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El Libro del Pueblo de Dios - Génesis - 42


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#21 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 01 septiembre 2017 - 04:49

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Génesis

 

 

23

 

 

La tumba de los Patriarcas
 
 Sara vivió ciento veintisiete años, 2 y murió en Quiriat Arbá –actualmente Hebrón– en la tierra de Canaán. Abraham estuvo de duelo por Sara y lloró su muerte. 3 Después se retiró del lugar donde estaba el cadáver, y dijo a los descendientes de Het: 4 “Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para que pueda retirar el cadáver de mi esposa y darle sepultura”. 5 Pero los descendientes de Het respondieron a Abraham: “Por favor, 6 señor, escúchanos. Tú eres un privilegiado de Dios en medio de nosotros. Sepulta a tu esposa en la mejor de nuestras tumbas, ya que ninguno de nosotros te negará un sepulcro para que la entierres”.
7 Abraham se levantó, e inclinándose profundamente ante la gente del lugar, ante los descendientes de Het, 8 les insistió, diciendo: “Si ustedes quieren realmente que yo sepulte el cadáver, háganme el favor de interceder ante Efrón, hijo de Sójar, 9 para que me venda la caverna de Macpelá, que él tiene en el extremo de su campo. Que me la ceda por su valor real, para que yo la posea como sepulcro familiar en medio de ustedes”. 10 Efrón –que estaba presente entre los descendientes de Het– teniendo por testigos a todos los que entraban por la puerta de la ciudad respondió a Abraham: 11 “No, señor, escúchame bien: yo te doy el campo y también la caverna que hay en él. Te la doy en presencia de mis compatriotas, para que entierres a tu esposa”.
12 Abraham volvió a inclinarse profundamente ante la gente del lugar, 13 y teniendo a estos por testigos, dijo a Efrón: “Si estás dispuesto a llegar a un acuerdo conmigo, te pagaré el precio del campo. Acéptalo, para que yo entierre allí a mi esposa”. 14 Entonces Efrón respondió a Abraham: “Por favor, 15 escúchame, señor. El campo vale cuatrocientos siclos de plata, pero ¿qué es esa suma para personas como tú y yo? Entierra a tu esposa”. 16 Abraham aceptó la propuesta de Efrón, y teniendo por testigos a los descendientes de Het, pesó la cantidad que aquel le había fijado: cuatrocientos siclos de plata, según la tasación corriente entre los comerciantes.
17 De este modo, el campo de Efrón en Macpelá, frente a Mamré –el campo con la caverna y todos los árboles que estaban dentro de sus límites– pasó a ser 18 propiedad de Abraham, teniendo por testigos a todos los descendientes de Het que pasaban por la puerta de la ciudad. 19 Luego Abraham enterró a Sara en la caverna del campo de Macpelá, frente a Mamré, en el país de Canaán. 20 Así adquirió Abraham a los descendientes de Het el campo y la caverna que hay en él, para tenerlo como sepulcro familiar.
 

 

 

Génesis

 

24

 

 

El matrimonio de Isaac y Rebeca

 

 

1 Abraham ya era un anciano de edad avanzada, y el Señor lo había bendecido en todo. 2 Entonces dijo al servidor más antiguo de su casa, el que le administraba todos los bienes: “Coloca tu mano debajo de mi muslo, 3 y júrame por el Señor, Dios del Cielo y de la tierra, que no buscarás una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, con los que estoy viviendo, 4 sino que irás a mi país natal, y de allí traerás una esposa para Isaac”. 5 El servidor le dijo: “Si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿debo hacer que tu hijo regrese al país de donde saliste?”. 6 “Cuídate muy bien de llevar allí a mi hijo”, replicó Abraham. 7 “El Señor, Dios del cielo, que me sacó de mi casa paterna y de mi país natal, y me prometió solemnemente dar esta tierra a mis descendientes, enviará su Ángel delante de ti, a fin de que puedas traer de allí una esposa para mi hijo. 8 Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre del juramento que me haces; pero no lleves allí a mi hijo”.

9 El servidor puso su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y le prestó juramento respecto de lo que habían hablado. 10 Luego tomó diez de los camellos de su señor, y llevando consigo toda clase de regalos, partió hacia Arám Naharaim, hacia la ciudad de Najor. 11 Allí hizo arrodillar a los camellos junto a la fuente, en las afueras de la ciudad. Era el atardecer, la hora en que las mujeres salen a buscar agua. 12 Entonces dijo: “Señor, Dios de Abraham, dame hoy una señal favorable, y muéstrate bondadoso con mi patrón Abraham. 13 Yo me quedaré parado junto a la fuente, mientras las hijas de los pobladores de la ciudad vienen a sacar agua. 14 La joven a la que yo diga: ‘Por favor, inclina tu cántaro para que pueda beber’, y que me responda: ‘Toma, y también daré de beber a tus camellos’, esa será la mujer que has destinado para tu servidor Isaac. Así reconoceré que has sido bondadoso con mi patrón”.
15 Aún no había terminado de hablar, cuando Rebeca, la hija de Betuel –el cual era a su vez hijo de Milcá, la esposa de Najor, el hermano de Abraham– apareció con un cántaro sobre el hombro. 16 Era una joven virgen, de aspecto muy hermoso, que nunca había tenido relaciones con ningún hombre. Ella bajó a la fuente, llenó su cántaro, y cuando se disponía a regresar, 17 el servidor corrió a su encuentro y le dijo: “Por favor, dame un trago de esa agua que llevas en el cántaro”. 18 “Bebe, señor”, respondió ella, y bajando el cántaro de su hombro, se apresuró a darle de beber. 19 Después que lo dejó beber hasta saciarse, añadió: “También sacaré agua hasta que tus camellos se sacien de beber”. 20 En seguida vació su cántaro en el bebedero, y fue corriendo de nuevo a la fuente, hasta que sacó agua para todos los camellos. 21 Mientras tanto, el hombre la contemplaba en silencio, deseoso de saber si el Señor le permitiría lograr su cometido o no.
22 Cuando los camellos terminaron de beber, el hombre tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo, y lo colocó en la nariz de la joven; luego le puso en los brazos dos pulseras de diez siclos. 23 Después le preguntó: “¿De quién eres hija? ¿Y hay lugar en la casa de tu padre para que podamos pasar la noche?”. 24 Ella respondió: “Soy la hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor”. 25 Y añadió: “En nuestra casa hay paja y forraje en abundancia, y también hay sitio para pasar la noche”. 26 El hombre se inclinó y adoró al Señor, 27 diciendo: “Bendito sea el Señor, Dios de mi patrón Abraham, que nunca dejó de manifestarle su amor y su fidelidad. Él ha guiado mis pasos hasta la casa de sus parientes”. 28 Entretanto, la joven corrió a llevar la noticia a la casa de su madre.
29 Rebeca tenía un hermano llamado Labán. 30 Este, apenas vio el anillo y las pulseras que traía su hermana, y le oyó contar todo lo que el hombre le había dicho, salió rápidamente y se dirigió hacia la fuente en busca de él. Al llegar, lo encontró con sus camellos junto a la fuente. 31 Entonces le dijo: “¡Ven, bendito del Señor! ¿Por qué te quedas afuera, si yo he preparado mi casa y tengo lugar para los camellos?”. 32 El hombre entró en la casa. En seguida desensillaron los camellos, les dieron agua y forraje, y trajeron agua para que él y sus acompañantes se lavaran los pies. 33 Pero cuando le sirvieron de comer, el hombre dijo: “No voy a comer, si antes no expongo el asunto que traigo entre manos”. “Habla”, le respondió Labán. 34 Él continuó: “Yo soy servidor de Abraham. 35 El Señor colmó de bendiciones a mi patrón y lo hizo prosperar, dándole ovejas y vacas, plata y oro, esclavos y esclavas, camellos y asnos. 36 Y su esposa Sara, siendo ya anciana, le dio un hijo, a quien mi patrón legó todos sus bienes. 37 Ahora bien, mi patrón me hizo prestar un juramento, diciendo: ‘No busques una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, en cuyo país resido. 38 Ve, en cambio, a mi casa paterna, y busca entre mis familiares una esposa para mi hijo’. 39 ‘¿Y si la mujer se niega a venir conmigo?’, le pregunté. 40 Pero él me respondió: ‘El Señor, en cuya presencia he caminado siempre, enviará su Ángel delante de ti, y hará que logres tu cometido, trayendo para mi hijo una esposa de mi propia familia, de mi casa paterna. 41 Para quedar libre del juramento que me haces, debes visitar primero a mis familiares. Si ellos no quieren dártela, el juramento ya no te obligará’.
42 Por eso hoy, al llegar a la fuente, dije: ‘Señor, Dios de mi patrón Abraham, permíteme llevar a cabo la misión que he venido a realizar. 43 Yo me quedaré parado junto a la fuente, y cuando salga una joven a buscar agua, le diré: Déjame beber un poco de agua de tu cántaro. 44 Y si ella me responde: Bebe, y también sacaré agua para que beban tus camellos, esa será la mujer que tú has destinado para el hijo de mi señor’. 45 Apenas terminé de decir estas cosas, salió Rebeca con un cántaro sobre el hombro. Y cuando bajó a la fuente para sacar agua, le dije: ‘Por favor, dame de beber’. 46 Ella se apresuró a bajar el cántaro de su hombro y respondió: ‘Bebe, y también daré de beber a tus camellos’. Yo bebí, y ella dio agua a los camellos. 47 Después le pregunté: ‘¿De quién eres hija?’. ‘Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor’, respondió ella. Yo le puse el anillo en la nariz y las pulseras en los brazos, 48 y postrándome, adoré y bendije al Señor, el Dios de Abraham, que me guió por el buen camino, para que pudiera llevar al hijo de mi patrón una hija de su pariente. 49 Y ahora, si ustedes están dispuestos a ofrecer a mi patrón una auténtica prueba de amistad, díganmelo; si no, díganmelo también. Así yo sabré a qué atenerme”.
50 Labán y Betuel dijeron: “Todo esto viene del Señor. Nosotros no podemos responderte ni sí ni no. 51 Ahí tienes a Rebeca: llévala contigo, y que sea la esposa de tu patrón, como el Señor lo ha dispuesto. 52 Cuando el servidor de Abraham oyó estas palabras, se postró en tierra delante del Señor. 53 Luego sacó unos objetos de oro y plata y algunos vestidos, y se los obsequió a Rebeca. También entregó regalos a su hermano y a su madre. 54 Después él y sus acompañantes comieron y bebieron, y pasaron la noche allí.
A la mañana siguiente, apenas se levantaron, el servidor dijo: “Déjenme regresar a la casa de mi patrón”. 55 El hermano y la madre de Rebeca respondieron: “Que la muchacha se quede con nosotros unos diez días más. Luego podrás irte”. 56 Pero el servidor replicó: “No me detengan, ahora que el Señor me permitió lograr mi cometido. Déjenme ir, y volveré a la casa de mi patrón”. 57 Ellos dijeron: “Llamemos a la muchacha, y preguntémosle qué opina”. 58 Entonces llamaron a Rebeca y le preguntaron: “¿Quieres irte con este hombre?”. “Sí”, respondió ella. 59Ellos despidieron a Rebeca y a su nodriza, lo mismo que al servidor y a sus acompañantes, 60 y la bendijeron, diciendo:
“Hermana nuestra, que nazcan de ti
millares y decenas de millares;
y que tus descendientes conquisten
las ciudades de sus enemigos”.
61 Rebeca y sus sirvientas montaron en los camellos y siguieron al hombre. Este tomó consigo a Rebeca, y partió.
62 Entretanto, Isaac había vuelto de las cercanías del pozo de Lajai Roí, porque estaba radicado en la región del Négueb. 63 Al atardecer salió a caminar por el campo, y vio venir unos camellos. 64 Cuando Rebeca vio a Isaac, bajó del camello 65 y preguntó al servidor: “¿Quién es ese hombre que viene hacia nosotros por el campo?”. “Es mi señor”, respondió el servidor. Entonces ella tomó su velo y se cubrió.
66 El servidor contó a Isaac todas las cosas que había hecho, 67 y este hizo entrar a Rebeca en su carpa. Isaac se casó con ella y la amó. Así encontró un consuelo después de la muerte de su madre.

 

 

 

 

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#22 Ge. Pe.

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Publicado el 04 septiembre 2017 - 06:48

Génesis

 

25

 

 

Los otros hijos de Abraham

 

 

 

1 Abraham se casó con otra mujer, llamada Queturá, 2 y esta le dio varios hijos: Zimrán, Iocsán, Medán, Madián, Isbac y Súaj. 3 Iocsán fue padre de Sebá y Dedán. Los descendientes de Dedán fueron los asuritas, los letusíes y los leumíes. 4 Los hijos de Madián fueron Efá, Efer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos estos son hijos de Queturá.
5 Abraham legó todos sus bienes a Isaac. 6 También hizo regalos a los hijos de sus otras mujeres, pero mientras vivía, los apartó de su hijo Isaac, enviándolos hacia el este, a las regiones orientales.
 
La muerte de Abraham
 
7 Abraham vivió ciento setenta y cinco años. 8 Murió a una edad muy avanzada, feliz y cargado de años, y fue a reunirse con los suyos. 9 Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la caverna de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, que está frente a Mamré. 10 Es el campo que Abraham había comprado a los descendientes de Het. Allí fueron enterrados él y su esposa Sara. 11 Después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a su hijo Isaac, y este se estableció cerca del pozo de Lajai Roí.
 
Los descendientes y la muerte de Ismael
 
12 Esta es la descendencia de Ismael –el hijo que Agar, la sirvienta egipcia de Sara, dio a Abraham– 13 con los nombres de cada uno de sus hijos, según el orden de su nacimiento: Nebaiot, el primogénito de Ismael; luego Quedar, Abdeel, Mibsám, 14 Mismá, Dumá, Masá, 15 Jadad, Temá, Ietur, Nafis y Quedmá. 16 Estos son los hijos de Ismael: doce jefes de otras tantas tribus, que dieron sus nombres al lugar donde habitaron y a sus respectivos campamentos. 17 Ismael vivió ciento treinta y siete años. Al cabo de ellos murió, y fue a reunirse con los suyos. 18 Sus descendientes habitaron desde Javilá de Sur, que está cerca de Egipto, hasta Asur. Y cada uno de ellos realizó incursiones contra todos sus hermanos.
 
ISAAC Y JACOB
 
18En las tradiciones sobre la vida de los Patriarcas, Isaac no tiene rasgos tan bien perfilados como Abraham y Jacob. Él aparece casi siempre en un segundo plano, al lado de su padre o de su hijo. Todo su destino parece estar resumido en el feliz matrimonio con Rebeca, la esposa que el Señor le había preparado para asegurar el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham.
18Jacob, el tercero de los Patriarcas, es el prototipo del luchador astuto, ambicioso y tenaz. La tradición lo presenta primero en la casa paterna, con su hermano Esaú, después en Mesopotamia, junto a su suegro Labán y a sus esposas Raquel y Lía, y luego otra vez con Esaú, en la Transjordania. En su casa paterna, suplanta a su hermano robándole el derecho a la primogenitura y la bendición paterna; en Mesopotamia, acumula una enorme fortuna a expensas de su suegro. Cuando regresa a Canaán para salvar su vida y sus bienes, lucha con Dios cuerpo a cuerpo y lo obliga a bendecirlo. Esta bendición está asociada a un cambio de nombre, que implica un cambio de misión en la vida. En adelante, él no se llamará más Jacob, sino Israel, conviertiéndose así en padre del Pueblo elegido. Más tarde, colmado de hijos y riquezas, se radica en el centro mismo de la Tierra prometida, entre Siquém y Betel.
18En la azarosa vida de Jacob, se pone en evidencia la libertad con que Dios elige los instrumentos para la realización de sus designios. El misterio de la elección divina escapa a todos los cálculos y criterios humanos, como lo recuerda san Pablo en su Carta a los Romanos (Rom. 9. 10-13).
18El nacimiento de Esaú y de Jacob
19 Esta es la descendencia de Isaac, el hijo de Abraham.
Abraham fue padre de Isaac, 20 el cual, a los cuarenta años, se casó con Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Arám, y hermana de Labán, el arameo. 21 Isaac oró al Señor por su esposa, que era estéril. El Señor lo escuchó, y su esposa Rebeca quedó embarazada. 22 Como los niños se chocaban el uno contra el otro dentro de su seno, ella exclamó: “Si las cosas tienen que ser así, ¿vale la pena seguir viviendo?”. Entonces fue a consultar al Señor, 23 y él le respondió:
“En tu seno hay dos naciones,
dos pueblos se separan desde tus entrañas:
uno será mas fuerte que el otro,
y el mayor servirá al menor”.
24 Cuando llegó el momento del parto, resultó que había mellizos en su seno. 25 El que salió primero era rubio, y estaba todo cubierto de vello, como si tuviera un manto de piel. A este lo llamaron Esaú. 26 Después salió su hermano, que con su mano tenía agarrado el talón de Esaú. Por ello lo llamaron Jacob. Cuando nacieron, Isaac tenía sesenta años.
 
Esaú vende su derecho de hijo primogénito
 
27 Los niños crecieron. Esaú se convirtió en un hombre agreste, experto en la caza. Jacob, en cambio, era un hombre apacible y apegado a su carpa. 28 Isaac quería más a Esaú, porque las presas de caza eran su plato preferido; pero Rebeca sentía más cariño por Jacob.
29 En cierta ocasión, Esaú volvió exhausto del campo, mientras Jacob estaba preparando un guiso. 30 Esaú dijo a Jacob: “Déjame comer un poco de esa comida rojiza, porque estoy extenuado”. Fue por eso que se dio a Esaú el nombre de Edóm. 31 Pero Jacob le respondió: “Dame antes tu derecho de hijo primogénito”. 32 “Me estoy muriendo”, dijo Esaú. “¿De qué me servirá ese derecho?”. 33 Pero Jacob insistió: “Júramelo antes”. Él se lo juró y le vendió su derecho de hijo primogénito. 34 Jacob le dio entonces pan y guiso de lentejas. Esaú comió y bebió; después se levantó y se fue. Así menospreció Esaú el derecho que le correspondía por ser el hijo primogénito.

 

 

 

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#23 Ge. Pe.

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Publicado el 09 septiembre 2017 - 03:48

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Genésis

 

26

 

 

Isaac en Guerar

 

 

 

1 Luego, aquella región volvió a padecer hambre –aparte de la que había padecido anteriormente, en tiempos de Abraham– e Isaac se fue a Guerar, donde estaba Abimélec, el rey de los filisteos. 2 El Señor se le apareció y le dijo: “No bajes a Egipto; quédate en el lugar que yo te indicaré. 3 Ahora residirás por un tiempo en este país extranjero, pero yo estaré contigo y te bendeciré. Porque te daré todas estas tierras, a ti y a tu descendencia, para cumplir el juramento que hice a tu padre Abraham. 4 Yo multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y le daré todos estos territorios, de manera que por ella se bendecirán todas las naciones de la tierra. 5 Haré esto en premio a la obediencia de Abraham, que observó mis órdenes y mis mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones”.
6 Mientras Isaac estaba en Guerar, 7 la gente del lugar le hacía preguntas acerca de su mujer. Pero él respondía: “Es mi hermana”. Tenía miedo de confesar que era su esposa, porque pensaba: “Esta gente es capaz de matarme a causa de Rebeca, que es muy hermosa”. 8 Ya hacía bastante tiempo que se encontraba allí, cuando Abimélec, el rey de los filisteos, al mirar por la ventana, vio que Isaac estaba acariciando a su esposa Rebeca. 9 Abimélec lo mandó llamar y le dijo: “No cabe ninguna duda: ella es tu esposa. ¿Cómo dijiste entonces que era tu hermana?”. Isaac le respondió: “Porqué pensé que podían matarme a causa de ella”. 10 Pero Abimélec replicó: “¿Qué nos has hecho? Faltó poco para que uno de nuestros hombres se acostara con tu mujer, y entonces nos habrías hecho responsables de un delito”. 11 Y Abimélec dio esta orden a todo el pueblo: “El que toque a este hombre o a su mujer será condenado a muerte”.
12 Isaac sembró en aquella región, y ese año cosechó el ciento por uno, porque el Señor lo había bendecido. 13 Así se fue enriqueciendo cada vez más, hasta que llegó a ser muy rico. 14 Adquirió ovejas, vacas y una numerosa servidumbre. Y los filisteos le tuvieron envidia.
 
Los pozos entre Guerar y Berseba
 
15 Los filisteos taparon y llenaron de tierra todos los pozos, que en tiempos de Abraham habían cavado los servidores de su padre. 16 Y Abimélec dijo a Isaac: “Aléjate de nuestro lado, porque tú has llegado a ser mucho más poderoso que nosotros”. 17 Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Guerar, donde se estableció.
18 En seguida abrió de nuevo los pozos que habían sido cavados en tiempos de su padre, y que los filisteos habían tapado después de la muerte de Abraham, y los llamó con los mismos nombres que les había dado su padre. 19 Pero cuando los servidores de Isaac, que habían estado cavando en el valle, encontraron un manantial, 20 los pastores de Guerar discutieron con los de Isaac, diciendo: “Esta agua es nuestra”. Entonces Isaac llamó a ese pozo Esec, que significa “Litigio”, porque allí habían litigado con él. 21 Después cavaron otro pozo, y volvió a producirse un altercado a causa de él. Por eso Isaac lo llamó Sitná, que significa “Hostilidad”. 22 Luego siguió avanzando, y cavó otro pozo más. Pero esta vez no hubo ningún altercado. Entonces le puso el nombre de Rejobot, que significa “Campo libre”, porque dijo: “Ahora el Señor nos ha dejado el campo libre, para que podamos prosperar en esta región”.
 
Renovación de la promesa hecha a Abraham
 
 
23 De allí subió a Berseba, 24 y esa misma noche el Señor se le apareció para decirle:
“Yo soy el Dios de Abraham, tu padre:
no temas, porque estoy contigo.
Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia,
por amor a mi servidor Abraham”.
25 Allí Isaac erigió un altar e invocó el nombre del Señor. En ese lugar estableció su campamento, y sus servidores comenzaron a cavar un pozo.
 
La alianza de Isaac con Abimélec
 
26 Mientras tanto, fue a verlo Abimélec, que venía de Guerar junto con Ajuzat, su consejero, y Picol, el jefe de su ejército. 27 Isaac les preguntó: “¿Para qué vienen a verme, si fueron ustedes los que se enemistaron conmigo y me echaron de su lado?”. 28 Ellos le respondieron: “Hemos comprobado que el Señor está contigo, y pensamos que entre tú y nosotros debe haber un acuerdo, ratificado con un juramento. Por eso, queremos hacer una alianza contigo: 29 tú no nos harás ningún daño, porque nosotros no te hemos causado ninguna molestia, sino que siempre fuimos amables contigo y te dejamos partir en paz. Tú eres ahora bendecido por el Señor”. 30 Isaac les ofreció un banquete, y ellos comieron y bebieron. 31 Al día siguiente, se levantaron de madrugada y se hicieron un juramento mutuo. Luego Isaac los despidió, y ellos se fueron como amigos.
32 Aquel mismo día, los servidores de Isaac vinieron a traerles noticias sobre el pozo que habían estado cavando, y le dijeron: “Hemos encontrado agua”. 33 Él llamó a ese pozo Sibá, que significa “Juramento”. De allí procede el nombre de la ciudad de Berseba hasta el día de hoy.
Las esposas hititas de Esaú
 
34 Cuando Esaú cumplió cuarenta años, se casó con Judit, hija de Beerí, el hitita, y con Basmat, hija de Elón, el hitita. 35 Ellas fueron una fuente de amargura para Isaac y Rebeca.
 
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#24 Ge. Pe.

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Publicado el 16 septiembre 2017 - 07:50

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Génesis

 

27

 

 

La bendición de Isaac a Jacob

 

1 Cuando Isaac envejeció, sus ojos se debilitaron tanto que ya no veía nada. Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: “¡Hijo mío!”. “Aquí estoy”, respondió él. 2 “Como ves, continuó diciendo Isaac, yo estoy viejo y puedo morir en cualquier momento. 3 Por eso, toma tus armas –tu aljaba y tu arco– ve al campo, y cázame algún animal silvestre. 4 Después prepárame una buena comida, de esas que a mí me gustan, y tráemela para que la coma. Así podré darte mi bendición antes de morir”.
5 Rebeca había estado escuchando cuando Isaac hablaba con su hijo Esaú. Y apenas este se fue al campo a cazar un animal para su padre, 6 Rebeca dijo a Jacob: “Acabo de oír que tu padre le decía a tu hermano Esaú: 7 ‘Tráeme un animal silvestre y prepárame una buena comida. Yo la comeré, y te bendeciré en la presencia del Señor antes de morir’. 8 Ahora, hijo mío, escucha bien lo que voy a ordenar. 9 Ve al corral y tráeme de allí dos cabritos bien cebados. Yo prepararé con ellos una buena comida para tu padre, de esas que le agradan a él, 10 y tú se la llevarás para que la coma. Así él te bendecirá antes de morir”.
11 Pero Jacob respondió a su madre Rebeca: “Mira que mi hermano Esaú es velludo y yo soy lampiño. 12 Si mi padre me llega a tocar, pensará que me estoy burlando de él, y entonces atraeré sobre mí una maldición, y no una bendición”. 13 “Que esa maldición caiga sobre mí, hijo mío”, le respondió su madre. “Tú obedéceme, y tráeme los cabritos”.
14 Jacob fue a buscar los cabritos, se los llevó a su madre, y ella preparó una buena comida, como le agradaba a su padre. 15 Después Rebeca tomó una ropa de su hijo mayor Esaú, la mejor que había en la casa, y se la puso a Jacob, su hijo menor; 16 y con el cuero de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello. 17 Luego le entregó la comida y el pan que había preparado.
18 Jacob se presentó ante su padre y le dijo: “¡Padre!”. Este respondió: “Sí, ¿quién eres, hijo mío?”. 19 “Soy Esaú, tu hijo primogénito, respondió Jacob a su padre, y ya hice lo que me mandaste. Por favor, siéntate y come lo que cacé, para que puedas bendecirme”. 20 Entonces Isaac le dijo: “¡Qué rápido lo has logrado, hijo mío!”. Jacob respondió: “El Señor, tu Dios, hizo que las cosas me salieran bien”. 21 Pero Isaac añadió: “Acércate, hijo mío, y deja que te toque, para ver si eres realmente mi hijo Esaú o no”. 22 Él se acercó a su padre; este lo palpó y dijo: “La voz es de Jacob, pero las manos son de Esaú”. 23 Y no lo reconoció, porque sus manos estaban cubiertas de vello, como las de su hermano Esaú. Sin embargo, cuando ya se disponía a bendecirlo, 24 le preguntó otra vez: “¿Tú eres mi hijo Esaú?”. “Por supuesto”, respondió él. 25 “Entonces sírveme, continuó diciendo Isaac, y déjame comer lo que has cazado, para que pueda darte mi bendición”. Jacob le acercó la comida, y su padre la comió; también le sirvió vino, y lo bebió. 26 Luego su padre Isaac le dijo: “Acércate, hijo mío, y dame un beso”. 27Cuando él se acercó para besarlo, Isaac percibió la fragancia de su ropa. Entonces lo bendijo diciendo:
“Sí, la fragancia de mi hijo es como el aroma de un campo que el Señor ha bendecido.
28 Que el Señor te dé el rocío del cielo, y la fertilidad de la tierra, trigo y vino en abundancia.
29 Que los pueblos te sirvan y las naciones te rindan homenaje.
Tú serás el señor de tus hermanos, y los hijos de tu madre
se inclinarán ante ti.
Maldito sea el que te maldiga, y bendito el que te bendiga”.
30 Apenas Isaac había terminado de bendecir a Jacob, en el preciso momento que este se apartaba de su padre, su hermano Esaú volvió de cazar. 31 Él también preparó una comida apetitosa y la presentó a su padre, diciendo: “Levántate, padre, y come la presa que tu hijo ha cazado. Así podrás bendecirme”. 32 Isaac, su padre, le preguntó: “Y tú, ¿quién eres?”. “Soy Esaú, tu hijo primogénito”, le respondió él. 33 Isaac quedó profundamente turbado y exclamó: “¿Quién ha sido entonces el que cazó una presa y me la trajo? Yo la comí antes que tú llegaras, lo bendije, y quedará bendecido”. 34 Al oír las palabras de su padre, Esaú lanzó un fuerte grito lleno de amargura. Luego dijo: “¡Padre, bendíceme también a mí!”. 35 Pero Isaac respondió a Esaú: “Ha venido tu hermano y, valiéndose de un engaño, se llevó tu bendición”.
36 Esaú dijo entonces: “Sí, con razón se llama Jacob. Ya van dos veces que me desplaza: primero arrebató mi condición de hijo primogénito, y ahora se ha llevado mi bendición”. Y agregó: “¿No has reservado una bendición para mí?”. 37 Isaac respondió a Esaú: “Lo he constituido tu señor y le he dado como servidores a todos sus hermanos; lo he provisto de trigo y de vino: ¿qué más puedo hacer por ti, hijo mío?”.
38 Esaú dijo a su padre: “¿Acaso tienes sólo una bendición?”. Isaac permaneció en silencio. Esaú lanzó un grito y se puso a llorar. 39 Isaac le respondió, diciéndole:
“Tu morada estará lejos de los campos fértiles y del rocío que cae del cielo.
40 Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano.
Pero cuando te rebeles, lograrás sacudir su yugo de tu cuello”.
41 Esaú sintió hacia su hermano un profundo rencor, por la bendición que le había dado su padre. Y pensó: “Pronto estaremos de duelo por mi padre. Entonces mataré a mi hermano Jacob”.
42 Cuando contaron a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor, ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor y le dijo: “Tu hermano te quiere matar para vengarse de ti. 43 Ahora, hijo mío, obedéceme. Huye inmediatamente a Jarán, a casa de mi hermano Labán, 44 y quédate con él algún tiempo, hasta que tu hermano se tranquilice, 45 hasta que se calme su ira contra ti y olvide lo que le has hecho. Después yo te mandaré a buscar. ¿Por qué voy a perderlos a los dos en un solo día?”.
 
El viaje de Jacob a Padán Arám
 
46 Rebeca dijo a Isaac: “¡Esas mujeres hititas me han quitado hasta las ganas de vivir! Si también Jacob se casa con una de esas hititas, con una nativa de este país, ¿qué me importa ya de la vida?”.


#25 Ge. Pe.

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Publicado el 19 septiembre 2017 - 03:11

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Génesis

 

28

 

 

1 Por eso, Isaac llamó a Jacob, lo bendijo, y le ordenó: “No te cases con una mujer cananea. 2 Ve ahora mismo a Padán Arám, a la casa de Betuel, tu abuelo materno, y elige para ti una mujer entre las hijas de Labán, el hermano de tu madre. 3 Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te dé una descendencia numerosa, para que seas el padre de una asamblea de pueblos. 4 Que él te dé, a ti y a tu descendencia, la bendición de Abraham, para que puedas tomar posesión de la tierra donde ahora vives como extranjero, esa tierra que Dios concedió a Abraham”. 5 Luego Isaac despidió a Jacob, y este se fue a Padán Arám, a casa de Labán, hijo de Betuel, el arameo, y hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.
El otro casamiento de Esaú
 
6 Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padán Arám para que se buscara allí una esposa. Vio, asimismo, que al bendecirlo le había dado esta orden: “No te cases con una mujer cananea”, 7 y que Jacob, obedeciendo a su padre y a su madre, se había ido a Padán Arám. 8 Entonces comprendió cuánto disgustaban a su padre Isaac las mujeres cananeas. 9 Por eso acudió a Ismael, el hijo de Abraham, y tomó por esposa –además de las que ya tenía– a Majalat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot.
 
El sueño de Jacob en Betel
 
10 Jacob partió de Berseba y se dirigió hacia Jarán. 11 De pronto llegó a un lugar, y se detuvo en él para pasar la noche, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso como almohada y se acostó allí. 12 Entonces tuvo un sueño: vio una escalinata que estaba apoyada sobre la tierra, y cuyo extremo superior tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban ángeles de Dios. 13 Y el Señor, de pie junto a él, le decía: “Yo soy el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra donde estás acostado. 14 Tu descendencia será numerosa como el polvo de la tierra; te extenderás hacia el este y el oeste, el norte y el sur; y por ti y tu descendencia, se bendecirán todas las familias de la tierra. 15 Yo estoy contigo: te protegeré dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta haber cumplido todo lo que te prometo”.
16 Jacob se despertó de su sueño y exclamó: “¡Verdaderamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía!”. 17 Y lleno de temor, añadió: “¡Qué temible es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo”. 18 A la madrugada del día siguiente, Jacob tomó la piedra que le había servido de almohada, la erigió como piedra conmemorativa, y derramó aceite sobre ella. 19 Y a ese lugar, que antes se llamaba Luz, lo llamó Betel, que significa “Casa de Dios”. 20 Luego Jacob hizo este voto: “Si Dios me acompaña y me protege durante el viaje que estoy realizando, si me da pan para comer y ropa para vestirme, 21 y si puedo regresar sano y salvo a la casa de mi padre, el Señor será mi Dios. 22 Y esta piedra conmemorativa que acabo de erigir, será la casa de Dios. Además, le pagaré el diezmo de todo lo que me dé”.


#26 Ge. Pe.

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Publicado el 21 septiembre 2017 - 03:08

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Génesis

 

29

 

 

 

 

Jacob en casa de Labán

 

 

 

1 Jacob reanudó la marcha y se fue al país de los Orientales. 2 Allí vio un pozo en medio del campo, junto al cual estaban tendidos tres rebaños de ovejas, porque en ese pozo daban de beber al ganado. La piedra que cubría la boca del pozo era muy grande. 3 Solamente cuando estaban reunidos todos los pastores, podían correrla para dar de beber a los animales. Luego la volvían a poner en su lugar, sobre la boca del pozo.
4 Jacob dijo a los pastores: “Hermanos, ¿de dónde son ustedes?”. “Somos de Jarán”, respondieron. 5 Él añadió: “¿Conocen a Labán, hijo de Najor?”. “Sí”, dijeron ellos. 6 Él volvió a preguntarles: “¿Se encuentra bien?”. “Muy bien”, le respondieron. “Precisamente, ahí viene su hija Raquel con el rebaño”. 7 Entonces él les dijo: “Aún es pleno día; todavía no es hora de entrar los animales. ¿Por qué no les dan de beber y los llevan a pastar?”. 8 “No podemos hacerlo, dijeron ellos, hasta que no se reúnan todos los pastores y hagan rodar la piedra que está sobre la boca del pozo. Sólo entonces podremos dar de beber a los animales”.
9 Todavía estaba hablando con ellos, cuando llegó Raquel, que era pastora, con el rebaño de su padre. 10 Apenas Jacob vio a Raquel, la hija de su tío Labán, que traía el rebaño, se adelantó, hizo rodar la piedra que cubría la boca del pozo, y dio de beber a las ovejas de su tío. 11 Después besó a Raquel y lloró de emoción. 12 Entonces le contó que él era pariente de Labán –por ser hijo de Rebeca– y ella fue corriendo a comunicar la noticia a su padre. 13 Labán, por su parte, al oír que se trataba de Jacob, el hijo de su hermana, corrió a saludarlo; lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Y cuando Jacob le contó todo lo que había sucedido, 14 Labán le dijo: “Realmente, tú eres de mi misma sangre”.
 
Las dos esposas de Jacob
 
Después que Jacob pasó un mes entero en compañía de Labán, 15 este le dijo: “¿Acaso porque eres pariente mío me vas a servir gratuitamente? Indícame cuál debe ser tu salario”. 16 Ahora bien, Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía, y la menor, Raquel. 17 Lía tenía una mirada tierna, pero Raquel tenía una linda silueta y era muy hermosa. 18 Y como Jacob se había enamorado de Raquel, respondió: “Te serviré durante siete años, si me das por esposa a Raquel, tu hija menor”. 19 “Mejor es dártela a ti que a un extraño”, asintió Labán. “Quédate conmigo”. 20 Y Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, pero le parecieron unos pocos días, por el gran amor que le tenía.
21 Después Jacob dijo a Labán: “Dame a mi esposa para que pueda unirme con ella, porque el plazo ya se ha cumplido”. 22 Labán reunió a toda la gente del lugar e hizo una fiesta. 23 Pero al anochecer, tomó a su hija Lía y se la entregó a Jacob. Y Jacob se unió a ella. 24 Además, Labán destinó a su esclava Zilpá, para que fuera sirvienta de su hija Lía. 25 A la mañana siguiente, Jacob reconoció a Lía. Entonces dijo a Labán: “¿Qué me has hecho? ¿Acaso yo no te serví para poder casarme con Raquel? ¿Por qué me engañaste?”. 26 Pero Labán le respondió: “En nuestro país no se acostumbra a casar a la menor antes que a la mayor. 27 Por eso, espera que termine la semana de esta fiesta nupcial, y después te daré también a Raquel, como pago por los servicios que me prestarás durante otros siete años”.
28 Jacob estuvo de acuerdo: esperó que concluyera esa semana, y después, Labán le dio como esposa a su hija Raquel. 29 Además, Labán destinó a su esclava Bilhá, para que fuera sirvienta de su hija Raquel. 30 Jacob se unió a ella, y la amó más que a Lía. Y estuvo al servicio de Labán siete años más.
 
Los hijos de Lía
 
31 Cuando el Señor vio que Lía no era amada, la hizo fecunda, mientras que Raquel permaneció estéril. 32 Lía concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Rubén, porque dijo: “El Señor ha visto mi aflicción; ahora sí que mi esposo me amará”. 33 Luego volvió a concebir, y tuvo otro hijo. Entonces exclamó: “El Señor se dio cuenta de que yo no era amada, y por eso me dio también a este”. Y lo llamó Simeón. 34 Después concibió una vez más, y cuando dio a luz, dijo: “Ahora mi marido sentirá afecto por mí, porque le he dado tres hijos”. Por eso lo llamó Leví. 35Finalmente, volvió a concebir y a tener un hijo. Entonces exclamó: “Esta vez alabaré al Señor”, y lo llamó Judá. Después dejó de tener hijos.


#27 Ge. Pe.

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Publicado el 22 septiembre 2017 - 05:16

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Génesis

 

30

 

 

Los hijos de Bilhá

 

 

1 Al ver que no podía dar hijos a Jacob, Raquel tuvo envidia de su hermana, y dijo a su marido: “Dame hijos, porque si no, me muero”. 2 Pero Jacob, indignado, le respondió: “¿Aca-so yo puedo hacer las veces de Dios, que te impide ser madre?”. 3 Ella añadió: “Aquí tienes a mi esclava Bilhá. Únete a ella, y que dé a luz sobre mis rodillas. Por medio de ella, también yo voy a tener hijos”. 4 Así le dio por mujer a su esclava Bilhá. Jacob se unió a ella, 5 y cuando Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob, 6 Raquel dijo: “Dios me hizo justicia: él escuchó mi voz y me ha dado un hijo”. Por eso lo llamó Dan. 7 Des-pués Bilhá, la esclava de Raquel, volvió a concebir y dio un segundo hijo a Jacob. 8 Entonces Raquel dijo: “Sostuve con mi hermana una lucha muy grande, pero al fin he vencido”. Y lo llamó Neftalí.
 
Los hijos de Zilpá
 
9 Lía, por su parte, viendo que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio como mujer a Jacob. 10 Cuando Zilpá, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob, 11 Lía exclamó: “¡Qué suerte!”. Y lo llamó Gad. 12 Después Zilpá, la esclava de Lía, dio otro hijo a Jacob. 13 Lía dijo entonces: “¡Qué felicidad! Porque todas las mujeres me felicitarán”. Y lo llamó Aser.
 
Los otros hijos de Lía
 
14 Rubén salió una vez mientras se estaba cosechando el trigo, y encontró en el campo unas mandrágoras, que luego entregó a su madre. Entonces Raquel dijo a Lía: “Por favor, dame algunas de esas mandrágoras que trajo tu hijo”. 15 Pero Lía respondió: “¿No te basta con haberme quitado a mi marido, que ahora quieres arrebatarme también las mandrágoras de mi hijo?”. “Está bien, respondió Raquel, que esta noche duerma contigo, a cambio de las mandrágoras de tu hijo”.
16 Al atardecer, cuando Jacob volvía del campo, Lía salió a su encuentro y le dijo: “Tienes que venir conmigo, porque he pagado por ti las mandrágoras que encontró mi hijo”. Aquella noche Jacob durmió con ella, 17 y Dios la escuchó, porque concibió una vez más, y dio a Jacob un quinto hijo. 18 Entonces Lía exclamó: “Dios me ha recompensado, por haber dado mi esclava a mi marido”. Y lo llamó Isacar.
19 Luego Lía volvió a concebir y dio un sexto hijo a Jacob. 20 “Dios me hizo un precioso regalo”, dijo Lía. “Esta vez mi marido me honrará, porque le he dado seis hijos”. Y lo llamó Zabulón. 21 Finalmente tuvo una hija, a la que llamó Dina.
 
El primer hijo de Raquel
 
22 Dios también se acordó de Raquel, la escuchó e hizo fecundo su seno. 23 Ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces exclamó: “Dios ha borrado mi afrenta”. 24 Y lo llamó José, porque dijo: “Que el Señor me conceda un hijo más”.
 
El enriquecimiento de Jacob
 
25 Después que Raquel dio a luz a José, Jacob dijo a Labán: “Déjame volver a mi casa y a mi país. 26 Dame a mis mujeres, por las que te he servido, y a mis hijos, para que pueda irme. Porque tú sabes muy bien cuánto trabajé por ti”. 27 Pero Labán le respondió: “Si quieres hacerme un favor, quédate conmigo. Yo he llegado a saber, por medio de la adivinación, que el Señor me bendijo gracias a ti. 28 Por eso, siguió diciendo, fíjame tú mismo el salario que debo pagarte”. 29 Entonces Jacob añadió: “Tú sabes bien cómo te he servido, y cómo prosperó tu hacienda gracias a mis cuidados. 30 Lo poco que tenías antes que yo llegara se ha acrecentado enormemente, ya que el Señor te bendijo gracias a mí. Pero ya es hora de que también haga algo por mi propia casa”.
31 “¿Qué debo darte en pago?”, preguntó Labán. Y Jacob respondió: “No tendrás que pagarme nada. Si haces lo que te voy a proponer, yo volveré a apacentar tu rebaño y a ocuparme de él. 32 Revisa hoy mismo todo tu rebaño, y aparta de él todas las ovejas negras y todas las cabras moteadas o manchadas. Ese será mi salario. 33 Y más adelante, cuando tú mismo vengas a verificar mis ganancias, mi honradez responderá por mí: si llego a tener en mi poder alguna cabra que no sea manchada o moteada, o alguna oveja que no sea negra, eso será un robo que yo he cometido”. 34 “Está bien, dijo Labán, que sea como tú dices”.
35 Pero aquel mismo día, Labán separó los chivos rayados y moteados, todas las cabras manchadas y moteadas –todo lo que tenía una mancha blanca– y todos los corderos negros, y los confió al cuidado de sus hijos. 36 Después interpuso entre él y Jacob una distancia de tres días de camino. Mientras tanto, Jacob apacentaba el resto del rebaño de Labán.
37 Jacob tomó unas ramas verdes de álamo, almendro y plátano, y trazó en ellas unas franjas blancas, dejando al descubierto la parte blanca de las ramas. 38 Luego puso frente a los animales, en los bebederos o recipientes de agua donde iba a beber el rebaño, las ramas que había descortezado. Y cuando los animales iban a beber, entraban en celo. 39 De esta manera, se unían delante de las ramas y así tenían crías rayadas, moteadas o manchadas. 40 Además, Jacob separó a los carneros y los puso frente a los animales rayados y negros del rebaño de Labán. Así pudo formar sus propios rebaños, que mantuvo separados de los rebaños de Labán. 41 Y cuando los animales que entraban en celo eran robustos, Jacob ponía las ramas en los bebederos, bien a la vista de los animales, para que se unieran delante de las ramas; 42 pero cuando los animales eran débiles, no las ponía. Así los animales robustos eran para Jacob, y los débiles para Labán.
43 De esta manera Jacob se hizo extremadamente rico, y llegó a tener una gran cantidad de ganado, de esclavos, esclavas, camellos y asnos.


#28 Ge. Pe.

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Publicado el 26 septiembre 2017 - 05:58

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Génesis

 

31

 

 

La huida de Jacob
 

4 Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía para que fueran a encontrarse con él en el campo donde estaba el rebaño, 5 y les dijo: “He advertido que el padre de ustedes ya no se comporta conmigo como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 6 Ustedes saben muy bien que yo puse todo mi empeño en servir a mi suegro. 7 Sin embargo, él se ha burlado de mí y ha cambiado diez veces mi salario. Pero Dios no le ha permitido que me hiciera ningún mal. 8 Si él establecía: ‘Los animales manchados serán tu salario’, todo el rebaño tenía crías manchadas; y si él decía: ‘Los animales rayados serán tu paga’, todo el rebaño tenía crías rayadas. 9 Así Dios lo despojó de su ganado y me lo dio a mí. 10 Una vez, durante el período en que el rebaño entra en celo, yo tuve un sueño. De pronto vi que los chivos que cubrían a las cabras eran rayados, manchados o moteados. 11 Y en el sueño, el Ángel de Dios me llamó: ‘¡Jacob!’. ‘Aquí estoy’, le respondí. 12 Entonces él me dijo: ‘Fíjate bien: todos los chivos que cubren a las cabras son rayados, manchados o moteados, porque yo me he dado cuenta de todo lo que te hizo Labán. 13 Yo soy el Dios que se te apareció en Betel, allí donde tú ungiste una piedra conmemorativa y me hiciste un voto. Ahora levántate, sal de este país, y regresa a tu tierra natal’”.1 Jacob se enteró de que los hijos de Labán andaban diciendo: “Jacob se ha apoderado de todos los bienes de nuestro padre, y a expensas de él ha conseguido toda esta riqueza”. 2 Y también advirtió que la actitud de Labán para con él ya no era la misma de antes. 3 Entonces el Señor le dijo: “Vuelve a la tierra de tus padres y de tu familia, yo estaré contigo”.
14 Raquel y Lía le respondieron diciendo: “¿Tenemos todavía una parte y una herencia en la casa de nuestro padre? 15 ¿Acaso no nos ha tratado como a extrañas? No sólo nos ha vendido, sino que además se ha gastado el dinero que recibió por nosotras. 16 Sí, toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos. Procede como Dios te lo ha ordenado”.
17 Inmediatamente Jacob hizo montar en los camellos a sus hijos y a sus mujeres, 18 y se llevó todo su ganado y todos sus bienes –el ganado de su propiedad, que había adquirido en Padán Arám– para ir a la tierra de Canaán, donde se encontraba Isaac, su padre. 19 Como Labán estaba ausente, esquilando sus ovejas, Raquel se adueñó de los ídolos familiares que pertenecían a su padre. 20 Y Jacob engañó a Labán, el arameo, porque huyó sin decirle una palabra. 21 Así escapó Jacob con todo lo que tenía, y apenas estuvo al otro lado del Éufrates, se dirigió hacia la montaña de Galaad.
 
La persecución de Labán a Jacob
 
22 Al tercer día notificaron a Labán que Jacob había huido. 23 Labán reunió a sus parientes y lo persiguió durante siete días, hasta que al fin lo alcanzó en la montaña de Galaad. 24 Pero esa misma noche, Dios se apareció en sueños a Labán, el arameo, y le dijo: “Cuidado con entrometerte para nada en los asuntos de Jacob”.
25 Cuando Labán alcanzó a Jacob, este había instalado su campamento en la montaña. Labán, por su parte, acampó en la montaña de Galaad. 26 Labán dijo entonces a Jacob: “¿Qué has hecho? ¡Me has engañado y te has llevado a mis hijas como prisioneras de guerra! 27 ¿Por qué has huido ocultamente y me has engañado? Si me hubieras avisado, yo te habría despedido con una fiesta, con cantos y con música de tambores y liras. 28 Pero tú ni siquiera me has permitido saludar con un beso a mis nietos y a mis hijas. Realmente te has comportado como un insensato. 29 Yo tengo poder suficiente para hacerles una mala jugada a todos ustedes. Sin embargo, ayer por la noche, el Dios de tu padre me dijo: ‘Cuidado con entrometerte para nada en los asuntos de Jacob’. 30 De todas maneras, está bien: tú te has ido porque añorabas tu casa paterna. Pero ¿por qué robaste mis dioses?”.
31 “Yo estaba atemorizado, respondió Jacob a Labán, pensando que podías quitarme a tus hijas. 32 Y en lo que respecta a tus dioses, si llegas a encontrarlos en poder de alguno de nosotros, ese no quedará con vida. Revisa bien, en presencia de nuestros hermanos, a ver si hay aquí algo que te pertenece, y llévatelo”. Por supuesto, Jacob ignoraba que Raquel los había robado.
33 Labán entró en la carpa de Jacob, en la de Lía, y en la de las dos esclavas, y no encontró nada. Al salir de la carpa de Lía, entró en la de Raquel. 34 Pero Raquel había tomado los ídolos, los había guardado en la montura del camello y se había sentado encima de ellos. Después que Labán registró toda la carpa sin obtener ningún resultado, 35 Raquel dijo a su padre: “Que mi señor no lo tome a mal; pero no puedo ponerme de pie ante él, porque me sucede lo que es habitual en las mujeres”. Y por más que buscó, no logró encontrar los ídolos.
36 Jacob se llenó de indignación, y reprochó a Labán diciéndole: “¿Qué delito o falta he cometido para que me acoses de esa manera? 37 Acabas de registrar todas mis cosas y no has encon- trado un solo objeto que te pertenezca. Si lo has encontrado, colócalo aquí, delante de tu gente y de la mía, y que ellos decidan quién de nosotros tiene razón. 38 En los veinte años que estuve contigo, tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, y jamás me comí los carneros de tu rebaño. 39 Nunca te llevé un animal despedazado por las fieras: yo mismo debía reparar la pérdida, porque tú me reclamabas lo que había sido robado tanto de día como de noche. 40 De día me consumía el calor, y de noche, la helada; y el sueño huía de mis ojos. 41 De los veinte años que pasé en tu casa, catorce trabajé por tus dos hijas, y seis por tu rebaño, y tú me cambiaste el salario diez veces. 42 Y si el Dios de mi padre –el Dios de Abraham y el Terror de Isaac– no hubiera estado de mi parte, me habrías despedido con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi opresión y mi fatiga, y ayer por la noche pronunció su fallo”.
 
La alianza de Jacob con Labán
 
43 Labán replicó a Jacob: “Estas mujeres son mis hijas, y estos muchachos, mis nietos; y también es mío el rebaño. Todo lo que ves me pertenece. Pero ¿qué puedo hacer ahora contra mis hijas y mis nietos? 44 Por eso, hagamos una alianza, y que haya un testigo entre tú y yo”.
45 Entonces Jacob tomó una piedra y la erigió como piedra conmemorativa. 46 Labán por su parte, dijo a sus hermanos: “Recojan unas piedras”. Ellos las recogieron, las amontonaron y comieron allí, sobre el montón de piedras. 47 Y Labán le puso el nombre de Iegar Sahadutá, mientras que Jacob lo llamó Galed. 48 Después Labán declaró: “Este montón de piedras será siempre un testigo entre tú y yo, como lo es ahora”. Por eso lo llamó Galed. 49 Además, le puso el nombre de Mispá, porque dijo: “Que el Señor nos vigile a los dos, cuando estemos lejos el uno del otro: 50 si tú maltratas a mis hijas o te unes a otras mujeres además de ellas –aunque no haya nadie entre nosotros– recuerda que Dios está como testigo entre tú y yo”. 51 Luego añadió: “Mira este montón de piedras, y mira la piedra conmemorativa que yo erigí entre tú y yo: 52 una y otra cosa serán testigos de que ninguno de los dos iremos más allá de este montón de piedras y de esta piedra conmemorativa, con malas intenciones. 53 Que el Dios de Abraham y el Dios de Najor sea nuestro juez”. Entonces Jacob prestó un juramento por el Terror de Isaac.


#29 Ge. Pe.

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Publicado el 03 octubre 2017 - 06:12

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Génesis

 

32

 

 

 

 

 

1 A la madrugada del día siguiente, Labán abrazó a sus nietos y a sus hijas, los bendijo, y regresó a su casa, 2 mientras que Jacob prosiguió su camino. De pronto, le salieron al paso unos ángeles de Dios. 3 Al verlos, Jacob exclamó: “Este es un campamento de Dios”. Por eso dio a ese lugar el nombre de Majanaim.
 
Los preparativos de Jacob para su encuentro con Esaú
 
4 Después Jacob envió unos mensajeros a su hermano Esaú –que vivía en la región de Seír, en las estepas de Edóm– 5 dándoles esta orden: “Digan a mi señor Esaú: Así habla tu servidor Jacob: Fui a pasar un tiempo a la casa de Labán, y me quedé allí hasta ahora. 6 Poseo bueyes, asnos, ovejas, esclavos y esclavas. Mando a informar de esto a mi señor, con la esperanza de que me reciba amigablemente”.
7 Pero los mensajeros regresaron con esta noticia: “Fuimos a ver a tu hermano Esaú, y ahora viene a tu encuentro acompañado de cuatrocientos hombres”. 8 Jacob sintió un gran temor y se llenó de angustia. Entonces dividió a la gente que lo acompañaba en dos grupos, y lo mismo hizo con las ovejas, las vacas y los camellos, 9 porque pensó: “Si Esaú acomete contra uno de los grupos y lo destruye, el otro quedará a salvo”. 10 Después pronunció esta oración: “Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, Señor, que me dijiste: ‘Regresa a tu tierra natal y seré bondadoso contigo’, 11 yo soy indigno de las gracias con que has favorecido constantemente a tu servidor. Porque cuando crucé el Jordán, no tenía nada más que mi bastón, y ahora he podido formar dos campamentos. 12 Te ruego que me libres de la amenaza de mi hermano Esaú, porque tengo miedo de que él venga y nos destruya, sin perdonar a nadie. 13 Tú mismo has afirmado: ‘Yo seré bondadoso contigo y haré que tu descendencia sea una multitud incontable como la arena del mar’”.
14 Después de pasar la noche en aquel lugar, Jacob tomó una parte de los bienes que tenía a mano, para enviarlos como obsequio a su hermano Esaú. 15 Eran doscientas cabras y veinte chivos, doscientas ovejas y veinte carneros, 16 treinta camellas con sus crías, cuarenta vacas y diez toros, veinte asnas y diez asnos. 17 Luego confió a sus servidores cada manada por separado, y les dijo: “Sigan adelante, pero dejen un espacio libre entre una manada y la otra”. 18 Y al que iba al frente le dio esta orden: “Cuando mi hermano Esaú te salga al paso y te pregunte: ‘¿Quién es tu patrón? ¿Adónde vas? ¿Y quién es el dueño de todo eso que está delante de ti?’, 19 tú le responderás: ‘Todo esto pertenece a tu servidor Jacob: es un regalo que él envía a mi señor Esaú. Detrás de nosotros viene él personalmente’”. 20 Jacob dio esa misma orden al segundo, y al tercero, y a todos los demás que iban detrás de las manadas diciéndoles: “Cuando se encuentren con mi hermano Esaú, díganle todo esto. 21 Y tengan cuidado de añadir: ‘Detrás de nosotros viene tu servidor Jacob personalmente’”. Porque pensaba: “Lo aplacaré con los regalos que me preceden y después me presentaré yo; tal vez así me reciba bien”. 22 Y aquella noche Jacob permaneció en el campamento, mientras sus regalos iban delante de él.
 
La lucha misteriosa de Jacob
 
23 Aquella noche, Jacob se levantó, tomó a sus dos mujeres, a sus dos sirvientas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Iaboc. 24 Después que los hizo cruzar el torrente, pasó también todas sus posesiones.
25 Entonces se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. 26 Al ver que no podía dominar a Jacob, lo golpeó en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob se dislocó mientras luchaban. 27 Luego dijo: “Déjame partir, porque ya está amaneciendo”. Pero Jacob replicó: “No te soltaré si antes no me bendices”. 28 El otro le preguntó: “¿Cómo te llamas?”, “Jacob”, respondió. 29 Él añadió: “En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”. 30 Jacob le rogó: “Por favor, dime tu nombre”. Pero él respondió: “¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?”. Y allí mismo lo bendijo.
31 Jacob llamó a aquel lugar con el nombre de Peniel, porque dijo: “He visto a Dios cara a cara, y he salido con vida”. 32 Mientras atravesaba Peniel, el sol comenzó a brillar, y Jacob iba rengueando del muslo. 33Por eso los israelitas no comen hasta el presente el nervio ciático que está en la articulación del fémur, porque Jacob fue tocado en la articulación del fémur, en el nervio ciático.


#30 Ge. Pe.

Ge. Pe.

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Publicado el 05 octubre 2017 - 07:04

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  Génesis

 

33

 

 

 

 

El encuentro de Jacob con Esaú

 

 

33 33 1 Jacob alzó los ojos, y al ver que Esaú venía acompañado de cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lía, Raquel y las dos esclavas. 2 Puso al frente a las esclavas con sus niños, luego a Lía y a sus hijos, y por último a Raquel y a José. 3 Después se adelantó él personalmente, y antes de enfrentarse con su hermano, se postró en tierra siete veces. 4 Pero Esaú corrió a su encuentro, lo estrechó entre sus brazos, y lo besó llorando. 5 Luego dirigió una mirada a su alrededor, y al ver a las mujeres y a los niños, preguntó: “¿Quiénes son estos que están contigo?”. “Son los hijos que Dios ha concedido a tu servidor”, respondió Jacob. 6 Entonces se le acercaron las esclavas con sus hijos y se postraron ante él. 7 Inmediatamente vino Lía con sus hijos, y también se postraron. Por último se adelantaron José y Raquel, e hicieron lo mismo.
8 Esaú preguntó: “¿Qué intentabas hacer con todo ese ganado que me salió al paso?”. “Lograr que mi señor me diera la bienvenida”, respondió Jacob. 9 Pero Esaú añadió: “Ya tengo bastante, querido hermano. Quédate con lo que es tuyo”. 10 “No, le dijo Jacob; si quieres hacerme un favor, acepta el regalo que te ofrezco, porque ver tu rostro ha sido lo mismo que ver el rostro de Dios, ya que me has recibido tan afectuosamente. 11 Toma el obsequio que te ha sido presentado, porque Dios me ha favorecido y yo tengo todo lo necesario”. Y ante tanta insistencia, Esaú aceptó.
 
La separación de Jacob y Esaú
 
12 Después Esaú continuó diciendo: “Vámonos de aquí, y yo te serviré de escolta”. 13 Pero Jacob respondió: “Mi señor sabe que los niños son delicados. Además, las ovejas y las vacas han tenido cría, y yo debo velar por ellas. Bastará con exigirles un solo día de marcha forzada, para que muera todo el rebaño. 14 Tú sigue adelante, mientras yo avanzo lentamente, al paso de la caravana que me va precediendo, y al paso de los niños. Luego te alcanzaré en Seír”. 15 Esaú dijo entonces: “Permíteme al menos que ponga a tu disposición una parte de los hombres que me acompañan”. “¿Para qué?”, respondió Jacob. “Basta que seas benévolo conmigo”.
16 Aquel mismo día, Esaú emprendió el camino de regreso a Seír, 17 mientras que Jacob siguió avanzando hasta Sucot. Allí edificó una casa para él, y chozas para el ganado. Fue por eso que se dio a ese lugar el nombre de Sucot, que significa “Chozas”.
 
La llegada de Jacob a Siquém
 
18 A su regreso de Padán Arám, Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquém, que está en la tierra de Canaán, y acampó a la vista de la ciudad. 19 Después compró a los hijos de Jamor, el padre de Siquém, por cien monedas de plata, la parcela de campo donde había instalado su campamento. 20 Allí erigió un altar, al que llamó “Dios, Dios de Israel”.
 
 
 
 
34
 
 
 

El rapto y la violación de Dina

 

 

 

 
1 Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió una vez a mirar a las mujeres del país. 2 Cuando la vio Siquém –que era hijo de Jamor, el jivita, príncipe de aquella región– se la llevó y abusó de ella. 3 Pero después se sintió atraído por la muchacha y se enamoró de ella, de manera que trató de ganarse su afecto. 4 Además, dijo a su padre Jamor: “Consígueme a esa muchacha para que sea mi esposa”. 5 Jacob, por su parte, se enteró de que Siquém había violado a su hija Dina, pero como sus hijos estaban en el campo, cuidando el ganado, no dijo nada hasta su regreso.
6 Entonces Jamor, el padre de Siquém, fue a encontrarse con Jacob para conversar con él. 7 En ese momento, volvieron del campo los hijos de Jacob, y cuanto tuvieron noticia de lo ocurrido, se disgustaron profundamente y se enfurecieron, porque al abusar de la hija de Jacob, Siquém había cometido una infamia contra Israel, y eso no se debe hacer. 8 Pero Jamor les habló en estos términos: “Mi hijo Siquém está realmente enamorado de esta muchacha. Permítanle casarse con ella. 9 Conviértanse en parientes nuestros: ustedes nos darán a sus hijas, y obtendrán en cambio las nuestras. 10 Así podrán vivir entre nosotros y tendrán el país a su disposición para instalarse en él, para recorrerlo libremente y adquirir propiedades”. 11 Después Siquém dijo al padre y a los hermanos de la muchacha: “Si me hacen este favor, yo les daré lo que me pidan. 12 Aunque me exijan a cambio de ella un precio muy elevado, les pagaré lo que ustedes digan. Pero dejen que me case con la muchacha”.
13 Sin embargo, como su hermana había sido ultrajada, los hijos de Jacob resolvieron engañar a Siquém y a su padre Jamor, 14 diciéndoles: “No podemos hacer semejante cosa, porque sería para nosotros una vergüenza entregar nuestra hermana a un incircunciso. 15 Aceptaremos solamente con esta condición: que ustedes se hagan iguales a nosotros, circuncidando a todos sus varones. 16 Entonces podremos darles a nuestras hijas y casarnos con las de ustedes, vivir entre ustedes y formar un solo pueblo. 17 Si no llegan a un acuerdo con nosotros en lo que se refiere a la circuncisión, tomaremos a nuestra hermana y nos iremos”. 18 La propuesta pareció razonable a Jamor y a su hijo Siquém, 19 y el joven no dudó un instante en satisfacer esa demanda, tanto era el cariño que sentía por la hija de Jacob. Además, él era el más respetado entre los miembros de su familia.
20 Entonces Jamor y su hijo Siquém se presentaron en la puerta de la ciudad, y hablaron a todos sus conciudadanos en los siguientes términos: 21 “Estos hombres son nuestros amigos. Dejen que se instalen en el país y que puedan recorrerlo libremente; aquí hay bastante espacio para ellos. Nosotros nos casaremos con sus hijas, y les daremos en cambio a las nuestras. 22Pero esta gente accederá a permanecer con nosotros y a formar un solo pueblo, únicamente con esta condición: que todos nuestros varones se hagan circuncidar, igual que ellos. 23 ¿Acaso no van a ser nuestros su ganado, sus posesiones y todos sus animales? Pongámonos de acuerdo con ellos, y que se queden con nosotros”. 24 Todos los que se reunían en la puerta de la ciudad accedieron a la propuesta de Jamor y de su hijo Siquém, y todos se hicieron circuncidar.
 
La venganza de Simeón y Leví contra Siquém
 
25 Al tercer día, cuando todavía estaban convalecientes, Simeón y Leví, dos de los hijos de Jacob, hermanos de Dina, empuñaron cada uno su espada, entraron en la ciudad sin encontrar ninguna resistencia, y mataron a todos los varones. 26 También pasaron al filo de la espada a Jamor y a su hijo Siquém, rescataron a Dina, que estaba en la casa de Siquém, y se fueron. 27 Los hijos de Jacob pasaron sobre los cadáveres y saquearon la ciudad, en represalia por el ultraje cometido contra su hermana Dina. 28 Se apoderaron de sus ovejas, de sus vacas, de sus asnos, y de todo lo que había dentro y fuera de la ciudad, 29 y de todos sus bienes. Se llevaron cautivos a todos los niños y a las mujeres, y saquearon todo lo que había en las casas.
30 Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: “Ustedes me han puesto en un grave aprieto, haciéndome odioso a los cananeos y perizitas que habitan en este país. Yo dispongo de pocos hombres, y si ellos se unen contra mí y me atacan, seré aniquilado con toda mi familia”. 31 Pero ellos replicaron: “Y nuestra hermana, ¿debía ser tratada como una prostituta?”.

 



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Génesis

 

35

 

Nueva visita de Jacob a Betel
 
 
1 Dios dijo a Jacob: “Sube a Betel y permanece allí. Levanta allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú”. 2 Entonces Jacob dijo a sus familiares y a todos los demás que estaban con él: “Dejen de lado todos los dioses extraños que tengan con ustedes, purifíquense y cámbiense de ropa. 3 Ahora subiremos a Betel, y allí levantaré un altar al Dios que me respondió cuando estuve angustiado, y que estuvo conmigo en el viaje que realicé”. 4 Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían consigo y los aros que llevaban en sus orejas, y Jacob los enterró debajo de la encina que está cerca de Siquém. 5 Cuando partieron, Dios hizo cundir el pánico entre las poblaciones vecinas, de manera que nadie persiguió a los hijos de Jacob.
6 Así Jacob llegó a Luz –o sea, Betel– en la tierra de Canaán, junto con toda la gente que lo acompañaba. 7 Allí erigió un altar, y puso a ese lugar el nombre de Betel, porque allí se le había revelado Dios, cuando él huía de su hermano.
8 Mientras tanto murió Débora, la nodriza de Rebeca, y fue sepultada bajo la encina que se encuentra antes de llegar a Betel. Por eso se la llamó “Encina del llanto”.
 
Renovación de la promesa de Dios a Jacob
 
9 Cuando Jacob regresó de Padán Arám, Dios se le apareció de nuevo y lo bendijo, 10 diciéndole: “Tu nombre es Jacob. Pero en adelante no te llamarás Jacob, sino Israel”. Así le puso el nombre de Israel. 11 Luego añadió:
“Yo soy el Dios Todopoderoso.
Sé fecundo y multiplícate.
De ti nacerá una nación,
más aún, una asamblea de naciones,
y saldrán reyes de tus entrañas.
12 La tierra que di a Abraham y a Isaac,
ahora te la doy a ti y a tu descendencia”.
13 Y Dios se alejó de él.
14 Jacob erigió una piedra conmemorativa en el lugar donde Dios le había hablado. En seguida ofreció una libación sobre ella y ungió la piedra con aceite. 15 Jacob llamó Betel a aquel lugar, porque allí Dios había hablado con él.
 
El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel
 
16 Partieron de Betel, y cuando todavía faltaba un trecho para llegar a Efratá, a Raquel le llegó el momento de dar a luz, y tuvo un parto difícil. 17 Como daba a luz muy penosamente, la partera le dijo: “¡No temas, porque tienes otro hijo varón!”. 18 Con su último aliento –porque ya se moría– lo llamó Ben Oní; pero su padre le puso el nombre de Benjamín. 19 Así murió Raquel, y fue enterrada junto al camino de Efratá, o sea, de Belén. 20 Sobre su tumba Jacob erigió un monumento, el mismo que está en esa tumba hasta el día de hoy.
 
El incesto de Rubén
 
21 Israel siguió avanzando, y estableció su campamento más allá de Migdal Eder. 22 Mientras acampaba en aquella región, Rubén se acostó con Bilhá, la concubina de su padre, e Israel se enteró.
 
Los hijos de Jacob
 
Jacob tuvo doce hijos. 23 Los hijos de Lía fueron Rubén, el primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 24 Los hijos de Raquel fueron José y Benjamín. 25 Los hijos de Bilhá, la esclava de Raquel, fueron Dan y Neftalí. 26 Los hijos de Zilpá, la esclava de Lía, fueron Gad y Aser. Estos son los hijos que le nacieron a Jacob en Padán Arám.
 
La muerte de Isaac
 
27 Jacob llegó a la casa de su padre Isaac, en Mamré, en Quiriat Arbá –la actual Hebrón– donde también había residido Abraham. 28 Isaac vivió ciento ochenta años. 29 Al término de ellos murió, anciano y cargado de años, y fue a reunirse con los suyos. Sus hijos Esaú y Jacob le dieron sepultura.

 

 

 

Génesis

 

36

 

 

 

La descendencia de Esaú en Canaán

 

 

1 La descendencia de Esaú –es decir, de Edóm– es la siguiente: 2 Esaú tomó sus esposas de entre las mujeres cananeas: a Adá, hija de Elón, el hitita; a Oholibamá, hija de Aná, que a su vez era hijo de Sibeón, el jivita; 3 y a Basmat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot. 4 Adá fue madre de Elifaz; Basmat, madre de Reuel 5 y Oholibamá, madre de Ieús, Ialam y Coré. Estos son los hijos que Esaú tuvo en Canaán.

 

La emigración de Esaú a Seír
 
6 Después Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos e hijas, y a toda su servidumbre, su ganado, todos sus animales, y todos sus bienes que había adquirido en Canaán, y emigró a Seír, lejos de su hermano Jacob. 7 Los dos tenían, en efecto, demasiadas posesiones para poder vivir juntos, y el territorio donde residían no daba abasto para tanto ganado. 8 Así Esaú se estableció en la montaña de Seír. Esaú es Edóm.
 
La descendencia de Esaú en Seír
 
9 Esta es la descendencia de Esaú, padre de Edóm, en la montaña de Seír.
10 Los nombres de sus hijos son los siguientes: Elifaz, hijo de Adá, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basmat, mujer de Esaú.
11 Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gaetám y Quenaz. 12 Elifaz, el hijo de Esaú, también tuvo una esclava, Timná, que fue madre de Amalec. Estos son los descendientes de Adá, la mujer de Esaú.
13 Los hijos de Reuel fueron: Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Estos son los descendientes de Basmat, la mujer de Esaú.
14 Y los hijos de la otra esposa de Esaú, Oholibamá, hija de Aná, el hijo de Sibeón, fueron Ieús, Ialam y Coré.
 
Los clanes de los edomitas
 
15 Los clanes de los hijos de Esaú son los siguientes:
Los hijos de Elifaz, el primogénito de Esaú, fueron los clanes de Temán, Omar, Sefó, Quenaz, 16 Coré, Gaetám y Amalec. Estos son los clanes de Elifaz en el país de Edóm, los que descienden de Adá.
17 Los hijos de Reuel, hijo de Esaú, fueron los clanes de Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Estos son los clanes de Reuel en el país de Edóm, los que descienden de Basmat.
18 Los hijos de Oholibamá, esposa de Esaú, fueron los clanes de Ieús, Ialam y Coré. Estos son los clanes de Oholibamá, hija de Aná, mujer de Esaú.
19 Estos son los hijos de Esaú –es decir, de Edóm– con sus respectivos clanes.
 
Los descendientes de Seír
 
20 Los hijos de Seír, el hurrita, que vivían en aquella región son los siguientes: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, 21 Disón, Eser y Disán. Estos son los clanes de los hurritas, hijos de Seír, en el país de Edóm.
22 Los hijos de Lotán fueron Jorí y Hemám, y la hermana de Lotán fue Timná. 23 Los hijos de Sobal fueron Alván, Manájat, Ebal, Sefó y Onám. 24 Los hijos de Sibeón: Aiá y Aná. Este es el mismo Aná que encontró las aguas termales en el desierto, mientras apacentaba los rebaños de su padre Sibeón. 25 Los hijos de Aná fueron Disón y Oholibamá, hija de Aná. 26 Los hijos de Disón fueron Jemdám, Esbán, Itrán y Querán. 27 Los hijos de Eser fueron Bilhán, Zaaván y Acán. 28 Los hijos de Disán fueron Us y Arán.
29 Los clanes de los hurritas fueron Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, 30 Disón, Eser y Disán. Estos son, uno por uno los clanes de los hurritas en el territorio de Seír.
 
Los reyes de Edóm
 
31 Los reyes que reinaron en el país de Edóm antes que ningún rey reinara sobre los israelitas son los siguientes:
32 Belá, hijo de Beor, reinó en Edóm, y el nombre de su ciudad era Dinhabá. 33 Cuando murió Belá, lo sucedió Iobab, hijo de Zéraj, de Bosrá. 34 Cuando murió Iobab, lo sucedió Jusám, del país de los temanitas. 35 Cuando murió Jusám, lo sucedió Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; el nombre de su ciudad era Avit. 36 Cuando murió Hadad, lo sucedió Samlá, de Masrecá. 37 Cuando murió Samlá, lo sucedió Saúl, de Rejobot del Río. 38 Cuando murió Saúl, lo sucedió Baal Janán, hijo de Acbor. 39 Cuando murió Baal Janán, hijo de Acbor, lo sucedió Hadad; el nombre de su ciudad era Pau, y el nombre de su mujer, Mehetabel, hija de Matred, que a su vez era hija de Mezahab.
 
Otra lista de clanes de los edomitas
 
40 Los clanes de Esaú –cada uno con sus familias, sus localidades y sus nombres– son los siguientes: Timná, Alvá, Iétet, 41 Oholibamá, Elá, Pinón, 42 Quenaz, Temán, Mibsar, 43 Magdiel e Irám. Estos son los clanes de Edóm que residen en sus propios territorios. Esaú es el padre de Edóm.
 

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#32 Ge. Pe.

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Génesis

 

 

37

 

 

LA HISTORIA DE JOSÉ
 
La historia de José se distingue considerablemente de los relatos anteriores. La narración tiene ahora una trama mucho más compleja y elaborada. Ya no está compuesta de escenas breves, más o menos independientes unas de otras, sino que presenta una sucesión dramática. Cada nuevo episodio presupone todas las etapas anteriores y prepara el desenlace final. Además, hay una mayor variedad de personajes y situaciones, que manifiestan una notable maestría en el arte de narrar.
El relato tiene como protagonista a José, el primer hijo de Raquel (30. 22-24) y el preferido de su padre Jacob (37.3). Víctima de la envidia de sus hermanos, es llevado de Canaán a Egipto. Pero Dios está con él cuando es vendido como esclavo y acusado injustamente, y lo eleva a la más alta dignidad, para que pueda salvar un día a toda su familia asediada por el hambre. De esta manera, el Señor va preparando secretamente el nacimiento de su Pueblo elegido. Con la llegada de Jacob y sus hijos a Egipto, se cierra la etapa de la historia patriarcal, que sirve de preludio a la epopeya del Éxodo.
José es presentado como el ideal del hombre sabio y prudente, y toda su vida encierra una lección de sabiduría. Aquí no hay intervenciones espectaculares del Señor: José no habla familiarmente con Dios como lo habían hecho Abraham, Isaac y Jacob; tampoco recibe una nueva revelación o una confirmación de la Promesa divina. Pero Dios está presente en cada acontecimiento, y sabe valerse de los pecados de los hombres para el bien de sus elegidos, como lo expresa claramente el mismo José, al final del relato (50.20).
 

 

 

 

Los sueños de José

 

 

1 Mientras tanto, Jacob estaba instalado en el territorio donde su padre había residido como extranjero, en la tierra de Canaán. 2 Esta es la historia de Jacob

José tenía diecisiete años, y apacentaba el rebaño, ayudando a sus hermanos, los hijos de Bilhá y Zilpá, las mujeres de su padre. En cierta ocasión, refirió a Jacob lo mal que se hablaba de ellos.
3 Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de su vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. 4 Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.
5 Una vez, José tuvo un sueño y lo contó a sus hermanos. 6 “Oigan el sueño que tuve”, les dijo. 7 “Nosotros estábamos en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se alzó y se mantuvo erguida, mientras que la de ustedes formaban un círculo alrededor de la mía y se inclinaban ante ella”. 8 Sus hermanos le preguntaron: “¿Acaso pretendes reinar sobre nosotros y tenernos bajo tu dominio?”. Y lo odiaron más todavía por lo que contaba acerca de sus sueños. 9 Después tuvo otro sueño, y también lo contó a sus hermanos. “Tuve otro sueño, les dijo. El sol, la luna y once estrellas se postraban delante de mi”. 10 Pero cuando se lo contó a su padre, este lo reprendió diciéndole: “¿Que significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso yo, tu madre y tus hermanos vendremos a postrarnos en tierra delante de ti?”. 11 Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre reflexionaba sobre todas estas cosas.
 
José atacado por sus hermanos
 
12 Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. 13 Entonces Israel dijo a José: “Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos”. “Está bien”, respondió él. 14 Su padre añadió: “Ve a ver cómo les va a tus hermanos y al rebaño, y tráeme noticias”. Y lo envió desde el valle de Hebrón.
Cuando José llegó a Siquém, 15 un hombre lo encontró dando vueltas por el campo y le preguntó: “¿Qué estás buscando?”. 16 Él le respondió: “Busco a mis hermanos. ¿Puedes decirme dónde están apacentando el rebaño?”. 17 “Se han ido de aquí, repuso el hombre, porque les oí decir: ‘Vamos a Dotán’”. José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.
18 Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. 19 “Ahí viene ese soñador”, se dijeron unos a otros. 20 “¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!”. 21 Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: “No atentemos contra su vida”. 22 Y agregó: “No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él”. En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo. 23 Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica –la túnica de mangas largas que llevaba puesta–, 24 lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. 25 Luego se sentaron a comer.
 
José llevado a Egipto
 
De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? 27 En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne”. Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.
28 Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto. 29 Cuando Rubén volvió a la cisterna y se dio cuenta de que José había desaparecido, desgarró su ropa, 30 y regresando a donde estaban sus hermanos, dijo: “El muchacho ha desaparecido. ¿Dónde iré yo ahora?”.
31 Entonces tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, y empaparon la túnica con sangre. 32 Después enviaron a su padre la túnica de mangas largas, junto con este mensaje: “Hemos encontrado esto. Fíjate bien si es la túnica de tu hijo, o no”. 33 Este, al reconocerla, exclamó: “¡Es la túnica de mi hijo! Un animal salvaje lo ha devorado. ¡José ha sido presa de las fieras!”. 34 Jacob desgarró sus vestiduras, se vistió de luto y estuvo mucho tiempo de duelo por su hijo. 35 Sus hijos y sus hijas venían a consolarlo, pero él rehusaba todo consuelo, diciendo: “No. Voy a bajar enlutado a donde está mi hijo, a la morada de los muertos”. Y continuaba lamentándose.
36 Pero entretanto, en Egipto, los madianitas lo habían vendido a Putifar, un funcionario del Faraón, capitán de guardias.


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Génesis

 

 

38

 

 

 

Judá y Tamar

 

 

1 Por aquel tiempo, Judá se alejó de sus hermanos y entró en amistad con un hombre de Adulám llamado Jirá. 2 Allí conoció a la hija de un cananeo llamado Súa, y después de tomarla por esposa, se unió con ella. 3 Ella concibió y dio a luz un hijo, y él lo llamó Er. 4 Luego concibió nuevamente, y tuvo otro hijo, al que llamó Onán. 5 Después volvió a tener otro hijo, y le puso el nombre de Selá. Cuando ella dio a luz, estaba en Quezib.
6 Más tarde, Judá casó a Er, su hijo mayor, con una mujer llamada Tamar. 7 Er desagradó al Señor, y el Señor lo hizo morir. 8 Judá dijo entonces a Onán: “Únete a la viuda de Er, para cumplir con tus deberes de cuñado y asegurar una descendencia a tu hermano”. 9 Pero Onán, sabiendo que la descendencia no le pertenecería, cada vez que se unía con ella, derramaba el semen en la tierra para evitar que su hermano tuviera una descendencia. 10 Su manera de proceder desagradó al Señor, que lo hizo morir también a él. 11 Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: “Vive como una viuda en la casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Selá”, porque temía que este corriera la misma suerte que sus hermanos. Por eso Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.
12 Mucho tiempo después, murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Una vez concluido el duelo, Judá se dirigió hacia Timná en compañía de su amigo Jirá, el adulamita, porque allí esquilaban sus ovejas. 13 Tamar fue informada de que su suegro se dirigía hacia Timná, donde estaban esquilando su rebaño. 14 Y como veía que Selá ya era grande, y sin embargo, no se lo habían dado como esposo, se quitó su ropa de viuda, se cubrió con un velo para no ser reconocida, y se sentó a la entrada de Enaim, sobre el camino a Timná. 15 Como tenía la cara tapada, al verla, Judá pensó que era una prostituta. 16 Entonces se apartó del camino y fue hacia ella para decirle: “Deja que me acueste contigo”, ignorando que se trataba de su nuera. Ella le respondió: “¿Qué me darás por acostarte conmigo?”. 17 “Te enviaré un chivito de mi rebaño”, le aseguró él. “De acuerdo, continuó ella, con tal que me dejes algo como prenda hasta que me lo envíes”. 18 Él le preguntó: “¿Qué debo dejarte?”. “Tu sello con su cordón y el bastón que llevas en la mano”, le respondió. Él se los entregó y se acostó con ella, dejándola embarazada. 19Inmediatamente, ella se retiró, se quitó el velo que la cubría, y volvió a ponerse su ropa de viuda.
20 Cuando Judá le envió el chivito por medio de su amigo, el adulamita, para rescatar la prenda que había quedado en manos de la mujer, este no pudo encontrarla. 21 Entonces preguntó a la gente del lugar: “¿Dónde está esa prostituta que se sentaba en Enaim, al borde del camino?”. Ellos le respondieron: “Allí nunca hubo una prostituta”. 22 Él regresó y dijo a Judá: “No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me aseguró que allí nunca hubo una prostituta”. 23 Judá replicó: “Que se quede con todo, porque de lo contrario nos pondremos en ridículo. Yo cumplí mandándole el cabrito, y tú no la encontraste”.
24 Unos tres meses más tarde, notificaron a Judá: “Tu nuera Tamar se ha prostituido, y en una de sus andanzas quedó embarazada”. Entonces Judá exclamó: “Sáquenla afuera y quémenla viva”. 25 Pero cuando la iban a sacar, ella mandó decir a su suegro: “Estas cosas pertenecen al hombre que me dejó embarazada. Averigua quién es el dueño de este sello, este cordón y ese bastón”. 26 Al reconocerlos, Judá declaró: “Ella es más justa que yo, porque yo no le di a mi hijo Selá”. Y no volvió a tener relaciones con ella.
 
Los hijos de Tamar
 
27 Llegado el momento del parto, resultó que en su seno había mellizos. 28 Mientras daba a luz, uno de ellos extendió su mano, y la partera le ató en ella un hilo escarlata, diciendo: “Este ha sido el primero en salir”. 29 Pero luego retiró su mano, y el otro salió antes. Entonces ella dijo: “¡Cómo te has abierto una brecha!”. Por eso fue llamado Peres. 30 Después salió su hermano, con el hilo escarlata, y por eso lo llamaron Zéraj.


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Publicado el 22 octubre 2017 - 02:42

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Génesis

 

39

 

 

 

José, mayordomo de Putifar
 

1 Cuando José fue llevado a Egipto, Putifar –un egipcio que era funcionario del Faraón, capitán de guardias– lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allí. 2 Pero como el Señor estaba con José, la suerte lo favoreció, y quedó en la casa de su patrón, el egipcio. 3 Al ver que el Señor estaba con él y hacía prosperar todas las obras que realizaba, 4 su patrón lo miró con buenos ojos y lo nombró su mayordomo, poniéndolo al frente de su casa y confiándole la administración de todos sus bienes. 5 A partir del momento en que le encomendó el cuidado de su casa y de todas sus posesiones, el Señor bendijo la casa del egipcio, en atención a José. La bendición del Señor se extendía a todas sus posesiones, dentro y fuera de la casa. 6 Por eso dejó a cargo de José todo lo que poseía, y ya no se preocupó más de nada, fuera del alimento que comía.
 
José y la mujer de Putifar
 
Como José era apuesto y de buena presencia, 7 después de un tiempo, la esposa de su patrón fijó sus ojos en él y le dijo: “Acuéstate conmigo”. 8 Pero él se negó y respondió a la mujer: “Teniéndome a mí, mi patrón ya no piensa en los asuntos de su casa, porque me ha confiado todo lo que posee. 9 Él mismo no ejerce más autoridad que yo en esta casa, y no me ha impuesto ninguna restricción, fuera del respeto que te es debido, ya que eres su esposa. ¿Cómo entonces voy a cometer un delito tan grave y a pecar contra Dios?”. 10 Y por más que ella lo instigaba día tras día, él no accedió a acostarse con ella y a ser su amante.
11 Pero un día, José entró en la casa para cumplir con sus obligaciones, en el preciso momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente. 12 Entonces ella lo tomó de la ropa y le insistió: “Acuéstate conmigo”. Pero él huyó, dejando su manto en las manos de la mujer, y se alejó de allí. 13 Cuando ella vio que José había dejado el manto entre sus manos y se había escapado, 14 llamó a sus servidores y les dijo: “¡Miren! Mi marido nos ha traído un hebreo, sólo para que se ría de nosotros. Él intentó acostarse conmigo, pero yo grité lo más fuerte que pude. 15 Y cuando me oyó gritar pidiendo auxilio, dejó su manto a mi lado y se escapó”.
 
El arresto de José
 
16 Ella guardó el manto de José hasta que regresó su marido, 17 y entonces le contó la misma historia: “El esclavo hebreo que nos trajiste se ha burlado de mí y pretendió violarme. 18 Pero cuando yo grité pidiendo auxilio, él dejó su manto a mi lado y se escapó”. 19 Al oír las palabras de su mujer: “Tu esclavo me hizo esto y esto”, su patrón se enfureció, 20 hizo detener a José, y lo puso en la cárcel donde estaban recluidos los prisioneros del rey. Así fue a parar a la cárcel.
21 Pero el Señor estaba con José y le mostró su bondad, haciendo que se ganara la simpatía del jefe de los carceleros. 22 Este confió a José todos los presos que había en la cárcel, y él dirigía todo lo que allí se hacía. 23 El jefe de los carceleros no vigilaba absolutamente nada de lo que había confiado a José, porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que él realizaba.


#35 Ge. Pe.

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Publicado el 31 octubre 2017 - 04:36

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Génesis

 

 

40

 

 

Los sueños de los funcionarios del Faraón

 

 

1 Después de estos acontecimientos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor. 2 El Faraón se irritó contra sus dos funcionarios –el copero mayor y el panadero mayor– 3 y los hizo poner bajo custodia en la casa del capitán de guardias, en la misma cárcel donde estaba preso José. 4 El capitán de guardias encargó a José que se ocupara de servirlos, y así estuvieron arrestados durante un tiempo.
5 Una vez, mientras estaban presos en la cárcel, el copero y el panadero del rey de Egipto tuvieron un sueño en el transcurso de una misma noche, cada sueño con su significado propio. 6 A la mañana siguiente, cuando José fue a verlos, los encontró deprimidos. 7 “¿Por qué están hoy con la cara triste?”, preguntó a los funcionarios del Faraón que estaban arrestados con él en la casa de su señor. 8 Ellos le respondieron: “Hemos tenido un sueño, y aquí no hay nadie que lo interprete”. José les dijo: “La interpretación es obra de Dios; pero de todos modos cuéntenme lo que soñaron”.
9 El copero relató su sueño a José. “Yo soñé, le dijo que delante de mí había una vid, 10 y en ella, tres sarmientos. Apenas la vid dio brotes, salieron sus flores y maduraron las uvas en los racimos. 11 La copa del faraón estaba en mi mano: yo tomé las uvas, las exprimí en esa copa, y la puse en la mano del Faraón”. 12 José le dijo: “La interpretación es la siguiente: los tres racimos representan tres días. 13 Dentro de tres días, el Faraón te indultará, te restituirá a tu cargo, y tú pondrás la copa en su mano, como acostumbrabas a hacerlo antes, cuando eras su copero. 14 Y cuando mejore tu suerte, si todavía recuerdas que yo estuve aquí contigo, no dejes de hacerme este favor: háblale de mí al Faraón, y trata de sacarme de este lugar. 15 Porque yo fui traído por la fuerza del país de los hebreos, y aquí no hice nada para que me pusieran en la cárcel”.
16 El panadero mayor, al ver con qué acierto había interpretado el sueño, dijo a José: “Yo, por mi parte, soñé que tenía sobre mi cabeza tres canastas de mimbre. 17 En la canasta más elevada, había de todos los productos de panadería que come el Faraón, y los pájaros comían de esa canasta que estaba encima de mi cabeza”. 18 José le respondió: “La interpretación es la siguiente: las tres canastas representan tres días. 19 Dentro de tres días el Faraón te hará decapitar, te colgará de un poste, y los pájaros comerán tu carne”.
20 Efectivamente, al tercer día se festejaba el cumpleaños del Faraón, y este agasajó con un banquete a todos sus servidores. Entonces reconsideró las causas del copero mayor y del panadero mayor en medio de sus servidores, 21 y restituyó en su cargo al copero mayor, de manera que este volvió a poner la copa en la mano del Faraón; 22 en cambio, mandó colgar al panadero mayor, conforme a la interpretación que les había dado José. 23 Sin embargo, el copero mayor ya no pensó más en José, sino que se olvidó de él.


#36 Ge. Pe.

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Publicado el 03 noviembre 2017 - 07:23

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Génesis

 

41

 

 

 

 

Los sueños del Faraón

 

 

 

1 Dos años después, el Faraón tuvo un sueño: él estaba de pie junto al Nilo, 2 cuando de pronto subieron del río siete vacas hermosas y robustas, que se pusieron a pastar entre los juncos. 3 Detrás de ella subieron otras siete vacas feas y escuálidas, que se pararon al lado de las primeras; 4 y las vacas feas y escuálidas se comieron a las siete vacas hermosas y robustas. En seguida el Faraón se despertó.
5 Luego volvió a dormirse y tuvo otro sueño: siete espigas grandes y lozanas salían de un mismo tallo. 6 Pero inmediatamente después brotaron otras siete espigas, delgadas y quemadas por el viento del este; 7 y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas grandes y cargadas de granos. Cuando se despertó, el Faraón se dio cuenta de que había estado soñando.
8 A la mañana siguiente, el Faraón se sintió muy preocupado y mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto, para contarles sus sueños. Pero nadie se los pudo interpretar. 9Entonces el copero mayor se dirigió al Faraón y le dijo: “Ahora reconozco mi negligencia. 10 En cierta oportunidad, el Faraón se irritó contra sus servidores, y me puso bajo custodia, junto con el panadero mayor, en la casa del capitán de guardias. 11 Él y yo tuvimos un sueño en el transcurso de una misma noche, cada sueño con su propio significado. 12 Con nosotros estaba un joven hebreo, un servidor del capitán de guardias; nosotros le contamos nuestros sueños, y él los interpretó, dando a cada uno su explicación. 13 Y todo sucedió como él lo había interpretado: yo fui restituido a mi cargo, mientras que el otro fue ahorcado”.
 
La interpretación de los sueños del Faraón
 
14 El Faraón mandó llamar a José, que sin pérdida de tiempo fue sacado de la prisión. Este se afeitó, se cambió de ropa y compareció ante el Faraón. 15 El Faraón dijo a José: “He tenido un sueño que nadie puede interpretar. Pero me han informado que te basta oír un sueño para interpretarlo”. 16 José respondió al Faraón: “No soy yo, sino Dios, el que dará al Faraón la respuesta conveniente”.
17 Entonces el Faraón dijo a José: “Soñé que estaba parado a orilla del Nilo, 18 y de pronto subían del río siete vacas robustas y hermosas, que se pusieron a pastar entre los juncos. 19 Detrás de ellas subieron otras siete vacas, escuálidas, de aspecto horrible y esqueléticas, como nunca había visto en todo el territorio de Egipto. 20 Y las vacas escuálidas y feas devoraron a las otras siete vacas robustas. 21 Pero una vez que las comieron, nadie hubiera dicho que las tenían en su vientre, porque seguían tan horribles como antes. En seguida me desperté. 22 En el otro sueño, vi siete espigas hermosas y cargadas de granos, que brotaban de un mismo tallo. 23 Después de ellas brotaron otras siete espigas, marchitas, delgadas y quemadas por el viento del este, 24 que devoraron a las siete espigas hermosas. Yo he contado todo esto a los adivinos, pero ninguno me ha dado una explicación”. 25 José dijo al Faraón: “El Faraón ha soñado una sola cosa, y así Dios le ha anunciado lo que está a punto de realizar. 26 Las siete vacas hermosas y las siete espigas lozanas representan siete años. Los dos sueños se tratan de lo mismo. 27 Y las siete vacas escuálidas y feas que subieron después de ellas son siete años, lo mismo que las siete espigas sin grano y quemadas por el viento del este. Estos serán siete años de hambre. 28 Es como lo acabo de decir al Faraón: Dios ha querido mostrarle lo que está a punto de realizar. 29 En los próximos siete años habrá en todo Egipto una gran abundancia. 30 Pero inmediatamente después, sobrevendrán siete años de hambre, durante los cuales en Egipto no quedará ni el recuerdo de aquella abundancia, porque el hambre asolará al país. 31 Entonces nadie sabrá lo que es la abundancia, a causa del hambre, que será muy intensa. 32 El hecho de que el Faraón haya tenido dos veces el mismo sueño, significa que este asunto ya está resuelto de parte de Dios y que él lo va a ejecutar de inmediato.
33 Por eso, es necesario que el Faraón busque un hombre prudente y sabio, y lo ponga al frente de todo Egipto. 34 Además, el Faraón deberá establecer inspectores en todo el país y exigir a los egipcios la quinta parte de las cosechas durante los siete años de abundancia. 35 Ellos reunirán los víveres que se cosechen en estos próximos siete años de prosperidad, y almacenarán el grano bajo la supervisión del Faraón, para tenerlo guardado en las ciudades. 36 Así el país tendrá una reserva de alimentos para los siete años de hambre que vendrán sobre Egipto, y no morirá de inanición”.
 
La designación de José como primer ministro
 
37 La respuesta agradó al Faraón y a todos sus servidores. 38 Por eso el Faraón les dijo a estos: “¿Podemos encontrar otro hombre que tenga en igual medida el espíritu de Dios?”. 39 Y dirigiéndose a José, le expresó: “Ya que Dios te ha hecho conocer todas estas cosas, no hay nadie que sea tan prudente y sabio como tú. 40 Por eso tú estarás al frente de mi palacio, y todo mi pueblo tendrá que acatar tus órdenes. Sólo por el trono real seré superior a ti”. 41 Y el Faraón siguió diciendo a José: “Ahora mismo te pongo al frente de todo el territorio de Egipto”. 42 En seguida se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir con ropa de lino fino y le colgó al cuello una cadena de oro. 43 Luego lo hizo subir a la mejor carroza después de la suya, e iban gritando delante de él: “¡Atención!”. Así le dio autoridad sobre todo Egipto.
44 El Faraón dijo a José: “Yo soy el Faraón, pero nadie podrá mover una mano o un pie en todo el territorio de Egipto si tú no lo apruebas”. 45 Luego impuso a José el nombre de Safnat Panéaj, y le dio por esposa a Asnat, la hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On. Y José fue a recorrer el país de Egipto. 46 Cuando se puso al servicio del Faraón, rey de Egipto, José tenía treinta años.
José se alejó de la presencia del Faraón e hizo un recorrido por todo el territorio de Egipto. 47 Durante los siete años de abundancia, la tierra produjo copiosamente, 48 y él reunió todos los víveres recogidos en esos siete años y los almacenó en las ciudades, depositando en cada una las cosechas de los campos vecinos. 49 De esa manera, José acumuló una enorme cantidad de cereales, tanto como la arena del mar, hasta tal punto que dejó de llevar un control, porque superaba toda medida.
 
Los hijos de José
 
50 Antes que comenzaran los años de hambre, José tuvo dos hijos, que le dio Asnat, la hija de Potifera, el sacerdote de On. 51 Al primero lo llamó Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar por completo mis penas y mi casa paterna”. 52 Y al segundo le puso el nombre de Efraím, diciendo: “Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción”.
53 Entonces terminaron los años en que Egipto gozó de abundancia, 54 y comenzaron los siete años de hambre, como José lo había anticipado. En todos los países se sufría hambre, pero en Egipto había alimentos. 55 Cuando también los egipcios y el pueblo sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le diera de comer, este respondió: “Vayan a ver a José y hagan lo que él les diga”. 56 Como el hambre se había extendido por todo el país, José abrió los graneros y distribuyó raciones a los egipcios, ya que el hambre se hacía cada vez más intensa. 57 Y de todas partes iban a Egipto a comprar cereales a José, porque el hambre asolaba toda la tierra.

 

 

 

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#37 Ge. Pe.

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Publicado el 19 noviembre 2017 - 06:45

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Génesis

 

42

 

 

 

El primer viaje de los hermanos de José a Egipto

 

 

 

1 Cuando Jacob se enteró de que en Egipto vendían cereales, preguntó a sus hijos: “¿Por qué se quedan ahí, mirándose unos a otros?”. 2 Luego añadió: “He oído que en Egipto venden cereales. Vayan allí y compren algo para nosotros. Así podremos sobrevivir y no moriremos”. 3 Entonces, diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para abastecerse de cereales; 4 pero Jacob no dejó que Benjamín, el hermano de José fuera con ellos, por temor a que le sucediera una desgracia. 5 Así llegaron los hijos de Israel en medio de otra gente que también iba a procurarse víveres, porque en Canaán se pasaba hambre.

 

El primer encuentro de José con sus hermanos
 
6 José tenía plenos poderes sobre el país y distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos se presentaron ante él y se postraron con el rostro en tierra. 7 Al verlos, él los reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les habló duramente. “¿De dónde vienen?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Venimos de Canaán para abastecernos de víveres”. 8 Y al reconocer a sus hermanos, sin que ellos lo reconocieran a él, 9 José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos. Entonces les dijo: “Ustedes son espías, y han venido a observar las zonas desguarnecidas del país”. 10 No, señor”, le respondieron. “Es verdad que tus servidores han venido a comprar víveres. 11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y además, personas honradas. No somos espías”. 12 Pero él insistió: “No, ustedes han venido a observar las zonas desguarnecidas del país”. 13 Ellos continuaron diciendo: “Nosotros, tus servidores, somos doce hermanos, hijos de un hombre que reside en Canaán. El menor está ahora con nuestro padre, y otro ya no vive”. 14 Pero él volvió a insistir: “Ya les he dicho que ustedes son espías. 15 Por eso van a ser sometidos a una prueba: juro por el Faraón que ustedes no quedarán en libertad, mientras no venga aquí su hermano menor. 16 Envíen a uno de ustedes a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así será puesto a prueba lo que ustedes han afirmado, para comprobar si dicen la verdad. De lo contrario, no habrá ninguna duda de que ustedes son espías”. 17 E inmediatamente, los puso bajo custodia durante tres días.
18 Al tercer día, José les dijo: “Si quieren salvar la vida, hagan lo que les digo, porque yo soy un hombre temeroso de Dios. 19 Para probar que ustedes son sinceros, uno de sus hermanos quedará como rehén en la prisión donde están bajo custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el hambre de sus familias. 20 Después me traerán a su hermano menor. Así se pondrá de manifiesto que ustedes han dicho la verdad y no morirán”. Ellos estuvieron de acuerdo.
21 Pero en seguida comenzaron a decirse unos a otros: “¡Verdaderamente estamos expiando lo que hicimos contra nuestro hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando nos pedía que tuviéramos compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos sucede esta desgracia”. 22 Rubén les respondió: “¿Acaso no les advertí que no cometieran ese delito contra el muchacho? Pero ustedes no quisieron hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre”. 23 Ellos ignoraban que José los entendía, porque antes habían hablado por medio de un intérprete. 24 José se alejó de ellos para llorar; y cuando estuvo en condiciones de hablarles nuevamente, separó a Simeón y ordenó que lo ataran a la vista de todos. 25 Después José mandó que les llenaran las bolsas con trigo y que repusieran el dinero en la bolsa de cada uno. También ordenó que les entregaran provisiones para el camino. Así se hizo. 26 Ellos cargaron sus asnos con los víveres y partieron.
 
La vuelta de los hermanos de José a Canaán
 
27 Cuando acamparon para pasar la noche, uno de ellos abrió la bolsa para dar de comer a su asno, y encontró el dinero junto a la abertura de la bolsa. 28 Entonces dijo a sus hermanos: “Me han devuelto el dinero. Está aquí, en mi bolsa”. Ellos se quedaron pasmados y, temblando, se preguntaban unos a otros: “¿Por qué Dios nos habrá hecho esto?”.
29 Al llegar a Canaán, relataron a su padre Jacob la aventura que habían tenido. 30 “El hombre que gobierna aquel país, le dijeron, nos habló duramente y nos acusó de haber entrado allí como espías. 31 Nosotros le aseguramos que éramos personas honradas y no espías. 32 También le dijimos que éramos doce hermanos, pero que uno ya no vivía, y que nuestro hermano menor estaba en ese momento en Canaán, al lado de nuestro padre. 33 El hombre que gobierna el país nos respondió: ‘Para demostrarme que ustedes son sinceros, dejen conmigo a uno de sus hermanos, mientras los demás llevan algo para aliviar el hambre de sus familias. 34 Luego tráiganme a su hermano menor, y así sabré que ustedes no son espías sino personas honradas. Entonces les devolveré a su hermano y podrán recorrer libremente el país’”.
35 Cuando vaciaron las bolsas, cada uno encontró su dinero y, al verlo, ellos y su padre se llenaron de temor. 36 Entonces Jacob les dijo: “Ustedes me van a dejar sin hijos. Primero, perdí a José; después, a Simeón; y ahora quieren quitarme a Benjamín. ¡A mí tenían que pasarme todas estas cosas!”. 37 Pero Rubén le respondió: “Podrás matar a mis dos hijos si no te lo traigo de vuelta. Déjalo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré sano y salvo”. 38 Jacob insistió: “Mi hijo no irá con ustedes, porque su hermano ya murió y ahora queda él solo. Si le sucede una desgracia durante el viaje que van a realizar, ustedes me harán bajar a la tumba lleno de aflicción”.
 
 
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