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Farmacología Tema:La Aspirina - Ayuda Tareas - Foros de Educación y Ayuda Tareas

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Farmacología Tema:La Aspirina


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#1 Ge. Pe.

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Publicado el 16 octubre 2007 - 07:36

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Tuve dificultades cuando pense subir este post, por una parte porque no supe donde ponerlo y por otra porque cumpliría una función que nos proponemos, difundir las Ciencias de la Vida como una guía modesta para aquellos que estan pensando como, donde y por qué estudiar.

He utilizado la portada y la introducción de un libro clásico en este tema, como es sólo información general, disculpas de antemano por la violación posible de los derechos de autor.


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FARMACOLOGÍA HUMANA



Director

Jesús Flórez
Catedrático de Farmacología,
Departamento de Fisiología y Farmacología, Facultad de Medicina, Universidad de Cantabria, Santander

Directores asociados

Juan Antonio Armijo
Catedrático de Farmacología Clínica,
Facultad de Medicina, Universidad de Cantabria, Jefe de Servicio de Farmacología Clínica, Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Santander

África Mediavilla
Profesora Titular de Farmacología,
Facultad de Medicina, Universidad de Cantabria, Médico Adjunto del Servicio de Farmacología Clínica, Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Santander


3ª edición

Barcelona - Madrid - Paris - Milano - Asunción - Bogotá - Buenos Aires - Caracas - Lima - Lisboa - México - Montevideo
Rio de Janeiro - San Juan de Puerto Rico - Santiago de Chile


MASSON, S.A.

Ronda General Mitre, 149 - 08022 Barcelona

MASSON, S.A.

120, Bd. Saint-Germain - 75280 Paris Cedex 06

Advertencia: Los autores han hecho todos los esfuerzos posibles para asegurarse de que las indicaciones y las dosis que figuran en el libro son las correctas y generalmente recomendadas por las autoridades sanitarias y la literatura médica en el momento de la publicación. Sin embargo, queremos advertir a los lectores que deben consultar las recomendaciones y las informaciones que de forma periódica
van proporcionando las autoridades sanitarias y los fabricantes de los productos, y que no podemos hacernos responsables de las consecuencias que pudieran derivarse de cualquier error del texto que haya podido pasar inadvertido.

Finalmente, cuando para el manejo o tratamiento de una determinada situación haya más de una opción admitida, las recomendaciones del libro representan exclusivamente las preferencias de los autores sin que ello indique que otras opciones no puedan ser igualmente eficaces y recomendables.




Primera edición 1987 Eunsa - Pamplona
Reimpresiones 1989, 1991
Segunda edición 1992
Reimpresiones 1994, 1996
Tercera edición 1997
Reimpresión 1998


Reservados todos los derechos.
No puede reproducirse, almacenarse en un sistema de recuperación
o transmitirse en forma alguna por medio de cualquier procedimiento, sea éste mecánico, electrónico, de fotocopia, grabación o cualquier otro, sin el previo permiso escrito del editor.

© 1997. MASSON, S.A.
Ronda General Mitre, 149 - Barcelona (España) ISBN: 84-458-0613-0
Depósito Legal: B. 26.855 - 1998
Ilustraciones: Toni Vidal
Composición y compaginación: Grafic-5, S.L. - Riera Blanca, 115 bis - Barcelona (1997) Impresión: EDIM, S.C.C.L. - Badajoz, 145-147 - Barcelona (1998)
Printed in Spain


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LA FARMACOLOGÍA: CONCEPTO Y OBJETIVOS



J. FLÓREZ




1. Concepto de la Farmacología



La Farmacología es la ciencia biológica que estudia las acciones y propiedades de los fármacos en los organismos.

Fármaco es, en sentido amplio, toda sustancia química capaz de interactuar con un organismo vivo. En sentido más restringido, y en el que se considerará en esta obra, es toda sustancia química utilizada en el tratamiento, la curación, la prevención o el diagnóstico de una enfermedad, o para evitar la aparición de un proceso fisiológico no deseado.

Si se atiende a la terminología oficiosa de la legislación española, fármaco o sustancia medicinal es toda materia, cualquiera que sea su origen, a la que se atribuye una ac- tividad apropiada para constituir un medicamento; es de- cir, un fármaco es el principio activo del medicamento. Medicamento es la sustancia medicinal y sus asociacio- nes o combinaciones destinadas a ser utilizadas en per- sonas o animales, que tenga propiedades para prevenir, diagnosticar, tratar, aliviar o curar enfermedades, o para modificar funciones fisiológicas, es decir, el medicamento es el principio activo (o el conjunto de ellos) elaborado por la técnica farmacéutica para su uso medicinal. Especialidad farmacéutica es el medicamento de composición e información definidas, y de forma farmacéutica y dosificación determinadas, preparado para su uso medicinal inmediato, dispuesto y acondicionado para su dispensación al público, es decir, el envasado o el preparado concreto que se adquiere en la farmacia.

Así entendida la Farmacología, su espectro abarca to- dos los aspectos relacionados con la acción del fármaco: el origen, la síntesis, la preparación, las propiedades, las acciones desde el nivel molecular hasta el organismo com- pleto, su manera de situarse y moverse en el organismo, las formas de administración, las indicaciones terapéuticas y las acciones tóxicas. Se convierte, pues, en un campo multidisciplinario que admite desde el biólogo molecular hasta el médico terapeuta.

En el contexto de la formación del estudiante y del profesional, la Farmacología ofrece la posibilidad de conocer las acciones y las propiedades de los fármacos de manera que puedan ser prescritos y aplicados a los enfermos con rigor, con la máxima seguridad y en óptimas condiciones. Los niveles de conocimiento pueden ser variados en función de las aptitudes y exigencias de cada persona y de cada profesión relacionada con la terapéutica farmacológica. Pero, dados los notorios avances en el conocimiento de los mecanismos por los cuales los fármacos interactúan con las moléculas de las células, la Farmacología ofrece una particular oportunidad para profundizar en el conocimiento de la biología y de la fisiología, de la patología y de la toxicología.


2. Objetivos de la Farmacología



El objetivo primordial de la Farmacología es beneficiar al paciente y hacerlo de un modo tan racional y estricto como el que suele seguirse para llegar a un buen diagnóstico. Eso sólo se consigue si previamente existe un profundo conocimiento de qué hacen los fármacos, cómo lo hacen en la situación patológica concreta del paciente, y qué problemas pueden plantear. Para ello es preciso programar la acción terapéutica con el mismo esfuerzo que se aplica para desarrollar el proceso diagnóstico. El desarrollo de la química, la fisiología, la bioquímica y la tecnología analítica ha permitido aislar productos enormemente activos de las fuentes naturales y, sobre todo, diseñar y sintetizar nuevos compuestos, analizar sus acciones y efectos a todos los niveles posibles de organización de la sustancia viva y conocer los procesos que siguen a su paso por el organismo. Esto ha significado una explosión en la producción de fármacos con gran actividad terapéutica, un cúmulo de información no siempre bien asimilable y, sobre todo, unas posibilidades de aplicación rigurosa, objetiva e individualizada a las características de cada paciente.
La enorme actividad biológica de los fármacos entraña un riesgo ineludible: el de la toxicidad. No hay fármaco que no la posea en mayor o menor grado. De ahí que todo acto terapéutico implique siempre un acto de decisión, mediante el cual se valore la relación entre el beneficio y el riesgo que el fármaco acarree, no de un modo impersonal y teórico sino en función de las características y condiciones de cada paciente.
Aceptado el carácter pluridisciplinario de la cien- cia farmacológica, cabe dividirla, por razones más de estrategia que de concepto, en las siguientes grandes áreas:



2 Farmacología humana



a) El fármaco en sí mismo considerado comprende las disciplinas de la farmacoquímica, la farmacotecnia, la farmacognosia, la galénica y la etnofarmacología.

b) El fármaco en su interacción con los organismos comprende las disciplinas de la farmacodinamia, la far- macocinética, la farmacogenética, la farmacometría y la cronofarmacología.

c) El fármaco en sus aplicaciones terapéuticas y consecuencias yatrógenas comprende la farmacología clínica, la terapéutica y la farmacotoxia. La toxicología, como se ha desarrollado en la actualidad, rebasa los límites de la ciencia farmacológica, aunque mantiene con ella estrechas relaciones.

No se pretende definir y analizar cada una de las disciplinas enumeradas, aunque es evidente la estrecha relación que existe entre las disciplinas de un área y las de otra; no se entiende, por ejemplo, la galénica sin considerar aspectos de farmacocinética o de farmacología clínica, etc. Si acaso, conviene insistir en que la gloria y la servidumbre de la ciencia farmacológica estriban, como ninguna otra, en una situación de cruce o de frontera entre múltiples ciencias básicas y las ciencias clínicas. No cabe hablar de fármaco sin hablar de función biológica, normal o patológica; como no cabe referirse a medicamento sin referirse a enfermedad.

A los efectos de la presente obra, pensada y elaborada para que los profesionales de diverso origen comprendan y aborden la utilización de los medicamentos en los pacientes con rigor, se destacarán sólo los conceptos que forman la trama constitutiva y vertebral de la explicación de los distintos grupos farmacológicos.

La farmacodinamia estudia las acciones y los efectos de los fármacos. Según sea el nivel al que se estudien, se puede subdividir, un tanto artificiosamente, en diversos títulos: farmacología fisiológica, bioquímica molecular, etc. El objetivo último es el conocer la interacción del fármaco a nivel molecular; pero no menos importante es conocer las consecuencias de dicha interacción en las célu- las y los sistemas, y en los grandes procesos de regulación. El análisis de la cuantificación de acciones y efectos far- macológicos en relación con la cantidad de fármaco que se aplique, tanto in vitro como in vivo, suele denominarse farmacometría.

La farmacocinética estudia los procesos y factores que determinan la cantidad de fármaco presente en el sitio en que debe ejercer su efecto biológico en cada momento, a partir de la aplicación del fármaco sobre el organismo vivo. Ello requiere el análisis de las concentraciones de fármacos y sus metabolitos en los líquidos orgánicos. El movimiento de los fármacos está sometido a leyes formulables por modelos matemáticos. Su conocimiento proporciona importante información para valorar o predecir la acción terapéutica o tóxica de un fármaco. Cuando las leyes se aplican a un in- dividuo determinado, se realiza la farmacocinética clí- nica.


La farmacología terapéutica estudia la aplicación de los fármacos en el ser humano con la finalidad de curar o de alterar voluntariamente una función normal. Correlaciona la farmacodinamia con la fisiopatología, tiene en cuenta los principios de la farmacocinética y valora el índice beneficio/riesgo. A su vez puede distinguirse la farmacología clínica, disciplina que analiza las propiedades y el comportamiento de los fármacos cuando son aplicados a un ser humano concreto, sano o enfermo, de la terapéutica que establece las pautas de tratamiento racional que deben seguirse en los diversos procesos patológicos.

La toxicología estudia los efectos nocivos o tóxicos de los fármacos, así como los mecanismos y las circunstancias que favorecen su aparición. Dada la amplia definición de fármaco, la toxicología abarca toda la ciencia relacionada con los efectos nocivos de cualquier producto químico. Su importancia en el mundo actual es evidente por la ago- biante difusión de compuestos químicos en productos agrícolas, industriales, atmósfera, etc., y por la nocividad inmediata o diferida de muchos de ellos. Desde el punto de vista del medicamento propiamente dicho, la toxicología se contempla como patología yatrógena que estudia las reacciones adversas y las enfermedades producidas por los medicamentos, tanto si se emplean con fines es-trictamente terapéuticos como con fines suicidas. Términos como farmacología comparada, cronofarmacología, etnofarmacología, etc., tratan simplemente de destacar aspectos particulares de la ciencia farmacoógica.


3. El proceso terapéutico




Para que el acto terapéutico cubra las condiciones de racionalidad que se le deben exigir en la época actual, es preciso que toda decisión prescriptiva sea el resultado de una elaboración en que se sepa responder a las siguientes preguntas:

a) ¿Penetra bien el fármaco en el paciente? Para ello se deben tener en cuenta las propiedades farmacéuticas del fármaco (fórmula y vía de administración) y la capa- cidad del enfermo para cumplir las órdenes prescriptivas.

b) ¿Llega el fármaco bien a su sitio de acción? Esta pregunta está relacionada con la vertiente farmacocinética y sólo tiene buena respuesta si se conocen las características de absorción, distribución, metabolismo y eliminación del fármaco. Pero, además de conocerlas de modo general, a veces es necesario analizarlas en el enfermo particular, ya que determinados fallos terapéutios no se deben a que el fármaco sea inadecuado, sino a que, en virtud de determinadas características del pa- ciente o del fármaco, no se consiguen las concentraciones suficientes y durante el tiempo necesario para que pueda ejercer su acción terapéutica.

c) ¿Produce el fármaco el efecto farmacológico previsto? Hace referencia a las propiedades farmacodinámicas del fármaco.

La respuesta adecuada a esta pregunta implica conocer bien las acciones y los efectos de los fármacos, pero ello no basta, porque existen circunstancias patológicas que alteran la respuesta a los fármacos. Por consiguiente, es preciso conocer también la fisiopatología de la enfermedad y los mecanismos por los que la pro- pia enfermedad puede cambiar la acción del fármaco.

d) El efecto farmacológico ¿se traduce en un efecto terapéutico o en un efecto tóxico? No siempre es posible responder adecuadamente a esta elemental pregunta, a veces porque se desconocen todavía las acciones funda- mentales de algunos fármacos cuya eficacia es todavía producto del empirismo, en otras ocasiones porque se duda que un claro efecto farmacológico sea realmente útil, es decir, terapéuticamente relevante. El hecho de que un fármaco no ataque el proceso causal de una enfermedad no implica que deba ser minusvalorado; en innumerables circunstancias, la acción sobre un síntoma se traduce en una acción terapéutica de primera magnitud. De hecho, pocos son los fármacos que suprimen primaria- mente una desviación patológica.

Es evidente que, a la vista del número creciente de fármacos activos, de los datos cada vez más numerosos sobre sus propiedades farmacocinéticas y farmacodinámicas y de sus peligros tóxicos, resulta cada vez más difícil reunir, valorar y retener toda la información, para establecer una decisión terapéutica correcta. Éste es el motivo de que, al igual que ocurre en el proceso diagnóstico en que se utiliza abundantemente la colaboración de expertos en determinadas técnicas, vaya imponiéndose la realidad de que también en el acto terapéutico han de co- laborar los expertos en fármacos, siempre que sean cons- cientes de su propia área de especialización y de sus limitaciones.



4. El medicamento como bien social




En el entorno social actual, el medicamento se ha convertido en un elemento que ejerce un impacto muy peculiar. Muchas de las expectativas que se crean a lo largo de la interacción médico-enfermo, se resuelven o transfieren hacia el medicamento, que aparece así mitificado. Incluso cuando el médico sabe que no hay remedio, recurre al medicamento-placebo al igual que en otras épocas se recurría a signos, sortilegios y conjuros. La confianza de la sociedad en el medicamento es, a todas luces, exagerada e injustificada.

El propio médico, aplastado algunas veces por una es- tructura sanitaria antihumana, coaccionado por una de- manda de salud a toda costa y carente muchas veces del sosiego necesario para recabar y dar una información ve- raz e independiente, trata de escapar por el camino fácil de la prescripción. Todo ello sirve sólo para incrementar el consumo de medicamentos a niveles poco justificados. El medicamento, además, posee un perfil económico insoslayable que lo introduce en el mundo de la oferta y la demanda. Las empresas farmacéuticas del mundo occidental son centros cuya capacidad científica e inno- vadora los ha constituido en motores indispensables del progreso sanitario de la humanidad. Alertas siempre al desarrollo científico y tecnológico que les toca vivir, han apostado en los últimos años de manera irreversible por los avances que reporta la ciencia molecular. Y, de forma paralela al progreso en el descubrimiento de las bases ge- néticas de la enfermedad, se adentran en el intrincado universo de la terapia génica, como podrá apreciar el lector al final de esta obra.

Pero, al mismo tiempo, la industria farmacéutica corre el riesgo de caer en el juego de las presiones y los beneficios a toda costa y de fomentar un consumo innecesario de fármacos. Precisamente porque el medicamento no debe ser una mercancía más de consumo sino un producto capaz de beneficiar y de lesionar, por ello su mundo debe ser estrictamente regulado por la sociedad a lo largo de sus diversas fases de producción, elaboración y utiliza- ción. Tanto mejor moneda será cuanto mejor —no necesariamente más— se regule su recto tráfico. De ahí la necesidad de controlar el producto; no sólo antes de salir al mercado a través de los ensayos clínicos en sus diversas fases, sino una vez que su uso ha sido ya aprobado. Estas exigencias ineludibles han promovido el desarrollo de nuevas formas de estudiar y analizar no sólo las acciones de los fármacos en sí mismos considerados, sino en su reación con la sociedad a la que pretenden servir. Así es como nace la farmacoepidemiología, que estudia tanto las consecuencias beneficiosas como las perjudiciales que los fármacos reportan directa o indirectamente a grupos poblacionales amplios, sean homogéneos o heterogéneos. En este sentido, los estudios multicéntricos cada vez más generalizados, realizados por decenas de profesio- nales repartidos por todo el mundo, obligados a unificar sus criterios diagnósticos y terapéuticos en un objetivo común, están consiguiendo resultados de profundo im- pacto que revelan datos de gran alcance sobre la eficacia real o pretendida de los fármacos, tanto en relación con la morbilidad de una determinada enfermedad como de su mortalidad. Al conseguir números elevados de pacientes en cada estudio, su tratamiento estadístico logra obtener en relativamente poco tiempo unas conclusiones que ofrecen líneas seguras de conducta.

La inevitable cara económica del medicamento ha for- zado el desarrollo de una nueva disciplina: la farmacoeconomía. Estudia el costo del medicamento no sólo con-siderado en sí mismo sino también en relación con el costo que representa la enfermedad (hospitalización, atención al paciente y baja laboral), y con el costo que ha supuesto desarrollar, elaborar y promocionar el fármaco. Las inevitables consecuencias serán comparar costes y tomar decisiones. En esta «aldea mundial» en que lo económico protagoniza casi monstruosamente el acontecer diario de sus pueblos, no podían quedar marginados estos análisis. Lo que cabe pedir es que el sentido humano de la terapéutica no quede asfixiado por el rigor de los números.

En este sentido, las políticas dirigidas a resguardar la existencia de «medicamentos huérfanos» en todos los países y a asegurar la disponibilidad de «medicamentos esen-ciales» para países con bajo índice de desarrollo constituyen signos inequívocos de primacía del sentido humano.


5. Una última aclaración




Al final de esta enumeración un tanto atosigante —a pesar de incompleta— sobre el discurrir de la ciencia y de la conducta relacionadas con el fármaco, fruto de las inquietudes y curiosidades que ha ido despertando en la so- ciedad, no se debe perder de vista que la razón fundamental de la administración de un fármaco nace en el seno de una relación concreta, peculiar y no pocas veces misteriosa: la de un ser humano que sufre y la de otro que in-tenta poner lo mejor de su conocimiento para aliviar o suprimir ese sufrimiento.

La prescripción de un medicamento es una pieza —importante, probablemente, pero sólo una pieza— del complejo y humano acto terapéutico. Al subrayar este aspecto no se deslegitima el conocimiento científico, ni la visión epidemiológica, ni la constatación de su repercusión económica; pero se destaca que, por encima de todo, prima la acogida que el terapeuta presta al ser humano que sufre, al que trata de ali- viar, entre otros medios, con unos productos que llama- mos fármacos. Éstos jamás sustituyen, aunque creemos con seguridad que a menudo ayudan, a la influencia be- neficiosa y terapéutica que reporta la cálida relación humana.


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Publicado el 06 noviembre 2007 - 04:53

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Para los futuros Farmacéuticos o Bioquímicos.... otra introducción....
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Publicado el 09 noviembre 2007 - 08:58

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Apuntes breves...
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I. RECEPTORES FARMACOLÓGICOS

1. Definición y funciones


Cuando se define un fármaco como una sustancia capaz
de modificar la actividad celular, se está afirmando
que el fármaco no origina mecanismos o reacciones desconocidos
por la célula hasta entonces, sino que se limita
a estimular o a inhibir los procesos propios de la célula.


Para ello, el fármaco primero debe asociarse a moléculas
celulares con las cuales, y en razón de sus respectivas
estructuras moleculares, pueda generar enlaces de
unión que casi siempre son reversibles. Si la unión es muy
intensa o el fármaco provoca grandes modificaciones en
la molécula aceptora, puede hacerse irreversible.

Teóricamente, existen en los diversos órganos subcelulares
innumerables moléculas con radicales capaces de
asociarse al fármaco y formar un complejo. Con toda probabilidad,
muchas de estas asociaciones no originan respuesta
celular alguna: porque la molécula celular aceptora
no es modificada por la molécula farmacológica en
una forma que pueda repercutir sobre el resto de la célula
o bien porque la función de la molécula aceptora del
fármaco no es suficientemente importante para operar
un cambio objetivable en la vida celular. Son sitios de fijación
inespecífica.

Pero el fármaco se une también a otro tipo de moléculas
que, una vez modificadas por él, originan cambios
fundamentales en la actividad de la célula (equilibrio
iónico, fenómenos de carácter metabólico, etc.) ya sea en
el sentido de estimulación o en el de inhibición. Las diversas
acciones de los fármacos se producen por estas
modificaciones celulares. Las moléculas con que los fármacos
son capaces de interactuar selectivamente, generándose
como consecuencia de ello una modificación
constante y específica en la función celular, se denominan
receptores farmacológicos.

Entre las moléculas celulares con potencial capacidad
de comportarse como receptores farmacológicos se encuentran,
lógicamente, aquéllas dotadas en particular
para mediar la comunicación intercelular, es decir, los receptores
que reciben la influencia de sustancias endógenas,
como los neurotransmisores y cotransmisores, los
neuromoduladores, las hormonas y otros mediadores endógenos
que, liberados por una célula, tienen capacidad
de influir sobre la actividad de otra. Todas estas sustancias
codifican la señal que han de transmitir a través de
su receptor.

Los receptores son estructuras macromoleculares de
naturaleza proteica, asociadas a veces a radicales lipídicos
o hidrocarbonados, que se encuentran localizados en
gran número en las membranas externas de las células,
en el citoplasma y en el núcleo celular. Entre las respuestas
funcionales que los receptores pueden desencadenar
destacan:

a) Modificaciones de los movimientos de iones y,
como consecuencia, de los potenciales bioeléctricos, en
cuyo caso el receptor suele estar ligado a canales iónicos.

b) Cambios en la actividad de múltiples enzimas,
cuando el receptor está conectado a estructuras membranosas
o intercelulares capaces de mediar reacciones
químicas, como fosforilación de proteínas, hidrólisis de
fosfoinosítidos, etc.

c) Modificaciones en la producción y/o la estructura
de diversas proteínas, en el caso de receptores con capacidad
de modificar los procesos de transcripción y síntesis
proteicas.


La generación de la respuesta de un fármaco debida a
la activación de su receptor requiere la puesta en marcha
de un mecanismo efector que suele originar, como ya se
ha señalado, un cambio en el flujo de un ion o en el nivel
de un «segundo mensajero» químico. El receptor presenta,
por lo tanto, dos funciones fundamentales: unir al
ligando específico y promover la respuesta efectora.
La mayoría de los fármacos actúan mediante la unión
a receptores específicos que poseen estas características
y comparten las propiedades que se describen a continuación.

Sin embargo, existen fármacos cuyos efectos se
producen en virtud de su interacción con elementos intracelulares
y extracelulares difíciles de considerar receptores en sentido estricto, pero que se comportan como
elementos diana de fármacos.

Dentro de este grupo se incluyen:

a) los fármacos que actúan inhibiendo la actividad
de diversas enzimas (p. ej., la ATPasa Na+/K+-dependiente
o la monoaminooxidasa);

b) los quelantes, que fijan diversos cationes;

c) los fármacos que son análogos estructurales de sustancias endógenas y que actúan como
falsos sustratos de enzimas (p. ej., los análogos de bases
púricas y pirimidínicas, con actividad antineoplásica), y

d) los que interfieren en la actividad de los transportadores
ligados a los sistemas de recaptación de los neurotransmisores.

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#4 Ge. Pe.

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Publicado el 18 noviembre 2007 - 05:17

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Bibliografia: Las bases farmacológicas de la terapeutica. Goodman & Gilman
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#5 Ge. Pe.

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Publicado el 21 noviembre 2007 - 04:15

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Psicofarmacología


Los psicofármacos se emplean en el tratamiento de las enfermedades mentales. Las causas de las enfermedades mentales todavía se desconocen, pero en algunos casos se ha podido comprobar la existencia de alteraciones metabólicas cerebrales; las mejor conocidas son las relacionadas con los neurotransmisores cerebrales.

Los neurotransmisores son sustancias que se liberan en la sinapsis neuronal y que al actuar sobre receptores específicos intervienen en la transmisión de los impulsos nerviosos. Los más importantes son la acetilcolina, la noradrenalina, la dopamina, la 5-hidroxitriptamina (serotonina) y el ácido gamma-aminobutírico (GABA).

En los estados de hiperactividad y agitación existen habitualmente elevadas concentraciones de neurotransmisores en la sinapsis, mientras que en los estados depresivos su concentración suele estar disminuida.

La mayoría de los psicofármacos actúan modificando los efectos de los neurotransmisores cerebrales. Algunos reducen la concentración de neurotransmisores en la sinapsis o impiden su efecto bloqueando los receptores sobre los que actúan, esto produce habitualmente una mejoría de los estados psicóticos, especialmente si se acompañan de agitación. Otros psicofármacos aumentan la concentración sináptica de neurotransmisores por diversos mecanismos, y esto se acompaña habitualmente de una mejoría de los estados de depresión. Sin embargo, muchos aspectos de las enfermedades mentales no se pueden explicar únicamente por las alteraciones de los neurotransmisores, por lo que algunos psicofármacos parecen tener otros mecanismos de acción.

Algunos psicofármacos actúan en la corteza cerebral, pero en su mayoría lo hacen sobre estructuras encefálicas más profundas, como el sistema reticular ascendente del tronco encefálico o el sistema límbico, en el que asientan funciones cerebrales complejas, como las emociones, los recuerdos y la afectividad.

La psicofarmacología ha modificado sustancialmente el pronóstico de las enfermedades mentales. En la actualidad, casi todos los enfermos psiquiátricos mejoran con el tratamiento farmacológico y la mayoría pueden tratarse de forma ambulatoria.

Con frecuencia los psicofármacos sólo consiguen controlar los grandes síntomas o síndromes de los trastornos mentales, como la agitación, la ansiedad o la depresión, pero en algunos casos, parecen conseguir la curación de la enfermedad.

Los psicofármacos suelen clasificarse en tres grandes grupos:

1. Neurolépticos o antipsicóticos
2. Ansiolíticos
3. Antidepresivos





Neurolépticos o antipsicóticos

Los neurolépticos o antipsicóticos se emplean fundamentalmente en el tratamiento de psicosis, como la esquizofrenia, la fase maníaca de la psicosis maniaco-depresiva (psicosis bipolar) y las psicosis tóxicas. Se emplean también en el tratamiento sintomático de los estados de agitación y delirio agudo, en los estados confusiónales y en algunos casos de dolor crónico.

A los neurolépticos se les llamaba antiguamente tranquilizantes mayores, término que se abandonado porque no son solamente tranquilizantes, sino que parecen mejorar la propia causa de la psicosis; la agitación es ciertamente un componente frecuente de la psicosis, pero también se administran antipsicóticos a enfermos que no están agitados.

En principio todos los neurolépticos son eficaces y la elección de uno u otro depende de la respuesta previa del enfermo al fármaco y de los efectos adversos que se presenten. Algunos son de efecto prolongado, y en principio son más eficaces en situaciones crónicas.

Ansiolíticos

La ansiedad se puede definir como un sentimiento de miedo, temor, aprensión e incertidumbre sin causa justificada. Cuando se acompaña de síntomas vegetativos como sudor, temblor, taquicardia, etc. recibe el nombre de angustia.

Los ansiolíticos son psicofármacos capaces de controlar la ansiedad. En la actualidad los más utilizados son las benzodiazepinas y la buspirona. El primer grupo posee un efecto ansiolítico, hipnótico-sedante (con lo que ayuda a tratar el insomnio), relajante muscular y anticonvulsivo. La buspirona en un ansiolítico puro, sin apenas efectos hipnóticos o tranquilizantes. Sin embargo sus efectos tardan de 2 a 3 semanas en aparecer y en general es menos eficaz que las benzodiazepinas.

Antidepresivos

La depresión es una enfermedad caracterizada por los sentimientos de tristeza, pesimismo, falta de interés, retraso psicomotor, insomnio, trastornos alimentarios y otros. Con frecuencia hay un componente asociado de ansiedad o angustia, sentimientos de culpa, crisis de pánico y tendencia al suicidio.

Los fármacos antidepresivos se utilizan en el tratamiento de todas las formas de depresión, aunque en general responden mejor a las depresiones endógenas. Alrededor del 80% de todas las depresiones responden al tratamiento farmacológico. Este debe mantenerse durante 4-6 meses y suspenderse de forma gradual, ya que si se suspende antes o de forma brusca, son frecuentes las recaídas.

En los estados depresivos suele haber una baja concentración de neurotransmisores en las sinapsis neuronales, especialmente noradrenalina y serotonina. Los fármacos antidepresivos tienden a elevar la concentración de neurotransmisores en las sinapsis. Esto se puede conseguir por dos mecanismos: bloqueando o retrasando la recaptación de los neurotransmisores, con lo que aumenta su concentración en las sinapsis, o inhibiendo la monoaminoxidasa (MAO), que en circunstancias normales destruye los neurotransmisores amínicos, limitando su tiempo de acción. La inhibición de la MAO consigue alargar el tiempo de acción de los neurotransmisores.

La mayoría de antidepresivos actúan por alguno de estos dos mecanismos, aunque algunos aumentan también el número o la sensibilidad de los receptores sinápticos para los neurotransmisores.


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Publicado el 28 noviembre 2007 - 07:52

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Contribucion de:


Capítulo 5 Fármacos


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De libre acceso

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Generalidades sobre los fármacos


A lo largo de la historia de la humanidad se han utilizado medicinas de origen animal o vegetal para prevenir y curar las enfermedades. La búsqueda de sustancias para combatir las enfermedades y para modificar el humor y el estado de conciencia ha sido tan prioritaria como la búsqueda de víveres y refugio. Varias medicinas de origen animal o vegetal son aún muy preciadas. Sin embargo, la mayor parte de los fármacos que se utilizan en la medicina moderna son el resultado de los adelantos logrados a partir de la Segunda Guerra Mundial en el campo de la química orgánica sintética y de la biotecnología.

Un fármaco (medicamento) es cualquier sustancia, diferente de un alimento o un artefacto, que se utiliza para el diagnóstico, el alivio, el tratamiento y la curación de las enfermedades, así como para la prevención de las mismas. Otras aplicaciones afectan a la estructura o al funcionamiento del organismo. Los anticonceptivos orales son ejemplos de fármacos que afectana la estructura o a las funciones del organismo, es decir que su finalidad no es interferir en el proceso de una enfermedad. Si bien esta definición es importante desde el punto de vista legal, no lo es tanto para las necesidades corrientes. Una definición simple pero útil de un fármaco es cualquier producto químico que afecte al organismo y a su funcionamiento.

Medicamentos con y sin prescripción médica


Existen dos categorías legales de fármacos: los que requieren prescripción médica y los que no la requieren. Los primeros se utilizan sólo bajo control médico y por lo tanto se venden con una receta escrita por un profesional de la medicina (por ejemplo, un médico, un dentista o un veterinario). Los segundos se venden sin receta y su utilización se considera segura sin control médico. En cada país existe un organismo estatal que decide cuáles son los fármacos que requieren prescripción y cuáles son los de venta sin receta.

El organismo oficial autoriza la venta sin receta de un fármaco solamente si demuestra ser inocuo al cabo de muchos años de uso bajo prescripción facultativa. Es el caso del ibuprofeno, un calmante que antes requería prescripción y que ahora, en muchas países, se vende sin receta. A menudo, la cantidad de principios activos contenidos en los comprimidos, las cápsulas o las grageas de un fármaco de venta sin receta, es mucho menor que la que contiene un fármaco que sí necesita prescripción.


Las patentes se otorgan al inventor de un nuevo fármaco, garantizando los derechos exclusivos de su fórmula durante un determinado número de años; pero es habitual que transcurran varios años antes de que la venta sea aprobada. Durante la vigencia de la patente se considera que un fármaco pertenece a un propietario, en contraste con los fármacos genéricos, que no están protegidos por una patente. Al vencimiento de la patente, cualquier industrial o distribuidor autorizado por el organismo oficial puede comercializar el fármaco legalmente bajo su nombre genérico, pero el inventor sigue siendo el propietario del nombre comercial. El precio de venta de las versiones genéricas es habitualmente inferior al del fármaco original.

Nombre de los fármacos


El conocimiento de cómo se establecen los nombres de los fármacos puede ayudar a entender sus etiquetas. Cada uno de los fármacos patentados posee, como mínimo, tres nombres: un nombre químico, un nombre genérico (sin patente) y un nombre comercial (patentado o registrado).

El nombre químico describe la estructura atómica o molecular del fármaco, identificándolo con precisión, pero por lo general es demasiado complicado para su uso corriente, exceptuando algunos fármacos simples e inorgánicos como el bicarbonato sódico. Un organismo oficial asigna el nombre genérico y la compañía farmacéutica productora del fármaco, el comercial: el nombre elegido será único, corto y fácil de recordar, de manera que los médicos receten el fármaco y los consumidores lo busquen por su nombre. Por esta razón a veces los nombres comerciales vinculan el fármaco con el uso para el cual está destinado.

Se exige que las versiones genéricas de un fármaco tengan los mismos principios activos del original y que el cuerpo humano los absorba al mismo ritmo que lo haría con el fármaco original. El productor de la versión genérica de un fármaco puede darle o no un nombre comercial en función de cómo afecte la venta.

Dinámica y cinética del fármaco


En la selección y el uso de los fármacos influyen dos importantes consideraciones médicas: la farmacodinamia (cuál es la acción de los medicamentos en el organismo) y la farmacocinética (cómo influye el organismo en los medicamentos). La farmacodinamia estudia la función del fármaco (aliviar el dolor, bajar la presión arterial, reducir los valores de colesterol en el plasma) y describe dónde y cómo se ejerce este mecanismo en el cuerpo humano. Aunque sea evidente el efecto del fármaco, solamente al cabo de años de probada eficacia se llega a comprender el mecanismo y el lugar exacto donde ejerce su acción. Es el caso del opio y la morfina que durante siglos se han utilizado para aliviar el dolor y el cansancio; sin embargo, es reciente el descubrimiento de las estructuras cerebrales y de los procesos químicos del cerebro involucrados en la sensación de alivio y euforia que producen estas sustancias. Para que pueda actuar, el fármaco debe alcanzar el punto del organismo en que se encuentra el trastorno y es ahí donde radica la importancia de la farmacocinética. Una cantidad suficiente de fármaco debe permanecer en el sitio de acción hasta que cumpla su cometido, pero no en una cantidad tal que produzca efectos secundarios graves o reacciones tóxicas. Por lo tanto, la selección de una dosis adecuada por parte del médico no es una tarea fácil.

Es por medio del flujo sanguíneo como muchos fármacos llegan al punto del organismo donde deben actuar. El tiempo necesario para el inicio de la acción de un fármaco así como la duración de la misma, dependen frecuentemente de la velocidad con que éste penetre en el flujo sanguíneo, la cantidad que penetre, la velocidad con la que salga de la sangre, la eficacia del hígado en su descomposición (metabolismo) y la rapidez de su eliminación por vía renal e intestinal.


Acción terapéutica de los fármacos


Es posible despejar gran parte del misterio que rodea la acción de los fármacos al reconocer que éstos sólo afectan al ritmo de las funciones biológicas, sin cambiar la naturaleza básica de los procesos existentes ni crear nuevas funciones. Así, los fármacos pueden acelerar o retardar las reacciones bioquímicas del organismo, que provocan la contracción muscular; la regulación del volumen de agua y la retención o eliminación de las sales del cuerpo por parte de las células renales; la secreción glandular de sustancias (mucosa, ácido gástrico o insulina) y la transmisión nerviosa. La eficacia de la acción depende, en general, de cómo responden los procesos a los cuales el fármaco va dirigido.

Los fármacos pueden alterar el ritmo de los procesos biológicos existentes. Por ejemplo, algunos antiepilépticos reducen las convulsiones enviando una orden al cerebro para retrasar la producción de ciertas sustancias químicas. Desgraciamente, los fármacos no pueden recuperar sistemas que han sufrido daños irreparables. La acción de los fármacos tiene por tanto una limitación fundamental y ésta es la base de las frustraciones actuales en el tratamiento de enfermedades que degeneran o destruyen los tejidos. Tal es el caso de la insuficiencia cardíaca, la artritis, la distrofia muscular, la esclerosis múltiple y la enfermedad de Alzheimer.

Respuesta farmacológica


Cada uno de nosotros responde de manera diferente a los fármacos. Para obtener el mismo efecto, una persona robusta necesita en general más cantidad de un mismo fármaco que una delgada. El metabolismo de los fármacos en los recién nacidos y en las personas mayores es más lento que en los niños y los jóvenes. Los individuos que padecen de una afección renal o hepática tienen más dificultad para eliminar los fármacos ingeridos.

La dosis media o estándar de cada fármaco nuevo se determina mediante ensayos clínicos con animales y tratamientos de prueba con seres humanos. No obstante, el concepto de una dosis media es como el de la "talla única para todos" en el vestir: se ajusta bastante bien a gran número de individuos pero a casi ninguno de manera perfecta.

Reacciones adversas


A principios del siglo xx el científico alemán Paul Ehrlich describió el fármaco ideal como una "bala mágica" que alcanza con precisión el foco de la enfermedad sin lesionar los tejidos sanos. Si bien es cierto que muchos fármacos nuevos son más selectivos que sus predecesores, todavía no existe el fármaco perfecto y la mayoría no alcanzan la precisión deseada por Ehrlich. Aunque los fármacos actúen contra las enfermedades, también producen algunos efectos no deseados. Éstos se denominan efectos secundarios o reacciones adversas.

Si fuera posible controlar el recorrido de un fármaco, se mantendría de forma automática la acción que se pretende lograr. Así se normalizaría la presión arterial en una persona con hipertensión y un diabético tendría valores normales de glucemia. Sin embargo, la mayoría de los fármacos no logran mantener un nivel específico de acción y pueden, por el contrario, tener un efecto demasiado fuerte, causando una disminución exagerada de la presión arterial en el hipertenso o una reducción excesiva de los valores de glucosa en la sangre del diabético. De todos modos, los efectos secundarios se pueden a menudo reducir o evitar mediante una buena comunicación entre médico y paciente. Si el paciente informa al médico sobre el efecto que le produce el fármaco, el médico puede reajustar la dosis.

A pesar de que un fármaco esté destinado a una sola función, puede afectar varias, como es el caso de los antihistamínicos, que ayudan a aliviar los síntomas de alergia, como la nariz tapada, el lagrimeo y los estornudos, pero que, como la mayoría de antihistamínicos, afectan el sistema nervioso y pueden también producir sueño, confusión, visión borrosa, sequedad de la boca, estreñimiento y problemas para orinar.

La acción de un determinado fármaco se designa como efecto deseado o efecto secundario en función del motivo por el cual se administre dicho fármaco. Por ejemplo, los antihistamínicos son el principio activo habitual de los somníferos de venta sin receta médica. Si se administran con este propósito, el efecto de somnolencia que producen se considera beneficioso y no como un efecto secundario molesto.

Eficacia y seguridad


La eficacia y la seguridad son los dos principales objetivos en el desarrollo de los fármacos. Sin embargo, la seguridad es relativa dado que todo fármaco puede ser tanto perjudicial como beneficioso; a mayor seguridad más utilidad, es decir, cuanto más amplio sea el margen de seguridad de un fármaco (ventana terapéutica, la diferencia entre una dosis habitualmente efectiva y una dosis que pueda producir efectos secundarios graves o peligrosos), mayor será la utilidad del fármaco. Si la dosis eficaz de un determinado fármaco es a la vez tóxica, el médico lo prescribirá exclusivamente en situaciones puntuales en que no exista otra alternativa más segura.

Los mejores fármacos son a la vez efectivos y, en general, seguros. La penicilina corresponde a un fármaco de este tipo y prácticamente no es tóxica ni en dosis elevadas, excepto en el caso de las personas alérgicas. Por otra parte, si se administran en exceso los barbitúricos que fueron frecuentemente utilizados como somníferos, se puede interferir con la respiración, alterar el ritmo cardíaco e incluso causar la muerte. Los somníferos más recientes, como el triazolam y el temazepam, tienen mejores márgenes de seguridad.

Algunos fármacos deben usarse a pesar de tener un margen de seguridad muy limitado. La warfarina, por ejemplo, tomada para prevenir la coagulación sanguínea, puede causar hemorragias, de ahí que los pacientes que toman este fármaco necesiten controles frecuentes para determinar si su efecto sobre la coagulación de la sangre es insuficiente o excesivo.

Otro ejemplo es la clozapina. A menudo, este fármaco es una ayuda para sujetos con esquizofrenia cuando han fracasado los otros fármacos administrados. Pero la clozapina tiene un efecto secundario grave: puede disminuir la producción de glóbulos blancos necesarios para la protección frente a las infecciones. Debido a este riesgo, los pacientes que toman clozapina tienen que someterse a frecuentes análisis de sangre.

Cuando se conocen los efectos de un fármaco, sean positivos o negativos, tanto el médico como el paciente están en mejores condiciones para juzgar si el fármaco está actuando eficazmente o si se están desarrollando procesos potencialmente graves.

Cualquier persona en tratamiento con fármacos puede pedirle explicaciones al médico, farmacéutico o personal sanitario sobre los objetivos del tratamiento, los efectos secundarios, los problemas que puedan surgir y en qué medida puede participar en el tratamiento para obtener el mejor resultado. Se recomienda además que se informe al personal sanitario sobre la propia historia clínica, los fármacos que se toman o cualquier otra información relevante.


Interacciones entre fármacos


Cuando se toman al mismo tiempo dos o más fármacos, la interacción entre éstos puede ser positiva o negativa. Si bien es posible que una terapia combinada sea más efectiva en el tratamiento de un proceso, también es posible que se incrementen el número o la gravedad de los efectos secundarios (reacciones adversas). Las interacciones medicamentosas pueden ocurrir entre fármacos que requieren o no prescripción médica. Cuando alguien recibe atención por parte de más de un médico, debe informar a cada uno de ellos sobre los fármacos que está tomando. Por eso es preferible que se adquieran todos los fármacos recetados en una misma farmacia a fin de que en ésta se pueda mantener un registro completo sobre el perfil farmacológico del paciente. De este modo el farmacéutico puede controlar las posibles interacciones. También es importante consultar con el farmacéutico al adquirir fármacos de venta sin receta (por ejemplo laxantes, antiácidos y remedios contra el resfriado y la tos), particularmente si se están tomando fármacos prescritos por un médico.

Aunque muchos no consideren el alcohol como una sustancia tóxica, éste afecta a los procesos del organismo y a menudo es responsable de las interacciones entre fármacos. Médicos y farmacéuticos pueden informar sobre estas posibles interacciones.

Sin embargo, no todas las interacciones entre fármacos son siempre nocivas; por ejemplo, algunos fármacos utilizados en el tratamiento de la hipertensión (presión arterial alta) se combinan en su administración para reducir los efectos secundarios que pueden desarrollarse si se prescribe un solo fármaco a una dosis elevada.


Abuso de drogas y fármacos


Durante siglos ciertas drogas y fármacos han sido muy útiles en el alivio del sufrimiento y en la prevención y tratamiento de las enfermedades aunque, para algunos, la palabra droga signifique una sustancia que altera la función cerebral de modo agradable. Siempre ha existido un lado oscuro en el descubrimiento y el uso de las drogas, especialmente de las que calman la ansiedad o alteran el humor y el comportamiento para satisfacer las necesidades emotivas de la gente. El uso médico apropiado de drogas y fármacos ha evolucionado a través de la historia en paralelo con el abuso, es decir, el uso persistente y excesivo de sustancias que alteran la mente sin una necesidad médica. Las drogas y fármacos que con frecuencia son objeto de abuso incluyen el alcohol, la marihuana, la cocaína, los barbitúricos, las benzodiacepinas, la metacualona, la heroína y otros narcóticos, las anfetaminas, el LSD (dietilamida del ácido lisérgico) y la PCP (fenciclidina).




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Publicado el 01 diciembre 2007 - 07:22

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Gentileza de:



Libro de libre circulación en la Red


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CAPITULO 6

Administración, distribución y eliminación de un fármaco



El tratamiento con productos farmacéuticos implica la introducción de un fármaco en el organismo (administración), de modo que pueda llegar a la sangre (absorción) y dirigirse hacia el punto específico donde es requerido (distribución).

El fármaco abandona el organismo (eliminación) principalmente en la orina, en ocasiones transformado en otra sustancia.


Administración

Los fármacos pueden administrarse por varias vías. Se pueden ingerir (vía oral) o inyectar en una vena (vía intravenosa), en un músculo (vía intramuscular) o debajo de la piel (vía subcutánea). Se pueden colocar debajo de la lengua (vía sublingual), introducir en el recto (vía rectal), instilar en el ojo (vía ocular), vaporizar en las fosas nasales (vía nasal) o en la boca (inhalación), o bien aplicar sobre la piel con efecto local (tópico) o sistémico (transdérmico). Estas vías de administración tienen objetivos específicos, así como ventajas y desventajas.

Vía oral

La administración de fármacos por vía oral es la más conveniente y es en general la más segura, la menos costosa y, por lo tanto, la más frecuentemente utilizada. Tiene sin embargo sus limitaciones, debido a varios factores que afectan el modo de absorción del fármaco administrado por vía oral, incluyendo otros fármacos y alimentos. Por eso, algunos fármacos deben ingerirse en ayunas, mientras que otros deben tomarse con los alimentos, y en cambio hay algunos que están contraindicados por vía oral.

Los fármacos administrados por vía oral se absorben en el tracto gastrointestinal. La absorción comienza en la boca y el estómago pero se efectúa principalmente en el intestino delgado. Para llegar a la circulación general, el fármaco debe primero atravesar la pared intestinal y luego el hígado. La pared intestinal y el hígado alteran químicamente (metabolizan) muchos fármacos, disminuyendo la cantidad absorbida. Los fármacos inyectados por vía intravenosa llegan a la circulación general sin pasar a través de la pared intestinal y del hígado, con lo que se obtiene una respuesta más rápida y consistente.

Algunos fármacos administrados por vía oral irritan el tracto gastrointestinal y pueden dañar el revestimiento del estómago y del intestino delgado, favoreciendo así el desarrollo de úlceras, como, por ejemplo, la aspirina y muchos otros antiinflamatorios no esteroideos. La absorción de ciertos fármacos en el tracto gastrointestinal puede ser limitada o irregular, o pueden destruirse en el estómago por el medio ácido y las enzimas digestivas. A pesar de estas limitaciones, la vía oral se usa más que las otras vías de administración de fármacos. Las demás vías se reservan generalmente para los casos en que un individuo no pueda ingerir nada por vía oral o cuando un fármaco tiene que ser administrado con rapidez, a dosis muy precisa, o cuando se trata de un fármaco cuya absorción es limitada e irregular.


Administración por inyección

La administración por inyección (vía parenteral) incluye las vías subcutánea, intramuscular e intravenosa. Para la administración por vía subcutánea se inserta una aguja bajo la piel y, una vez inyectado el fármaco subcutáneamente, se introduce en los capilares y es transportado por la sangre. Esta vía se utiliza para muchos fármacos proteicos como la insulina, porque si ésta se administrara por vía oral, quedaría digerida en el tracto gastrointestinal. Los fármacos pueden ser preparados en suspensiones o en complejos relativamente insolubles, de modo que su absorción se prolongue durante horas, días, o más tiempo, no requiriendo por lo tanto una administración tan frecuente.

La vía intramuscular tiene preferencia sobre la vía subcutánea cuando se requieren cantidades significativas de un fármaco. Los músculos están a una profundidad mayor que la piel y por esta razón se usa una aguja más larga.

En la administración por vía intravenosa, se inserta una aguja directamente en la vena. Una inyección intravenosa puede ser más difícil de administrar que otras inyecciones parenterales, especialmente en personas obesas, pero es la más rápida y precisa, ya sea en dosis individuales o en infusión continua.

Vía sublingual

Algunos fármacos se colocan bajo la lengua (vía sublingual)
, a fin de que sean directamente absorbidos por los capilares que están debajo de ésta. La vía sublingual está especialmente indicada para la administración de la nitroglicerina, que se utiliza para aliviar la angina de pecho (dolor de pecho), porque la absorción es rápida y el fármaco llega inmediatamente a la circulación general, a diferencia de la vía oral, que pasa antes a través de la pared intestinal y del hígado. Sin embargo, la mayoría de los fármacos no se puede administrar de este modo porque su absorción es a menudo incompleta e irregular.


Vía rectal

Muchos fármacos que se administran por vía oral pueden también aplicarse por vía rectal en forma de supositorio. En esta presentación el fármaco se mezcla con una sustancia cerosa que se disuelve después de haber sido introducida por el recto. El revestimiento delgado del recto y el abundante riego sanguíneo permiten una rápida absorción del fármaco. Los supositorios se prescriben cuando alguien no puede ingerir el fármaco por vía oral debido a náuseas, incapacidad para deglutir o por restricciones en la alimentación, como sucede después de una intervención quirúrgica. Algunos fármacos que serían irritantes en forma de supositorio se administran por vía parenteral.


Vía transdérmica

Algunos fármacos se pueden administrar mediante la aplicación de un parche sobre la piel. Estos fármacos, que a veces se mezclan con una sustancia química que intensifica la penetración, pasan a la sangre a través de la piel sin necesidad de inyección. La vía transdérmica permite una administración lenta y continua durante muchas horas, días o más tiempo. Sin embargo, en algunas personas aparecen irritaciones en la zona donde se coloca el parche. Además, la vía transdérmica está limitada por la velocidad con que el fármaco se mueve a través de la piel, de ahí que solamente se administren por esta vía los fármacos que se utilizan diariamente a dosis relativamente bajas. Por ejemplo la nitroglicerina (para la angina de pecho), la escopolamina (para los mareos), la nicotina (para dejar de fumar), la clonidina (para la hipertensión) y el fentanil (para aliviar el dolor).

Inhalación

Algunos fármacos son inhalados, como por ejemplo los gases utilizados para la anestesia y los aerosoles para el asma en envases con dosificador. Estos fármacos se dirigen directamente hacia los pulmones donde son absorbidos hacia el flujo sanguíneo. Pocos fármacos se administran por esta vía, dado que la inhalación debe ser cuidadosamente controlada para que la persona reciba la cantidad justa de fármaco en un tiempo determinado. Los sistemas con dosificadores son útiles para los fármacos que actúan directamente sobre las vías que transportan el aire a los pulmones. Dado que la absorción en la sangre de una inhalación de aerosol es altamente variable, este método se utiliza raramente para administrar fármacos que actúan sobre tejidos u órganos diferentes de los pulmones.


Absorción

La biodisponibilidad está relacionada con la proporción y el grado de absorción de un fármaco en la sangre. La biodisponibilidad depende de varios factores que incluyen el modo en que se diseña y produce un fármaco, sus propiedades físicas y químicas y la fisiología de la persona

ABSORCION DE UN FARMACO



1. Paso al tubo digestivo por el esófago.

2. Disolución del medicamento en pequeñas partículas.

3. Absorción, que puede tener lugar a nivel del estómago, pero que se lleva a cabo principalmente en el intestino.

Una vez absorbido a nivel de la circulación sanguínea el fármaco circula a través del cuerpo, y penetra en los diferentes tejidos.

El metabolismo de los fármacos se lleva a cabo principalmente en el hígado.



Un producto farmacéutico es la dosis efectiva de un fármaco, es decir, un comprimido, una cápsula, un supositorio, un parche transdérmico o una solución. Generalmente consiste en el fármaco combinado con otros componentes.

Por ejemplo, los comprimidos son una mezcla de un fármaco y aditivos que actúan como diluyentes, estabilizadores, desintegradores y lubricantes. Estas mezclas son granuladas y compactadas en forma de comprimidos. El tipo y la cantidad de aditivos y el grado de compresión condicionan la rapidez de disolución del comprimido. Los laboratorios farmacéuticos ajustan estas variables para optimizar la velocidad y el grado de absorción del fármaco.

Si un comprimido se disuelve y libera el principio activo demasiado rápido se obtendrán unos valores en sangre que provocarán una respuesta excesiva. Por otra parte, si el comprimido no se disuelve y no libera el principio activo con suficiente rapidez, gran parte del mismo pasará a las heces sin ser absorbido. La diarrea y la administración de laxantes, que aceleran el paso de sustancias en el tracto gastrointestinal, reducen la absorción del fármaco. Por lo tanto, los alimentos, otros fármacos y las enfermedades gastrointestinales pueden influir en la biodisponibilidad de un fármaco.

Es conveniente que la biodisponibilidad sea una propiedad constante entre productos farmacéuticos. Los que son químicamente equivalentes contienen el mismo fármaco activo pero pueden tener componentes inactivos diferentes que afecten a la proporción y al grado de absorción. A pesar de ser administrado a una misma dosis, los efectos del fármaco podrían variar de un producto farmacéutico a otro. Los productos farmacéuticos son bioequivalentes cuando contienen el mismo principio activo y cuando se obtienen los mismos valores del fármaco en la sangre. La bioequivalencia asegura así la equivalencia terapéutica y los productos bioequivalentes son intercambiables.

Algunos productos farmacéuticos están especialmente formulados para liberar sus principios activos lentamente, en general al cabo de 12 horas o más. Estas formas de liberación controlada retrasan la proporción en que se disuelve un fármaco. Por ejemplo, pueden revestirse las partículas del fármaco contenidas en una cápsula con un polímero (una sustancia química) de grosor variable. El diseño de este polímero permite su disolución en el tracto gastrointestinal en distintos momentos.

El material de protección (entérico) que reviste algunos comprimidos y cápsulas está destinado a prevenir los daños que puedan causar las sustancias irritantes (como la aspirina) en el revestimiento del estómago; también evita que las sustancias se descompongan en el medio ácido del estómago. La disolución de este material empieza cuando entra en contacto con un medio menos ácido o con las enzimas digestivas del intestino delgado. Dado que este revestimiento protector no siempre se disuelve, son muchas las personas (especialmente las de edad avanzada) que eliminan en las heces los productos farmacéuticos todavía intactos.

Existen otras propiedades que afectan la absorción de los fármacos sólidos (comprimidos o cápsulas) después de administrarse por vía oral. Las cápsulas son fármacos y otras sustancias contenidas en una vaina de gelatina que se hincha al mojarse, liberando su contenido. La vaina se disuelve en general con rapidez. Tanto el tamaño de las partículas como otras sustancias influyen en la velocidad de disolución y absorción del fármaco. Sin embargo, la absorción de fármacos en cápsulas rellenas de líquido tiende a ser más rápida que en las rellenas de sólidos.


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Nota. Este post queda en forma transitoria hasta no recibir la autorización de Merck Sharp & Dohme. Si ella es negativa, lo borraremos en los próximos dias.
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Publicado el 06 diciembre 2007 - 04:48

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Farmacodinamia



La farmacodinamia es el estudio de la acción de los medicamentos en el organismo. La mayoría de los fármacos se incorporan a la sangre una vez administrados por vía oral, intravenosa o subcutánea, y circulan a través del cuerpo, al tiempo que tienen una interacción con un determinado número de dianas (órganos y tejidos).

Sin embargo, en función de sus propiedades o de la vía de administración, un fármaco puede actuar solamente en un área específica del cuerpo (por ejemplo, la acción de los antiácidos se da sobre todo en el estómago). La interacción con la diana generalmente produce el efecto terapéutico deseado, mientras que la interacción con otras células, tejidos u órganos puede causar efectos secundarios (reacciones adversas a los fármacos).

Selectividad de la acción farmacológica


Algunos fármacos son poco selectivos, es decir que su acción se dirige a muchos tejidos u órganos. Por ejemplo, la atropina, un fármaco administrado para relajar los músculos del tracto gastrointestinal, también relaja los músculos del ojo y de la tráquea, y disminuye el sudor y la secreción mucosa de ciertas glándulas. Otros fármacos son altamente selectivos y afectan principalmente a un único órgano o sistema. Por ejemplo, la digital, un fármaco que se administra a individuos con insuficiencia cardíaca, actúa principalmente sobre el corazón para incrementar la eficacia de los latidos. La acción de los somníferos se dirige a ciertas células nerviosas del cerebro.

Los fármacos antiinflamatorios no esteroideos como la aspirina y el ibuprofeno son relativamente selectivos ya que actúan en cualquier punto donde haya una inflamación.

¿Cómo saben los fármacos dónde tienen que hacer efecto? La respuesta está en su interacción con las células o con sustancias como las enzimas


Una correspondencia perfecta



Un receptor de la superficie de la célula presenta una configuración que permite que una sustancia química determinada, como un fármaco, una hormona o un neurotransmisor, pueda unirse a él, dado que dicha sustancia química presenta una configuración que se ajusta perfectamente al receptor.



Receptores


Muchos fármacos se adhieren a las células por medio de receptores que se encuentran en la superficie de éstas. Las células en su mayoría tienen muchos receptores de superficie que permiten que la actividad celular se vea influida por sustancias químicas como fármacos u hormonas, que están localizadas fuera de la célula. La configuración de un receptor es tan específica que sólo le permite adherirse al fármaco con el cual encaja perfectamente (como la llave encaja en su cerradura). A menudo se puede explicar la selectividad de un fármaco por la selectividad de su adherencia a los receptores. Algunos fármacos se adhieren tan sólo a un tipo de receptor y otros son como una llave maestra y se adhieren a varios tipos de receptores en todo el organismo.

Seguramente los receptores no fueron creados por la naturaleza para que los fármacos se les pudieran adherir. Sin embargo, los fármacos se aprovechan de la función natural (fisiológica) que tienen los receptores.

Por ejemplo, hay sustancias que se adhieren a los mismos receptores en el cerebro; es el caso de la morfina y los analgésicos derivados, y de las endorfinas (sustancias químicas naturales que alteran la percepción y las reacciones sensoriales).

Los fármacos llamados agonistas activan o estimulan los receptores, provocando una respuesta que incrementa o disminuye la función celular.

Por ejemplo, el fármaco agonista carbacol se adhiere a los receptores del tracto respiratorio denominados colinérgicos, causando la contracción de las células del músculo liso, lo cual origina broncoconstricción (estrechamiento de las vías respiratorias).

Otro fármaco agonista, el albuterol, se adhiere a otros receptores en el tracto respiratorio denominados receptores adrenérgicos, causando la relajación de las células del músculo liso y produciendo broncodilatación (ensanchamiento de las vías respiratorias).

Los fármacos denominados antagonistas bloquean el acceso o el enlace de los agonistas con sus receptores. Los antagonistas se utilizan para bloquear o disminuir la respuesta de las células a los agonistas (por lo general neurotransmisores) que normalmente están presentes en el organismo. Es el caso del ipratropio, antagonista del receptor colinérgico, que bloquea el efecto broncoconstrictor de la acetilcolina, el transmisor natural de los impulsos a través de los nervios colinérgicos.

El uso de agonistas y el de antagonistas son métodos diferentes pero complementarios que se utilizan en el tratamiento del asma. El albuterol, agonista del adrenérgico, que relaja el músculo liso bronquial, puede utilizarse junto con el ipratropio, antagonista del receptor colinérgico, el cual bloquea el efecto broncoconstrictor de la acetilcolina.

Los betabloqueadores, como el propranolol, son un grupo de antagonistas ampliamente utilizados.

Estos antagonistas bloquean o disminuyen la respuesta cardiovascular que promueven las hormonas adrenalina y noradrenalina, también denominadas hormonas del estrés. Se utilizan en el tratamiento de la presión arterial alta, la angina de pecho y ciertas irregularidades del ritmo cardíaco. Los antagonistas son mucho más efectivos cuando la concentración local de un agonista es elevada. Su acción es semejante al corte de tráfico en una carretera principal. La retención de vehículos en hora punta como las 5 de la tarde es mayor que a las 3 de la madrugada. De modo similar, si se administran betabloqueadores en dosis que tengan escaso efecto sobre la función cardíaca normal, éstos pueden proteger el corazón contra los picos máximos y repentinos de las hormonas del estrés.


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Enzimas


Además de los receptores propios de las células, las enzimas son también otras dianas importantes para la acción de los fármacos. Éstas ayudan a transportar sustancias químicas vitales, regulan la velocidad de las reacciones químicas o realizan otras funciones estructurales, reguladoras o de transporte. Mientras que los fármacos dirigidos a los receptores se clasifican en agonistas o antagonistas, los fármacos dirigidos a las enzimas se clasifican en inhibidores o activadores (inductores).

Por ejemplo, la lovastatina se usa en el tratamiento de los individuos con valores elevados de colesterol en sangre. Este fármaco inhibe la enzima HMG-CoA reductasa, fundamental para producir colesterol en el organismo.

La mayoría de las interacciones son reversibles, bien sean entre fármacos y receptores o entre fármacos y enzimas. Es decir que el fármaco se desprende al cabo de cierto tiempo y el receptor o la enzima recuperan su funcionamiento normal. Sin embargo, una interacción puede ser irreversible si persiste el efecto del fármaco hasta que el organismo produzca más enzimas, como sucede con el omeprazol, un fármaco que inhibe una enzima involucrada en la secreción del ácido del estómago.

Afinidad y actividad intrínseca


La afinidad y la actividad intrínseca son dos propiedades importantes para la acción del fármaco.

La afinidad es la mutua atracción o fuerza de enlace entre un fármaco y su objetivo, ya sea un receptor o una enzima. La actividad intrínseca es una medida de la capacidad del fármaco para producir un efecto farmacológico al unirse a su receptor. Los fármacos que activan los receptores (agonistas) tienen ambas propiedades; deben adherirse con eficacia a sus receptores (tener una afinidad) y el complejo fármaco-receptor debe ser capaz de producir una respuesta en la diana (actividad intrínseca). En cambio, los fármacos que bloquean los receptores (antagonistas) se adhieren a éstos eficazmente (afinidad) pero tienen escasa o ninguna actividad intrínseca; su función es simplemente impedir la interacción de las moléculas agonistas con sus receptores.

Potencia y eficacia


La potencia se refiere a la cantidad de fármaco (generalmente expresada en miligramos) que se necesita para producir un efecto, como aliviar el dolor o disminuir la presión arterial.

Por ejemplo, si 5 miligramos de fármaco B alivian el dolor con la misma eficacia que 10 miligramos de fármaco A, entonces el fármaco B es dos veces más potente que el fármaco A. De hecho, un fármaco con mayor potencia no es necesariamente mejor que otro. Cuando los médicos juzgan las cualidades relativas de los fármacos, consideran muchos factores como el perfil de los efectos secundarios, la toxicidad potencial, la duración del efecto y, por consiguiente, el número de dosis diarias requeridas, y también su coste.

La eficacia se refiere a la respuesta terapéutica potencial máxima que un fármaco puede inducir.

Por ejemplo, el diurético furosemida elimina mucha más sal y agua a través de la orina que el diurético clorotiazida. Por eso la furosemida tiene mayor eficacia, o efecto terapéutico, que la clorotiazida. Al igual que la potencia, la eficacia es uno de los factores que los médicos consideran al seleccionar el fármaco más apropiado para un determinado paciente.

Tolerancia


La tolerancia es una disminución de la respuesta farmacológica que se debe a la administración repetida o prolongada de algunos fármacos. La tolerancia ocurre cuando el organismo se adapta a la continua presencia del fármaco.

Por lo general, son dos los mecanismos responsables de la tolerancia:

1) el metabolismo del fármaco se acelera (habitualmente porque aumenta la actividad de las enzimas hepáticas que metabolizan el fármaco) y

2) disminuye la cantidad de receptores o su afinidad hacia el fármaco.


El término resistencia se usa para describir la situación en que una persona deja de responder a un antibiótico, a un fármaco antivírico o a la quimioterapia en el tratamiento de cáncer. Según el grado de tolerancia o resistencia desarrollado, el médico puede aumentar la dosis o seleccionar un fármaco alternativo.

Diseño y desarrollo de los fármacos


Muchos de los fármacos de uso frecuente fueron descubiertos durante ensayos experimentales y mediante la observación en animales y seres humanos. Los nuevos avances en el desarrollo de los medicamentos se basan, primero, en determinar los cambios anormales, tanto bioquímicos como celulares, que causan las enfermedades, y, segundo, en el diseño de compuestos que puedan prevenir o corregir estas anormalidades de un modo específico. Cuando un compuesto nuevo parece prometedor, generalmente se modifica repetidas veces para perfeccionar su selectividad, potencia, afinidad con el receptor y eficacia terapéutica. En el desarrollo del fármaco también se consideran factores como la posibilidad de absorción del compuesto a través de la pared intestinal y el grado de estabilidad en los tejidos y líquidos del organismo.

El fármaco ideal debe ser eficaz administrado por vía oral (dada la conveniencia de la autoadministración), con una buena absorción a nivel del tracto gastrointestinal y razonablemente estable en los tejidos y líquidos del organismo, de modo que una dosis al día sea suficiente. El fármaco debe ser altamente selectivo respecto a su diana, con escaso o ningún efecto sobre otros sistemas del organismo (con un mínimo o ningún efecto secundario). Por otra parte, el fármaco debe tener una elevada potencia y un alto grado de eficacia terapéutica, con el fin de que sea efectivo a dosis bajas, incluso en aquellas enfermedades difíciles de tratar.

No existe ningún fármaco que sea totalmente eficaz ni completamente seguro. Por esta razón, los médicos calculan los beneficios y los riesgos potenciales en cada situación terapéutica que requiera tratamiento con fármacos de prescripción. Sin embargo, a veces algunas enfermedades son tratadas sin la supervisión de un médico. Por ejemplo, algunas personas toman fármacos de venta sin receta para tratar dolores leves, insomnio, tos y resfriados. En estos casos, se debe leer la información adjunta en el prospecto del fármaco y seguir las instrucciones de uso.


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FACTORES QUE AFECTAN A LA RESPUESTA DEL ORGANISMO A LOS FÁRMACOS


La velocidad con que los fármacos entran y salen del organismo varía según las personas. Son diversos los factores que afectan a la forma en que un fármaco se absorbe, distribuye, metaboliza y se excreta, así como su efecto final en el paciente. Entre otras causas, es distinta la respuesta a los fármacos debido a diferencias genéticas o bien por estar tomando dos o más fármacos que tienen una interacción entre sí, o por padecer enfermedades que influyan sobre los efectos del fármaco.

La respuesta al fármaco está condicionada por muchos factores




GENÉTICA


Las diferencias genéticas (heredadas) entre individuos afectan la cinética del fármaco, la velocidad de movimiento a través del organismo. La farmacogenética es el estudio de las diferencias genéticas en la respuesta a los fármacos.

Debido a su características genéticas, algunas personas metabolizan los fármacos lentamente. Un fármaco puede acumularse en el organismo de tales personas y causar toxicidad. Otras tienen unas características genéticas que les permiten metabolizar los fármacos rápidamente. En este caso, un fármaco puede ser metabolizado tan rápidamente que su concentración en la sangre nunca alcance los valores necesarios para ser efectivo. Algunas veces las diferencias genéticas afectan el metabolismo del fármaco de otra manera. Por ejemplo, un fármaco administrado en dosis normales se metaboliza a velocidad normal. Pero en algunas personas, si se administra en dosis elevadas o con otro fármaco que utilice el mismo sistema para ser metabolizado, dicho sistema puede verse desbordado y entonces el fármaco alcanza concentraciones tóxicas.

Los médicos deben individualizar la terapia para que el paciente reciba una dosis suficiente de fármaco que permita lograr un efecto terapéutico con una toxicidad mínima. Deben seleccionar con precisión el fármaco; considerar la edad, el sexo y la talla del paciente, así como su dieta y origen étnico; así pueden determinar la dosis cuidadosamente. Este proceso se complica debido a la presencia de enfermedades, al uso de otros fármacos y al escaso conocimiento sobre las interacciones de estos factores.


En la farmacodinamia (acción de los medicamentos en el organismo), las diferencias genéticas son menos frecuentes que en la farmacocinética (el modo en que el organismo afecta a los fármacos).

A pesar de ello, las diferencias genéticas son particularmente importantes en grupos étnicos.

Muchas personas poseen una baja actividad de N-acetiltransferasa, una enzima del hígado que ayuda a metabolizar algunos fármacos y varias toxinas. Las personas con baja actividad de esta enzima metabolizan muchos fármacos con lentitud y éstos tienden a aumentar sus concentraciones en la sangre y a permanecer más tiempo en el organismo que en las personas con alta actividad de N-acetiltransferasa.

Aproximadamente l de cada 1500 personas tiene valores bajos de seudocolinesterasa, una enzima de la sangre que inactiva fármacos como la succinilcolina, que se administra junto con la anestesia para relajar los músculos transitoriamente. Aunque esta insuficiencia enzimática no es frecuente, sus consecuencias son importantes. Si la succinilcolina no se desactiva, provoca la parálisis de los músculos, incluso de aquellos implicados en la respiración. Esto puede requerir el uso prolongado de un respirador.

La glucosa-6-fosfatodehidrogenasa, o G6PD, es una enzima presente en los glóbulos rojos que protege estas células de ciertas sustancias químicas tóxicas. La incidencia de la deficiencia de esta enzima es alta en la etnia negra, representando alrededor del 10 por ciento en los varones y un poco menos en las mujeres.

En personas con deficiencia de G6PD algunos fármacos (por ejemplo, cloroquina, pamaquina y primaquina, usados para tratar la malaria, y la aspirina, el probenecid y la vitamina K) destruyen los glóbulos rojos causando una anemia hemolítica.

En aproximadamente 1 de cada 20 000 personas aparece una fiebre muy alta (una afección denominada hipertemia maligna) tras la administración de ciertos anestésicos. La hipertermia maligna proviene de un defecto genético muscular y por ello los músculos son más sensibles a algunos anestésicos. Los músculos se vuelven rígidos, el ritmo cardíaco se acelera y baja la presión arterial. Aunque no es frecuente, la hipertermia maligna tiene riesgo de muerte.

El principal mecanismo del hígado para desactivar los fármacos es el sistema de enzimas P-450. El grado de actividad del sistema P-450 determina la proporción en que se desactivan los fármacos y también el punto en que el sistema enzimático se ve desbordado. Hay muchos factores que pueden alterar la actividad del sistema P-450. Las diferencias en la actividad de este sistema enzimático influyen profundamente en los efectos del fármaco. Por ejemplo, los efectos del somnífero flurazepam duran alrededor de 18 horas en personas cuyos valores de enzimas son normales y más de 3 días en las personas con valores bajos de enzimas.


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Continuamos...
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FACTORES QUE AFECTAN A LA RESPUESTA DEL ORGANISMO A LOS FÁRMACOS II.



Interacciones entre fármacos



Las interacciones entre fármacos son cambios que se producen en los efectos de un fármaco debidos a la ingestión simultánea de otro fármaco (interacción fármaco-fármaco o interacciones medicamentosas) o a los alimentos consumidos (interacciones fármaco-alimento).

A veces los efectos combinados de fármacos son beneficiosos, pero las interacciones entre fármacos son en su mayoría indeseables y nocivas. Las interacciones entre fármacos intensifican o disminuyen los efectos de un fármaco o empeoran sus efectos secundarios. La mayor parte de las interacciones medicamentosas se dan entre fármacos que requieren prescripción médica, pero algunas implican a fármacos de venta sin receta (los más comunes son la aspirina, los antiácidos y los descongestionantes).

El riesgo de una interacción entre fármacos depende del número de fármacos que se tomen, de la tendencia de algunos de ellos a la interacción y de la cantidad ingerida. Muchas interacciones se descubren durante el tratamiento de prueba con un fármaco. Se puede reducir la incidencia de problemas graves si los médicos, los farmacéuticos y demás personal sanitario mantienen una información actualizada sobre la interacción entre fármacos. Pueden resultar útiles los libros de referencia y los programas informáticos.

El riesgo de una interacción entre fármacos aumenta si no se coordina su prescripción con la distribución e información oportuna. El riesgo es elevado entre los pacientes sometidos a un control por parte de varios médicos, quienes probablemente no saben qué fármacos se están administrando. Se puede reducir el riesgo de las interacciones entre fármacos si éstos se adquieren siempre en una misma farmacia.

La interacción puede ocurrir de varias formas. Un fármaco puede duplicar o bien oponerse al efecto de otro, o bien alterar la velocidad de absorción, metabolismo o excreción de otro fármaco.


Efectos duplicados



A veces, dos fármacos ingeridos simultáneamente tienen efectos similares, llegándose a una duplicación terapéutica. Una persona puede tomar dos fármacos con el mismo principio activo inadvertidamente. Esto sucede con frecuencia en los fármacos de venta sin prescripción. Por ejemplo, la difenhidramina es un componente de muchos remedios para alergias y resfriados; es también el principio activo de muchos somníferos. La aspirina puede ser un componente de remedios para el resfriado o productos destinados a aliviar el dolor.

Con frecuencia, se ingieren simultáneamente dos fármacos semejantes pero no idénticos. A veces se hace por indicación médica con el fin de obtener mayores resultados. Por ejemplo, se pueden recetar dos fármacos antihipertensivos a una persona con una presión arterial alta que sea difícil de controlar. En el tratamiento de cáncer, los médicos administran varios fármacos (quimioterapia combinada) para producir un mejor efecto. Pero pueden surgir problemas si se prescriben fármacos similares sin darse cuenta. Los efectos secundarios pueden ser graves. Por ejemplo, puede aparecer sedación y vértigo si se toman dos somníferos diferentes (o si se toma alcohol o se administra otro fármaco con efectos sedantes).


Efectos opuestos



Dos fármacos con acciones opuestas (antagónicas) pueden tener una interacción. Por ejemplo, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno, que se administran para aliviar el dolor, causan retención de sal y agua. Los diuréticos pueden eliminar el exceso de sal y agua del organismo. Si estos fármacos se ingieren simultáneamente, el AINE disminuye (se opone o antagoniza) la eficacia diurética. Algunos fármacos que se administran para controlar la presión arterial alta y las afecciones cardíacas (por ejemplo, betabloqueadores como el propranolol y el atenolol) neutralizan ciertos fármacos que se administran para el asma (por ejemplo, fármacos estimulantes betaadrenérgicos como el albuterol).


Cambios en la absorción



Los fármacos ingeridos por vía oral se absorben a través del revestimiento del estómago o del intestino delgado. Un determinado alimento o fármaco puede reducir la absorción de otro fármaco. Por ejemplo, es inadecuada la absorción del antibiótico tetraciclina si se toma una hora después de la ingestión de calcio o de alimentos que contengan calcio, como la leche y otros productos lácteos. Es importante seguir ciertas instrucciones, como el evitar comer una hora antes o varias horas después de haber tomado un fármaco, o dejar transcurrir por lo menos dos horas entre la toma de determinados fármacos.


Cambios en el metabolismo



Los sistemas metabólicos hepáticos, como el sistema enzimático P-450, desactivan muchos fármacos. Los fármacos se distribuyen por el organismo y pasan a través del hígado, donde las enzimas los desactivan, cambiando su estructura para que los riñones puedan filtrarlos. Algunos fármacos pueden alterar este sistema enzimático, haciendo que la desactivación de otro fármaco se produzca de manera más rápida o más lenta de lo habitual. Por ejemplo, dado que los barbitúricos, como el fenobarbital, aumentan la actividad de las enzimas hepáticas, fármacos como la warfarina resultan menos eficaces si se administran al mismo tiempo. Por lo tanto, los médicos aumentan las dosis de ciertos fármacos para compensar este efecto. Sin embargo, si posteriormente se suspende el fenobarbital, las concentraciones de otros fármacos pueden aumentar mucho, ocasionando efectos secundarios graves.

Las sustancias químicas de los cigarrillos pueden aumentar la actividad de algunas enzimas hepáticas. Ésta es la causa por la cual el fumar disminuye la eficacia de algunos analgésicos (como el propoxifeno) y de algunos fármacos utilizados en el tratamiento de problemas pulmonares (como la teofilina).

El antiulceroso cimetidina y los antibióticos ciprofloxacina y eritromicina son ejemplos de fármacos que pueden retardar la actividad de las enzimas hepáticas, prolongando la acción de la teofilina. La eritromicina afecta el metabolismo de los fármacos antialérgicos terfenadina y astemizol, ocasionando una acumulación de éstos.


Cambios en la excreción



Un fármaco puede afectar al porcentaje de la excreción renal de otros fármacos. Por ejemplo, algunos fármacos alteran la acidez de la orina, lo que, a su vez, afect a a la excreción de otros fármacos. Dosis importantes de vitamina C pueden producir este efecto.


Interacciones entre fármacos y enfermedades



La mayoría de fármacos se distribuyen por todo el organismo. A pesar de ejercer sus efectos en gran medida sobre un sistema u órgano específico, también afectan a otros órganos y sistemas. Un fármaco que se utilice en el tratamiento de enfermedades pulmonares puede afectar al corazón; un fármaco para tratar un resfriado puede afectar los ojos. Dado que los fármacos pueden influir sobre otras afecciones además de la propia enfermedad que estén tratando, los médicos deben conocer el estado global del paciente antes de prescribir un nuevo fármaco . Son p articularmente importantes la diabetes, la presión arterial alta o baja, el glaucoma, el aumento del tamaño de la próstata, la incontinencia urinaria y el insomnio.


Placebos



Los placebos son sustancias que se prescriben como fármacos pero que contienen elementos químicos inactivos.

Un verdadero placebo imita exactamente a un fármaco real, pero está formado por sustancias químicas inactivas, como el almidón o el azúcar. Los placebos se usan en la investigación clínica para compararlos con fármacos activos. En circunstancias muy específicas, el médico puede prescribir un placebo para aliviar los síntomas, si cree que un fármaco con un principio activo no es el adecuado.

El efecto placebo (modificación de los síntomas después de recibir un tratamiento con un efecto no comprobado) puede obtenerse con cualquier tipo de terapia, incluyendo fármacos, cirugía y psicoterapia.

Los placebos pueden causar o estar asociados a un gran número de cambios, deseados e indeseados. Dos factores suelen influir en el efecto placebo. El primero es anticiparse a los resultados (optimismo) al tomar un fármaco, denominado también sugestión, fe o esperanza. El segundo factor, el cambio espontáneo, puede ser aun más importante. En ocasiones, el paciente experimenta una mejoría espontánea; se siente mejor sin ningún tratamiento. Si ocurre tal mejoría después de tomar un placebo, el mérito se atribuye incorrectamente al placebo. Por el contrario, si después de haber tomado un placebo aparece de forma espontánea un dolor de cabeza o una erupción cutánea, también se culpa al placebo.

Hay estudios que determinan si los pacientes con ciertos rasgos de personalidad tienen más probabilidades de responder a los placebos. Las conclusiones sobre este particular son muy variadas. La reacción al placebo presenta diferentes grados, ya que cualquier paciente se puede sugestionar bajo ciertas circunstancias.

Sin embargo, unos parecen más propensos que otros. Algunos de los pacientes que responden a placebos tienen muchas características de la adicción a las drogas: la necesidad de aumentar la dosis, el deseo compulsivo de tomar el fármaco y el desarrollo de los síntomas de abstinencia si se les priva del mismo.


Uso en investigación



Cualquier fármaco puede tener un efecto placebo (efectos positivos o negativos no relacionados con los principios químicos activos). Para distinguir el efecto real del efecto placebo de un fármaco, los investigadores comparan fármacos con placebos en los ensayos terapéuticos. En estos estudios se administra el fármaco experimental a la mitad de los participantes y un placebo, de aspecto idéntico, a la otra mitad. Ni los participantes ni los investigadores saben quién ha recibido el fármaco y quién el placebo (este estudio se denomina ensayo doble ciego).

Cuando se concluye el estudio, se comparan todos los cambios observados entre el fármaco investigado y el placebo. Para la evaluación de los efectos químicos reales del fármaco experimental, se restan los efectos del placebo a los obtenidos con el fármaco. La acción del fármaco que se investiga debe ser sustancialmente mejor que la del placebo, con el fin de justificar su uso. Por ejemplo, en estudios de fármacos nuevos que alivian la angina de pecho (dolor de pecho debido a un riego sanguíneo anormal en el músculo cardíaco), es frecuente que los efectos positivos con respecto al placebo sobrepasen el 50 por ciento. Por esta razón, el demostrar la eficacia de nuevos fármacos constituye un importante desafío.


Uso terapéutico



Todo tratamiento tiene un efecto placebo: los efectos atribuidos a los fármacos varían de una persona a otra y de un médico a otro. Es más probable que una persona con una opinión positiva sobre los fármacos, los médicos, las enfermeras y los hospitales, responda de manera favorable a los placebos o que presente un efecto placebo favorable ante los fármacos activos. En cambio, una persona con una opinión negativa puede negar cualquier efecto positivo o incluso experimentar efectos adversos.

Cuando médico y paciente confían en los beneficios del placebo, es mucho más probable alcanzar el efecto positivo. Un fármaco activo sin efectos terapéuticos reconocidos puede aliviar un determinado trastorno (por ejemplo, la vitamina B12 para la artritis). O bien, un fármaco poco activo (por ejemplo, un calmante suave) puede tener un mejor efecto.

Habitualmente, los médicos evitan el uso deliberado y secreto de los placebos (en contraste con la investigación clínica) porque un resultado decepcionante puede deteriorar la relación médico-paciente. Además, el médico puede malinterpretar la respuesta del paciente, creyendo que sus síntomas no están basados en una enfermedad real o que son exagerados. Cuando están implicados otros médicos o enfermeras (terapia de grupo u hospitalización), este hecho puede afectar de forma adversa su actitud hacia el paciente, aumentando la probabilidad de decepción.

Sin embargo, los médicos prescriben placebos de manera fácil y clara. Por ejemplo, si un paciente con dolor crónico está creando una dependencia de un analgésico que provoca adicción, el médico puede sugerir el tratamiento con placebos. En principio, el paciente y el médico están de acuerdo en realizar tal experimento para ver si realmente se necesita el fármaco en cuestión.

Aunque no es frecuente que los médicos prescriban placebos, la mayoría atienden a pacientes convencidos de que el uso de algunas sustancias previene o alivia sus enfermedades, aun sin evidencias científicas que confirmen esta creencia. Por ejemplo, los pacientes que experimentan mejoría al tomar vitamina B12 u otras vitaminas a modo de tónico, a menudo se sienten enfermos y sufren trastornos si se les niega la medicación. Algunas personas que han oído decir que sus calmantes suaves son fuertes, experimentan a menudo un alivio significativo del dolor y están convencidas de que dichos fármacos son más fuertes que cualquier otro que hayan usado con anterioridad. Debido a creencias culturales o actitudes psicológicas, algunas personas parecen requerir y beneficiarse de un medicamento de eficacia no comprobada científicamente o con una presentación determinada (por ejemplo, hay quien prefiere una inyección, aunque sepan que un comprimido es igual de eficaz). En estas situaciones, los médicos se preocupan porque consideran estos efectos como no científicos y, considerando las desventajas para su relación con el paciente, se sienten incómodos al prescribirlos. No obstante, la mayoría de médicos consideran que algunos pacientes son tan dependientes de los placebos que privarlos de ellos sería más perjudicial que positivo (teniendo en cuenta que el placebo utilizado presente un margen de seguridad alto).



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No han habido objeciones... continuamos
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FÁRMACOS Y ENVEJECIMIENTO


Dado que las personas mayores son más propensas a sufrir enfermedades crónicas, toman mayor cantidad de fármacos que los jóvenes. En promedio, una persona de edad avanzada toma cuatro o cincofármacos con prescripción médica y dos sin receta. Estas personas son dos veces más propensas a reacciones adversas al fármaco, en comparación con los jóvenes. ) Además, las reacciones tienden a ser más graves.

A medida que se envejece disminuye la cantidad de agua del organismo. Los fármacos alcanzan concentraciones más altas en la personas mayores. Muchos fármacos, una vez en el cuerpo, se disuelven en los líquidos del organismo pero en estas personas existe menos agua para diluirlos. Además, los riñones son menos eficaces en la excreción de fármacos por la orina y el hígado tiene menos capacidad para metabolizarlos.

Por esta razón, muchos fármacos permanecen más tiempo en el organismo de un anciano que en el de un joven. Como resultado, los médicos deben prescribir dosis menores de muchos medicamentos a las personas mayores o incluso un número reducido de dosis d iarias. Además el organis mo de estas personas es más sensible a los efectos de muchos fármacos. Por ejemplo, pueden experimentar somnolencia o confusión, si se les administran ansiolíticos o somníferos. Los fármacos que reducen la presión arterial, dilatando las arterias y disminuyendo el estrés cardíaco tienden a disminuir la presión arterial más en la gente mayor que en los jóvenes. El cerebro, los ojos, el corazón, los vasos sanguíneos, la vejiga y los intestinos se vuelven más sensibles a los efectos secundarios anticolinérgicos de algunos de los fármacos más utilizados. Los fármacos con efectos anticolinérgicos bloquean la acción de una parte del sistema nervioso, el denominado sistema nervioso colinérgico.

Ciertos fármacos tienden a provocar reacciones adversas, siendo frecuentes e intensas en las personas de edad avanzada.

Por ello deben evitarse determinados fármacos, ya que en la mayoría de los casos están disponibles alternativas más seguras. E xisten ciertos riesgos si no se siguen las indicaciones del médico respecto a un fármaco. Sin embargo, el incumplimiento de las indicaciones del médico entre le gente mayor no es más frecuente que entre los jóvenes.

No tomar un fármaco o tomar más o menos dosis de las indicadas puede causar problemas.

Por ejemplo, pueden aparecer los síntomas de una enfermedad, o bien el médico puede cambiar el tratamiento, pensando que el fármaco no ha sido eficaz.


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Publicado el 16 enero 2008 - 02:34

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REACCIONES ADVERSAS A LOS FÁRMACOS


Un error frecuente es considerar que los efectos farmacológicos se pueden dividir claramente en dos grupos: efectos deseados o terapéuticos y no deseados o secundarios. En realidad, la mayoría de los fármacos produce varios efectos. Sin embargo, el médico pretende que el paciente experimente sólo uno (o algunos) de ellos. Los demás efectos se pueden calificar como no deseados. A pesar de que casi todo el mundo, incluyendo médicos y personal sanitario, se refiere a efecto secundario, el término reacción adversa al fármaco es más apropiado para los efectos no deseados, desagradables, o potencialmente nocivos.

No debe sorprender que las reacciones adversas a los fármacos sean frecuentes. Se estima que alrededor del 10 por ciento de los ingresos en los hospitales en algunos países, son debidos a reacciones adversas a los fármacos. Entre el 15 y el 30 por ciento de los pacientes hospitalizados presenta como mínimo una reacción adversa a algún fármaco. Aunque muchas de estas reacciones son relativamente leves y desaparecen al suspender su administración o al modificar la dosis, otras son más graves y de mayor duración.

Tipos de reacciones


Es posible dividir las reacciones adversas a los fármacos en dos grupos principales.

El primero comprende las reacciones que representan un exceso de los efectos farmacológicos y terapéuticos que se conocen y se esperan de un determinado fármaco. Por ejemplo, un paciente que está en tratamiento con un fármaco para reducir la presión arterial alta, puede padecer mareos o vértigo si ésta disminuye en exceso. Un diabético puede manifestar debilidad, sudor, náuseas y palpitaciones si la insulina o el fármaco hipoglucemiante reduce en exceso el valor de azúcar en sangre. Este tipo de reacción adversa al fármaco, aunque predecible, es a veces inevitable. Una reacción adversa ocurre si la dosis de un fármaco es excesiva, si el paciente es demasiado sensible a éste, o si otro fármaco retarda el metabolismo del primero, incrementando así su concentración en la sangre.

El segundo grupo son las reacciones que resultan de ciertos mecanismos que todavía no se comprenden muy bien. Este tipo de reacción adversa a un determinado fármaco es impredecible hasta que el médico obtenga información sobre otros pacientes con reacciones semejantes. Ejemplos de dichas reacciones adversas consisten en erupciones cutáneas, ictericia (lesión del hígado), anemia, disminución del número de glóbulos blancos, lesiones del riñón y lesiones nerviosas con posibles alteraciones visuales o auditivas. No obstante, tales reacciones afectan sólo a un reducido grupo. Estas personas pueden ser alérgicas o hipersensibles a un medicamento, debido a diferencias genéticas en el metabolismo del fármaco o a la respuesta del organismo a su acción.

Algunos efectos secundarios de los fármacos no se ajustan fácilmente a ninguno de los dos grupos. Estas reacciones son predecibles y los mecanismos involucrados son ampliamente conocidos. Por ejemplo, la irritación gástrica y la hemorragia se presentan a menudo si se toman, de manera continua, aspirina u otros antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno, ketoprofeno y naproxeno.

Intensidad de las reacciones


No existe una escala universal para describir o determinar la gravedad de una reacción adversa a un fármaco en particular; la valoración es en gran parte subjetiva. Dado que la mayoría de fármacos se ingieren por vía oral, las molestias gastrointestinales representan un alto porcentaje del total de las reacciones conocidas, como pérdida del apetito, náuseas, una sensación de distensión, estreñimiento y diarrea.

Los médicos consideran como reacciones leves y de poca importancia las referidas a las molestias gastrointestinales, al igual que las relacionadas con dolores de cabeza, fatiga, ligeros dolores musculares, cambios en el patrón del sueño y malestar (una sensación generalizada de enfermedad o inquietud). Sin embargo, dichas reacciones son preocupantes para quienes las experimentan. Además, si el paciente siente los efectos de la medicación como una disminución en su calidad de vida, es posible que no colabore con el plan terapéutico prescrito. Esto puede representar un problema importante para alcanzar los objetivos del tratamiento.

Las reacciones moderadas incluyen las que se relacionan como leves en el caso de que el paciente las considere o sienta como claramente molestas, dolorosas o intolerables. En esta lista figuran además reacciones como las erupciones cutáneas (especialmente si son extensas y persistentes), las molestias visuales (especialmente en personas que usan lentes graduadas), el temblor muscular, la dificultad para orinar (frecuente con muchos fármacos administrados a varones de edad avanzada), cualquier variación perceptible del humor o del estado mental y ciertos cambios en los componentes de la sangre (como las grasas o los lípidos).

La aparición de reacciones adversas leves o moderadas no significa necesariamente que se deba suspender un medicamento, especialmente si no se dispone de una mejor alternativa. Sin embargo, el médico hace una nueva evaluación de la dosis, la frecuencia de administración (número de dosis diarias), el horario (antes o después de las comidas, al levantarse o al acostarse) y el posible uso de otros agentes para aliviar al paciente (por ejemplo, el médico puede recomendar el uso de un laxante, si el fármaco provoca estreñimiento).

En ocasiones, los fármacos provocan reacciones graves con riesgo de muerte, aunque éstas son relativamente raras. Las reacciones graves implican suspender la administración del fármaco y proceder a su tratamiento. No obstante, en ciertos casos, los médicos deben continuar administrando fármacos a las personas de alto riesgo (por ejemplo, tratamientos con quimioterapia en pacientes con cáncer, o fármacos inmunosupresores para pacientes sometidos a trasplantes de órganos). Entonces se utilizan todos los medios disponibles para tratar tales reacciones graves. Los médicos administran, por ejemplo, antibióticos para combatir la infección en pacientes con un sistema inmunitario debilitado. También es posible administrar antiácidos líquidos de alta potencia o bloqueadores de los receptores H2, como la famotidina o la ranitidina, para prevenir o curar úlceras gástricas. Así mismo, pueden realizarse transfusiones de plaquetas para tratar hemorragias graves o bien inyectar eritropoyetina para estimular la producción de glóbulos rojos en pacientes con anemia inducida por un fármaco.




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Publicado el 20 enero 2008 - 06:55

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Relación entre beneficios y riesgos

Cualquier fármaco puede tener al mismo tiempo efectos positivos y negativos. Antes de prescribir un fármaco, los médicos evalúan los posibles riesgos y los beneficios que esperan obtener. El uso de un fármaco no está justificado a menos que los beneficios superen los posibles riesgos. Los médicos deben también considerar las consecuencias de suprimir el fármaco. En la mayoría de los casos, los beneficios y riesgos potenciales no se pueden determinar con precisión matemática.

Cuando se calculan los efectos positivos y negativos de un fármaco, los médicos consideran la gravedad del trastorno que se está tratando y el impacto que tendrá sobre la calidad de vida del paciente. Por ejemplo, las molestias relativamente leves como la tos y los resfriados, las distensiones musculares o los dolores de cabeza ocasionales, se pueden aliviar con fármacos de venta sin prescripción médica, cuyo riesgo de efectos secundarios es muy reducido.

Los fármacos de venta sin prescripción, para el tratamiento de trastornos menores, presentan un margen de seguridad amplio si se administran según las instrucciones. Sin embargo, el riesgo de reacciones adversas aumenta si se toman al tiempo otros fármacos con o sin prescripción médica. En contraposición, se debe asumir un mayor riesgo de reacciones graves si se utilizan medicamentos para tratar una enfermedad grave o potencialmente mortal (por ejemplo, un infarto cardíaco, un accidente vascular cerebral, un cáncer o el rechazo de un órgano trasplantado).

Factores de riesgo

Muchos factores pueden aumentar la probabilidad de una reacción adversa al fármaco. Éstos incluyen el uso simultáneo de varios fármacos, la vejez o la corta edad del paciente, el embarazo, ciertas enfermedades y factores hereditarios.

Terapia farmacológica múltiple

El tomar varios fármacos a la vez, con o sin prescripción médica, aumenta el riesgo de una reacción adversa a los mismos. El número y la gravedad de las reacciones adversas aumentan de forma desproporcionada con la cantidad de fármacos ingeridos. El consumo de alcohol, que puede considerarse una sustancia tóxica, aumenta el riesgo.

La revisión periódica por parte del médico o del farmacéutico de todos los fármacos que se toman, contribuye a reducir el riesgo de presentar reacciones adversas.


Edad
Los niños son especialmente susceptibles a los efectos secundarios de los fármacos, porque su capacidad para metabolizarlos no se ha desarrollado completamente. Por ejemplo, los recién nacidos no pueden metabolizar y eliminar el antibiótico cloranfenicol; los que reciben este tratamiento pueden desarrollar el síndrome del "bebé gris", una reacción grave y a menudo mortal. La tetraciclina puede oscurecer el color del esmalte de los dientes para siempre, si este antibiótico se administra a los niños durante el período en que desarrolla la dentición (que puede ser hasta los 7 años de edad). Los niños menores de 15 años pueden presentar el síndrome de Reye si se les administra aspirina para tratar la gripe o la varicela.

El riesgo de efectos secundarios es muy elevado en las personas mayores porque pueden tener muchos problemas de salud, y por eso toman diversos fármacos con y sin prescripción médica. Algunas personas de edad avanzada no comprenden las instrucciones para el uso correcto de los fármacos. El funcionamiento de los riñones y la capacidad del organismo para eliminar los fármacos disminuyen con la edad. Además, estos procesos se complican a menudo por la desnutrición y la deshidratación. Las personas de edad avanzada que toman fármacos que provocan somnolencia, confusión y falta de coordinación son propensas a sufrir caídas y fracturas óseas. Entre los fármacos que pueden causar estos problemas se encuentran muchos de los antihistamínicos, somníferos, ansiolíticos y antidepresivos.

Embarazo


Los fármacos y la mujer mbarazada


En la mujer embarazada muchos fármacos pueden pasar de la circulación materna, a través de la placenta, al cordón umbilical, y alcanzar finalmente la circulación fetal.


Muchos fármacos pueden influir sobre el desarrollo del feto. En lo posible, las mujeres embarazadas no deben tomar fármacos, especialmente durante el primer trimestre. El médico debe supervisar el uso de cualquier fármaco con o sin prescripción médica. Las drogas sociales e ilícitas (alcohol, nicotina, cocaína y narcóticos como la heroína) pueden perjudicar tanto el proceso de gestación como el feto.


Otros factores

Las enfermedades pueden alterar la absorción, el metabolismo y la eliminación de un fármaco, así como la respuesta del organismo al mismo. Debido a factores hereditarios, algunos pacientes pueden ser más propensos a los efectos tóxicos de ciertos fármacos. Todavía se desconoce en gran medida el ámbito de las interacciones mente-cuerpo, incluyendo aspectos como la actitud mental, puntos de vista, la fe en uno mismo y la confianza en los médicos.


Alergias a los fármacos


Por lo general, el número y la gravedad de las reacciones adversas a los fármacos aumentan en proporción al incremento de la dosis. Sin embargo, esta relación dosis-efecto no es aplicable a los individuos alérgicos o hipersensibles a un fármaco. Para ellos, aun pequeñas cantidades del fármaco pueden desencadenar una reacción alérgica, desde una molestia leve, hasta reacciones graves con riesgo de muerte. Las reacciones alérgicas incluyen erupciones cutáneas y picores, fiebre, constricción de las vías respiratorias y sibilancias, inflamación de ciertos tejidos, como la laringe y la glotis, que pueden dificultar la respiración, y caída de la presión arterial, algunas veces hasta niveles peligrosamente bajos.

Las alergias a un fármaco son impredecibles, ya que las reacciones se presentan después de que un individuo ha estado expuesto a él una o varias veces (ya sea por vía subcutánea, oral, o intravenosa) sin que se observara ninguna reacción. Una reacción leve se puede tratar tan sólo con un antihistamínico; una reacción grave y con riesgo de muerte puede requerir una inyección de adrenalina (también denominada epinefrina) o de glucocorticoides (como la hidrocortisona).

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Algunos ejemplos de alergia medicamentosa














NECROLISIS EPIDERMICA TOXICA, SINDROME DE LYELL

Reacción cutánea eritematobullosa grave y extensa que se asocia con varios agentes etiológicos. Se puede producir en todos los grupos de edad. El malestar y la fiebre acompañan a un importante dolorimiento y eritema macular cutáneos. El exantema se hace rápidamente confluente y aparecen vesículas o ampollas que se extienden con la presión lateral sobre la piel eritematosa y provocan el desprendimiento de todo el espesor de la epidermis. El signo de Nikolsky es positivo. Existen lesiones mucosas en el 90% de los casos, con gran postración general, fiebre y mortalidad elevada. En el 80% de los casos se asocia con un medicamento.

El Síndrome de Lyell es la enfermedad más grave en dermatología con una mortalidad muy alta y un manejo extremadamente difícil y controversial. En dermatología, el grado máximo de daño esté representado por este síndrome, también conocido como Necrolisis Epidérmica Tóxica TEN o Síndrome del "gran quemado". El síndrome de Lyell es una enfermedad potencialmente mortal comunmente inducida por drogras. Su manejo requiere inmediata detección, evaluación y un gran cuidado de soporte. Su fisiopatología desgraciadamente no es bien comprendida, pero se piensa que está relacionada con una reacción autoinmune citotóxica dirigida contra la destrucción de los queratinocitos ante la presentación de un antígeno extraño. Esta condición imita una reacción de hipersensibilidad que se produce después de la exposición a ciertos fármacos. La primera manifestación de este Síndrome, es la aparición de erupciones morbiliformes confluyentes que rápidamente evolucionan a la exfoliación de la piel en la unión dermo-epidérmica, dando origen a grandes placas necróticas de la epidermis, dejando la superficie dérmica desnuda.

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Antes de prescribir un medicamento, los médicos preguntan al paciente si tiene alguna alergia conocida a algún fármaco. Las personas que han padecido reacciones alérgicas graves, con problemas de salud severas, o que están tomando fármacos de alto riesgo, deberían usar un collar o pulsera de alerta médica. La información inscrita en la pulsera (por ejemplo, alergia a la penicilina, diabético insulinodependiente, tratamiento con warfarina) alertará al personal sanitario en caso de urgencia.

Toxicidad por sobredosis


La toxicidad por sobredosis se refiere a reacciones tóxicas graves, a menudo nocivas, y algunas veces mortales, por sobredosis accidental de un fármaco (debido a un error del médico, del farmacéutico o del paciente) o por sobredosis intencionada (homicida o suicida).

Ante fármacos igualmente eficaces, a menudo los médicos prefieren el que presenta el menor riesgo de toxicidad por sobredosis. Por ejemplo, si se necesita un sedante, un fármaco ansiolítico o un somnífero, los médicos prescriben por lo general benzodiacepinas como el diazepam y el triazolam, en vez de barbitúricos como el pentobarbital. Las benzodiacepinas no son más eficaces que los barbitúricos, pero tienen un margen de seguridad mayor y mucha menos probabilidad de causar toxicidad grave, en caso de una sobredosis accidental o intencionada. La seguridad es también la razón por la cual los antidepresivos más recientes como la fluoxetina y la paroxetina han reemplazado en gran parte a antidepresivos más antiguos como la imipramina y la amitriptilina, igualmente eficaces.

Los niños presentan un elevado riesgo de toxicidad por sobredosis. La mayoría de comprimidos y cápsulas coloreadas, que atraen la atención de los niños, son formulaciones de dosis para adultos. Ciertas normas en algunos países requieren que todos los fármacos orales con prescripción se vendan en envases a prueba de niños, a menos que el interesado renuncie a ello por escrito, con el pretexto de que le es difícil abrirlos.

Muchos países disponen de servicios de información sobre intoxicaciones por sustancias químicas y medicamentos, y en la mayoría de guías telefónicas se encuentra su número de teléfono. Este número se debe apuntar y mantener cerca del teléfono o programarlo en las llamadas automáticas.


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#15 Invitado_nilda lugo_*

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Publicado el 09 febrero 2008 - 04:42

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CITA(Ge. Pe. @ Nov 21 2007, 03:15 PM) Ver Mensajes
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Psicofarmacología


Los psicofármacos se emplean en el tratamiento de las enfermedades mentales. Las causas de las enfermedades mentales todavía se desconocen, pero en algunos casos se ha podido comprobar la existencia de alteraciones metabólicas cerebrales; las mejor conocidas son las relacionadas con los neurotransmisores cerebrales.

Los neurotransmisores son sustancias que se liberan en la sinapsis neuronal y que al actuar sobre receptores específicos intervienen en la transmisión de los impulsos nerviosos. Los más importantes son la acetilcolina, la noradrenalina, la dopamina, la 5-hidroxitriptamina (serotonina) y el ácido gamma-aminobutírico (GABA).

En los estados de hiperactividad y agitación existen habitualmente elevadas concentraciones de neurotransmisores en la sinapsis, mientras que en los estados depresivos su concentración suele estar disminuida.

La mayoría de los psicofármacos actúan modificando los efectos de los neurotransmisores cerebrales. Algunos reducen la concentración de neurotransmisores en la sinapsis o impiden su efecto bloqueando los receptores sobre los que actúan, esto produce habitualmente una mejoría de los estados psicóticos, especialmente si se acompañan de agitación. Otros psicofármacos aumentan la concentración sináptica de neurotransmisores por diversos mecanismos, y esto se acompaña habitualmente de una mejoría de los estados de depresión. Sin embargo, muchos aspectos de las enfermedades mentales no se pueden explicar únicamente por las alteraciones de los neurotransmisores, por lo que algunos psicofármacos parecen tener otros mecanismos de acción.

Algunos psicofármacos actúan en la corteza cerebral, pero en su mayoría lo hacen sobre estructuras encefálicas más profundas, como el sistema reticular ascendente del tronco encefálico o el sistema límbico, en el que asientan funciones cerebrales complejas, como las emociones, los recuerdos y la afectividad.

La psicofarmacología ha modificado sustancialmente el pronóstico de las enfermedades mentales. En la actualidad, casi todos los enfermos psiquiátricos mejoran con el tratamiento farmacológico y la mayoría pueden tratarse de forma ambulatoria.

Con frecuencia los psicofármacos sólo consiguen controlar los grandes síntomas o síndromes de los trastornos mentales, como la agitación, la ansiedad o la depresión, pero en algunos casos, parecen conseguir la curación de la enfermedad.

Los psicofármacos suelen clasificarse en tres grandes grupos:

1. Neurolépticos o antipsicóticos
2. Ansiolíticos
3. Antidepresivos



Neurolépticos o antipsicóticos

Los neurolépticos o antipsicóticos se emplean fundamentalmente en el tratamiento de psicosis, como la esquizofrenia, la fase maníaca de la psicosis maniaco-depresiva (psicosis bipolar) y las psicosis tóxicas. Se emplean también en el tratamiento sintomático de los estados de agitación y delirio agudo, en los estados confusiónales y en algunos casos de dolor crónico.

A los neurolépticos se les llamaba antiguamente tranquilizantes mayores, término que se abandonado porque no son solamente tranquilizantes, sino que parecen mejorar la propia causa de la psicosis; la agitación es ciertamente un componente frecuente de la psicosis, pero también se administran antipsicóticos a enfermos que no están agitados.

En principio todos los neurolépticos son eficaces y la elección de uno u otro depende de la respuesta previa del enfermo al fármaco y de los efectos adversos que se presenten. Algunos son de efecto prolongado, y en principio son más eficaces en situaciones crónicas.

Ansiolíticos

La ansiedad se puede definir como un sentimiento de miedo, temor, aprensión e incertidumbre sin causa justificada. Cuando se acompaña de síntomas vegetativos como sudor, temblor, taquicardia, etc. recibe el nombre de angustia.

Los ansiolíticos son psicofármacos capaces de controlar la ansiedad. En la actualidad los más utilizados son las benzodiazepinas y la buspirona. El primer grupo posee un efecto ansiolítico, hipnótico-sedante (con lo que ayuda a tratar el insomnio), relajante muscular y anticonvulsivo. La buspirona en un ansiolítico puro, sin apenas efectos hipnóticos o tranquilizantes. Sin embargo sus efectos tardan de 2 a 3 semanas en aparecer y en general es menos eficaz que las benzodiazepinas.

Antidepresivos

La depresión es una enfermedad caracterizada por los sentimientos de tristeza, pesimismo, falta de interés, retraso psicomotor, insomnio, trastornos alimentarios y otros. Con frecuencia hay un componente asociado de ansiedad o angustia, sentimientos de culpa, crisis de pánico y tendencia al suicidio.

Los fármacos antidepresivos se utilizan en el tratamiento de todas las formas de depresión, aunque en general responden mejor a las depresiones endógenas. Alrededor del 80% de todas las depresiones responden al tratamiento farmacológico. Este debe mantenerse durante 4-6 meses y suspenderse de forma gradual, ya que si se suspende antes o de forma brusca, son frecuentes las recaídas.

En los estados depresivos suele haber una baja concentración de neurotransmisores en las sinapsis neuronales, especialmente noradrenalina y serotonina. Los fármacos antidepresivos tienden a elevar la concentración de neurotransmisores en las sinapsis. Esto se puede conseguir por dos mecanismos: bloqueando o retrasando la recaptación de los neurotransmisores, con lo que aumenta su concentración en las sinapsis, o inhibiendo la monoaminoxidasa (MAO), que en circunstancias normales destruye los neurotransmisores amínicos, limitando su tiempo de acción. La inhibición de la MAO consigue alargar el tiempo de acción de los neurotransmisores.

La mayoría de antidepresivos actúan por alguno de estos dos mecanismos, aunque algunos aumentan también el número o la sensibilidad de los receptores sinápticos para los neurotransmisores.


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http://www.psicoactiva.com/
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#16 Invitado_ESTHEREIKER_*

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Publicado el 20 febrero 2008 - 02:20

CITA(Ge. Pe. @ Nov 9 2007, 07:58 AM) Ver Mensajes
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Apuntes breves...
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I. RECEPTORES FARMACOLÓGICOS

1. Definición y funciones


Cuando se define un fármaco como una sustancia capaz
de modificar la actividad celular, se está afirmando
que el fármaco no origina mecanismos o reacciones desconocidos
por la célula hasta entonces, sino que se limita
a estimular o a inhibir los procesos propios de la célula.


Para ello, el fármaco primero debe asociarse a moléculas
celulares con las cuales, y en razón de sus respectivas
estructuras moleculares, pueda generar enlaces de
unión que casi siempre son reversibles. Si la unión es muy
intensa o el fármaco provoca grandes modificaciones en
la molécula aceptora, puede hacerse irreversible.

Teóricamente, existen en los diversos órganos subcelulares
innumerables moléculas con radicales capaces de
asociarse al fármaco y formar un complejo. Con toda probabilidad,
muchas de estas asociaciones no originan respuesta
celular alguna: porque la molécula celular aceptora
no es modificada por la molécula farmacológica en
una forma que pueda repercutir sobre el resto de la célula
o bien porque la función de la molécula aceptora del
fármaco no es suficientemente importante para operar
un cambio objetivable en la vida celular. Son sitios de fijación
inespecífica.

Pero el fármaco se une también a otro tipo de moléculas
que, una vez modificadas por él, originan cambios
fundamentales en la actividad de la célula (equilibrio
iónico, fenómenos de carácter metabólico, etc.) ya sea en
el sentido de estimulación o en el de inhibición. Las diversas
acciones de los fármacos se producen por estas
modificaciones celulares. Las moléculas con que los fármacos
son capaces de interactuar selectivamente, generándose
como consecuencia de ello una modificación
constante y específica en la función celular, se denominan
receptores farmacológicos.

Entre las moléculas celulares con potencial capacidad
de comportarse como receptores farmacológicos se encuentran,
lógicamente, aquéllas dotadas en particular
para mediar la comunicación intercelular, es decir, los receptores
que reciben la influencia de sustancias endógenas,
como los neurotransmisores y cotransmisores, los
neuromoduladores, las hormonas y otros mediadores endógenos
que, liberados por una célula, tienen capacidad
de influir sobre la actividad de otra. Todas estas sustancias
codifican la señal que han de transmitir a través de
su receptor.

Los receptores son estructuras macromoleculares de
naturaleza proteica, asociadas a veces a radicales lipídicos
o hidrocarbonados, que se encuentran localizados en
gran número en las membranas externas de las células,
en el citoplasma y en el núcleo celular. Entre las respuestas
funcionales que los receptores pueden desencadenar
destacan:

a) Modificaciones de los movimientos de iones y,
como consecuencia, de los potenciales bioeléctricos, en
cuyo caso el receptor suele estar ligado a canales iónicos.

b) Cambios en la actividad de múltiples enzimas,
cuando el receptor está conectado a estructuras membranosas
o intercelulares capaces de mediar reacciones
químicas, como fosforilación de proteínas, hidrólisis de
fosfoinosítidos, etc.

c) Modificaciones en la producción y/o la estructura
de diversas proteínas, en el caso de receptores con capacidad
de modificar los procesos de transcripción y síntesis
proteicas.


La generación de la respuesta de un fármaco debida a
la activación de su receptor requiere la puesta en marcha
de un mecanismo efector que suele originar, como ya se
ha señalado, un cambio en el flujo de un ion o en el nivel
de un «segundo mensajero» químico. El receptor presenta,
por lo tanto, dos funciones fundamentales: unir al
ligando específico y promover la respuesta efectora.
La mayoría de los fármacos actúan mediante la unión
a receptores específicos que poseen estas características
y comparten las propiedades que se describen a continuación.

Sin embargo, existen fármacos cuyos efectos se
producen en virtud de su interacción con elementos intracelulares
y extracelulares difíciles de considerar receptores en sentido estricto, pero que se comportan como
elementos diana de fármacos.

Dentro de este grupo se incluyen:

a) los fármacos que actúan inhibiendo la actividad
de diversas enzimas (p. ej., la ATPasa Na+/K+-dependiente
o la monoaminooxidasa);

b) los quelantes, que fijan diversos cationes;

c) los fármacos que son análogos estructurales de sustancias endógenas y que actúan como
falsos sustratos de enzimas (p. ej., los análogos de bases
púricas y pirimidínicas, con actividad antineoplásica), y

d) los que interfieren en la actividad de los transportadores
ligados a los sistemas de recaptación de los neurotransmisores.

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#17 Ge. Pe.

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Publicado el 28 febrero 2008 - 12:40


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Apuntes en: ENFERMERÍA 21

Una página de Salud para Enfermeras y/o Estudiantes de Las Ciencias de la Vida


http://www.enfermeria21.com/

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TEMA 1º

INTRODUCCIÓN A LA FARMACOLOGÍA.

JAVIER RODRÍGUEZ

Los fármacos son sustancias químicas que interacciona con seres vivos para curar, prevenir, etc

• Farmacología: Ciencia biológica que estudia las acciones y propiedades de los fármacos en el organismo.

• Droga: Fármaco con mala concepción social. Puede ser recetados por un médico: opiácidos.

• Medicamento: Puede tener mas de un principio activo que interacciona con los seres vivos y cuya finalidad es curar.

• Fármaco: Solo un principio activo.

• Solución Magistral: Medicamento realizado en laboratorios, sin marcas registradas.

• Medicamentos genéricos: se comercializa con el nombre común universal.


 SUBDIVISIONES DE LA FARMACOLOGÍA.

1. FARMACODINÁMIA: Acción y efecto de los F. Estudia los mecanismos de acción molecular.
2. FARMACOCINÉTICA: Disposición de los F. Cantidad de F o med presente en el lugar de la acción.
3. FARMACOTERAPEÚTICA: Aplicación: curar
4. FARMACOTÉCNIA O GALÉNICA: Formas de presentación.
5. TOXICOLOGÍA: Estudia los efectos nocivos de los fármacos.
Patología yatrogénica: Dosis no recomendadas de un medicamento que produce efectos nocivos.
6. FARMACOEPIOMIOLOGÍA: estudia los efectos de los med en la población.
7. FÁRMACO ECONOVÍA: Coste económico

 NOMENCLATURA DE FÁRMACOS
1. Nombre químico. Según IUPAC.
2. Nombre genérico o D.C.I(denominación común internacional) aprobado por la OMS y que es igual en todos los países. Es el mas importante.

 SÍMBOLOS EN ESPECIALIDADES FARMACÉUTICAS.
(no los damos acá, varían a veces de país a país)



• Historia: Alopatía-Homeopatía(S XVIII);

Alopatía: aplicar al enfermo algo que produzca efectos diferentes a los que les produzca la enfermedad.

Homeopatía: Cura produciendo los mismos signos y síntomas a baja escala que produce la enfermedad. Diluían las concentraciones mucho. No puede tener efectos secundarios porque las concentraciones son muy bajas.


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Los apuntes se bajan libremente, citamos, por supuesto, la fuente y el autor.

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#18 Ge. Pe.

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Publicado el 05 marzo 2008 - 07:11



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Continuamos....

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FARMACOCINÉTICA.


 PROCESOS BÁSICOS. PROCESOS LADME.


Proceso LADME: Liberación, Absorción, Distribución, Metabolismo y Excreción.


1. LIBERACIÓN: Viene condicionada por la farmacotécnica o galénica. Consiste en la biodegradación de los componentes del fármacos hasta su absorción.Vías de adsorción: A. Vías enterales(oral, sublingual, rectal...) B. Vías parenterales(IV, IM, subcutánea, epidural, intracecal, intraventricular) C. Vía cutánea. E. Vía inhalatoria: (pulmonar, nasal). F. Otras vías(tópica...)

2. ABSORCIÓN: Paso del F al interior del org. Se da cuando comienza a atravesar membranas.

3. DISTRIBUCIÓN: Desde el lugar de absorción al lugar de acción.

4. METABOLISMO: Conjunto de reacciones químicas. Los fármacos se convierten en sustancias mas simples para que actúen mejor o para una mejor eliminación.

5. EXCRECCIÓN: Salida al exterior(fármaco y/o sus metabolitos). La principal vía es la renal.


 MECANISMOS GENERALES DE ABSORCIÓN DE FÁRMACOS
.

Los F son sustancias químicas que se transportan igual que otras sustancias.

1. Transporte pasivo(sin gasto de ATP). Va a favor de gradiente.

2. Transporte activo(con gasto de ATP). Va contragraciente.


• T.Pasivo: - Difusión pasiva simple: Moléculas pequeñas, difunden a través de una membrana.

- Proteína canal: Difusión facilitada, puede sufrir procesos de saturación y competición.


 GENERALIDADES


1. La mayoría de fármacos son ácidos y bases débiles(electrolitos) de bajo peso molecular , cuya forma no ionizada atraviesa las membranas por difusión pasiva.
Para que pueda atravesar la membrana ha de estar en su forma no ionizada.

2. Los principios activos tienden a estar en su forma no ionizada en lugares de PH parecido. Cuanto más ácido es el medio, menor PH y predomina más la forma no ionizada.


 TRANSPORTE


1. Transporte activo.

2. Filtración: Las moléculas pasan entre las hendiduras de las células sin atravesar membrana.

3. Difusión facilitada

4. Endocitosis y exocitosis: El paso de sustancias a través de membranas está mediado por vesículas.

5. Liposomas: Medios de transporte, dos o tres bicapas lipídicas cuya función es atravesar membranas(están hechos de los mismos componentes). Nos no naturales. Están hechos en laboratorios.

6. Ionófonos: Sustancias sintetizadas por microorganismos, bacterias y son capaces de permitir el transporte de sustancias, por ejemplo: Valinomicina.



 FACTORES QUE AFECTAN A LA ABSORCIÓN DEL FÁRMACO.


1. Características fisicoquímicas del fármaco.

2. Características de la preparación farmacéutica. La preparación va a condicionar el lugar de absorción.

3. Características del lugar de absorción: Si tiene muchos pliegues(mayor superficie de contacto), mucha irrigación, aumenta la absorción.

4. Eliminación presistémica (Eliminación y perdida de actividad del fármaco antes de llegar al lugar de actuación). Fenómeno primer paso.

Hay un tipo de eliminación presistémica especial que es el llamado “Fenómeno primer paso hepático”, es decir que la primera vez que pasa por el hígado se inactiva.
La mayoría de los F son susceptibles a sufrir eliminación presistémica del tipo”f. Primer paso menos los administrados por vía IV y por vía sublingual(esta última va directamente a la vena cava).

5. Variaciones individuales

6. Factores yatrogénicos: Puede ser que un F influya en la absorción de otro(fenómenos de competición, necesitan moléculas competidoras, interaccionan entre ellos).


CURVA DE NIVELES PLASMÁTICOS. BIODISPONIBILIDAD.


La curva de niveles plasmáticos se representa en oordenadas la concentración y el tiempo en abcisas.*

• Via No intravenosa

• Via Intravenosa



A mayores concentraciones del F en el plasma siempre que no se llegue a la toxicidad mayor efecto. La [F] en el plasma es <-> a la [F] que hay en el lugar de acción.

Biodisponibilidad: Es la disposición del F. Es la cantidad del F presente en el lugar de acción. se puede estimar mediante la curva de niveles y es el área que queda comprendida en la curva AUC.

 DISTRIBUCIÓN DEL FÁRMACO.


1. TRANSPORTE DE FÁRMACOS EN SANGRE.

- Disuelto en el plasma.
- Unidos a proteínas.
- Unidos a células sanguíneas. Es el caso menos común y se une a eritrocitos.


 PROTEÍNAS TRANSPORTADORAS DE FÁRMACOS.


1. Albúmina: (tiene carácter básico). F con cierto carácter ácido.

2. Lipoproteínas: Hiposolubles. la sangre es un medio acuoso si son hiposolubles se unen a lipoproteínas.

3. Glucoproteínas: (tienen carácter ácido). F con carácter básico.

El efecto es proporcional a la cantidad de fármaco que salga del capilar, termina saliendo todo el fármaco xo la velocidad depende de la afinidad con proteínas, a mayor afinidad menor velocidad. El fármaco solo actúa sal salir del capilar, es decir en los tejidos. El fármaco no ha de estar unido a la proteína al 100%


 FACTORES QUE AFECTAN A LA UNIÓN FÁRMACO-PROTEÍNAS.


1. La disminución de la concentración de proteínas. fármaco libre en mayor cantidad, el fármaco actúa más rápidamente.

2. Competición por los lugares de unión. El que menos afinidad tenga actuara antes porque se une menos a proteinas y mas al plasma

3. Modificación en los lugares de unión: ya sea por algún defecto genético, enfermedad etc..


 DISTRIBUCIÓN DEL FÁRMACO. EN LOS TEJIDOS.


DISTRIBUCIÓN A ÁREAS ESPECIALES.

1. Barrera hematoencefálica: (BHE). Capilares que recubren con estructura compleja y cuya finalidad es proteger el Sistema Nervioso pueden entrar xej con transporte activo o de forma inactiva que s cogido por una enzima y lo activa.

2. Barrera placentaria (BP). No es estrictamente selectiva y por ello es aconsejable que mujeres embarazadas no tomen medicamentos.

Conforme crece el feto la BP se va haciendo más fina.




 METABOLISMO


Un fármaco suele ser liposolubles, sufren una serie de reacciones química y se vuelven hidrosolubles.

Se produce en el hígado concretamente en la fracción microsomal.

1. REACCIONES DE METABOLIZACIÓN.

FASE 1: FUNCIONALIZACIÓN.

FASE II: ADICIÓN O CONJUGACIÓN: se añade un compuesto endogeno


2. CONSECUENCIAS DE LA METABOLIZACIÓN.

- Inactivación:
- Conversión de un producto inactivo en otro áctivo: Profármaco......Fármaco.
- Conversión de un producto activo en otro activo


3. FACTORES QUE AFECTAN A LA METABOLIZACIÓN.

Es posible que un fármaco no sea sustrato de una enzima y por tanto se elimine sin metabolizar.

- Edad, sexo, nutrición, factores genéticos, alteraciones patológicas(insuficiencia hepática).
- Factores iatrogénicos: competición por las enzimas para su metabolización.


LOS PROCESOS DE (METABOLIZACIÓN) SON LOS PRINCIPALES RESPONSABLES DE LAS VARIACIONES DE LOS NIVELES PLASMÁTICOS


4. INDUCTORES E INHIBIDORES METABÓLICOS.

- Inducción enzimática
- Inhibición enzimática: Un fármaco puede inhibir a otro. Interaccionan inhibiendo los efectos.


 EXCRECIÓN.


FINALIDAD: Disminución de la duración de la acción del fármaco. Si el F no se eliminara seria tóxico.


 PRINCIPALES VÍAS DE EXCRECIÓN:


Renal, Biliar-entérica(duodeno y sale a través de heces), Pulmonar, sudor, saliva, leche, epitelios escamados, eliminación por diálisis.


1. VÍA RENAL.

- Filtración glomerular: (+) Filtración (+) pasa de sangre a la orina.
- Secrección tubular: (+) Transporte activo o difusión pasiva.
- Reabsorción tubular: (-) Difusión pasiva. (-)paso de sust de la orina a la sangre.
- La cantidad de fármaco que se elimina es igual =

2. EXCRECIÓN BILIAR. CIRCULACIÓN ENTEROHEPÁTICA.

- Transporte activo.
- Sustancias conciertas características: Alto peso molecular, polares(aniones y cationes), compuestos organometálicos. Han de tener al menos una característica de estas tres.
- Si se elimina por vía biliar vierte al duodeno pero puede reabsorber al hígado.


CONSECUENCIAS DE ESTA CIRCULACIÓN.


- En principio se elimina menor cantidad de F.

- Cuando el F sufre circulación enterohepática ell fármaco puede ser susceptible de fenómeno primer paso, donde la concentración del fármaco disminuya o pueda ir a la circulación sistémica y aumente la concentración en plasma.

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#19 Ge. Pe.

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Publicado el 26 marzo 2008 - 03:47




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Continuamos...

Apuntes de Farmacología

Autor: JAVIER RODRÍGUEZ


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Pueden bajarlo en http://www.enfermeri.../index.php?NTc=

APUNTES:

http://www.enfermeri...p...==.php?MjMy


Lo subimos sólo como ilustración de trabajos de alumnos de Enfermeria que ahi se encuentran.

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 FARMACODINÁMICA.


- Interacción entre F y molécula. del org. cuya consecuencia de la interacciónes una Respuesta biológica.



 INTERACCIÓN FÁRMACOS-MOLÉCULAS DEL ORGANISMO.

- Acción farmacológica: Modificación de las funciones del organismo. ↑ o ↓ reacciones o molc.
- Efecto Farmacológico: Manifestación de la acción.

1. RECEPTORES FARMACOLÓGICOS:

- moléculas componentes del organismo de naturaleza proteica q se unen de forma específica a ligandos: externos(fármacos) e internos(neurotransmisores, hormonas).

- Se localizan en: membrana, citoplasma, núcleo.


-
 UNIÓN FÁRMACO-RECEPTOR

La unión o interacción de F-R pueden ser reversibles y han de ser enlaces iónicos, puentes de hidrógeno...

Algunos son covalentes y pueden ser tóxicos. Algunos F no se unen a R específicos. Son menos comunes.

- Debe existir afinidad entre el F y el R. Afinidad: Con muy pocas molc el F y r son capaces de unirse.

- Especificidad: El R ha de tener capacidad de distinguir entre unas molc y otras.

- Act. Intrínseca o eficacia: Capacidad q tiene el F para activar el R.


 FÁRMACO AGONISTA: Fármaco q tiene las tres propiedades afinidad, especificidad y eficacia.

 FÁRMACO ANTAGONISTA O BLOQUEANTE: Tiene afinidad y especificidad por el R pero cuando se une no produce eficacia, lo bloquea, no produce actividad celular.

 FÁRMACO AGONISTA PARCIAL: Tiene afinidad, especificidad y baja actividad intrínseca o eficacia.

Si ↑[Agonista], el agonista parcial actúa como agonista puro.

Si ↓[agonista], el agonista parcial actúa como antagonista.


 REGULACIÓN DE RECEPTORES.

Las proteínas se renuevan cada cierto tiempo, los R suelen ser proteínas.


- DESENSIBILIZACIÓN: Se necesita cada vez + F para que se produzca el mismo efecto.
Taquifilaxia o tolerancia aguda: Pérdida de actividad del R por estar estimulado durante un tiempo xo se termina recuperando la actividad. Los dos procesos de tolerancia son reversibles.
Tolerancia crónica: Un individuo toma el F durante mucho tiempo y ya no hace el mismo efecto. Tarda mucho tiempo en volver a su situación normal.

- HIPERSENSIBILIZACIÓN: Un R q está bloqueado continua/ por un F bloqueante o antagonista el R aumenta afinidad por el agonista.

Los agonistas pueden ser del propio organismo. La mayoria de antagonistas son exógenos.

 CONSECUENCIAS de la UNIÓN F-R. MEC. de ACCIÓN ¿QUÉ PASA CUANDO se ACT. los R?

- R asociados a canales iónicos: Movimientos de iones. El agonista abriría el canal, el antagonista lo bloquearía y no se abriría.

- R acoplado a Prot G: Mediación por segundos mensajeros, xj hormonas. Las prot G pueden estar asociadas a AMPc.

- R acoplado a una enzima: Activación enzimática. Puede ser que el F actúe como inhibidor enzimático o activación.

- R intracelular. Proceso de transcripción y síntesis proteica.



TEMA 4º INTERACCIONES FARMACOLÓGICAS

 INTERACCIÓN FARMACOLÓGICA: modificación del efecto de un fármaco por la presencia de otro. 2 tipos: beneficiosa y perjudicial

 TIPOS DE INTERACCIONES:

• I. Farmacodinámicas(I).. Antagonismo( efecto)

• A. Competitivo: es reversible. El agonista y el antagonista se unen al mismo receptor. Si  el agonista  el antagonista y viceversa.

• A. No competitivo: el antagonista influye en la recepción del agonista cambiando su punto de unión. Es irreversible.

• A. Funcional: consiste en dos fármacos q teniendo iguales mecanismos de acción y sistemas, el efecto de uno afecta al del otro.

• A. Químico: ya no intervienen receptores. Un fármaco se une a otro antes de unirse a un receptor formando un compuesto q se elimina. Ej: Heparina-Protamina.

• I. Farmacodinámicas(II).. Sinergismo( el efecto)
• S. De adicción: si juntamos 2 fármacos, el efecto obtenido es el conjunto de los dos.
• S. De potenciación: si juntamos 2 fármacos el efecto es mayor q el q producen por separado.


I. Farmacocinéticas(a nivel de la disponibilidad de un fármaco)..

• Modificación en la absorción: - Ph

- Quelatos  el efecto

- Motilidad gastrointestinal


• M. en la distribución: unión a proteínas plasmáticas.
• M. En el Metabolismo: Inhibición el met. de uno se inhibe x el met del otro
• Inducción es un proceso de adaptación.
• M. En la Eliminación: competición x los transportadores saturación.

• I. Farmacéuticas: se refiere a incompatibilidades de carácter físico – químico que presentan en su administración.

• Otras: Alimentos: son de tipo farmacocinético, sobre todo en el proceso de absorción.


TEMA 5º REACCIONES ADVERSAS A LOS FÁRMACOS


 Reacción adversa: efecto no deseado a dosis terapéuticas. No son intoxicaciones (sobredosificación).

• Tipos de R. Adversas:

- Acción tóxica Alta (A).. son predecibles, dependen de la dosis, incidencia alta. TTº.. ajustar  dosis

- R. De Idiosincrasia y de alergia(B).. no predecibles ni dependen de la dosis.  incidencia y  mort.

- Alergia1ª vez anticuerpo, 2ª alergia. - Idiosincrasia: se dan en la 1ª vez.

- R. ©.. requieren una exposición prolongada al fármaco.

Hipersensibilización: ej: al bloquearse un receptor durante mucho tiempo, al dejar de aplicar el fármaco, el receptor tiene + afinidad.

- R. (D)(retrasadas).. ocurren tiempo dsp de la exposición.

Teratogénesis: alteración visible en el feto.

Carcinogénesis: cáncer al cabo de los años.


 Métodos de FÁRMACOVIGILANCIA: se basan en la notificación espontánea al médico y este da informe al M. De salud (SEFV) servicio español de FV. (FEDRA) base de datos.



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Publicado el 16 julio 2008 - 01:50

CITA(Ge. Pe. @ Dec 8 2007, 02:36 PM) Ver Mensajes
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FACTORES QUE AFECTAN A LA RESPUESTA DEL ORGANISMO A LOS FÁRMACOS


La velocidad con que los fármacos entran y salen del organismo varía según las personas. Son diversos los factores que afectan a la forma en que un fármaco se absorbe, distribuye, metaboliza y se excreta, así como su efecto final en el paciente. Entre otras causas, es distinta la respuesta a los fármacos debido a diferencias genéticas o bien por estar tomando dos o más fármacos que tienen una interacción entre sí, o por padecer enfermedades que influyan sobre los efectos del fármaco.

La respuesta al fármaco está condicionada por muchos factores


GENÉTICA


Las diferencias genéticas (heredadas) entre individuos afectan la cinética del fármaco, la velocidad de movimiento a través del organismo. La farmacogenética es el estudio de las diferencias genéticas en la respuesta a los fármacos.

Debido a su características genéticas, algunas personas metabolizan los fármacos lentamente. Un fármaco puede acumularse en el organismo de tales personas y causar toxicidad. Otras tienen unas características genéticas que les permiten metabolizar los fármacos rápidamente. En este caso, un fármaco puede ser metabolizado tan rápidamente que su concentración en la sangre nunca alcance los valores necesarios para ser efectivo. Algunas veces las diferencias genéticas afectan el metabolismo del fármaco de otra manera. Por ejemplo, un fármaco administrado en dosis normales se metaboliza a velocidad normal. Pero en algunas personas, si se administra en dosis elevadas o con otro fármaco que utilice el mismo sistema para ser metabolizado, dicho sistema puede verse desbordado y entonces el fármaco alcanza concentraciones tóxicas.

Los médicos deben individualizar la terapia para que el paciente reciba una dosis suficiente de fármaco que permita lograr un efecto terapéutico con una toxicidad mínima. Deben seleccionar con precisión el fármaco; considerar la edad, el sexo y la talla del paciente, así como su dieta y origen étnico; así pueden determinar la dosis cuidadosamente. Este proceso se complica debido a la presencia de enfermedades, al uso de otros fármacos y al escaso conocimiento sobre las interacciones de estos factores.
En la farmacodinamia (acción de los medicamentos en el organismo), las diferencias genéticas son menos frecuentes que en la farmacocinética (el modo en que el organismo afecta a los fármacos).

A pesar de ello, las diferencias genéticas son particularmente importantes en grupos étnicos.

Muchas personas poseen una baja actividad de N-acetiltransferasa, una enzima del hígado que ayuda a metabolizar algunos fármacos y varias toxinas. Las personas con baja actividad de esta enzima metabolizan muchos fármacos con lentitud y éstos tienden a aumentar sus concentraciones en la sangre y a permanecer más tiempo en el organismo que en las personas con alta actividad de N-acetiltransferasa.

Aproximadamente l de cada 1500 personas tiene valores bajos de seudocolinesterasa, una enzima de la sangre que inactiva fármacos como la succinilcolina, que se administra junto con la anestesia para relajar los músculos transitoriamente. Aunque esta insuficiencia enzimática no es frecuente, sus consecuencias son importantes. Si la succinilcolina no se desactiva, provoca la parálisis de los músculos, incluso de aquellos implicados en la respiración. Esto puede requerir el uso prolongado de un respirador.

La glucosa-6-fosfatodehidrogenasa, o G6PD, es una enzima presente en los glóbulos rojos que protege estas células de ciertas sustancias químicas tóxicas. La incidencia de la deficiencia de esta enzima es alta en la etnia negra, representando alrededor del 10 por ciento en los varones y un poco menos en las mujeres.

En personas con deficiencia de G6PD algunos fármacos (por ejemplo, cloroquina, pamaquina y primaquina, usados para tratar la malaria, y la aspirina, el probenecid y la vitamina K) destruyen los glóbulos rojos causando una anemia hemolítica.

En aproximadamente 1 de cada 20 000 personas aparece una fiebre muy alta (una afección denominada hipertemia maligna) tras la administración de ciertos anestésicos. La hipertermia maligna proviene de un defecto genético muscular y por ello los músculos son más sensibles a algunos anestésicos. Los músculos se vuelven rígidos, el ritmo cardíaco se acelera y baja la presión arterial. Aunque no es frecuente, la hipertermia maligna tiene riesgo de muerte.

El principal mecanismo del hígado para desactivar los fármacos es el sistema de enzimas P-450. El grado de actividad del sistema P-450 determina la proporción en que se desactivan los fármacos y también el punto en que el sistema enzimático se ve desbordado. Hay muchos factores que pueden alterar la actividad del sistema P-450. Las diferencias en la actividad de este sistema enzimático influyen profundamente en los efectos del fármaco. Por ejemplo, los efectos del somnífero flurazepam duran alrededor de 18 horas en personas cuyos valores de enzimas son normales y más de 3 días en las personas con valores bajos de enzimas.


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