, en sí misma, una predicción y sólo podría ser justificada de manera inductiva, lo que llevaría a una cuestión de principio. En concreto, mantener que la inducción quizá funcionará en el futuro porque ha resultado útil en el pasado es razonar en círculo, asumiendo la inducción para justificarla. Si esta argumentación escéptica es válida, el conocimiento inductivo parece imposible, y no hay un argumento racional que se pueda plantear para disuadir a alguien que opina, por ejemplo, que es más seguro salir de la habitación por las ventanas que por la puerta.

El problema de la inducción se relaciona de forma directa con la ciencia. Sin una respuesta a la argumentación de Hume, no hay razón para creer en ninguno de los aspectos de una teoría científica que vaya más allá de lo que, en realidad, se ha observado. El asunto no es que las teorías científicas no resulten nunca ciertas por completo: esto es o debería ser una verdad obvia. El tema es más bien que no tenemos ninguna razón para suponer, por ejemplo, que el agua que no hemos sometido a prueba hervirá a la misma temperatura que el agua que hemos probado. Los filósofos han realizado un continuo esfuerzo para resistir a esta conclusión escéptica. Algunos han tratado de demostrar que los modelos científicos para sopesar evidencias y formular inferencias son, de algún modo, racionales por definición; otros, que los éxitos pasados de nuestros sistemas inductivos son susceptibles de emplearse para justificar su uso futuro sin caer en círculos viciosos. Un tercer enfoque sostiene que, aunque no podamos demostrar que la inducción funcionará en el futuro, sí podemos demostrar que lo hará si algún método de predicción lo hace, por lo que es razonable utilizarlo. Mediante teorías más recientes, algunos filósofos han sostenido que la actual fiabilidad de las prácticas inductivas, algo que Hume no niega, basta para proporcionar conocimiento inductivo sin otro requerimiento que el que la fiabilidad esté justificada.

Karl Popper ha aportado una respuesta más radical al problema de la inducción, una solución que constituye la base de su influyente filosofía de la ciencia. De acuerdo con Popper, el razonamiento de Hume de que las inferencias son injustificables desde una perspectiva racional es correcto. Sin embargo, esto no amenaza la racionalidad de la ciencia, cuyas inferencias son, aunque parezca lo contrario, deductivas en exclusiva. La idea central de Popper es que mientras la evidencia nunca implicará que una teoría sea verdadera, puede rebatir la teoría suponiendo que sea falsa. Así, un número de cuervos negros no implica que todos lo cuervos sean negros, pero la presencia de un único cuervo blanco supone que la generalización es falsa. Los científicos pueden, de esta forma, saber que una teoría es falsa, sin recurrir a la inducción. Además, enfrentados a una elección entre dos teorías opuestas, pueden ejercer una preferencia racional si una de las teorías ha sido refutada pero la otra no; entonces es racional preferir una teoría que podría ser verdad respecto a una que se sabe es falsa. La inducción nunca entra en escena, de modo que el argumento de Hume pierde fuerza.

Esta ingeniosa solución al problema de la inducción se enfrenta con numerosas objeciones. Si fuera cierta, los científicos nunca tendrían ningún motivo para creer que alguna de sus teorías o hipótesis son siquiera correctas por aproximación o que alguna de las predicciones extraídas de ellas es verdad, ya que estas apreciaciones sólo podrían ser justificadas por vía inductiva. Además, parece que la posición de Popper ni siquiera permite a los científicos saber que una teoría es falsa, puesto que, según él, la evidencia que podría contradecir una teoría, puede no ser nunca reconocida como correcta. Por desgracia, las inferencias inductivas que los científicos plantean no parecen ni evitables ni justificables.


3. EL PROBLEMA DE LA DESCRIPCIÓN



Aunque la discusión de Hume sobre la justificación de la inducción representa un hito en la historia de la filosofía, sólo ofrece una cruda descripción de cómo, para bien o para mal, los métodos inductivos funcionan en realidad. Mantenía que la inferencia inductiva es sólo un hábito de formación. Al haber visto muchos cuervos negros, de modo tácito aplicamos la regla 'más de lo mismo' y suponemos que el próximo cuervo que encontremos será también negro. Esto, como es evidente, no hace justicia a la práctica inferencial de los científicos, ya que éstos infieren a partir de la observación de entidades de una clase para llegar a la existencia y comportamiento de entidades de una clase muy diferente y a menudo no observable. 'Más de lo mismo' no llevará a los científicos desde lo que se ve en el laboratorio a la existencia de los electrones o los campos electromagnéticos. ¿Cómo comprueban entonces los científicos sus teorías, sopesan la evidencia y establecen inferencias? Este es el problema de la descripción en contraste con el problema de la justificación de Hume.

El problema descriptivo puede parecer fácil de resolver: sólo hay que preguntar a los científicos que describan lo que hacen. Es una ilusión. Los científicos pueden ser eficaces sopesando evidencias, pero no son eficaces ofreciendo una declaración de principios que recoja cómo llegan a ellos. Esto no es más sorprendente que el hecho de que los nativos de habla inglesa sean incapaces de explicar los principios por los que diferencian las oraciones gramaticales de las no gramaticales. Lo más sorprendente es cuán difícil ha sido resolver el problema de la inducción incluso para los filósofos de la ciencia que han dedicado a ello su actividad.

Quizá la forma más corriente de mostrar cómo se comprueban las teorías sea mediante el modelo hipotético-deductivo, según el cual las teorías se comprueban examinando las predicciones que implican. La evidencia que muestra que una predicción es correcta, confirma la teoría; la evidencia incompatible con la predicción, rebate la teoría, y cualquier otra evidencia es irrelevante. Si los científicos tienen una evidencia suficiente que corrobora y una no evidencia que rebate, pueden inferir que la teoría examinada es correcta. Este modelo, aunque es aproximado, parece en principio ser un reflejo razonable de la práctica científica, pero está envuelto en dificultades concretas. La mayoría de éstas demuestran que el modelo hipotético-deductivo es demasiado permisivo, al tratar evidencias irrelevantes como si aportaran certezas materiales. Para mencionar tan sólo un problema, la mayoría de las teorías científicas no implican ninguna consecuencia observable por sí misma, sino sólo al relacionarse en conjunto con otras suposiciones de base. Si no hay alguna clase de restricción sobre las suposiciones admisibles, el modelo permitiría considerar cualquier observación como evidencia para casi cualquier teoría. Esto es un resultado absurdo, pero es difícil en extremo especificar las restricciones apropiadas.

Dadas las dificultades que afronta el modelo hipotético-deductivo, algunos filósofos han reducido sus miras y han intentado dar un modelo mejor de refuerzo inductivo para una serie de casos más limitada. El caso más sencillo es una generalización empírica del tipo 'todos los cuervos son negros'. Aquí parece claro que los cuervos negros apoyan la hipótesis, los cuervos no negros la refutan, y los no cuervos son irrelevantes. Aún así, esta modesta consideración entraña otros problemas. Supongamos que aplicamos el mismo tipo de consideración a la hipótesis un tanto exótica de que todas las cosas no negras no son cuervos. Los no negros no cuervos (flores blancas, por ejemplo) la apoyan, los cuervos no negros la refutan, y los objetos son irrelevantes. El problema surge cuando observamos que esta hipótesis equivale a la hipótesis original del cuervo; decir que todas las cosas no negras son no cuervos es sólo un modo poco usual de decir que todos los cuervos son negros. Entonces ¿cualquier evidencia que apoye una hipótesis apoya la otra? Esto nos deja, sin embargo, con la conclusión bastante extraña de que las flores blancas proporcionan la evidencia de que todos los cuervos son negros. Esta paradoja del cuervo parece un truco lógico, pero ha resultado muy difícil de resolver.


4. EXPLICACIÓN



Un reciente trabajo sobre el problema de los métodos de descripción inferencial en la ciencia ha tratado de evitar la debilidad del modelo hipotético- deductivo yendo más allá de las relaciones lógicas para responder a la conexión de la evidencia con la teoría. Algunas consideraciones intentan describir cómo la plausibilidad de teorías e hipótesis puede variar conforme se va avanzando en las comprobaciones, y han enlazado esta idea con un cálculo formal de probabilidades. Otras apelan al contenido específico de las hipótesis sometidas a comprobación, en especial las afirmaciones causales que hacen muchas de ellas. En el siglo XIX, John Stuart Mill dio cuenta de las inferencias desde los efectos a las causas que puede ser extendida para aportar un modelo de inferencia científica. Uno de los procedimientos por el que se ha intentado esa expansión ha sido recurriendo al concepto de explicación. La idea básica del modelo de inducción para la mejor explicación es que los científicos infieren desde la evidencia válida a la hipótesis que, de ser correcta, proporcionaría la mejor explicación de esa evidencia.

Si la inferencia para la mejor explicación debe de ser algo más que un eslogan, sin embargo, se requiere alguna consideración independiente de explicación científica. El punto de partida para la mayoría del trabajo filosófico contemporáneo sobre la naturaleza de la explicación científica es el modelo deductivo-nomológico, según el cual una explicación científica es una deducción de una descripción del fenómeno para ser explicada desde un conjunto de premisas que incluye, por lo menos, una ley de la naturaleza. Así, se podría explicar por qué sube el mercurio en un termómetro señalando el ascenso de la subida en la temperatura a partir de una ley que relaciona la temperatura y el volumen de los metales. El tema aquí es saber qué hace que algo sea una ley de la naturaleza, otro de los tópicos centrales de la filosofía de la ciencia. No todas las generalizaciones verdaderas son leyes de la naturaleza. Por ejemplo, la afirmación de que todas las esferas de oro tienen un diámetro de menos de diez millas es una verdad presumible pero no es una ley. Las genuinas leyes de la naturaleza parecen tener un tipo de necesidad de la que carece la afirmación sobre las esferas de oro. Describen no sólo cómo funcionan las cosas en realidad sino cómo, de algún modo, deben funcionar. Sin embargo, está lejos de ser evidente cómo tendría que articularse esta noción de necesidad.

Otra dificultad para el modelo deductivo-nomológico de explicación es que, al igual que el modelo hipotético-deductivo de comprobación, con el cual mantiene una notable similitud estructural, este modelo también es demasiado permisivo. Por ejemplo, el periodo (la duración de una oscilación) de un péndulo determinado puede deducirse de la ley que se refiere al periodo y recorrido de los péndulos en general, junto con el recorrido de ese péndulo determinado. El recorrido del péndulo es considerado de modo habitual como explicativo del periodo. Sin embargo, la deducción puede llevarse a cabo en el sentido opuesto: es posible calcular el recorrido de un péndulo si se conoce su periodo. Pero el periodo no está considerado por lo común como explicativo del recorrido del péndulo. De este modo, mientras que la deducción funciona en ambos sentidos, se considera que la explicación va sólo en un único sentido. Dificultades de esta índole han llevado a algunos filósofos a desarrollar procesos causales de explicación, según los cuales explicamos los acontecimientos aportando información sobre sus procesos causales. Este enfoque es atractivo, pero pide un análisis de causalidad, un proyecto que se enfrenta a muchas de las mismas dificultades que tenía analizar las leyes de la naturaleza. Además, se necesita decir más sobre qué causas de un acontecimiento lo explican. El Big Bang es presumiblemente parte de la historia causal de cada acontecimiento, pero no aporta una explicación adecuada para la mayoría de ellos. Una vez más, hay un problema de permisividad excesiva.



5. REALISMO E INSTRUMENTALISMO




Uno de los objetivos de la ciencia es salvar los fenómenos, construir teorías que supongan una descripción correcta de los aspectos observables del mundo. De particular importancia es la capacidad para predecir lo que es observable pero todavía no es observado, ya que una predicción precisa hace factible la aplicación de la ciencia a la tecnología. Lo que resulta más controvertido es si la ciencia debe también aspirar a la verdad sobre aquello que no es observable, sólo por comprender el mundo, incluso sin un propósito práctico. Aquellos que pretenden que la ciencia debería, y que así lo hace, ocuparse de revelar la estructura oculta del mundo son conocidos como realistas. Para éstos, las teorías tratan de describir esa estructura. Por oposición, aquellos que dicen que la labor de la ciencia es sólo salvar los fenómenos observables son conocidos como instrumentalistas, ya que para ellos las teorías no son descripciones del mundo invisible sino instrumentos para las predicciones sobre el mundo observable. La disputa entre realistas e instrumentalistas ha sido un tema constante en la historia de la filosofía de la ciencia.

Los científicos realistas no afirman que todo en la ciencia actual es correcto pero, como era de esperar, afirman que las mejores teorías actuales son poco más o menos verdaderas, que la mayoría de las entidades a las que se refieren existen en realidad, y que en la historia de la ciencia las últimas teorías en un campo concreto han estado por lo común más próximas a la verdad que las teorías que sustituían. Para los realistas, el progreso científico consiste sobre todo en generar descripciones cada vez más amplias y exactas de un mundo en su mayor parte invisible.

Algunos instrumentalistas niegan que las teorías puedan describir aspectos no observables del mundo sobre la base de que no se pueden llenar de significado las descripciones de lo que no puede ser observado. Según esta idea, las teorías de alto nivel son ingenios de cálculo sin significado literal: no son más descripciones del mundo que lo que son los circuitos de una calculadora electrónica. Otros instrumentalistas han afirmado que las teorías son descripciones, pero sólo del mundo observable. Hablar de partículas atómicas y campos gravitatorios sólo es en realidad una taquigrafía de descripciones de interpretaciones punteras y un movimiento observable. La versión contemporánea más influyente del instrumentalismo, conocida como empirismo constructivo, adopta una tercera vía. El significado de las teorías tiene que ser creído literalmente. Si una teoría parece contar una historia sobre partículas invisibles, entonces esa es la historia que se cuenta. Los científicos, sin embargo, nunca tienen derecho o necesidad de creer que esas historias son verdad. Todo lo más que puede o necesita ser conocido es que los efectos observables de una teoría —pasada, presente y futura— son verdaderos. La verdad del resto de la teoría es cómo pueda ser: toda la cuestión es que la teoría cuenta una historia que produce sólo predicciones verdaderas acerca de lo que, en principio, pudiera ser observado.

El debate entre realistas e instrumentalistas ha generado argumentos por parte de ambas escuelas. Algunos realistas han montado un razonamiento de no milagro. Realistas e instrumentalistas están de acuerdo en que nuestras mejores teorías en las ciencias físicas han tenido un notable éxito de predicción. El realista mantiene que este éxito sería un milagro si las teorías no fueran por lo menos verdaderas por aproximación. Desde un punto de vista lógico es posible que una historia falsa en su totalidad sobre entidades y procesos no observables pudiera suponer todas esas predicciones verdaderas, pero creer esto es bastante improbable y, por lo tanto, irracional. Planteado el supuesto de que a una persona se le da un mapa muy detallado, cuyo contenido describe con gran detalle el bosque en el que se encuentra, incluso muchos desfiladeros y picos de montañas inaccesibles. Examina el mapa contrastando los datos en diferentes lugares y, en cada caso, lo que ve es justo como lo pinta el mapa. Queda la posibilidad de que el mapa sea incorrecto por completo en las zonas que no ha examinado, pero esto no resulta verosímil. El realista mantiene que la situación es análoga para toda teoría científica que haya sido bien comprobada.

Los instrumentalistas han hecho numerosas objeciones al razonamiento del 'no milagro'. Algunos han afirmado que incurre en la petición de principio, tanto como el argumento considerado con anterioridad, de que la deducción funcionará en el futuro porque ha funcionado en el pasado. Inferir del éxito observado de una teoría científica la verdad de sus afirmaciones sobre los aspectos no observables del mundo es utilizar en concreto el modo de deducción cuya legitimidad niegan los instrumentalistas. Otra objeción es que la verdad de la ciencia actual no es en realidad la mejor explicación de su éxito de observación. Según esta objeción, Popper estaba en lo cierto, al menos, cuando afirmó que la ciencia evoluciona a través de la supresión de las teorías que han fracasado en la prueba de la predicción. No es de extrañar que se piense, por lo tanto, que las teorías que ahora se aceptan han tenido éxito en cuanto a la predicción: si no lo hubieran tenido, ahora no las aceptaríamos. Así, la hipótesis que mantiene que nuestras teorías son ciertas no necesita explicar su éxito de predicción. Por último, algunos instrumentalistas recurren a lo que se conoce como la indeterminación de la teoría por los datos. No importa el grado de validez de la evidencia, sabemos que hay en principio innumerables teorías, incompatibles entre sí pero todas compatibles con esa evidencia. Como mucho, una de esas teorías puede ser verdadera. Tal vez si la objeción resulta válida, es poco probable que la teoría elegida como eficaz sea la verdadera. Desde este punto de vista, lo que sería milagroso no es que las teorías de éxito a las que llegan los científicos sean falsas, sino que sean verdaderas.

Una de los razonamientos recientes más populares de los instrumentalistas es la 'inducción pesimista'. Desde el punto de vista de la ciencia actual, casi todas las teorías complejas con más de cincuenta años pueden ser entendidas como falsas. Esto se oculta a menudo en la historia de la ciencia que presentan los libros de texto de ciencia elementales, pero, por ejemplo, desde el punto de vista de la física contemporánea, Kepler se equivocaba al afirmar que los planetas se mueven en elipses, y Newton al sostener que la masa de un objeto es independiente de su velocidad. Pero si todas las teorías pasadas han sido halladas incorrectas, entonces la única deducción razonable es que todas, o casi todas, las teorías actuales serán consideradas erróneas de aquí a otro medio siglo. En contraste con esta discontinuidad en la historia de las teorías, según el instrumentalismo se ha producido un crecimiento constante y sobre todo acumulativo en el alcance y precisión de sus predicciones observables. Cada vez han llegado a ser mejores salvando los fenómenos, su único cometido apropiado.

Se han planteado varias respuestas a la inducción pesimista. La mayoría de los realistas han aceptado tanto la premisa de que las teorías del pasado han sido falsas y la conclusión de que las teorías actuales serán quizá falsas también. Sin embargo, han insistido en que todo esto es compatible con la afirmación central realista de que las teorías tienden a mejorar las descripciones del mundo respecto a aquéllas a las que reemplazan. Algunos realistas también han acusado a los instrumentalistas de exagerar el grado de discontinuidad en la historia de la ciencia. Se puede cuestionar también la validez de una deducción desde el grado de falsedad pretérito al actual. De acuerdo con los realistas, las teorías actuales han sustituido a sus predecesoras porque ofrecen un mejor tratamiento de la evidencia cada vez más amplio y preciso; por eso está poco claro por qué la debilidad de las viejas teorías debería ir en contra de las que las sucedan.



6. OBJETIVIDAD Y RELATIVISMO




Aunque realistas e instrumentalistas discrepan sobre la capacidad de la ciencia para describir el mundo invisible, casi todos coinciden en que la ciencia es objetiva, porque descansa sobre evidencias objetivas. Aunque algunos resultados experimentales son inevitablemente erróneos, la historia de la evidencia es en gran parte acumulativa, en contraste con la historia de las teorías de alto nivel. En resumen, los científicos sustituyen las teorías pero aumentan los datos. Sin embargo, esta idea de la objetividad y autonomía de la evidencia observacional de las teorías científicas ha sido criticada, sobre todo en los últimos 30 años.

La objetividad de la evidencia ha sido rechazada partiendo de la premisa de que la evidencia científica está, de manera inevitable, contaminada por las teorías científicas. No es sólo que los científicos tiendan a ver lo que quieren ver, sino que la observación científica es sólo posible en el contexto de presuposiciones teóricas concretas. La observación es 'teoría cargada'. En una versión extrema de esta idea, las teorías no pueden ser probadas, ya que la evidencia siempre presupondrá la misma teoría que se supone tiene que probar. Versiones más moderadas permiten alguna noción de la prueba empírica, pero siguen introduciendo discontinuidades históricas en la evidencia para compararla con las discontinuidades a nivel teórico. Si todavía es posible hacer algún juicio del progreso científico, no puede ser en términos de acumulación de conocimiento, ya se trate de un enfoque teórico o desde el punto de vista de la observación.

Si la naturaleza de la evidencia cambia conforme cambian las teorías científicas, y la evidencia es nuestro único acceso a los hechos empíricos, entonces quizá los hechos también cambien. Este es el relativismo en la ciencia, cuyo representante reciente más influyente es Thomas Kuhn. Al igual que el gran filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant, Kuhn mantiene que el mundo que la ciencia investiga debe ser un mundo hasta cierto punto constituido por las ideas de aquellos que lo estudian. Esta noción de la constitución humana del mundo no es fácil de captar. No ocurre lo mismo que en la visión idealista clásica que explica que los objetos físicos concretos sólo son en realidad ideas reales o posibles, implicando que algo es considerado como objeto físico o como un objeto de cierto tipo, por ejemplo una estrella o un planeta, sólo en la medida en la que la gente así los categoriza. Para Kant, la contribución que parte de la idea y lleva a la estructura del mundo es sustancial e inmutable. Consiste en categorías muy generales tales como espacio, tiempo y causalidad. Para Kuhn, la contribución es asimismo sustancial, pero también muy variable, ya que la naturaleza de la contribución viene determinada por las teorías y prácticas concretas de una disciplina científica en un momento determinado. Cuando esas teorías y prácticas cambian, por ejemplo, en la transición desde la mecánica newtoniana a las teorías de Einstein, también cambia la estructura del mundo sobre la que tratan este conjunto de teorías. La imagen de los científicos descubriendo más y más sobre una realidad idea independiente aparece aquí rechazada por completo.

Aunque radical desde el plano metafísico, el concepto de ciencia de Kuhn es conservador desde una perspectiva epistemológica. Para él, las causas del cambio científico son, casi de forma exclusiva, intelectuales y pertenecen a una reducida comunidad de científicos especialistas. Hay, sin embargo, otras opciones actuales de relativismo sobre la ciencia que rechazan esta perspectiva de carácter interno, e insisten en que las principales causas del cambio científico incluyen factores sociales, políticos y culturales que van mucho más allá de los confines del laboratorio. Ya que no hay razón para creer que estos factores variables conducen al descubrimiento de la verdad, esta idea social constructivista de la ciencia es quizás casi más hostil al realismo científico que lo es la posición kuhniana.

Los realistas científicos no han eludido estos desafíos. Algunos han acusado a los relativistas de adoptar lo que viene a ser una posición de autocontradicción. Si, como se afirma, no hay nada que sea verdad, esta afirmación tampoco puede ser entonces verdadera. Los realistas han cuestionado también la filosofía del lenguaje latente detrás de la afirmación de Kuhn de que las sucesivas teorías científicas se refieren a diferentes entidades y fenómenos, manteniendo que el constructivismo social ha exagerado la influencia a largo plazo de los factores no cognitivos sobre la evolución de la ciencia. Pero el debate de si la ciencia es un proceso de descubrimiento o una invención es tan viejo como la historia de la ciencia y la filosofía, y no hay soluciones claras a la vista. Aquí, como en otras partes, los filósofos han tenido mucho más éxito en poner de manifiesto las dificultades que en resolverlas. Por suerte, una valoración de cómo la práctica científica resiste una explicación puede iluminar por sí misma la naturaleza de la ciencia.



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Como citar este artículo:
"Filosofía de la ciencia," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2007
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Publicado el 07 enero 2008 - 10:35

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Trataremos de ponernos mas al dia... recursos de Encarta sobre el tema.
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IMMANUEL KANT



1. - INTRODUCCIÓN


Immanuel Kant (1724-1804), filósofo alemán, considerado por muchos como el pensador más influyente de la era moderna.


2.- VIDA


Nacido en Königsberg (actual ciudad rusa de Kaliningrado) el 22 de abril de 1724, estudió en el Collegium Fredericianum desde 1732 hasta 1740, año en que ingresó en la universidad de su ciudad natal. Su formación primaria se basó sobre todo en el estudio de los clásicos, mientras que sus estudios superiores versaron sobre Física y Matemáticas. Desde 1746 hasta 1755, debido al fallecimiento de su padre, tuvo que interrumpir sus estudios y trabajar como preceptor privado. No obstante, gracias a la ayuda de un amigo pudo continuarlos en 1755, año en que recibió su doctorado. Comenzó entonces una intensa carrera docente en la propia Universidad de Königsberg; primeramente impartió clases de Ciencias y Matemáticas, para, de forma paulatina, ampliar sus temas a casi todas las ramas de la filosofía. Pese a adquirir una cierta reputación, no fue nombrado profesor titular (de Lógica y Metafísica) hasta 1770. Durante los siguientes 27 años vivió dedicado a su actividad docente, atrayendo a un gran número de estudiantes a Königsberg. Sus enseñanzas teológicas (basadas más en el racionalismo que en la revelación divina) le crearon problemas con el gobierno de Prusia y, en 1794, el rey Federico Guillermo II le prohibió impartir clases o escribir sobre temas religiosos. Kant acató esta orden hasta la muerte del Rey; cuando esto ocurrió se sintió liberado de dicha imposición. En 1798, ya retirado de la docencia universitaria, publicó un epítome en el que expresaba el conjunto de sus ideas en materia religiosa. Falleció el 12 de febrero de 1804 en Königsberg.


3. PENSAMIENTO Y OBRAS


La piedra angular de la filosofía kantiana (en ocasiones denominada “filosofía crítica”) está recogida en una de sus principales obras, Crítica de la razón pura (1781), en la que examinó las bases del conocimiento humano y creó una epistemología individual. Al igual que los primeros filósofos, Kant diferenciaba los modos de pensar en proposiciones analíticas y sintéticas. Una proposición analítica es aquella en la que el predicado está contenido en el sujeto, como en la afirmación “las casas negras son casas”. La verdad de este tipo de proposiciones es evidente, porque afirmar lo contrario supondría plantear una proposición contradictoria. Tales proposiciones son llamadas analíticas porque la verdad se descubre por el análisis del concepto en sí mismo. Las proposiciones sintéticas, en cambio, son aquellas a las que no se puede llegar por análisis puro, como en la expresión “la casa es negra”. Todas las proposiciones comunes que resultan de la experiencia del mundo son sintéticas.

Las proposiciones, según Kant, pueden ser divididas también en otros dos tipos: empíricas (o a posteriori) y a priori. Las proposiciones empíricas dependen tan sólo de la percepción, pero las proposiciones a priori tienen una validez esencial y no se basan en tal percepción. La diferencia entre estos dos tipos de proposiciones puede ser ilustrada por la empírica “la casa es negra” y la a priori “dos más dos son cuatro”. La tesis sostenida por Kant en la Crítica de la razón pura consiste en que resulta posible formular juicios sintéticos a priori. Esta posición filosófica es conocida como transcendentalismo. Al explicar cómo es posible este tipo de juicios, consideraba los objetos del mundo material como incognoscibles en esencia; desde el punto de vista de la razón, sirven tan sólo como materia pura a partir de la cual se nutren las sensaciones. Los objetos, en sí mismos, no tienen existencia, y el espacio y el tiempo pertenecen a la realidad sólo como parte de la mente, como intuiciones con las que las percepciones son medidas y valoradas.

Además de estas intuiciones, afirmó que también existen un número de conceptos a priori, llamados categorías. Dividió éstas en cuatro grupos: las relativas a la cantidad (que son unidad, pluralidad y totalidad), las relacionadas con la cualidad (que son realidad, negación y limitación), las que conciernen a la relación (que son sustancia-y-accidente, causa-y-efecto y reciprocidad) y las que tienen que ver con la modalidad (que son posibilidad, existencia y necesidad). Las intuiciones y las categorías se pueden emplear para hacer juicios sobre experiencias y percepciones pero, según Kant, no pueden aplicarse sobre ideas abstractas o conceptos cruciales como libertad y existencia sin que lleven a inconsecuencias en la forma de binomios de proposiciones contradictorias, o antinomias, en las que ambos elementos de cada par pueden ser probados como verdad.

En la Metafísica de las costumbres (1797) Kant describió su sistema ético, basado en la idea de que la razón es la autoridad última de la moral. Afirmaba que los actos de cualquier clase han de ser emprendidos desde un sentido del deber que dicte la razón, y que ningún acto realizado por conveniencia o sólo por obediencia a la ley o costumbre puede considerarse como moral. Describió dos tipos de órdenes dadas por la razón: el imperativo hipotético, que dispone un curso dado de acción para lograr un fin específico; y el imperativo categórico, que dicta una trayectoria de actuación que debe ser seguida por su exactitud y necesidad. El imperativo categórico es la base de la moral y fue resumido por Kant en estas palabras claves: “Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza”.

Las ideas éticas de Kant son el resultado lógico de su creencia en la libertad fundamental del individuo, como manifestó en su Crítica de la razón práctica (1788). No consideraba esta libertad como la libertad no sometida a las leyes, como en la anarquía, sino más bien como la libertad del gobierno de sí mismo, la libertad para obedecer en conciencia las leyes del Universo como se revelan por la razón. Creía que el bienestar de cada individuo sería considerado, en sentido estricto, como un fin en sí mismo y que el mundo progresaba hacia una sociedad ideal donde la razón “obligaría a todo legislador a crear sus leyes de tal manera que pudieran haber nacido de la voluntad única de un pueblo entero, y a considerar todo sujeto, en la medida en que desea ser un ciudadano, partiendo del principio de si ha estado de acuerdo con esta voluntad”.

Su pensamiento político quedó patente en La paz perpetua (1795), ensayo en el que abogaba por el establecimiento de una federación mundial de estados republicanos. Además de sus trabajos sobre filosofía, escribió numerosos tratados sobre diversas materias científicas, sobre todo en el área de la geografía física. Su obra más importante en este campo fue Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo (1755), en la que anticipaba la hipótesis (más tarde desarrollada por Laplace) de la formación del Universo a partir de una nebulosa originaria. Entre su abundante producción escrita también sobresalen Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia (más conocida por el nombre de Prolegómenos, 1783), Principios metafísicos de la ciencia natural (1786), Crítica del juicio (1790) y La religión dentro de los límites de la mera razón (1793).


4. - INFLUENCIA


La filosofía kantiana, y en especial tal y como fue desarrollada por el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, estableció los cimientos sobre los que se edificó la estructura básica del pensamiento de Karl Marx. El método dialéctico, utilizado tanto por Hegel como por Marx, no fue sino el desarrollo del método de razonamiento articulado por antinomias aplicado por Kant. El filósofo alemán Johann Gottlieb Fichte, alumno suyo, rechazó la división del mundo hecha por su maestro en partes objetivas y subjetivas, y elaboró una filosofía idealista que también influyó de una forma notable en los socialistas del siglo XIX. Uno de los sucesores de Kant en la Universidad de Königsberg, Johann Friedrich Herbart, incorporó algunas de las ideas kantianas a sus sistemas de pedagogía.


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Immanuel Kant



El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant exploró las posibilidades de que la razón pueda regir el mundo de la experiencia. En sus críticas a la ciencia, moral y arte, Kant intentó extraer normas universales a las que, según él, toda persona racional debería suscribirse. En su Crítica de la razón pura (1781) Kant sostenía que las personas no pueden comprender la naturaleza de las cosas en el Universo, pero pueden estar racionalmente seguros de que lo experimentan por sí mismos. Dentro de esta esfera de la experiencia, nociones fundamentales como espacio y tiempo son ciertas.

Hulton Deutsch



Una nota curiosa: Immanuel Kant no salió nunca de su pueblo natal.
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Cómo citar este artículo:
"Immanuel Kant," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2007
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Publicado el 07 enero 2008 - 11:59

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Otro gigante del pensar filosófico que influyo en el desarrollo cientifico.
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GEORG WILHELM FRIEDRICH HEGEL



1. - INTRODUCCIÓN



Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), filósofo alemán, máximo representante del idealismo y uno de los teóricos más influyentes en el pensamiento universal desde el siglo XIX.


2.- VIDA Y OBRA



Nacido en Stuttgart el 27 de agosto de 1770, hijo de un funcionario de la hacienda pública, Hegel creció en un ambiente de pietismo protestante y estudió a los clásicos griegos y latinos mientras estuvo en el gymnasium de su ciudad natal. Animado por su padre para que se hiciera pastor protestante, en 1788 ingresó en el seminario de la Universidad de Tubinga, donde entabló amistad con el poeta Friedrich Hölderlin y el filósofo Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, de significada filiación romántica, compartiendo con ellos su entusiasmo por la Revolución Francesa y la antigüedad clásica. Después de completar un curso de Filosofía y Teología, y decidir que no quería seguir la carrera religiosa, en 1793 comenzó a ejercer como preceptor en Berna (Suiza). En 1797 consiguió un cargo similar en Frankfurt, pero dos años más tarde su padre falleció, dejándole un legado cuya cuantía económica le permitió abandonar su trabajo como tutor.

En 1801 se trasladó a la Universidad de Jena, donde estudió, escribió y logró un puesto como profesor. Allí concluyó la Fenomenología del espíritu (1807), una de sus obras más importantes. Permaneció en Jena hasta octubre de 1806, cuando la ciudad, en el transcurso de las Guerras Napoleónicas, fue ocupada por las tropas francesas, por lo que se vio obligado a huir. Desde 1807 hasta 1809, una vez agotadas las rentas que le había proporcionado la herencia paterna, trabajó como redactor en el periódico Bamberger Zeitung de Baviera. Sin embargo, el periodismo no le agradó y en 1809 se trasladó a Nuremberg donde fue director de un gymnasium durante ocho años.

Durante los años que residió en Nuremberg, Hegel conoció y contrajo matrimonio con Marie von Tucher, de quien tuvo tres hijos: una niña (que murió al poco de nacer) y dos varones (Karl e Immanuel). Antes de su matrimonio, Hegel había tenido un hijo ilegítimo (Ludwig) que acabaría viviendo en el hogar de los Hegel. Después de haber trabajado en su redacción durante siete años, publicó en Nuremberg otro de sus más afamados escritos, Ciencia de la Lógica (1812-1816). En 1816 aceptó la cátedra de Filosofía en la Universidad de Heidelberg y, poco después, publicó de forma sistemática sus pensamientos filosóficos en su obra Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1817). En 1818 ingresó en la Universidad de Berlín, institución en la cual expuso y enseñó el conjunto de su pensamiento hasta su fallecimiento, ocurrido en esa misma ciudad el 14 de noviembre de 1831.

La última gran obra publicada por Hegel fue La filosofía del Derecho (1821), aunque algunas notas de sus conferencias y clases, junto con apuntes de sus alumnos, fueron también publicadas después de su muerte. En el conjunto de estos trabajos (conocido por el nombre genérico de Lecciones o Lecciones de Berlín) se encuentran Estética (1832), Lecciones sobre filosofía de la religión (1832), Lecciones de historia de la filosofía (1833-1836) y Lecciones de filosofía de la historia (1837).

Muy influido por las ideas de los grandes pensadores griegos, también conoció las obras del holandés Baruch Spinoza, del escritor francés Jean-Jacques Rousseau y de los autores alemanes Immanuel Kant, Johann Gottlieb Fichte y Schelling. Aunque muchas veces sus teorías discreparon de las de los mencionados pensadores, la influencia que ejercieron sobre él es evidente en sus escritos.


3. - OBJETIVO FILOSÓFICO



El propósito de Hegel fue elaborar un sistema filosófico que pudiera abarcar las ideas de sus predecesores y crear un marco conceptual bajo cuyos términos tanto el pasado como el futuro pudieran ser entendidos desde presupuestos teóricos racionales. Tal propósito requería tener en cuenta, primeramente, la realidad misma. Así, Hegel la concibió como un todo que, con un carácter global, constituía la materia de estudio de la filosofía. A esta realidad, o proceso de desarrollo total de todo aquello que existe, se refirió como lo absoluto, o espíritu absoluto. Para Hegel, el cometido de la filosofía es explicar el desarrollo del espíritu absoluto. Esto implicaba, en primer lugar, esclarecer la estructura racional interna de lo absoluto; en segundo lugar, demostrar de qué forma lo absoluto se manifiesta en la naturaleza y en la historia humana; y en tercer lugar, explicar la naturaleza teleológica de lo absoluto, es decir, mostrar el destino o el propósito hacia el que se dirige.


4.- DIALÉCTICA



Por lo que se refiere a la estructura racional de lo absoluto, Hegel, siguiendo al filósofo clásico griego Parménides, afirmó.. “lo que es racional es real y lo que es real es racional”. Hay que entender esto en los términos de su afirmación posterior de que lo absoluto tiene que ser considerado como pensamiento, espíritu o mente, en un proceso de continuo autodesarrollo. La lógica que rige este proceso de desarrollo es la dialéctica. Por sí misma constituye un método de pensamiento. El método dialéctico se basa en que el movimiento, proceso o progreso, es el resultado del conflicto entre opuestos. De forma tradicional, esta dimensión del pensamiento hegeliano se ha analizado en términos de tesis, antítesis y síntesis. A pesar de que Hegel no utilizó dichos conceptos, resultan muy útiles para comprender su visión de la dialéctica. La tesis puede ser una idea o un movimiento histórico. Tal idea o movimiento presenta carencias que dan lugar a una oposición o antítesis, que genera una conflictividad interna. Como resultado de este conflicto aparece un tercer punto de vista, una síntesis que supera el conflicto conciliando en un plano superior la verdad contenida en la tesis y la antítesis. Esta síntesis se convierte en una nueva tesis que genera otra antítesis, dando lugar a una nueva síntesis, conformándose así el proceso de desarrollo intelectual o histórico. Hegel pensaba que el propio espíritu absoluto (la suma total de la realidad) se desarrolla por este camino hacia un fin último o una meta más alta.

Para Hegel, por lo tanto, la realidad se entiende como lo absoluto desdoblándose por la vía dialéctica en un proceso de autoevolución. En este proceso, lo absoluto se muestra tanto en la naturaleza como en la historia de la humanidad. La naturaleza es el pensamiento absoluto, o ser, que se objetiva a sí mismo bajo una apariencia material. Las mentes finitas y la historia de la humanidad son el proceso de lo absoluto que se manifiesta en lo que le es más cercano, a saber, el espíritu o la consciencia. En la Fenomenología del espíritu señaló las perspectivas de esta manifestación desde los planos más simples de conciencia, a través de la autoconciencia, hasta los puntos alcanzados por la razón más avanzada.


5. - AUTOCONOCIMIENTO DE LO ABSOLUTO



La meta del proceso cósmico dialéctico puede comprenderse mejor en el ámbito de la razón. Conforme la razón finita avanza en el entendimiento, lo absoluto progresa hacia el autoconocimiento. Así, lo absoluto llega a conocerse a través de una mayor asimilación de la realidad, o de lo absoluto, por parte de la mente humana. Hegel analiza esta progresión humana en el entendimiento en tres aspectos: arte, religión y filosofía. El arte atrapa lo absoluto mediante formas materiales, interpretando lo racional a través de los atributos sensibles de la belleza. El arte está, como concepto, suplantado por la religión, que capta lo absoluto por medio de imágenes y símbolos. La suprema religión para Hegel es el cristianismo, ya que en el cristianismo lo absoluto se manifiesta en lo finito y está reflejado de modo simbólico en la encarnación. La filosofía, sin embargo, representa un concepto más elevado, porque atrapa lo absoluto de una forma racional. Una vez que se ha conseguido esto, lo absoluto llega al autoconocimiento y el drama cósmico alcanza su fin y su meta. Sólo en este punto, Hegel identifica lo absoluto con Dios: “Dios es Dios”, afirmó, “tan sólo en tanto en cuanto se conoce a sí mismo”.


6.- FILOSOFÍA DE LA HISTORIA



En el proceso de análisis de la naturaleza del espíritu absoluto, Hegel realizó contribuciones fundamentales en una gran variedad de campos de la reflexión humana, que abarcan la filosofía de la historia, la estética y la ética social. En cuanto a la historia, sus dos categorías explicativas claves son la razón y la libertad. Mantenía que “el único pensamiento que aporta la filosofía ... al estudio de la historia es la idea de razón; porque la razón es la soberana del mundo, la historia del mundo se nos presenta, por tanto, como un proceso racional”. Como proceso racional, la historia es el registro de la evolución de la libertad humana, porque la historia humana es una progresión desde una libertad menor hacia un estado de libertad máxima.


7.- ÉTICA Y POLÍTICA



Sus ideas sociales y políticas se muestran de forma más asequible en sus discusiones sobre moralidad (Moralität) y ética social (Sittlichkei). En cuanto a la moralidad, el bien y el mal son aspectos que conciernen la conciencia individual, desde los que se avanza hasta el nivel de la ética social ya que, según Hegel, el deber no es en esencia el producto de un juicio individual. Los individuos sólo son íntegros en la medida en que mantienen relaciones sociales, por ello el único contexto en el que el deber puede existir de hecho es en el plano social. Consideraba que la pertenencia al Estado es uno de los mayores deberes posibles que cabe asumir al individuo. De una forma ideal, el Estado es la manifestación de la voluntad general, que es la más alta expresión del espíritu ético. El sometimiento a esa voluntad general es el acto propio de un individuo libre y racional. Hegel aparece así como un filósofo conservador, pero no hay que deducir por ello que su obra apoye el totalitarismo ya que también afirmaba que la limitación de la libertad por parte del Estado es inaceptable en el orden moral.


8.- INFLUENCIA



Cuando Hegel murió era el filósofo alemán más importante. Sus ideas estaban muy difundidas y sus estudiantes gozaban de gran prestigio intelectual. Sus seguidores se dividieron pronto entre hegelianos de derechas y de izquierdas. Desde un punto de vista teológico y político, los hegelianos de derechas ofrecieron una interpretación conservadora de su obra. Subrayaron la compatibilidad entre la filosofía de Hegel y el cristianismo. Desde una perspectiva política, eran conservadores. Los hegelianos de izquierdas evolucionaron hacia el ateísmo y, en el plano político, muchos de ellos adoptaron posturas revolucionarias. En este grupo izquierdista figuraron Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Friedrich Engels y Karl Marx. El pensamiento de estos dos últimos estuvo muy influido por la idea hegeliana de que la historia se rige por un proceso dialéctico, pero sustituyeron su idealismo filosófico por el materialismo.

El idealismo metafísico de Hegel alcanzó un fuerte impacto en la filosofía del siglo XIX y principios del XX, sobre todo en el británico Francis Herbert Bradley, en teóricos estadounidenses como Josiah Royce y en la cultura italiana gracias a la crítica de Benedetto Croce. También influyó en el existencialismo a través del filósofo danés Søren Kierkegaard. La fenomenología ha recibido, por otro lado, las ideas de Hegel sobre la consciencia. El extenso y variado impacto de su pensamiento en la filosofía occidental evidencia su profundidad.


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Hegel




El filósofo idealista alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel aplicó la antigua noción griega de dialéctica en su sistema filosófico. Sus trabajos ejercieron posteriormente una gran influencia en las teorías de numerosos pensadores, entre ellos Karl Marx.

CORBIS-BETTMANN


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Como citar este artículo:
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Publicado el 31 enero 2008 - 07:18

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Un artículo muy interesante. Reflexiones sobre le Evolucion.

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Bueno... uno se mete solo a las patas de los caballos....

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Recibido de Genciencia.



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Criterio de falsabilidad, Diseño Inteligente y Teoría Sintética de la Evolución

Gabriel A.


Quisiera hacer algunas reflexiones sobre el criterio de falsabilidad y el uso que se le da en la confrontación entre Diseño Inteligente y Teoría Sintética de la Evolución. Como bien dice uno de los promotores del ciclo de conferencias “Lo que Darwin no sabía”, “la verdad nunca tiene que temer nada de que se la ponga a prueba y esa precisamente, según Popper, es lo que marca la diferencia entre la verdad científica y la pseudociencia filosófica, la exposición a la «falsación»”. Se refiere al criterio de falsabilidad de Karl R. Popper, uno de los filósofos de la ciencia más importantes que ha existido.

Los rasgos más importantes de este criterio son:

(a) la verificación absoluta en ciencia es irrealizable;

(b) el criterio para definir lo científico debe ser el criterio de falsabilidad: una teoría será científica si es falsable;

( c ) una teoría es falsable cuando puede quedar lógicamente referida a uno o varios enunciados, posible objeto de contrastación inmediata en la experiencia;

(d) la falsación consiste en la comprobación de que un enunciado es falso por no haber superado las pruebas, lo cual demostraría la falsedad de la teoría;

(e) un enunciado que resiste la prueba de falsación puede ser considerado provisionalmente como útil para actuar sobre la realidad,

(f) los enunciados que no admiten ser falsados empíricamente no son enunciados científicos sino proposiciones metafísicas.


La Teoría Sintética de la Evolución (TSE) no está verificada, como bien dicen los seguidores del Diseño Inteligente (DI)

(a). La TSE no requiere ser verificada, como ninguna otra teoría científica

(e). La TSE se somete continuamente a prueba, multitud de estudios y experimentos la utilizan como base y en ningún caso se ha llegado a resultados incoherentes o que demuestren su falsedad: es decir, siguiendo el criterio

(d), no se ha falsado todavía.

Su confrontación con argumentos científicos de todo tipo es sana y necesaria. Cada argumento que no la false, hace más probable que la teoría sea cierta. Por ello, si es cierta, no tiene nada que temer a ponerse a prueba y, si es falsa, es bueno que se ponga a prueba para poder comprobarlo.

Supongamos un hecho comprobable empíricamente: poblaciones de bacterias que, tras ser tratadas con antibióticos y tras múltiples generaciones, adquieren resistencia a los antibióticos. Es un hecho susceptible de ser interpretado por la TSE y el DI.

Por (a) no hay forma humana de verificar la TSE en base a este hecho, pero este hecho tampoco falsa la TSE. ¿Podría falsarlo? Sí= podría comprobarse que el 100% de las bacterias cambiaron el 100% de su genoma en menos de 5 segundos (por ejemplo), lo cual invalidaría la TSE, que asume mutaciones pequeñas y muy poco probables.

Por lo que la TSE es falsable y por ello es una teoría científica (b).

Vayamos con DI: lo mismo que en el caso de la TSE,

por (a) no hay forma humana de verificar el DI en base a la adquisición de resistencia de las bacterias, pero este hecho tampoco falsa el DI. ¿Podría falsarlo? No. No se puede falsar. Aun cuando se siguiesen los cambios generación por generación de bacterias, y se viesen todos los minúsculos cambios que predice la TSE, no hay forma de que esto no pueda ser explicado igualmente bien por el DI.

El DI puede explicar cualquier proceso. El DI puede explicar una mutación del 100% de las bacterias en el 100% de su genoma en menos de 5 segundos, y también puede explicar mutaciones muy leves y muy poco probables a lo largo de multitud de generaciones.

No hay forma de demostrar que no hay un diseño inteligente ligeramente modificado en cada una de las generaciones de bacterias. Es imposible diferenciar una mutación de las que predice la TSE de una mutación diseñada inteligentemente.

Es imposible demostrar que algo no ha sido “diseñado inteligentemente”. Y como esto es imposible, el DI no es falsable, y por tanto no es ciencia sino una proposición metafísica (f).

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Nota: La clasificación de los rasgos es mía (Gabriel A), y responden al enunciado original del criterio como cualquiera puede comprobar. Los he clasificado así para poder presentar el criterio brevemente y realizar más cómodamente mi reflexión.

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Más información | Karl Popper


http://www.juntadean...ofia/popper.htm

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POPPER (1902-1994)





Karl Raimund Popper es uno de los filósofos de la ciencia más importantes e influyentes del siglo XX.

Nació en Viena, capital del imperio austrohúngaro, dentro de una familia de ascendencia judía, acomodada y culta: su padre era abogado y su madre pianista. Desde niño le impresionaron las grandes diferencias sociales existentes en la Viena de su tiempo. Con doce años se interesó por las doctrinas del socialismo y a los quince formaba parte de la asociación socialista de estudiantes de secundaria. Pero pronto adoptó una actitud crítica en defensa de la libertad individual y se apartó primero del marxismo y después del socialismo porque, a su juicio, el ideal socialista de “una vida libre modesta y simple en una sociedad igualitaria no era más que un bello sueño”

Acabada la Primera Guerra Mundial se inscribió en la universidad de Viena como alumno libre asistiendo a diversos cursos de filosofía, historia, literatura y psicología. Durante algún tiempo trabaja en la clínica infantil de Alfred Adler; no obstante, cada vez más intensamente se dedicaba al estudio de las matemáticas y la física. No se matriculó como alumno oficial hasta 1922. Se doctoró en 1928 en la universidad de Viena con la tesis titulada “Sobre el problema del método en la psicología del pensar”. A partir de ahí no le interesó más la psicología y en 1929 es nombrado profesor de matemáticas y física para las escuelas de enseñanza secundaria.

En esta época juvenil atrae su atención el planteamiento metodológico de Einstein que busca zonas oscuras en sus propias teorías, muy al contrario de las proposiciones del socialismo científico y de las teorías psicológicas que carecen de rigor científico y están instaladas en el dogmatismo intelectual.

La preocupación por la filosofía de la ciencia le llevó a relacionarse con los miembros del llamado "Círculo de Viena". Sus conversaciones y discusiones con los filósofos neopositivistas dieron como fruto “La lógica de la investigación científica” que además de ser una crítica de las teorías del Círculo de Viena propone una nueva teoría sobre el “conocimiento científico”: el conocimiento científico no puede aspirar a la categoría de verdadero, sino únicamente a la de hipotético. De todo ello se deduce que ninguna teoría científica es determinante.

Abandona Viena tras la anexión de Austria por Hitler y se traslada a Nueva Zelanda, de donde no regresaría hasta que concluyó la Segunda Guerra Mundial. Publicó en 1945 La miseria del historicismo y La sociedad abierta y sus enemigos. Pretende demostrar en ambos libros, mediante la aplicación de la metodología científica a las ciencias sociales, cómo el historicismo ha llevado al marxismo y al fascismo. En estas obras aparece como un decidido defensor del liberalismo moderno.

Desde 1946 hasta su jubilación en 1969 impartió clases de Lógica y Metodología científica en la School of Economics de Londres. Recuerda este periodo en su Autobiografía como la época feliz de su vida ya que pudo dedicarse por entero a la solución de problemas filosóficos. En el transcurso de una famosa discusión con Wittgenstein sobre si existían o no verdaderos problemas filosóficos, dice de sí mismo: “sospecho que he sido el filósofo más feliz que jamás haya encontrado”. Además de oponerse al neopositivismo también critica la filosofía del lenguaje, el fenomenismo, el idealismo, el pragmatismo, la escuela de Frankfurt, etc.

Viaja a América en 1950, da conferencias en las principales universidades y discute con Einstein sobre determinismo e indeterminismo. En 1962 publica El desarrollo del conocimiento científico: Conjeturas y refutaciones. Defiende en esta obra que la ciencia avanza mediante conjeturas en forma de hipótesis, cuya posible falsedad se intenta eliminar sometiéndolas a un permanente intento de refutación por los hechos. Tras su jubilación continuó su intensa actividad con nuevas publicaciones y conferencias.

En 1972, publica Conocimiento objetivo, donde critica la teoría del conocimiento tradicional.

El conocimiento científico no busca directamente la verdad sino el desarrollo y crecimiento de la ciencia. La ciencia avanza por intuiciones y conjeturas que, formuladas como hipótesis, se han de presentar como tentativas de solución de un problema. Esta hipótesis ha de acompañarse con argumentos críticos y el permanente sometimiento a pruebas para que, de momento, se pueda descartar su falsedad.

En esta obra presenta también su teoría de los tres mundos:

Mundo 1: mundo de los objetos físicos, las cosas;

Mundo 2: mundo de la conciencia, procesos del pensamiento;

Mundo 3: mundo de los productos objetivados, la cultura.


En 1974 publica Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual. En 1977, El yo y su cerebro en colaboración con el fisiólogo y Premio Nobel, John Eccles, a quien había conocido en su estancia en Nueva Zelanda. En esta obra se plantea el problema de la interacción entre el cuerpo y la mente.

En 1975 comenzó la redacción de sus apéndices a la lógica de la investigación científica y constituyen el núcleo de sus últimos escritos importantes con el título de: Postscriptum: Después de veinte años, (están editados en castellano en tres volúmenes: Realismo y objetivo de la ciencia, El universo abierto y Teoría cuántica y cisma en la física); en ellos reitera, pule y reelabora sus teorías fundamentales expuestas en sus anteriores obras:

· Es preciso establecer un criterio de demarcación para distinguir los enunciados científicos de los que no lo son.

· No es válido el principio de verificación, propuesto por el neopositivismo, como criterio de demarcación puesto que la verificación absoluta en la ciencia es irrealizable.

· El criterio válido para dar categoría de científica a una proposición es el criterio de falsabilidad: Una teoría será científica si es susceptible de ser falsada por la experiencia.

· Una teoría es falsable cuando puede quedar lógicamente referida a uno o varios enunciados, posible objeto de contrastación inmediata en la experiencia.

· La falsación consiste en la comprobación de que un enunciado es falso por no haber superado las pruebas, lo cual demostraría la falsedad de la teoría.

· Un enunciado que resiste la prueba de falsación puede ser considerado provisionalmente como útil para actuar sobre la realidad.

· El conocimiento científico no busca la certeza en sus enunciados ni la verdad de los mismos, sino su verosimilitud o proximidad a la verdad.

· Todo enunciado que no admite ser falsado empíricamente no es un enunciado científico, sino una proposición metafísica.

· El criterio de falsabilidad es convencional: la comunidad científica decide los criterios de la ciencia.


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Publicado el 27 julio 2008 - 07:07




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Un artículo largo y para reflexionar...

En: Ciencia Kanija

El Portal Indispensable

http://www.cienciakanija.com/


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Subido por Kanijo, viernes, 25 de julio de 2008



¿ES LA FE EL ENEMIGO DE LA CIENCIA?


Is Faith The Enemy Of Science?

Richard MacKenzie

Physique des particules, Université de Montréal
C.P. 6128, Succursale Centreville, Montréal Qc H3C 3J7

[email protected]

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Algunos lectores de este artículo tal vez hayan visto la entretenida charla plenaria que invitaba a reflexionar en el congreso CAP 2007 en Saskatoon. Puede que recuerden que el primer individuo en levantar la mano durante el turno de preguntas lo hizo de una forma casi Horshackiana, y que afirmó rotundamente que estaba en profundo desacuerdo con la siguiente afirmación hecha por Krauss en el reto de enseñar ciencia al público:

La fe no es el enemigo de la ciencia. La ignorancia es el enemigo


Ese descarado individuo era yo, y me gustaría explicar por qué estoy en desacuerdo con esa afirmación – hasta el punto que estaría inclinado a ir más lejos e intercambiar las palabras “fe” e “ignorancia”.

Recordemos que la charla de Krauss, titulada “Vender ciencia a compradores poco dispuestos”, se preocupaba por cómo enseñar ciencia al público general – el comprador poco dispuesto – debatiendo sobre aplicaciones de la ciencia que interesan al comprador, en lugar de la aproximación más tradicional de enseñar la ciencia de “abajo a arriba” la cual podría ser por sí misma responsable, en parte, del preconcepto de que la ciencia es aburrida. Krauss charló sobre el actual (y abismal) estado de analfabetismo científico en los Estados Unidos, sus causas subyacentes, y cómo mejorar la situación. Dando tal charla a una audiencia de físicos, Krauss estaba en su mayor parte predicando entre convertidos, y yo mismo estaba casi por completo de acuerdo con todo lo que dijo, excepto por la frase citada arriba, que encontré profundamente discordante con el resto de la charla.

Permíteme comenzar con algunas definiciones básicas para los dos términos clave en esta discusión, “ciencia” y “fe”.

La ciencia es el estudio de los fenómenos naturales de forma que podamos comprender y explicar el mundo que nos rodea. Esto puede ir junto con el objetivo final de servir a la humanidad con los avances tecnológicos como la rueda, la agricultura y la televisión (presumiblemente los “reality” de TV no se previeron por aquellos que imaginaron que la televisión mejoraría las condiciones humanas), o puede simplemente ser por el hecho de comprender cómo funcionan las cosas que nos rodean.

Byron Jennings entró en mayor detalle sobre la naturaleza de la ciencia de lo que yo intento hacer aquí, pero la herramienta fundamental de la ciencia es el método científico: hacer observaciones cuidadosas o realizar experimentos controlados, desarrollar una teoría que explique los resultados, hacer predicciones a partir de la teoría y poner a prueba la teoría con posteriores observaciones.

Aunque esta es sin duda una visión simplista sobre cómo los científicos hacen ciencia, y seguramente muchas excepciones notables, es probablemente una representación precisa de la forma en la que la mayor parte de los científicos trabajan.

Por “fe” me refiero a una creencia sin sustento. Ahora, “sin sustento” es algo bastante subjetivo y no es un concepto binario, pero no vamos a distraernos demasiado con detalles pedantes. El “algo” puede ser simplemente algo como: que los Montreal Canadiens van a ganar la Stanley Cup, que toda la materia y energía están hechas de diminutas cuerdas vibrantes, o que existe un gran poder benévolo que nos ama y cuida de nosotros, pero que regularmente prueba nuestra fe lanzando eventos cataclísmicos sobre nosotros los cuales dejan cientos de miles de muertos o sin esperanzas. (Por supuesto son inconvenientes menores comparado con la evolución del Sol hacia una gigante roja que nos espera en unos pocos miles de millones de años aproximadamente).

Estos tres ejemplos ilustran la amplitud del término fe (o mi definición, al menos). La creencia de que los Canadiens van a ganar la Stanley Cup no es una afirmación sobre una realidad actual, sino sobre una realidad futura. Puede haber algunas medidas o justificaciones para mantener esta creencia, y la justificación puede ser convincente o no, por lo que este no sea tal vez el mejor ejemplo de creencia sin sustento. Pero finalmente los Canadiens ganarán la Stanley Cup o no, dejando de ser una creencia dejando al creyente con el deleite de que sabía algo que el resto no conocía, u olvidando tranquilamente que alguna vez tuvo tal creencia.

La creencia en la Teoría de cuerdas, por contra, es una afirmación sobre una realidad en curso, a todos los intentos y propósitos eterna. Esté o no hecha de cuerdas la materia; hasta donde yo sé, nadie cree que esta descripción llegó la semana pasada, o que no vaya a ser válida la semana que viene.

¿Tiene sustento la creencia en la Teoría de cuerdas? De nuevo, este es un punto complicado. Algunos han argumentado con gran fuerza la siguiente afirmación: La Teoría de Cuerdas no sólo no tiene base sino que es incomprobable – es decir, que nunca tendrá sustento. Este punto de vista a menudo es retratado como “rebajar” la Teoría de Cuerdas a una “mera” religión o filosofía. Argumentaré contra ambos puntos (aunque quedaré muy lejos de la vista contraria mantenida por cierto físico teórico canadiense que, irónicamente, dejó caer un lápiz para “demostrar” la validez de la Teoría de Cuerdas).

Primero, aunque no existe evidencia directa para la Teoría de Cuerdas, existen razones científicas legítimas para tomarla en serio como una descripción del mundo que nos rodea. El hecho de que sea una Teoría Cuántica de la Gravedad ya vale la pena considerarla, a pesar de algunos obstáculos menores que quedan por superar tales como explicar la dimensionalidad observada del espacio-tiempo.

Segundo, incluso si los escépticos consideran el anterior argumento un poco débil, la Teoría de Cuerdas ciertamente no es incomprobable. Finalmente la Teoría de Cuerdas hará, presumiblemente, predicciones reales (si este no es el caso, entonces yo también estaría de acuerdo en su degradado a religión o filosofía), y su validez será entonces apoyada o contradicha por los experimentos u observaciones futuras. En el primer caso, la Teoría de Cuerdas no habrá demostrado ser la descripción correcta de la realidad, pero su credibilidad dará un paso de gigante, dejando a muchos viejos escépticos precipitándose por comprender por qué los teóricos de cuerdas dibujan lo que al ojo no entrenado parecer ser bollos en una pizarra y los describen como geometría AdS compactadas. En el segundo caso, la Teoría de Cuerdas debe ser rechazada, o modificada de tal forma que entre en acuerdo con las observaciones o experimentos “ofensivas”.

El tercer ejemplo de fe es bastante diferente. Al igual que el segundo, es una afirmación sobre una realidad eterna; no obstante (hasta donde puedo ver, al menos) no es una creencia que algún día pueda comprobarse (a menos, por supuesto, que el gran poder envíe una señal indiscutible hacia nosotros). Siendo así, este es tal vez el ejemplo perfecto de creencia sin sustento. Imagino que es este tipo de fe, ya lo llames fe religiosa, creencia en Dios, o como sea – que Krauss tenía en mente en su charla, y que la mayoría de nosotros asociamos con la palabra “fe” en cualquier caso, por lo que me ceñiré a esta definición de fe de aquí en adelante.

¿Cuál es, entonces, la relación entre la fe y la ciencia? Para abreviar, en mi opinión son diametralmente opuestas una a otra. La piedra angular de la fe es la ceguera, la aceptación sin cuestionar; la de la ciencia es la observación y el escrutinio – y la reticencia a aceptar que una creencia conservadora es incorrecta si entra en conflicto con las observaciones. Es difícil imaginar dos visiones del mundo más opuestas que eso.

Tuve una potente ilustración del contraste entre ambas cuando (como sucede cada dos meses aproximadamente) los Testigos de Jehová llegaron a mi puerta a promocionar su religión. Yo soy tal vez de una minoría que realmente disfruta charlando con ellos; la conversación siempre es muy cívica y respetuosa, aunque hasta la fecha no han tenido éxito al iluminarme (ni yo a ellos).

En algún punto, logré contar a mis visitantes que estaría muy feliz de creer en Dios, pero que, tras una considerable reflexión, no se me ocurre ninguna razón por la que debería. Para ellas, todas las pruebas que yo pudiese necesitar se encuentran en la Biblia, cuyas muchas predicciones se han hecho todas verdad con absoluta precisión. (Una vez se me ofreció el siguiente ejemplo: que el mundo se llenaría de miseria y maldad). Tras asegurarme que ellos sostienen cada una de las palabras de la Biblia (dado que, después de todo, es la palabra de Dios), les pregunté sobre el hecho de que se sabe que el universo tiene miles de millones de años y no miles … y el retroceso se inicia: la palabra de Dios es un objetivo en movimiento.

La razón por la que saco esto a colación es que siento que simplemente soy un científico y no un ateo cuando cuento a mis visitantes proselitistas que necesito una razón para creer en Dios. El origen del universo es para mi un misterio tan grande como para cualquiera, y tal vez fue creado por un Creador … pero aquí es hasta donde mi minimalismo y la filosofía científica me permitirán llegar sin más evidencias. Evocar una noción precisa y bien definida de Dios (una noción humanizada, si lo deseas) que creó el universo, la vida, y el hombre a su propia imagen es una enorme extrapolación sin base que está grotescamente injustificada, perfectamente ilustrada por la analogía de la tetera celestial de Bertrand Russell y más recientemente de una forma más ligera, por el Monstruo del Espagueti Volador. Me debo a mi mismo como científico el intentar minimizar el número de suposiciones que hago en mi filosofía de vida, de la misma forma que lo hacen todos los científicos en la formulación de cualquier fenómeno observable. ¿Creador? Tal vez. ¿Un Dios quien, aunque omnipotente, esperó 15 mil millones de años antes de tener un hijo de acuerdo con una de las religiones más extendidas? Creo que no.

Recientemente, un colega me dijo que él creía en Dios pero que separaba este lado de su filosofía del lado científico. Aunque nuestra conversación revidó a una dirección distinta, se me ocurrió que podría cuantificar su filosofía de vida mediante un punto en un plano cuyos ejes son “cientificidad” y “fe” o “religiosidad”. Si el origen es neutro a ambos, pensaría que se pondría a sí mismo en el primer cuadrante, dado que es bastante científico y obviamente al menos algo religioso.

En mi opinión, sólo es necesaria una de las dimensiones, con la ciencia a la derecha, por ejemplo, y la fe a la izquierda. Cuanto más científica sea una persona, menos propensa es a aceptar nociones como una verdad sin una razón para aceptarla, por lo que menos inclinado está a una creencia sin sustento – la fe. Por lo que en realidad vemos que fe y ciencia son antagónicas.

Pero, ¿hasta qué punto es la fe enemigo de la ciencia? Este es un punto complicado.

¿Obstruye la fe a los científicos al hacer ciencia? Aparentemente no; claramente no hay escasez de científicos religiosos que hacen una ciencia buena y respetable, aunque la combinación me impacta al tener cuando menos n grado de inconsistencia interna. Pero argumentaría que la abrumadora mayoría de la ciencia moderna está lejos de la arena de un potencial conflicto. Simplemente no importa cómo de fuerte es la fe de un investigador cuando elimina átomos de la superficie de un sólido con un láser o cuando estudia corrientes magnéticas en el Sol. La ciencia está tan increíblemente especializada que un estudiante puede obtener un doctorado en física de partículas son tener idea de lo que es la supersimetría, ya ni decir sobre la preocupación de cómo y para qué propósito (si es que hay alguno), se creó el universo.

Es más, podemos ir un paso más lejos y observar que incluso la arena de un potencial conflicto – el estudio del origen del universo, por ejemplo – no está en conflicto con la fe, per se (aunque es obviamente un conflicto con una interpretación literal de la Biblia). Volvemos a observar que la religión – fe – no es falsable debido a que ninguna observación científica puede argumentarse que sea simplemente porque Dios así lo quiso. En una reciente serie de artículos, Don Page argumentaba (entre otras cosas) que una idea actual de la cosmología, el multiverso, así como la evolución Darwiniana, no debería percibirse como una amenaza a la teología cristiana, aunque ambas se perciben ampliamente como tales. Dada esta “cláusula de escape de no-falsabilidad”, la conclusión de Page me impactó como algo autoevidente, aunque depende en gran medida de cómo de maleable sea la teología, o en otras palabras cómo de estrechamente se define la teología cristiana. PersonaImente tuve dificultades en reconciliar la evolución e incluso un único universo (ni que decir del multiverso) en el cual nuestro planeta es sólo un extraordinario grano de arena en una playa, por una parte, con la idea de que la humanidad es algo más importante para Dios que los dinosaurios, digamos, o las amebas, o cualquier otra vida en el universo, por otra parte. Dado que lo último parece ser una piedra angular de la teología cristiana, creo que me sentiría bastante amenazado si suscribiera la teología cristiana.

El balance final es que la observación directa demuestra que la fe no obstruye a los científicos al hacer ciencia. Dicho esto, hay muchos que se retratan a sí mismo como científicos, y que debido a su fe, están haciendo una rama de la ciencia que es una indignidad para la palabra. Tengo en mente particularmente a aquellos cuyo principal objetivo en la ciencia es avanzar sobre una agenda basada en la fe. Uno debe preguntarse si estos individuos, que probablemente tienen una cantidad razonable de talento científico, no podrían estar haciendo ciencia respetable si su cientificidad hubiese sido más fuerte, o su religiosidad más débil.

¿Obstruye la fe a los no científicos de aprender ciencia? Argumentaría que sí lo hace, por distintas razones.

Primero, está el tema de lo que se enseña en las escuelas, y quién lo enseña. Son bien conocidos los esfuerzos de los grupos fundamentalistas cristianos por evitar la enseñanza de la evolución en las escuelas de los Estados Unidos, y en su defecto, el avance del diseño inteligente (un primo cercano del creacionismo) como una teoría científica rival, y como tal, merecedora del mismo tiempo de clase – a pesar de la abrumadora evidencia científica a favor de una y no de otra.(“Ninguna para la otra” es una burda incorrección, de hecho, ya que implica que podría en principio tener alguna prueba a su favor. Pero la creación es por su propia naturaleza algo no científico debido a que no es una observación falsable). Habitualmente se disputan batallas sobre este tema (y no sólo en los Estados Unidos, por cierto: el tema de la enseñanza del creacionismo en las escuelas ha estado en las noticias del Reino Unido y Canadá recientemente).

La ciencia se ha mantenido habitualmente por encima, afortunadamente, pero la guerra continúa.

Segundo, organizaciones tales como el Instituto del Descubrimiento con sede en Seattle y la Fundación John Templeton (ambas con sus bolsillos repletos) están asociadas a una campaña distinta, más indirecta y por tanto más peligrosa, en la “guerra” contra la ciencia: difuminar las diferencias entre ciencia y religión. El instituto del Descubrimiento es una organización cristiana con varias filiales, dos de las cuales son en Centro para la Ciencia y la Cultura y el Instituto Biológico. Estos son nombres que suenan bastante científicos, por lo que uno supondría que estos institutos están embarcados en algún tipo de pensamiento o investigación científica. Pero su misión principal es el avance en la idea del diseño inteligente como una teoría científica seria en competición con la evolución.

El público no científico corre el riesgo de caer en la trampa cuidadosamente tendida de asociar el creacionismo con la ciencia. Más adelante (si el Instituto del Descubrimiento logra su objetivo), juntas escolares, votantes y representantes electos a todos los niveles del gobierno no estarán seguros de qué es ciencia y qué no lo es. Si crees que esto es un intento de atemorizar o una exageración de los hechos, simplemente cha un vistazo al hombre que está en la Casa Blanca mientras escribo esto.

El eslogan de la Fundación Templeton es “Apoyando a la ciencia – investigando sobre las grandes cuestiones”.

Aunque en el pasado ha tenido actividades patrocinadas por en Instituto del Descubrimiento, para su crédito, recientemente se ha distanciado del diseño inteligente y del propio Instituto del Descubrimiento.

No obstante, su principal impulso puede describirse como intentar difuminar la línea entre la ciencia y la religión. El ofrecimiento principal de la Fundación es un premio cuyo valor está ajustado de tal forma que supera financieramente al del Premio Nobel (obteniendo, por tanto, publicidad y probablemente credibilidad a los ojos del público atontado por los dólares), para “el progreso en la investigación o descubrimientos sobre realidades espirituales”. Los primeros ganadores incluyen a la Madre Teresa y Billy Graham, pero los premios recientes han sido otorgados a científicos, incluyendo a físicos como Paul Davies y Freeman Dyson.

La tercera – y para mi la más importante pero menos cuantificable y por tanto más polémica – forma en la que la fe se cruza en el camino de las enseñanzas no científicas se retrae a la relación antagonista entre fe y ciencia. La aceptación ciega que es el vestíbulo de la fe podría, de no limitarse a la arena de la teología personal (es más, ¿por qué debería estar tan limitada?), comprometer la capacidad de pensar críticamente, un ingrediente clave en el pensamiento científico. Creo que en todos los aspectos de la vida, científicos y no científicos, debemos guiarnos por un pensamiento crítico y sentido común. (El último es un tema complejo, como se ejemplifica en la expresión “El sentido común de un hombre es un sinsentido para otro”. Tengo en mente un tipo de intuición o guía de juicio para el tipo de pensamiento científico y analítico que espero promover en nuestros estudiantes). Este siempre ha sido el caso, pero tal vez es cierto ahora más que nunca, dada la cantidad de insensateces mostrables en Internet a sólo uno o dos clicks de tu ratón.

Una saludable cantidad de escepticismo nos ayuda a evaluar si deberíamos creer lo que escuchamos o leemos. La aceptación ciega por autoridad no es una buena guía debido a que puede encontrarse virtualmente una autoridad que avance en cada dirección de cada tema, ya sea grande (si el ser humano es responsable o no del calentamiento global), pequeño (si deberíamos hacer estiramientos antes o después del ejercicio), o cualquiera intermedio.

Antes de aceptar una idea como válida, debe ser escrutada, o pasar por la “prueba del sentido común”. ¿Deberíamos creer que las lejanas estrellas y planetas tienen algún tipo de relación con mi vida diaria? Después de pensar sobre esta cuestión durante algún tiempo, no puedo concebir un mecanismo conocido para que esto suceda, por lo que tengo dudas, como mínimo: la astrología ha fallado la prueba del sentido común. Fallar en este test no es una prueba de que la idea sea falsa, por supuesto, pero coloca el “peso de la prueba” sobre la idea. Todas las religiones creo que fallan espectacularmente, debido a que incluso si no entran en conflicto directo con las observaciones científicas (el ejemplo mejor conocido de esto es, tal vez, la Biblia), colocan una gran importancia en fenómenos que nunca han sido observados bajo condiciones controladas (por ejemplo, las distintas [y nunca mutuamente incompatibles] nociones de vida después de la muerte encontradas en muchas religiones comunes).

Si uno se adhiere a tal sistema de creencias, se abre una especie de caja de Pandora. Se podría creer también que cierta gente tiene la capacidad de leer la fortuna, que el agua (etiquetada como medicina homeopática) puede curar virtualmente cualquier enfermedad, que nos reencarnaremos después de la muerte en una forma determinada por nuestro comportamiento en esta vida, etcétera. Como científicos podemos reírnos de estas creencias, aunque están muy extendidas, y son sintomáticas de una visión del mundo no científica, o, de forma equivalente, de una capacidad defectuosa de usar la prueba del sentido común.

Esta incapacidad, a mi entender, es un gran impedimento para comprender el mundo que nos rodea y es un impedimento para aprender ciencia.

Krauss dio varios ejemplo de analfabetismo científicos en los Estados Unidos, lo cual sería divertido si no fuera cierto. La más espectacular de ellas fue que sólo el 50% de los encuestados en un estudio reconoció que la Tierra da una vuelta alrededor del Sol en aproximadamente un año.

Aunque no sé si tales pruebas se han realzado, sería interesante conocer la correlación entre religiosidad y la respuesta dada a esta pregunta.

¿Qué hay de la ignorancia, que de acuerdo con Krauss es el enemigo de la ciencia? Krauss puede perfectamente haber hecho una interpretación más coloquial de ignorancia como un terco rechazo a la aceptación de nuevas ideas, pero la ignorancia puede en realidad significa carencia de conocimiento. Para mí, si el objetivo es educar al público, entonces en cierto sentido Krauss tiene razón: la ignorancia es el enemigo. Sin embargo, me inclino a pensar que una persona ignorante pero de mente abierta, más que ser un enemigo, es exactamente donde pueden hacerse más progresos en la educación del público, por lo que en lugar de ver la ignorancia como el enemigo, lo vería como el objetivo principal, donde los recursos pueden usarse con mayor efectividad. Es mucho más fácil escribir en la pizarra en blanco de un ignorante que tenga la mente abierta que tener que borrar primero nociones preconcebidas que vayan en contra de la crítica necesaria para desarrollar una comprensión científica del mundo que nos rodea.

En resumen, he argumentado que la fe y la ciencia representan visiones antagonistas del mundo: la aceptación ciega es la piedra angular de la fe, y es diametralmente opuesta al escepticismo de mente abierta de un científico. Creo que la fe puede efectivamente impedir a los no científicos aprender ciencia, tanto indirectamente (en términos de la elección de un currículo escolar) como directamente (dado que la fe por su propia naturaleza y definición va contra una forma de pensar científica).

Stevie Wonder lo dijo mejor que nadie: “Cuando crees en cosas que no comprendes, entonces sufres. La superstición no es el camino”.


Autor: Richard MacKenzie
Fecha Original: 24 de julio de 2008
Enlace Original: http://arxiv.org/ftp...7/0807.3670.pdf



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1. CIENCIA

1.1. Ciencia y Sociedad


Por José Antonio Lozano Teruel

Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular.

Facultad de Medicina.

Universidad de Murcia.


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¿MATA LA CIENCIA A DIOS?

14-05-2000




Carl Sagan, famoso astrónomo y escritor, fallecido en 1996 escribió que "No hay nada que tenga que hacer un Creador y, por tanto, cualquier persona capaz de pensar debería admitir la inexistencia de Dios". Por el contrario, el pasado verano, el Departamento de Educación de Kansas decidía eliminar la teoría evolutiva de Darwin del currículo educativo científico escolar, "por no estar de acuerdo con los relatos bíblicos".

Para el ser humano, en todas las épocas, ha constituido un afán constante el intentar comprender el mundo que le rodea y las normas o leyes a las que está sometido. Simultáneamente fue construyendo y divulgando una imagen de Dios que fuese compatible, en cada momento, con la concepción del mundo existente. Ello ha producido unas complejas relaciones entre la Ciencia y la Religión ¿Conflicto e incompatibilidad?. ¿Posturas incomprendidas, más que antagónicas?. ¿Visiones complementarias?. Es imposible realizar un análisis del problema, siquiera somero, en los límites de una colaboración divulgativa como ésta. Por ello, nos limitaremos a relatar el modo en que las grandes transformaciones científicas han repercutido profundamente en los cambios realizados por la Humanidad respecto a su imagen de Dios. Como referencia nos servirá una interesante monografía, "El rostro de Dios en la era de la biología", publicada hace unos pocos años en Cuadernos Fe y Secularidad, de la editorial Sal Terrae. Su autor, Ignacio Núñez de Castro, es un destacado investigador y catedrático universitario de Bioquímica y Biología Molecular, aparte de jesuita y doctor en Teología.



CIENTÍFICOS.



El gran seguidor de Darwin y zoólogo alemán Ernst Haeckel entendió la evolución como la base de una explicación unificadora de toda la naturaleza y la razón de una aproximación filosófica que significaba la negación de la existencia de una causa final y de las teleologías de las iglesias.

Acorde con ello, se expresaba así.. "La creación por Dios es increíble y contraria a toda experiencia. No nos queda, pues, otro remedio que creer en la generación espontánea de las formas más simples de vida".

¿Ostentan una postura antirreligiosa similar la mayoría de los científicos?.

Diversas encuestas, incluso recientes, indican que el modo de pensar de los científicos es muy parecido al del resto de la sociedad en la que se encuadran y que, a pesar del vertiginoso avance científico habido en los últimos años, tal avance no ha repercutido negativa y sensiblemente en sus creencias íntimas. Por ejemplo, como contrapunto del testimonio citado de Carl Sagan se puede aducir el de otro notable astrónomo actual, Allan Sandage, cuyas observaciones sobre las estrellas lejanas fueron determinantes para lograr conocer detalles sobre la edad y la expansión del Universo. Sandage, ateo practicante en su juventud, a los 50 años afirmó que: "fue mi Ciencia la que me condujo a la conclusión de que el mundo es mucho más complicado que lo que puede ser explicado por la Ciencia. Únicamente aceptando lo sobrenatural puedo comprender el misterio de la existencia".

Asimismo, es cierto que muchos de los creadores de la Ciencia moderna, como Copérnico, Galileo, Newton o Descartes, fueron profundamente creyentes. Incluso Darwin, a pesar de las presiones a las que fue sometido, nunca llegó a confesarse ateo, sino un discreto agnóstico: "jamás he sido un ateo en el sentido de negar la existencia de Dios". Y, más contemporáneamente, el gran Einstein llegaba a escribir que "La experiencia más bella y profunda que puede tener el hombre es el sentido de lo misterioso...el percibir que, tras lo que podemos experimentar, se oculta algo inalcanzable a nuestro espíritu, algo cuya belleza y sublimidad se alcanza solo indirectamente y a modo de pálido reflejo, es religiosidad. En este sentido yo soy religioso".


IMÁGENES.



Dejando aparte al Dios revelado cristiano, una primera gran imagen de Dios, sería la aristotélica, seguidora de la de Platón. Se trataba de un Ser Necesario, el Dios cosmológico nacido al contemplar el hombre, fascinado, el orden del cosmos y llegar a la conclusión de que, ante ello, resultaba lógica la existencia de un Ser principio y fundamento de todas las funciones y necesidades del Universo. Sería un Dios no participativo en la historia.

Sin embargo, la primera revolución de la Física, a comienzos del siglo XVII, hizo pensar que la Ciencia, mediante el lenguaje matemático, sería capaz de descubrir la verdad global de la naturaleza. Por ello, desde entonces, hasta el siglo XIX, predominó una mentalidad mecanicista y determinista en la que el comportamiento de los sistemas complejos es el resultado del de sus partes, describibles mediante las adecuadas funciones. El mundo se podía considerar, siguiendo la exposición realizada por el Premio Nobel Ilia Prigogine, como un inmenso reloj, con mecanismos entrelazados sometidos a una racionalidad exterior, de acuerdo con un plan, que sus engranajes realizarían ciegamente. La consecuencia lógica fue la de llegar a la idea del Dios relojero, o del Dios arquitecto, una especie de Gran Planificador, al que se le podrían aplicar muchas de las perfecciones encontradas en la Teodicea cristiana: Ser Necesario, Absoluto, Autosuficiente, Impasible o Inmutable.

En la transición entre los siglos XIX y XX tuvo lugar la crisis del mecanicismo, con la aparición de conceptos científicos como la geometría no euclidiana, la teoría de la relatividad o los nuevos modelos atómicos. Además, el principio de incertidumbre de Heisenberg excluía las leyes determinantes totalmente exactas. El Universo físico no sería un accidente y no resultaba inteligible con los únicos recursos de la razón humana. Este enfoque ayudaba a sugerir la existencia de un Principio de Inteligibilidad, un Dios-Mente que, según Einstein, se revelaría en la armonía de lo existente, sin que fundamentalmente se hubiese de ocupar de los actos o suerte del hombre. Aunque, en todo caso, el carácter personal de Dios, su relativa comunicabilidad o incomunicabilidad, depende enormemente de la sensibilidad y personalidad de cada uno de los exponentes de este concepto de Dios.


BIOLOGÍA.



La revolución biológica actual deja patente que la característica principal de nuestro mundo es la de la emergencia, es decir, la capacidad de reproducir y multiplicar estructuras muy complejas y organizadas, así como de desarrollar evolutivamente formas estructurales cada vez más complejas.

La vida nos aparece como un orden surgido del caos, con un intercambio continuo de materia, energía e información. Y ello conduce a la biodiversidad, así como a la independencia y autonomía de los seres vivos. Cada ser vivo, en su genoma, cuenta con un programa a desarrollar. En el ser humano el programa se hace consciente y la expresión más elevada de la emergencia es nuestra capacidad de decisión, de libertad. Y una pregunta se hace inmediata: ¿todo ello ocurre sin sentido, sin causa?.

Pretendería responder a esa pregunta una nueva idea de Dios. Se trataría de un modelo muy relacionado al considerado por Teilhard de Chardin con su ley de complejidad-conciencia: un Dios no estático, que más que Principio de Necesidad sería Principio de Emergencia. Un Dios evolutivo, parafraseando al Dios que, según algunos textos bíblicos, "hace las cosas nuevas". El mundo según nos dice la Ciencia, sigue emergiendo, no está finalizado. En términos teológicos ello significa que el mundo sigue siendo creado y que el Dios evolutivo sería el futuro del mundo. Es curioso que esta idea de un Dios evolutivo está en bastante consonancia con el, en la práctica olvidado, precepto bíblico del Deuteronomio de no construir imágenes definitivas de Dios.


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#7 Ge. Pe.

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Publicado el 23 octubre 2008 - 10:59







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En: Ciencia Kanija

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jueves, 23 de octubre de 2008


Los creacionistas declaran la guerra en el cerebro





“No se puede sobreestimar”, tronaba el psiquiatra Jeffrey Schwartz, “cómo de amenazada está la clase dirigente científica por el hecho de que ahora parece que el paradigma materialista está auténticamente colapsando.

Vais a oír mucho en las próximas fechas sobre… cómo la explicación de Darwin sobre cómo surge la inteligencia humana es la única forma científica de hacerlo… Yo pido que como comunidad mundial salgamos ahí fuera a decirle a los dirigentes científicos, ¡ya es suficiente! El materialismo tiene que empezar a apagarse y las causas no materialistas tienen que comprenderse como parte de la realidad natural”.

Su entusiasmo fue seguido de una gran cantidad de aplausos de la audiencia reunida en el salón de conferencias Este de Manhattan de las Naciones Unidas el 11 de septiembre en un simposio internacional llamado Beyond the Mind-Body Problem: New Paradigms in the Science of Consciousness (Más allá del problema mente-cuerpo: Nuevos paradigmas en la ciencia de la consciencia).

Anteriormente Mario Beauregard, investigador de neurociencia en la Universidad de Montreal, Canadá, y coautor de The Spiritual Brain: A neuroscientist’s case for the existence of the soul (El cerebro espiritual: El argumento de un neurocientífico por la existencia del alma), dijo a la audiencia que la “batalla” entre los científicos “inconformistas” como él mismo y aquellos que “creen que mente es lo que hace el cerebro” es una “guerra cultural”.

Schwartz y Beauregard son parte de un creciente movimiento de “neurociencia no material”. Intenta resucitar el dualismo Cartesiano - la idea de que cerebro y mente son dos tipos de cosas totalmente distintas, material e inmaterial - en la esperanza de que tendrán un hueco en la ciencia para las fuerzas sobrenaturales y el alma.

Los dos han firmado la petición de “Disidencia científica del Darwinismo”, encabezada por el Instituto del Descubrimiento con sede en Seattle, cuartel general del movimiento del diseño inteligente. El DI argumenta que la vida biológica es demasiado compleja para que haya surgido a través de la evolución.

En agosto, el Instituto del Descubrimiento llevó a cabo su “Reunión informativa para miembros sobre el diseño inteligente” de 2008, a la cual Schwartz y Michael Egnor, neurocirujano de la Universidad de Stony Brook en Nueva York, fueron invitados a hablar. Cuando dos de los cinco ponentes principales en la reunión de DI son neurocientíficos, algo está cambiando. ¿Podría ser que el siguiente campo de batalla de la guerra científica del movimiento del DI esté en el cerebro?

Bien, el movimiento ciertamente parece esperar que el estudio de la consciencia resulte ser la “tumba del Darwinismo”, como Denyse O’Leary, coautora junto con Beauregard de The Spiritual Brain (El cerebro espiritual), dice.

De acuerdo con dos defensores del DI, el “verdadero problema” de la consciencia – cómo nuestras experiencias subjetivas surgen del mundo objetivo de las neuronas - es el talón de Aquiles no sólo del Darwinismo sino del materialismo científico. Esto encaja con la misión del Instituto del Descubrimiento como subraya en su “documento cuña”, el cual busca “nada menos que derrocar el materialismo y su legado cultural “, para reemplazar la visión del mundo científico por una cristiana.

Ahora el instituto está patrocinando la investigación en “neurociencia no material”. Uno de los receptores de dinero es Angus Menuge, profesor de filosofía en la Universidad de Concordia en Wisconsin, una facultad cristiana, que testificó a favor de enseñar el DI en institutos públicos en la “vista de la evolución” de 2005 en Kansas. Usando una beca del Instituto del Descubrimiento, Menuge escribió Agents Under Fire (Agentes bajo el fuego), en el cual argmentaba que las capacidades cognitivas humanas “requerían de alguna explicación no natural”.

En junio, James Porter Moreland, profesor de la Escuela Talbot de Teología cerca de Los Ángeles y miembro del Instituto del Descubrimiento, avivó las llamas con Consciousness and the Existence of God (Consciencia y la existencia de Dios) . “He estado pensando mucho sobre la consciencia”, escribe, “y cómo podría contribuir a las pruebas de la existencia de Dios a la luz de los fallos del naturalismo metafísico de proporcionar una explicación útil”. La neurociencia no materialista le proporciona una explicación útil: dado que Dios “es” la consciencia, “el teísta no necesita explicar cómo la consciencia surge a partir de lo material. La consciencia está allí desde el inicio”.

Para apoyar adecuadamente el dualismo, sin embargo, los neurocientíficos no materialistas deben demostrar que la mente es algo más que sólo el material cerebral. Para hacer esto, miran hacia algunos de sus experimentos favoritos, tales como la investigación de Schwartz en la década de 1990 sobre gente que sufría un desorden obsesivo-compulsivo. Schwartz usó tecnología de escáner para observar los patrones neuronales que se cree que son responsables del DOC. Entonces tuvo paciencias que usaron su “atención consciente” para cambiar los procesos de pensamiento, y esto se mostró en los escaneos cerebrales: los pacientes podrían alterar sus patrones de disparo neuronal a voluntad.

A partir de tales experimentos, Schwartz y otros argumentan que dado que la mente puede cambiar el cerebro, la mente debe ser algo aparte del cerebro, algo no material. El hecho es que estos experimentos son totalmente consistentes con la neurología establecida – el material cerebral cambia el material cerebral.

Pero William Dembski, uno de los padres fundadores del DI y miembro veterano del Instituto del Descubrimiento, elogió el trabajo de Schwartz por proporcionar “un soprote teórico para la irreductibilidad de la mente al cerebro”. El sitio web de Dembski demuestra que actualmente está coeditando The End of Materialism (El final del materialismo) junto a Schwartz y Beauregard.
Mientras tanto, Schwartz ha estado trabajando junto a Henry Stapp, físico en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley del Departamento de Energía de los Estados Unidos, que también habló en el simposio. Han estado desarrollando unas interpretaciones no estándar de la mecánica cuántica para explicar cómo la “mente no material” afecta al cerebro físico.

Claramente, aunque hay un intento genuino de apropiarse de la neurociencia, no influirá en las leyes educativas de los Estados Unidos de la forma que pueden hacerlo las campañas anti-evolutivas, dado que la neurociencia no se enseña como parte del núcleo curricular en las escuelas públicas. Pero como Andy Clark, profesor de lógica y metafísica en la Universidad de Edimburgo, en el Reino Unido, enfatiza: “Esto es realmente peligroso y viene a nuestro encuentro”.

Tanto él como otros están preocupados por el hecho de que los científicos aún tienen que descifrar el gran misterio de cómo la consciencia podría surgir a partir del disparo neuronal. “el progreso en la ciencia es lento en muchos frentes”, dice John Searle, filósofo de la Universidad de California en Berkeley. “Aún no tenemos una cura para el cáncer, pero eso no significa que el cáncer tenga una causa espiritual”.

Y para Patricia Churchland, filósofo de la neurociencia en la Universidad de California en San Diego, “es un argumento de ignorancia. El hecho de que algo no esté actualmente explicado no significa que nunca se explicará o que necesitemos un completo cambio no sólo de la neurociencia sino de nuestra física”.

El ataque al materialismo propone hacer justo eso, todo gira en torno a las definiciones. “En una época parecía que toda la causa física estaba tirando y empujando del Newtonismo”, dice Owen Flanagan, profesor de filosofía y neurobiología en la Universidad de Duke en Carolina del Norte.

“Ahora tenemos una nueva comprensión de la física. Lo que cuenta como material ha cambiado. Algunos respetables filósofos creen que podríamos tener que proponer la sensibilidad como una fuerza fundamental de la naturaleza o usar la gravedad cuántica para comprender la consciencia. Esto se extiende más allá de los límites de lo que hoy llamamos “material”, y aún no hemos descubierto todo sobre la naturaleza. Pero lo que descubramos será natural, no sobrenatural”.

Y, tal como observa Clark: “Este es un virus mental especialmente serio debido a que se asienta sobre ideas y preocupaciones que de otro modo sería razonables. Los defensores de tales puntos potencialmente razonables hacen declaraciones como ‘Oh mira, podemos cambiar nuestros cerebros simplemente cambiando nuestras mentes’, pero entonces dan el salto a la afirmación de que la mente debe ser algo distinto y sin base material. Eso no se sigue en absoluto. No hay nada extraño en que nuestras mentes cambien los cerebros si los estados mentales son estados cerebrales: simplemente son cerebros modificando cerebros”.

Esta es la voz de la academia establecida. La percepción pública, no obstante, es una historia distinta. Si la gente puede verse influida por el DI, a pesar de la enorme cantidad de pruebas sólidas para la evolución, ¿cómo de difícil será cuando la ciencia parezca más difusa?

¿Qué pueden hacer los científicos? Han sido criticados por no hacer lo suficiente por enseñar al público sobre la evolución. Tal vez ahora necesiten un empujón preventivo para enganchar a la gente con la ciencia del cerebro – y ayudar al público a apreciar que el cerebro no es un lugar para invocar al “Dios de los huecos”.

Autor: Amanda Gefter
Fecha Original: 22 de octubre de 2008
Enlace Original http://www.newscient...line-news_rss20


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Publicado el 21 noviembre 2008 - 03:15






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Apuntes de una obra de E. Mayr


Gentileza de la Red


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¿Qué es el darwinismo?



Charles Darwin fue la persona de la que más se habló durante la década de 1860. T. H. Huxley, que tantas frases felices acuñó, pronto se refirió a las ideas de Darwin con el nombre de «darwinismo» (1864), yen 1889 Alfred Russel Wallace publicó un volumen completo titulado Darwinism. Sin embargo, desde la década de 1860 no hay dos autores que hayan usado la palabra «darwinismo» exactamente de la misma manera. Como en el viejo cuento de los tres ciegos y el elefante, cada uno de los autores que ha escrito sobre el darwinismo parece haber tocado sólo uno de sus muchos aspectos, pensando siempre que se trataba de la esencia real del significado de este término. Por lo tanto, todos los que han leído el Origen han reaccionado sólo a aquellas partes del libro que o bien apoyaban sus propias ideas preconcebidas o bien estaban en conflicto con las mismas. Lo que no han logrado percibir estos autores es que el darwinismo no es una teoría monolítica que se sostenga o se derrumbe dependiendo de la validez o invalidez de una sola idea.

Esa tradición monolítica empezó en realidad con el propio Darwin, quien a menudo habló de su «teoría del origen de las especies , modificadas mediante la selección natural» (1859, p. 459), como si la teoría del origen común de las especies fuera inseparable de la teoría de la selección natural. La distinción que en realidad existe entre ambas teorías quedó demostrada cuando casi todos los biólogos conocidos adoptaron, poco después de 1859, la teoría del origen común de las especies pero rechazaron la selección natural. Explicaban el origen ya fuera con teorías lamarckianas, finalistas o saltacionistas (Bowler, 1988). Una serie de pasajes del Origen indican la confusión que Darwin tenía al respecto: «El hecho, tal como hemos visto, de que todos los seres orgánicos pasados y presentes constituyan un gran sistema natural, con grupos subordinados a otros grupos, y con grupos extintos que a menudo se sitúan en posiciones intermedias entre grupos recientes, sólo puede comprenderse con la teoría de la selección natural» (1859, p. 478).

En realidad, la organización jerárquica del mundo viviente puede explicarse mediante la teoría del origen común de las especies, pero esto no nos dice absolutamente nada sobre el mecanismo por el cual tuvieron lugar estos cambios.

Incluso en la actualidad hay muchos más autores que hablan de la teoría de Darwin en singular que estudiosos que reconozcan la heterogeneidad del paradigma de Darwin. Incluso autores como Kitcher (1985) y Burian (1989), conscientes de la complejidad del paradigma de Darwin, siguen refiriéndose a la teoría de Darwin en singular. Burian llama a la teoría sintética de la evolución «la variante actual de la teoría de Darwin».

El modo en que se ve al darwinismo depende en gran medida del contexto y los intereses de cada observador. La palabra tiene un significado diferente para un teólogo, un lamarckiano, un mendeliano o un biólogo evolutivo posterior a la síntesis. Otra dimensión que contribuye a la diversidad de opiniones sobre el significado del darwinismo es la geografía: la palabra «darwinismo» ha significado cosas diferentes en Inglaterra, Alemania, Rusia y Francia. Como hemos visto, desde el principio las teorías de Darwin se oponían a una serie de ideologías tales como el esencialismo, el fisicismo, la teología 1

natural y el finalismo, cuya fuerza era diferente en cada uno de los países. Para los partidarios de una u otra de estas ideologías, la palabra «darwinismo» significaba lo contrario de sus propias creencias.

La misma diversidad existe en la dimensión del tiempo. Los conceptos se distinguen de los hechos en que no dejan de cambiar a lo largo del tiempo. Hull (1985) se ha referido con razón a «el desarrollo conceptual como un proceso genuinamente temporal en el que tiene lugar un cambio real». Lo que se llamaba darwinismo en 1859 no se consideraba como tal treinta años más tarde, ya que el término se había transferido a algo muy distinto de lo que había designado en el periodo anterior. Este hecho quedó claramente expresado por Wallace en el prefacio de Darwinism (1889), donde explicaba que Darwin había realizado una labor tan excelente al probar el origen de las especies modificadas que su teoría estaba ya universalmente aceptada como el orden de la naturaleza del mundo orgánico. «Las objeciones que ahora se le hacen a la teoría de Darwin se refieren, exclusivamente, a los medios concretos mediante los cuales el cambio de las especies se produce, no al hecho de que tal cambio ocurra.» Sin embargo, Wallace estaba muy por delante de su tiempo en su defensa de la selección natural.

Los diferentes componentes del paradigma de Darwin son especialmente interesantes en diferentes periodos. En cada una de las fases de la historia del darwinismo, distintas teorías de entre las formuladas por Darwin fueron designadas individualmente como darwinismo: anticreacionismo frente a ortodoxia cristiana, gradualismo frente a saltacionismo mendeliano, seleccionismo frente a lamarckismo o finalismo, etcétera. Este continuo cambio de significado plantea la difícil cuestión de qué es lo que establece la continuidad entre todos estos darwinismos. ¿Tienen estos diferentes darwinismos algo en común? La respuesta es, por supuesto, que todos ellos están basados en el paradigma darwiniano original, tal como se expone en el Origen.

La mejor forma de documentar la gran variedad de significados del término darwinismo es elaborar una lista de diferentes interpretaciones del término encontradas en la bibliografía.

En cada uno de los casos intentaré analizar la validez de tal uso y el contexto temporal e ideológico en el que el término darwinismo fue usado con ese significado. Este análisis histórico nos permitirá dilucidar si alguna de las definiciones propuestas de darwinismo puede ser elegida como la mejor o incluso como la correcta.


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Publicado el 04 febrero 2009 - 07:46





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La actitud científica



Por Antonio Sánchez Ibarra


Publicado el 21 de Enero 2005




¿Qué es ser científico para la mayoría de las personas?



«La Ciencia en ningún momento está totalmente en lo cierto, pero rara vez está completamente equivocada y tiene en general mayores posibilidades de estar en lo cierto que las teorías no científicas».

-Bertrand Russell.



Científico u hombre de ciencia. ¿Qué es ser científico para la mayoría de la gente?

Probablemente entre las respuestas que más abunden en cualquier encuesta con esta pregunta estén:
  • Alguien que realiza investigación.

  • Investigadores en un laboratorio de Universidad o Instituto.

  • Personas extravagantes que sólo piensan resolver problemas.

  • Seres solitarios lejos de la realidad.

  • Con diversas variantes, quizá muchas de las respuestas se aproximen a las aquí planteadas.


Lo cierto es que, a pesar de que vivimos al menos por doce años en un sistema educativo que indica claramente en el artículo tercero de la Constitución mexicana que «En la escuela deben enseñar los descubrimientos de las ciencias». Esto significa una educación fundamentada en una perspectiva eminentemente científica y se nos dificulta responder la pregunta anterior.


Ciencia y educación



Se antoja lo anterior a vivir un proceso escolarizado donde podríamos recrearnos en el desarrollo científico, acorde a cada nivel y obviamenter aterrizando en el presente. Algo que nos daría una perspectiva, ante todo, del pensamiento científico.

Sin embargo, algo ocurre. La Matemática, Física y Química, ciencias puras, se convierten en la pesadilla de estudiantes de todos los niveles y generan los más altos índices de reprobación y traumas que empujan a la mayoría de los estudiantes, a buscar aquellas profesiones que tengan la menor relación posible con ciencias. Curiosamente, tales estudiantes optan por las ciencias sociales, permeadas como máximo por la Probabilidad y Estadística en forma operativa para la investigación de campo.

Pero, el calificativo de ciencias se antoja el implicar un pensamiento científico en todas aquellas que se asocien con lo social. ¿No merece la sociedad el tratamiento de una búsqueda sistematizada de aproximación a la verdad en las leyes, la sociología o la psicología? Tal parece que no, porque tales disciplinas son permeadas por el vaivén de las circunstancias, los intereses políticos y el estatus de mercado.

También durante tal proceso escolar llevamos al menos Metodología de la Ciencia o Técnicas de Investigación. Temo que la materia o cátedra de Filosofía de la Ciencia es una gran ausente incluso de cursos universitarios. Sin embargo, con casos execepcionales, tales materias son protocolos o recetarios al cobijo del gran Mario Bunge.


Ciencia y medios



El tiempo pasa y, como ciudadanos comunes, enfrentados a la cotidaneidad y la supervivencia, terminamos ajenos al mundo aquel que se nos plantea lleno de ciencia y tecnología como la albacea del futuro de la humanidad. En cambio, los medios nos enfrentan constantemente a las amenazas de la ciencia, como son las armas nucleares, los agentes contaminantes, la investigación médica equivocada, los asteroides que pueden impactarse con la Tierra y las tormentas solares.



Una actitud hacia la vida



Entonces, repito: ¿qué son los científicos? ¿qué es la ciencia? Científico no es trabajar en un laboratorio, estar despeinado o ausente.

Científico es una actitud ante todo y, lamentablemente, aquello que precisamente no se enseña en la escuela. ¿A qué actitud me refiero? A la fundamental de una persona con actitud científica: una capacidad de asombro que lo lleva a la búsqueda y un escepticismo necesario para cuestionar todo, incluyendose a sí mismo.

La gran diferencia que tenemos del resto de las especies es precisamente la capacidad de cuestionar, de preguntar.

No sólo de sobrevivir. Esto es evidente y constante durante la niñez. Si no lo recordamos en nosotros, lo podemos ver y experimentar en cualquier niño. Simplemente el querer saber, comprender. Cuando a esa actitud le imprimimos la de la duda, después de ser nosotros mismos las victimas, habremos de ver a alguien que cuestiona cada situación.

Luego, en la escuela, la ciencia no sería específicamente la ecuación de la gravedad de Newton, sino la reflexión que lo llevó a ello, o una ecuación de segundo grado sino el cómo llegar a ese cuestionamiento. La resultante: Seguiríamos como cuando fuimos niños preguntando y también dudando de las respuestas.

En síntesis: ser científico no es trabajar en un laboratorio o dedicarse a investigar el orígen del Universo.

Ser científico es una actitud de preguntarse constantemente y de dudar, en principio de nuestras creencias y de lo que se nos plantea.

Así, un albañil, una ama de casa, un empleado, un intendente o un obrero, pueden tener una actitud más científica en un momento dado que un profesionista, al simplemente tener la capacidad de cuestionar.

La actitud científica, finalmente, no depende del nivel escolar. Esto engloba desde las noticias en el periódico, los enunciados de los políticos, las noticias científicas o la sentencia del profesor. Esto implica, un constante crecimiento como seres humanos y una aproximación, aunque no total pero si cada vez mayor, a la verdad.

Por ello, ser científico no es una profesión, sino una actitud que puede tener cualquiera de nosotros.

Antonio Sánchez Ibarra pernetece al Área de Astronomía de la Universidad de Sonora, México



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Publicado el 15 febrero 2009 - 09:09






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El opio del pueblo


Por Richard Dawkins




Traducido por Gabriel Rodríguez Alberich



El aceite de Gerin (o Geriniol, por dar su nombre científico) es una potente droga que actúa directamente en el sistema nervioso central produciendo una serie de síntomas característicos, a menudo de naturaleza antisocial o autodestructiva.

Si se administra a los niños de manera crónica, el aceite de Gerin puede modificar permanentemente el cerebro produciendo desórdenes en la edad adulta, incluyendo ilusiones peligrosas que han demostrado ser muy difíciles de tratar.

Los cuatro aviones condenados del 11 de septiembre eran, en un sentido muy real, viajes de aceite de Gerin: los 19 secuestradores iban muy drogados en aquel momento. Históricamente, la intoxicación por Geriniol ha sido responsable de atrocidades como la caza de brujas de Salem y las masacres de sudamericanos nativos por los conquistadores.

El aceite de Gerin alimentó la mayoría de las guerras de la europa medieval y, en tiempos más recientes, la carnicería que asistió a la partición del subcontinente de la India y, en una escala menor, a Irlanda.

La adicción al aceite de Gerin puede llevar a individuos anteriormente sanos a huir de una vida normalmente plena y retraerse en comunidades cerradas de las que quedan exluidos todos los que no son adictos confirmados.

Estas comunidades están casi siempre limitadas a un sexo y prohíben vigorosamente, a menudo obsesivamente, la actividad sexual. Efectivamente, la tendencia hacia una angustiosa prohibición sexual emerge como tema recurrente y monótono entre todas las numerosas variedades de la sintomatología del aceite de Gerin.

El aceite de Gerin no parece reducir la líbido por sí mismo, pero provoca con frecuencia un deseo lascivo de interferir en, y preferiblemente reducir, el placer sexual de otros. Un ejemplo actual es el horror con el que los consumidores de aceite de Gerin ven la homosexualidad, incluso cuando esta se manifiesta en relaciones amorosas duraderas.

Las dosis fuertes de aceite de Gerin pueden ser alucinógenas. Los drogadictos más extremos pueden llegar a oír voces en su cabeza, o tener visiones que parecen tan reales a los enfermos que a menudo consiguen convencer a otros de su existencia.

Un individuo que confiese tener experiencias muy alucinatorias puede llegar a ser venerado, e incluso seguido como un tipo de líder, por otros que se consideran menos afortunados. Esa patología de seguimiento puede prolongarse mucho más allá de la muerte del líder, y expandirse en psicodelias grotescas como la fantasía caníbal de “beber la sangre y comer el cuerpo” del líder.


Las dosis grandes de Geriniol también pueden proporcionar “malos viajes”, en los que el consumidor puede sufrir ilusiones y miedos mórbidos.

Un ejemplo notable es el miedo a la tortura, no en el mundo real sino en un mundo fantástico posterior a la muerte. Los malos viajes de este tipo están acompañados de una cultura del castigo, que es tan característica de esta droga como el miedo obsesivo a la sexualidad comentado anteriormente.

La cultura del castigo fomentada por el aceite de Gerin culmina en la siniestra fantasía inducida por la droga del “alo-castigo” -la creencia de que los individuos pueden y deben ser castigados por las malas acciones de otros (conocida en la viña del grupo como “redención”).

Las dosis medianas de aceite de Gerin, aunque no son peligrosas en sí mismas, pueden distorsionar la percepción de la realidad.

Creencias que no tienen ninguna base quedan inmunizadas contra la evidencia del mundo real por los efectos directos de la droga en el sistema nervioso. Se puede escuchar a los cabezas de aceite hablándole al aire o murmurando para sí, aparentemente en la creencia de que los deseos privados que se expresen así se harán realidad, aunque impliquen una violación alegre de las leyes de la física.

Este desorden autolocutorio viene acompañado a menudo de tics extraños, gestos manuales u otros estereotipos, por ejemplo el balanceo rítmico de la cabeza contra una pared.

Como con muchas drogas, el aceite de Gerin refinado, en dosis pequeñas, es en gran parte inofensivo, e incluso puede servir como lubricante social en ocasiones como matrimonios, funerales y ceremonias de estado. Los expertos discrepan sobre si tal uso social, aunque inofensivo por sí mismo, es un factor de riesgo que puede conducir a formas más duras y adictivas de la droga.

El aceite de Gerin actúa sinérgicamente con la pérdida de sueño, la automutilación y la inanición.

Se sabe que algunos adictos hacen abstinencia de alimentos, se fustigan la espalda o realizan otras “penintencias” como medio para mejorar la potencia de la droga.

Las mutilaciones no se limitan a los propios consumidores. Varias subculturas basadas en el aceite de Gerin provocan lesiones rituales a sus propios niños, especialmente cuando son demasiado pequeños para resistirse.

Estas mutilaciones involucran con frecuencia a los genitales.

Usted puede pensar que una droga tan potencialmente peligrosa y adictiva encabezaría la lista de sustancias prohibidas, y supondría sentencias ejemplares a los que traficasen con ella.

Pero no, está disponible fácilmente en cualquier parte del mundo y ni siquiera se necesita receta. Los camellos profesionales son numerosos, y están organizados en cárteles jerárquicos, comercian abiertamente en las esquinas e incluso en edificios construidos a tal efecto.

Algunos de estos cárteles son expertos en separar a sus clientes de su dinero. Sus “padrinos” ocupan posiciones influyentes en las altas esferas y reciben la atención de presidentes y primeros ministros. Los gobiernos no solo hacen oídos sordos al comercio, sino que le concenden la exención de impuestos. Peor aún, subvencionan a las escuelas que tienen la intención específica de enganchar a los niños.

Me pidieron que escribiera este artículo acompañado por la cara sonriente de un hombre muy feliz de Bali.

Estaba acogiendo extáticamente la noticia de que iba a ser ejecutado por un pelotón de fusilamiento por el asesinato brutal de un gran número de turistas inocentes a los que nunca había conocido. Algunos miembros del tribunal quedaron impresionados por su falta de remordimientos.

Pero lejos de arrepentido, su humor era de obvia alegría. Alzó el puño en el aire, loco de alegría porque iba a ser “martirizado”, utilizando la jerga de su particular subcultura de consumidores de aceite de Gerin. Porque, no le quepa la menor duda, esa sonrisa beatífica, mirando al pelotón de fusilamiento con puro placer, es la sonrisa de un yonqui. Aquí tenemos a un drogadicto arquetípico, drogado con aceite de Gerin duro, sin refinar, sin adulterar, de alto octanaje.

Es fácil considerar a la gente así como criminales, de los que necesitamos protegernos.

Efectivamente, necesitamos protegernos de ellos. Pero el problema no surgiría en primera instancia si se protegiese a los niños de quedar enganchados a una droga con una prognosis tan mala para sus mentes adultas.



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Publicado el 17 febrero 2009 - 12:56







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El regalo de Dios a Kansas

Richard Dawkins



Traducción: Gabriel Rodríguez Alberich

21 de mayo de 2005



Mientras la derecha religiosa lucha contra la enseñanza de la evolución en Kansas, Richard Dawkins defiende la lógica científica.


La ciencia se alimenta del misterio. Mi colega Matt Ridley lo ha expresado así..

"La mayoría de los científicos se aburren con lo que ya han descubierto. Es la ignorancia lo que les impulsa''. La ciencia explota la ignorancia. El misterio -lo que todavía no sabemos; lo que todavía no comprendemos- es la veta madre que buscan los científicos. Los místicos se regocijan con el misterio y quieren que permanezca misterioso. Los científicos se regocijan con el misterio por una razón muy distinta: les proporciona algo que hacer. Quizás no lo entendamos todavía, ¡pero estamos trabajando en ello! Cada misterio que se resuelve saca a la luz problemas sin resolver, y el científico lo aborda con entusiasmo.

El reconocimiento de la ignorancia y el desconcierto son vitales para la buena ciencia. Por tanto, es irritante, como mínimo, que los enemigos de la ciencia le den la vuelta a ese reconocimiento constructivo y abusen de ellos para sacar provecho político. Es peor que irritante. Amenaza a la propia empresa de la ciencia. Este es exactamente el efecto que está teniendo el creacionismo o la `teoría del diseño inteligente' (ID), especialmente porque sus propagandistas son hábiles, superficialmente plausibles y, sobre todo, están muy bien financiados. El ID, por cierto, no es una nueva forma de creacionismo. Es simplemente creacionismo disfrazado, por razones políticas, bajo un nuevo nombre.

Ni siquiera es seguro para un científico expresar una duda temporal, como método retórico, antes de ponerse a disiparla.


"Suponer que el ojo, con todos sus inimitables artificios para ajustar el foco a distintas distancias, para admitir distintas cantidades de luz y para la corrección de la aberración esférica y cromática, pudo haberse formado por selección natural parece, lo confieso libremente, absurdo de todo punto.''


Verá citada una y otra vez esta frase de Charles Darwin por los creacionistas.

Nunca citan lo que va a continuación. Darwin continuaba inmediatamente para vencer su incredulidad inicial. Otros han continuado con su fundación, y hoy el ojo es un ejemplo de la evolución gradual y acumulativa de una ilusión de diseño casi perfecta. El capítulo relevante de mi libro Escalando el monte improbable se llama ``Los cuarenta caminos hacia la iluminación'', en honor al hecho de que, lejos de que sea difícil de evolucionar, el ojo ha evolucionado al menos cuarenta veces de manera independiente en el reino animal.

El distinguido genetista de Harvard Richard Lewontin es citado a menudo diciendo que los organismos ``parecen haber sido diseñados cuidadosa e ingeniosamente''.

De nuevo, esto era un preliminar retórico para explicar cómo la poderosa ilusión de diseño procede de la selección natural. La cita aislada elimina el énfasis implícito en ``parecen'', dejando como resultado lo que una audiencia ingenuamente devota -en Kansas, por ejemplo- quiere oír.

La distorsión engañosa de las palabras de los científicos para ajustarse a la agenda anticientífica se encuentra entre los muchos hábitos anticristianos de los autores fundamentalistas. Pero Decir mentiras por Dios (título del libro del espléndidamente pugnaz geólogo australiano Ian Plimer) no es el problema más serio. Hay que hacer una observación más importante, y apunta directamente al corazón filosófico del creacionismo.

La metodología estándar de los creacionistas -de hecho, todos sus argumentos son variantes de ella- es encontrar algún fenómeno de la naturaleza para el que, en su opinión o incluso en realidad, el darwinismo no puede dar fácilmente una explicación. Darwin dijo:



" Si se pudiera demostrar que existe algún órgano complejo que no pudo formarse por un gran número de modificaciones pequeñas sucesivas, mi teoría se derrumbaría completamente.''



Los creacionistas explotan la ignorancia y la incertidumbre, no como acicate para la investigación honesta, sino para aprovecharse y abusar del reto de Darwin.

"Apuesto a que no puede decirme cómo evolucionó en etapas graduales lentas el codo de la rana comadreja moteada''. Si el científico no es capaz de dar una respuesta inmediata y detallada, se saca una conclusión por defecto: ``Por tanto, la teoría alternativa, el `diseño inteligente', gana por omisión''.

Téngase en cuenta, primero, la lógica parcial: si la teoría A falla en algo en particular, ¡la teoría B debe de ser correcta! Se nos induce a pasarnos a la conclusión por omisión sin siquiera averiguar si la teoría por omisión falla en el mismo particular. Se le concede al ID una protectora inmunidad (bastante equivocadamente, como ya he mostrado en otra parte) contra las preguntas rigurosas que surgen de la evolución.

Téngase en cuenta, en segundo lugar, cómo la estratagema creacionista socava el regocigo natural -de hecho, necesario- del científico ante la incertidumbre. Un científico actual estadounidense no se atreve a decir:



``Hum, interesante observación. Me pregunto cómo evolucionó el codo de los ancestros de la rana comadreja. No soy un especialista en ranas comadreja, tendré que ir a la biblioteca de la Universidad y echar un vistazo. Puede resultar un proyecto interesante para un estudiante de licenciatura.''


No. En el momento en el que un científico dijera algo así -y mucho antes de que el estudiante comenzara el proyecto-, la conclusión por omisión sería el titular de algún panfleto creacionista:

``La rana comadreja sólo puede ser un diseño de Dios''.



Una vez comencé un capítulo sobre la famosa explosión cámbrica con las palabras:

``Es como si los fósiles hubieran sido enterrados allí sin ninguna historia evolutiva''. De nuevo, esto era un comienzo retórico, dirigido a despertar el apetito del lector para la explicación que seguía. La triste retrospectiva me dice ahora qué predecible era que mi comentario fuera sacado alegremente de contexto. Los creacionistas adoran los `huecos' en el registro fósil.

Hay muchas transiciones evolutivas documentadas elegantemente por una serie más o menos continua de fósiles intermedios en cambio gradual.

Algunas no, y estas constituyen los famosos `huecos'. Michael Shermer ha señalado ingeniosamente que si el descubrimiento de un nuevo fósil divide un `hueco' en dos partes, ¡el creacionista declarará que ahora hay dos huecos! Pero, en cualquier caso, téngase en cuenta de nuevo el uso injustificado del argumento por omisión. Si no hay fósiles para documentar una transición evolutiva postulada, la suposición por omisión es que no existe transición evolutiva: Dios debe haber intervenido.

Es completamente ilógico exigir una documentación completa de cada paso de cada narración, tanto en evolución como en cualquier otra ciencia. Sólo una pequeña parte de los animales muertos se fosilizan, y tenemos suerte de tener todos los fósiles intermedios que tenemos.

Podríamos perfectamente no tener ningún fósil, y la evidencia de evolución de otras fuentes, como la genética molecular y la distribución geográfica, sería todavía abrumadoramente contundente.

Por otro lado, la evolución produce la firme predicción de que si aparece un solo fósil en un estrato geológico equivocado, la teoría sería echada por tierra. Cuando un entusiasta popperiano le desafió a decir cómo podría falsarse la evolución, J. B. S. Haldane gruñó famosamente: ``Conejos fosilizados en el precámbrico''.

Nunca se han encontrado fósiles anacrónicos así, a pesar de las desacreditadas leyendas creacionistas sobre cráneos humanos en las vetas de carbón y huellas humanas entremezcladas con huellas de dinosaurio.

La afición de los creacionistas por los `huecos' en el registro fósil es una metáfora de su amor por los huecos en el conocimiento en general. Los huecos, por omisión, los rellena Dios. ¿No se sabe cómo funcionan los impulsos nerviosos? ¡Bien! ¿No se comprende cómo se guardan los recuerdos en el cerebro? ¡Excelente! ¿La fotosíntesis es un proceso misteriosamente complejo? ¡Maravilloso!

Por favor, no trabajen sobre el problema, sólo dense por vencidos y apelen a Dios. Querido científico, no trabaje en sus misterios. Denos sus misterios, porque podemos utilizarlos. No desaproveche la ignorancia investigando para eliminarla.

La ignorancia es el regalo de Dios a Kansas.




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El regalo de Dios a Kansas

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Publicado el 23 febrero 2009 - 10:37






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CIENCIA KANIJA


Escrito por Kanijo en Ciencia General, Pensamiento Crítico


2009. február 23


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El principio de certidumbre



Desde la evolución al cambio climático, las verdaderas guerras culturales tratan sobre el lenguaje, no sobre la ciencia. Para ganar estas guerras, la ciencia necesita cambiar la forma en que habla sobre el conocimiento.

Los creacionistas y aficionados al “diseño inteligente” tienen una táctica de guerrilla para minar los libros de texto que no se ajustan a sus creencias. Colocan una pegatina en la portada que dice, “La evolución es una teoría, no un hecho, respecto al origen de los seres vivos”.

Este es el argumento central de los que niegan la evolución: la evolución es una “teoría” no demostrada. Para la gente que trabaja con la ciencia, ésta es una treta increíblemente molesta. Aunque es cierto que los científicos se refieren a la evolución como una teoría, en ciencia la palabra “teoría” significa una explicación de cómo funciona el mundo que ha soportado repetidas y rigurosas pruebas. Difícilmente es un término despectivo.

Pero para la mayor parte de la gente, una teoría significa una opinión caprichosa que te sacas, digamos, de la manga. Es un insulto, en realidad, una forma simplista de descartar un punto de vista: “ah, bueno, eso es sólo tu teoría”. Los científicos usan “teoría” en una forma específica, el público en otra, y los oponentes de la evolución han explotado de forma experta esta desconexión.

Resulta que, la verdadera guerra cultura en la ciencia no es en absoluto sobre ciencia, es sobre el lenguaje. Y para luchar en esta guerra, tenemos que cambiar la forma en la que hablamos sobre el conocimiento científico.

Los científicos ya están sopesando esto. El pasado verano, la físico australiana Helen Quinn inició un animado debate con un ensayo argumentando que los científicos son demasiado cautelosos cuando debaten sobre el conocimiento científico. Son inherentemente demasiado cautelosos, señala. Incluso cuando están seguros al 99 por ciento de una teoría, saben que siempre existe la posibilidad de un nuevo descubrimiento que podría darle la vuelta o modificarla.

Por eso, cuando los científicos hablan sobre cuerpos de conocimiento bien establecidos – particularmente en áreas como evolución o relatividad – cubren sus apuestas. Dicen que “creen” que algo se cierto como en, “Creemos que en el periodo Jurásico estuvo caracterizado por un clima húmedo tropical”.

Este lenguaje deliberadamente matizado queda horriblemente malinterpretado y a menudo retorcido en discursos públicos. Cuando una persona media escucha frases como los “científicos creen”, lo leen como si fuese, “Los científicos en realidad no pueden demostrar esto, sino que lo toman como un acto de fe”. Después de todo, “Eso es sólo lo que tú crees” es una forma común de dejar a alguien fuera de juego.

Por supuesto, los cruzados anti-evolución se han dado cuenta de que el lenguaje es la munición de la guerra cultural. Por esto es por lo que les encanta incluir palabras tales como “teoría” en la ciencia. Se aprovechan de la fuerza intelectual del lenguaje científico – su precisión y cuidado- y las usan como armas en contra de la propia ciencia.

Existe una defensa contra esto: modernizar el léxico de la ciencia. Si los anti-evolucionistas insisten en explotar la falta de comprensión pública de palabras como “teoría” y “creencia”, entonces no deberíamos luchar contra eso. “Tenemos que ser menos cautelosos en público cuando hablamos sobre conclusiones científicas sobre las que existe un consenso general”, argumenta Quinn.

¿Qué sugiere? Para la ciencia bien establecida y auténticamente sólida, dejar de usar por completo la palabra “teoría”. En lugar de eso, vamos a revivir un lenguaje mucho más venerable y referirnos a tal conocimiento como “ley”.

Como con la Ley de la Gravedad de Newton, la gente intuitivamente entiende que una ley es una regla que se mantiene como cierta y que debe obedecerse. La palabra ley expresa precisamente el mismo sentido de autoridad con el público que “teoría” tiene en los científicos, pero sin el bagaje lingüístico.

La evolución es sólida. Incluso basamos la industria de las vacunas en ella: cuando vamos en tropa a la consulta del doctor cada invierno para conseguir una vacuna contra la gripe – una inoculación contra la última evolución de la enfermedad – estamos tratando a la evolución como una ley. ¿Por qué no simplemente decir la “ley de la evolución”?

Lo mejor de todo, resulta ser una especie de jiujitsu lingüístico. Si alguien dice, “No creo en la teoría de la evolución”, puede sonar como algo razonable. No obstante, si alguien proclama, “No creo en la ley de la evolución”, suena a locura. Es equivalente a decir, “No creo en la ley de la gravedad”.

Es hora de darnos cuenta de que simplemente el público nunca dará a las palabras concretas el mismo significado científico concreto. Nunca vamos a comunicar por completo lo maravilloso y noble que hay en el rigor y precaución científico. El discurso público es inevitablemente político, por lo que tenemos que hablar sobre la ciencia de una forma que podamos ganar la batalla política, no en términos inciertos.

Al menos, esa es mi teoría.




Autor: Clive Thompson


Enlace Original COSMOS




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Publicado el 10 marzo 2009 - 07:36






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CIENCIAKANIJA


El Portal Indispensable


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PROBABILIDAD E INDUCCIÓN: LAS BASES DE LA CIENCIA


2009. március 7



Escrito por Kanijo en Ciencia General, Pensamiento Crítico




He estado descargando una buena cantidad de libros últimamente en mi nuevo Kindle, debido a que realmente disfruto con la idea de andar por el metro portando una discreta, muy ligera aunque increíblemente grande biblioteca conmigo. Uno de esos libros es “Philosophy of Science: A Very Short Introduction (Filosofía de la Ciencia: Una brevísima introducción)” de Samir Okasha ,el cual estoy leyendo debido a que intento revisarlo y promocionarlo. Samir escribe de forma muy clara, y su breve introducción es muy útil para el lector curioso general (y, francamente, algunos científicos conocidos míos podrían usarlo también).

En cualquier caso, Samir dedica bastante espacio en el capítulo 2 de su libro al problema de la inducción de Hume, el cual es fundamental para nuestra comprensión de cómo funciona la ciencia, en realidad, el razonamiento en general. Parece el tipo de cosas con las que los lectores de este blog disfrutan al hincarle el diente, con lo que aquí vamos.


El propio problema es bien conocido: la inducción es el tipo más común de razonamiento que usamos todos (el otro tipo básico, la deducción, se usa mayormente dentro de la lógica formal y las matemáticas), y consiste en la generalización de una serie de observaciones. Por lo que cuando decimos, por ejemplo, que confiamos en que el Sol saldrá mañana, esto no se debe a que tengamos una prueba lógica de que no pueda ser de otra forma, sino a que lo hemos visto elevarse cada día y no hay ninguna razón para pensar que mañana no sucederá así.

Como apunta Okasha, literalmente basamos nuestras vidas en este tipo de razonamiento inductivo, por ejemplo cada vez que apostamos a que un coche girará a la izquierda cuando giramos el volante en sentido anti-horario. (De todas formas, esto no te llevará a hacer la afirmación de que esperas que el Sol salga o que las ruedas giren debido a que comprendes el mecanismo: tu comprensión del mecanismo se basa a sí mismo en una serie de inducciones, no significa que exista una necesidad lógica de que el Sistema Solar o los vehículos funcionen de la forma particular en que lo hacen).

El problema es que, de acuerdo con Hume, ¡no existe una justificación racional para la inducción! Ya ves, si te preguntasen por qué se usa el razonamiento inductivo, muy posiblemente la mejor respuesta que puedes dar es responder que ha funcionado en el pasado. Lo cual es un argumento basado en la inducción. Lo cual significa que están en una petición de principio, en términos filosóficos, atrapado en un razonamiento circular.

Este puede parecer otro ejemplo más de los filósofos atrapados en sus masturbaciones mentales, pero cuanto más piensas sobre ello, más crece dentro de ti el problema de Hume, y se hace perturbador. Citando a Okasha: “Si Hume está en lo cierto, las bases sobre las que está construida la ciencia no parecen tal sólidos como podríamos haber deseado”. Ups.

Se han propuesto distintas formas de resolver el dilema de Hume, ninguno de ellos particularmente exitoso. Me gustaría discutir brevemente aquí la idea – presentada por Okasha en algún detalle – de que el concepto de probabilidad podría rescatar a la ciencia y la razón del problema de la inducción. Sería algo como esto: concedemos que la inducción (al contrario que la deducción) no garantiza la verdad. Tal vez, no obstante, podemos expresar de otro modo lo que la inducción nos permite hacer en términos de afirmaciones probables. Es decir, realmente no significa que sabemos que el Sol saldrá mañana, o que el coche girará hacia la izquierda. Queremos decir que, basándonos en la experiencia pasada, creemos que existe una alta probabilidad de que esos eventos sucedan en el futuro de nuevo. (A propósito, dado que la deducción no garantiza la verdad, ¿por qué no usar esta en su lugar? Debido a que el razonamiento deductivo tiene que empezar con dos o más premisas, y al menos una de esas premisas llega a través de la experiencia, no de principios básicos. Lo cual significa que incluso la propia deducción tiene que depender de la inducción, en algún punto u otro. El misterio se hace más profundo…)

Ahora, el problema es que los filósofos han apuntado que hay al menos tres conceptos de probabilidad, por lo que tenemos que ver cuál, si es que alguno, de ellos será de ayuda para disipar el fantasma de Hume. La primera forma de pensar en la probabilidad es como una medida de la frecuencia de un evento: Si digo que la probabilidad de que una moneda caiga sobre cara es del 50% quiero decir que, si lanzo la moneda 100 veces, de media obtendré cara 50 veces. Esto no nos saca del problema de Hume, debido a que las probabilidades interpretadas como frecuencias de eventos son, de nuevo, una forma de inducción –generalizamos a partir de un rango de eventos más amplio en lugar de todos los eventos posibles, pero el tipo de razonamiento es el mismo.

Segundo, podemos pensar en las probabilidades como el reflejo de un juicio subjetivo. Si digo que es probable que la moneda caiga de cara, simplemente podría expresar mi deseo de que ese sea el caso. Podrías tener un deseo distinto, y responder que no creas que eso sea probable. Esta ciertamente no es una solución viable al problema de la inducción, debido a que las probabilidades subjetivas son, bueno, subjetivas, y por tanto reflejan una opinión no grados de verdad.

Por último, se puede adoptar lo que Okasha llama la interpretación lógica de las probabilidades, de acuerdo a lo cual el que exista una probabilidad X de que un evento ocurra significa que tenemos razones objetivas para creer (o no) que X sucederá (por ejemplo, debido a que conocemos la física del Sistema Solar, la mecánica del vehículo, o la física de la moneda lanzada al aire). Esto no significa que siempre estemos en lo correcto, pero ofrece una prometedora salida al dilema de Hume, dado que parece que asentamos nuestros juicios en unas bases más sólidas. De esta forma, esta es la opción adoptada por muchos filósofos, y sería la que probablemente preferirían los científicos, si es que dedican algún momento de pensamiento a este tipo de cosas. (Los expertos estadísticos de entre vosotros habréis notado que esta idea de probabilidad no es la estándar frecuentemente común en el análisis estadístico clásico, sino más similar a la probabilidad de los métodos bayesianos).

Okasha advierte a sus lectores, no obstante, sobre que incluso la interpretación lógica de las probabilidades cae en problemas tanto matemáticos como filosóficos, pero eso lo dejaremos para otro momento.

Permitidme concluir con otra cita del libro de Samir, la cual encapsula para mi el punto central del análisis filosófico: “Como la mayor parte de las cuestiones filosóficas, estas cuestiones probablemente no admiten una respuesta final, pero al abordarlas aprendemos mucho sobre la naturaleza y límites del conocimiento científico”.

Así es.




Autor: Massimo Pigliucci
Fecha Original: 7 de marzo de 2009
Enlace Original


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Publicado el 13 mayo 2009 - 08:36






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CARL SAGAN

Una figura científica admirada, querida, respetada, un pensador profundo y de un Humanismo Universal, que nos enseñó tanto y tantas cosas de la Ciencia y la Vida.



En

GENCIENCIA


El undécimo Mandamiento (I)

Sergio Parra



12 de mayo de 2009





En una de las conferencias pronunciadas por Carl Sagan en 1985 en las prestigiosas Conferencias Gifford, que se celebran en Escocia anualmente desde el siglo XIX, y de las que aquel año se celebraba el centenario de su inauguración, explicó que en occidente tenemos Diez Mandamientos, pero que ninguno de ellos nos exhorta a entender el mundo, a comprender las cosas, a combatir la ignorancia y el inmovilismo en las ideas.

Lo cierto es que muy pocas religiones nos empujan a potenciar nuestra comprensión del mundo.

Cuando se critica que las prescripciones morales e ideológicas de la religión han quedado en gran parte anticuadas o no se han sabido adaptar a los nuevos descubrimientos sobre la realidad, enseguida los creyentes demandan respeto a su fe, por muy irracional o impulsiva que sea ésta. Y, por supuesto, uno puede creer lo que quiera. Lo que es difícil de respetar es el dogma. Porque el dogma es sinónimo de fanatismo.

Los creyentes suelen aducir que quienes creen en la ciencia también tienen otro modo de fe: fe en que, por ejemplo, determinados postulados científicos son verdaderos. Eso es cierto. La diferencia estriba en que las verdades de la religión son incuestionables, eternas, proceden de una sola fuente o de muy pocas fuentes, no se cuestionan a menudo, no se someten a duros análisis so pena de considerarse una falta de respeto, no se conducen, en definitiva, con humildad.

La ciencia es también fe.

Fe en hipótesis y teorías.

Pero una fe humilde, deseosa de evolucionar, pues considera que no posee la verdad, sino que se aproxima a la verdad en sucesivos adelantos y regresiones.





Estamos viviendo en una época en la que se producen cambios asombrosos a todos los niveles y a unas velocidades que exceden nuestra asimilación. Muchas cosas que se consideraban ciertas hace apenas 25 años ya no lo son. Si no estamos dispuestos a considerar alternativas, nuevas ideas, nuevos enfoques, y evitar en lo posible que nuestras doctrinas lastren nuestro juicio, entonces corremos el riesgo de quedarnos atrás, agarrados a nuestras convicciones de forma desesperada, aterrorizada.

La religión (piensan algunos) ofrece consuelo (algo muy discutible, porque también es fuente de miedos y enfrentamientos) porque ofrece un sentido a lo que de momento no lo tiene. La ciencia te libera de ataduras, ¿y no es ese un mayor consuelo, un consuelo que no depende de que alguien tire de la manta y te descubra que estás equivocado sino que se alimenta precisamente de eliminar equivocaciones?

Como dice Carl Sagan en su conferencia a propósito de estas tensiones ideológicas entre las distintas religiones:

Creo que nos matamos unos a otros, o amenazamos con matarnos unos a otros, en parte porque tenemos miedo de no llegar a saber la verdad, de que alguien diferente pueda aproximarse más a ella. Nuestra historia es en parte una batalla a muerte entre mitos enfrentados. Si no puedo convencerte, te mato. Esto te hará cambiar de idea. Eres una amenaza para mi versión de la verdad, especialmente sobre quién soy yo y cuál es mi naturaleza. La idea de que pueda haber dedicado mi vida a una mentira, de que pueda haber aceptado una idea convencional que ya no se corresponde, si es que alguna vez lo hizo, a la realidad externa, es una constatación muy dolorosa. Mi tendencia será resistirme a ella hasta el final. Estoy dispuesto a hacer lo que sea para no llegar a descubrir que la visión del mundo a la que he dedicado mi vida no es la correcta.


Estas dinámicas psicológicas se producen en todas las personas que tienen ideas, tanto si son religiosas como si no. Por eso la ciencia es tan importante. Los científicos pueden tener las mismas debilidades psicológicas que los religiosos a la hora de afrontar que pueden estar equivocados. Pero la ciencia es el sistema externo que hemos creado entre todos para evitar que esto pase: todos nos vigilamos unos a otros, exigimos pruebas, verificación, referencias, humildad. La ciencia sería una especie de democracia del pensamiento.

La religión, por el contrario, fomenta la dictadura del pensamiento. Las dudas de fe son peligrosas, ofensivas, dañinas. Se tiene que creer y no cuestionar. El que tiene fe enseguida se ofende, ataca, amenaza. La fe irracional alimenta la parte más visceral del ser humano. Por esa razón no existe un undécimo Mandamiento: aprenderás, dudarás de todo, sobre todo de quienes dicen saber la verdad, y también dudarás de ti mismo y del resto de los 10 Mandamientos. Y si alguien dice que lo que crees es falso o es peligroso, desearás con toda tu alma que te expliquen la razón, para no desperdiciar ni un minuto más en ello.

El undécimo Mandamiento, sencillamente, convertiría todas las religiones en ciencia.






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El undécimo Mandamiento (y II)


Sergio Parra




12 de mayo de 2009







Hasta que llegue ese momento, siguirán existiendo religiones que continúen afirmando cosas sin ninguna prueba de ello, de una forma tan terca que produce miedo más que asombro. Dentro de las religiones recientes con más de un millón de adeptos, hay una que dijo que el mundo terminaría en 1914. Cuando el mundo no terminó ese año, no asumieron que se habían equivocado. Podrían haber dicho que Dios tuvo misericordia y pospuso la fecha, pero dijeron algo incluso más ridículo: que en realidad el mundo terminó en 1914 pero que no nos hemos dado cuenta.

Hay otra religión que dice que todas las enfermedades son psicogénicas y que no existen microorganismos patógenos.

Otra religión que cree que, en el siglo XX, un ángel preparó una serie de tablas de oro y un ser humano divinamente inspirado las enterró. Las tablas estaban escritas en jeroglíficos egipcios antiguos y contenían una serie de libros hasta entonces desconocidos, parecidos a los del Antiguo Testamento.

Otra religión que cree que, con la suficiente fe, uno puede levitar, rompiendo las leyes de la gravedad.


Pensemos otra vez en todas las posibilidades: mundos sin dioses, dioses sin mundos, dioses creados por dioses preexistentes, dioses que siempre han estado aquí, dioses que nunca mueren, dioses que mueren, dioses que mueren más de una vez, diferentes grados de intervención divina en los asuntos humanos; ningún profeta, uno, o muchos; ningún salvador, uno, o muchos. Y cuestiones relacionadas con los sacramentos, la mutilación religiosa y la escarificación, el bautismo, las órdenes monásticas, las expectativas ascéticas, la presencia o ausencia de vida después de la muerte, días para comer pescado, días para no comer en absoluto, cuántas vidas después de la vida tendremos por delante, justicia en este mundo, en el próximo, o en ninguno en absoluto, reencarnación, sacrificio humano, prostitución en el templo, yihads, y así sucesivamente. Hay una inmensa variedad de cosas en las que la gente cree. Las diferentes religiones creen diferentes cosas. Cada opción religiosa es una caja de sorpresas. Y está claro que hay más combinaciones y alternativas que religiones, aunque en la actualidad haya algo así como unos cuantos miles de religiones en el planeta.


Todas estas religiones se basan en ideas intocables y mutuamente excluyentes de unas religiones a otras. Todas no pueden estar en lo cierto, pero sus adeptos se resisten a dudar de que quizá se hayan equivocado de iglesia, aunque sea demasiada casualidad que él haya decidido ser adepto de una religión en la que también son adeptos el resto de la comunidad en la que reside. Porque sus ideas son así, impulsivas, subjetivas, intocables.

Pero nada es intocable. Sobre todo lo que algunos dicen que es intocable. Porque aún nos queda mucho camino por recorrer y no hemos hecho más que empezar. Aprendamos a decir “no lo sé”. Sólo así comenzaremos a investigar sobre nuestra ignorancia. Si alguien dice que sabe algo con seguridad, entonces dudad de él. Incluso dudad de este artículo y de todo lo que dice Carl Sagan en sus conferencias. Mantened siempre alerta vuestro pensamiento escéptico. Porque en eso consiste la ciencia. En dudar. Por eso ciencia y religión, a nivel epistemológico, son antagónicos.



Qué empresa tan valiente y difícil la de edificar, generación tras generación, sobre lo que se ha aprendido del pasado; cuestionar el saber convencional; estar dispuesto, a veces con gran riesgo personal, a desafiar las ideas predominantes y, poco a poco, emergiendo lentamente de este tormento, adquirir una comprensión bien fundamentada, en muchos sentidos predictiva y cuantitativa, de la naturaleza del mundo que nos rodea. No entender todos los aspectos de este mundo por completo más que a través de aproximaciones sucesivas, entender cada vez un poco más. Ahora nos enfrentamos a un futuro difícil e incierto y me parece que, si queremos sobrevivir, necesitaremos todos esos talentos que nuestra evolución y nuestra historia han ido perfeccionando.

Más información | La diversidad de la ciencia




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Carl Sagan

"La diversidad de la ciencia. Una visión personal de la búsqueda de Dios"


Editorial Planeta



La obra póstuma del más célebre divulgador científico.


Sinopsis:


En esta obra póstuma Carl Sagan combina magistralmente astronomía, física, biología, filosofía y teología para explicar nuestra experiencia del universo y de ese sentimiento casi místico que todos experimentamos al admirarlo.

Con un estilo simple y directo, sin academicismos ni tecnicismos, el autor aborda los temas clave de su obra: la relación entre ciencia y religión, el origen del universo, las posibilidades de vida extraterrestre, el destino de la humanidad, entre otros.

Sus inteligentes observaciones -en muchas ocasiones, asombrosamente proféticas- sobre los grandes misterios del cosmos tienen el efecto vigorizador de estimular el intelecto, la imaginación y despertarnos a la grandeza de la vida en el cosmos.


La diversidad de la ciencia. Una visión personal de la búsqueda de Dios se publica ahora por primera vez en conmemoración del décimo aniversario de la muerte de Sagan, y ha sido editado y actualizado por su viuda y colaboradora Ann Druyan.




Biografia:


Carl Sagan fue profesor de la cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias Espaciales y director del Laboratorio de Estudios Planetarios de la Universidad de Cornell; Distinguished Visiting Scientist del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) del Instituto de Tecnología de California y cofundador y presidente de la Sociedad Planetaria, la más importante del mundo dedicada a temas del espacio.

El doctor Sagan recibió a lo largo de su vida numerosas distinciones (Premio Pulitzer, medallas de la NASA, el Premio Apollo, el Premio Masursky y la medalla del Bienestar Público de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos) y un asteroide, el 2709, fue bautizado con su nombre. Al concederle su premio más importante, la Academia Nacional de Ciencias constató: "Nadie ha conseguido nunca transmitir las maravillas ni el carácter estimulante y jubiloso de la ciencia con tanta amplitud como lo ha hecho Carl Sagan... Su habilidad para cautivar la imaginación de millones de personas y para explicar conceptos complejos en términos comprensibles constituye un magnífico logro."

Carl Sagan murió en diciembre de 1996. Entre las obras publicadas por Editorial Planeta figuran: Cosmos, El cometa, Sombras de antepasados olvidados, Un punto azul pálido, y El mundo y sus demonios.

Libros publicados en Planeta:

. Un punto azul pálido
. Cosmos
. El mundo y sus demonios
. El mundo y sus demonios
. Cosmos
. El mundo y sus demonios
. Un punto azul pálido
. La diversidad de la ciencia. Una visión personal de la búsqueda de Dios




#15 Ge. Pe.

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Publicado el 22 mayo 2009 - 06:40






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La actitud científica contra la anticiencia y la pseudociencia


Por: Paul Kurtz




Traducido por: M.A. Paz y Miño



Paul Kurtz es profesor emérito de filosofía de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo; es el fundador del Concilio para el Humanismo secular y es editor en jefé de la revista escéptica Free Inquiry. Kurtz ha escrito varios libros, entre ellos "Defendiendo la Razón" Ensayos de humanismo secular y escepticismo, Living without religion - Eupraxophy, The new skepticism, Skeptical odysseys, El fruto phohibido - la ética del humanismo.


Tomado de Kurtz, Paul: Defendiendo la Razón: Ensayos de Humanismo Secular y Escepticismo. Lima: AERPFA, 2002. Traducción por M.A. Paz y Miño del artículo del mismo autor "The Scientific Attitude versus Antiscience and Pseudoscience" escrito basado en el discurso pronunciado en el congreso de fundación del Comité para la investigación científica de las afirmaciones de lo paranormal [CSICOP], publicado en inglés en The Humanist, julio-agosto de 1976, aparecido luego en Kurtz, Paul: In Defense of Secular Humanism. Buffalo: Prometheus Books, 1983.


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Primera Parte



Ha habido un conflicto que ha prevalecido por largo tiempo en la historia de la cultura entre la ciencia y la religión, la razón y la pasión.

Los teólogos han argüido incesantemente que hay "límites" para la investigación científica y ésta no puede penetrar "el reino transcendental"; los poetas han despreciado la lógica deductiva y el método experimental, los cuales sostienen quitan a las experiencias de sus cualidades sensitivas. La controversia actual entre las dos culturas de la ciencia y las humanidades es por eso familiar.

A pesar de la crítica clásica, la empresa científica ha tenido un significativo progreso en las pasados tres siglos, resolviendo problemas que estaban supuestamente más allá del alcance de su metodología; y la revolución científica que empezó primero en las ciencias naturales, se ha extendido a las ciencias biológicas, sociales y conductuales, con enormes beneficios para con el logro de la educación universal la visión científica eventualmente triunfará y emancipará la humanidad de la superstición. Se pensó que el progreso era correlativo con el crecimiento de la ciencia.

La confianza en la ciencia, sin embargo ha sido malamente estremecida en los últimos años.

Aún las sociedades supuestamente avanzadas están inundadas por los cultos de la sin razón y otras formas de insensatez.

A principios de este siglo fuimos testigos del surgimiento de cultos ideológicos fanáticos tales como el nazismo y el stalinismo.

Actualmente, las sociedades democráticas occidentales están siendo barridas por otras formas de irracionalismo, con frecuencia marcadamente anticientíficas y pseudocientíficas en carácter. Hay varias manifestaciones de este nuevo asalto a la razón.

Una buena ilustración de esta tendencia es el aumento de la astrología, pero sólo la punta del iceberg.

Porque si uno hace encuestas sobre el estado actual de las creencias, uno encuentra que gran número de gente está lista aparentemente para creer en una amplia variedad de cosas, aunque atroces, sin pruebas suficientes. Aún un catálogo al azar de algunos de los cultos y gurúes bizarros ilustran el punto: la consciencia de Krishna, el Maharaj Ji, Aikido, el Maharishi Mahesh Yogi y formas diversas de la meditación trascendental, la Iglesia de la Unificación, el Proceso, los Gurjievianos, el Zen, Arica, los Hijos de Dios y el I-Ching.

Desde el punto de vista del escéptico y el humanista científico, estos cultos no son más irracionales que los grupos religiosos ortodoxos. ¿Por qué son las prédicas del más último de los gurúes, más insensatas que una deidad muerta y resucitada, la visita del ángel Gabriel a Mahoma, José Smith y su viaje occidental, Mary Baker Eddy y la Ciencia Cristiana, la Teosofía, los Rosacruces, o la canonización de santos por supuestos milagros?

Las religiones tradicionales violentan la credulidad tanto o más que las más nuevas y exóticas religiones importadas del Asia, pero los primeros han estado rondando más tiempo y son considerados parte del sistema social establecido.

Lo que es aparente es la tenaz resistencia de las creencias irracionales a través de la historia hasta el presente día -y a pesar de la revolución científica-.

Tomemos el fenómeno de las "nuevas brujas", como Marcello Truzzi las ha llamado, y el reavivamiento del interés en el exorcismo.

Sólo unos pocos años atrás habría sido raro haber encontrado algún estudiante universitario que creyera en las brujas. Aún hoy, la creencia en una multitud de brujas y demonios, aún el diablo, ha llegado a estar de moda en algunos círculos.

Esta es la era de los monstruos, en la que Frankestein, Drácula, los hombres-lobo llegaron a ser reales para mentes impresionables.

La novela y la película El Exorcista estimularon la creencia en el exorcismo; y alguna gente fue incapaz de distinguir la verdad de la ficción.

Por eso somos confrontados por una plétora de mitos florecientes, cultivados por una industria editorial y medios de comunicación que buscan el lucro.



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#16 Ge. Pe.

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Publicado el 26 mayo 2009 - 07:45





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La actitud científica contra la anticiencia y la pseudociencia


Por: Paul Kurtz



Traducido por: M.A. Paz y Miño


Segunda Parte


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Todo esto es sintomático del rechazo actual de la razón y la objetividad. Mientras hace una década hubo un consenso general que al menos existían algunas reglas de evidencia, hoy día la gran existencia de criterios objetivos para juzgar afirmaciones verdaderas es seriamente cuestionados. Uno escucha una y otra vez que "una creencia es tan buena como la siguiente" y que hay una clase de "verdad subjetiva" inmune a la crítica o evidencia racionales. Uno aún encuentra proponentes de formas de subjetividad entre los filósofos de la ciencia, los cuales sostienen que las condiciones históricas o los factores psicológicos son bastante responsables de las revoluciones en el pensamiento científico.

La reacción contra las normas rigurosas asumió otra forma en la década de 1960 en el asalto de la Nueva Izquierda y la contracultura al intelecto. El crecimiento actual de los cultos de la sinrazón es tal vez solamente una consecuencia de ese fenómeno. Dijimos entonces que necesitábamos romper la laxitud de las demandas de la lógica y la evidencia, y "expandir nuestra conciencia" por medio de drogas y otros métodos. Theodore Roszak sostuvo tal posición en sus libros muy leídos La construcción de la Contra-cultura (En inglés Making of a Counter-Culture. New York: Doubleday, 1969) y El Animal no terminado: La frontera de Acuario y la Evolución de la Conciencia (The Aquarium Frontier and the Evolution of Consciousness. New York: Harper & Row, 1975).

La contra-cultura insistió que la objetividad era imposible tanto a causa de prejuicios de clase o profesionales o porque estabamos encerrados en las categorías de nuestra visión científica del mundo. Uno no escuchaba mucha crítica del marxismo [cuando estaba de moda] pero uno escucha que la visión científica existente está confinándose. Y así hay un intento de evadirse por medio de nuevas formas de la experiencia, de las cuales los cultos son sólo una parte: Mantras, meditación, bioenergética, yoga, jardinería orgánica, fotografía kirliana, y la percepción extrasensorial.

Esto existe junto a otra disposición que está evidentemente incrementándose hoy: una aversión a la cultura tecnológica misma. La ciencia y la tecnología son con frecuencia culpadas indiscriminadamente de la situación mundial actual. Oímos por todas partes acerca de los peligros de la tecnología, la destrucción de la ecología natural, la polución, la depredación de los recursos, los malos usos de la energía, la amenaza de las plantas de poder nuclear, etc. Muchos de estos intereses son legítimos, sin embargo, la postura crítica no es simplemente contra la tecnología sino contra la ciencia y investigación científica. Hay aquéllos de la derecha fundamentalista quienes todavía se oponen vehementemente, sobre bases éticas o religiosas, a la enseñanza de la teoría de la evolución, los cursos comparativos de estudios sociales, y la educación sexual.

Pero además, el científico es visto con frecuencia por algunos de la izquierda como una clase de demonio -si se ocupa de la experimentación humana o la modificación de la conducta, o si participa en la investigación genética o desea probar bases genéticas del C.I. [Cociente intelectual]. Y hay quienes de manera creciente opinan y consideran a los médicos y los psiquiatras como sumos sacerdotes malvados u hombres vudú.

Estamos confrontados hoy día con una forma de rectitud moral y anti-intelectualismo -con frecuencia bordeando la histeria- que enjuicia la ciencia como deshumanizante, brutalizadora, destructiva de la libertad y el valor humanos. Esta actitud es paradójica, porque parece ocurrir más virulentamente en las sociedades afluentes, donde han sido logrados los más grandes avances de la investigación científica y la tecnología.

¿Deberíamos asumir que la revolución científica, que empieza en el siglo XVI, es continua? ¿O será oprimida por las fuerzas de la sinrazón? Sin embargo, el cuadro que estoy pintando no debe ser sobreestimado. Junto a los críticos de la ciencia están sus defensores. Y vastos recursos son invertidos en educación, investigaciones, organizaciones y publicaciones científicas. La ciencia todavía es bastante considerada por mucha gente.

Ciertamente, el hecho que la ciencia es esencial para nuestra civilización tecnológica está muy bien reconocido por algunos de los críticos de la ciencia -que me lleva incluso a otra dimensión del crecimiento de la irracionalidad: la proliferación de la pseudociencia-. Aquellos que no son tentados por lo oculto siempre pueden encontrar naves de los dioses, ovnis, triángulos de las Bermudas o continentes perdidos para seducirlos. Los nuevos profetas buscan tener sus teorías especulativas encubiertas por el manto de la legitimación científica; incluyen a von Däniken y aquellos asociados con la dienética, la cientología, y los recientes esfuerzos en desarrollar una "astrología científica".

El crecimiento de la pseudociencia puede ser visto en muchas otras áreas. Hay, por ejemplo, un esfuerzo en explorar el así llamado reino parapsicológico. Los fenómenos psíquicos, que fueron cuidadosamente estudiados en el siglo XIX por la Sociedad para la Investigación Psíquica en Inglaterra y la parapsicología, que fue investigada por muchos años por J. B. Rhine en la Universidad de Duke, han llegado a estar de moda. Uri Geller ha sido examinado por "expertos científicos" y se le ha encontrado que posee sorprendentes "poderes psíquicos", pero sus proezas pueden ser duplicadas fácilmente por magos tales como James Randi usando trucos de magia tradicionales. Estudiantes y profesores igualmente anuncian nuevas investigaciones de la clarividencia, precognición, la telepatía, ensueños, las experiencias incorpóreas, la reencarnación, la comunicación con espíritus de los muertos, la curación psíquica, los poltergeists, y las auras.

Algunos entusiastas sostienen haber descubierto "las grietas del reino de lo transcendental" y nuevas dimensiones de la realidad. El enemigo es siempre el "conductista", el "experimentalista", o el "mecanicista", quienes supuestamente se cierran a tales investigaciones. Estamos, algunos sostienen, en un estadío revolucionario de la historia de la ciencia, la cual ha visto el surgimiento de nuevos paradigmas explicativos. Los críticos insisten que nuestras usuales categorías científicas y métodos son demasiados estrechos y limitantes.

No estoy negando la constante necesidad de examinar la evidencia y mantener una mente abierta. Ciertamente, insistiría en que los científicos quieran investigar las afirmaciones de nuevos fenómenos. La ciencia no puede ser censuradora e intolerante, ni apartarse de los nuevos descubrimientos al hacer juicios que antecedan la investigación. Formas extremas de cientismo pueden ser tan dogmáticas como el subjetivismo. Sin embargo, hay una diferencia entre el uso cuidadoso de métodos de investigación por un lado, y la tendencia a generalizaciones apresuradas basadas en la evidencia insuficiente por el otro. Lamentablemente, también hay con demasiada frecuencia una tendencia de los crédulos en confiar en los datos más insuficientes y elaborar vastas conjeturas, o insistir que sus especulaciones han sido confirmadas concluyentemente, cuando no lo han sido.


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#17 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 29 mayo 2009 - 01:03




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La actitud científica contra la anticiencia y la pseudociencia


Por: Paul Kurtz



Traducido por: M.A. Paz y Miño


Tercera Parte


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Cuestiones serias pueden ser levantadas acerca de la escena actual. ¿Es mayor el nivel de irracionalidad o menor el nivel de irracionalidad en tiempos anteriores, o el nivel de lo insensato ha permanecido medianamente constante en la actitud humana y sólo asumió diferentes formas? ¿Por qué persiste la irracionalidad, aún en las sociedades adelantadas?

Sin duda muchas hipótesis sociológicas y culturales pueden explicar el crecimiento de las creencias irracionales. En años recientes los medios de comunicación han aumentado en influencia. La imagen del científico es frecuentemente esbozada por los periodistas, novelistas y dramaturgos, no siempre por los mismos científicos y lo que la ciencia es o hace ha sido a veces mal elaborado y se le ha dado un mal nombre. O nuevamente, se estima que la mitad de todo el apoyo del mundo para la investigación científica es para el desarrollo armamentista, y la mayoría del resto es para propósitos industriales y pragmáticos. La investigación científica con frecuencia también ha sido controlada por intereses privados para su ganancia o por los gobiernos para la adoctrinación y el control. El investigador científico libre y creativo con frecuencia tiene que depender de la estructura de poder para su apoyo financiero; y lo que sucede a los frutos de su labor está más allá de su labor.

Estas explicaciones son válidas sin duda. Pero también hay, a mi juicio, profundos factores psicológicos en acción; y hay mucha confusión acerca del significado de la misma ciencia. La persistencia de la irracionalidad en la cultura moderna revela algo acerca de la naturaleza peculiar de la especie humana. Hay una tendencia en el animal humano hacia la credulidad -esto es, una facilidad psicológica a aceptar creencias no probadas, a ser crédulo en el asentimiento. Esta tendencia parece estar profundamente engranada en la conducta humana que pocos están sin ella en alguna medida. Estamos tentados a tragar tanto la verdad evangélica que otros nos ofrecen. No estoy hablando simplemente de estupidez e ignorancia sino de ingenuidad acrítica acerca de algunas materias.

Indudablemente hay individuos que se especializan en engañar a otros; proveen dioses falsos y servicios vacíos, pero sin duda hay también creyentes sinceros que se engañan así mismos que quieren creer en ideas sin la evidencia adecuada, y que buscan convertir a otros a sus concepciones equívocas. Lo que está en acción aquí no es el fraude conciente sino el autoengaño. La cosa curiosa es que, algunas veces si un psicótico se repite a sí mismo con la suficiente frecuencia, al tiempo otros llegan a creer y seguirlo. Además, si una falsedad es suficientemente exagerada, alguna gente está más apta para creerla. Además, el herético siempre se arriesga a ser quemado en la estaca, especialmente después que la nueva mitología llega a ser institucionalizada como la doctrina oficial.

Hay, pienso, todavía otra tendencia en la conducta humana que estimula la credulidad: la fascinación por el misterio y el drama. La vida para muchas personas es inútil y aburrida. Derrotados por la anomia y la tiranía de lo trivial, pueden buscar escapar de este mundo usando las drogas y el alcohol, embotando o suprimiendo sus conciencias. Abandonarse a la nada es su propósito.

Otro método de diversión es la búsqueda por placeres hedonistas y las emociones fuertes. Aun otro es el uso de la imaginación. Las artes literarias y dramáticas proporcionan libertad a la imaginación creativa, como lo hace la religión. Es difícil para algunos individuos distinguir la verdad de la falsedad, la ficción y la realidad. Los cultos de la sinrazón y lo paranormal atraen y fascinan. Capacitan a cualquiera a bordear los límites de lo desconocido. Para las personas ordinarias, hay el mundo cotidiano -y la posibilidad de escapar a otro. Y así buscan otro lugar -otro universo y otra realidad-.

Por eso hay una búsqueda que es fundamental a nuestro ser: la conquista por el significado. La mente humana tiene un genuino deseo de sondear las profundidades de lo inefable, de encontrar un significado más profundo y la verdad, de alcanzar otro reino de existencia. La vida no tiene sentido para muchos, especialmente para los pobres, los enfermos, los desamparados, y aquellos que han fracasado o tienen poca esperanza. La imaginación ofrece salvación a las aflicciones y las tribulaciones que se encuentran en esta vida. Por eso, creer en la reencarnación o la supervivencia personal, aún si no es probada ofrece solaz a los individuos que encaran la tragedia, la muerte y la existencia del mal. Por razones ideológicas, el medio de la salvación es la visión utópica de la sociedad perfecta en el futuro. El alma se lamenta por algo mucho más allá, más profundo, más duradero y más perfecto que nuestro mundo pasajero de la experiencia.

De acuerdo con esto, la persistencia de la fe puede ser explicada en parte por características dentro de nuestra naturaleza: la credulidad, la seducción por el misterio, la búsqueda del sentido. La gente tomará la menor pizca de evidencia y construirá un sistema mitológico. Pervertirán su lógica y abandonaran sus sentidos, todo por la Tierra Prometida. Algunos gustosamente cambiarán su libertad con los sistemas más autoritarios, para lograr comodidad y seguridad. Los cultos de la sinrazón prometen solaz; buscan investir al individuo solitario, quien con frecuencia se siente extraño y sólo, de un papel importante en el universo.

¿Qué puede decir la ciencia acerca de aquellas necesidades humanas? ¿Hemos abandonado tal vez los dominios de la ciencia completamente y mudado al de la filosofía? La ciencia debería tener algo que decir, porque lo que esta en juego es la naturaleza de la ciencia misma.

Hay muchos significados para la palabra "ciencia". Algunos que hablan acerca de la ciencia se refieren a las especialidades en un campo específico, tales como la endocrinología, la microbiología o la econometría. Otros que hablan acerca de la ciencia tienen en mente las aplicaciones tecnológicas y experimentales de las teorías científicas a problemas concretos. Sin embargo, estas opiniones de la ciencia son excesivamente estrechas; porque es posible para una sociedad lograr progreso masivo en ciertos campos tecnológicos estrechos, sin embargo, perder el punto total de la empresa científica. Las sociedades totalitarias en nuestro tiempo invirtieron bastas sumas de dinero en investigación técnica y lograron un alto nivel de competencia científica en ciertos campos, pero la visión científica no prevaleció en ellos. No es suficiente el nuevo entrenamiento de la gente para que sean especialistas científicos. Una cultura puede estar llena de técnicos científicos, sin embargo, seguir siendo dominada por lo irracional. Debemos distinguir la ciencia como una empresa técnica estrecha de la actitud científica. Pienso que aquí no hemos establecido un propósito importante. Desafortunadamente, tener credenciales científicas en un campo no significa que una persona incorporará una actitud científica a unas partes de su vida.

La mejor terapia para la credulidad y la imaginación desenfrenada es el desarrollo de la actitud científica, como se aplica no solamente al campo especializado de uno de la experiencia sino también a cuestiones más amplias de la vida misma. Pero hemos fracasado en nuestra sociedad en desarrollar y expandir la actitud científica. Es evidente que uno puede ser un especialista científico pero un bárbaro cultural, un experto tecnólogo en un campo particular pero ignorante fuera de él.



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#18 Ge. Pe.

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Publicado el 02 junio 2009 - 06:52







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La actitud científica contra la anticiencia y la pseudociencia


Por: Paul Kurtz



Traducido por: M.A. Paz y Miño


Cuarta y Última Parte


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Si vamos a responder el crecimiento de la irracionalidad, necesitamos desarrollar un aprecio por la actitud científica como parte de la cultura.

Debemos aclarar que el principal principio metodológico de la ciencia es el que no se justifica al sostener una afirmación verdadera a menos que uno pueda apoyarla por medio de la evidencia o la razón.

No es suficiente estar convencido interiormente de la verdad de las creencias de uno. Deben, en algún punto, ser verificables objetivamente por investigadores imparciales.

Una creencia que está garantizada no lo está porque sea "verdadera subjetivamente", como pensaba Kierkegaard; si es verdadera lo es porque ha sido confirmada por una comunidad de investigadores.

Creer válidamente que algo es verdadero es relacionar las creencias de uno a la justificación racional; es hacer una afirmación acerca del mundo, independientemente de los deseos de uno.

Aunque, los criterios específicos para probar una creencia dependen del sujeto en consideración, hay ciertos criterios generales.

Necesitamos examinar la evidencia. Aquí me estoy refiriendo a la observación de datos que son reproducibles por observadores independientes y que pueden ser examinados experimentalmente en casos de prueba. Esto es llamado familiarmente el criterio empirista o experimentalista. Una creencia es verdadera si, y sólo sí, ha sido confirmada, directa o indirectamente, por referencia evidencia observable. Una creencia también es validada al ofrecerse razones que la apoyen.

Aquí hay consideraciones lógicas que son relevantes.

Una creencia es invalidada si contradice otras creencias muy bien fundamentadas dentro de una estructura. Además evaluamos nuestras creencias en parte por sus consecuencias observadas en la práctica por su efecto en la conducta. Este es el criterio utilitario o pragmático: la utilidad de una creencia es juzgada por referencia a su función y su valor.

Sin embargo, uno no puede sostener que una creencia es verdadera simplemente porque tiene utilidad; la evidencia independiente y las consideraciones racionales son esenciales.

No obstante, la referencia a los resultados de una creencia, particularmente a las de una creencia normativa, es importante.

Esos criterios generales son, por supuesto, familiares en la lógica y la filosofía de la ciencia.

Estoy hablando del método hipotético-deductivo de probar las hipótesis. Pero este método no deberá ser construido estrechamente, porque el método científico emplea el sentido común; no es ningún arte esotérico disponible sólo a los iniciados.

La ciencia emplea los mismos métodos de inteligencia crítica que el hombre ordinario usa al formular creencias acerca de su mundo físico; y es el método que tiene que usar, en alguna medida, si va a vivir y funcionar, hacer planes y elecciones.

Desviarse del pensamiento objetivo es estar fuera de contacto con la realidad cognitiva; y no podemos evitar usarlo si vamos a manejar los problemas concretos que encontramos en el mundo.

La paradoja es que mucha gente quiere abandonar su inteligencia práctica cuando ingresan a los campos de la religión o la ética o arrojan la cautela al viento cuando flirtean con los así llamados asuntos trascendentales.

En cualquier caso hay una necesidad de desarrollar una actitud científica general para todas o la mayor parte de las áreas de la vida, usar, tanto como sea posible, nuestra inteligencia crítica para evaluar las creencias, e insistir que estén basadas en fundamentos evidentes.

El colorario principal de esto es el criterio que donde no tengamos la suficiente evidencia, deberíamos suspender el juicio. Nuestras creencias deberán ser consideradas hipótesis tentativas basadas en grados de probabilidad. No deberán ser consideradas absolutos o finales.

Deberemos estar comprometidos con el principio de falibilismo, que considera que nuestras creencias pueden ser érroneas. Deberemos estar deseando revisarlas, si necesitan serlo a la luz de nueva evidencia y nuevas teorías.

La actitud científica por eso no prejuzga sobre fundamentos a priori el examen de las afirmaciones acerca de lo trascendental. Está comprometida con la investigación libre y abierta.

No puede rehusar comprometerse en la investigación, por ejemplo de los fenómenos paranormales.

Pero no sostiene el derecho a preguntar que tal investigación pueda ser responsable y cuidadosamente conducida, que la evidencia no sea deshecha por la conjetura, ni las conclusiones basadas en la voluntad de creer.

La pregunta básica es: ¿Cómo podemos cultivar la actitud científica?

La institución más vital de la sociedad para desarrollar una apreciación por la actitud científica es la escuela.

No es suficiente, sin embargo, para las instituciones educativas informar simplemente a la gente joven de los hechos o diseminar un cuerpo de conocimiento.

La educación de tal clase puede ser nada más que aprendizaje rutinario o adoctrinación.

Más bien, un propósito principal de la educación deberá ser desarrollar dentro de los individuos el uso de la inteligencia crítica y el escepticismo. No es suficiente hacer que los estudiantes memoricen una materia, amasen hechos, pasen exámenes o aún dominen una especialidad o profesión o sean entrenados como ciudadanos. Si hacemos eso y nada más, no hemos educado completamente; la teoría central es cultivar la habilidad de verificar experiencias, evaluar las hipótesis, evaluar los argumentos -en resumen- desarrollar una actitud de objetividad e imparcialidad.

La tremenda explosión informativa de hoy nos ha bombardeado compiten con afirmaciones verdaderas. Es vital que los individuos desarrollen algún entendimiento de los criterios efectivos para juzgar estas afirmaciones. No me refiero solamente a nuestra habilidad de examinar afirmaciones de conocimiento acerca del mundo sino también de nuestra habilidad para desarrollar algunas características al apreciar juicios de valor y principios éticos. La meta de la educación deberá ser desarrollar personas reflexivas -escépticas aunque receptivas a nuevas ideas, siempre deseando examinar nuevas desviaciones del pensamiento, aunque insistiendo que sean probadas antes de ser aceptadas.

La educación no se realiza cuando transmitimos una materia o disciplina finita a los estudiantes: sólo cuando estimulamos un proceso activo de búsqueda.

Esta meta es apreciada actualmente en algunas instituciones educativas que intentan cultivar la inteligencia reflexiva. Pero la educación no está completa a menos que podamos extender nuestro interés a otras instituciones educativas de la sociedad.

Si vamos a cultivar el nivel de la inteligencia crítica y promover la actitud científica, es importante que nos interesemos con los medios de comunicación masiva. Un problema especialmente serio con los medios electrónicos es que emplean las imágenes visuales más que los símbolos escritos, diseminan impresiones inmediatas en vez de análisis sustentados.

¿Cómo podemos estimular la crítica reflexiva en el público dando este tipo de información?

No tengo una solución fácil que ofrecer.

Lo que deseo sugerir es que no debemos asumir, simplemente porque la nuestra es una sociedad científico-tecnológica avanzada, que el pensamiento irracional será derrotado. La evidencia sugiere que eso está lejos de ser el caso.

Ciertamente, siempre está el peligro que la ciencia misma pueda ser absorbida por las fuerzas de la sinrazón.

Si vamos a manejar el problema, lo que necesitamos, por lo menos, es ser claros acerca de la naturaleza de la empresa científica misma y reconocer que presupone una actitud básica acerca de los criterios evidentes.

A menos que podamos impartir a través de las instituciones educativas de la sociedad algún sentido del acercamiento escéptico a la vida -como terapéutico y correctivo- entonces me temo que estaremos constantemente confrontados por nuevas formas de "saber-nadismo".

Si vamos a progresar al vencer la irracionalidad, sin embargo, debemos ir más lejos todavía.

Tal vez debemos tratar de satisfacer la necesidad por el misterio y el drama y el anhelo por el significado.

El desarrollo de la educación y la ciencia en el mundo moderno es una maravilla que sostener, y deberíamos hacer cualquier cosa para fomentar su desarrollo. Pero hemos aprendido que un incremento en la suma del conocimiento por sí mismo no necesariamente derriba la superstición, el dogma, y la culpabilidad, porque estos son nutridos por otras fuentes en la psique humana.

Un punto con frecuencia descuidado en satisfacer nuestra fascinación con el misterio y el drama es el posible papel de la imaginación en las ciencias.

La ciencia puede solamente proceder por ser abierta a las exploraciones creativas del pensamiento. Los completos rompimientos en la ciencia son pasmosos, y continuarán tanto como escudriñemos más allá del micromundo de la materia y la vida y en el universo en general.

La era espacial es el principio de una nueva era para la humanidad, tanto como dejemos nuestro sistema solar y exploremos el universo para buscar vida extraterrestre. Necesitamos diseminar una apreciación por la aventura de la empresa científica. Desafortunadamente, para algunos, la ciencia-ficción es el sustituto de la ciencia.

La religión del futuro puede ser una una religión de la era espacial en la que los nuevos profetas no son los científicos sino los escritores de ciencia-ficción.

La ciencia tiene por eso un foco doble: la objetividad y la creatividad. Las artes son esenciales en mantener vivas las cualidades dramáticas de la experiencia; poesía, música, y la literatura expresan nuestra naturaleza apasionada.

El hombre no vive por la razón solamente; y la ciencia es con frecuencia vista por sus críticos como fría y racional. La gente anhela algo más. Nuestros impulsos estéticos y nuestro deleite por la belleza necesitan ser cultivados.

Las artes son la expresión más profunda de nuestros intereses espirituales, pero necesitamos hacer una distinción entre el arte y la verdad.

En cualquier caso, necesitamos satisfacer la búsqueda por el sentido.

Es este anhelo por el significado etéreo que, pienso, lleva a la desorientación psicótica encontrada en los cultos de la sinrazón. "Sígueme", dicen los cultos de la irracionalidad. "Yo soy la luz, la verdad, y el camino".

Y la gente está deseando abandonar todos los patrones de juicio crítico en el proceso.

Deseo aclarar que hay la necesidad actualmente para desarrollar instituciones normativas alternativas.

Sugeriría que tal programa no construiría sistemas con creencias que sean patentemente falsos o irracionales o que violen la evidencia de las ciencias; sin embargo, buscará dirigirse a otras dimensiones de la experiencia humana, y dará a las artes, la filosofía y la ética papeles poderosos para ayudar a satisfacer las necesidades humanas.


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Nota:[1]

Paul Kurtz es profesor emérito de filosofía de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo; es el fundador del Concilio para el Humanismo secular y es editor en jefé de la revista escéptica Free Inquiry. Kurtz ha escrito varios libros, entre ellos "Defendiendo la Razón" Ensayos de humanismo secular y escepticismo, Living without religion - Eupraxophy, The new skepticism, Skeptical odysseys, El fruto phohibido - la ética del humanismo.

Tomado de Kurtz, Paul: Defendiendo la Razón: Ensayos de Humanismo Secular y Escepticismo. Lima: AERPFA, 2002.

Traducción por M.A. Paz y Miño del artículo del mismo autor "The Scientific Attitude versus Antiscience and Pseudoscience" escrito basado en el discurso pronunciado en el congreso de fundación del Comité para la investigación científica de las afirmaciones de lo paranormal [CSICOP], publicado en inglés en The Humanist, julio-agosto de 1976, aparecido luego en Kurtz, Paul: In Defense of Secular Humanism. Buffalo: Prometheus Books, 1983.


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Publicado el 11 junio 2009 - 05:54







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Escrito por Kanijo en Medicina, Pensamiento Crítico


2009. junio. 09

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Primera Parte


HOMEOPATÍA Y CIENCIA: UNA VISIÓN MÁS CERCANA


INTRODUCCIÓN




Desde su concepción hace unos 200 años, la homeopatía ha tenido altibajos en su aceptación.

Su aparente resurgimiento en estos tiempos ha reavivado la discusión sobre si las medicaciones homeopáticas son un tratamiento efectivo contra las enfermedades o si no son más que placebos.

La discusión sobre si es o no una terapia efectiva está actualmente en curso en la medicina humana y veterinaria; parece haber evolucionado en una entre los defensores de la homeopatía y aquellas que desean unas firmes evidencias de efectividad antes de adoptar cualquier terapia. Esta revisión intenta fijar el estado de las actuales evidencias respecto a la homeopatía.



HISTORIA



Se acredita normalmente al médico alemán Samuel Hahnemann (1755-1843) como el fundador y principal desarrollador de la homeopatía, aunque algunos de sus conceptos aparecen muy pronto en la historia médica 1. Insatisfecho con el estado de la medicina del momento, la cual incluía sangrías, purgas, ventosas y una excesiva dosis de mercurio, cesó su práctica médica en 1782 y comenzó a traducir textos médicos y químicos. Fue durante esta época cuando empezó, aparentemente, a cuestionar seriamente los mecanismos propuestos de actividad medicinal de sus contemporáneos.

Hahnemann siguió una tradición que veía la enfermedad como un tema de fuerza vital o espíritu.

El concepto de fuerza vital parece ser una de las primeras especulaciones en la historia médica registrada y unas fuerzas similares forman la base propuesta de un número de prácticas sanitarias metafísicas. Es una supuesta “fuerza” no material que sostiene la vida y sobre la cual no hay evidencias objetivas 2. De acuerdo con Hahnemann: “Las causas de nuestros males no pueden ser materiales, dado que el menor material extraño, no importa lo benignos que puedan parecernos, si se introducen en nuestros vasos sanguíneos, se expulsan rápidamente gracias a la fuerza vital, como si fueran un veneno….ninguna enfermedad, en una palabra, está causada por una sustancia material, sino que cada uno es sólo y siempre un desarreglo dinámico, virtual y peculiar de la salud 3”.

Consistente con esta filosofía está la creencia de que es más importante poner atención a los síntomas que a las causas externas de la enfermedad. Conociendo los síntomas específicos de la enfermedad, el tratamiento es cuestión de encontrar una sustancia o sustancias que induzcan los mismos síntomas en una persona sana. Esta es la base del “Principio de los Similares” de Hahnemann. El trabajo de Pasteur y Koch sobre las inoculaciones con minúsculas cantidades de microbios debilitados que provocan enfermedades parecían apoyar dicha idea en esta época.

Hahnemann y sus seguidores pasaron entonces a probar los efectos de casi 100 sustancias sobre ellos mismos, un proceso conocido como “demostración”.

El procedimiento típico era que una persona sana ingiriese una pequeña cantidad de una sustancia concreta y entonces intentar anotar cuidadosamente cualquier reacción o síntoma (incluyendo reacciones emocionales o mentales) que tuviesen lugar. Mediante este método, Hahnemann y sus seguidores “demostraron” que la sustancia era un remedio efectivo para un síntoma particular. Tal método para determinar la efectividad de un tratamiento es implausible, y al menos la apertura al poder de la sugestión debería ser argumentable. De hecho, en un estudio controlado, los sujetos sanos informaron síntomas similares cuando se les daba una disolución homeopática de belladonna o un placebo 4.

No obstante, la recopilación de experiencias de tales incidentes se convirtió en la base de un compendio conocido como Materia Medica. Debido a que algunas de las sustancias probadas eran tóxicas (tales como hiedra venenosa y distintos venenos de serpiente), durante una demostración tenía sentido ingerir dosis pequeñas. Este puede ser el origen del principio homeopático de las “disoluciones infinitesimales” en las cuales cuanto más diluida está la solución se supone que es más potente.

El origen del principio de “potenciación” es más oscuro. La potenciación propone hacer activa una sustancia diluida e inerte mediante la liberación de su energía. De acuerdo con Hahnemann: “Las potenciaciones homeopáticas son procesos mediante los cuales las propiedades medicinales de los medicamentos, las cuales están en estado latente en la sustancia pura, son excitadas y se permite que actúen espiritualmente sobre las fuerzas vitales 5 ”.

La disolución simple de un médicamente es insuficiente para producir una cura. Para lograr la potenciación, tras cada sucesiva disolución 1 a 9 (”D”) o 1 a 100 (”C”), la solución debe agitarse vigorosamente (el proceso se conoce como “sacudida”). En el caso de una sustancia el polvo, debe ser machacada vigorosamente (trituración). La potenciación propone liberar la energía de la sustancia que se usa como tratamiento y que esta energía liberada permanece supuestamente, incluso en las menores dosis.

Hahnemann creía que los remedios homeopáticos deberían ser prescritos adecuadamente para tipos de cuerpos y personalidades concretas, basándose en las antiguas teorías humorales de Galeno. De acuerdo con estas teorías, había cuatro tipos de cuerpos y personalidades, basándose en qué “humor” del cuerpo predominaba: sangre (optimista, de corazón caliente y volátil), bilis negra (melancólico, triste), bilis amarilla (colérico, rápido e iracundo en actuar) y flema (flemático, lento y apático). Además de describir unos pocos tipos de cuerpo básicos, también sugirió que existen unas causas primarias correspondientes para las enfermedades graves y crónicas, que llamó “miasmas”. La primera miasma, conocida como “psora” (picor) se refiere a la susceptibilidad general a una enfermedad y puede considerarse como la fuente de todas las enfermedades crónicas. Las otras dos miasmas de la teoría homeopática son las enfermedades venéreas sífilis y sicosis (gonorrea). Juntas, estas tres condiciones se consideraban como la causa de al menos el 80 por ciento de todas las enfermedades crónicas.

La homeopatía ha hecho varias contribuciones indirectas importantes a la práctica de la medicina. En la época en la que se desarrolló, los tratamientos médicos del momento a menudo eran más peligrosos que la enfermedad que se suponía que trataban.

Efectivamente, la homeopatía puede haber ayudado a acelerar la caída de tales tratamientos. La homeopatía proporcionó la fuente e idea inicial de medicamentos útiles tales como la nitroglicerina6 y la aconitina 7. Científicos anteriores tales como Joseph Lister y Sidney Ringer afirmaron que llegaron a importantes descubrimientos farmacológicos gracias a la homeopatía 8.

La homeopatía también tiene el crédito de haber proporcionado los primeros apoyos s los ensayos clínicos con grupos de control y procedimientos cuantitativos y sistemáticos y el uso de estadística en medicina 9.

Desde el punto de vista de la medicina veterinaria, es curioso que Hahnemann no hiciera ninguno de sus trabajos con animales. La psora, sífilis y gonorrea no son condiciones reconocidas en animales. La falacia de prescribir medicamentos para animales basándose en cómo hacen sentir a la gente parece obvia dadas las variaciones entre especies que se dan entre las reacciones a distintas sustancias farmacológicas. Las ideas de prescribir medicamentos para tipos de cuerpos y personalidades parecerían particularmente difíciles de aplicar, también, en animales.

Debería ser obvio que las premisas sobre las que se basa en trabajo de Hahnemann son difíciles de apoyar basándose en el conocimiento actual. Desde un punto de visto estrictamente hipotético es posible que Hahnemann llegara a la conclusión correcta a partir de razones equivocadas. No obstante, aunque las críticas basadas únicamente en el origen de la filosofía pueden no ser completamente condenatorias, son, al menos, instructivas.


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Publicado el 23 julio 2009 - 12:20








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¿Qué preguntas puede responder la ciencia?


Escrito por Kanijo en Ciencia General, Pensamiento Crítico

Domingo, 19 de julio de 2009





Un aspecto frustrante de nuestro debate sobre la compatibilidad de ciencia y religión era la cantidad de esfuerzo gastado argumentando sobre las definiciones, en lugar de la sustancia.

Cuando uso palabras como “Dios” o “religión”, intento usarlas en el sentido que son consistentes con cómo se han comprendido (al menos en el mundo Occidental) a lo largo de la historia, por la gran mayoría de creyentes contemporáneos, de acuerdo a las definiciones que puedes encontrar en un diccionario.

Me parece claro que, mediante esos estándares, la creencia religiosa normalmente implica distintas afirmaciones de cosas que suceden en el mundo real – por ejemplo, el nacimiento virginal o la resurrección final de Jesús.

Esas afirmaciones pueden ser juzgadas por la ciencia, y no dan la talla.

Alguna gente prefiere definir la “religión” de tal forma que sus creencias religiosas no abarcan nada que suceda en el mundo. Y eso está bien; las definiciones no son correctas o incorrectas, simplemente útiles o inútiles, donde la utilidad se juzga por la claridad del intento de comunicación de uno. Personalmente, creo que usar “religión” de esta forma no es claro.

La mayor parte de cristianos estarían en desacuerdo con la afirmación de que Jesús nació porque José y María practicaron sexo y su esperma fertilizó su óvulo y que las cosas fueron de forma normales a partir de ahí, o que Jesús en realidad no resucitó de entre los muerto, o que Dios no creó el universo.

La Congregación para las Causas de los Santos, cuyo trabajo es juzgar si un candidato a canonización realmente ha realizado el número de milagros, probablemente no estaría de acuerdo en que los milagros no ocurren. Francis Collins, recientemente nombrado para dirigir el NIH, defiende que algún tipo de hipótesis de Dios ayuda a explicar el valor de las constantes fundamentales de la naturaleza, de la misma forma que lo haría una Gran Teoría Unificada.

Estas visiones no son de ninguna manera marginales, incluso sin profundiza en las variedades más extremas del literalismo bíblico.

Además, si una persona religiosa realmente creyese que nada en el mundo podría ser perfectamente explicado por medios comunes no religiosos, pensaría que debe gastar la energía de sus argumentos dedicándolos a los muchos millones de personas que creen que el nacimiento virginal y la resurrección y la promesa de una vida eterna y la eficacia de un sacerdote intermediario son literalmente ciertas, en lugar de con un puñado de bloggers ateos con los que concierta en casi todo sobre lo que sucede en el mundo. Pero este es un país libre, y la gente es bienvenida a definir las palabras a su gusto, y defenderlas con quién desee.

Pero hay un tema que es más interesante y sustancial que yace bajo la superficie.

En ese mensaje me centré en el significado de “religión”, pero aludía al hecho de que los defensores del Magisterio No Solapado a menudo representan de forma equivocada también la “ciencia”. Y esto, creo, no es sólo cuestión de definiciones: podemos estar más o menos de acuerdo en lo que significa “ciencia”, y aún así no estarlo en qué preguntas tiene la capacidad de responder.

Entonces, este es un tema que merece la pena estudiar con más cuidado: ¿qué tiene en realidad la ciencia la capacidad de hacer?

Pienso en una popular pero muy mala estrategia para responder a esta pregunta: primero, intenta destilar la esencia de la “ciencia” y reducirlo a algún eslogan con gancho, y luego preguntas caen bajo el ámbito de ese eslogan.

En distintos momento de la historia, eslóganes populares de elección podrían haber sido “el método científico Baconiano” o “positivismo lógico” o “falsacionismo Popperiano” o “naturalismo metodológico”. Pero esta táctico siempre lleva a problemas.

La ciencia es una empresa humana compleja, notoriamente difícil de reducir mediante procedimientos rutinarios.

Una estrategia mucho mejor, creo, es considerar ejemplos específicos, imaginar qué tipo de preguntas puedes puede abordar la ciencia racionalmente, y compararlas con las que estamos interesados.

Aquí está mi ejemplo favorito de cuestión. Alfa Centauri A es una estrella de tipo Ga poco más de 4 años luz de distancia.

Elige ahora algún momento concreto de hace mil millones de años y ampliar el centro exacto de la estrellas. Los protones y electrones colisionando entre sí todo el tiempo.

Considera la colisión de los dos electrones más cercanos al momento exacto y en ese punto preciso del espacio.

Ahora preguntamos: ¿se conservó el momento en esa colisión? O, para hacerla ligeramente más empírica, ¿estaba la magnitud del momento total tras la colisión dentro de un uno por ciento de la magnitud total del momento antes de la colisión?

Esta se supone que no es una pregunta con truco; no tengo ningún conocimiento especial o teoría sobre el interior de Alfa Centauri que tú no tengas. La respuesta científica a esta pregunta es: por supuesto, el momento se conservó.

La conservación del momento es un principio de la ciencia que se ha comprobado con gran precisión en todo tipo de experimentos, tenemos todas las razones para pensar que sigue siendo verdad en esta colisión concreta, y ninguna en absoluto para dudar de ello; por tanto, es perfectamente razonable decir que el momento se conservó.

Un purista podría argumentar, bueno, no podrías estar seguro. No observaste ese evento concreto, después de todo, y más importante aún, no hay una forma concebible de que puedas captar datos en la época actual que responda la pregunta de una forma u otra.

La ciencia es una empresa empírica, y debería guardar silencio sobre las cosas sobre las que no es posible una adjudicación empírica.

Pero eso es una absoluta locura. Así no es como funciona la ciencia.

Por supuesto que podemos decir que el momento se conservó. Es más, si alguien analizase en serio la lógica del párrafo anterior, la ciencia sería un esfuerzo completamente inútil, dado que nunca podríamos hacer afirmaciones sobre el futuro.

Las predicciones serían imposibles, dado que aún no han sucedido, por tanto no tenemos datos sobre ellas, y la ciencia debería guardar silencio.

Todo esto está completamente mezclado, dado que la ciencia no funciona fenómeno a fenómeno.

La ciencia construye teorías, y luego compara los datos empíricamente recopilados, y decide qué teorías proporcionan un mejor encaje con los datos.

La definición de “mejor” es notoriamente resbaladiza en este caso, pero una cosa está clara: si dos teorías hacen el mismo tipo de predicciones de fenómenos observables, pero una es mucho más simple, siempre preferiremos la más simple. La definición de teoría también general ocasionalmente problemas, pero el lenguaje común no debería oscurecer el potencial alcanzado por la idea: ya las llamemos teorías, modelos, hipótesis, o como quieras, la ciencia pasa un juicio sobre las ideas de cómo funciona el mundo.

Y esto es un punto crucial.

La ciencia no hace un montón de experimentos sobre objetos en colisión y dice “el momento se conservó en esa colisión, y en esa”, y se detiene aquí.

Hace experimentos, y entonces propone marcos de trabajo para la comprensión de cómo funciona el mundo, y entonces compara esos marcos de trabajo teóricos con los datos experimentales, y – si los datos y la teoría parecen bastante buenos — pasa el juicio. Los juicios son necesariamente tentativos — se debería estar abierto a la posibilidad de mejores teorías o sorprendentes datos nuevos — pero no son menos útiles por eso.

Además, estos marcos de trabajo teóricos vienen con los dominios de validez apropiados, dependiendo tanto de los datos experimentales que tengamos disponibles como del propio marco de trabajo teórico.

A las bajas energías disponibles para nosotros en experimentos de laboratorio, tenemos gran confianza en que el número bariónico (el número total de quarks menos antiquarks) se conserva en cada colisión.

Pero no necesariamente extendemos eso a energías arbitrariamente altas, debido a que es fácil pensar en extensiones perfectamente cómodas y prácticas de nuestra actual comprensión teórica en la que el número bariónico podría violarse perfectamente — es más, es extremadamente probable, dado que existen mucho más quarks que antiquarks en el universo observable.

Por el contrario, creemos con mucha confianza que la carga eléctrica se conserva a energías arbitrariamente altas. Esto se debe a que los puntales teóricos de la conservación de carga son mucho más robustos e inflexibles que los de la conservación del número bariónico. Un buen marco de trabajo teórico puede ser extremadamente severo y tener un ámbito tremendo, incluso si sólo lo hemos comprobado en un parpadeo de tiempo cósmico en la pequeña mota que es nuestro planeta.

La misma lógica se aplica, por ejemplo, al caso altamente contencioso del multiverso.

El multiverso no es, por sí mismo, una teoría; es una predicción de cierta clase de teorías.

Si la idea fuese simplemente “Hey, no sabemos lo que hay fuera de nuestro universo observable, por lo que puede haber todo tipo de locuras ahí fuera”, sería risible y sin interés. Por los estándares científicos, quedaría muy corto. Pero el tema es que varios intentos teóricos de explicar fenómenos que observamos directamente justo frente a nosotros — como la gravedad, y la teoría de campo cuántico — nos llevan a predecir que nuestro universo sería uno entre muchos, y por consiguiente sugerir que tomemos en serio la situación cuando hablamos de la “naturalidad” de varias características de nuestro entorno local.

El tema, por el momento, no es si realmente existe o no el multiverso; es la forma en que pensamos sobre él y llegamos a conclusiones sobre su plausibilidad a través de exactamente el mismo proceso científico de razonamiento que hemos estado usando desde hace mucho tiempo. La ciencia no pasa el juicio sobre los fenómenos; pasa el juicio sobre las teorías.

La razón por la que confiamos en que el momento se conservará durante una colisión concreta hace mil millones de años es que la ciencia ha concluido (más allá de toda duda razonable, aunque no con una certeza metafísica) que el mejor marco de trabajo para la comprensión del mundo es uno en el que el momento se conserva en todas las colisiones.

Es ciertamente posible que esta colisión concreta fuese una excepción; pero un marco de trabajo en el que fuese verdad necesitaría ser más complejo, sin proporcionar ninguna explicación mejor para los datos que tenemos.

Estamos comparando dos teorías: una en la que el momento siempre se conserva, y una en la que ocasionalmente no lo hace, incluyendo una hace mil millones de años en el centro de Alfa Centauri.

La ciencia está bien equipada para llevar a cabo esta comparación, y la primera teoría gana de largo.

Ahora vamos a volvernos hacia una cuestión cercanamente análoga. Existen algunas evidencias históricas que, hace aproximadamente dos mil años en Galilea, nació una persona llamada Jesús de una mujer llamada María, y más tarde creció para ser un líder mesiánico y finalmente ser crucificado por los romanos. (Un tipo rebelde, por cierto — tendía a ser bastante doctrinario sobre los caminos a la salvación, y propenso a arrojar a mercaderes fuera de los templos. No muy “complaciente” si quieres decirlo así). La pregunta es: ¿cómo quedó embarazada María?

Una aproximación sería decir: simplemente no lo sabemos. No estábamos allí, no tenemos datos fiables, etc. Deberíamos callarnos.

La aproximación científica es muy distinta.

Tenemos dos teorías.

Una teoría es que María era virgen; nunca tuvo sexo antes de quedar embarazada, o encontró esperma de alguna forma.

Su embarazo fue un evento milagroso, llevado a cabo por la intervención de del Espíritu Santo, una manifestación espiritual de un Dios trinitario.

La otra teoría es que María quedó embarazada a través de canales relativamente convencionales, con la ayuda de (se supone) su marido. De acuerdo con esta teoría, las afirmaciones en la literatura inicial (aunque no contemporánea) son, simplemente erróneas.

No hay duda de que estas dos teorías pueden juzgarse científicamente.

Una es conceptualmente muy simple; todo lo que requiere es que unos textos antiguos sean erróneos, lo cual sabemos que pasa habitualmente, incluso con textos que son considerablemente menos antiguos y considerablemente mejor corroborados.

La otra es conceptualmente horrible; propone una desviación aislada e impredecible de las, de otro modo, reglas universales, e invoca un conjunto de categorías espirituales vagamente definidas por el camino.

Según todos los estándares que los científicos han usado durante cientos de años, la respuesta es clara: la teoría de sexo y mentiras es enormemente más convincente que la del nacimiento virginal.

Lo mismo es cierto para otro tipo de eventos milagrosos, o afirmaciones sobre la inmortalidad del alma, o una mano divina guiando la evolución del universo y/o la vida.

Estos fenómenos sólo tienen sentido dentro de una cierta amplitud del marco de trabajo para comprender cómo funciona el mundo.

Y tal marco de trabajo puede juzgarse contra otros en los que no hay milagros etc. Y, sin fallo, el juicio científico cae a favor de una visión no milagrosa y o sobrenatural del universo.

Esto es lo que realmente significa mi afirmación de que ciencia y religión son incompatibles.

Me estaba refiriendo a la interpretación de la religión de la Congregación para las Causas de los Santos, la cual engloba una variedad de afirmaciones sobre cosas que en realidad pasan en el mundo; no la interpretación de todo está en tu corazón, donde la religión no hace tales afirmaciones. (No tengo interés en argumentar sobre este punto dado que la interpretación es “correcta”).

Cuando la religión, o cualquier otra cosa, hace afirmaciones sobre lo que sucede en el mundo, esas afirmaciones pueden, en principio, ser juzgadas por los métodos de la ciencia. Eso es todo.

Bueno, por supuesto, hay una cosa más: se ha hecho el juicio y las visiones que están un paso fuera de los límites de la explicación estrictamente natural se quedan cortas.

Por “natural” simplemente indico la visión en la que todo lo que sucede puede explicarse en términos del mundo físico obedeciendo unas reglas no ambiguas, nunca perturbados por las intervenciones sobrenaturales y caprichosas de fuera de nuestra propia naturaleza.

La preferencia por una explicación natural no es una suposición a priori hecha por la ciencia; es una conclusión del método científico.

Sabemos lo bastante sobre el funcionamiento del mundo para comparar dos grandes marcos de trabajo teóricos: uno puramente naturalista, contra uno que incorpora algún tipo de componente sobrenatural. Para explicar lo que en realidad vemos, no hay duda de que la aproximación naturalista es simplemente más convincente al encajar con las observaciones.

¿Podría la ciencia, a través de su estrategia de juzgar hipótesis sobre la base de la comparación con los datos empíricos, ir más allá incluso del naturalismo y concluir que algún tipo de influencia sobrenatural era una característica necesaria para explicar lo que pasa en el mundo? Claro; ¿por qué no? Si los fenómenos sobrenaturales realmente existieran, y realmente influyesen sobre las cosas que suceden en el mundo, la ciencia habría bien en comprenderlos.

Es cierto que, dado el estado actual de datos y teorías científicas, la enorme preponderancia de pruebas cae a favor de un mundo puramente en términos naturales. Pero eso no quiere decir que la situación no pueda, en principio, cambiar.

La ciencia se adapta a la realidad, sea cual sea la forma en la que se presente. En el amanecer del siglo XX, habría sido difícil encontrar un pilar de la física aceptada más firme que el principio del determinismo: el futuro puede, en principio, predecirse a partir del estado actual. Los experimentos que nos llevaron a inventar la mecánica cuántica lo cambiaron todo.

Cambiar de una teoría en la que el presente determina un único futuro a una donde las predicciones son necesariamente probabilísticas por naturaleza en un terremoto increíble en nuestra descripción básica de la realidad.

Pero la ciencia hizo la transición con una rapidez increíble, debido a que los datos lo demandaban.

Algunos testarudos trataron de recuperar el determinismo a un nivel más profundo inventando teorías más inteligentes — que es exactamente lo que deberían haber hecho. Pero (para simplificar una compleja historia) no tuvieron éxito, y los científicos aprendieron a tratar con ella.

No es difícil imaginar un escenario hipotético similar desarrollándose para el caso de las influencias sobrenaturales. Los científicos hacen experimentos que revelan anomalías que no pueden explicarse por las teorías actuales. (Estas podría ser cosas sutiles a nivel microscópico, o la relativamente patente manifestación de ángeles con alas y espadas llameantes).

Sufrirían para aparecer con una nueva teoría que encajase con los datos dentro del dominio del paradigma natural, pero no tendrían éxito. Finalmente, concordarían en que la teoría más convincente y económica es una con dos partes: una parte natural, basadas en reglas inflexibles, con un cierto rango de aplicabilidad bien definido, y una sobrenatural, para la cual no se pueden encontrar reglas.

Por supuesto, esta fase de comprensión podría ser una temporal, dependiendo del progreso futuro de teorías y experimentos. Esto es perfectamente válido; la comprensión científica es necesariamente provisional.

A mediados del siglo XIX, antes de que la creencia en los átomos hubiese calado entre los físicos, las leyes de la termodinámica se pensaban que eran unas reglas separadas y autónomas, unidas a las frescas leyes newtonianas que gobiernan las partículas.

Finalmente, a través de Maxwell y Boltzmann y otros pioneros de la teoría cinética, comprendimos mejor, y descubrimos cómo el comportamiento termodinámico podía ser incrustado en el paradigma Newtoniano a través de la mecánica estadística. Una de las cosas buenas de la ciencia es que es difícil de predecir su curso futuro.

De la misma forma, la necesidad de un componente sobrenatural en la mejor comprensión científica del universo podría evaporarse — o no. La ciencia no supone cosas desde el principio; intenta tratar con la realidad tal y como se presenta, sea cual sea.

Aquí es donde la charla del “naturalismo metodológico” nos lleva por el mal camino. Paul Kurtz lo define como la idea de que “todas las hipótesis y eventos tienen que ser explicados y comprobados en referencia a causas y eventos naturales”.

Esta “explicada y comprobada” es un error inocente.

La ciencia prueba las cosas empíricamente lo cual es como decir por referencia a eventos observables; pero no tiene que explicar las cosas en referencia a causas y eventos naturales.

La ciencia explica lo que ve de la mejor forma que puede — ¿por qué debería ser de otra forma? Lo importante es tener en cuenta los datos de la forma más simple y útil posible.

No hay obstáculo en principio para imaginar que el progreso normal de la ciencia pueda algún día concluir en que la invocación de un componente sobrenatural es la mejor forma de comprender el universo.

Es más, este escenario es básicamente la esperanza de la mayor parte de los defensores del Diseño Inteligente.

El punto no es que esto posiblemente no pudo pasar — es que no ha sucedido en nuestro mundo real. En el mundo real, de lejos el marco de trabajo teórico más convincente con los datos es uno en el cual todo lo que sucede está perfectamente tenido en cuenta por fenómenos naturales.

Sin nacimientos virginales, sin resurrecciones a los tres días, sin vida después de la muerte ni Cielo, sin ajustes sobrenaturales en el curso de la evolución. Puedes definir “religión” como quieras, pero no puedes negar el poder de la ciencia para llegar a conclusiones de largo alcance sobre cómo funciona la realidad.


Autor: Sean Carroll

Fecha Original: 15 de julio de 2009
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