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Basura Cero: Una alternativa sustentable - El Rincón Verde -


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11 Respuesta(s) a este Tema

#1 Ge. Pe.

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Publicado el 30 enero 2009 - 06:13







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Según estudio, los daños producidos en la atmósfera por las emisiones de dióxido de carbono, son irreversibles

28-01-09


Se cree que para que el planeta recupere las temperaturas normales pasarán al menos mil años.

Las alteraciones atmosféricas causadas por las emisiones de dióxido de carbono son irreversibles, aseguró un estudio difundido hoy por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Según la investigadora Susan Solomon, la eliminación de ese gas contaminante de la atmósfera de forma inmediata no ayudaría a remediar la actual situación.

Para que el planeta recupere las temperaturas normales pasarán al menos mil años, pues estas se mantendrán durante mucho tiempo en los mares, señaló Solomon en su estudio.

Añadió que es falsa la presunción de que el cambio climático plantea riesgos menores y que los cambios podrían revertirse en unas pocas décadas.

"Los cambios climáticos son irreversibles, debido a que las emisiones de dióxido de carbono ya están ocurriendo", señaló Solomon, científica del Laboratorio de Investigaciones de la Tierra en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

Los cambios se centran principalmente en el aumento de las temperaturas, pero también en las modificaciones de las lluvias en la zona del Mediterráneo, el sur de África y la región suroccidental de Norteamérica.

El clima más cálido también ha causado una expansión oceánica, la cual podría aumentar como resultado del deshielo acelerado en Groenlandia y en la Antártida, según los meteorólogos.

El calentamiento global es causado por el aumento de los gases invernadero en la atmósfera que acumulan el calor procedente de la radiación solar.

Uno de los gases más importantes de ese efecto invernadero es el dióxido de carbono (CO2) producido por las emisiones de los motores que funcionan alimentados por combustibles no renovables como el petróleo.

La investigadora ofreció posteriormente una conferencia de prensa telefónica en la que aseguró que es preciso tomar medidas de inmediato para impedir que los daños sean todavía peores. "La gente ha pensado que si dejamos de emitir dióxido de carbono, el clima volverá a la normalidad en 100 años o 200 años. Eso no es verdad", afirmó.


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#2 Ge. Pe.

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Publicado el 31 enero 2009 - 06:52






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Ya existen evidencias que comprueban el calentamiento global


27-01-09



El cambio climático es "inequívoco" y lo demuestran las observaciones científicas de aumento de la temperatura del aire y del océano, de la fusión generalizada de nieves y hielos y del incremento del promedio mundial del nivel del mar, de acuerdo al informe de síntesis del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de la ONU, cuyos científicos ganaron el premio Nobel de la Paz en 2007.

Además, el calentamiento está provocado por el hombre, y sobre todo por el modelo de desarrollo del último siglo, muy dependiente de combustibles fósiles.

Los datos científicos lo demuestran: las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero por efecto de actividades humanas han aumentado, desde la era preindustrial, un 70% entre 1970 y 2004, según el IPCC.

Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en 2005 excedían ya los valores de los últimos 650.000 años.

Los escépticos que organizan el simposio de marzo aseguran que "nuevas evidencias muestran que el dióxido de carbono no es un gas de efecto invernadero muy poderoso", pero los expertos del IPCC han probado que el CO2 es el gas de efecto invernadero de origen antropogénico más importante, y sus emisiones aumentaron un 80% entre 1970 y 2004.

Son evidentes los numerosos efectos del cambio climático en todos los continentes.

Once de los doce años de 1995 a 2006 han sido los más cálidos de los registros de temperaturas observadas, desde 1850, y este aumento "está distribuido por todo el planeta y es mayor en latitudes septentrionales altas", afirman los más de 2.400 expertos del IPCC. Las temperaturas del hemisferio norte durante la segunda mitad del siglo XX fueron las más altas de los últimos 1.300 años.

Las cifras hablan por sí solas: el nivel del mar ha aumentado 3,1 milímetros anuales entre 1993 y 2003, los hielos marinos árticos han disminuido en un 2,7% por decenio y los glaciares de montaña y la cubierta de nieve ha descendido en un 7% en el hemisferio norte desde 1900. Las corrientes atmosféricas cambian y la temporada de ciclones tropicales y huracanes en el hemisferio norte ha aumentado desde 1970, según los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

En España las borrascas no han entrado este invierno por el Atlántico, sino que llegan a través de frentes procedentes del centro de Europa y de Siberia, otra anormalidad relacionada con el cambio climático.

Algunas pruebas sobre el cambio climático



Agua



Los sistemas naturales de nieve, hielo y terreno congelado, incluido el permafrost, ya muestran alteraciones, como por ejemplo un aumento del número y la extensión de lagos glaciares y más avalanchas de rocas en regiones montañosas por la pérdida de glaciares.

Las más de 29.000 series de datos obtenidos de 75 estudios recogidos por los científicos de la ONU muestran que ha aumentado la escorrentía de los ríos, se han adelantado las fechas de caudal máximo primaveral en numerosos ríos alimentados por glaciares y por nieve y se han calentado ríos y lagos de muchas regiones.

La tendencia es que cada vez haya una menor disponibilidad del agua y aumenten las sequías en latitudes medias, y que haya más personas expuestas a un mayor estrés hídrico. Como ha publicado esta semana ‘Nature’, la Antártida también ha registrado un aumento de temperaturas.

Además, los cambios en los sistemas árticos y antárticos provoca la llegada de nuevos depredadores.


Ecosistemas



Entre los efectos ya palpables del cambio climático en las especies, los científicos del IPCC destacan el adelanto de los procesos primaverales, como el brote temprano de hojas; la alteración en las migraciones de aves o la puesta de huevos; y el desplazamiento de especies vegetales y animales hacia niveles altos del ámbito geográfico.

En los océanos los impactos del calentamiento antropogénico también se perciben, como por ejemplo en el desplazamiento y variación de la abundancia de algas, plancton y peces en latitudes altas; y adelantamiento en las migraciones de peces.

Los arrecifes de coral son otro de los ecosistemas afectados por el calentamiento, y su situación se agrava con la sobreexplotación pesquera y la contaminación. El IPCC apunta a que el 30% de las especies aumentará su riesgo de extinción si la temperatura se incrementa un grado centígrado, que la mayoría de los corales se decolorarán y morirán y que el riesgo de incendios incontrolados asciende.


Alimentación



Al igual que los ecosistemas naturales, los cultivos también experimentan alteraciones por el calentamiento. Así, las plantaciones de semillas tienen que realizarse antes y hay daños en zonas forestales por incendios y plagas en el hemisferio norte, según los expertos de la ONU.

El aumento de las temperaturas provoca una disminución de la disponibilidad de recursos hídricos, mayor sequedad en los suelos y por lo tanto mayor demanda de agua para el riego. En esta línea, los científicos del IPCC advierten de la tendencia a una bajada en la productividad de cereales en latitudes bajas.

Los recursos pesqueros también sufren el impacto del cambio climático por alteraciones de las rutas migratorias, lo que afecta a su disponibilidad de alimentos y por lo tanto a su reproducción. El aumento del termómetro del océano afecta a la supervivencia de numerosas especies, incluidas a las pesqueras, y su situación se agrava con la contaminación marina por vertidos y la sobreexplotación.


Costas



Los daños en el litoral por el aumento del nivel del mar son ya tangibles en países como Tuvalu, que empieza a contar con los primeros refugiados ambientales.

Además los datos muestran la desaparición de ecosistemas costeros, la pérdida de humedales y de manglares, un creciente deterioro del litoral por inundaciones y la intrusión de la cuña salina en deltas. Uno de los impactos más destructivos es la llegada de ciclones y huracanes a las costas. En EEUU llegaron en 2008 por primera vez en la historia seis ciclones tropicales de forma consecutiva, y también por primera vez, tres huracanes de gran intensidad llegaron a Cuba, según los datos de la Organización Meteorológica Mundial.

Además, el año pasado en EEUU fue uno de los diez primeros por el número de víctimas mortales, 123 en total, causadas por tornados desde que empezaron a efectuarse registros fiables en 1953; y de enero a agosto de 2008 se contabilizaron 1.489 tornados, lo que supone un récord con respecto a todas las cifras registradas desde 1953.


Salud



Muchas de las enfermedades más mortíferas son sensibles a los cambios climatológicos.

Las temperaturas cambiantes pueden modificar las áreas de distribución de los vectores biológicos causantes de la transmisión de las enfermedades.

Algunas de las repercusiones sanitarias del cambio climático ya son manifiestas: aumento del número de muertos por olas de calor, variaciones de la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores y alteraciones de la distribución de los desastres naturales.

Estas repercusiones afectarán de forma desproporcionada a las poblaciones vulnerables, tales como los niños pequeños, los ancianos, los enfermos, los pobres y las poblaciones aisladas.




Publicado en
www.espacioblog.com/terrorismoambiental



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#3 Ge. Pe.

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Publicado el 05 febrero 2009 - 11:50








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La Hora de la Tierra.


Este 28 de marzo a las 8:30 pm apaga tu luz



04-02-09



Lo que empezó como una campaña dirigida a que los pobladores de Sydney, Australia apaguen sus luces ha crecido hasta convertirse en la iniciativa más grande del mundo frente al cambio climático.

Este 28 de marzo de 2009, a las 8.30 pm, cerca de 1000 millones de personas en 1000 ciudades apagarán sus luces durante una hora – La Hora de la Tierra - para demostrar que es posible que todos tomemos acciones ante el calentamiento global.




Es tan simple como apretar un botón y apagar la luz.



Lo que empezó como una campaña dirigida a que los pobladores de Sydney, Australia apaguen sus luces ha crecido hasta convertirse en la iniciativa más grande del mundo frente al cambio climático.

Este 28 de marzo de 2009, a las 8.30 pm, cerca de 1000 millones de personas en 1000 ciudades apagarán sus luces durante una hora – La Hora de la Tierra - para demostrar que es posible que todos tomemos acciones ante el calentamiento global.

La Hora de la Tierra empezó en 2007, en Sydney, Australia y participaron 2,2 millones de hogares y comercios apagando sus luces por una hora.

Un año después este evento ya se había convertido en un movimiento global de 100 millones de personas en 35 países.

Lugares emblemáticos como el puente Golden Gate en San Francisco, el Coliseo Romano y el anuncio de Coca Cola en Times Square, Nueva York, estuvieron en oscuridad, como símbolo de esperanza por una causa global que se vuelve más urgente cada hora.

La Hora de la Tierra 2009 es un llamado global de acción para cada persona, negocio y comunidad.

Es una alerta para levantarnos y asumir, todos, responsabilidades e involucrarnos en el trabajo por un futuro sostenible. Iconos arquitectónicos modernos y sitios emblemáticos desde Europa hasta América estarán apagados. Gente en todo el mundo incluyendo el Perú apagará sus luces y se unirá para iniciar una reflexión acerca del futuro de nuestro preciado planeta.

Más de 60 países participarán en La Hora de la Tierra 2009. Este número crece día a día conforme gente como tú entiende cómo una acción tan pequeña puede lograr un cambio tan importante. Tú puedes hacer la diferencia.

La Hora de La Tierra es un mensaje de esperanza y de acción.

Únete a esta cruzada de La Hora de La Tierra 2009. Este 28 de marzo a las 8:30 pm apaga tu luz.

La Hora del Planeta en Bolivia


Santa Cruz de la Sierra fue la primera ciudad en Bolivia en comprometerse a la Hora del Planeta 2008 y el esfuerzo global para el 2009 será exhibido en pantallas electrónicas en las 3 principales ciudades de Bolivia –Santa Cruz, Cochabamba y La Paz- gracias al auspicio MAHS, empresa comprometida con la campaña.

En esta ciudad oriental de Bolivia con 1.5 millones de habitantes la Hora del Planeta ha mostrado ser una campaña social de alta sensibilidad y apoyo por parte de los medios de comunicación y de la población en general, la cual redujo su consumo de energía eléctrica en un 1.5% en la noche del evento. Se espera que en la versión 2009, este ahorro sea sustancialmente mayor.

Gran expectativa en Perú por La Hora del Planeta


La tercera edición de La Hora del Planeta viene generando un gran interés en diversas ciudades del Perú.

El 2009 será la primera vez que los peruanos participen en este acontecimiento mundial. La ciudad insignia elegida es Lima, que es la segunda ciudad más grande del mundo ubicada en un desierto y además, la urbe que más emisiones de carbono genera en nuestro país, debido a sus más de 8 millones de habitantes.

La Municipalidad de Lima ha mostrado su apoyo total a la Hora del Planeta, confirmando que este 28 de marzo se apagarán las luces de la Plaza Mayor, la Plaza San Martín y el Palacio Municipal, entre otros lugares emblemáticos del centro histórico de Lima - que además es considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad, - como una muestra del compromiso de los peruanos en la lucha contra el cambio climático.

De otro lado, se viene coordinando la participación de importantes autoridades como el Alcalde de Lima, el Presidente de la Red de 700 Municipios saludables del Perú y el Cónsul de Australia quienes serán embajadores de la campaña en Perú.

Qué puedes hacer tú?


Apagar tus luces por una hora es un buen comienzo. Además, hay muchas cosas que puedes hacer para que La Hora de la Tierra 2009 sea un éxito.

• Regístrate en el sitio web de La Hora del Planeta, donde puedes tomar nuevas ideas que sean útiles para reducir tus emisiones de carbono día a día.

• Cuéntale a un amigo. Mejor aún, cuéntale a tu familia y a tus compañeros de trabajo. Aliéntalos para que se registren. Mándales un correo electónico con vínculo a la página web y movilizarás más personas.

• Cuéntanos tu historia. ¿Cómo está afectando el cambio climático a tu familia y a tu comunidad? Queremos saber cómo te conviertes en parte de la solución.

Te invitamos a visitar el sitio de La Hora del Planeta 2009 México en YouTube haciendo click

http://www.youtube.c...e...MX&hl=es-MX

• Organízate ahora. Averigua como puedes llevar La Hora del Planeta 2009 a tu distrito o comunidad. ¡Es muy fácil!

• Avisa ahora. Si tienes un negocio o comercio, agradeceríamos que publicites tu apoyo.

• Apoya ahora. Si tú quieres tener un rol más significativo en La Hora del Planeta 2009, nos complacería escucharte. Contáctanos para encontrar nuevas oportunidades.

• Involucra tu empresa o negocio.


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#4 Ge. Pe.

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Publicado el 27 febrero 2009 - 01:54








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Cambio Climático ha modificado el ciclo de las estaciones


Por Marcelino Ortiz C.




24-02-09



No sólo la temperatura media mundial ha aumentado en los últimos 50 años, sino que también el día más caluroso del año se ha desplazado casi dos días antes de lo normal, según un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de California en Berkeley, y la Universidad de Harvard.



Al igual que los gases de efecto invernadero generados por la humanidad parecen ser la razón del calentamiento global, la actividad humana también puede ser la causa del cambio en el ciclo de las estaciones, según un estudio del Departamento de Ciencias Planetarias y de la Tierra en la Universidad de California en Berkeley.

Aunque es incierta la causa de este desplazamiento estacional, que se ha manifestado sobre tierra, pero no sobre el océano, los investigadores creen que el cambio parece estar relacionado, en parte, con un patrón particular de vientos.

Este patrón también ha estado cambiando durante el mismo período de tiempo, es conocido como el Modo Anular del Norte, por su importante influencia sobre las características del invierno en el hemisferio norte.

Los investigadores encontraron que este Modo también es importante dentro de la "maquinaria" meteorológica que controla la llegada de las estaciones cada año.

Cualquiera que sea la causa, los modelos actuales del Panel Intergubernamental de expertos en el Cambio Climático (IPCC) no predicen este cambio de fase en el ciclo de temperatura anual.

Las temperaturas en cualquier momento dado del año pueden ser muy diferentes en la tierra y sobre el mar, y un cambio en la fuerza y dirección de los vientos puede mover mucho calor desde el océano hacia la tierra, lo que puede afectar a la duración y al comienzo de las estaciones.

Sin embargo, esto parece ser sólo una explicación parcial, porque la relación entre este modelo de circulación y el cambio en la cronología de las estaciones no basta para explicar la magnitud del cambio estacional.

Los científicos también constataron que la diferencia entre las temperaturas del verano y las del invierno sobre tierra ha disminuido en el mismo período de 50 años, pues las temperaturas invernales aumentan más que las estivales.

Comprobaron que en las regiones no tropicales, las temperaturas invernales en tierra se incrementaron en 1,8 grados Celsius y las del verano aumentaron en 1 grado, mientras que el calentamiento del mar ha sido un poco menor.

El estudio estuvo limitado a las regiones no tropicales porque las estaciones son más pronunciadas fuera de los trópicos.

Durante los últimos 50 años, los biólogos han notado grandes cambios en la fecha de comienzo de muchos signos que anuncian la primavera y estos cambios han sido explicados por el hecho de que la Tierra se está calentando, y por ende la temperatura ha aumentado en todos los meses.

En cambio, en este nuevo estudio se ha verificado que algunos meses individuales se han estado calentando con una tasa diferente a la de otros, y que, como resultado de ello, la temperatura máxima del verano y la mínima del invierno llegan más temprano en el calendario anual.

En otras palabras, por encima de la tendencia a largo plazo de veranos e inviernos con temperaturas máximas más cálidas, los picos de calentamiento están llegando más temprano durante el año.

No sólo es el arranque de la primavera lo que se adelanta a la fecha normal, también lo hacen los valores máximos.

Anteriormente ya se detectó el fenómeno del desigual calentamiento de las estaciones para un país en específico, en un trabajo donde fue seleccionado un modelo climático global, debido, entre otros factores, a que sus predicciones concordaban con los registros históricos.

No sólo se reveló en dicho estudio que la temperatura se incrementa de forma desigual en estas estaciones, sino que la lluvia aumenta en el período invernal y disminuye en el estival, para este caso concreto.

El trabajo está publicado en las memorias de la IV Convención Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo "Un Mundo Mejor es Posible" y en las memorias de la Convención Trópico 2004 bajo el nombre de "Escenarios de cambios climáticos para Camagüey, Cuba". www.ecoportal.net

AIN http://www.ain.cu



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Publicado el 07 marzo 2009 - 01:57






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80% de los stocks pesqueros de todo el mundo están sobreexplotados


03-03-09




Un nuevo informe de Oceana señala que gran parte de la captura de especies como sardinas y anchoas se destina a elaborar pienso para acuicultura, ganado, y alimentos de mascotas.

El informe de la FAO sobre las pesquerías, publicado hoy, señala que el 80% de los stocks pesqueros de todo el mundo están sobreexplotados, agotados o no admiten ninguna expansión de la actividad pesquera.

Oceana alerta en un nuevo informe de que los stocks de pequeños pelágicos a nivel mundial se encuentran sobreexplotados, y que esta sobreexplotación afecta a todo el ecosistema, principalmente a grandes predadores cuya alimentación depende de especies como anchoas o caballas. Esta publicación coincide con el informe bianual de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) sobre el estado mundial de las pesquerías (SOFIA), que se presenta hoy. La FAO coincide en que estas especies constituyen un porcentaje importante de la pesca a nivel mundial y sus capturas se han multiplicado por cuatro desde los años cincuenta.

La organización internacional de conservación marina, en el informe Océanos hambrientos:

¿Qué ocurre cuando desaparecen las presas?, señala que las pesquerías dirigidas a la captura de estos animales han crecido drásticamente en el último siglo, llegando a la sobrepesca, y afectando a la cadena trófica al dejar los grandes predadores sin alimento.

De hecho, un 90% de estos predadores han desaparecido ya debido a la sobreexplotación pesquera[1] dirigida a estas especies o a sus presas. Entre ellos se encuentran el atún rojo, el pez espada, o especies amenazadas como los cetáceos.

En origen, el aumento de estas capturas se debió a la necesidad de proteína barata para la alimentación humana, aunque hoy un tercio de ellas se destina a la elaboración de aceites y harinas de pescado para acuicultura de especies carnívoras, como el salmón o el atún rojo. El resto se emplea para alimentar ganado y fabricar productos farmacéuticos y piensos para mascotas. El informe de Oceana analiza también cómo los efectos del cambio climático sobre estas poblaciones de peces vienen a sumarse al impacto de la sobrepesca.

Por su parte, el informe SOFIA 2006 señalaba que la anchoveta peruana, que constituye un alimento para gran número de especies, es la especie más capturada en el mundo con 10,7 millones de toneladas y sus dos stocks principales se encuentran en situación de máxima explotación y sobreexplotación, respectivamente.

El nuevo informe SOFIA indica que el 80% de los recursos pesqueros mundiales se encuentran agotados, sobreexplotados o no admiten ninguna expansión de la presión pesquera. Sólo diez especies conforman el 30% del total de capturas mundiales, y sus stocks se encuentran sobrexplotados o plenamente explotados.

En Europa, un claro ejemplo de la presión pesquera ejercida sobre estas especies es el caso de la anchoa en el Cantábrico, cuya pesquería colapsó debido a la sobrepesca hace cuatro años.

Ricardo Aguilar, Director de Investigación y Proyectos de Oceana en Europa, ha declarado:

“Cuando se gestiona una pesquería o se habla de sobreexplotación se olvida que la desaparición de una especie por sobrepesca tiene impactos severos sobre stocks de otras especies. Un ejemplo muy claro es el atún rojo, que desapareció de las costas noruegas con el colapso de las poblaciones de arenque. Hoy en día el sinsentido llega hasta el punto de que se sobreexplota el atún y sus presas, a fin de alimentar estos mismos atunes en jaulas de engorde”.

Concluyendo: “Los impactos del ser humano en los océanos no pueden considerarse de forma aislada; carece de sentido sobreexplotar irracionalmente estas especies para alimentar la industria de acuicultura, sin considerar los impactos que esto conlleva en todo el ecosistema”.

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Oceana www.oceana.org


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Publicado el 13 marzo 2009 - 01:31








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Un poco largo, pero vale la pena leerlo...


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Los desechos cotidianos de una sociedad moderna, accidental… y cretina


Por Luis E. Sabini Fernández



Miembro del equipo docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista free-lance y editor de la revista semestral futuros del planeta, la sociedad y cada uno.




03-09-08




La sociedad occidental moderna ha sido la gran forjadora de la producción de basura. Muy gradualmente, la sociedad moderna fue abandonando el ciclo de las cosas y constituyendo un proceso económico lineal, según el cual, el producto bruto se convierte en mercancía, se lo usa y se lo expulsa de la sociedad, desentendiéndose de él.





Desde hace ya un tiempo, y no sólo en Argentina, se observa que la cuestión de los desechos cotidianos, la llamada “basura” ha cambiado francamente de status.

Brutalmente, podríamos decir que apareció. Porque durante décadas, o siglos, había permanecido cuidadosamente invisibilizada.

Sus dimensiones se hicieron tales que difícilmente podía sostenerse aquel ocultamiento, aquella liviana ignorancia.

El sistema establecido de producción de basura cuidó celosamente aquella invisibilización. Era la que permitía eliminar costos, lo que en economía se llama externalizarlos. Pagadiós, la madre o puta madre natura -si juzgamos por el tratamiento-, los nietos, el fondo oceánico, en fin.

En 1977, cuando el aire de Buenos Aires se había hecho francamente irrespirable, por dos causas bien distintas, es cierto (el aire espiritual por la caza callejera del diferente desde los equipos de torturadores llamados oficialmente grupos de tareas [en Chile a este mismo grupo criminal los llamaron -paradojalmente- Centro Nacional de Inteligencia icon_eek.gif]); el aire físico, bien material, había alcanzado tal grado de contaminación mediante la quema de plásticos en todos los edificios de la capital, que el sistema político imperante tuvo que afrontar dicha contaminación. Mediante el cómodo expediente, es cierto, de alojar los desechos en enormes zanjones (que han dado lugar, con las décadas, a preciosuras semánticas como el Camino del Buen Ayre).[1]

La contaminación, entonces, no desapareció, sólo se aplazó. Con el tiempo, empezó a sufrirla un sector, no más del 1% o el 0,5 % de la población, el más próximo a los vertederos; los vecinos de José León Suárez, Wilde, González Catán y últimamente Ensenada...

Pero si es cierto que desde la Luna la única obra humana perceptible no es la promocionada Muralla China sino el basurero de Nueva York, parece lógico que en algún momento semejante cuestión perdiera su invisibilidad, y que a la larga esperemos que sus responsables vayan perdiendo su impunidad.

La del tero: evitar mostrar donde está el problema


Pero estamos lejos del regocijo, lejos del núcleo problemático. Porque las más de las veces se aborda un problema cuando ya resulta insoslayable. Y sólo eso. Por otra parte, la floración de abordajes que cada vez más escuchamos sobre “la basura” presenta un sesgo sintomático: mucho reciclaje, mucha basura cero, mucha recuperación, las tres erres (reciclar, reducir, reusar) o incluso las algo más radicales cinco erres (rechazar, reparar, reducir, reusar, reciclar), pero todo o casi todo parece dedicado al consumo, al mercado de consumo. Nuestros “basurólogos” más o menos recientes, más o menos oficiales, parecen muy dedicados a encarar el consumo, no la producción.

Pero es justamente en la producción de mercancía (que prestamente se hará basura) donde está el núcleo del problema. Por lo cual, toda política concentrada en encauzar el consumo se va a parecer, peligrosamente, a arar en el mar.

Claro que ello tiene una ventaja: no toca los intereses “principales” y, en cambio, tiende a modificar la vida de los que no tienen capacidad decisoria: si no se puede hacer lo importante, al menos parecer como si se lo hiciera.

Con un plus nada despreciable desde el punto de vista de las relaciones públicas: encarar la administración de los residuos ya producidos, se ensambla con una actividad que espontáneamente, por necesidad, encararon sectores muy sumergidos de la sociedad contemporánea; los más golpeados por la modernización sacralizada y genocida: campesinos y peones rurales expulsados por la tecnificación creciente, obreros desocupados y con baja calificación, arrancados del mercado de trabajo con modernizaciones o extranjerizaciones, población toda ella que ante la indigencia golpeando a sus puertas, encararon la recolección de lo salvable de sociedades que mientras expulsan gente desde las capas más empobrecidas, por “abajo”, derrochan bienes desde las capas socioeconómicas de más “arriba”.

El problema planteado por los últimos proyectos y exposiciones sobre el tema de “la basura” que leemos cada día más en la prensa, en los sitios-e, que vemos en los informes televisivos, pasa entonces, si se es ejecutivo y sistémico, por ordenar el volumen, establecer centros patéticamente llamados “verdes” donde habrá gente –jamás los programadores– que harán la clasificación de los desechos (eso sí, con guantes y barbijo, ya que no escafandra) y si se es basurólogo pero progre, se pondrá el acento en la tarea socioeconómica de cartoneros, recuperadores y clasificadores y en el reconocimiento de sus derechos como tales. Casi como si se tratara de una profesión elegida a la que faltaba regular, como si habláramos de rematadores antes de ser colegiados, o de periodistas todavía en actividad espontánea o de diagramadores electrónicos en el momento de su irrupción laboral… como si no se tratara de una opción asumida dentro de la mayor necesidad, arrinconado cada uno por un sistema que tritura no sólo las mercancías…

Por cierto que es mejor que los clasificadores trabajen sin represión, con reconocimiento (y hasta agradecimiento, bien merecido) social, con mejores condiciones higiénicas, pero el tema de fondo es, como ya señalamos, muy otro.

La prueba del nueve de que la actitud de los que han encarado el tema de la basura desde la progresía no conocen ni les importa el destino de los cartoneros y clasificadores por más que los invoquen permanentemente es que, cuando salieron en Montevideo con el inefable intendente Arana unos primorosos contenedorcitos que ahogaban totalmente la labor de recuperación, no sólo no escuchamos críticas ante tal política que englobaba residuos en lugar de separarlos, sino que ni siquiera hubo espacio para abordar tal medida con el necesario ojo crítico en prensa progre. Se nos dijo: ¿Cómo criticar medidas municipales tan populares (lo cual era cierto)? [2]

¿Campaña de impacto o hecho cultural?


¿En qué términos se manejan desde los medios de incomunicación de masas y desde las direcciones políticas este asunto?

Como una cuestión de campañas (de concientización), como una cuestión de organización (los centros verdes en Buenos Aires) y de estructuración de un significativo gremio novel: el de los clasificadores de la basura.

El CEAMSE en el Gran Buenos Aires había procurado en su momento poner en funcionamiento tales centros de clasificación de los restos, de las veinte mil toneladas diarias que el GBA expulsa de sus hogares luego de compradas en supermercados, autoservicios, centros de compras y otros lugares de mercadeo. Tuvieron que suspender las tareas, porque el olor nauseabundo era tal que ni siquiera la gente más maltratada por el sistema podía hacerse cargo.

Sin embargo, hay programadores, grupos de inversores asistidos técnicamente, que ven con buenos ojos la instalación de tales cámaras depurativas.

Es interesante seguir “el razonamiento” de especialistas en la materia como Elena Sanusian, auspiciada por el BGS Groups, una empresa de “análisis y asesoramiento de inversiones”, actuante en Argentina (Brasil y Venezuela).

Sanusian, en conferencia sobre el particular,[3] concentra toda la actividad posible para encarar “la solución” de los residuos en la administración de lo consumido y devenido tal, con consignas entradoras, como “del consumismo irracional al ecoconsumo responsable”. Sostiene que hay que “armar eco-clubes (algo que se utiliza en Europa) donde capacitar a los niños que luego vuelven al seno de sus familias”. Sin embargo, bien pronto se somete a la cruda realidad que nos habita, y entonces postula la separación de la basura (para recuperar, reciclar, reusar) en grandes “establecimientos”, donde “operarios” proceden a hacer esa separación “perfecta”. En medio de la mayor higiene y sin olor alguno. Lo que denomina ‘Plan integral para el tratamiento de los desechos’.

Una transición por lo menos rápida, del análisis social y la concientización al más feroz continuismo: ya estamos “respirando” soluciones tipo Macri.

Dice sin desmayo y con escasa conciencia de sus palabras: “Ésta es la tarea en que tendremos que trabajar todos”. Parafraseando a Orwell, algunos tendrán que hacerlo un poquito más que otros, ¿no?
Insiste mucho en la concientización de los consumidores. Se le ha pasado por alto –menudo detalle– la concientización de los empresarios. La necesidad de reconfigurar la producción industrial, el universo fabril del cual proviene buena parte, por no decir casi todo lo que poco después se convierte en desechos.

A medida que avanza en su planteo, ni siquiera la concientización minutos antes ensalzada parece ya demasiado importante. Dice, sí, que lo mejor es la separación en el hogar (en origen) pero sostiene a la vez que las plantas de tratamiento son tan eficientes que resulta indiferente el estado en que ingresen los desechos [sic]. Y afirma rotundamente “que funcionan óptimamente aunque los residuos vengan en el mayor entrevero”.

Y da una puntadita final: “Puede haber tratamiento con y sin separación de residuos.” Pero si nosotros en Argentina queremos hacer tratamiento con separación en origen, “tendríamos que empezar desde muy abajo” y eso significaría “un proceso de mucho tiempo”. Por eso, “el valor de las plantas de tratamiento de que estoy hablando es que son aptas no sólo cuando llega la basura separada” sino cuando llega “en el peor estado en que nosotros nos podemos imaginar”. Compactada o sin compactar, incluso directamente desde el camión.

“Cae por una tolva en una mesa larga, de ahí se comienza a separar mediante manejo manual en general, se separa lo que es reciclable de lo que no es reciclable [sic]. Se ve que nuestra técnica no ha avanzado un pasito más en “lo reciclable”. Seguro que se pierde.

‘Y así llegamos a tener una partida para lo que se llama disposición final, pero no como la habitual en que va todo entreverado sino que ha pasado por una selección previa…’

Le pregunto final y retóricamente:

-¿Usted ha hecho algo de lo que cuenta? y le abro la puerta de salida: ¿Quién realiza semejante separación?

-“Operarios, claro”, me contesta. Ah.



Los diseñadores de una tarea que ni los esclavistas más imaginativos pudieron concebir





Los grandes solucionadores de la basura cero han encontrado una tarea que ni los más perversos de los esclavistas de todos los tiempos habrían imaginado: seleccionar basura, elegir e ir separando los restos que la humanidad urbana, consumista y sofisticada deja detrás suyo.

Imaginen apenas: restos de verduras, cáscaras de banana, potes plásticos de yogur, hilos rotos, pilas gastadas, grasa y bordes del plato del mediodía, medias rotas, sonajero que ya no suena, diskette arruinado, pelo del perro, camiseta gastada, papeles de envolver, sobres de las facturas a pagar, restos de arroz hervido, sobres de té, cáscaras de queso, bolsas de todo lo imaginable, de fruta, de electrodomésticos, bandejas de telgopor, películas plásticas de todo tipo de alimentos, comida en mal estado, plásticos duros de protección de cartuchos, cubeteras averiadas, lamparitas quemadas, otros restos de comida, panes viejos, volantes, comida en pésimo estado, jirones de lo que se te ocurra, mezclados con mugre, biromes gastadas o rotas, restos de carnes, de verdura, ramas y flores ajadas, vasos rotos, agendas y almanaques viejos, agujas hipodérmicas descuidadamente arrojadas al tacho, potes de cremas o desodorantes gastados, cortinas desvencijadas, ropa en desuso, folletería de propaganda, diarios viejos, tubos plásticos de varios productos alimentarios procesados (mostaza, salsa dulce de tomate), muebles rotos y viejos, herramientas ídem, mangueras agujereadas, llaves obsoletas, frascos de mermelada o de cera para muebles, enchufes descompuestos, pañales descartables, herrajes rotos, pasajes caducos, algodones usados, cuadernos en desuso, electrodomésticos inutilizados de todo tipo y tamaño (secadores de pelo, procesadoras de cocina, relojes a pila), botellas de vidrio o de plástico de cerveza, agua, vino, aceite, vinagre, bebidas alcohólicas fuertes, refrescos, y un larguísimo etcétera. A lo que hay que agregar lo que uno tira en el lugar de trabajo; vasitos plásticos para café, toallas de papel, papelería diversa o desde el auto: envases varios, cubiertas, baterías gastadas, o desde el jardín…

Y estamos hablando de un “hogar” que no bebe agua embotellada… que es el principal problema de saturación de los vertederos hoy en día…

Todo eso más o menos junto va creando un hedor nauseabundo. Basta acercarse a los tan bienvenidos contenedorcitos en una día de calor para darse cuenta. La diferencia es que uno lo huele a la distancia y el cartonero, clasificador, a menudo se zambulle adentro para rescatar lo rescatable… Imagine el lector no ya un contenedor de un metro cúbico sino un galpón con cientos de metros cúbicos de tal mixtura., recuerde el lector que el tiempo agrava la situación de los contenidos por putrefacción, agriamiento, aparición de larvas e insectos de todo tipo…

La cuestión de los desechos industriales, del mercado y del hogar no es un problema técnico ni organizativo sino cultural

Esta recorrida por las propuestas en boga nos permite avizorar que estamos muy, pero muy lejos de abordar realmente el problema de “la basura” generada por el consumo irrefrenable.

Encarar el problema es vérselas, precisamente, con ese consumo irrefrenable, el consumismo. La idea de sociedad que nos domina hoy en día.

Que dista de ser eterna, natural o inmutable. En rigor, la producción de basura es un fenómeno relativamente reciente de la humanidad.

En tiempos pretéritos ni había recolección de basura ni había acumulación propiamente dicha. O la había en términos casi despreciables.

Los vikingos llenaban hoyas durante generaciones. Claro que se trataba de agrupaciones de no más de cientos de seres humanos o tal vez miles. Pero tardaban décadas en llenar una hoya. Y cuando lo hacían, se desplazaban o hacían otra. Con nuestro régimen de consumo, mil habitantes llenaríamos cualquier hoya inmensa en cuestión de meses, no ya de generaciones.

A razón de una tonelada o dos diarias, en cuatro o cinco meses tendríamos cubierto un volumen de entre cien y trescientas toneladas… una hoya más bien cuadrada de tres metros de profundidad y de diez metros de lado…

Un modelo occidental, moderno…e irradiante


La sociedad occidental moderna ha sido la gran forjadora de la producción de basura.

Muy gradualmente, la sociedad moderna fue abandonando el ciclo de las cosas y constituyendo un proceso económico lineal, según el cual, el producto bruto se convierte en mercancía, se lo usa y se lo expulsa de la sociedad, desentendiéndose de él.

En realidad, obligando al resto de la humanidad, ya sea las clases subalternas de los países “industrializados” o las sociedades periféricas (con sus propias reservas ambientales y habitacionales de privilegiados) a hacerse cargo de semejante “producción”, más o menos subrepticiamente expulsada.

La presencia de cada vez más productos químicos de difícil manejo (por su toxicidad, por ejemplo), fue facilitando ese camino, el destino rectilíneo de los bienes desde los albores de la modernidad, con el desarrollo industrial en auge. Pero fue la invasión literalmente imparable de los termoplásticos a mediados del siglo XX el gran desencadenador de una conformación de la basura como ente ingobernable. Fue el auge ideológico del consumismo, del use-y-tire, la apoteosis de lo nuevo, la depreciación de lo usado, del remiendo, del zurcido, de los refritos alimentarios.

El triunfo, en una palabra, del american way of life. Por ejemplo, en la cocina hogareña, todos aquellos platos, incluso sabrosos, como ropa vieja, torrejas, budines de pan, tartas, revueltos de todo tipo, albóndigas, que se hacían tan a menudo con los restos de la comida anterior, fueron desapareciendo, de las mesas y del imaginario social nuestro. En realidad, la cultura consumista ha arrinconado a la propia cocina hogareña, hoy “nutrida” de deliveries; hasta el idioma proviene del Gran Hermano.

Fue también la llegada del alud de envasados. El mundo empresario, a caballo de razones atendibles, como la higiene, pero en realidad, más movido por los aumentos de rentabilidad que por la salud poblacional, fue universalizando los productos envasados, aboliendo los sistemas a granel.

Con una doble consecuencia: por un lado, como dice Vandana Shiva, las manos se fueron convirtiendo en agentes delictivas por excelencia: una sustancia tocada o rozada por manos, era algo penable, punible o rechazable.

Como si lo envasado fuera garantía de pureza y calidad. Y por otro lado, la creación de envases, a menudo dobles, triples, cuádruples, agigantó el problema de la producción de desechos. A esa tijera que nos mutila y agiganta un problema habría que agregarle un tercer aspecto, –tendríamos que hablar de una triple consecuencia entonces– tan o más problemática que las anteriores: los envases que se usan, y los que más se usan, distan de ser inertes. Con lo cual, hemos introducido, modernización mediante, un factor patógeno desconocido o casi desconocido en tiempos tradicionales.


Pensemos que, p. ej., para el tratamiento de aguas minerales, hace ya un par de siglos, se usaban espitas de porcelana porque eran del material más inerte que se conocía, para no contaminar el agua surgente. O que el arquitecto romano Vitruvio, hace dos mil años, leyó bien, hace dos mil años, desaconsejaba el uso de cañerías de plomo para la distribución de agua potable en Roma, Pompeya y ciudades del imperio, por ser un metal que desprendía sustancias, no precisamente amigables para los humanos (ya estaba perfectamente diagnosticado el saturnismo). La sociedad moderna europeo-occidental, muy oronda, instaló las cañerías de plomo en todas partes, como señal de progreso, durante los siglos XIX y XX y no sólo para agua fría sino incluso para caliente, cuando el agua caliente se “come” literalmente dichos caños (y por lo tanto, los humanos ingerimos el plomo así extraído y pasado por las canillas respectivas).

La sociedad industrial, que despejó la visión para percibir una serie de acontecimientos inéditos en las sociedades humanas, a la vez, nos encegueció para ver otros aspectos de la naturaleza que las sociedades “tradicionales” sí sabían ver.

Lo que ganamos en técnica lo perdimos en sentido común

Sólo así pudimos “aceptar” plásticos blandos como envases de nuestros alimentos, cuando hay investigaciones terminantes de que dichos materiales empiezan a fundirse y a desprender sustancias cancerígenas a apenas 40 grados centígrados. La temperatura de cualquier verano rioplatense.[4]

Pero aquí estamos encarando el segundo de aquellos desastres: la montaña de basura creció sin medida ni concierto con la aglomeración incontenible de envases. Es lo que vemos hoy en cualquier campo, en cualquier mar.

Si llegamos a entender que se ha ido configurando un sistema de producción de basura que ha sido de interés para determinadas ramas industriales que se han expandido hasta lo irreconocible, como es el caso de la petroquímica, la industria del embalaje, y otras, entonces, es fácil darse cuenta que cualquier intento de cambiar este estado de cosas no pasa tanto por el consumo –que siempre llega tarde y mal al problema–, sino por la producción, que de algún modo configura el estado de situación.

Y si nos damos cuenta de esto, también podemos advertir que “el eje” no pasa por campañas de concientización, ni propaganda visual o televisiva, ni por las exhortaciones magisteriales a los niños en las escuelas, aunque todo eso contribuya en algo.

La situación es más bien de carácter económico y político.

Económico, porque ese estado de cosas afecta negativa o positivamente la rentabilidad empresaria.
Político, porque se necesitan decisiones para encauzar la actividad empresaria, por ejemplo, y la actividad material general, para evitar p. ej., el envasado ambientalmente gravoso o sanitariamente peligroso, y tantos otros encauces.

Pero que, por sobre todo, se trata de una cuestión cultural. Si sectores significativos de la población no ven problema en nuestras vidas cotidianas, va a estar difícil conseguir algo, bueno, durable. Porque es la cultura nuestra la que está en juego. Es un hecho cultural, aunque a algunos nos parezca atroz, aceptar sustancias cancerígenas y confiar luego en la medicina legal y oficial para obtener la detección precoz, que es el desiderátum de tantas campañas de “lucha contra el cáncer”).[5]

Si sectores decisivos de población prefieren vivir como viven, en todo caso con detección precoz (de cánceres, alergias, anemias, enfermedades autoinmunes, y otras patologías no sólo corporales sino también “mentales”), la basura es irrefrenable. Y los laboratorios festejarán, seguirán festejando, tal “elección”.

Cultura es lo que uno hace porque no puede no hacerlo


Si la gente advierte que nuestro sistema de vida nos miente, y en realidad es, poco a poco, cada vez más, un sistema de muerte, tal vez sí pueda haber un cambio.


Pero tendrá que ser un cambio con rasgos culturales diferenciados. La primera erre tendrá que ser relevante: rechazar el uso de material irreciclable, como p. ej. los blixter, los tetrabrik, los sobres de papel con “la cómoda” ventana de plástico, los papeles plastificados (que no sirven para reciclar como plástico y menos como papel), las pilas no recargables, rechazar el uso “generoso” de bolsas de plástico que terminan rodando con el viento por mares y suelos, rurales y urbanos, rechazar la comida cargada de agrotóxicos, atreverse a reusar cosas, a reciclar. Pero no que lo haga “otro”, sino a partir de una asunción personal: cuando alguien ya no soporta un envenenamiento, lo que se suele llamar en el contexto una contaminación, por ejemplo, eso quiere decir que en su trama cultural ya no lo puede incorporar (literalmente, metérselo en el cuerpo).

Cuando un edificio de veinte pisos con un predio de media manzana alrededor tenga habitantes que no soporten desprenderse cada día de una tonelada de materia celosamente escondida en bolsas negras de consorcio, y empiecen a reclamar, que, por ejemplo, los restos alimentarios, se composten en el jardín que tienen con solo césped, estaremos hablando de cambios culturales, cambios en la cultura cotidiana, que implica cambios de actitud y situaciones donde uno ya no puede comportarse como lo hacía antes y lo veía hacer a otros.

Mientras sigamos con técnicos viendo cómo hacer para que los cartoneros sean enterrados en vida en grandes recintos con tolvas para que “ellos” separen lo que pueden y devuelvan al cauce principal lo inservible, no habremos avanzado gran cosa, antes bien, nos habremos engañado una vez más. Porque los humanos tenemos la habilidad de hacerlo ene veces.


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(1) Si esos zanjones además de postergar más que solucionar el problema de la contaminación por los desechos cotidianos, sirvió para resolver “dos en uno”, depositando restos humanos que “cosechaba” la dictadura entonces, es una pregunta de las que han quedado, por lo menos hasta ahora, sin respuesta.

[2] En Buenos Aires, poco después, con la gestión Telerman, sobrevino algo por el estilo, aunque con un peregrino intento de clasificación entre residuos secos y húmedos. Tampoco entonces salió algún basurólogo progre a señalar que los promocionados y costosísimos contenedorcitos iban en sentido opuesto a todo criterio de separación en origen, una de las pocas medidas que, encaradas con un trasfondo cultural basado en la conciencia de la cuestión, tiene algún sentido.

[3] Dictada en la Fundación R. Rojas, a fines de 2007.

[4] Véanse “Detener al PVC” del equipo editorial de Integral, no 98, Barcelona, febrero 1988 y nuestros “Política de migraciones” Página 12, Boletín Verde, 24 mayo 1992, reeditado en Ciudadanía planetaria, V. Bacchetta (comp.), Federación Internacional de Periodistas Ambientales, Montevideo, 2000; “ALARA: otro mito tecnológico”, Revista del Sur, no 70, Montevideo, 10 jun. 1997; Basura y cultura, folleto del seminario-taller de Ecología y Derechos Humanos de la Cátedra Libre de DD.HH, de la Fac. de Filosofía y Letras de la UBA, 2º. cuatrimestre 2004; “La petroquímica y su visión autoindulgente sobre el desastre planetario”, <rebelión.org del 20/6/2006, www.biodiversidadla.org del 21/6/2006, www.ecoportal.net/content/view/full/60988 del 3/7/2006, http://www.serviciosesenciales.com.ar , s/f.

[5] Véase Samuel Epstein, oncólogo, autor de The Breast Cancer Program, estremecedora investigación sobre el cáncer de mama en EE.UU.: Epstein sostiene con documentación y pruebas irrefutables que las grandes organiza-ciones estadounidenses del área; National Cancer Institute (NCI) y American Cancer Society (ACS) luchan por la detección precoz, no por la prevención porque ‘es más la gente que vive del cáncer que la que muere por él’.




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Publicado el 20 marzo 2009 - 08:40






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¿Plástico o no plástico? La bolsa o la vida


Por Fernando Butazzoni





Fernando Butazzoni es Periodista y escritor

Publicado en La Republica de Uruguay en julio de 2008

18-08-08



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En muchos países hay movimientos sociales que han implementado verdaderas campañas con el objetivo de reinstalar la bolsa de tela para hacer las compras. Han tenido una aceptación extraordinaria en muchas partes.

Pero la opción más factible y al alcance de la mano es la del comportamiento humano.

Tremendo batiburrillo se ha armado con la idea de imponer en Montevideo una tasa al uso de bolsas de plástico. Entre la manija mediática y la desinformación ciudadana, el común de la gente ha visto cómo algunos políticos locales pusieron el grito en el cielo, otros acusaron al gobierno departamental de meter un nuevo impuesto y, otros más, opinaron que de concretarse esa medida sería una afrenta a la libertad de elección de las personas. ¿Plástico o no plástico? Esa, parece, es la cuestión.

Pero la cuestión, en el fondo, también es otra: el consumo irresponsable del que todos formamos parte en mayor o menor medida. Cuando vamos a cualquier comercio a hacer compras, la disponibilidad de bolsitas nuevas, impolutas, prácticas, gratuitas y a granel, nos coloca en una posición mucho menos crítica y reflexiva respecto a lo que vamos a adquirir y por lo tanto a consumir. Quizá, si tuviéramos que pagar por esas bolsas, pensaríamos mejor nuestras incursiones de aprovisionamiento. Las planificaríamos, no nos saldríamos tan fácilmente del libreto.

Cada año en Uruguay se ponen en circulación, según estimaciones bien fundadas, unos 700 millones de bolsas de plástico de todo tipo. Nada, si se compara con China, país que utiliza por año la friolera de 1.095.000.000.000 de bolsas (más de un billón). Para fabricarlas, aquella inmensa nación consume unos 37 millones de barriles de petróleo cada año. A nuestra escala compartimos con los chinos el mismo drama: crecer en el consumo hacia el infinito en un planeta que es finito.

El ruido provocado por la intención montevideana (a la que, rápidamente, se le ha sumado un proyecto de ley nacional todavía en barbecho) tiene otras connotaciones. Puede interpretarse erróneamente que una política destinada a desalentar el uso alegre y gratuito de bolsas de plástico será a la larga un tiro por elevación a las prácticas habituales de los propios consumidores. Resulta lógico que muchos empresarios se preocupen. Pero esa preocupación no debe obstruir la visión de los problemas en toda su dimensión. Con miopía, se pueden ver las dificultades inmediatas que esto genera, pero no se ven las ventajas menos evidentes y, por cierto, mucho más importantes.

La guerra a las bolsitas de plástico no es nueva.


Muchos países la han librado con éxito. Irlanda es un caso paradigmático: desde el año 2000, en que se comenzaron a tomar medidas drásticas al respecto, se ha reducido el consumo de esas bolsas en casi un 95 por ciento. Bolsas de papel, de tela y otros adminículos como nuestra "chismosa", son parte de la vida cotidiana en Dublín y otras ciudades y pueblos.

En Holanda, en cualquier supermercado, las bolsas de plástico deben comprarse aparte, y no son baratas. China acaba de prohibir la entrega gratuita de bolsas plásticas ultrafinas. Italia, Suecia, Dinamarca, Alemania, Islandia, también han optado por la "tasa ecológica" que grava el uso de esas bolsas. En la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos, se ha llevado adelante una importante campaña en la misma dirección.

En todos esos países y ciudades las medidas han tenido efectos positivos. No hay reportes que señalen daños graves al comercio, a la industria o a la economía doméstica por culpa de la implantación de tasas que desalienten el uso abusivo de bolsitas plásticas. Deberíamos preguntarnos por qué en Uruguay se generan estas resistencias.

El espíritu conservador se manifiesta en cualquier circunstancia. Allí donde algo suene a nuevo, donde se abra un pequeño signo de interrogación, allí estará nuestro miedo y, por lo tanto, nuestra tendencia natural a dejar las cosas como están. Sin embargo, las cosas nunca están como están. Todo cambia en un parpadeo. "En el mismo río entramos y no entramos", decía Heráclito el oscuro, por lo común mal citado. Pues dentro de poco simplemente no podremos entrar ni en el mismo río ni en ningún otro. La mugre y las pestes se van a encargar de impedirnos la inmersión filosófica.

Por otra parte, la creencia de que las bolsas de plástico que nos regalan en cualquier comercio son gratis es una ilusión colectiva gigantesca.

Cada miligramo de esas bolsitas lo pagamos entre todos a precio de oro.

Pagamos de forma indirecta la fabricación de ese envase (como la fabricación de cualquier otro envase). Pagamos para que, después de usarlo, alguien se encargue de hacer algo con él. Y pagamos cuando ese producto, luego de muchas vueltas y procesos, termina en la orilla de un río o tapando una boca tormenta, o quemándose en una fogata o, en el mejor de los casos, reciclado y vuelto convertirse en una nueva bolsita de plástico.

A modo de ejemplo: un camión capaz de transportar 12 toneladas de desechos comunes sólo podrá transportar 7 toneladas de plástico compactado y apenas 5 toneladas de plástico sin compactar. También pagamos por el combustible de esos camiones.

El plástico es tan masivo que atolondra.

Según estimaciones conservadoras, en Montevideo hay unas 300 mil personas que cada día van a hacer sus compras.

Si cada una de esas personas dejara de aceptar una sola bolsita plástica, tendríamos cada día 300 mil bolsitas menos en circulación, o sea 9 millones menos al mes, más de cien millones de bolsas menos cada año. Cien millones de bolsitas de plástico.

Se dice fácil, pero cuesta imaginarlas... Y sin embargo están allí, empacadas o volando entre los edificios o flotando en la costa o enterradas en diversos lugares. Intactas. Sin mal olor. Letales.

Algunos envases de plástico tardan cientos de años en degradarse en la naturaleza.

Otros tardan miles de años. Puede la industria reciclar, volver a fabricar e iniciar de nuevo el circuito.

Pero la demanda creciente de este tipo de envase lleva a que la producción se incremente año a año. Así las cosas, todas las iniciativas en ese sentido deben ser alentadas. Y en esto sí que es posible y necesario tener espíritu globalizador. Las bolsitas que vemos volando por las calles de Montevideo pueden terminar en cualquier parte. El Programa de la ONU para el Medio Ambiente, el Pnuma, realizó un estudio en el que fotografió y analizó miles de millas de mares y océanos del planeta.

La conclusión es terrible:

en cada kilómetro cuadrado de agua salada hay 18 mil restos plásticos flotando.

Nada, lo del título: la bolsa o la vida.


Hay opciones.






Se ha avanzado mucho en los últimos años en la fabricación de plásticos biodegradables a partir del almidón del maíz o de otras sustancias de origen vegetal.

Estos plásticos existen conceptualmente desde hace medio siglo, pero los bajos precios del petróleo y las complejidades tecnológicas de su fabricación inclinaron la balanza a favor de otros polímeros que, en general, no se degradan o lo hacen en plazos geológicos. El llamado cáñamo industrial también es una opción de alternativa con serias posibilidades de futuro.

Pero la opción más factible y al alcance de la mano es la del comportamiento humano. En muchos países hay movimientos sociales que han implementado verdaderas campañas con el objetivo de reinstalar la bolsa de tela para hacer las compras. Han tenido una aceptación extraordinaria en muchas partes. Podemos ser optimistas en Uruguay respecto a eso. Podemos imaginar que mucha gente, a la hora de hacer las compras, piense en el futuro. Piense en las playas, por ejemplo, o en los parques y plazas. ¿Plástico o no plástico? Más allá del juego de palabras, parece claro que esa no es la cuestión.




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Publicado el 16 abril 2009 - 02:00







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AMBIENTE Y SOCIEDAD ISSN 1668-3145

Publicación Semanal y Gratuita de EcoPortal.net

AÑO 9 Nº 384, ABRIL 15 de 2009

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Bolsas de plástico: la maravilla que devino pesadilla.

Al ladrón grita el ladrón

Por Luis E. Sabini Fernández



10-04-09








Esto empezó hace medio siglo. Y desde hace varias décadas se empezaron a observar las secuelas de la invasión de termoplásticos al ambiente. Ya en la década de los ’70 Jacques-Yves Cousteau denunciaba que las pobres tortugas marinas confundían las bolsas flotantes con medusas y se las manducaban; una atroz forma de muerte de animales que habían sido alcanzados por la “civilización”.


Es una vieja técnica.


El tipo se ha salido con la suya, en realidad con la ajena: ha robado una buena billetera y ha salido a escape. Es un hombre corriendo por la calle. Pero segundos después escucha los gritos de quienes han salido tras él: -¡agarrenlo!

Es un instante. Él también empieza a gritar: ¡agarrenlo!, y sigue raudo corriendo. Algunos más veloces ya están a la par, todos gritan algo ante lo cual los demás transeúntes no saben qué hacer. Es que al haberse sumado el ladrón al coro, la demanda ha devenido insensata.

La empresa de supermercados Disco se ha sumado a la campaña contra las bolsas de polietileno y el desastre ambiental que han provocado. Las bolsas de plástico, empero, no se hacen, ni se distribuyen, ni se esparcen solas. Hay algunas empresas que han contribuido particularmente. En realidad, los supermercados fueron invadiendo nuestras sociedades brindándole a la gente el protagonismo en la compra. Y en verdad, frente a la corruptela del comercio minorista, donde no se podía elegir y donde el comerciante era el que elegía cuando y a quién “le metía el perro”, la opción ofrecida resultó tentadora. Nadie pensó entonces en el consumismo galopante, el despilfarro, en la construcción de una sociedad del desperdicio. Para afianzar esa “nueva cultura”, del autoconsumo, los supermercados se valieron de la góndola al alcance del cliente y la bolsa de plástico a la salida. Expresión de libertad y comodidad, sabiamente confundidas.

Esto empezó hace medio siglo. Y desde hace varias décadas se empezaron a observar las secuelas de la invasión de termoplásticos al ambiente. Ya en la década de los ’70 Jacques-Yves Cousteau denunciaba que las pobres tortugas marinas confundían las bolsas flotantes con medusas y se las manducaban; una atroz forma de muerte de animales que habían sido alcanzados por la “civilización”.

¿Cómo llegaban a la superficie marítima bolsas de supermercado o “de plástico”, términos casi equivalentes? Las bolsas de plástico son relativamente resistentes. Flotaban. La gente las tiraba o las dejaba en las más diversas situaciones. Desde el momento en que empezaron a abundar las bolsas, es decir desde el momento en que los supermercados, como Disco, empezaron a “regalarlas” (cobrándolas con exceso sin duda en los precios), desde el momento en que el mercado, cada vez más mundial, tenía tal mercancía como bien abundante y no (como el resto) escaso, las bolsas “de supermercado” empezaron a estar en todas partes, y a sobrar en todas partes. Quien más quien menos, debe haber sido alguna vez “millonario” en bolsas de plástico. Así llegaban –como desperdicio que uno se saca de encima porque sabe que hay “de más”– a los campos, a los ríos, a los mares.


¿Que los termoplásticos son tóxicos?


Se sabe también desde hace tiempo.

Hay investigaciones escalofriantes sobre la “migración” de partículas plásticas a los alimentos. Pero al mundo empresario le importaba otra cosa. Y la gente prefería, inducida, otra esdrújula en lugar de tóxica. ¡Son tan cómodas! Y los supermercados estuvieron a la vanguardia planetaria en promover esa forma de comportamiento. Miope y suicida, pero exitosa, sobre todo si todo el ensamble social “lo necesita”.

Uno no va a hacer las compras al “súper” tranquilo desde su casa, como la abuela que llevaba su bolsa de tela o su “chismosa” de hilo al almacén. Uno sale apurado, más bien apurada, del laburo y pasa por el súper para comprar lo necesario para zafar esa noche y en todo caso, proveerse de la leche del desayuno. Y bendice que el bueno del comerciante le brinde una bolsa, sin cargo, para llevarse sus provisiones. Aunque cada vez sepa menos lo que se lleva adentro de esa bolsa… la leche del súper ya no se corta, como hace un tiempo que “daba” para hacer requesón; ahora se pudre, vaya a saber qué le ponen adentro. Algo para que dure quince días y no un par de jornadas en frío, como la pasteurizada que venía en envase de vidrio.

Pero claro, aquella era leche líquida “todo el tiempo”, y ésta salió líquida de la vaca, se hizo polvo en la “lechería”, se transportó y volvió a hacerse líquida con agua, supongamos que desclorada porque sabor a cloro no tiene… uno lleva un “tetra” de salsa que curiosamente el supermercado abarrota en el patio del fondo del local al sol en pleno verano y uno lo “abre” y está perfecto. Aquí la pregunta es: ¿qué conservadores puede tener para soportar el mediotiempo entre su elaboración y su consumo?; uno lleva una montaña de golosinas “para los nenes” (de 4 a 40 años), cada más chocolatadas… todas lucen una tentadora cubierta marrón y la etiqueta dice “chocolate”, sólo que se trata de soja coloreada.

Con un agravante: se trata de un componente de la soja, su materia grasa, conservada mediante hidrogenación, método tóxico si los hay, descubierto en Alemania en 1915 e implantado en todas las industrias alimentarias del mundo occidental (y al día de hoy, globalización mediante) del mundo entero, por su comodidad: la grasa hidrogenada no se pone rancia. Triunfo de la tecnología nuestra. Se “pone” apenas cancerígena. Pero eso se “ve” menos, es un proceso a largo plazo y por lo tanto menos asociable con la hidrogenación. Lo rancio se percibe, en cambio, de inmediato... uno agrega ahora en la bolsa pastas rellenas o comidas procesadas que presentan en la etiqueta las variaciones más tentadoras: crema a la Stroganoff, sorrentinos de “jamón y pollo”, “salsa lista” cazadora o scarparo, aunque la realidad del relleno –la verdad de la milanesa– resulte soja con aditivos saborizantes… uno agrega “saborizadores tipo criollo”, donde “tipo” lo dice todo. Porque estas empresas no mienten. Sólo que no dicen la verdad.

No imaginábamos al adoptar el sistema de supermercados, autoservicio y consumo irrestricto que se nos venía todo esto encima. En realidad ni siquiera nos dábamos cuenta que ni adoptábamos ese sistema, que en realidad éramos adoptados por él. Y que el sistema del capitalismo hipermoderno “gastaba” tanto en honor del consumidor porque pagaba por el petróleo una bagatela. El petróleo estuvo congelado desde fines de la segunda guerra mundial hasta 1973. “Los treinta gloriosos años” de tanto economista liberal o progresista. Seguramente muy pocos gloriosos para los obreros extractores del “oro negro” en Nigeria, el Cáucaso, Irak o Ecuador…

Ese fue el período de la expansión incontenible del consumismo que nos ofrecía un futuro donde ya no habría muertes de viajantes.

Ahora ya estamos dentro de aquel futuro promisorio que nos vendieran las empresas de la modernización hace medio siglo, a través de Hollywood, Selecciones del Reader’s Digest, Life y el mundo empresario en general y los supermercados en particular.

Y lo que vemos es la contaminación.

La contaminación planetaria.

Con las bolsas blancas de plásticos como emblema en campos y mares.

Con los basurales incontenibles alrededor de toda ciudad.

Con la fumigación generalizada para eliminar los competidores del hombre en la apropiación de las cosechas.

Fumigación que elimina, de paso, la salud. Alcanzando a lo que los técnicos llaman “insectos no blanco”, seres vivos “no blanco”. A los que no se quiere matar, pero igualmente se los mata en la guerra declarada (y auspiciada) por los laboratorios biocidas.

Lo que resultan “daños colaterales”: libélulas, gusanos, ciempiés, abejas, mariposas, pájaros, niños, peces, batracios, perros, humanos adultos, preferentemente trabajadores rurales… La contaminación “coagula” en enfermedades con las más diversas manifestaciones; alergias, alteraciones de la piel, mutaciones, destrucción en genitales, cánceres, malformaciones congénitas.

Y bien. La situación se ha vuelto inocultable. Y es tan fuerte el impacto que hasta sus principales beneficiarios ya no pueden escamotear la cuestión devenida problema.

Desde hace años, diversas cadenas de supermercado en el Primer Mundo, pero también entre nosotros, no entregan gratis las bolsas de plástico. Con lo cual, sus compradores rápidamente se han habituado a llevar bolsas propias o pagar por ellas.

Otros han ofrecido bolsas de papel, que mantiene el estilo de “la abundancia”, con lo cual no encaramos el problema de que la humanidad vive “por encima de sus propios recursos”, pero al menos no tiene, el papel, la toxicidad del plástico.

Pero entonces sale Disco a gritar ¡al ladrón! Y lo hace dictando cátedra. Explicando en una “campaña concientizadora” que “las bolsas [de plástico] están destruyendo el medio ambiente”. Algo “realmente preocupante”. En un folletito sostiene que “hay más de cinco mil millones de bolsas dando vueltas” por la Argentina, en mares, costas, desagües y drenajes.

Nos informa además de algo verdadero: que se recicla menos del 1% del volumen producido. Sabíamos que a mediados de los ’90 en EE.UU. se reciclaba el 1,5 % de los termoplásticos producidos.

Y entonces nos explicaba el bueno de Federico Zorraquin, director de alguna empresa plástica o petroquímica argentina y presidente de Plastivida (sic), una organización fundada por la industria plástica “sin fines de lucro” (sic, sic), que como medida efectiva de reciclado era absolutamente insuficiente pero que en términos de relaciones públicas era en cambio muy eficiente.

Hemos llegado así a un nuevo problema: la petroquímica tuvo “su agosto” entre 1945 y 1973 con una cotización del petróleo adaptada a las necesidades de una industria en expansión y no a las necesidades planetarias o de los países y regiones “sangrados” por su extracción.

Pero la cotización del petróleo fue cambiando. Primero por la OPEP que en 1973 y en 1979 la multiplica generando el sobrante financiero de los petrodólares (que están en el origen del fenómeno de la deuda externa de los países periféricos o empobrecidos).

Luego por la perspectiva de escasez, que lo ha hecho una materia prima aun más costosa. Y sin embargo, la petroquímica, ya establecida, no ha cambiado su modalidad. El mundo siguió “nutrido” o mejor dicho invadido de bolsas, envases, envoltorios, packaging, como antes, con el petróleo barato. El nuevo estilo se había convertido en “cultura”.

Hoy, se nos ha hecho muy difícil combatir o enfrentar la plétora plástica que nos cubre cada día y que nos contamina silenciosamente. Sus manifestaciones más ostensibles, como el desparramo planetario de “bolsas de super”, se ha hecho demasiado ostensible, gravoso hasta para “el sistema”.

Es interesante ver cómo quienes hacen esta campaña ni siquiera muestran su propio papel en ese desarrollo. Ni el menor atisbo autocrítico. Lo cual no es de sorprender: si siempre nos han dado lo mejor es porque son los mejores.

Y los mejores ¿pueden equivocarse?



www.ecoportal.net



Luis E. Sabini Fernández Docente del área de Ecología de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, periodista y editor de la revista futuros


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Publicado el 22 mayo 2009 - 06:13






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Residuos domésticos en la región. Bajo la alfombra


Por Jesica Salvatierra



17-03-09,







Los residuos domésticos son una problemática ambiental cada vez más preocupante.

El incremento de la población en las ciudades y los cambios de consumos son fundamentales en la producción de basura.

Las técnicas de eliminación ya sea por vertido o por incineración siempre conllevan una contaminación al medio ambiente, por eso es fundamental tener una política derivada a cambiar los hábitos de consumo.



A lo largo de la historia, el problema principal de los residuos orgánicos e inorgánicos ha sido su eliminación.

La disposición final de la basura doméstica de las grandes ciudades, encontró su solución arrojando los residuos a las periferias; ocultándolos bajo la tierra en rellenos sanitarios, lanzándolos a los ríos o simplemente con la quema de los mismos.

Cabe destacar, que en las áreas donde se ubican estos gigantes contenedores de residuos (muchos de ellos si tener las condiciones de sanidad necesarias), es en los alrededores de la ciudad, donde se ubican personas con bajos recursos en asentamientos precarios. Muchos de estos basurales conforman, no sólo los focos de infección y contaminación, sino un medio de vida para aquellos que se dedican a revolver la basura.

Actualmente, el cambio en la forma de vida y el crecimiento económico de los países de América Latina ha provocado un incremento en la generación de desechos domésticos y comerciales. La problemática se completa con el cambio en los hábitos de consumo y la composición diversificada de los residuos modernos (envases plásticos, latas, computadoras, entre otros).

Los electrodomésticos, las computadoras han creado nuevos y verdaderos cementerios de tecnología, compuestas de plásticos y materiales que no se degradan. Su eliminación es una preocupación del nuevo siglo, de manera que no es fácil encontrar un tratamiento de supresión eficaz y no contaminante, a no ser que se reciclen.

Asimismo, el crecimiento de la población en las grandes ciudades acompaña el incremento de los desechos. A raíz de ello, se ha convertido en una preocupación fundamental la problemática de la disposición final de los residuos que pueden llegar a ser contaminantes para el suelo, el agua y el aire dependiendo de la forma de su “eliminación”.

Según la Iniciativa Latinoamericana y Caribeña para el Desarrollo Sostenible (ILAC) “la población citadina de América Latina y el Caribe representa ya el 78 por ciento del total, el mayor índice de urbanización por continente, y la tendencia sigue siendo a una mayor concentración en las ciudades, cuyos habitantes están creciendo en el quinquenio 2005-2010 a una tasa de 1,7 por ciento cada año”. El desafío actual es contener la basura de las que las grandes urbes generan.

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se denomina residuo doméstico a “todo material que no tiene un valor de uso directo y que es descartado por sus propietarios”. Estos se generan en las viviendas, oficinas, establecimientos educacionales, así como también en locales comerciales y restaurantes, incluidos aquellos que se generan en los hospitales, que presentan composiciones similares a los concebidos dentro de los hogares.

A su vez, dependiendo de su origen se encuentran subdivididos en residuos orgánicos e inorgánicos. Los primeros son aquellos que son biodegradables, es decir, que tienen la capacidad de fomentar y ocasionan procesos de descomposición.

Si bien, la naturaleza los puede aprovechar como parte de la vida, cuando se acumulan posibilitan la multiplicación de microbios y plagas, convirtiéndose en potenciales fuentes de contaminación.

Los inorgánicos se componen de desechos como latas, botellas, metales, plásticos y otros productos de usos cotidianos de origen industrial. Estos tienen la particularidad de que tardan mucho tiempo en desintegrarse o no se descomponen, y por ello se los denomina no biodegradables.

Además, existen productos de uso cotidiano en el hogar que contienen componentes peligrosos, estos pueden ser pinturas, limpiadores, aerosoles, batería de automóviles, entre otros.

La problemática que enfrentan los países Latinoamericanos según un estudio de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) es que “es notable el cambio de composición en los residuos donde se encuentra un descenso en materiales biodegradables y por ello plantea desafíos para el tratamiento, recuperación y disposición de los RSU (Residuos Sólidos Urbanos)”.

Es decir, hay una mayor preponderancia de desechos inorgánicos, que no se descomponen y de elementos con características tóxicas. Sin embargo, en los últimos años en América Latina se han elaborado proyectos tendientes a mitigar esta situación, donde se procura la minimización de los residuos a partir de reducir, reutilizar y reciclar dichos elementos.

No obstante, muchos países del la región continúan teniendo problemas con la disposición de la basura y en los rellenos sanitarios, así como también los basurales a cielo abierto.

En el caso de Chile, con casi seis millones de habitantes su capital produce 210 mil toneladas de desechos por mes.

Alrededor de 7 millones de toneladas de residuos sólidos al año. Aproximadamente el 50 por ciento de los esos residuos son de origen domiciliario.

La mayor parte de la producción de basura se concentra en la capital chilena, diversificada por distintos sectores de la población, donde se concentra los mayores ingresos se produce el 20 por ciento de los residuos, los sectores medios altos el 34 por ciento y los medios bajos el 32 por cinto. Los sectores más bajos son responsables de un 13 por ciento.

Estos residuos son derivados a vertederos o rellenos sanitarios, mecanismo por el cual los residuos son enterrados bajo la tierra y a la vista son simples montañas rodeadas de pájaros y algunos otros animales. Pero el olfato no engaña, el olor es penetrante, la descomposición lenta y progresiva se siente en el aire.

En los rellenos sanitarios la basura es dispuesta en capas, que es compactada con maquinaria, y alternada con una capa de tierra y otros materiales hasta que el sanitario se da por saturado. En este caso se deben disponer de la impermeabilización de los pozos de modo que los líquidos contaminantes que segregan los residuos no se mezclen con las aguas subterráneas.

Uno de los principales rellenos sanitarios de la Región Metropolitana chilena es “Lomas Los Colorados” que cuenta con 600 hectáreas, de las cuales 210 corresponden a la zona de disposición final de los residuos. Actualmente, está diseñado para recibir mensualmente alrededor de 150 mil toneladas de residuos.

Los problemas ambientales que pueden generar los de vertederos de basura a cielo abierto, o los que no cuentan con los controles sanitarios correspondientes son; contaminación del agua superfáciles y subterráneas (si no se ha impermeabilizado los pozos), contaminación de los suelos y la atmósfera (este inconveniente se intensifica cuando los residuos no son discriminados por su origen, como la acumulación diversa de materia orgánica, pilas, latas y otros, sin tener en cuenta la descomposición de cada elemento o la toxicidad de los mismos).

La proliferación de roedores, y potenciales vectores de transmisión de enfermedades y el envenenamiento de especies vegetales y animales, son riesgos a considerar.

Para la salud humana la contaminación que liberan los vertederos son una importante cantidad de gases como metano, CO2 y gases tóxicos como el baceno. Además de ser los acusantes de diversas enfermedades.

En los casos donde los desechos son incendiados, el impacto es mucho mayor por que se liberan a la atmósfera productos clorados, algunos altamente tóxicos como las dioxinas, una de las sustancias más tóxicas declaradas cancerigena por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En Argentina, la situación de la disposición final los de residuos es similar. En la Provincia de Buenos Aires se halla el Cordón Ecológico con cinco rellenos sanitarios, de los cuales dos ya han sido cerrados y los otros tres cuentan con una vida útil de aproximadamente 5 años.

En el país, en los últimos tiempos se han ido cerrando basurales que se encontraban a cielo abierto. Se han ido generando programas de recuperación de los residuos mediante el reciclado o la reutilización de dichos elementos, con el objetivo de minimizar su impacto en el medio ambiente.

Pero esta política ambiental es producto de una conciencia más amplia, que abarca a toda la región y al mundo. Es una problemática ha resolver con vistas hacia el futuro de la vida y del planeta. Actualmente, la política ambiental ha tomado un papel importante en la agenda, así como también ha generado en los organismos internacionales una preocupación por la temática. Como es el caso de la ONU, la OMS, la CEPAL y el BID.

En este sentido, es importante destacar que se han ido generando políticas ambientales con dispositivos para la separación de los residuos, teniendo en cuenta su composición (orgánicos, inorgánicos y, algunos casos, los que son tóxicos). Es así como se seleccionan los elementos para ser reciclados (componentes que pueden volver a ser reutilizado industrialmente para la generación de productos) como por ejemplo el cartón, el papel, las latas, entre otras.

De esta manera, lo que anteriormente se desperdiciaba como basura, puede volver a ser reutilizado evitando la contaminación que podrían generar, fundamentalmente en aquellos productos inorgánicos. Todos aquellos productos que no puedan ser reciclados o reutilizados deberán necesariamente ser tratada con una técnica de eliminación.

Sin embargo, las técnicas de eliminación ya sea por vertido o por incineración siempre conllevan una contaminación al medio ambiente.

Es necesario que cada habitante del planeta tenga conciencia de lo que arroja a la basura, de que todo aquello que se desperdicia puede dañar al medio ambiente. También es importante que los mecanismos de eliminación procuren ser lo menos contaminante posible para evitar su impacto en la vida natural del planeta y de las personas.

Los Estados deberán comprometerse con el medio ambiente en todos sus aspectos, tanto a nivel técnico- procedimental en cuanto a la eliminación, como ambiental procurando el menor daño posible.

Para ello se deberán fomentar una iniciativa referida a concientizar sobre la selección y separación de los residuos, sobre aquellos productos que son altamente contaminantes para el medio ambiente y fundamentalmente tener una política derivada a cambiar los hábitos de consumo (aquellos que son más perjudiciales como residuos). El objetivo apunta a fomentar una educación fuertemente orientada a la temática ambiental.


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Publicado el 24 julio 2009 - 12:12






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Las transnacionales producen 500 billones de bolsas

11-06-09

Por Sylvia Ubal




Alrededor de 100.000 animales marinos como pingüinos, ballenas, tortugas, focas, peces, marsopas, aves marinas y delfines mueren cada año debido a la ingesta de bolsas plásticas que se han convertido en basura y que llenan mares y océanos y lo peor es que una vez que su víctima ha muerto y se descompone, la bolsa plástica no se degrada y vuelve a ser un elemento mortal para otros animales.




La triste historia de las bolsas plásticas, las prácticas e inofensivas bolsas que nos “regalan” y acumulamos por los rincones de nuestras cocinas se han convertido en un real problema ecológico, conforme transcurra el tiempo se convertirán en una severa crisis ambiental en todo el planeta, si no se toman medidas urgentes a nivel mundial.

Para fabricar las bolsas plásticas se necesita de un precioso recurso natural no renovable, el petróleo, que además de ser un combustible fósil que genera contaminación se está acabando. ¿Y lo malgastamos fabricando más bolsas hechas de plástico?

Cada año en el mundo se producen aproximadamente entre 500 billones y un trillón de bolsas que se regalan en las tiendas, supermercados y establecimientos comerciales y que se convertirán en basura a los pocos minutos de su uso, ya que nos hemos vuelto dependientes de estas prácticas, pero peligrosas y contaminantes formas de cargar nuestras compras.

Sin embargo, ¿a quién le importa el destino de las bolsas plásticas?, sobre todo en una sociedad de consumo y en una subcultura ambiental en que nadie se detiene a pensar en el daño que indirectamente le causa al medio ambiente cada vez que sale de un centro comercial portando consigo esa clase de recipientes plásticos que, al llegar a su casa, los destina temporalmente para guardar o envolver algún objeto, pero a la larga va a dar al depósito de la basura, si no es que se las bota en la calle y que la mayoría de estas van a nuestros ríos, lagos, mares y océanos del mundo a través de los desagües y cañadas y con suerte en inmensos depósitos de desechos, donde para degradarse deberán esperar quinientos años o más para desaparecer, mientras en medio de su proceso de descomposición contaminan el suelo no sólo visualmente sino también químicamente.

Alrededor de 100.000 animales marinos como pingüinos, ballenas, tortugas, focas, peces, marsopas, aves marinas y delfines mueren cada año debido a la ingesta de bolsas plásticas que se han convertido en basura y que llenan mares y océanos y lo peor es que una vez que su víctima ha muerto y se descompone, la bolsa plástica no se degrada y vuelve a ser un elemento mortal para otros animales.

Una botella de plástico puede tener una vida de 450 años y sus miles de fragmentos milimétricos no biodegradables, muy resistentes y estables, son una amenaza para estos animales que suelen confundirlos con la comida.

El 20% de la basura recogida de las playas son bolsas plásticas junto con envases de licor, sodas, cervezas y otras latas; es decir que además de provocar la muerte a muchas especies se han convertido en basura que contamina el paisaje y se acumula en playas de todo el mundo, gracias a las personas que las botan sin ninguna consideración ni cuidado.

La norteamericana Academia Nacional de Ciencias de EEUU realizó un estudio al respecto, habiendo llegado a determinar que las embarcaciones transoceánicas arrojaban en conjunto 4 millones de kilos de plástico al mar, y esa es la razón por la cual los vertederos de basura del mundo están saturados de bolsas plásticas; en tanto que miles de ellas son arrastradas hacia distintos lugares de la Tierra. Se han encontrado bolsas plásticas flotando en el Norte del Círculo Ártico y en las Islas Malvinas

En China una de las principales preocupaciones es la basura, las bolsas de plástico que vuelan por las calles son llamadas "contaminación blanca". Que ahorrará 37 millones de barriles de petróleo cada año gracias a la prohibición de bolsas plásticas gratuitas En Sudáfrica, las bolsas son tan notorias en el campo que se han ganado el despreciativo título de "flores nacionales" porque rotas y enredadas en los arbustos nos anuncian que nos estamos aproximando a una ciudad, o a las que vemos salir flotando desde la ventana de un carro.







Tomando medidas drásticas



Algunos países están tomando medidas drásticas contra el uso de las bolsas de plástico. En algunos países sencillamente han decidido que si alguien quiere su bolsa en la bodega, que le cueste unos centavos. Medida drástica y efectiva aunque no ataca las raíces del problema.

Entre los países que han prohibido o tomado acciones para desalentar el uso de las bolsas de plástico se encuentra Irlanda, que fue la primera en Europa en poner impuestos a las bolsas plásticas en el 2002. De esta forma, ha reducido el consumo en un 90%. Australia, Bangladesh, Italia, Sudáfrica y Taiwán. Mumbay (antes Bombay), India, también ha prohibido las bolsas. Israel, Canadá, India del Oeste, Botswana, Kenya, Tanzania, África del Sur, Taiwán y Singapur también han prohibido las bolsas plásticas.

El 27 de marzo del 2007, San Francisco se convirtió en la primera ciudad de EE. UU. en prohibir las bolsas plásticas, según NPR.org (National Public Radio). Oakland y Boston están considerando la prohibición. Los australianos usaban cerca de 7,000 millones de bolsas al año, y cerca de 1,200 millones de ellas al año se entregaban gratis en Irlanda antes de las restricciones del gobierno, de acuerdo a estimaciones gubernamentales.

En Irlanda hay unas propuestas legislativas impositivas de un impuesto de cerca del 20 por ciento que los clientes finales han tenido que pagar por cada bolsa de plástico desde marzo de 2002. El uso de bolsas plásticas en Irlanda cayó en más del 90 por ciento luego de que se aprobó el impuesto, y el gobierno ha reunido millones de dólares para programas de reciclamiento. Similar legislación fue introducida hace un tiempo atrás en Escocia y está en discusión en el resto del Reino Unido.

En Australia, cerca del 90 por ciento de los negocios minoristas han firmado acuerdos voluntarios con el gobierno para reducir el uso de las bolsas de plástico. Una ley que entró en vigor el año pasado requiere que los restaurantes, supermercados y las bodegas, cobren a los clientes por las bolsas y los utensilios de plástico. Esta ley ha resultado en una reducción del 69% en el uso de productos de plástico, según informes de la prensa.

"Cada pieza de basura tiene un rostro humano detrás. Si ellas son un daño para el medio ambiente en términos de deterioro visual, entonces la gente necesita dejar de ensuciar el ambiente", dijo Rob Krebs, portavoz del Consejo Americano del Plástico.

Estudios realizados por un grupo ambientalista californiano sobre el uso de las bolsas plásticas estiman que los norteamericanos usan cerca de 84 mil millones de bolsas plásticas anualmente. Las primeras bolsas de plástico para sándwiches fueron introducidas en 1957.

Las tiendas de departamentos comenzaron a usar bolsas de plástico a fines de la década de 1970, y las cadenas de supermercados las empezaron a usar a inicios de los años ochenta Afortunadamente muchos países se están concienciando prohibiendo las bolsas de plástico típicas y/o sustituyéndolas por bolsas biodegradables.


¿Qué podemos hacer?


Mientras las leyes no cambien, debemos tomar conciencia del peligro que representan y evitar su utilización, utilizando bolsas de otros materiales que podemos utilizar muchas veces al ir de compras.

Si usamos una bolsa de tela, podemos ahorrar 6 bolsas por semana, 24 bolsas al mes, 288 bolsas al año, 22.176 bolsas durante una vida promedio.

Si solo 1 de cada 5 personas en nuestro país hiciera esto, ahorraríamos 1.330.560.000.000 de bolsas durante nuestras vidas.

Otra posibilidad es tener cuidado en la forma que nos deshacemos de ellas, no las botes en el campo o la playa, intenta depositarlas en lugares habilitados para dejar basura. Otra forma muy útil es reciclándolas.

Las bolsas que traes de la compra utilízalas para depositar tu basura en vez de comprar más bolsas plásticas para poner tu basura dentro.

Y por último eduquemos a nuestros hijos en la importancia que tiene el cuidado de nuestro medio ambiente y del daño que estamos haciendo.

Si tomamos estas pequeñas medidas a nuestro alcance, que no suponen un gran esfuerzo y sumadas entre todos pueden evitar un enorme daño a nuestra madre tierra y a quienes vivimos en ella. Utilizar bolsas retornables no plásticas es una manera para colaborar y frenar la contaminación y mejorar el estado del planeta. www.ecoportal.net




Fuente:

Barómetro Internacional





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Publicado el 28 agosto 2009 - 02:10







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La basura sin rienda

Por Gerardo Bernache Pérez



31-07-09



La generación de residuos tiene relación directa con los patrones de consumo de la población. Tales patrones han cambiado en las últimas décadas hacia el uso de más material para empaques, vida útil más corta de los productos y mercancías, reducción de los tipos de envases y botellas retornables, así como un aumento en empaques y materiales que se definen comercialmente como “desechables”, por lo que la produccion de basura va en aumento y se transformado en un problema serio. El reto es impulsar la gestión integral de los residuos sólidos municipales como parte de una amplia agenda municipal para el desarrollo regional sustentable. Este tipo de gestión es compleja y sólo se consolidará a partir del compromiso de los ayuntamientos y de la amplia participación ciudadana.


La basura es un problema porque su producción va en aumento y no hay un manejo apropiado ni un control de sus impactos. Por una parte, su manejo demanda montos considerables del presupuesto de los ayuntamientos y la disposición final es la única forma de deshacerse de la basura. No hay tratamientos de los residuos y son escasos los programas efectivos de separación, por lo que la mayor parte de la basura termina enterrada en condiciones deplorables y ocasionando altos niveles de contaminación en el sitio y en la región.

La responsabilidad del manejo de los residuos sólidos la tienen los ayuntamientos y éstos, por lo general, no cuentan con el personal capacitado, ni los recursos económicos para brindar un servicio de recolección eficiente y un tratamiento que no ocasione contaminación ambiental. En la realidad, los gobiernos locales se ven rebasados por las montañas de toneladas de basura que generan las actividades de producción, comercio y consumo.


¿Cuánta basura se tira?



La generación de residuos tiene relación directa con los patrones de consumo de la población. Tales patrones han cambiado en las últimas décadas hacia el uso de más material para empaques, vida útil más corta de los productos y mercancías, reducción de los tipos de envases y botellas retornables, así como un aumento en empaques y materiales que se definen comercialmente como “desechables”.

Si en 1950 cada habitante tiraba unos 300 gramos de residuos y el país tenía 25.8 millones de habitantes, ahora, en la primera década del siglo XXI, ha triplicado los montos de generación de residuos y tira unos 900 gramos. El último censo nacional apunta que la población supera los 103 millones de mexicanos. Lo anterior significa que si en los cincuenta se generaban 7 mil 740 toneladas de residuos, para el 2005 son unas 93 mil toneladas cada día. Como se puede apreciar, el problema se ha crecido de manera exorbitante. El manejo de cada tonelada de residuos municipales cuesta un poco más de 200 pesos, por lo que la estimación del costo de su manejo –distribuido en los ayuntamientos del país– está en el orden de los 20 millones de pesos diarios y unos 7 mil 300 millones de pesos anuales.

Los patrones de consumo no son iguales en todo el país y se pueden encontrar diferentes condiciones y variables que inciden sobre éste en diversas ciudades mexicanas. Esto se ilustra con la generación de residuos municipales, pues los estudios de las diversas ciudades reportan cantidades per capita que van de los 715 gramos en Morelia, a los 898 gramos en Hermosillo y 914 en Guadalajara. Se estima que, en promedio, cada mexicano tira unos 900 gramos diarios de basura, aunque en la zona metropolitana de la Ciudad de México el monto puede llegar a los mil 400.

Durante la década de los noventa, los residuos que generaba el Distrito Federal representaban el 14 por ciento del total nacional, con un promedio diario de 12.5 mil toneladas y cerca de 4 mil 581 millones de toneladas anuales. Para 2008, se calcula que la zona metropolitana de la Ciudad de México generó más de 20 mil toneladas diarias.

En segundo lugar de producción de residuos, vienen las ciudades de Monterrey y Guadalajara, cuya generación de residuos municipales es superior a las 4 mil 500 toneladas diarias.


El reto de la gestión integral de los residuos



El manejo de los residuos plantea una serie de retos para controlar la alta producción de basura, para establecer sistemas eficientes de recolección y transferencia, así como controlar los vectores de contaminación en los vertederos. Estos problemas de manejo de residuos se relacionan directamente con la voluntad política para resolverlos y con los recursos financieros necesarios para solventar el servicio, esto en el nivel de los gobiernos locales. Si bien es cierto que en muchos municipios se evidencia una falta de compromiso de las altas autoridades, también es una realidad que los ayuntamientos carecen de los recursos necesarios para costear un servicio eficiente y con una cobertura amplia.

El desafío de la gestión pública en cuestión de manejo integral de residuos es múltiple. En primer lugar hay que mencionar el impulso necesario a programas de amplia participación social que incorporen a grupos vecinales en la transformación de basura en residuos, en subproductos materiales para el reciclaje. Así pues, las nuevas propuestas para un manejo sustentable de los servicios urbanos giran alrededor de la participación ciudadana y la cogestión de los residuos.

En segundo lugar viene el proceso de reciclaje propiamente. Incluye, por una parte, la consolidación de programas de separación y, por otra, la eficiente comercialización de los materiales separados para incorporarlos como materia prima en un proceso de producción industrial. Es importante promover y consolidar nuevos mercados para la comercialización de materiales separados provenientes de los programas de manejo de los residuos sólidos municipales. Hasta ahora, ése ha sido el cuello de botella que ha desalentado los programas de separación porque no es fácil comercializar los subproductos separados. Los residuos separados no van al vertedero por lo que no producen contaminación.

En tercer lugar está la minimización o reducción en la producción de basuras. Aunque las estrategias disponibles para lograrlo actualmente son pocas, se requieren cambios sustantivos en las formas de distribución y comercialización de productos. La minimización tiene que ver con una serie de acciones enfocadas a generar cambios en los sistemas productivos (por ejemplo: evitar los empaques desechables) y modificaciones de fondo en los actuales patrones de consumo. La reducción implica generar menos desechos de empaques y materiales pues así las personas tirarían menos basura.

La Ley General para la Prevención y la Gestión Integral de Residuos, aprobada en el 2003, brinda un marco normativo que permite enfrentar el problema de los residuos urbanos con una gestión pública más coherente con los principios ambientales y con mayor eficiencia en el rubro administrativo. La ley ha reorientado las políticas públicas en materia de manejo de residuos hacia la gestión integral para el desarrollo sustentable a partir de un esquema de responsabilidad compartida entre las autoridades y los ciudadanos.

El reto es impulsar la gestión integral de los residuos sólidos municipales como parte de una amplia agenda municipal para el desarrollo regional sustentable. Este tipo de gestión es compleja y sólo se consolidará a partir del compromiso de los ayuntamientos y de la amplia participación ciudadana.



....


Prohibir las bolsas de plástico ¿una solución?



El 17 de marzo pasado, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó una modificación a la Ley de Residuos Sólidos en la que se prohíbe a los establecimientos comerciales regalar bolsas plásticas para empacar sus mercancías.

A pesar de que la bolsa de plástico está en todas partes, su aporte al torrente de basura que se genera a nivel municipal es apenas de 4 por ciento. Las bolsas que regalan los establecimientos mercantiles suman quizá 2 por ciento. Suponiendo que la prohibición de usarlas fuera exitosa, únicamente solucionaría una pequeña parte del problema de la basura en la Ciudad de México: 280 toneladas diarias. ¿Cómo se efectuará el manejo apropiado de las otras 13 mil 720 toneladas diarias de basura que produce el DF? Veamos la medida desde otro problema muy focalizado: los pañales desechables. En el DF se recogen cada día más de 700 toneladas de pañales usados ¿habría que prohibirlos también?

Parece evidente que se ha abusado del uso de la bolsa de plástico y ahora la encontramos en el supermercado, en la taquería, en el puesto de frutas y verduras y muchas otras partes. Recibimos bolsa sobre bolsa. Es un hecho que no queremos tantas y no sabemos que hacer con ellas, excepto tirarlas a la basura.

La prohibición refleja una buena intención por parte de los legisladores que la aprobaron, pero igualmente su ignorancia respecto a un problema sumamente complejo que no se resuelve con la promulgación de una ley que prohíbe un artículo específico.

A Estados Unidos llegó el furor del “plástico biodegradable” a principios de los años noventa. Sin embargo, duró poco cuando después de un escrutinio detallado se determinó que tales plásticos eran más un resultado de una estrategia de comercialización que un producto realmente biodegradable.

En aquel entonces se le añadían ciertos aditivos al plástico, por lo general a base de harina de maíz, que supuestamente garantizaban la biodegradación. Algunos expertos señalaron que, a final de cuentas, tales bolsas resultaban en un mayor desperdicio de plásticos pues las bolsas biodegradables eran más gruesas, de otra manera se rompían fácilmente.

Algunos estudios del profesor William Rathje (Universidad de Arizona) en rellenos sanitarios de Nueva York, Chicago, Phoenix y Tucson determinaron que las bolsas de plástico “biodegradables” se rompen y forman escamas (pedazos pequeños de plástico) en el contexto del entierro de basura, pero eso no significa que se degraden.

La conclusión es que se puede hablar mucho sobre la “biodegradación” de ciertos plásticos y otros materiales sintéticos, pero su degradación completa en las condiciones específicas de los vertederos es algo que está por demostrarse aún.

Por otra parte, el papel es un material más benigno con el ambiente y es 100 por ciento reciclable. Lo anterior quiere decir que si queremos separar y reciclar el papel lo podemos hacer sin mayor problema. Pero que un artículo o un material de papel sea reciclable, no quiere decir que será, de manera automática, reciclado por los consumidores. Si las bolsas de plástico se cambian por bolsas de papel grueso puede traer un gran beneficio. Siempre y cuando estas bolsas se separen y se reciclen. De otra forma, el impacto ambiental será negativo a la larga porque usaremos más papel y terminaremos talando más árboles para producirlo.

Las pretendidas soluciones fáciles y por decreto son una ilusión de que se puede cambiar el mundo con una frase escrita, sin hacer nada más y dejándole toda la responsabilidad a un sector específico de la sociedad: los establecimientos comerciales. El problema de la basura se solucionará con una combinación de políticas públicas novedosas, con programas sólidos de gestión, con educación y cultura ambiental, con participación ciudadana y con el compromiso de todos. Las leyes y las prohibiciones pueden jugar un papel importante en una estrategia integral de manejo sustentable de residuos. Pero por sí mismas y de manera aislada no resultan en una solución casi milagrosa a los grandes problemas que afrontamos en el manejo de las basuras. www.ecoportal.net




Gerardo Bernache Pérez

- CIESAS Occidente - Mexico - La Jornada Ecológica


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Publicado el 11 febrero 2010 - 04:26

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Basura Cero: Una alternativa sustentable



16-12-05


Por:

  

Tadeo Vargas Juvera

  

  




El problema de los residuos y su eliminación, se ha convertido en un problema global. En la mayoría de los casos los residuos se destinan a rellenos sanitarios que son manejados por los municipios o con un permiso de privatización de los mismos, la otra opción son las incineradoras, las cuales llevan un gran costo ambiental y de salud.



El problema de los residuos y su eliminación, se ha convertido en un problema global que ocasiona un gasto social importante, al igual que un gasto económico a los gobiernos y un costo ambiental para toda la población. En la mayoría de los casos los residuos se destinan a rellenos sanitarios que son manejados por los municipios a nivel local o con un permiso de privatización de los mismos, la otra opción son las incineradoras, las cuales llevan un gran costo ambiental y de salud.

Los rellenos sanitarios son grandes depósitos de metano y que sus desechos contaminan las aguas subterráneas, generalmente son al aire libre, llenando la atmósfera de gases y toxinas peligrosas. Las incineradoras, aun las llamadas de “nueva generación”, que cuentan con dispositivos para control de contaminación, emiten gases de efecto invernadero y son fuentes de metales pesados, partículas y de las cancerigenas dioxinas, estas instalaciones, los rellenos y las incineradoras envenenan el aire, el agua y el suelo.

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    No solo estas opciones llevan un costo ambiental, sino que son extremadamente costosas y el beneficio a nivel local es muy pequeño. En países altamente desarrollados como Estados Unidos el costo de la recolección de los residuos urbanos supera los 4,000 millones de dólares al año, en Asia es de 25,000 millones y se estima que esta cifra se duplicara en una generación, en Latinoamérica el costo es muy parecido al Asiático y los problemas de salud que conlleva las malas instalaciones, la poca reglamentación y su aplicación efectiva, hacen que la cifra sea aun mas alta, que en los países desarrollados.

Seguimos utilizando sistemas de tratamiento de residuos caros e insalubres que no resuelven el problema de la basura y siguen perpetuando la mentalidad del consumo y el derroche, basados en una vieja formula que necesita ya actualizar técnicas y visiones, como lo es la de reciclar y reusar y empezar a considerar a la basura como un recurso, no como un problema que hay que enterrar o quemar, ver el tema de los residuos a nivel local y global como una oportunidad de recuperar valiosos recursos, de crear conciencia de sustentabilidad y reducir la contaminación por residuos sólidos.

¿Que es Basura Cero?

El planteamiento del proyecto Basura Cero, se basa en una nueva forma de gestión de los residuos sólidos a nivel local, involucrando a los gobiernos municipales, las empresas y la sociedad civil. Se centra en afrontar el problema de los residuos desde su origen, centrándose no solo en el tratamiento de la basura para ser reciclada, sino recuperar el material orgánico y un mejor diseño de los productos para de esta forma mejorar su vida útil, implica un cambio de conciencia en muchos niveles de lo que significa basura y de la utilidad de la misma.

Esta idea parte del hecho de que el crecimiento desmesurado de los residuos de nuestra sociedad industrial, cada vez mas consumista y cada vez mas derrochadora y productora de residuos esta poniendo en peligro, la capacidad de los recursos naturales para proveer nuestras necesidades y de las generaciones futuras inmediatas, como lo son nuestros hijos y nietos. BASURA CERO es un planteamiento de una nueva filosofía que exige cambios de raíz en la forma que los residuos fluyen en nuestra sociedad, el objetivo principal de esta idea es un sistema industrial que dirija la recuperación de los residuos en vez de su eliminación, involucrando a todos los actores del problema.

¿Eliminar o Reciclar?

A diario estamos quemando, enterrando papel, metales y plásticos que si se reciclaran podríamos reducir la destrucción de los bosques, el desgaste de los suelos (erosión) y el agotamiento de los recursos minerales -el cual conlleva otro problema mas que es la industria minera de la que hablaremos en otro momento- ejemplos hay muchos, si usáramos el teléfono celular para lo que fue concebido que es comunicación telefónica celular, podríamos así duplicar si vida útil y ahorraríamos mucho en materiales altamente contaminantes que se utilizan para la construcción de estos aparatos, lo mismo con los automóviles si duplicáramos su vida útil, ahorraríamos aproximadamente 15 toneladas del material que se utiliza para la construcción, reciclar papel reduciría el uso de madera, se ahorraría en energía y con esto el proyecto de BASURA CERO jugaría un papel importante en la reducción de CO2 y la permanencia del carbono en el suelo.



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Rediseñar la producción, utilizar nuevos modelos de envases que permitan una vida útil mas larga, utilizar productos reciclados y estimularlo a diferentes niveles de participación, BASURA CERO, se podría convertir en un proyecto que aportara dividendos económicos. Programas efectivos de separación a nivel barrio, municipio y Estado, sistemas de compostaje orgánico -la materia orgánica es como mínimo el 50% de los residuos de la mayoría de los países- generarían además ingresos locales.

La responsabilidad de los productores

BASURA CERO no depende solo del reciclaje, el crecimiento de residuos sólidos, del alto volumen de basura, es el resultado de procesos industriales y mediáticos que nos llevan al derroche y al consumo de mercancía que muchas de las veces no necesitamos o que por la misma presión social no buscamos alternativas que sean ambientalmente responsables. Los pasos a seguir para acabar con el problema de los residuos sólidos se basa principalmente en la reducción de basura generada por la industria y desechada por los consumidores. La reducción en origen es la única solución y el único enfoque posible para resolver de una forma limpia y responsable el problema de la basura.

Se plantea una solución global al problema de los residuos sólidos, una solución desde el principio que se involucre desde el principio hasta el fin del proceso de la producción, incorporando además el principio de la Extensión de la Responsabilidad del Productor (ERP), que asegura que los fabricantes son los responsables del producto, su envase y embalaje durante todo el ciclo de vida del mismo, esto quiere decir que si un producto y su envase no se pueden reutilizar, reciclar o compostar, el productor debe asumir el costo de su recogida y su eliminación segura, esto solo se puede lograr con cambios en las políticas públicas que no solo obliguen a los productores a responsabilizarse de su producto y su proceso, sino que vaya mas allá y obligue a los productores a utilizar solamente productos que se pueden reciclar, reutilizar o compostear y así evitar llegar otra vez a el entierro o la quema de residuos sólidos. Prohibir el uso de productos que contengan residuos tóxicos, como pueden ser las pilas, insecticidas, lacas, etc., que suponen serios problemas a la salud y complican el tratamiento eficaz de los residuos no tóxicos o menos peligrosos. Los Gobiernos deben de asegurar que los fabricantes de estos productos sea parada y prohibida.

La clave para alcanzar BASURA CERO es la prevención, es evitar que los residuos se conviertan en problema y convertirlos en recursos, minimizar el consumo de productos envasados y regular mediante políticas públicas la practica de los productores.

¿Como llegar a BASURA CERO desde un nivel comunitario y social?

Tradicionalmente los gobiernos han optado por sistemas de tratamiento de residuos que simplemente ocultan el problema, la queman o la entierran, pero con esto el problema en vez de ser resuelto, lo agrava. La culpa de esto es en parte de las autoridades, pero la sociedad también llevamos una parte importante de esta culpa, consumimos, derrochamos, tiramos y luego nos olvidamos, pocas veces nos preguntamos que pasa con la basura, desconocemos el funcionamiento de los rellenos sanitarios o de las incineradoras y los costos de mantener estos sistemas costosos y poco efectivos. Demandamos cada vez mas productos innecesarios y los medios nos introducen una política de consumo cada vez más voraz.

Asumiendo que solo con sistemas de eliminación, reciclaje y compostaje bien organizados y proyectados, basados en la reducción en origen alcanzaremos una nueva forma de manejar los residuos mas sustentable y responsable y reconociendo el papel de las autoridades y los productores en esta nueva forma de manejar los residuos, es también responsabilidad de nosotros como sociedad civil, tomar opciones mas responsables en el consumo, regresar a lo pequeño al mercado local o los productos no procesados, serán la parte en la que nosotros podremos apoyar una idea de este tamaño, el consumo y la falta de responsabilidad con la que lo hacemos son un buena medida las causantes de los residuos.



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